El continuo (re)activismo-asistencialismo

emancipate-1779132_640

Si pensamos en un sistema, en una estructura, en una organización o en un estado de cosas como contextos a analizar, advertimos, grosso modo, tres visiones que pueden encajarse en un extremo, el centro y el otro extremo de un continuo:

1) RUPTURISMO: “objetivo: derribar el sistema (o la situación) y construir uno nuevo”

2) REFORMISMO: “objetivo: mejorar el sistema (o la situación) manteniendo lo que funciona”

3) CONSERVADURISMO: “objetivo: defender el sistema (o la situación) a toda costa”

Es fácil entender que una persona, o un colectivo, no sostiene una visión “pura” que pueda encajarse en un lugar y quedarse ahí para los restos. Normalmente, según el tema, fluctuamos desde un extremo al otro pasando por el centro. Salvo excepciones en los que el radicalismo de una postura nos mantiene en un lugar permanentemente. Generalmente excepciones muy ruidosas que son las que dan la sensación de que hay más actividad en los extremos que en el centro. Y es que, como he dicho unas cuantas veces, en los extremos habita la verdad absoluta. Ahí no caben la duda ni la incertidumbre, que son vistas como falta de criterio o ausencia de valentía por no posicionarse (en los extremos, se entiende). Una dialéctica generadora de conflictos, ya que la inmensa mayoría de personas suele albergar algún tipo de duda o incertidumbre sobre situaciones -por ser muy complejas o no conocerlas a fondo-, estructuras o sistemas. Pero el radicalismo no entiende esta postura, a la que catalogan de meliflua. De ahí que intenten colonizar el máximo número de personas para su “causa”, sea del signo que sea.

Derivado de lo anterior, podemos establecer otro continuo pero ahora en relación al tipo de acción consecuente con la visión que se sostenga sobre el sistema, estructura o estado de cosas.

1) (RE)ACTIVISMO: el modus operandi del reactivista consiste en exigir cambios radicales sin contemplar diálogo alguno. Todo está mal y hay que derribarlo.

2) ACTIVISMO: el modus operandi del activista consiste en promover cambios (involucrarse en ellos), de modo que da trabajo a quien quiere trabajar -colabora- en esos cambios y da trabajo a quien no quiere trabajar -reivindica-. Hay cosas malas, regulares y buenas, y cada una merece una acción consecuente.

3) ASISTENCIALISMO: el modus operandi del asistencialista consiste en postularse como salvador del sistema o de sus componentes. Ayuda a quien no quiere o no puede valerse por sí mismo, a los elementos que no pueden hacer nada para derribar o transformar el sistema que tan bien le va a sus intereses. Censura o critica a quien sí puede valerse por si mismo, al activista y al reactivista, a los que coloca en el mismo saco de “radikales” por el simple hecho de no actuar como él.

La sociedad civil organizada suele transitar a través de estos tres tipos de acción. Cuando surge un problema y unos pocos se organizan, el reactivismo suele ser la postura prevalente. A medida que crece la organización y se da de bruces con la tozuda realidad, el activismo va cobrando importancia. Pero cuando pasa el tiempo suficiente y se masifica ese movimiento lo que termina por predominar es el asistencialismo. Nunca existen elementos subversivos o críticos suficientes para sostener una postura beligerante o reivindicativo el tiempo suficiente como para que el sistema se derribe o se transforme sustancialmente.

Este patrón lo he vivido en los espacios sociales donde tuve la suerte de trabajar estos años, y siempre ocurre lo mismo. Es fácil ver cómo determinadas organizaciones nacen con mucha energía pro-cambio y poco a poco van adaptándose a los requerimientos internos, a las presiones de la gran masa de elementos que sólo buscan ayuda (derechos) sin contemplar la más mínima posibilidad de aportar una mano (asumir responsabilidades). Ante esta tesitura solo cabe la acción asistencialista o, en su defecto, la desaparición o sustitución por nuevas organizaciones más proactivas que recuperen el motivo por el que nacieron.

Anuncios

Gaslighting: el abuso emocional más sutil

wick-1017189_640

Aunque surge y se manifiesta sobre todo en relaciones de pareja, creo que este patrón también puede aplicarse a otro tipo de relaciones o interacciones menos cercanas aunque igualmente cargadas de emoción (p.e. en un grupo donde existe cierto grado de confianza o conocimiento entre sus miembros). Cómo lograr dar un giro a una situación generando dudas razonables sobre el criterio o la memoria de alguien sobre hechos o situaciones emocionalmente significativas.

Es tan importante reconocer el patrón como aprender a desarticularlo. Espero que os resulte interesante y util.

Sigue leyendo “Gaslighting: el abuso emocional más sutil”

La envidia

lost-places-2651474_640

LA ENVIDIA es tener un jardín descuidado y desear tener el del vecino.

La modalidad sana se alegra de la lozanía del jardín ajeno.

La versión insana se alegra de las desgracias que puedan estropear el jardín del vecino.

