Principios de la práctica filosófica. Oscar Brenifier

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Una de las disciplinas más controvertidas pero que más me ha ayudado estos últimos años ha sido sin duda la Práctica Filosófica. “En 1981 un filósofo alemán, Gerd Achenbach, decidió abrir una consulta con la finalidad de ofrecer un servicio de orientación a aquellas personas interesadas en clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas significativas, retos y conflictos existenciales. Denominó a su actividad “Philosophical Practice” (“práctica filosófica”, “praxis filosófica”), una expresión que ha de ser entendida en el sentido de “filosofía practicada”, “filosofía vivida” o “filosofía puesta en acción”. […] Ese fue el punto de partida de un movimiento filosófico que tiene actualmente presencia en los cinco continentes y del que forman parte filósofos que, si bien tienen talantes y formas de pensar muy dispares (entre ellos cabe encontrar todas las posiciones filosóficas posibles), comparten ciertos supuestos con respecto la naturaleza de la actividad filosófica. En concreto, consideran que la filosofía debe retomar una de las dimensiones presentes en su sentido originario, actualmente relegada: la de ser el arte y la ciencia de la vida por excelencia; que, solo en la medida en que la filosofía recupere la señalada dimensión, el mayor número posible de personas podrá beneficiarse de la reflexión filosófica en su vida cotidiana; que el saber más necesario, el que nos enseña a ser seres humanos, a ser interiormente libres y a vivir de forma plena y lúcida, no puede quedar relegado a unos pocos especialistas. Consideran, por último, que la filosofía se ha tornado demasiado autoreferencial y que, al hacerlo, ha dejado de ser fiel a su cometido originario; que, como afirmaba el filósofo John Dewey a comienzos del siglo XX, solo relevará sus mejores posibilidades “cuando deje de ser un instrumento para tratar los problemas de los filósofos y llegue a ser un método, cultivado por los filósofos, para hacer frente a los problemas del ser humano””, Mónica Cavallé.

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En esta entrada compartiré un texto de uno de sus referentes, el francés Oscar Brenifier. En él se abordan los principios de la práctica filosófica de un modo claro, directo y sencillo.

La Práctica Filosófica

Oscar Brenifier
Traducción Mercedes García Márquez

A – COMPETENCIAS FILOSÓFICAS

judo fightLa práctica filosófica se funda sobre tres competencias principales: profundizar, problematizar y conceptualizar. Añadimos a cada definición un ejemplo de pregunta destinada a la puesta en práctica de esa competencia.

1) Profundizar

Es identificar el sentido de lo que está enunciado, por diferentes medios:

– La argumentación consiste en producir una o varias proposiciones, hechos o ideas, con el fin de justificar un enunciado inicial. No se trata de probar que « tengo razón » como ocurre en la retórica, sino comprender las razones, el origen y el sentido del enunciado inicial. « ¿Porqué dices esto? »

– La explicación explicita un enunciado considerado ambiguo o confuso. « ¿Qué quiere decir esto? »

– El análisis descompone un enunciado en sus diversos componentes a fin de captar el sentido. « ¿Cómo está construida esta idea? » « ¿Qué contiene esta idea? »

– La síntesis reduce una serie de enunciados a una proposición única a fin de resumir y clarificar la sustancia o la intención del discurso. « En resumen…¿qué quieres decir ? »

– El ejemplo consiste en nombrar algo o describir una situación concreta, a fin de dar cuerpo y sustancia a una idea abstracta. « ¿Tienes un ejemplo de esto ? »

– La interpretación consiste en traducir en términos diferentes un enunciado, de manera global e incluso subjetiva, a fin de clarificar su sentido. « ¿Qué entiendes por esto ? »

– La identificación de los presupuestos saca a la luz las afirmaciones implícitas de un enunciado, sobre el cual se funda. « ¿Qué hay detrás de esta idea ? »

2) Problematizar

Suministrar objeciones o preguntas que permitan mostrar los límites, las fallas o las imperfecciones de las proposiciones iniciales, a fin de eliminarlas, modificarlas o enriquecerlas. Esto se llama también pensamiento crítico. El postulado de esta competencia es que todo enunciado, cualquiera que sea, plantea de algún modo uno o más problemas. Se trata pues de considerar todo enunciado como una simple hipótesis, posible o probable, pero nunca necesaria o absoluta. «¿Tienes una objeción o pregunta?» «¿Ves un problema en esta frase?»

3) Conceptualizar

Identificar, producir, utilizar o definir ciertos términos considerados importantes, a fin de clarificar un enunciado, producir nuevas proposiciones y clarificar o resolver un problema.

El concepto es un término que caracteriza la sustancia de un discurso. Se trata pues de captar lo esencial en lo que ha sido enunciado distinguiendo, convocando o utilizando los términos que fundan el sentido de un discurso. « ¿Cuál es la palabra clave ? » »¿Qué califica este objeto o este personaje ? » « Qué significa esta palabra ? » « ¿Cual es la diferencia entre estas dos palabras ? »

A la hora de poner en práctica estas competencias, el enseñante puede tener la impresión de perder el tiempo, dado lo cargado del programa que debe cumplir. Pero si se toma el tiempo de trabajar estas competencias, poco a poco, ciertos automatismos intelectuales se instalarán en los alumnos y ese tiempo « perdido » será ampliamente recuperado. El niño será mentalmente más activo, sabrá escuchar mejor, tanto al profesor como a sus compañeros, y memorizará mejor las lecciones trabajadas.

