¿Por qué se confunde la alta sensibilidad con la alta capacidad intelectual?

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Alta sensibilidad y alta intensidad

En el ámbito de las altas capacidades intelectuales -y especialmente en el perfil de superdotación, tanto en su sentido clásico psicométrico como en su sentido cognitivo- encontramos desde hace muchos años dos características, emparentadas pero diferentes, asociadas a la alta habilidad cognitiva: i) la alta sensibilidad y ii) la alta intensidadEstas dos corrientes han emergido los últimos años con especial fuerza.

La alta sensibilidad recobró relevancia gracias al nacimiento y proyección mediática de la Asociación de Personas Altamente Sensibles de España. Lo que en principio fue una buena noticia poco a poco ha ido derivando en un terreno resbaladizo alejado de la propuesta inicial de la Dra. Aron que impulsa este proyecto. En el siguiente enlace podemos comprobar lo que ha ocurrido y dejar claro que los conceptos de “alta sensibilidad” y “altas capacidades intelectuales” no son sinónimos intercambiables.

La Alta Sensibilidad, qué es y qué no es.

Ser PAS no es tener altas capacidades: Existe la tendencia a confundir el rasgo de la alta sensibilidad con las altas capacidades. No es lo mismo, ya que la mayoría de las PAS, o sea, los millones que se ven reflejados en los cuatro pilares básicos, no entraría en la categoría de las altas capacidades. A lo mejor la cosa es válida al revés, o sea, podría ser que todas las personas con altas capacidades fueran PAS, pero no lo sabemos y no consta en las investigaciones de Aron. Digamos pues que, aunque habrá mucha gente con altas capacidades que es altamente sensible, para nada es un requisito para poder cualificar a alguien como PAS”.

Por otro lado, la alta intensidad ha cogido vuelo gracias al renovado interés de la psicología en investigar las implicaciones que tiene el concepto de sobreexcitabilidad de  Kazimierz Dabrowski. Un concepto clave integrado en su Teoría de la Desintegración Positiva, reformulado y propuesto como indicador de sobredotación (Gifted) por su colega Michael M. Piechowski. Aunque existen diferencias conceptuales entre ambos investigadores, como bien podéis leer aquí

De cara al desarrollo de esta entrada es importante conocer la ruta semántica seguida por el término sobreexcitabilidad. Dabrowski denominó a ese fenómeno con el término polaco nadpobudliwosc, que definía literalmente el nivel de “estimulabilidad” del sistema nervioso, por lo que podría haberse traducido al inglés como “superestimulabilidad” (superstimulatability). Sin embargo, se optó por traducirlo como “superexcitabilidad” (overexcitability). Aludía, en cualquier caso, a un grado elevado de intensidad en las respuestas, por lo que también podríamos hablar en nuestro idioma de “hiperintensidad” o de “hiperreactividad”.

Para entender de modo sencillo esta cuestión propongo una diferenciación nítida entre la capacidad receptiva (pasiva) de estímulos de diversa índole, que llamaríamos genéricamente “sensibilidad”, y la capacidad reactiva ante esos estímulos, que llamaríamos “reactividad” (“excitabilidad”, “estimulabilidad”, “intensidad”). La receptividad precedería a la reactividad. La sensibilidad precedería a la intensidad. Podrían verse como dos fase de un proceso, de modo que no siempre la acción en la primera fase conduce a la segunda, o conduce de modo más suave/fuerte al previsto. En cualquier caso, la idea es distinguirlas aunque sea de modo sutil.

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Los tres sentidos fuertes de la sensibilidad

Siguiendo la secuencia lógica del proceso descrito en el apartado anterior, y centrándome en esa primera fase, propongo nombrar de modo diferente los diversos sentidos que puede tomar la palabra “sensibilidad”. Porque no es lo mismo ser receptivo a estímulos físicos -vía sentidos- que a estímulos emocionales o a estímulos intelectuales. Y no conducen al mismo tipo de respuesta, lógicamente. Pero a todos se les llama indistintamente “sensibilidad”, con lo que la confusión permanece. Y mi idea es introducir algo de luz en todo esto, denominándola de modo distinto en función del tipo de estímulos y, más o menos, las zonas cerebrales implicadas -sin ser exacta la correspondencia, es una aproximación de carácter descriptivo-.

