Reto 2018: Unión en las altas capacidades intelectuales

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El año que comienza se presenta con tantas incógnitas como desafíos. Realmente es, o puede ser, una época apasionante a poco que los indicios cojan cuerpo.

Hace más de un año dejé la primera línea de acción en el campo administrativo-político en el que se se desenvuelven las organizaciones que luchan por los derechos del colectivo de las altas capacidades. Era el momento de salir, dedicarle tiempo a otros asuntos y observar desde la distancia cómo las diferentes dinámicas que existían se iban ajustando de modo natural, sin forzarlas en ninguna dirección. Todo esto no es sencillo de hacer, y menos cuando eres consciente de todas las carencias que hay. Pero en ocasiones la mejor elección es no intervenir en determinados procesos.

Desde la lejanía emocional se ve todo mejor. Y te permite pensar con la mente clara, sin distorsiones.

Son tiempos complicados para el colectivo. En los últimos tres años han sucedido acontecimientos que permiten explicar la actual situación del colectivo a nivel nacional pero sé que analizarlos desde una perspectiva de búsqueda de responsabilidades no ayuda en nada para afrontar los retos que hay por delante. Es más productivo enfocarse en la búsqueda de soluciones y trabajar duro para ir dando pasos hacia el frente.

Para entrar de lleno en ese proceso es importante mirarnos a nosotros mismos, hacer autocrítica sana que nos permita curar las heridas y avanzar. Todo lo que sea mirar fuera impedirá asumir tomar las riendas de nuestro propio futuro. Ya sabemos las carencias externas, están perfectamente delimitadas.

Sin ser exhaustivos: a) no hay definición común en todo el estado, b) no existen protocolos de actuación consecuentes en la mayoría de CCAA, c) la formación es escasa, deficiente o nula en según qué territorios, d) no se percibe voluntad política de cambio, e) se anclan con más fuerza los mitos y estereotipos ‘gracias’ sobre todo a los medios de comunicación, f) la educación no es personalizada  y centrada en el alumno, etc… Conocemos las necesidades y se han propuesto múltiples soluciones desde diversas organizaciones y personas de relevancia. De hecho, la última aportación en este sentido fue el manifiesto firmado por varias entidades en el año 2012, entre ellas Confines. Sin embargo, y sorprendentemente, este manifiesto no podrás verlo en su web. Como si nunca hubiera existido, como si nunca se hubiera tomado como una guía para la acción. Así están las cosas.

No obstante, insisto, creo que el primer paso para cambiar las inercias pasa por detectar las carencias internas de cara a buscar estrategias para paliarlas.

En estos momentos no hay unión, esa es una realidad poco controvertible, evidente para cualquiera que lleve dos minutos en este terreno. En consecuencia, no hay una una representación real y efectiva, solo nominal y figurativa. Confines no está ni se le espera. No hace ni deja hacer. Sería como una suerte de perro del hortelano. Esta situación viene de largo, pero se ha manifestado con mayor claridad en los últimos meses, sin la presencia “amenazante” de la Plataforma de Apoyo a las Alta Capacidades en el horizonte de representatividad a nivel nacional. Al no existir ya la “excusa” de que había una entidad que interfería en el trabajo de la confederación ha quedado manifiestamente claro que ese no era el problema.

Una vez detectadas las carencias internas, el segundo paso sería reconocerlas. Era la oportunidad perfecta para tomar medidas. Y tras varios acontecimientos seguidos, parece desde la distancia que ese reconocimiento ya se ha dado. Hace poco comentaba la alegría que sentía al percibir esos movimientos. Por fin ha quedado clara la falta de representación real y efectiva. Su clamorosa ausencia en un comunicado firmado por muchas asociaciones no ha dejado lugar a la duda.

Este hecho ha provocado movimientos internos muy interesantes que permiten entrever una dinámica diferente, tendente a la unión de representatividades. Ese es un camino que permitirá recuperar el pulso de la reivindicación perdido con tanta historia poco edificante que hemos vivido más o menos de cerca.  Para hacerlo realidad será clave que las entidades involucradas en esto se alineen entre sí en busca de esos puntos comunes que les harán superar el reto planteado para este año. Y es que…

La unión nos hace fuertes. La unión nos permite alzar una voz y ser escuchados. La unión produce beneficios insospechados en el campo de acción administrativo-político. La unión permite representar real y efectivamente al colectivo. 

Es un reto apasionante por todo lo que implica. Es tan complicado como beneficioso.

Desde la distancia real y emocional, animo a todas las organizaciones que tengan claro el asunto a que unan sus fuerzas en pos de esos objetivos comunes tan deseados como lejanos. Con unión, el camino es más provechoso; sin unión, no hay camino. No hay recetas mágicas para esto. Solo voluntad firme, mente clara y confianza plena en nuestras posibilidades conjuntas.

#2018UnionAACC

 

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