La envidia es el veneno del que se alimentan los insatisfechos que no tienen tiempo para ocuparse de sus vidas.

Guerra bacterideológica

Place_de_la_Résistance,_Paris_7.jpg

Estamos siendo infectados por un virus y la mayoría no es consciente. Y la minoría que es consciente y lo denuncia públicamente está siendo sistemáticamente atacada tanto por quienes lo inoculan como por quienes lo sufren.

Cualquier “bacteridea”, ckonvenientemente empaquetada, puede intoxicar un canal de comunicación o de información. Y, por contagio, otros canales adyacentes. Con la ayuda de potentes difusores, esas armas “bioilógicas” penetran en esas aguas y las envenenan. En consecuencia, quienes las beben sin probar otras -sin contrastar- se ven afectados, causando un profundo daño en sus sistemas de percepción de la realidad. Cuanto más potente sea el tóxico y cuantos más canales sean envenenados, mayor es la enfermedad que provoca. Una enfermedad calculadamente silenciosa, cínica. Perfectamente soterrada. Sus armas son invisibles pero sus efectos son devastadores. Gracias a la confluencia de todos los ríos en el amplio océano de las redes sociales advertimos el horror. Si abrimos los ojos comprobamos cómo algunas “bacterideas” han calado en la psique de un individuo o de muchos, produciendo una tendencia -corriente o fuerte oleaje-. Y si lo denunciamos, el sistema inmediatamente reacciona enviando nuevas “bacterideas” dirigidas hacia estas contracorrientes -antisistémicas- afeándoles la conducta.

La primera batería de “bacterideas” provocan el caldo de cultivo adecuado: la indignación, la crispación, el malestar estructural. Es un caldo poderoso pero en determinados momentos necesita una buena olla a presión para calentarlo al máximo. Y las RRSS ejercen ese papel como ninguna otra herramienta en la actualidad. Si observas desde la distancia los intercambios sin involucrarte emocionalmente vas notando poco a poco cómo te sientes intoxicado, cómo tu cuerpo comienza a padecer nauseas, mareos, agobio o síntomas similares de enfermedad. Y si no sales de esa corriente pronto, termina por cambiarte el humor y, en consecuencia, por hacerte responder mal, agriado o con formas no habituales a temas sin la menor importancia en tu vida.

La segunda batería de “bacterideas” se inoculan en los canales de comunicación tras producirse algún hecho emocionalmente duro. Algo que nos toque cerca, algo que realmente nos duela y nos haga sentir genuino miedo. En ese momento, la introducción de estas toxinas produce la peor de las enfermedades: el odio al “otro”. El odio a lo que no soy yo, no piensa como yo, no actúa como yo, no vive como yo, no tiene mi apariencia, no habla como yo, etc. Ese odio se mezcla en el océano y aparece la guerra “bacterideológica”. Se crean bandos por afinidades y entre ellos se disparan virtualmente -y, si pudieran, realmente- sin cesar. Entramos en una modalidad de violencia más sofisticada en la que no es necesario tener armas de verdad para producir enormes daños sociales.

Este virus es especialmente activo en las personas cuyo comportamiento podría catalogarse de fracasado. Personas que exhalan amargura en la mayoría de sus intervenciones públicas, hablando mal de otras personas, criticándolo todo a todas horas y culpando a los demás o al “empedrado” de todos sus males.

20993013_1410948955647815_2767644321555508490_n

Personas, en definitiva, que no han madurado. Incapaces de asumir sus responsabilidades, siempre encuentra el “chivo expiatorio” en su exterior. Y como conté en esta entrada sobre la Neotenia social, es un fenómeno en expansión, de modo que podría catalogarse como auténtica era neoténica.

España está viviendo estos últimos días el inicio de esta guerra, y me da que esto no ha hecho más que empezar. Aquí se une nuestra secular costumbre de creernos expertos en cualquier tema a los cinco minutos: en seguridad ciudadana, en islamismo, en lucha antiterrorista, en comunicación y coordinación de equipos. Y en opinar con la ligereza propia del ignorante. Es un lujo contar con ese bagaje experiencial que surge espontáneamente de la nada. Todo español tiene alma de entrenador y sabe perfectamente cómo actuar con posterioridad.

Frente a toda esta locura, queda la firmeza de no dejarse envenenar y no caer presa del odio al “otro”. Es urgente crear una “redsistencia” que poco a poco calme las aguas y contrarreste estos efectos. Si no es así, tendremos un futuro muy negro. Negrísimo.

Vivimos en la era neoténica de la búsqueda de los focos, de la atención, del impacto de la imagen, de la forma sin fondo.

Vivimos mostrando en lugar de demostrando.

Vivimos respondiendo en lugar de comprendiendo. Vivimos bajo la gobernanza del insulto en lugar de la razón.

Vivimos cerrando los ojos a lo objetivo, a lo lejano, a lo que “no me afecta”. Vivimos abriendo los ojos a lo subjetivo, a lo cercano, a lo que “me afecta”. Los griegos llamaban idiotas a quienes se despreocupan de lo publico.

