Las altas capacidades NO son un problema sino un reto

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En esta entrada reflexionaré sobre las consecuencias que se derivan de hablar permanentemente de problemas cuando se trata el tema de las altas capacidades. Aunque la narración se centra en uno de los periodos difíciles, en muchos casos su trasfondo sigue tan actual como entonces, con la enorme diferencia de que ahora los canales de difusión del fenómeno son muchísimo más numerosos que en la época en la que aterricé en este campo.

Aludo en concreto al periodo comprendido entre 2006 y 2010, que es la época del “apagón informativo” generalizado. Según me cuentan diversas fuentes solventes que vivieron esos acontecimientos, y que luego pude constatar a través de mis propios medios, la ruptura interna en el seno de la CEAS creó un ambiente de desconfianza entre los distintos miembros de la primera Confederación que hubo en España. No es este el sitio donde hablar de lo que ocurrió, pero sí es importante señalar cuándo comenzó el apagón y las consecuencias que tuvo.

Durante esos años era prácticamente imposible conocer cómo funcionaban las asociaciones o qué se hacía a nivel educativo con este alumnado. El nivel de desinformación era extraordinariamente elevado. Como comento más arriba, apenas se publicaban noticias en los medios, y en esas fechas no se habían consolidado las redes sociales en España, especialmente Facebook. Vivíamos en un auténtico desierto informativo. Cuando a finales de 2009 mi mujer creó el primer perfil de nuestra asociación, que luego tuvimos que quitar por ser personal, no había ninguna asociación en esa red social. No había prácticamente nada. Apenas un grupo creado por un adulto superdotado que aglutinaba a una decena de personas. Eso fue cambiando con el tiempo y compartiendo con otras entidades la importancia de estar ahí para ganar visibilidad. En la actualidad existe una enorme proliferación de grupos, páginas o incluso perfiles dedicados exclusivamente a tratar esta temática. Pero no siempre fue así, por más que a muchos les parezca impensable esa situación de incomunicación generalizada.

Pero vayamos a lo importante en esta entrada.

A finales de 2010, cuando apenas llevaba un año presidiendo la entonces modesta asociación ASA (no llegábamos a setenta familias activas, cuando en la actualidad nos acercamos a las trescientas, siendo una de las más grandes de España) y apenas conocía nada sobre este ámbito, me invitaron a participar en un programa de radio para dar a conocer las altas capacidades intelectuales. La periodista, Esther Luque, me pidió lo que suelen querer la mayoría de medios de comunicación, que le hablara de los problemas del colectivo.

Algo se rebeló en mi interior. ¿Por qué todo el mundo parecía querer hablar de problemas? ¿Por qué la mayoría de las escasas noticias que se publicaban entonces aludían constantemente a los problemas del colectivo? ¿Por qué parezco un bicho raro al querer transmitir que son un reto social?

Como disponía de unos días, me puse a buscar información para argumentar lo que me parecía una evidencia palmaria, que hablar constantemente de problemas sólo trae más problemas.

La información estaba dispersa en muchos lugares, así que no era fácil organizarla para que tuviera algo de coherencia. Tras recopilar no pocos documentos me puse a pensar cómo podía darles el aspecto que necesitaba transmitir. Y de esa reflexión surgió el cutre (por la poca pericia que tengo dibujando) mapa mental que ilustra esta entrada.

En el mismo partía de la situación que causaba una cadena de acontecimientos negativos: hablar de problemas. Desde ahí, distinguí las consecuencias de índole social y jurídico.

En el aspecto social, las consecuencias más evidentes eran el anclaje en el imaginario popular de estereotipos difíciles de disolver con la mejor información disponible. Defino estereotipo como un esquema mental simplificado sobre una realidad que se desconoce. El primer y más potente estereotipo se construye alrededor del término superdotado, un concepto que es la historia de un error científico y de traducción (Gifted es literalmente Dotado, y así es cómo se denominaban en España hasta que se introdujo el prefijo superlativo). Las enormes expectativas que se tienen respecto al mismo no se corresponden con la naturaleza de potencialidad que tiene la palabra capacidad. Y la imagen que se ha construido durante décadas es la de un ser imposible de encontrar en este mundo, ya que algunas de sus supuestas características son opuestas entre sí.

El segundo estereotipo se forjó sobre la absurda idea de que “los superdotados no necesitan ayuda”. No creo que sea necesario argumentar el dislate. Sí señalar las nefastas consecuencias de esta idea, especialmente resistente al cambio en el ámbito docente.

Y el tercero se estableció en torno a una visión unidimensional de la inteligencia, que además se vinculaba estrechamente a un determinado dígito, el famoso cociente intelectual (CI).

