Aprendiendo a crecer con una sana autoestima

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La primera vez que oí las palabras “la forma en la que  hablamos a nuestros hijos se transforma en su voz interior” de Peggy O´Mara, algo recorrió mi espina dorsal. Creo que no somos conscientes de lo que supone traer una vida al mundo y hacer de esa persona un ser adaptado y capaz de ser feliz. Una sana autoestima se convierte en el mejor factor de protección frente a las dificultades de la vida y la mejor manera de ser más resilientes. La resiliencia es el arte de rehacerse ante las embestidas de la vida.

Soy Psicóloga y, desde hace 14 años, madre de dos hijos ahora adolescentes. Así que el tema de la autoestima es un concepto en el que he pensado muchas veces. En  esta entrada me han pedido que hable sobre cómo trabajar la autoestima en los niños e intentando poner en orden mis ideas, he intentado reflexionar sobre cómo trabajamos la autoestima en consulta y cómo lo podemos hacer en casa.

Desde la Neurociencia sabemos que el nuevo aprendizaje debe tener una base que sirva de anclaje a los nuevos aprendizajes. No podemos entender el concepto de pelota roja sin antes aprender lo que es una pelota, así que no podemos reforzar la autoestima sin que existan unas bases en dónde se asienten los mensajes que lanzamos. Podemos decir algo así como “Qué creativo has sido en este trabajo o qué bien has resuelto este problema”, pero si no tenemos una base solida en donde estas ideas asienten no calarán, o mejor dicho, no resonarán. No podrán formarse nuevas ideas sobre cómo somos o qué podemos llegar a hacer.

Así que, al igual que en la consulta intentamos crear un ambiente de apego seguro para poder reforzar la autoestima, siempre que surja la posibilidad, en un ambiente familiar de vínculos seguros es donde formaremos personas con un sano autoconcepto y una sana autoestima.

La teoría del apego postulada por Ainsworth (1978, 1985) y Bowlby (1993a, 1993b, 1995a, 1995b, 1998) presenta, de manera concisa, la acción recíproca entre el afecto y la cognición en el desarrollo. Es decir, un ambiente afectuoso propicia y favorece el conocimiento y el aprendizaje en este caso de nosotros mismos para que se vaya formando una sana autoestima.

Las relaciones de apego seguro influyen positivamente en la autoestima (Noller, 1995), así como un contexto familiar afectuoso y cohesionado y un estilo educativo democrático (frente a ambientes autoritarios o indiferentes) (Lamborn, Mounts, Steinberg y Dornbush, 1991). Así que el ambiente de apego seguro sería como el abono nutritivo que necesita la tierra para alimentar plantas sanas y fuertes.

“El apego sería el vinculo establecido con una persona que se toma como una “base de seguridad” para salir a explorar y conocer su ambiente. El apego seguro es la confianza que se tiene sobre nuestra base segura de que siempre estará ahí para mi (que puedo contar con ella), debería estar disponible, ser responsable, siendo capaz de ayudar y apoyar” son palabras de Mary Ainsworth. Así que apego no es sólo amor incondicional por parte de nuestras figuras de apego,  es también disponibilidad, protección y seguridad.

Por lo tanto como padres es importante que en algún momento nos cuestionemos sobre nuestro estilo de apego, el apego es algo dinámico que se puede reparar si nuestra tendencia es hacia el apego inseguro. Desde nuestro apego seguro hablaremos con respeto a nuestros hijos, sintonizaremos con sus necesidades, les enseñaremos a regularse emocionalmente de manera adecuada y podremos criar hijos con una sana autoestima.

Sabemos que es importante corregir las conductas, no los rasgos personales, es importante que aprendan a cometer errores, que toleren la frustración, que les aceptemos tal y como son, hagan lo que hagan… pero todo esto deber ser recibido en un ambiente en donde los niños se sientan seguros, queridos y protegidos, sino el mensaje no calará y no llegará a su interior. Así que este lenguaje reforzador sería como el agua que nutre la tierra y alimenta a la planta y llega hasta su interior para que crezca sana.

