Liderazgo

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“Liderazgo es el arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común”, James C. Hunter

Siempre que dos o más personas se reúnan con un propósito, hay una oportunidad de liderazgo. Allí nace nuestra elección de si queremos ser líderes o liderados, y de cómo queremos hacerlo. En caso de que decidamos tomar el rol de líder, debemos hacerlo con responsabilidad y conciencia de que esa gente está a nuestro cargo y debemos cuidarla y ‘servirla’.

¿Qué es el liderazgo?

Tomando las palabras de Hunter en su libro “La Paradoja: Un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo”, un arte es una destreza adquirida. Un líder en ese sentido no nace (aunque ayude una predisposición natural hacia este rol), sino que se hace, y éste puede aprender los comportamientos y habilidades apropiadas para ponerlas en práctica y cumplir sus fines. Todos pueden ser líderes en sus vidas si realmente lo desean y practican los principios básicos que se exponen en este libro. Sólo requiere mucho esfuerzo de la persona para poder modificar o mejorar los comportamientos innatos.

La segunda palabra importante en esta definición es influir, que significa conseguir que alguien haga nuestra voluntad a través de la autoridad (auctoritas), no del poder (potestas). Porque el poder es la capacidad de forzar o coaccionar a alguien, para que éste, aunque preferiría no hacerla, haga nuestra voluntad debido a nuestra posición o fuerza, mientras que la autoridad es el arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que uno quiere debido a se influencia personal. Entonces cabe preguntarse por qué el liderazgo y la autoridad son “artes”. Porque el arte es una destreza que se puede adquirir y que tienen que ver con lo que uno es como persona y lo que uno siembra en la gente. Uno no elige libremente acatar el poder, porque hay una amenaza, pero sí elige más libremente seguir la autoridad. El poder desgasta las relaciones al crear esta tensión. En cambio la autoridad se crea con las relaciones.

También es importante distinguir la gestión del liderazgo, ya que aclara que “se gestionan las cosas (como el inventario, los recursos), se lidera la gente“.

El objetivo del líder es buscar cómo influir en las personas. Podrá influir cuando practique en mayor medida ciertos comportamientos, como por ejemplo, los que más se observan en los líderes:

  • Ser Honrado, digno de confianza
  • Ser el ejemplo
  • Estar pendiente de los demás
  • Estar Comprometido
  • Estar atento
  • Exigir responsabilidad a la gente
  • Tratar a la gente con respeto
  • Animar a la gente
  • Tener actitud positiva, entusiasta
  • Apreciar a la gente

Todos ellos se practican normalmente en mayor o menor medida, es decir, todos nos comportamos así algunas veces, pero un líder nunca los debe olvidar si quiere conseguir que la gente haga una serie de cosas.

Para poder ejercer liderazgo es necesario cambiar la mentalidad de toda la organización en la cual el papel del liderazgo sería servir. Nuevamente esta palabra. Entonces, ¿qué significa servir en el caso del líder? Significa identificar y satisfacer las necesidades legítimas de su gente y quitar todo obstáculo para que también ellos puedan servir. Esta es la gran paradoja: “si quieres mandar tienes que servir”. Lo que no implica hacer todo lo que la gente desea, sino estar pendiente de lo que realmente necesita para llegar a dar lo mejor de sí y hacer lo mejor posible, considerando siempre por supuesto los límites y las responsabilidades de las respectivas ocupaciones.

El liderazgo consiste en empujar y animar a la gente a dar lo mejor de sí. Para hacerlo posible hay que saber escuchar . Si la gente se siente escuchada, puede aprender a decir explícitamente sus necesidades para que éstas puedan ser satisfechas.

Para satisfacer la necesidad de autorrealización, una persona debe sentir:

  • Que es escuchada,
  • Que sus opiniones valen,
  • Que la creatividad e innovación valen,
  • Que puede crecer,
  • Que tiene poder de decisión

Pensando en las razones que tienen algunos líderes (Luther King, Gandhi, etc) para servir y sacrificarse, el fundamento común a todos es el ‘amar’ (ágape). El amar como un verbo que describe comportamientos, los cuales se fundan en la voluntad de la persona. El ‘amor’ se demuestra con acciones.

El modelo de liderazgo de servicio entonces consiste en una pirámide invertida, que se apoya en el vértice donde se encuentra la voluntad, porque el liderazgo requiere esfuerzo.

