El derecho a opinar

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Todo ciudadano, en una sociedad presuntamente democrática como la nuestra, tiene (o debería tener) garantizado el derecho a opinar de cualquier tema sin coerción previa. La Constitución recoge este punto:

Artículo 20
1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Esta libertad tiene un límite, dibujado en el apartado 4 del mismo artículo:

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Este es el límite que conocemos como “mi libertad acaba justo en el momento de invadir la de los demás”. Un límite que en demasiadas ocasiones se traspasa alegremente.

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Precocidad intelectual

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Comparto un cuadro comprehensivo de las AACC (altas capacidades) para captarlo gráficamente.

Las líneas azules marcan el camino evolutivo desde la fase o estadio inicial de precocidad hasta la fase o estadio final de madurez. Y añado lo de “potencialmente” para enfatizar el carácter de promesa que tienen esos perfiles cuando son pequeños. Como toda cantera, unos llegarán a realidades y otros no. Es ley de vida…

En el ámbito de las AACC persiste una enorme confusión sobre la precocidad intelectual. Generalmente se define como la adquisición de forma temprana de algunos hitos intelectuales o psicomotrices. Por ejemplo, comenzar a hablar antes de los dos años o a escribir antes que el resto de sus compañeros de edad. La confusión comienza con la coletilla que le acompaña: Todos los niños superdotados son precoces intelectualmente, pero no todos los precoces devienen en superdotados. Es decir, cabe esperar que algunos de esos niños precoces acaben por estabilizarse con el paso del tiempo, si bien no es lo más frecuente.

No son pocas las personas (familias, medios de comunicación, asociaciones y profesionales) que sostienen contra toda evidencia empírica y contra lo que determina la propia ley al hablar de detección temprana que la precocidad no hay que atenderla. Es un completo disparate fomentar la detección lo más temprano posible de una NEAE para luego decir que, por una prudencia mal entendida, no se le debe atender hasta que no se consolide el paso de la precocidad a la superdotación o talento. Es como si un club de fútbol se dedicara a detectar futbolistas que destacan de pequeños pero en lugar de ponerlos a jugar los sentaran en el banquillo o ni siquiera los entrenara porque en el futuro no se sabe si llegará a ser “futbolista de verdad”. ¿Quién en su sano juicio cometería esa insensata tropelía? Pues en este ámbito ocurre constantemente. Se les deja de atender bajo las más diversas excusas: i) que se les etiqueta, ii) que les acompañan grandes expectativas que no se saben si serán satisfechas y hay que evitar su frustración o iii) que hasta que no se consolide no puede llamarse “superdotado” (igualando acríticamente este término con el constructo altas capacidades intelectuales) y, por tanto, no tiene NEAE que cubrirse. Confunden claramente una fase con un perfil y un fenómeno evolutivo con una simple etiqueta.

La precocidad no es más que es un nombre que apunta a una fase o estadio de desarrollo temprano. Dentro de esa fase evolutiva, puede darse cualquiera de los perfiles del cuadro que ilustra esta entrada (un perfil no es más que una foto fija de las fortalezas y debilidades en un momento dado). Cuando la persona se va desarrollando puede mantener el mismo perfil o ‘deslizarse’ hacia otros, ya que las habilidades adquiridas van variando con el tiempo y los aprendizajes. Y en más del 97% de los casos se mantiene el perfil cognitivo de la niñez, por lo que es absurdo usar la coletilla de “no atenderlos por si se les pasa o por si se igualan”. Es un completo disparate que no se sustenta en los hechos e investigaciones.

Para concluir, es importante señalar que TODOS los perfiles y TODAS las fases forman parte del fenómeno cognitivo complejo llamado ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES. Y todos han de ser atendidos. La ley así lo refleja y el sentido común también.

EVIDENCIA EMPÍRICA

En España contamos con un magnífico estudio longitudinal que el MEC (Ministerio de Educación y Ciencia, como se llamaba entonces) publicó en el año 2000, titulado Alumnos precoces, superdotados y de altas capacidades. Podéis leer en la página 76 lo siguiente:

Alrededor de un 2 ó 3 por ciento de alumnos que fueron clasificados como potenciales superdotados a la edad de cinco/seis años, pueden considerarse que fueron niños “precoces” y no “superdotados” a la edad de 10/11 años.
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Esta conclusión implica que el 97-98% de los casos de precocidad MANTIENEN sus capacidades cuando se desarrollan, con lo que devienen en la superdotación o talento donde apuntaban de pequeños. Más claro, agua. Quien quiere entender, entiende.

La crisis y otros demonios escondidos

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Vivimos en un estado de confusión generalizado. Miramos el horizonte y no vemos luz. Observamos la situación actual y no hallamos consuelo. Revisamos lo que ha acontecido previamente y nos indignamos por lo que nos han hecho y por haberlo permitido.