Grosso modo, detecto tres sentidos fuertes de la palabra “sensibilidad” relacionados en primera instancia con los tres clásicos niveles interconectados de funcionamiento de nuestro cerebro, de menor a mayor complejidad, de mayor a menor antigüedad evolutiva:

  1. Sensitividad: Sensibilidad de los sentidos relacionada con el nivel reptiliano /instintos /fisiológico
  2. Afectabilidad: Sensibilidad de tipo emocional relacionada con el nivel límbico /sentimientos /emocional
  3. Distinguibilidad: Sensibilidad de tipo ‘cognitivo’ relacionada con el nivel neocorteza /pensamiento /intelectual

¿Por qué utilizo esta nomenclatura tan aparentemente confusa?

Muy sencillo, me baso en un ejemplo muy simple que me proporcionó hace años una persona que trabajaba en inteligencia artificial desde el enfoque enactivo. Más o menos me vino a decir lo siguiente: “Estás en la calle, pensando en tus cosas, distraído. De repente, retumba en tus oídos una gran explosión (sientes la explosión). El sonido estruendoso te acelera el corazón y comienzas a sentir miedo, sorpresa, etc (te afecta la explosión). Esas respuestas se van sucediendo velozmente, pero sólo un poco después eres capaz de distinguir qué es lo que ha ocurrido (distingues qué tipo de explosión es)”. En ocasiones lo más simple es lo que ilumina más un camino.

Conclusión. La alta distinguibilidad es el sello de las altas capacidades

Antes de concluir esta entrada, explicaré un poco qué entiendo por distinguibilidad y cómo puede operativizarse.

Es una noción muy general. Apunta a la facilidad para capturar contenidos abstractos, patrones, estructuras, funciones, contextos, etc de carácter nítidamente intelectual. Sería la facultad que te permite comprender (prender con) conceptos complejos de diversa índole. La inteligencia fluida permite inferir esa facilidad para capturar lo que no te han enseñado. Y observando cómo asimila alguien un concepto cuando se lo explicamos también se puede intuir. 

Y una alta sensibilidad de este tipo resuena (en sentido metafórico) en el nivel emocional con mucha fuerza, afectándolo sustancialmente. Sería una emoción tintada de razón y comprensión, de propósito. Se puede notar en la facilidad que tenemos desde pequeños de capturar detalles imperceptibles para nuestros compañeros, como por ejemplo en una situación de injusticia. Esa diferencia produce una alta afectación emocional ya que se mezcla con la constatación de que los demás parecen no percibirla, o que el mundo permanece indiferente a lo que vemos. También hay que tener en cuenta que dependiendo de la sofisticación de los contenidos su resonancia se quedara ahí o llegará al nivel más antiguo, el de la sensitividad. 

Al contrario no ocurre. Una alta sensitividad resonará a nivel emocional pero no produce necesariamente comprensión intelectual. Por ese motivo hay muchas más personas altamente sensibles que altamente capaces desde un punto de vista intelectual.

En definitiva, que el nivel más antiguo captura contenidos más burdos y simples, de ahí su automatización de cara a la supervivencia, y el nivel más actual recibe contenidos más sutiles y complejos para ayudarnos en la planificación de acciones y otras funciones complejas.

Un alto nivel de distinguibilidad podría ser la ‘marca’ de lo que solemos denominar como altas capacidades intelectuales. Es posible encontrar muchísimas personas “altamente sensibles” en los dos primeros sentidos (hipersensitivas o hiperafectables) que no presentan ese mismo grado en el tercer sentido. Y también es posible encontrar personas con un alto grado de distinguibilidad que no manifiestan un exagerado nivel de afectabilidad ni de sensitividad.

Normalmente en los estudios de las altas capacidades intelectuales se suele incidir mucho en la afectabilidad, de ahí que cuando leemos que son “altamente sensibles” en realidad están afirmando que son “altamente afectables”. También, en ocasiones, se han podido leer similares conclusiones para los que manifiestan un alto nivel de sensitividad.