A lo anterior se suma la “inestimable” ayuda de los medios de comunicación, proclives a publicar lugares comunes, anclar mitos o resaltar sólo los aspectos negativos, buscando más el tirón mediático que tratando de conocer el fenómeno en toda su complejidad y riqueza.

Con estos ingredientes, lo normal es que se convirtieran en los invisibles del sistema educativo. Algo que se reflejó con especial crudeza en el mítico reportaje Al este de la campana de Gauss, en la que algún profesor confesaba que no había encontrado ninguno en sus clases durante décadas.

En el aspecto jurídico, la consecuencia más importante es la discriminación, sutil o explícita, que se lleva años produciendo en los diversos agentes del sistema educativo. Tener que leer un artículo de la revista de orientadores de mi provincia donde se decía explícitamente que había que plantearse la necesidad de atender a los colectivos con más dificultades de manera “preponderante o exclusiva” fue impactante. Os podéis imaginar la consecuencia que eso podía traer. Comprobar cómo dentro de la escuela son limitados en su expresión. Advertir que en el seno de las familias (hermanos, padres, etc) se producen situaciones de incomprensión que aíslan al núcleo familiar, refugiándose en otras familias con similares circunstancias donde sí podían contar sus experiencias sin ser prejuzgados. O en la propia Administración educativa, que a pesar de tener la obligación de atender este colectivo y de proveer de recursos a los centros se inhibía completamente y sólo actuaba si sentía la presión de las asociaciones familiares activas. Asociaciones que muchas veces se convierten en auténticas “subcontratas” de las administraciones, ya que atienden extraescolarmente a muchas familias sin apenas medios, sin apoyo y sin reconocimiento.

Frente a todo esto, la idea que trataba de transmitir era la de dar un giro copernicano que nos pemitiera salir del círculo vicioso en el que estábamos. Cambiar la empobrecida idea de “normalizar” (que generalmente se traduce por adecuar a la norma por abajo o a limar las diferencias) por otra más sugerente como era la de naturalizar las diferencias. Todos somos diferentes, es lo natural. Obviar o tapar las diferencias resta riqueza y limita nuestras posibilidades como sociedad.

Y esas diferencias, gracias a los estudios de Howard Gardner, se podían ver con claridad en sus ocho inteligencias. Ampliando el espectro de posibles habilidades susceptibles de desarrollar, haciendo hincapié en el talento e innovando en la educación se podría cambiar la tendencia y tratar las Altas Capacidades Intelectuales como lo que son, un reto social mayúsculo que toda sociedad moderna con deseos de progresar debería tener como prioridad, algo que no se ha dado en nuestro país, y que al parecer no parece dispuesto a dar. Pero ante esa pasividad generalizada la peor estrategia para conseguir cambios es hablar constantemente de problemas. Intentemos no dar fuego al pirómano, porque ya conocemos los resultados.

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Acerca de José Luis

Adulto superdotado con perfil "aspersor". Padre de dos hijos superdotados. Diletante de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Activista social en el ámbito de las altas capacidades intelectuales (2009-2016) y en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013). Escéptico con mente ecléctica. Amante del conocimiento en todas sus variedades y facetas, sin ideologizaciones políticas, religiosas ni éticas. Sin deudas simbólicas...
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2 respuestas a Las altas capacidades NO son un problema sino un reto

  1. José Luis dijo:

    ¡Hola Isabel! Gracias por tus palabras y por tu implicación. Me alegra saber que sigues en la lucha, aportando ideas para la mejora general. He trasladado parte de tu mensaje a los socios de ASA que están en telegram. Ahora mismo no estoy en la directiva así que es el mayor alcance que tengo en mis manos.
    Un fuerte abrazo para ti y los tuyos también

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  2. María Isabel Castillo García dijo:

    Buenos días, José Luis.
    Te leo siempre. Gracias por la aspersión.
    Estuve en una mesa de discusión en Sevilla sobre AACCII en enero. Éramos siete participantes más una representante de la Junta. Me invitaron por recomendación de la coordinadora provincial de Cádiz, que es un encanto y aprecia nuestro proyecto. De las siete, maestras (2), profesora (yo) y orientadoras (3, de EOE Y secundaria) y especialista de PT (1), cinco éramos también madres de niños con AACC. Nuestra misión era redactar un documento con todas las mejoras que la normativa sobre AACCII necesita. Nos empleamos a fondo como puedes imaginar. Ojalá tengan en cuenta aunque sea una de nuestras propuestas.
    Sigo en la lucha como puedo. Coméntalo si quieres en la asociación. Para mí al menos el hecho de que nos hayan consultado es positivo. Estaba allí Cristina Saucedo, Manuel Vázquez, etc.
    Un abrazo para Yolanda y para ti,

    Isabel

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