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Agape es el amor del comportamiento y la elección, no el amor de la emoción. Esto significa que no nos referimos a amor como a un sustantivo que describe sentimientos o emociones positivas, sino a un verbo que describe un comportamiento.

Se puede decir que amor como ágape es sinónimo de liderazgo. Con estas características:

  • Paciencia: mostrar dominio de uno mismo.

Uno debe dar el ejemplo de la compostura y del dominio de sus propios comportamientos. Si queremos que nos den tiempo para aprender, nosotros también debemos respetar el tiempo de los otros, sean empleados, hijos, amigos, etc.

  • Afabilidad: prestar atención, apreciar, animar.

Es muy importante prestar atención a la gente. El efecto Hawthorne demuestra que la gente, más que mejores condiciones de trabajo, busca que estén pendientes de ellos. Y la mejor forma de prestar atención es la escucha activa, que consiste en tratar de ver las cosas como las ve el que habla, y no perderse en los propios pensamientos hasta tanto no hayamos escuchado atentamente todo lo que tenían para decirnos. Prestar atención a la gente es un acto de amor primordial.

  • Humildad: ser auténtico y sin pretensiones ni arrogancia.

Consiste en conocerse verdaderamente a uno mismo, y reconocer las propias limitaciones.

  • Respeto: Tratar a los demás como si fueran gente importante.

De hecho la gente es importante, cada uno tiene su función. Los vendedores no son menos importantes que los jefes, ya que son ellos quienes están más cerca del cliente y son quienes colocan los productos. Sin ellos, gran parte de la producción sería inútil. El todo está compuesto por la suma de las partes.

  • Generosidad: Satisfacer las necesidades de los demás.

La generosidad, al contrario del egoísmo, se basa en satisfacer las necesidades de los demás, en algunos casos hasta sacrificando o posponiendo las propias si el fin lo requiere.

  • Indulgencia: No guardar rencor cuando uno es perjudicado.

Consiste en ser abierto y franco con los demás, respetuosamente. No significa que nada pueda molestarnos, o que debemos aparentar que todo está bien, sino que hay que enfrentar las situaciones, y hacerlo de forma positiva, para que produzcan resultados mejores para todos y no se guarden rencores. Al hablar y compartir sentimientos se alivian las tensiones.

  • Honradez: estar libre de engaños.

Significa que uno debe dar la mayor cantidad de información posible, decir siempre la verdad, no esconder lo malo ni tampoco exagerar lo bueno.

  • Compromiso: atenerte a tus elecciones.

Implica soportar los resultados ya sean positivos o negativos. Generalmente la gente está dispuesta a implicarse, no a comprometerse. El líder comprometido procura un desarrollo personal integral y una mejora continua, lo cual requiere un compromiso de hacer ese esfuerzo continuamente, para llegar ser el mejor líder que sea capaz de ser.

Amor, compromiso y liderazgo implican esforzarse al máximo por los demás. El resultado es servicio y sacrificio: dejar a un lado tus propios deseos y necesidades y buscar lo mejor para los demás. Una vez que forjamos esta autoridad con la gente, es cuando merecemos llamarnos líderes.

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Otro tema principal es la importancia de crear un ambiente sano en el que la gente pueda crecer y prosperar. Se utiliza la metáfora del jardín para describir como funciona el entorno. Al cuidar la tierra, regarla, fertilizar, plantar las semillas no somos realmente la causa del crecimiento del jardín, pero sí ayudamos a que crezca y se desarrolle probablemente mejor de lo que lo haría si no estuviéramos. Nosotros no podemos hacer que las plantas crezcan, aunque las plantemos, pero podemos poner las condiciones adecuadas para que esto ocurra. Lo mismo ocurre en el ambiente de trabajo.

Es aplicable a este ejemplo la Ley de la Cosecha cosecharás tu siembra. Además el fruto crecerá sólo cuando esté a punto, no podemos saber cuándo. En las relaciones con las personas también vamos sembrando opiniones, sentimientos. Como dice la enfermera, unos de los alumnos de Simeón, que alude al libro de Stephen Covey: “a medida que la relación va desarrollándose, vamos haciendo una serie de movimientos en nuestras imaginarias cuentas bancarias de relaciones”. Nuestros comportamientos provocan ingresos o egresos automáticos en la cuenta.