B – ACTITUDES FILOSÓFICAS

Las actitudes en cuestión son actitudes cognitivas y existenciales, que deben ser diferenciadas de las actitudes morales, aunque pudieran tener algo en común. Se trata de ponerse en disposición de que la actividad reflexiva pueda ejercerse.

1) Sosegarse

Calmar el cuerpo y el pensamiento, apaciguarse, hacer callar el guirigay en el espíritu, salir de la precipitación en el pensamiento y la urgencia en la palabra. Para esto el enseñante debe vigilar y ponderar el ritmo que da al trabajo, bien sea una lección, un trabajo escrito o un debate, a fin de que los alumnos tomen conciencia de su propio funcionamiento y actúen de un modo más intencionado.

2) La ignorancia adquirida

Introducir una parte de incertidumbre en el trabajo de clase, pasar de un esquema de transmisión de conocimientos (el saber) a la puesta en juego de hipótesis (el pensamiento). Se trata de ser capaz de abandonar nuestras propias opiniones, suspender su juicio, aunque solo sea por un momento de examen riguroso y crítico. Para esto, el enseñante deberá no inclinarse tanto por el esquema de la « buena respuesta », única, absoluta y todopoderosa, y trabajar más el proceso de reflexión, la reflexión en común y la problematización.

3) La autenticidad

Osar pensar y decir lo que uno piensa, para arriesgarse a hacer hipótesis sin preocuparse, temer o buscar la aprobación de la clase o del enseñante, sin dejarse minar por la duda. Se trata también de hacerse responsable de lo que uno dice, de lo que uno piensa, de lo que uno hace, de manera rigurosa y coherente. Para valorar este pensamiento singular, el enseñante deberá animar a los alumnos más tímidos, oralmente o por escrito, invitar a cada uno a ir hasta el final de su idea al margen de sus consecuencias, de manera clara para asegurarse de ser comprendido, e impedir toda manifestación colectiva de desaprobación o de burla que parasite el proceso.

4) Empatía/Simpatía

Desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro a fin de comprender (empatía) y de sentir la atracción hacia otros (simpatía), para salir de sí, en un estado de ánimo que haga al alumno presente a los otros, compañeros o enseñante, dispuesto a entender la palabra extraña sin prejuicios ni animosidad y sí con interés. Se trata de introducir relaciones más de tipo cognitivo que emocionales, fundadas en la razón, lo que implica no identificarse con el otro, no tener que sentir lo mismo que el otro siente o estar necesariamente de acuerdo con él, ni de rechazar su persona, sino de comprender sus emociones y sus ideas. Para esto, el enseñante deberá invitar a la clase a tomar conciencia de las relaciones problemáticas entre los alumnos y trabajar lo que engendra las fricciones obstaculizadoras.

5) Confrontación

Desarrollar la capacidad de confrontarse con el pensamiento del otro y con el propio, de comprometerse en la crítica y el debate, sin intentar buscar el acuerdo o el consenso a toda costa, sin minimizar ni glorificar el pensamiento propio o el del otro. No se trata tanto de respetar las ideas u opiniones en sí mismas, sino de respetar la actividad reflexiva, lo que implica remplazar una tolerancia floja por un cierto vigor. Para eso, el enseñante debe invitar a los alumnos a no temerse los unos a los otros, a reconciliar a los alumnos con el concepto de crítica a fin de que tomen esta actividad como un juego o un ejercicio y no como una amenaza.

6) Asombro

Aprender a aceptar y reconocer la sorpresa, la propia y la de los otros, frente a lo inesperado, frente a la diferencia o la oposición, a fin de percibir lo que plantea problema o de captar lo que está en juego. Sin este asombro, todo se convierte en rutina, el pensamiento se embota, cada uno se termina remitiendo a sí mismo y a su propia banalidad, todo se convierte en opinión y subjetividad o certeza y objetividad. Para esto, el enseñante debe poner en observación la diversidad de las perspectivas y estrechar las relaciones entre las ideas a fin de engendrar una tensión dinámica, productora de nuevas hipótesis.

7) Confianza

Tener confianza en el otro y en sí mismo, sin pensar que hay que defenderlo todo: la propia imagen, las ideas, la persona. Sin esa confianza, cada uno se preservará del otro, intentará no responderle, rehusará admitir errores o aberraciones evidentes, sospechando una estrategia escondida, y temiendo ser pillado en falta o ser humillado. Para esto, el enseñante debe instaurar un clima de confianza en el que el error sea desdramatizado, en el que se pueda reír de los despropósitos, y en el que podamos apreciar colectivamente una idea bella, sea cual sea su autor.


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