Identificación alumnado con AACC. Centros públicos y centros privados

DATOS ALUMNADO AACC 14-15 PUBLICO-PRIVADO

Hoy leía un protocolo de identificación y evaluación del alumnado con altas capacidades intelectuales y me detuve en el pasaje que destaco abajo. Me llamó la atención el mensaje que enviaba, porque tenía la sensación de que algo no me cuadraba:

Finalmente, en la identificación del alumnado con ACI se pueden observar sesgos demográficos importantes que son evidentes en gran parte de los programas, tanto nacionales como internacionales, donde los que se identifican típicamente son los estudiantes provenientes de grupos más favorecidos y de familias más implicadas en su educación. Estas divisiones no son sorprendentes y se demuestran, por ejemplo, cuando aparecen más casos detectados en los centros privados y concertados que en los centros públicos; son datos que aparecen también en otros países (Worrell, 2009). Es importante que los programas de identificación estén presentes de manera habitual y permanente en todos los centros, independientemente de su titularidad, porque tan solo así nos aseguraremos de estar haciendo un trabajo correcto que permita, también a los estudiantes de los grupos tradicionalmente infrarrepresentados, contar con la oportunidad de mostrar su potencial.

Para salir de dudas accedí a la página del MECD donde se pueden realizar consultas específicas sobre este tipo de alumnado y elaboré el cuadro que ilustra esta entrada.

La realidad general es que hay muchos más alumnos identificados en centros públicos que en privado (73-27). Y la específica es que la mayoría de las CCAA detectan más alumnos en estos centros, salvo algunas excepciones significativas: Madrid, Catalunya, Valencia, País Vasco, Baleares y Melilla.

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Niveles de desarrollo integral del ser

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El amor dice: ‘Yo soy todo’.

La sabiduría dice: ‘Yo soy nada’.

Entre ambos fluye mi vida (Nisargadatta)

Hace aproximadamente dos años creé la imagen que ilustra esta entrada. En ella represento de un modo visual los diferentes estadios o fases que componen el mapa de la evolución de nuestra conciencia (profundidad ontológica) o de nuestro ser.

Como habrás advertido, se asemeja bastante a la famosa pirámide de la jerarquía de necesidades elaborada por Abraham Maslow.

Pirámide de Maslow

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La palabra necesidad es clave tanto en esta pirámide como en la invertida. Necesidad suele aludir a dos ideas diferentes: i) la falta de algo y ii) todo aquello que es inherente a algo para su realización, actualización, evolución o desarrollo, cuatro conceptos semánticamente emparentados. Necesidad proviene del latín y significaba aquello en lo que no cedo o aquello que es inseparable de una cosa en una acción.

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Definición de Alta Capacidad en EEUU

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Hace dos semanas mostraba el estado de InDefinición en el que se encuentra España actualmente respecto a las altas capacidades intelectuales. Indefinición que afecta en primer lugar al paupérrimo nivel de identificación que existe en nuestro país y en último término a la casi inexistente intervención educativa. La ausencia de una definición clara, puesta por escrito, permite el abuso indiscriminado de criterios altamente subjetivos que se saltan a la torera toda la investigación realizada sobre este fenómeno en los últimos años. Es muy frecuente leer el relato de las familias durante sus reuniones con los encargados de atender a sus hijos identificados como de altas capacidades intelectuales (tutores, orientadores, dirección, inspección, etc) en las que se excusa cualquier tipo de intervención si no cumplen unos requisitos que no están escritos en ningún lado, lo que deja a las familias completamente desorientadas y sin ningún argumento que se pueda esgrimir ante esa muestra de ignorancia generalizada. Ignorancia que puede ser pasiva (no sé) o, peor aún, activa (no quiero saber).

Siempre comento que quien quiere hacer algo busca los medios y quien no quiere hacer algo busca las excusas. Este patrón no es exclusivo de este colectivo sino que general, pero su aplicación en este campo está muy consolidada. Cada vez que alguien no desea intervenir buscará y encontrará cientos de excusas para no hacerlo. Y si no las encuentra se las inventará, algo muy sencillo de lograr ya que no hay nada por escrito que desmonte ese “argumento”. En cambio, cuando alguien desea atender se meterá en algún grupo, web o blog para aprender, informarse o formarse. Buscará recursos educativos en la red, o a través de algún contacto. Irá a jornadas, seminarios y cursos. En definitiva, dará los pasos necesarios para poder al menos intentar atender a esas criaturas que tienen necesidades específicas de apoyo educativo. Hay que reconocer que, en la actualidad, cada día más personas buscan esos medios, aunque la distribución geográfica sea irregular. Las CCAA más activas por el cambio son las que lideran esta dinámica de búsqueda, independientemente del nivel de parálisis o autocomplacencia que muestre su administración educativa.