Es fácil inferir que las personas altamente sensitivas suelen dejarse seducir más frecuentemente de lo normal por sus instintos más básicos. Aunque es una realidad contrastada que todos, en mayor o menor medida, tomamos decisiones inconscientes llevados por ese tipo de sensibilidad. El consumismo más irresponsable se nutre de este tipo de respuestas simples y quienes se encargan de activarlo lo tienen bastante claro. Para muestra un botón, sencillo de leer y directo:

Neuromarketing: El cerebro reptiliano y las decisiones de compra

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Las decisiones de compra del cerebro “viejo”

1- El cerebro viejo, reptiliano, está conducido por las emociones

El cerebro reptiliano funciona por el mecanismo de estímulo-respuesta. La emociones son las respuestas inconscientes y automáticas a los estímulos sensoriales. La vista del océano, un amanecer, el olor del café, el tacto de una rosa…todo desencadena una respuesta emocional inconsciente.

Las emociones juegan un papel determinante en las decisiones de compra. En un mercado saturado de productos, son las emociones las que dirigen la toma de decisión. Saber apelar a los sentimiento de los consumidores, es o que va a determinar el éxito de una marca. Todo un campo para desarrollar, en nuevo Marketing Emocional.

Cuanto mayor sean los sentidos que una marca hace reaccionar respecto a sus productos o servicios, mayores emociones despertarán en los usuarios y mejor podrá influenciarlos en sus decisiones de compra.1

2- El viejo cerebro decide en función del beneficio vs sacrificio

Todos buscamos constantemente dos aspectos fundamentales: encontrar satisfacción y evitar el dolor. Pero reaccionamos mucho más ante las sensaciones de miedo, pérdida o amenaza que ante las de búsqueda del placer.

En “Cómo dominar el arte de la persuasión“, Kevin Hogan afirma que los consumidores basan más sus decisiones de compra en evitar el dolor que en la búsqueda de placer, en una relación de 2,5 a 1.

3- El viejo cerebro está más influenciado por los comienzos y finales

El comienzo y el final de un evento es lo que determina nuestra percepción de la experiencia completa. La impresión inicial actúa como un filtro por el que vamos a ver el resto del mensaje. Y el final es el recuerdo más cercano del evento y tiene un gran peso en la huella que nos deja lo que hemos experimentado.

Por eso, en marketing para que nuestro mensaje sea convenientemente aceptado, es vital dejar una fuerte primera impresión. Es lo que va a enganchar a la audiencia. Desde una sonrisa de bienvenida a una buena pregunta formulada al principio, los primeros segundos son críticos para que nuestro cerebro determine que los que viene a continuación le interesa.

4- El viejo cerebro está orientado y responde rápidamente a las imágenes

Se dice en Comunicación que la forma o manera en la que recibimos y procesamos la información, es en un 65% debido a patrones visuales. Igualmente la primera impresión de una persona es debida a si apariencia física. Y es porque en todos los casos, el viejo cerebro responde a estímulos visuales, no a palabras. Las palabras entran en el campo del cerebro “nuevo” y son secuandarias en el proceso de compra.1

Por esto mismo hay que potenciar el mensaje principal de una marca y transmitirlo de una manera visual (como en el diseño del producto, imágenes en los anuncios, envoltorio o packaging, etc). De esta manera se fortalecerán las conexiones emocionales de los consumidores con la marca.

5- El viejo cerebro comprende sólo lo que es tangible, físico y concreto

Como señala Patrick Reinvoise , en “Neuromarketing: is there s “buy button” in the brain“, el viejo cerebro está constantemente buscando lo que es familiar y tangible. No entiende números o conceptos abstractos como “enfoque integrado” o “solución integral”.

Neuromarketig, Cerebro inconsciente, reptil y las decisiones de compra

Por esto, en Marketing, para hablar al viejo cerebro hay que utilizar beneficios tangibles. Así, por ejemplo, una promesa de “enorme felicidad”, en un sinsentido para nuestro viejo cerebro, mientras que el uso de metáforas ayuda, como referirte a tu servicio como  una oferta “Cadillac”. Siempre mostrar los beneficios del producto o servicio de una manera tangible.

Como explica Patrick Reinvoise, el 99% de nuestras decisiones no las toma la razón, sino el instinto. La razón es lo que busca las excusas para justificar esas acciones, las que ha elegido el cerebro reptiliano. Éste no entiende de abstracciones, solo lo tangible que es profundamente emocional y visual.

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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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