Para cambiar el entorno, lo primero es empezar cambiando uno mismo. Que la gente cambie depende de una elección que no está en nuestras manos. Pero es deber del líder crear el ambiente necesario para propiciar la proactividad de la gente para producir el cambio y crecer, como individuos y como partes de una organización.

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También es clave la diferencia entre pensar y actuar en consecuencia. Una cita de John Ruskin al principio del capítulo lo resume: “Lo que creamos o lo que pensemos, al final, no tiene mayor importancia: lo único que realmente importa es lo que hacemos”.

Muchas veces pensamos algo y lo demostramos con actos, pero no siempre es así. Nuestros pensamientos y sentimientos influyen mucho sobre nuestro comportamiento, y viceversa. También podemos cambiar nuestro sentimiento o pensamiento hacia algo o alguien dependiendo de cómo nos comportemos con ello. Los sociólogos llaman ‘praxis’ al hecho de que los comportamientos positivos acaben generando sentimientos positivos. Y también ocurre en sentido contrario, es decir, si tratamos mal a alguien con frecuencia, esa persona va a gustarnos cada vez menos. Por lo tanto, es posible que si queremos tener sentimientos positivos hacia una persona o cosa, aunque no nos guste, podemos lograrlo.

El liderazgo empieza por una elección de querer tener las habilidades del líder y continúa si asumimos la responsabilidad de esa elección.

Podemos disciplinarnos para hacer algo que nos parece antinatural, hasta que se convierta en algo natural y habitual, como una costumbre.

Durante el aprendizaje hay cuatro etapas:

  1. Somos inconscientes e inexpertos: no estamos interesados en aprender la destreza y no sabemos hacerla.
  2. Consciente e inexperto: ya conocemos algo de la destreza pero aún no la hemos desarrollado completamente.
  3. Consciente y experimentado: ya adquirimos la destreza y la disfrutamos.
  4. Inconsciente y experto: Hemos conseguido que el comportamiento nos resulte natural, y ya no tenemos que pensar en cómo hacerlo.

Cuando el líder llega a esta cuarta etapa, ya no necesita premeditar sus comportamientos, sino que le salen naturalmente. El líder adquirió las habilidades necesarias y las ha incorporado como si hubieran sido parte de su personalidad desde el principio. Así lo resumió el autor en la siguiente cita: “las ideas se convierten en actos, los actos en nuestro carácter, y nuestro carácter en nuestro destino”.

El papel del líder es que su vida signifique realmente algo en la vida de los otros. Cuanto más sepa influenciar, más seguidores tendrá, aumentará su autoridad, sus ideas serán cada vez aún más apoyadas y así significará algo para más cantidad de personas. Si eso es lo que buscamos al querer ser líderes, al dar lo mejor de nosotros y crecer, obtendremos también más recompensas. Una de ellas es la recompensa del gozo. El gozo tiene que ver con la satisfacción interior y con la convicción de estar siguiendo los principios correctos de la vida. Servir a los otros elimina el egoísmo que nos impide gozar de la vida. Y el egoísmo permanece mientras uno no haya crecido emocionalmente.

El empresario, como líder, debe aprender también a asumir riesgos y hacer que todos los del equipo también los asuman convencidos de que es lo mejor.

Es fundamental que todos crean que las metas son posibles. Para ello entonces, la gente debe participar en la creación de las mismas, cada uno con su “porción de sabiduría”, ya sea experiencia, teoría, conocimiento del contexto, conocimiento de la industria etc. De esta forma las metas serán más realistas, porque se tendrá más información y la gente se sentirá más comprometida para cumplirlas, porque ayudó a establecerlas. Está comprobado que es más probable que uno ayude a mantener y mejorar lo que ayudó a construir.

En conclusión, el líder debe servir a las personas para que sus necesidades legítimas se satisfagan y así lleguen a los niveles más altos de motivación. Los resultados mejorarán exponencialmente siempre que sea fomentado por una política de la organización, que en definitiva se preocupe por sus integrantes y recompense su crecimiento.

