Los inicios son duros

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Los inicios son duros. Sobre todo si lo que cae en tus manos es una vagoneta que nadie quiere y en la que nadie cree en lugar de un tren de alta velocidad que todos quieren y en el que todos creen.

El 18 de octubre de 2008 mi mujer, Yolanda Vilches, y yo nos hicimos socios de ASA (Asociación de Superdotados de Andalucía en ese momento) en Málaga tras comprobar que nuestro hijo mayor, carente de toda habilidad social, salía muy contento del taller de ajedrez que estaban haciendo allí. Le dijo a su madre: “Mamá, aquí no me siento tonto”.

Unos días antes había escrito en un foro que tenía activo El Mundo del Superdotado preguntando si había alguien que quisiera hablar sobre las altas capacidades. Entré en ese lugar y sólo leía mensajes de quejas y llantos. Personas desesperadas que contaban sus casos y que se animaban la unas a las otras, en un círculo vicioso que no llevaba a ningún sitio. Ninguna propuesta de acción. Ninguna idea para compartir. Todo ese ambiente me llamó poderosamente la atención. Tras enviar el mensaje pasó un largo rato. Nadie respondió. Cuando ya me iba a ir de ese espacio advertí un mensaje privado. Una chica con el nick “Anna” me había escrito diciendo que era la secretaria de ASA y que me animaba a ir allí, a la reciente sede del Centro Ciudadano Valle Inclán, para conocerlos. Y allí nos plantamos. Unos años antes había buscado información en internet (“superdotados malaga”) y cuando llamé al teléfono que aparecía nadie lo cogió. Reconozco que me desanimé bastante y dejé pasar el tiempo, pensando que en Málaga no existía ninguna asociación que pudiera orientarnos.

Durante el curso académico 2008-2009 acudimos puntualmente a los talleres que se organizaban los sábados por la mañana. Bueno, más bien al único taller, de habilidades sociales impartido por Estrella García. A Ángel le venía muy bien para aprender a manejarse en ese confuso mar emocional que los introvertidos tardamos años en empezar a comprender y donde damos tantos traspiés. También fuimos a algunas escuelas de padres que se organizaron en ese periodo. No había más. Éramos poquísimas familias y las reuniones que teníamos los padres se hacían en torno a una mesa, con un café por delante. Con eso nos bastaba.

El ambiente era cordial pero pesimista. Cada sábado salía la misma cantinela: no nos hacen caso. Cuando proponíamos cosas que se podían hacer siempre salían las mismas respuestas. Recuerdo que hablaban de que habían intentado pedir una subvención pero se la habían echado para atrás y no sabían el motivo. “Es que vivo en Marbella y no me puedo desplazar para saber por qué no la dan”.

Se convocó una asamblea y en ella se hablaron de varios temas sobre los que no teníamos opinión, pero añadieron dos en los que sí podíamos aportar algo: un taller de teatro y la creación de una nueva web que sustituyera a la de cartón-piedra que teníamos entonces. Resultó muy curioso comprobar cómo se ignoraban las propuestas que hicimos ese día.

Esos primeros meses sirvieron para conocer algunas dinámicas asociativas que desconocíamos por completo. Por ejemplo, la peregrina idea de que la asociación era poco menos que un taller de reparaciones, que era lo que pretendía una socia que nunca llegó a serlo porque no pagó ninguna cuota ni estaba registrada en ningún lado. Su frase favorita era “yo traigo al niño aquí para que me lo arregléis, que para eso pago”. Fue un buen aprendizaje para lo que vendría después.