El ambiente plural lleno de oportunidades de aprender y relacionarse con los demás también es base de una sana autoestima, nos referimos a las relaciones de comunicación y confianza con el grupo de iguales. Aquí encontramos o facilitamos oportunidades para tener éxito, ya sea en el ámbito escolar, social  o familiar.

La parte social es importante también para entender cómo se fundamenta la autoestima. En un ambiente de apego seguro es donde aprendemos a regularnos emocionalmente de manera sana y adaptativa. Es en este contexto donde aprendemos a identificar las emociones, a aceptarlas tal y como se nos presentan y, sobre todo, entender que no hay emociones positivas o negativas sino que todas ellas están ahí por alguna razón. Son el radar que nos dirigen en la vida si aprendemos a escucharlas y a convertirlas en energía dirigida a una acción. Sólo así estaremos conectados con nuestro cuerpo y con las sensaciones físicas que se presentan junto a la emoción.

Esto nos ayuda a entender el mundo y a los demás y nos conecta con otras personas de manera sana. Hace que nuestras relaciones personales con los demás nos ayuden a sumar en lugar de restar. Sólo a través de los demás sabemos quienes somos nosotros. Si continuamos con la anterior analogía, esto sería como el sol que calienta y da vida a la planta para que crezca, es la energía que ayuda a la fotosíntesis para producir oxigeno y mandarlo al exterior. Oxigeno que permite que otros seres humanos se nutran de él y crezcan y maduren de la misma manera.

Cuidarse para cuidar

Podemos trabajar todo esto y ayudar a mejorar la autoestima en un ambiente de respeto y seguridad pero hay un aspecto muy importante, yo diría que esencial, que nos hemos dejado a un lado. La persona que ayude a mejorar este aspecto tan importante para nuestra felicidad debe ser alguien que haya hecho su propio trabajo personal, que haya sanado sus traumas de apego de la infancia, que haya adquirido un apego seguro y que sepa regularse emocionalmente de una manera lo más sana posible. Así que pasamos de poner el foco en nosotros mismos con la frase de Peggy O´Mara  del principio “la forma en la que  hablamos a nuestros hijos se transforma en su voz interior”, a ponerlo en los otros, esas personas a las que podemos ayudar a mejorar su autoestima, para volver a nosotros mismos como agentes sanadores que deben de estar sanados a su vez. Como el jardinero experto que pone su sabiduría y su qué hacer después de años trabajando en el campo.

En la medida en la que mi lenguaje interior sea sano y adaptativo, en lugar de crítico y excesivamente exigente, hablaré a mis hijos de la misma manera para que puedan convertirse en personas que se valoren positivamente.

Así que este diálogo interno que todos tenemos nos habla sobre lo que nos pasa, cómo nos sentimos y lo que pensamos, y por eso esto tiene mucho que ver con cómo regulamos nuestros estados emocionales. Cómo nos calmamos cuando nos pasa algo, cómo afrontamos las emociones que nos generan los problemas cotidianos o las dificultades de nuestra vida.

Cómo padres nos debemos preguntar cómo nos regulamos a nivel emocional cuando surge algún problema o dificultad.  Un apego seguro se diría algo así como “vaya fallo he cometido, me siento fatal pero creía que era lo mejor en ese momento, algo he aprendido para la próxima vez”. Un apego ansioso-preocupado se diría “que mal me siento, no lo puedo soportar, voy a contárselo a alguien para que me calme” o “¿y si pasa de nuevo? Tengo que estar atento, eso podría ser catastrófico…”, un apego evitativo se diría “no pasa nada, esto no es nada, esto no me afecta, voy a hacer otra cosa hasta que se me pase” negando su sufrimiento, o en el peor de los casos “como he podido cometer ese error, es imperdonable, solo yo soy culpable, no se lo voy a contar a nadie…” que suele darse en el apego desorganizado y se refiere a un machaque continuo que se va acumulando y en el que no hay opción a pedir ayuda.

