De la imagen a la palabra: cuando la arborescencia se enlaza y entrelaza

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 “Demasiado inteligente para ser feliz?” Jean Siaud-Facchin (Página 14 y siguientes)

Este torbellino de pensamientos y emociones dificulta efectivamente el paso por el lenguaje. Cómo traducir ese guirigay interior, esa efervescencia de sentimientos, esa sensación efervescente del mundo, sin traicionar lo que se piensa, encontrando la palabra justa en el momento preciso, estando seguro de que el otro comprenderá exactamente lo que se quiere decir. Hablar es hacer pasar esa abundancia de pensamientos por un cuello de botella: las palabras deben colocarse unas después de otras, siguiendo un orden inmutable y codificado que permita transmitir correctamente lo que se quiere decir.

“Se puede ver el mundo lineal como una decisión arbitraria con relación a todas las posibilidades que existen. Cuando estoy en un modo arborescente, tengo más dificultades con el lenguaje porque puedo encontrarme simultáneamente con cuatro palabras que significan lo mismo, o casi, y que se presentan al mismo tiempo”. Raphael, 17 años.

Es la imposibilidad de comunicarse sin estar completamente conectado a su pensamiento, en el aquí y ahora de lo que se desea expresar.

“Veo las palabras de lo que quiero decir cuando estoy en mi pensamiento. Tengo que estar conectado a mis emociones para poder decir las cosas. Si alguien me pregunta por segunda vez mi opinión sobre algo, ya no sé qué contestar, porque ya no estoy conectado a la alquimia de mi pensamiento.”

La intensidad del pensamiento con su carga emocional solo se vive y solo se puede expresar en el momento en que se despliega. Su velocidad de activación y su espectacular abundancia dificultan la integración estable de los datos, que a menudo se perderán para un uso posterior. Su acumulación consume mucha energía. El pensamiento se escapa, y se escapa deprisa. «Pensar demasiado» elimina el pensamiento.

CUANDO LAS PALABRAS SE PIERDEN EN LA ARBORESCENCIA

Querer expresarse cuando las palabras pasan tan deprisa por la cabeza puede crear graves problemas de comunicación y verdaderos problemas de relación. Cuando no logras expresar precisa y claramente lo que quieres decir, y te lías y todo se vuelve confuso, se corre el riesgo de que no te entiendan o de que te entiendan al revés, que suele ser peor. Las palabras apenas sirven para traducir lo que se siente. Entonces, a menudo, el superdotado se calla. No habla porque no sabe cómo decir las cosas. Y, en ocasiones, cuando habla, hace daño involuntariamente. No era la ocurrencia conveniente, no venía a cuento…

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Con frecuencia el superdotado toma desvíos para rodear una idea. A veces es la única manera de intentar aclarar sus palabras.

NO COMPRENDER EL SENTIDO DE LAS PALABRAS CUANDO NO SE DESCODIFICA LO IMPLÍCITO

“Para mí, los superdotados tienen un problema de tipo semántico. Cuando una palabra no se utiliza en el contexto semántico adecuado, esa palabra no se entiende. Pondré el ejemplo de la física. Tengo muchas dificultades con los conceptos físicos, aunque esa ciencia me apasione. En física, muchas palabras provienen del lenguaje corriente o han sido integradas en él. Por consiguiente, para una misma palabra tengo varias definiciones que siento fisiológicamente. Para comprender los conceptos de la física, por lo general me veo obligado a buscar el contexto histórico en el que fue expresada dicha noción. De otro modo, no los entiendo”, Marc, 24 años.

La explicación personal de Marc es elaborada. Pero, en la vida del superdotado, esa dificultad es cotidiana. En una discusión, el superdotado responde equivocadamente o parece no entender la pregunta que se le hace, lo que a menudo resulta exasperante, agotador e insoportable. Con frecuencia el diálogo se bloquea. Y la discusión degenera en reproche. ¿Por qué?

Porque el sentido dado a una palabra o a un giro no adquiere el mismo significado para cada uno.

“No se puede hablar de vida después de la muerte: es impropio. Después de la vida, viene precisamente la muerte; habría que buscar otra palabra”, Julien, 10 años, no alcanza a comprender el uso de este sinsentido.

Para el superdotado, la precisión absoluta es indispensable, pues comprende las cosas en sentido literal. Para que entienda lo que le quieres decir, hay que explicarle el contexto. Entonces dará a las palabras el mismo sentido que tú. Y la comunicación volverá a ser posible. De lo contrario, no comprenderá nada. O, más exactamente, lo comprenderá de otra manera. Ahí radica una fuente de cansinos malentendidos y de intrincados conflictos que el superdotado encuentra en todos los estadios de la vida y en todos los ámbitos: en el colegio, el niño está «fuera de su elemento» o no responde a preguntas en apariencia sencillas; con sus padres, hace exactamente lo contrario de lo que se le pide; para el adulto, en el medio profesional, surge una rivalidad con un jefe o un compañero; en la pareja, las discusiones se disparan…

A veces, esta dificultad para descodificar las suposiciones ordinarias produce en el superdotado, adulto o niño, la sensación de no comprender nada de nada, lo cual refuerza su sentimiento de desfase y extrañeza. Puesto que todo el mundo parece actuar de la misma manera y yo no, entonces soy yo el que no es normal. Y por eso sufre doblemente: por la percepción de esa diferencia que lo aísla de los demás y por el ataque a la imagen de sí mismo que se deriva de ella. El superdotado se considera responsable y se siente culpable de no saber ser como los demás.

Estos mecanismos pueden dar lugar a un repliegue sobre sí mismo y a un desinterés progresivo por el mundo.

REFLEXIÓN PROPIA

Mi interior es una selva y lo que logro exteriorizar, en el mejor de los casos (ordenada y comprensiblemente para otros), es un mueble de Ikea.

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Acerca de José Luis

Adulto superdotado con perfil "aspersor". Padre de dos hijos superdotados. Diletante de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Activista social en el ámbito de las altas capacidades intelectuales (2009-2016) y en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013). Escéptico con mente ecléctica. Amante del conocimiento en todas sus variedades y facetas, sin ideologizaciones políticas, religiosas ni éticas. Sin deudas simbólicas...
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