Pasó el verano y el 26 de septiembre de 2009 se convocó asamblea general. El presidente dejaba el cargo y alguien debía asumir la presidencia. Durante la asamblea nos habló de que la UMA había firmado un acuerdo para que vinieran alumnos en prácticas, una estupenda noticia para una organización tan pequeña y desconocida. Allí estaba la persona que lo había conseguido, Serafina Castro, con la que no había coincidido previamente. También llegó otra persona que no conocíamos de antes, Yolanda Escuder, con un enorme dossier llamado “ocio inteligente”. Otra buena noticia para reactivar las actividades. Con esas dos noticias cruzando mi mente comencé a sentir un impulso y cuando el Presidente dijo “bueno, ¿quién se anima?”, le respondí “yo me haré cargo”. Miré a mi izquierda y le dije a Sara Valero “y tú me acompañas en esto”. Gracias a ese escueto mensaje el presidente saliente soltó los bártulos: “La semana que viene te doy la documentación, te cuento algunas cosas y te presento a algunas personas”. Con esa idea salimos de la reunión. En casa convencí a mi mujer de que cogiera una vocalía, que no acarreaba trabajo, para completar la junta directiva.

Pasó la semana y se nos entregó un pequeño maletín con muy poca documentación y un ordenador, largándose con viento fresco en cuanto pudo sin presentarme a nadie ni explicarme cosas. Nos contó que había una cuenta en CajaMadrid con unos 500 euros (cuenta inexistente como pude comprobar al ir allí días después) cuando constatamos la situación de ruina que veíamos en el extracto bancario: 412 euros. Sara me miró con cara de pánico y pena: “¿A dónde vamos a ir con esto?”. Intenté quitarle hierro al asunto y le respondí: “Confía, saldremos de esta”.

La situación era extraordinariamente crítica. Estábamos literalmente en la UVI. Al revisar la documentación comprobé que ASA llevaba un año entero sin cobrar cuotas a un listado de socios compuesto por veinte personas. Personas a las que no conocíamos de nada y a las que resultaría casi imposible convencer de retomar los cobros sin tener nada que ofrecerles que los estimulara. Suponiendo que se cobraran todas las cuotas, eso suponían apenas 180 euros, que se veían muy pequeñitos para afrontar los 700 de gastos que teníamos al mes. Efectivamente, la visión pragmática nos decía que con esto no íbamos a ningún sitio. Cualquier otro se habría dado por vencido antes de luchar por revertir la situación. Pero en esa época los sueños y la ilusión tenían más fuerza que la triste realidad, así que tiramos hacia adelante. Ya encontraríamos las soluciones poniéndonos manos a la obra.

Había varios frentes que abordar, y todos urgentes:

  • Prioritario: recuperar la confianza de los socios-fantasma del listado para reiniciar los cobros de cuotas atrasadas y actuales.
  • Revisar toda la documentación para ver por qué no se nos daban subvenciones.
  • Rastrear el ordenador en búsqueda de algún archivo útil para la nueva etapa.
  • Buscar contactos antiguos de ASA en el correo electrónico para retomar relaciones.
  • Contactar con los profesionales expertos en este campo en Málaga para iniciar colaboraciones.
  • Revisar la nueva web para ver qué operatividad tenía.
  • Dar visibilidad exterior a la asociación.

Para recuperar la confianza de los socios antiguos recogí los correos que había en un listado excel, contactando con ellos y contándoles que habíamos llegado nuevos, con ganas, y les fui presentando las novedades (pocas) que ya teníamos en marcha. Fueron unos días de tanto trasiego de correos que constataron que íbamos en serio, de modo que 18 de ellos decidieron apoyar la nueva línea y mi propuesta de cobrar durante unos meses la cuota actual y una de las antiguas. Uno de ellos nos hizo un favor tremendo pagando el año entero del tirón, 108 euros que nos vinieron de lujo para quitar algunas telarañas de la tesorería.

Las subvenciones no nos las podían dar por una sencilla razón: ASA no se había adaptado a la Ley 1/2002 en su momento y en el registro de asociaciones el último apunte era del año 2000, información que logré tras menos de diez minutos de conversación con la funcionaria de la Junta de Andalucía. Para solucionar el entuerto necesitábamos contactar con los cargos (presidencia y secretaría) de esa época y convencerles de que firmaran, junto a nosotros, las actas que nos permitirían seguir adelante. Gracias a Estrella, que conocía a varios socios de esas fechas, logramos contactar con ellos. Quedé con la presidenta de entonces, Mercedes Moraleda, y tuve la suerte de que ella sí tenía bastante más información guardada en su casa. Eso me permitió encajar algunas piezas históricas que hasta ese momento estaban completamente perdidas. Al parecer, ASA tuvo una época de cierta relevancia a finales de los años 90 cuando organizó varias jornadas de superdotación a nivel andaluz. En nuestra sede estaban los carteles, pero faltaba toda la documentación asociada. Esa y otra más técnica que nos vendría de perlas para regularizar administrativamente la asociación. Aquel encuentro fue muy nutritivo en muchos aspectos. Por lo que me dio y por lo que me dijo. La pobre se lamentaba de que ASA estuviera en ese estado “con lo que fuimos”.

