El derecho a opinar

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Todo ciudadano, en una sociedad presuntamente democrática como la nuestra, tiene (o debería tener) garantizado el derecho a opinar de cualquier tema sin coerción previa. La Constitución recoge este punto:

Artículo 20
1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

Esta libertad tiene un límite, dibujado en el apartado 4 del mismo artículo:

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Este es el límite que conocemos como “mi libertad acaba justo en el momento de invadir la de los demás”. Un límite que en demasiadas ocasiones se traspasa alegremente.

Ahora bien, me gustaría ir un poco más allá en este tema de los derechos y las obligaciones. Es evidente que todos deseamos que se respeten nuestros derechos, pero parece ser que somos algo menos rigurosos a la hora de aplicarnos en las obligaciones. Viene esto a colación de una de las obligaciones no escritas que, a mi entender, debería de aplicarse, simplemente como ejercicio de coherencia interna, y que no es otra que la de expresar una opinión tan sólo cuando sepamos de qué estamos hablando. Y cuando hablo de saber no estoy refiriéndome tan sólo a acumular información externa sobre el asunto en cuestión, no, sino al verdadero comprender de las cosas, ese que se da cuando estamos ‘dentro’ del asunto y no como meros observadores del fenómeno.

Si esta pequeña responsabilidad individual la aplicáramos todos, los conflictos derivados de expresar opiniones quedarían reducidos ostensiblemente. Es más, si esta regla se aplicara también cuando nos corresponde el derecho a la réplica sobre una opinión expresada, advertiríamos que ésta proviene de una fuente ignorante (en el sentido de no conocer a fondo el tema) con lo que no podríamos tomarla como una ofensa, sino como un mero error de percepción, despojándola de relevancia.

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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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