No nací para cumplir tus expectativas

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“Me has decepcionado”, “Te he decepcionado”. ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído estas frases? ¿Cuántas veces las hemos dicho o escrito?

Estas expresiones son síntomas de dinámicas turbias entre personas. Una de ellas maneja una serie de expectativas respecto a la otra y, en consecuencia, espera que las cubra. Cuando no lo hace, se lo recuerda con toda la carga emocional que implica el “me has decepcionado”. Y si la otra persona asume previamente que su relación con la primera se sustenta precisamente en esa dinámica, cuando siente que no ha satisfecho sus expectativas se lamenta con todo el dolor de su alma: “Te he decepcionado”.

En las relaciones tóxicas de este tipo subyace un trasfondo preocupante que cada día se esparce más en el sustrato social de las ideas preconcebidas que dirigen nuestros comportamientos: tratar a los demás como si fueran meros instrumentos para nuestra satisfacción personal. A esta acción se la conoce como “cosificación de la persona”, un mecanismo inconsciente que reduce el sujeto a ser mero objeto.

Cuando ese mecanismo se consolida en nuestro interior somos capaces de dar un paso más. Los objetos están ahí delante nuestra, disponibles para ser poseídos y usarlos para satisfacer nuestras necesidades. “Mi coche” sirve para desplazarme al trabajo, para viajar, si es bueno puede servirme para fardar, etc. “Mi casa” sirve para protegerme de la intemperie, etc. “Mi amigo/a” sirve para jugar, para que escuche mis anhelos, para que me consuele en mis penas, etc. “Mi novio/a” sirve… Alto. El mecanismo puede irse de las manos cuando “nuestro objeto” deja de cumplir las expectativas que habíamos depositado en él. Así, cuando interactúa con otras personas empezamos a sentirnos incómodos en diverso grado, y lógicamente se lo hacemos saber. Los celos aparecen y, sorprendentemente en muchos casos, se traducen como que la persona celosa está mostrando su amor por la otra: “Si no es celoso es que realmente no me quiere tanto”. Tras los celos consentidos y justificados, llegan otras reacciones más virulentas: control de llamadas, de mensajes en móviles o redes sociales, etc. El “objeto” se rebela y necesitamos que vuelva al redil: “Me has decepcionado”. El chantaje emocional se convierte en moneda común, la relación se vuelve completamente tóxica y el único modo de salir de ese círculo vicioso es cortándola de raíz. Pero no es fácil, nada fácil. Muchas personas se ven atrapadas en estas relaciones y no saben cómo escapar. Asumen y justifican su carácter de “objeto” (lo ve normal, ya que “todo el mundo” lo ve normal), y refuerzan esa dinámica turbia: “Te he decepcionado”.

Pero hay que salir. Hacerse valer como persona, como sujeto con identidad y expectativas propias, que respeta al otro sin cargarle con las suyas. De igual a igual. Con nuestras jugosas diferencias.

Yo soy Yo
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos
Será maravilloso
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a Mí mismo
Cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a Ti
Cuando intento que seas como yo quiero
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.

Fritz Perls

Si nos fijamos atentamente advertiremos que en la mayoría de las ocasiones tratamos a otros sujetos como si fueran objetos. Y no sólo en las relaciones enfermizas en las que los celos y el control se hacen más patentes.

Nuestras relaciones son cada vez más débiles, más distantes e individualistas. Nos envolvemos en intereses particulares y egoístas, donde la importante es la satisfacción de las propias necesidades, donde la adquisición de bienes materiales o las apariencias, importan más que la amistad. […]

Inmersos en un sistema donde la indiferencia reina en las relaciones humanas, donde el trabajo se convierte en un instrumento de producción o en la forma de obtener bienes materiales, olvidamos que todo trabajo, profesión u oficio, constituye una oportunidad de poner al servicio y beneficio de los demás, nuestras competencias, habilidades, conocimientos y destrezas. Sumergidos en relaciones que se enmarcan en el interés, sentimientos como el amor, la solidaridad y cooperación, se ven desplazados por el distanciamiento, la indiferencia y la pérdida progresiva de vínculos sociales, cosificando de esta manera al ser humano.

Cosificamos a la persona, cuando al intentar explicar lo que ésta es, acabamos por convertirla en una mera cosa; cuando pasamos por encima de su inteligencia; cuando no le brindamos respeto a su integridad, dignidad o buen nombre; cuando la interpretamos como un número, estadística, usuario, costo o beneficio o cuando es tratada como un objeto.

Cosificamos a los amigos, a la pareja, a los familiares, cuando los usamos, los convertimos en medios para conseguir nuestros fines; cuando les quitamos toda posibilidad de iniciativa, de individualidad; cuando les impedimos ser personas únicas, con identidad, con consciencia y criterio propio; cuando dejamos de interesarnos en ellos o cuando somos indiferentes a sus necesidades, convirtiéndonos sin darnos cuenta, en otra “cosa” para los demás.

Involucrar a los niños, jóvenes y adultos en la modificación de su forma de comunicarse con los demás, con los grupos en los que participa, para que haga un adecuado uso de los espacios públicos, de las reuniones familiares o de los medios de comunicación, para expresar sus pensamientos y sentimientos, les permite redescubrirse como seres humanos y quitarse el estigma cosificador, que los convierte en objetos, en medios o simplemente en cosas, para satisfacer las necesidades creadas e impuestas, por la sociedad de consumo donde se hallan inmersos.

¿CÓMO SALIR DEL CÍRCULO VICIOSO DE LA COSIFICACIÓN?

No hay una respuesta mágica que nos saque del atolladero. Y menos viviendo en una sociedad donde el bombardeo informativo nos empuja constantemente hacia un consumismo sin sentido ni medida. Consumismo que trasladamos a cualquier objeto, real o cosificado. Consumimos personas o relaciones como consumimos McDonalds. Relaciones de usar y tirar cuando ya no son útiles o “interesantes”.

Para recuperar el eje hay que ser muy honestos intelectualmente y darnos cuenta del problema. Partir de ese reconocimiento es fundamental, ya que nadie da un paso hacia adelante si no es consciente de que hay algo que mejorar.

Un profundo examen de conciencia en el que reflexionemos sobre el tipo de relaciones que mantenemos con los demás, y qué podemos hacer para verlos como personas con sus propias inquietudes, deseos, ideas, motivaciones, etc. Qué podemos hacer para no considerar a la persona con la que vivimos una “propiedad”, algo nuestro. Que las personas no son de nadie, que no hay que querer cambiarlas para que se acerquen a la imagen (objeto) que a nosotros nos gusta que tenga. Y miles de reflexiones de corte similar.

Amar es dejar ser al ser. Si amas a una flor, no la cortas y te la llevas a casa. Eso lo haces si la quieres como una posesión, aunque sepas que va a morir en unos días.

La ciencia aspira a la objetividad pues para ella lo verdadero equivale a lo objetivo. Para la novela, en cambio, la realidad es lo objetivo y lo subjetivo, de modo que está en mejores condiciones para captar la realidad entera. (…) En resumen: en tanto que la ciencia prescinde del sujeto, la novela no puede hacerlo. Pero esta imposibilidad es precisamente su virtud como instrumento de aprehensión de la realidad. (Ernesto Sábato 1953)

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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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2 respuestas a No nací para cumplir tus expectativas

  1. José Luis dijo:

    Gracias, Miguel Ángel.

    Un abrazo

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  2. Estupendo blog. Aprendo mucho con cada lectura.

    Me gusta

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