El Rincón de Seguridad

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No quisiera adentrarme en el laberinto del Rincón de Seguridad sin antes dar un paseo por algunos de los conceptos que considero clave en su configuración: el pensamiento dual y los distintos ‘estados’ de las ideas.

Para explicar lo más sucinta y claramente posible el pensamiento dual acudiré a Mónica Cavallé que, en el libro HINDUISMO Y BUDISMO, introducción filosófica nos habla, entre otras cosas, del pensamiento dual y de la configuración del ego, que es lo que interesa para este punto que quiero comentar.

“Para el Advaita, lo que nos exilia del gozo intrínseco a este juego cósmico de mutuo espejarse de la dualidad en la unidad y de la unidad en la dualidad, es la incapacidad para percibir la unidad que late detrás de toda dualidad u oposición aparente y la funda; la falta de visión para lo que enlaza la parte al todo permitiendo que la parte sea símbolo del todo. Esta ceguera para lo esencial o no-dual conduce a percibir, donde hay meros opuestos interdependientes, oposición; donde hay diversidad, incompatibilidad; donde hay juego, lucha; donde hay unidad diversificada, estricta separación.

Desde esta perspectiva dividida, la muerte pasará a considerarse enemiga de la vida, el dolor del placer, el mal del bien, el tú del yo, etc. Se buscará afirmar un término de la dualidad mediante la negación de su opuesto sin, en ningún caso, cuestionar la existencia del límite que supuestamente los separa y divide. Todo ello no será más que fuente de dolor y frustración, pues cuanto más me aferre a la vida, más me obsesionará la muerte; cuanto más busque el placer, más intolerable me resultará el dolor […]”

La configuración del ego

Para comprender este proceso de autolimitación del yo, puede tener interés una reflexión en torno al condicionanmiento que en lo relativo a la vivencia de su identidad recibe el niño en sus primeros años (Cfr. La obra de Antonio Blay, Ser, […] cuyas ideas seguimos en este punto)

“La configuración del ego o yo individual separado es sinónimo de la configuración de la propia autoimagen mental y de la autoidentificación con ella.

En los primeros meses de vida, el niño es pura espontaneidad no mediada por ninguna autoimagen; es total y pura autoexpresión. Sencillamente, es. Pocas veces, los adultos pueden tolerar sin incomodidad esa avalancha de vida […] Es preciso controlar el comportamiento del niño y regularlo en función de ciertos cauces, de ciertos modelos de comportamiento.

Esta regulación es perfectamente natural y necesaria: el niño ha de adaptarse a la vida en sociedad y a las pautas que exige la convivencia. El problema es que no simplemente se le enseñan al niño ciertos modos de acción, sino que –como estrategia consciente o inconsciente de control- se le juzga en función de esos modelos (y en el nivel de su identidad: no se le dice “has realizado una acción inadecuada”, sino “eres malo, torpe, etc.”), y se la quiere –al menos, se le da a entender así- de modo condicionado, según responda a ellos o no.

El niño comienza a no sentirse aceptado por el mero hecho de ser, pues percibe que su aceptación y valía se subordina al que sea esto o aquello, a que sea de un modo u otro. Ya no descansa en el será, sino que ha de llegar a ser algo. El modo de ser –cómo es- pasa a ser más importante que el ser –quien es- [El problema no es el modelo –son necesarios en sociedad- sino la identificación con el mismo…]

[…] La identificación con esos modelos aceptados, la identificación con los juicios sobre sí mismo que se derivan de ellos, van a configurar su particular autoimagen del yo; autoimagen mental que se convierte en un centro vicario de vivencia de sí […] Este yo-idea (ego) pasará a ser el auriga del vivir individual.

El niño –por lo tanto- se desgaja de su fondo esencial, ya no se vive desde él sino desde su mente, desde una mera idea de sí. Surge así la dualidad entre lo que realmente es y lo que cree ser.

[…] El yo, puesto que se ha limitado al objetivarse y definirse, ya no es capaz de encontrar dentro de sí esa plenitud; sólo la experimenta bajo la forma del anhelo […] Nace así otra nueva dualidad: la dualidad entre lo que el yo cree ser y lo que considera que debe llegar a ser. La tensión generada por esta dualidad […] define el personaje que cada cual representará en el teatro del mundo. El yo sufrirá, se alegrará […] por algo que no tiene nada que ver con lo que realmente es ni, en general, con lo que es.

[…] El yo es así germen de división y separatividad no sólo dentro de sí, sino en relación a lo que considera diverso de sí.”

En segundo lugar, recurriré a una analogía esencial, la asimilación del mundo del pensamiento con nuestro elemento vital básico: el agua. Para ello, nada mejor que ‘otorgar roles’ a los diferentes elementos –no a todos, pero sí a los básicos- intervinientes.

Los elementos constitutivos fundamentales del agua son sus moléculas, que bien podrían ser las ideas en el universo del pensamiento. Al espacio intermolecular –fundamentalmente en estados gaseosos o líquidos- lo podríamos identificar con la duda, mientras que a aquellas bacterias –y otra fauna- que ‘colonizan’ el agua podríamos asemejarlas a nuestros queridos prejuicios.

