Madeja mental

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Nuestra mente (o nuestro cerebro para los más objetivistas) es una suerte de madeja con diversos grados y formas de complejidad, tanto en su estructura como en su funcionamiento. A medida que crece la misma las dificultades de gestión se multiplican. Una mente altamente compleja puede ser extraordinariamente productiva si se encuentra en “estado de flujo” como decía Mihaly Csikszentmihalyi. En la analogía, si se encuentra desmadejada.

Ahora bien, cuando esa misma mente se encuentra en un estado de ofuscación, obcecación, obsesión o cualquier otro estado de enredo, se comienzan a producir auténticos “nudos” mentales que enturbian la visión clara de las cosas, disminuye nuestra capacidad de discernimiento y las respuestas a estímulos se vuelven mecánicas, torpes y en ocasiones peligrosas. Seamos conscientes o no de nuestro estado y del resultado de esa reactividad desbocada. Una misma mente compleja, de esas que da gusto observar en acción, se transmuta en una mente complicada, cerrada en sus propias disquisiciones, discusiones y confrontaciones, proyectando hacia fuera el malestar interior producto de la ausencia de disciplina. Además, en ese estado de genuina nesciencia resulta hasta peligroso advertirlo porque la mera señalización se convierte, en esa madeja mental, en un ataque al sistema con la correspondiente creación de barreras cognitivas, emocionales o incluso físicas que impiden el acceso normalizado a la situación. O, peor aún, con la reacción agresiva ante la supuesta amenaza.

Una mente muy compleja vendría a ser como tener una autopista de ocho carriles. En ese escenario, si la cosa va fluida, el espectáculo es maravilloso, pero a poco que un vehículo se desvíe de su ruta y se meta en otra, o frene, se puede producir un monumental atasco.

Una idea recurrente que nos obsesiona es una modalidad de enredo producido por lo que denomino “pensamiento nesciente”, un tipo de pensamiento que tenemos todos. Son vehículos automáticos, sin conductor, que van transitando por esa autopista a toda leche, pero con la peculiaridad de que se reproduce una y otra vez.

Algunos ejemplos cotidianos nos ayudarán a fijar la idea:

Ejemplo 1Alguien hace un comentario general. Tú lo lees y sospechas que va por ti. Elaboras múltiples explicaciones sobre las razones que le llevan al otro a nombrarte son hacerlo. Das veinte mil vueltas y te enfadas con esa persona. Puedes dejarle de hablar.

Sin embargo, esa persona no se dirigía a ti ni pensaba en ti, pero tú te has enredado sin remedio y tus sentimientos son muy negativos.

Ejemplo 2: Enviamos un mensaje a alguien por el móvil. Hoy en día es habitual. No nos responde rápidamente. Le damos vueltas al asunto. ¿Le habrá molestado el mensaje? ¿Le ha pasado algo que no responde? ¿Se siente incómodo con tanto mensaje? Y así sucesivamente. Se agolpan cientos de preguntas sin respuesta. Nos agobiamos, nos sentimos mal, creemos haber cometido un error y queremos pedir perdón. Entramos en bucle. Nos desgastamos emocionalmente. Pasado un largo rato, que se nos hace interminable, el interlocutor responde. “Hola, me he quedado sin batería y acabo de ver tu mensaje”. OMG!

Y con esta imagen se anclará aún más:

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En este punto es bueno recordar que lo simple se opone a lo complejo y lo sencillo a lo complicado. Que complejo alude a la estructura o forma y complicado apunta al efecto de una acción. No siempre van juntos. Una mente simple (etimológicamente “un-pliegue” o “pliegue único”) puede complicarse, enrocarse, obsesionarse o enredarse fácilmente. No es patrimonio exclusivo de las mentes complejas. Además, esto es como un continuo que depende también de los diferentes perfiles. No se trata de bloques (mente simple vs mente compleja). Pero se entenderá fácilmente que una mente compleja se enredará de modos mucho más retorcidos ya que tendría más “hilos” para poder enmadejarse.

De hecho, las mentes altamente complejas tienden, por descuido personal, hacia la complicación. De ahí se deriva una alta reactividad (excitabilidad) física, emocional o mental que se retroalimenta, convirtiendo los sentimientos naturales en (re)sentimientos intelectualizados. El único modo de manejar esta peligrosa situación es tomar conciencia de hacia dónde está derivando y tomar luego las riendas, regresando a la sana sencillez.

Conclusión

La idea general que quiero transmitir es la importancia de reducir al máximo los pensamientos nescientes cargados emocionalmente, vehículos sin control que entran en el “canal de flujo” de nuestra autopista e interrumpen, entorpecen o ralentizan el tráfico habitual. Para lograrlo hay que tomar perspectiva, claro. Salir del coche consciente que vayamos conduciendo e irte fuera de la autopista. Desde lejos se distingue mejor el tráfico y se puede regular o gestionar. El desapego no consiste en otra cosa que en tomar distancia entre el objeto y tú. Lo sigues experimentando, pero no te ves arrastrado sin remisión por él. Esto es más difícil de lograrlo que de pensarlo, lógicamente. Hay que entrenarlo, solos o con ayuda. Pero por nuestra salud, considero que es es un buen ejercicio que genera enormes beneficios personales.

Este ejercicio es el clásico γνῶθι σεαυτόν (gnóthi seautón), nosce te ipsum, conócete a ti mismo. Un modo de cultivo interior que no solemos poner en práctica por diversas creencias -pensamientos nescientes en los que vivimos- que nos sirven de excusa para la inacción: falta de tiempo, falta de conocimiento de cómo hacerlo, falta de habilidad para manejarlo, etc. La introspección, el yoga, la meditación, el mindfulness y otras técnicas pueden ayudarnos a la hora de salir del vórtice, tomar distancia, enfocar la mirada a la autopista al completo sin verse arrastrados por su enorme tráfico. Nada de esto es sobrenatural ni esotérico. Nada de esto está fuera de nuestro alcance.

Para finalizar, os dejo un pasaje de Jiddu Krishnamurti que podría ayudar a desmadejar esas mentes complejas que se han complicado.

“Cuando vemos algo, el ver origina una respuesta. Vemos una camisa verde, o un vestido verde, y el acto de ver despierta la respuesta. Entonces se produce el contacto. Luego, a causa del contacto, el pensamiento crea la imagen de uno con esa camisa o ese vestido, y entonces surge el deseo. O uno ve un automóvil detenido en el camino; tiene hermosas formas, un pulido perfecto, y detrás de ello se percibe muchísimo poder. Entonces uno camina alrededor del auto, examina el motor… El pensamiento crea la imagen de uno mismo que entra en el automóvil, enciende el motor y, poniendo los pies en los pedales, lo maneja. Así es como comienza el deseo; el origen del deseo es el pensamiento que crea la imagen; hasta llegar a ese punto, no hay deseo. Están las respues­tas sensorias, que son normales, pero luego el pensamiento crea la imagen y desde ese instante se pone en marcha el deseo.

Ahora bien, ¿es posible que no surja el pensamiento creando la imagen? Esto es aprender acerca del deseo, lo cual es, en sí mismo, disciplina. Disciplina es el aprender acerca del deseo, no el controlarlo. Si aprendemos verdaderamente acerca de algo, ello se ha terminado. Pero si decimos que debemos controlar el deseo, nos encontramos en un terreno por completo diferente. Cuando ustedes capten la totalidad de este movimiento, descubrirán que el pensamiento con su imagen habrá dejado de interferir. Tan sólo verán, experimentarán la sensación; ¿qué hay de malo en ello?”

Jiddu Krishnamurti, La madeja del pensamiento

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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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