Como podemos observar, las emociones y sensaciones físicas asociadas a cada ejemplo anterior van a ser muy diferentes, y las consecuencias a corto y a largo plazo también. Nuestro patrón de autocuidado y nuestra forma de regularnos tiene que ver con cómo nos regularon en nuestra infancia y con cómo sintonizaron con nosotros para atendernos y cuidarnos.

El primer punto de partida por lo tanto debe ser nuestro propio autoconocimiento, nuestra propia reflexión acerca de nuestra infancia, de cómo fuimos cuidados y atendidos, de cómo nos hablaban cuando pasaba algo, del estilo de apego de nuestros cuidadores… en definitiva lo primero es crear conciencia, ser conscientes de lo que queremos cambiar.

Luego sería interesante observarnos en relación a nuestros hijos y notar nuestra manera de comunicarnos con ellos, cómo les calmamos cuando les pasa algo, si les damos información de cómo se sienten, si les enseñamos a entenderse mejor.

Es importante notar también cómo es la comunicación emocional en casa, si se habla de emociones, si se pueden expresar y sentir, sólo cuando somos conscientes de nuestras emociones podemos aprender a regularlas. Y finalmente aceptar la manera de sentir del ser humano. Las emociones forman parte de nuestra vida, nos ayudan a entender el mundo. No son peligrosas en sí aunque a veces sean desagradables y son el sensor de nuestras decisiones si aprendemos a escucharlas bien y a conectarnos de manera sana con nuestro cuerpo. Las emociones deben sentirse sin boicotearlas, bloquearlas o anularlas. Y deben expresarse, porque si no se acumularán en nuestro interior dando lugar a frustración, ira, malestar, inestabilidad y buscarán otros caminos como la somatización.

Si tenemos todo esto en cuenta observaremos cómo esto ayuda a nuestros hijos a conocerse mejor, a saber qué pueden llegar a conseguir, a comunicarse de manera más sana, a regularse emocionalmente, a autocuidarse mejor en definitiva. Y desde aquí construir una sana autoestima y un sano autoconcepto de sí mismo.

Así podremos aprender a crecer con una sana autoestima y ayudar a crecer a los que nos rodean en un contexto de aceptación y seguridad.

Referencias Bibliográficas

Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., and Wall, S. (1978). Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Hillsdale, NJ: Erlbaum.

Bowlby, J. (1993a). El vínculo afectivo. Barcelona: Paidós. (Bowlby, J. 1969 Attachment and Loss.Vol 1. Attachment. Londres: Hogarth Press).

Lamborn, S. D., Mounts, N. S.,  Steinberg, N. L. & Dornbush, S. M. (1.991) Pattern of competence and adjustment among adolescents from authoritative, authoritarian, indulgent and neglectful families. Child Development, 62, 1049- 1065

Noller, P. (1.995) Parent-adolescent relationship. En M. A: Fitzpatrick & A. C. Vangelist (Eds), Explaning family interactions (pp. 77-111) . London: Sage Publications.

O´Mara, P.  Mothering Magazine (1.980-2.011)

Parra, A., Oliva, A. Y Sanchez-Queija, I. (2004) Evolución y determinantes de la autoestima durante los años adolescentes. Anuario de Psicología vol.35, nº3, 331-346.

 


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Beatriz Huertas

Psicóloga Sanitaria desde hace casi 20 años. Trabajo en el Centro ITIPA (Instituto de Psicología Integral y Traumaterapia. Somos Centro de prácticas para alumnos de Máster y colaboramos de manera estrecha con asociaciones como ASA de Málaga.  Desde el enfoque del apego hemos intentado dar ese toque de distinción que creemos que merecen nuestros pacientes.

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2 comentarios sobre “Aprendiendo a crecer con una sana autoestima

  1. Gracias por este articulo. Has hecho mella en un aspecto en el cual ni siquiera me han dado pautas. Es dificil recuperar la autoestima de un niño

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