La “locura” de buscar el máximo rendimiento

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Ayer me encontré casualmente un texto en internet de hace dos años en el que se daban 7 “poderosas” razones para no aceptar la etiqueta de altas capacidades. El contenido estaba trufado de mitos e informaciones poco contrastadas, pero lo que me llamó la atención fue la conclusión, que comparto con todos vosotros:

“En conclusión, una vez más, acelerar los ritmos naturales de los niños (en este caso, para sacarles «el máximo rendimiento») conlleva más perjuicios que beneficios. Si tu hija es brillante, lo normal es que crezca hasta convertirse en una adulta brillante, aunque no reciba atención especial. Con su curiosidad por aprender, su espíritu de superación y su tenacidad, ya desarrollará sus capacidades cuando lo necesite. Por ahora, dejemos que viva una infancia feliz.”

En ese momento respondí:

La conclusión es brutal, sí. Con otro ejemplo de alta capacidad se ve mejor:

“Señor Messi, su hijo es brillante con el balón. Déjalo estar, no le de pelotas ni le deje ir al campo a jugar con otros niños para desarrollar su potencial. O si lo hace, siéntelo en el banquillo cuando vea que supera al resto, no sea que los demás se sientan mal por ello, seguro que dejándolo estar así con el tiempo seguirá siendo brillante”

Y es que, como todo el mundo sabe, los talentos se desarrollan solos sin ninguna ayuda, como las semillas se convierten en frutos abandonadas en lo alto de una mesa

En esta entrada doy un paso más y me centro en la supuesta “locura” que es, según su autora, buscar el máximo rendimiento. Expresión realmente desafortunada en si misma porque lo que se ha de buscar es “el desarrollo hasta el máximo de sus posibilidades” en todas y cada una de las personas.

“Locura” curiosamente compartida por muchísimos países que ratificaron, entre ellos España, la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989, que en  su Artículo 29.1.a dice:

“Los Estados Partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades”.

“Locura” también consagrada en la Constitución Española, que en su artículo 10.2 habla de la vinculación a ese tratado:

Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.

Y en el artículo 27.2 donde se reafirma lo del pleno desarrollo.

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

En conclusión, que si queréis que vuestros hijos sean felices haced todo lo que esté vuestras manos para desobedecer la Constitución Española y la Convención sobre los Derechos del Niño. Que los niños con altas capacidades, como todo el mundo sabe, aprenden por ciencia infusa. No necesitan ni retos adecuados a sus habilidades ni nada que se le parezca. Estas son ideas de psicólogos y pedagogos trasnochados que no saben los beneficios que hay cuando los niños que quieren aprender se aburren soberanamente o se frustran porque nadie les hace caso, ni les atienden en sus necesidades recogidas por la ley española.

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