No, no, yo no me autocompadezco

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Hace un  tiempo, en uno de mis cursos, decidí dedicar una parte de todo lo que les estaba contando a la compasión. Un concepto realmente importante.

Comencé preguntándoles qué les parecía la autocompasión.

Enseguida sus gestos cambiaron. Podía ver dibujada la disconformidad en cada una de sus caras.

“Mal”; “No, no, autocompasión no”; “No me parece bien”

Hasta se sentían incómodos. Podía notarlo.

De acuerdo, les dije. Pensad en un amigo que lo está pasando mal ya sea por algo que le ha ocurrido o porque ha metido la pata hasta el fondo. Seguro que a todos se os viene alguien a la cabeza, ya sea que esté pasando en el momento presente  o que haya formado parte de vuestro pasado. Es un buen amigo (o amiga) al que apreciáis de veras.

¿Le mostraríais compasión?

“Por supuesto”; “Desde luego”  En general asintieron con la cabeza.

¿Por qué?

“Hombre, lo está pasando mal”; “Para eso están los amigos”…

¿Y en qué forma se la mostraríais?

“Escuchándole”; “Animándole”; “Dándole un abrazo”; “Ofreciéndole mi ayuda”; “Consolándole”…

¿Creéis que todo eso podría ayudar a vuestr@ amigo@?

“Por supuesto”; “Al menos se sentirá querido y apoyado”; “Quizás no le resuelva el problema pero estará más animado”…

¿Le recriminaríais el error? ¿Le acusaríais? ¿Le haríais ver lo torpe que es? ¿Que no ha podido hacerlo bien?

“Jolines, pues claro que no. Está hech@ polvo en este momento”; “A lo mejor cuando estuviese más animado podría decirle algo, pero no a lo bestia, y para ayudarle, no para machacarle”

Al principio me habéis dicho que no os parecía bien la autocompasión. ¿Qué diferencia hay? ¿Por qué sí haríamos todo esto por alguien a quien queremos y nos parece además que está bien y es positivo, y sin embargo no lo contemplamos para hacerlo con nosotros mismos?

Se hizo un silencio brutal.

Y en ese silencio casi casi pude oír el click que se hizo en sus corazones.

¿Qué soléis hacer cuando metéis la pata? ¿Qué os decís en vuestra mente?, continué.

Cabezas abajo.

“Pues que ya me vale”; “Que soy un inútil”; “Prefiero ni pensar en ello”; “Me machaco mucho, durante horas o días, según lo que sea”; “Le doy vueltas y vueltas a lo mismo una y otra vez”…

¿Qué está ocurriendo para que nos tratemos peor que alguien a quien apreciamos? ¿Por qué es tan distinto el trato aún teniendo problemas o situaciones similares? ¿Quién o qué nos ha enseñado que no merecemos tratarnos con respeto, compasión y aprecio?

De nuevo un silencio de esos que revelan un breakthroug, una rotura de patrón, un aha moment, un click. Un ¡joder, nunca lo había pensado así!

Autocompasión no es darse pena a uno mismo, ni situarse en el plano de la víctima ni rendirse o dejar de aprender y evolucionar.

Porque este es el concepto que, si preguntas, suelen darte sobre la autocompasión.

Sin embargo cuando preguntas lo que es tener compasión de alguien a quien amas el concepto suele cambiar. Mucho.

Es cuando menos curioso.

Y es que todos merecemos esa compasión.  Porque todos (y digo todos; no se escapa nadie) cometemos errores; porque la vida no siempre es fácil y a veces lo que nos ocurre duele.

Y nuestra reacción aprendida es de autocastigo, autoreproche, intento de huir de las emociones desagradables que sentimos (ya sea negándolas, ocultándolas o volcándolas en comer demasiado por ejemplo, u otros comportamientos dañinos) y/o disco rallado mental.

Nada de consuelo, cariño, ánimo… ¡Nada de todo eso!

A cambio, creo que nos regimos por una serie de normas completamente opuestas a las de la compasión:

  • Por debajo de la perfección no me sirve.
  • Si hubo un error (aunque solo fuese uno) tienes que centrarte en él. El error es lo que importa.
  • Si te equivocas te mereces un castigo. Así que ¡castígate!
  • Nada de contemplaciones. Si te sientes mal te aguantas. Te lo mereces.
  • Si no te riñes, te machacas y le das mil vueltas en realidad no eres una persona que merezca la pena. Es que no estás dispuesto a aprender.

La compasión hacia uno mismo proporciona un remanso de paz, un refugio contra los mares tempestuosos de la autocrítica positiva y negativa, hasta que finalmente dejamos de preguntarnos “¿Soy tan bueno como ellos? ¿Soy lo suficientemente bueno?”

Kristin Neff-

La vida no es un lugar lineal, no conseguimos un día ser felices y ya está. No logramos algo y ahí terminó. No va siempre en sentido ascendente. No lo logramos todo. No todo nos sale bien. Metemos la pata y acertamos. Es un vaivén, una aventura, por momentos un camino de salto de obstáculo y por momentos un agradable paseo o un sendero repleto de piedrecitas fastidiosas o una carretera llana y hermosa…

¿Cómo crees que influirá incluir la compasión en tu vida?

Y te pregunto algo más. Algo que pregunto en mis grupos:

¿Qué crees que estarán aprendiendo tus hijos sobre sus errores (porque los van a cometer) si la compasión forma parte de tu vida?  ¿Y sobre los errores de los demás?  ¿Y sobre la forma de tratarse y tratar a los otros?  ¿Qué aprenderán de la vida? Recuerda que como dijo la madre Teresa de Calcuta:

No te preocupes si tus hijos no te escuchan, porque te están mirando todo el tiempo.

La autocompasión es uno de los pilares del auto cuidado. Y el auto cuidado no debe ser una elección, sino un deber para con nosotros y nuestros hijos. Comienza a respetarte. El mensaje que les llegará a tus hij@s será alto y claro, tendrás más paciencia, más fuerza, más ganas de enfrentar los retos de otra forma, más paciencia, más humor… y un gran ejemplo a imitar.

Los 4 pasos para practicar la autocompasión

Autocompasión

 

Gracias.

Ana Isabel Fraga Sánchez 2017. Todos los derechos reservados.

www.anaisabelfraga.com


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Ana Isabel Fraga Sánchez

Coach de intervención estratégica enfocada al crecimiento personal, la familia y la crianza de niñ@s y adolescentes; educadora certificada de padres y aula por la Positive Discipline Association, Encouragement Consultan, escritora y directora de la colección de cuentos “Niños Poderosos” de Mandala Ediciones que pretende ayudar a los niños a conocer y manejar sus emociones y entender el porqué del comportamiento. Escritora de novela juvenil y todo lo que me pasa por la cabeza. Creadora de la comunidad anaisabelfraga.com, miembro fundador de Disciplina Positiva España y parte de su Junta Directiva. Madre de dos niños de AACC.

Ha colaborado con:

  • Cáritas Diocesana de Asturias (Avilés) ofreciendo talleres de disciplina positiva tanto a los voluntarios que trabajan con niños/as, como a las familias del proyecto.
  • Cruz Roja Avilés en el proyecto Bienestar Personal y Activación Social con talleres de educación en Disciplina Positiva y crecimiento personal para mamás.
  • APADAC (Asociación de padres de niños con altas capacidades de Asturias) ofreciendo charlas, talleres y cursos para papás/mamás de niños y adolescentes.
  • Talleres para madres, padres y educadores en escuelas, centros privados y a través de mi escuela on line.
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