Pensamos que la crisis económica, la crisis de credibilidad institucional, la crisis política o la crisis de confianza son las causas de nuestros problemas actuales. Sin embargo, no somos capaces de advertir que esas crisis no son la causa sino la consecuencia de la manifestación de algunos “demonios escondidos” en el seno de nuestro propio ser.

Algunos analistas van más allá de las llamadas “crisis del instrumento” (*) y se centran en una causa más profunda, la crisis de valores. El valor principal del ser humano, manifestado en todas las cartas de derechos del mundo civilizado, es la dignidad. Una persona, por el mero hecho de serlo, es digna (valiosa), posee la capacidad potencial de gobernarse a sí misma y de modelar sus condiciones para aportar valor a la sociedad. En ese sentido, se manifiestan otros valores fundamentales en el ser humano: el respeto, la honestidad, la generosidad, la responsabilidad, etc.

Unos hablan de que la crisis de valores ha consistido en la pérdida de estos valores universales. Otros, de que simplemente se han sustituido por otros a los que se les otorga, valga la redundancia, más valor: éxito, reconocimiento, asunción acrítica de derechos, etc.

Se afirma que la crisis de valores genera las crisis inicialmente referidas.

Pero aquí quiero replantear esa asunción tácita. Indicar que la crisis de valores sería una especie de “tronco” y que del mismo aflorarían o se manifestarían las diferentes “ramas” en forma de crisis económica, de credibilidad institucional, de confianza, etc. Digamos que más que la causa, es la condición de posibilidad. Sin tronco, no hay ramas.

Como cualquiera puede imaginar fácilmente, en este cuadro nos falta al menos un elemento más: la “raíz”, la condición de posibilidad más profunda que conocemos y que, en una mirada superficial, siempre queda lejos del escrutinio. Por eso se hace necesario un pensamiento radical, que no es aquel que rompe con lo establecido de mala manera, sino ese pensamiento profundo que se dirige a la raíz de un problema para realizar un diagnóstico y poder aplicar medidas de gran calado. En salud se distingue claramente entre “medicina paliativa” (apunta al síntoma, a las ramas) y “medicina preventiva” (va a la raíz).

Es muy fácil, en teoría, podar las ramas (p.e. sustituir a unos políticos por otros, a un partido por otro). O quitar los frutos podridos de un cesto para que no contamine al resto (p.e. incrementar las penas por corrupción o meter en la cárcel a los resposnsables máximos de la crisis económica). Sólo se requiere valentía política o una ciudadanía que tome las riendas de su futuro, que recobre su maltratada dignidad. Pero siendo necesaria esta acción paliativa, no es suficiente para afrontar con garantías la regeneración del sistema. Se necesita ir más allá y afrontar también, sin demora alguna, acciones preventivas que permitan consolidar la salida mejorada de la actual situación.

Y la raíz de todas las crisis actuales se encuentra en una profunda y silenciosa crisis de conciencia.

Para entender mejor en qué consiste esta crisis, es necesario definir claramente a qué se está apuntando con el término conciencia. Partimos de una dificultad semántica insoslayable, la enorme cantidad de acepciones que admite esta palabra. Puede significar, entre otras muchas cosas: conocimiento, elevada moral, estado de vigilia, ser consciente de algo, etc.

Aquí usaremos una acepción lo más simple posible: darse cuenta o, en modo metafórico, despertarse.

Todos sabemos lo fácil que es manejar el cuerpo de una persona dormida. Y lo sencillo que resulta moldear la voluntad de alguien que no se da cuenta de la realidad. Existen innumerables estudios que lo corroboran y la publicidad utiliza esa maleabilidad para influir en nuestros deseos más íntimos e irracionales.

Quien gestiona los instrumentos de manipulación de conciencias tiene un enorme poder y una gran responsabilidad (entendida como capacidad para responder, no como obligación de hacerlo). El modo en que se ejercerá esa responsabilidad determinará si se adecua a unos intereses particulares o responde a un interés general.

El poder de la palabra es gigantesco. Puede modular el modo en que percibimos una realidad. Somos seres narrativos y un discurso seductor puede conducirnos hacia una dirección concreta sin apenas darnos cuenta. De ahí la importancia de “despertarse”.