Estuve bastantes días buscando archivos en el ordenador que fueran útiles. Aparte de la hoja de excel con un listado añejo de socios históricos desde su nacimiento (con lagunas temporales posteriores) que me sirvió para continuar dando de alta a los nuevos que habíamos llegado, también encontré mucha información sobre altas capacidades y sobre el campamento de verano de Huerta del Rey que ASA había organizado durante cinco años. Estos datos fueron muy útiles cuando se planteó organizarlo de nuevo para 2010 pocos meses después. Tras cuatro años de ganancias que suponían prácticamente la supervivencia económica durante todo el año de la asociación, el último año se produjeron pérdidas cuantiosas. Intenté sin éxito que la casa diocesana redujera lo que nos cobraba por las habitaciones, con el argumento de cómo estábamos y en la época de crisis que vivíamos y su respuesta fue rotunda: subida del 12%. Ahí tomé mi primera decisión difícil: no organizaríamos ese campamento. A partir de esa fecha Huerta del Rey y la casa se las apañaron para continuar sin nosotros. Todos ganamos con eso.

Con los correos tuve la ocurrencia de escribir un mensaje a todos los contactos de gmail que había, explicándole que éramos nuevos y preguntándoles qué relación tenían con ASA. Esa iniciativa produjo muchísimas respuestas y la creación de contactos interesantes para lo que viviríamos más tarde. Fue una afortunada intuición.

Otro punto importante era presentarnos a los profesionales de referencia en la provincia. A ambos gabinetes les presentamos nuestra oferta. “Somos tan pequeños que te ofrezco crecer juntos”. Uno de ellos aceptó encantado y el otro se negó en redondo a reducir sus honorarios. Uno de ellos sigue colaborando hoy día y el otro hace muchos años que no lo hace.

Con la nueva web tuvimos un pequeño problema de disponibilidad. Tenía que estar lista cuando empezáramos pero se retrasó unas semanas. Ante esa tesitura, se me ocurrió crear un blog (ahora integrado en la web) en el que íbamos colgando las novedades de la asociación y otra información interesante. Tuvo bastante vidilla durante unos años pero luego ya se abandonó como tal. Al integrarlo en la sección de noticias de la nueva web ha quedado como una curiosidad histórica.

La diseñadora de la web me comunicó por correo que se le había ocurrido incluir un enlace directo a la red social Facebook, contándome que tenía mucho potencial para hacernos publicidad gratis. Teniendo en cuenta cómo andábamos de cuentas, aquello suponía una oportunidad única de abrirnos y visibilizarnos más allá de nuestra sede. Mi mujer tenía un perfil y creó uno personal para ASA. Al entrar comprobé que no nos conocía ni el tato. Ni siquiera los de nuestra ciudad. También advertí que no había ninguna asociación más en la red social. Nada. Ni grupos como hay ahora donde la información fluye sin parar, la buena y la pésima. Era un auténtico erial para las altas capacidades. Eso no me desalentó en absoluto, al contrario, era un reto hacerse un hueco ahí, salir afuera, dar la cara y naturalizar el fenómeno. Cada fin de semana estaba horas y horas pidiendo amistad siguiendo determinados criterios de afinidad y cercanía. Gracias a eso y a algún contacto afortunado, nuestra cuenta empezó a crecer rápidamente y personas que podían ayudarnos nos conocieron virtualmente. Y luego presencialmente. Personas que luego alucinaron cuando comprobaron lo que se había crecido en menos de un año.

En esos meses cambiamos el logo al actual. El que preside la entrada era el que había cuando llegué.