Pues bien, siguiendo esa dinámica de buscar referencias útiles traigo en la entrada de hoy la situación actual en los Estados Unidos, que es la fuente donde solemos beber con más frecuencia para encontrar información de calidad sobre este colectivo.

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Un ejemplo realista de concienciación social

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El pasado 2 de abril se celebró el Día Mundial del Autismo. El País publicó esta noticia, La campaña sobre el autismo que unió a Cristiano Ronaldo y a los Morancos, que ha conseguido un enorme impacto mediático. En ella se comparte el último vídeo de concienciación realizado con exquisito tacto y gusto por Carol Marin, la madre de Carla, una niña de 7 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA).

El mérito se multiplica al saber que Carolina no pertenece a ninguna organización que haya realizado o financiado su campaña sino que se la ha currado ella sola, con la inestimable colaboración de alguno de sus amigos.

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Violencia estructural

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Un tipo grande y pesado nos pone su zapatón en el cuello. Nos aprieta sin piedad. Intentamos buscar ayuda en otro tipo, algo menos grande, pero sí lo suficiente para que le obligue a dejar de aplastarnos. Ni nos mira. El tipo grande le tiene bien atado. Seguimos intentando gritar. No nos escucha, sigue sin mirarnos.

Cuando notamos que estamos sin resuello, comenzamos a movernos compulsivamente, nos empezamos a resistir cada vez con más fuerza a una muerte segura. Intentamos darle manotazos al tipo grande y pesado. Algún moratón sufre. Este comienza a cabrearse y llama al otro. Le dice algo a la oreja. El otro no solo no nos socorre sino que le ayuda a hacerlo más rápido.

Pasa el tiempo y buscamos la ayuda de otras personas. El clamor comienza a hacerse visible. En ese momento, el otro tipo, el cobarde, recula y empieza a hacer el paripé de que nos está ayudando (por supuesto, se pone las correspondientes medallitas). Nosotros, ya amoratados, seguimos defendiéndonos con uñas y dientes. El clamor se vuelven ensordecedor: el otro tipo dice que nos va a escuchar. Pero no lo hace.

En ese momento, le cogemos de la pierna y le zarandeamos. Ya no resistimos más, queremos que conozca la realidad de nuestra angustia, que se atreva a mirarla de frente. Es el único que puede quitarnos de encima al tipo grande y pesado.

Pero hete aquí que el otro se siente acosado y violentado. ¡Esto es intolerable! Y comienza a soltar por la boquita esos exabruptos que tiene guardados para quienes no le caen bien. ¡Si somos los únicos que estamos haciendo algo! Gritan al clamor popular, creyendo una vez más engañarlo. Es él, que se queja de vicio y se vuelve vioento, ¿no veis cómo me coge de la pierna y me zarandea? ¿No le vais a condenar por su fea acción?

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Nuestro océano interior

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“La mayor parte de los hombres no quiere nadar antes de saber”

El Lobo Estepario

La mayoría de los aventureros que deciden adentrarse en las aguas marinas tan sólo se dan remojones más o menos largos, pero en la superficie; con sentir el frescor del mar en su piel ya se sienten satisfechos. Ese placer les hará repetir la experiencia natatoria. Ahora bien, ¿es eso todo lo que hay? Evidentemente, no; sabemos, cuando estamos nadando o al informarnos en tierra firme, que existen ‘tesoros’ en las profundidades marinas, pero ese saber no es más que intuición, y la intuición, a secas, no identifica lo que uno siente, tan sólo percibe que hay algo más; es la intuición intelectiva la que nos dibuja ese palpitar diferente, aunque no deje de ser un simple mapa. Este bosquejo, sin embargo, estimula la curiosidad e incita al aventurero a probar el buceo pero, al ser un medio en el que no nos desenvolvemos habitualmente, sentimos la presión del ahondamiento y la ansiedad por volver a lugares seguros, allá en la tierra firme o en la superficie marina. Se ha de profundizar poco a poco, nunca a lo loco, porque si llegamos a este extremo de imprudencia nos puede costar muy caro.

La aventura de bucear es, por tanto, progresiva. Cada vez somos más expertos y tenemos mejores mecanismos para desenvolvernos en las profundidades. La experiencia vivida va acumulándose en el cofre de nuestros conocimientos y habilidades, la memoria, y lentamente sentimos que, aunque encontremos vida y tesoros más abajo, éstos poco a poco dejan de sorprendernos si las probaturas se hacen siempre en las mismas aguas. Es más, una vez explorados todos los tesoros de la restringida área y volcados en la tierra firme, sentimos la desagradable sensación de que ya poco más podemos experimentar, que todas las aguas son iguales, y finaliza la aventura, abandonando la búsqueda de nuevas aguas y dedicando el resto del tiempo a predicar la sabiduría adquirida a los otros, como un acto de generoso desprendimiento hacia los que no han tenido el arrojo o la posibilidad de experimentar las aguas por sí mismos. Se convierten así en expertos guías de esas aguas que tan bien conoce.