Desde pequeños nos bombardean con discursos dirigidos por y que satisfacen a una determinada minoría de personas o entidades. Precisamente las que han colonizado los medios de moldeo de conciencias. Nos quieren hacer creer, y lo consiguen hasta que despiertas, que es bueno para nosotros mismos consumir (convertirnos en meros consumidores), que cuanto más tengamos, más seremos. El discurso se adapta a la complejidad del receptor, pero el trasfondo es el mismo: queremos lo mejor para ti (que coincide con lo que te quiero vender) y tú eres libre de elegir qué consumir (dentro de las posibilidades que te doy como buenas), no te preocupes por nada (duérmete), que nosotros nos ocupamos (dependerás de nosotros).

Poco a poco nos convertimos en seres dependientes, con una dignidad tan diluida que podemos justificar fácilmente la agresión a la dignidad ajena, y poco o nada predispuestos a cuestionar el sistema en el que vivimos. Resulta sintomático comprobar cómo el fenómeno “zombie” está ganando adeptos, como si una suerte de identificación estuviera emergiendo en nuestro interior.

Ante este panorama, el deterioro de nuestras condiciones materiales ha conducido a una indignación todavía mayoritariamente inconsciente. Algunas personas despertaron y cambiaron el discurso: estos son los culpables de lo que te pasa. Y las adhesiones se están multiplicando. La masa crítica está llegando al umbral en el que se producen cambios significativos. Pero es una revolución superficial. Un vuelco sin recorrido.

Hoy más que nunca es necesario un despertar masivo, un comprender que nuestros demonios escondidos influyen en nuestro modo de percibir y actuar. Que la deseable mejora en las condiciones materiales es un paso necesario pero insuficiente para salir de la gran crisis. Que se necesita un efectivo despertar, una recuperación de la dignidad y un empoderamiento ciudadano a gran escala. Y que eso no puede esperar a que se poden las ramas o que se quiten los frutos podridos del cesto institucional.

Si no despertamos, si no miramos de frente nuestro interior para librarnos de nuestros fantasmas y si no revisamos críticamente los valores que nos mueven, los cambios tendrán un alcance muy limitado. Y volveremos a dormirnos cabreados por esta nueva oportunidad (crisis) perdida.

(*) La economía, como la tecnología, se consideraba en sus orígenes como un instrumento al servicio del ser humano. Mediante esas herramientas, podríamos progresar como especie y liberarnos de determinadas cargas para poder expresar todo nuestro potencial creador. Al facilitar nuestras condiciones materiales, quedaría un gran espacio para el desarrollo personal, la gran aspiración que nos impulsa hacia adelante. Sin embargo, el tiempo nos ha demostrado que el instrumento que nos iba a liberar se ha convertido en nuestro amo. Aumentamos día a día la dependencia funcional de estas herramientas. Vivimos pegados y apegados a los aparatos tecnológicos, alienándonos como seres sociales a poco que nos zambullimos en la realidad virtual. Vivimos pendientes de las predicciones y lecciones de los economistas de prestigio. Bailamos al son de las noticias sobre la crisis económica.

 

¿Por qué nace este blog?

Todo blog tiene un origen. Un “por qué” y una justificación que lo hace emerger, que le da vida. Y lo tiene, sin necesidad de poseer de antemano un objetivo, una meta, un “para qué”.

El origen de este blog se encuentra en la percatación consciente de que llegó el momento de destinar las energías pensantes hacia uno mismo para regenerarse tras un largo periodo de más de siete años entregándolas en labores colectivas tan gratificantes como dificultosas.

Es momento de poner en orden la casa tras el largo viaje. Volver a conectar el incansable aspersor en el cesped propio para dar salida a los temas que se han ido aplazando durante mucho tiempo. Temas que irán surgiendo y que se mezclarán con otras reflexiones construidas estos años sobre temáticas interesantes en general y sobre altas capacidades en particular.

Estos años de trabajo real y virtual han sido una escuela formidable sobre la condición humana. He tenido la fortuna de crear grandes vínculos con personas extraordinarias y fuertes desencuentros, generalmente indirectos, con personas prescindibles. Las redes sociales han permitido elaborar estrategias, estar al día de las noticias y conocer de primera mano los pensamientos de gente variada. Pero todo eso junto ha generado una enorme carga que hace unos días liberé, cerrando las cuentas en redes sociales y saliendo de los diversos grupos en los que participaba. Una liberación absolutamente necesaria si hay que ponerse en faena.

Comenzamos…

Procesos cognitivos: percatación

 

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La cognición es un fenómeno extraordinario que define a todo ser vivo, desde las estructuras más simples a las más complejas.

En las siguientes líneas haré una propuesta de procesos cognitivos que experimenta el ser humano desde lo más básico a lo más sofisticado, con sus posibles vínculos. Insisto en que se trataría sólo de una propuesta. Cada cual puede establecer la suya propia y no existe una secuencia perfectamente engranada que nos permita realizar un mapa cognitivo universal. La función de la misma es simple y llanamente sugerir.

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