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Mientras todas estas cosas ocurrían en ASA sin que casi nadie lo percibiera, la vida continuaba en la sede. De organizar las actividades se ocupaban Serafina y Yolanda, de la caja se encargaba Sara, y del resto me encargaba yo. Aunque no tenía ni idea de nada de organizar, había que perder el miedo, aprender y ponerse las pilas. Luego empecé a delegar funciones, pero al principio las aglutinaba casi todas: teléfono, correo, facebook, cobro de cuotas, reivindicar con la FASI, hablar con los medios, blog, subvenciones, etc. Lo de las subvenciones fue curioso porque al no tener idea de cómo prepararlas me puse a buscar información en internet, encontré que seguían el “enfoque del marco lógico” y me puse a estudiarlo para entender el patrón. Al terminarlo me faltaba aterrizarlo con los talleres concretos. Por suerte lo logré y el primer año nos concedieron 2.000 euros que nos aliviaron para siempre la tesorería.

En los primeros tres meses de mandato solo se dieron de alta dos socios. El boca a boca no fluía todavía pero tuvimos la suerte de que nos escribió una psicopedagoga y periodista que nos ofreció sus servicios desde Almería. La invité a venir a Málaga a conocernos, le expliqué nuestra situación (no había un euro) y sin embargo ofreció hacer gratis una serie de gestiones encaminadas a darnos visibilidad en los medios de comunicación y con otras entidades interesantes para nuestra evolución. Ventura fue una bocanada de viento fresco. Hizo un trabajo impecable culminado por la espectacular organización de nuestra gala de los 15 años que se pudo hacer en la bellísima Sala María Cristina, propiedad de la Fundación Unicaja, con más de 200 personas (cuando en esas fechas tendríamos algo más de 60 familias asociadas -muchas de ellas de las que no venían-).  Todo un éxito. Gracias en parte a esa difusión fueron llegando nuevos socios, y pasamos de los 20 aproximados que teníamos en diciembre de 2009 a los 62 de finales de junio de 2010. Cifras que solo se pueden entender bien si se tiene en cuenta que en esa época no había Plan de Actuación en Andalucía (las detecciones eran escasísimas) y que las mayores asociaciones andaluzas de la época rondaban las 30-40 familias como mucho. ASA pasó en solo seis meses de estar al borde de la muerte a ser la más grande de nuestra comunidad. Y la única receta fue trabajo, trabajo y más trabajo. Con mucha dosis de serendipia de por medio para saber aprovechar las oportunidades que nos llegaban sin tener miedo a probarlas porque en otros sitios no lo hicieran. Lo bueno de no tener referencias externas es que no sabes que lo que vas a intentar es “imposible de hacer”, por eso lo fuimos consiguiendo.

Ese primer curso académico produciendo cosas en el campo de acción político-administrativo culminó con una espectacular presentación del curso siguiente. Mi mujer se tiró varios días llamando a los socios antiguos para que vinieran a esa presentación y allí nos encontramos socios nuevos y socios antiguos que alucinaban con el cambio. También invitamos a cargos y personas interesantes para la asociación. Al final el salón se quedó pequeño con más de cien personas abarrotándolo, ilusionada y admirada a partes iguales. Como comentó Lorena Doña en el descanso: “no me puedo creer cómo habéis crecido desde que estuve aquí hace unos meses”.

Y este es un pequeño resumen. Un pálido reflejo de lo que supuso aquello, tanto a nivel personal (de aprendizaje y ganancia de experiencia) como colectivo. El impulso que lanzó hacia adelante a la segunda asociación provincial más numerosa de España, ASA Málaga. En la actualidad, uno de los referentes indiscutibles en este ámbito gracias al trabajo de muchísimas personas que recogieron el testigo y le han ido dando vida y aliento.

Como dije en la gala de nuestro 20 aniversario, en diciembre de 2015:

El presente y el futuro está en manos de los socios de ASA. Y deben ser conscientes de dónde vienen y dónde están para saber dónde quieren llegar.

No desistas aunque todo parezca perdido porque…
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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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