El poder de la autocrítica

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La autocrítica es el bisturí que disecciona nuestra mente y libera nuestros pensamientos. Es un análisis (1) de la situación interior que nos permite curarlos si están enfermos o mejorar su funcionamiento.

Este poder de sanación se logra cuando la autocrítica es constructiva. Cuando a la liberación inicial le sucede una introspección objetiva (desapegada) que permita detectar los problemas y, en consecuencia, encontrar la solución.

Por el contrario, si la autocrítica es destructiva tenemos una escena diferente. A la liberación inicial le sucede una introspección subjetiva (apegada) o implantada (contaminada por lo que otros piensan de mí) que solo ve disfunciones, encontrando más problemas de los que debería.

La autocrítica tiene el poder de sanarnos o de enfermarnos. Tiene el poder de ayudarnos o de destruirnos. Tiene, en definitiva, el poder que nosotros le otorguemos en función de qué permitimos que entre en el proceso de análisis. Si nos dejamos arrastrar por las consideraciones ajenas de lo que somos es más que probable que la autocrítica sea feroz (si son negativas) o demasiado benevolente (si son positivas). Ni una ni la otra nos permite curar o mejorarnos. Si nos libramos de -o relativizamos- las consideraciones ajenas, si nos comprendemos fielmente en nuestras fortalezas y debilidades y si nos miramos limpiamente sin anteojos, el poder de curación de la autocrítica crecerá exponencialmente.

Esto nos lleva a una consideración final. Para practicar una saludable autocrítica debemos en primer lugar resolver esos nudos iniciales que pueden convertirla en un puñal que nos lleve a la destrucción. Aprender a vernos tal y como somos, sin lentes aberrantes que distorsionen la visión de esa realidad interior. Sin esa higiene mental básica es prácticamente imposible que nuestro análisis interior sea operativo -curativo-.

No es nada fácil librarse de esas lentes, pero el esfuerzo merece la pena. Ganas en salud mental. Ganas un ser. Ganas una vida. Y eso no tiene precio pero sí un extraordinario valor.

(1) ETIMOLOGÍA DE LISIS

Procede del griego λύσις (“lysis“), que significa disolución, acción de desatar, liberar, aflojar, desligar. Es un sinónimo total del latin solutio, solutionis (solución, liberación, disolución), voz del mismo origen indoeuropeo.

De ahí también palabras como análisis (disolución completa, acción de liberar cada una de las partes).

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