La autoridad moral es la grandeza primaria, que implica la fortaleza del carácter, mientras que la autoridad formal es la grandeza secundaria que otorga una posición, cargo, riqueza, etc. Dice Stephen Covey en su octavo hábito: “La autoridad moral es la influencia adquirida a través de principios. El dominio moral se consigue a través de la servidumbre, el servicio y la contribución. El poder y la supremacía moral nacen de la humildad, donde el más grande es el servidor de todos. La autoridad moral o la grandeza primaria se consigue con el sacrificio”.

Comúnmente se habla en el ámbito empresarial de la gestión del cambio y la gestión de las personas para conseguirlo. Pero el autor de ‘La paradoja’ no concuerda con esto al establecer que la gente no se gestiona, sino que se lidera. Parece una cuestión de semántica, pero no es el único que defiende esta posición. John P. Kotter también lo hace. Presento a continuación un cuadro a modo de resumen de las ideas de Kotter:

LA GESTIÓN…

  • Se ocupa de hacer frente a la complejidad.
  • Asegura la realización del plan mediante el control y la resolución de problemas.
  • Organiza y dota al personal
  • Controla a las personas impulsándolas en la dirección adecuada.
EL LIDERAZGO…

  • Se ocupa del cambio.
  • Fija una orientación, y la alcanza a través de la motivación e inspiración.
  • Coordina a las personas.
  • Motiva a las personas satisfaciendo sus necesidades humanas básicas de éxito, aprecio y autoestima.

Lo principal es vencer la barrera del miedo al cambio. Y como parte del cambio consiste en la creación de líderes, estos líderes son los que a su vez ayudarán a producir aún más cambios atrayendo cada vez a más persona a la causa.

El líder debe ser un modelo que cierre la brecha entre lo que se dice y lo que se hace, entre las creencias y el comportamiento, y entre los actos y las palabras.

El líder debe desarrollar la confianza colectiva e individual. En cuanto a la individual, las personas no nacen con confianza en sí mismas, sino que ésta se deriva del éxito, la experiencia y el entorno. Una de las funciones más importantes del líder es infundir confianza en las personas, para que crean en sí mismas, y puedan asumir riesgos y responsabilidades sabiendo que tienen su respaldo. Por supuesto el líder también debe tener confianza en sí mismo si quiere guiar a otras personas. Debe tener valentía y confianza en su propio juicio para poder promover el cambio en la organización.

La confianza se crea fundamentalmente cuando podemos creer en algo. Podemos creer en alguien porque sabemos que siempre nos dice la verdad. Entonces la verdad también es la base del liderazgo. Es importante que las personas digan siempre la verdad. No importa si las noticias son buenas o malas, debe conocerse la realidad de las cosas y de las personas.

También genera confianza el escuchar activamente a la gente. Una persona que no nos presta la debida atención no puede saber qué es lo que realmente necesitamos, por lo cual no podemos confiar en ella en muchas oportunidades. No nos vamos a sentir seguros de que entendió nuestra idea. Además, el escuchar genera una actitud recíproca, por lo que si ambas personas se escuchan con empatía, se conocerán más y su relación será mejor, lo que definitivamente creará más confianza.

“Confiar y confianza son un verbo y un sustantivo. Cuando confluyen ambos se da algo recíproco y compartido entre las personas. Ésa es la esencia de cómo una persona se convierte en líder de su jefe. Merece la confianza al darla.” Stephen Covey

Los líderes pueden ser determinados por un superior en una jerarquía empresarial, puede ser que el mismo grupo lo elija, o también que las características de líder de una persona sobresalgan en el grupo de manera tal que lo lleven a dirigir al conjunto de personas sin que ningún integrante se lo haya propuesto deliberadamente, y es aceptado automáticamente porque el grupo y él inconscientemente así lo necesitan. ¿Por qué digo que así lo necesitan todos? Porque todos los grupos que desean cumplir un objetivo necesitan tener una persona que los guíe y motive, que sea el motor que recolecte lo mejor de cada uno y lo coloque al servicio de todos. Y el líder también necesita del grupo, porque sus características personales le hacen sobresalir del grupo y poner en marcha aquel motor.

 

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Acerca de José Luis

Adulto superdotado con perfil "aspersor". Padre de dos hijos superdotados. Diletante de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Activista social en el ámbito de las altas capacidades intelectuales (2009-2016) y en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013). Escéptico con mente ecléctica. Amante del conocimiento en todas sus variedades y facetas, sin ideologizaciones políticas, religiosas ni éticas. Sin deudas simbólicas...
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