Afortunadamente, siempre existirá alguna alma inquieta que no se engañe a sí mismo ni a los demás y que le dé crédito al pálpito que sigue latiendo en su interior: “haz el favor de vaciar esas aguas estancadas, porque ya huelen. Libérate de eso y vuelve al mar, sin prejuicios, sin la estulta sensación de que estás de vuelta de todo y de que eres incapaz de acceder a la siempre refrescante sorpresa”. Y se lanzan a la aventura de las nuevas aguas. Este salto adelante vendría a ser algo similar a la adquisición de una muñeca rusa, de manera que cada nueva liberación de lo ya conocido, de cada despoje de lo estancado, tendrá el premio de sabernos poseedores de tan preciado juguete. El problema de esto es que hay aventureros codiciosos que en lugar de colocar la muñeca mayor sobre la menor que ya tenía, y crecer, se dedica a juguetear con ella, a entretenerse disfrutando de su belleza; este peligro hay que saber advertirlo a tiempo y no caer en la trampa que la mente nos tiende.

Durante el proceso acumulativo de muñecas de sabiduría, se va generando una liberadora sensación: la memoria, hábil instrumento de la mente para mantenernos entretenidos en tierra firme, pasa de estar en el subyugante primer plano de todos nuestros quehaceres y lucubraciones a quedar relegado en un aliviante rincón, sin capacidad para incordiarnos en nuestra aventura. Este arrinconamiento se produce de manera fluida y natural, sin intervención de la voluntad del individuo porque ésta alertaría a la mente de la jugada; se va diluyendo como un azucarillo en la taza de las prioridades, quedando como mero edulcorante de la infusión de presente que supone experimentar, aprender.

Pero claro, todo lo humano tiene un límite marcado por su propia naturaleza. Un buceador no podrá soportar la presión de las aguas más profundas por lo que acceder a ellas por uno mismo se transforma en un peligro para la integridad física. Es por eso que nos interesamos por los equipos de buceo y los artilugios que nos puedan servir para que la experiencia no se pare. La paradoja de este proceder está en que necesitaremos una maquinaria, pensada y fabricada en tierra firme, y que se ha diseñado y construido calculando que resistirá la presión que se ha comprobado que existe a ciertos niveles de profundidad. Y con ese apoyo logístico adviene la ruptura; el goce y el desencanto final: goce, porque descubrimos lo que jamás imaginamos que haríamos solos; desencanto, por saber que no está en nuestra mano acceder ahí si no es ayudados por esa maquinaria, que nos ‘protege’ de las sensaciones que el agua produce en nuestro organismo.

Afrontar con entereza de ánimo el desencanto ayudará, sin duda, a completar el ciclo del aprendizaje: una especie de gran Ocho tumbado que nos lleva en volandas desde la superficie marina a tierra firme, se adentra en lo profundo del conocimiento, para volver a la superficie terráquea y seguidamente continuar por el mar hasta hundirse en las aguas de la experiencia y salir a flote en busca de la segura tierra. Es un gran ciclo, y lograrlo da serenidad, aunque sepamos que jamás llegaremos más allá de nuestros límites.

InDefinición de altas capacidades en España

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“No se puede construir un gran edificio sobre un cimiento débil. Debes tener un cimiento sólido si vas a tener una superestructura fuerte”, Gordon B. Hinckley

El cimiento del edificio de las altas capacidades es su definición. Si la definición es clara, concisa, y que no dé lugar a equívocos o interpretaciones peregrinas, el edificio será fuerte; si la definición es confusa o inexistente, el edificio será débil o quedará hecho escombros. Esto es de perogrullo.

Analizando someramente la normativa existente en nuestro País, tanto a nivel estatal como autonómico, se extraen varias conclusiones: i) no existe una definición común para todo el territorio, ii) hay CCAA que la definen y otras no lo hacen, iii) a falta de definición clara se adoptan criterios como la costumbre.

NOTA IMPORTANTE: Esta entrada es revisable, como todas. A medida que llegue nueva información o información más precisa se realizará la edición que proceda. Permanecerá, como el mapa de las altas capacidades, en permanente estado de revisión. Gracias de antemano a todos los que participen en su mantenimiento actualizado.

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