Tras la identificación de algunos elementos me centraré en los tres estados fundamentales, gaseoso, líquido o sólido, del agua. A cada estado le correspondería una etiqueta relativa a las ideas, en orden de mayor a menor separación entre ellas –dudas-, a saber: intuición, creencias y certezas.

Afirmar que la duda es incertidumbre y que ésta puede ser precursora del miedo no es decir nada nuevo; quizá investigar una posible razón para la desazón que sentimos en estados de incerteza nos ayude a abrir otras vías de conocimiento. Para ello comenzaré la labor con el instinto de supervivencia.

El instinto de supervivencia que todo organismo vivo posee se manifiesta como una fuerza neguentrópica que lucha denodadamente contra su enemigo natural: la desintegración y, por tanto, la muerte. Si consideramos que el Universo, como sistema abierto que es tiende a la entropía, a la desorganización, podremos sencillamente entender que un sistema organizado (el organismo vivo lo es) luche contra esa tendencia. Por tanto, si el organismo detecta peligro para su integridad se generará la emoción del miedo y con ella todo el armamento disponible se pondrá en marcha para luchar o huir. Como contra este enemigo no se puede luchar, el organismo huirá hacia un estado de mayor seguridad, el de las creencias o certezas, e intentará ‘atrapar’ las moléculas –ideas- agrupándolas y ordenándolas, dejando el menor espacio posible entre ellas –reducción de la duda-, de ahí que el ser humano busque certezas que apacigüen el miedo generado.

Inconscientemente, al acumular certezas –ladrillitos- el humano construirá su Rincón de Seguridad –fortaleza- y en él se sentirá seguro y a salvo de su desintegración. Es un mecanismo de defensa que todos portamos ‘de serie’ por lo que, en principio, no es algo pernicioso. La gestión del Rincón determinará, no obstante, si nos hallamos más cerca de estar libres o de ser esclavos de nuestras ideas; ésta puede pendular entre los dos extremos habituales de cualquier gestión: la responsabilidad o la dependencia.

Dibujaré dos gestiones extremas (lo habitual es que se entreveren ya que este juego de analogías da para mucho) para aclarar que entiendo por gestión responsable y dependiente.

Gestión Responsable

La persona posee la capacidad de trascender el Rincón de Seguridad autogenerado superando el miedo a adentrarse en territorios ‘enemigos’. Al lograr inhibir o controlar ese miedo a lo ignoto podrá investigar el ‘vaporoso’ espacio de sus intuiciones o el ‘sólido’ campo de las certezas –propias y/o ajenas-. De ese modo, descubrirá que ese miedo que lo cohibía no tiene razón de ser, que no se trata de una amenaza real a su integridad y podrá liberar su mente de la ‘prisión’ que probablemente construiría acumulando creencias ‘estancadas’ y certezas con las cuales se podría identificar poderosamente llegando a la dependencia extrema. Llevará las riendas de la indagación y se responsabilizará de sus consecuencias, sintiéndose cada vez más a gusto en su rol de explorador.

Destaco lo de estancadas porque una creencia funcionaría como el agua líquida: si se abandona en un lugar herméticamente cerrado (v.gr. un estanque sin desagüe) las ‘bacterias’ de los prejuicios acabarán tarde o temprano deteriorándola hasta el limite de la hedionda putrefacción.

Gestión Dependiente

En el otro extremo, podemos encontrar a aquellas personas que se sienten incapaces o no desean (por no tener consciencia de ello) superar ese miedo originario; éstas funcionarán mediante el mecanismo del acomodamiento: se sienten cómodos con sus creencias y certezas adecuando todo lo que le llega a esos marcos referenciales que construye, y en la comodidad de esa postura llegan a olvidar que fue el miedo inicial a ‘no saber’ lo que originó esa compresión de ‘moléculas’ hasta estados más afianzados, ordenados y aprehensibles; aquéllas, en cambio, lo más probable es que sobredimensionen el miedo natural, como si de un globo se tratase, hasta el punto de ‘reconocer’ enemigos no sólo en su propia incertidumbre (internos) sino en las certezas ajenas (externos). Se encuentran tan íntimamente apegados a sus ideas que dependen emocionalmente de ellas porque tienen la sensación de que éstas le garantizan un ‘sueldo fijo’, una estabilidad –seguridad-, sin la inquietante sensación de inseguridad que le reportan las ‘variaciones del mercado’.

El Rincón de Seguridad se asemeja bastante a lo que en el ámbito del coaching se denomina Zona de confort. La zona de confort es aquella zona en la que nos encontramos seguros, en la que controlamos, nada se nos escapa y que conocemos completamente. Aquí tienes un estupendo vídeo en el que nos explican por qué debemos salir de esa zona.

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Acerca de José Luis

Adulto superdotado con perfil "aspersor". Padre de dos hijos superdotados. Diletante de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Activista social en el ámbito de las altas capacidades intelectuales (2009-2016) y en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013). Escéptico con mente ecléctica. Amante del conocimiento en todas sus variedades y facetas, sin ideologizaciones políticas, religiosas ni éticas. Sin deudas simbólicas...
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