Vivimos en la era de la interpretación frente o contra los hechos. Vivimos en la era en la que todas las opiniones tienen el mismo valor por el mero hecho de ser una opinión. Si estás enfermo vale lo mismo el consejo de tu cuñadismo que el de un médico.

Vivimos esperando, vivimos exigiendo, vivimos quejándonos de nuestra mala suerte.

Vivimos siendo pasivos o reactivos. Qué inventen o hagan otros, pero que lo hagan como yo lo haría si tuviera cojones de hacerlo, claro.

Vivimos en la era de la nadería, del ruido mediático, de los zascas virtuales, del impacto súbito sin continuidad.

Vivimos en la búsqueda de la píldora de la felicidad sin esfuerzo. Vivimos en la búsqueda del aspecto juvenil, fuente de energía y poder. No es la era de los viejos ni de los sabios, ni de los calmos ni de la serenidad.

Vivimos en la era de la crispación y del odio a quien no piensa, actúa o aparenta lo mismo que yo, centro único del universo y merecedor de todos los derechos sin obligación alguna.

Vivimos en una corriente autodestructiva de la que es necesario huir. Hacer de salmón aunque te cueste la propia vida. Y hacerlo tú, sin esperar o exigir que otros te saquen de la corriente.

Cómo debatir

20799015_1453242421423746_7739404319133860913_n

Como estar en Desacuerdo (original en inglés) por Paul Graham (Marzo 2008)

La red está convirtiendo la escritura en una conversación. Hace veinte años, los escritores escribían y los lectores leían. La red permite a los lectores responder, y cada vez lo hacen con mayor frecuencia—en hilos de comentarios, foros, y en sus propias publicaciones.

Muchos de los que responden a algo no están de acuerdo con ello. Es de esperarse. Estar de acuerdo tiende a motivar menos a la gente que no estar de acuerdo. Y cuando estás de acuerdo hay menos que decir. Podrías ampliar en algo que el autor dijo, pero él probablemente ya ha explorado las implicaciones más interesantes. Cuando estás en desacuerdo entras en territorio que él podría no haber explorado.

El resultado es que hay muchos más desacuerdos, sobre todo medidos por el número de palabras. Eso no significa que la gente está más enojada. El cambio estructural en la forma en que nos comunicamos es suficiente para dar cuenta de ello. Pero aunque no sea el enojo lo que está impulsando el aumento de los desacuerdos, hay peligro de que el aumento en los desacuerdos hará enojar más a la gente. Particularmente en línea, donde es fácil decir cosas que nunca dirías cara a cara.

Si todos vamos a discrepar más a menudo, debemos tener cuidado en hacerlo bien. ¿Qué significa discrepar bien? La mayoría de los lectores puede ver la diferencia entre un mero insulto y una refutación cuidadosamente razonada, pero creo que ayudaría ponerle nombre a las etapas intermedias.

Sigue leyendo “Cómo debatir”

Rendirse, nunca.

Hoy, como todos los días, no viene mal recordar la importancia de PERSISTIR.

Gracias J. Amut por recordarnos y recordarte esto.

Consciencia global 2.0

Muchos de los fracasos en la vida suceden porque la gente no se da cuenta de lo cerca que está del éxito cuando se rinde.

T, Edison

action-1867014_1920

En la vida laboral al igual que en la personal se habla mucho de pasión peo muy poco de persistencia. Y la pasión sin la persistencia significa muy poco. Tener una gran emoción incluso antes de empezar está muy bien, peo no te servirá si esa emoción no la dejas que siga hasta el final. La pasión se necesita y se tiene que demostrar en las peores circunstancias. La pasión sostenida ejerce cada día, nunca se debe quedar durmiendo en casa. De hecho, es lo único que puede salvarte en los momentos clave. Esos momentos son los momentos de crisis, esos difíciles donde no se ve la salida, todo parece más oscuro que de normal.

photo-2529307_1920

La pasión se revela en los momentos pésimos…

Ver la entrada original 404 palabras más

Asociaciones AACC. Estructura Organizativa

fotolia_9418681_XS

Hoy tocaré uno de los temas clave en cualquier asociación, su estructura organizativa. Una estructura organizativa se define como el modo en que la responsabilidad está distribuida y en que los procedimientos de trabajo son llevados a cabo entre los miembros de la organización de tal modo que se puedan lograr los objetivos de la entidad. Para seleccionar una estructura adecuada es necesario comprender que cada asociación es diferente y puede adoptar la estructura organizativa que más se acomode a sus prioridades o necesidades.

Partiendo de estas premisas, lo que comparto a continuación no es más que una propuesta de estructura organizativa que, con los debidos ajustes, podría ser útil para algunas asociaciones que están creciendo y se ven en la necesidad de organizarse mejor para afrontar sus retos venideros.

Sigue leyendo “Asociaciones AACC. Estructura Organizativa”