Inteligencia y creatividad

las 4 p - creatividad

Te invito a hacer un viaje reflexivo. Un rato de actividad intelectual sin objetivos elevados. Deja la mochila del rigor científico o de las ideas consolidadas en la entrada. Adéntrate en la estancia, quítate los zapatos y ponte cómodo.

Vamos a explorar los territorios de la inteligencia y la creatividad durante un rato. Al finalizar podrás activar el modo crítico y valorar el viaje realizado.

Empecemos por algo sencillo. Seguramente conocerás la idea metafórica de creatividad como pensar fuera de la caja

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Como verás, es una idea sugerente sin relación con una definición científica del constructo psicológico llamado creatividad. Sí, efectivamente, estamos relajando la mente inquisitiva y cuestionadora.

Siguiendo esa idea de pensar fuera de la caja, podemos imaginar la escena específica de pensar dentro de la caja dentro de un escenario que las engloba a todas: pensar.

Pensar es una función del intelecto. Es inteligencia en acción. Y como haríamos con una persona, podemos definir la inteligencia por sus actos y no por sus palabras.

De este modo construimos dos ideas laxas relacionadas entre sí: i) inteligencia = pensar y ii) creatividad = pensar fuera de la caja. Inteligencia sería el todo y creatividad una parte.

Para continuar hilando un poco, recojo la distinción que hace Paulo Benetti en este documento entre creatividad e innovación:

La creatividad tiene diversos niveles. Cuando una persona está sola y consigue desarrollar una nueva idea, que no es conocida por ella misma, esto es creatividad. Además esta idea puede ser conocida por otras personas en otros lugares. De esta forma, una idea puede alcanzar niveles cada vez más elevados hasta el hecho de no ser conocida por nadie en el mundo.

La innovación en cambio, exige un poco más. Cuando añadimos conocimientos, o tecnología como algunos prefieren, a una idea, estamos realizando una innovación. Según Vicent Nolan, (2000, p.15) “innovación trata de personas haciendo cosas nuevas que no habían hecho antes”.

Crear es pensar algo nuevo. Innovar es hacer algo nuevo

Vamos a deshacernos del lastre de la necesidad de hacer algo nuevo. Ese papel se lo otorgamos a la innovación. Nos quedaremos un rato más en el escenario de los pensamientos: pensar en general (inteligencia en nuestro viaje) o pensar en algo nuevo en especial (creatividad).

Añadimos un hilo más. La imagen que ilustra esta entrada refleja es una representación de “las 4 P de la creatividad”, de Mel Rhodes (1961). Según este autor, la creatividad tenía 4 dimensiones o se podía visualizar desde cuatro perspectivas diferentes:

  • Person (persona)
  • Process (proceso)
  • environmental Press (presión del entorno)
  • Product (producto)

Con este modelo, podemos indagar la creatividad en cuatros sentidos diferentes pero íntimamente relacionados: i) persona creativa, ii) proceso creativo, iii) ambiente creativo y iv) ideas creativas.

En nuestro viaje hemos planteado un escenario hecho de pensamientos que desembocan en ideas. Hemos dejado aparcado de momento el apasionante mundo del aterrizaje de las ideas.

Siguiendo ese enfoque tetradimensional podríamos visualizar la inteligencia desde 4 perspectivas diferentes aunque relacionadas: i) persona inteligente, ii) proceso inteligente, iii) entorno inteligente e iv) ideas inteligentes.

Para concluir el marco de análisis, añadimos unos ingredientes fundamentales:

  • Grados de cantidad o fluidez. Detectamos diversos niveles de inteligencia o creatividad: desde pensar poco a pensar mucho. Desde pensar un poco fuera de la caja a pensar muy alejado de la caja.
  • Grados de originalidad: Desde pensar común a pensamiento único.
  • Grados de calidad. Desde pensar mal a pensar bien.
  • Grados de complejidad. Desde pensar simple a pensar complejo.
  • Grados de elaboración: Desde pensar sin elaboración a pensar estructurado (rico en elaboración).
  • Grados de especificidad. Desde pensar específico hasta pensar general.
  • Grados de flexibilidad: Desde pensar rígido a pensar flexible.
  • Grados de operatividad. Desde pensar teórico a pensar práctico

Cada persona tiene una diferente combinación de todos estos ingredientes. Llamaré a esa combinación “perfil aptitudinal”. Personas que tienen facilidad para pensar en un tema concreto y dificultad en otros diferentes. Personas que piensan poco pero eficientemente sobre un asunto concreto. Personas que piensan demasiado, y mal, sobre muchos asuntos distintos sin llegar a una conclusión o a una acción propositiva. Las posibilidades son enormes. La inteligencia es un pensar muy diverso. Y, en consecuencia, la creatividad también lo es.

Siguiendo el enfoque de las 4P, también podemos advertir que hay personas con cierto nivel intelectual que, sin embargo, no son capaces de efectuar un proceso de pensar eficiente o eficaz. Que desarrollan un proceso de pensar recurrente, disperso o desestructurado, sin ser capaces de llegar a conclusiones y sin poder aplicarlas en su cotidianidad: la parálisis por el análisis. O personas que teniendo los ingredientes necesarios para poner en marcha un buen pensar que se encuentran en entornos privados de estímulos intelectuales que no le facilitarían la expresión de ese potencial en ideas nutritivas para él o para su entorno.

Por otro lado, también detectamos personas con un alto nivel intelectual aparentemente incapaces de pensar fuera de la caja, o incapaces de pensar EFICAZMENTE fuera de la caja. Tienen una gran ejecución pero dentro de los márgenes de lo conocido, o fuera de los márgenes pero de un modo más bien extravagante y sin ser capaces de convertirlo en acciones concretas de cierto valor o utilidad. De hecho, existe poca correlación entre nivel de inteligencia y nivel de creatividad a partir de un CI de 130 en adelante, lo que debería desactivar el mito de que “los superdotados son creativos”.

Actitudes

En este viaje he reflexionado sobre el pensar (general: dentro o fuera de la caja) desde diversas perspectivas. He planteado unos personajes, una actuación, una escena y una obra variada dentro de un escenario muy concreto: la aptitud.

Pero toda aptitud se mezcla también con una determinada actitud. Actitud ante un asunto, actitud ante un ambiente, actitud ante otras personas o actitud ante la vida. Existen diversos tipos de actitudes que condicionan fuertemente no solo nuestra aptitudes sino también los resultados que se pueden obtener o los procesos que se hayan involucrados.

La actitud es un virus altamente contagioso

Así, no genera el mismo ambiente -individual o colectivo, interno o externo- una actitud positiva (suma) que una actitud negativa (resta). Hay personas que interpretan la realidad desde un prisma radicalmente negativo, incluso aquellas situaciones que en principio no parecen ser amenazantes o frustrantes. El hábito mental de pensar en modo negativo determina una actitud negativa ante “el mundo”. Y si se despliega esta actitud en un determinado entorno colectivo se produce una creciente saturación del ambiente. Se carga de energía negativa y muchas personas terminan por deprimirse o sentirse peor gracias a esa inercia negativista. Por el contrario, la actitud positiva genera una dinámica de alegría compartida que limpia el ambiente. Esto se nota con mucha claridad en los grupos de comunicación humanos (reales o virtuales).

También afecta bastante, y de modo diferente, adoptar una actitud proactiva (hago, me muevo, propongo), desplegar una actitud reactiva (exijo que hagan, se muevan o propongan; critico que hagan, se muevan o propongan, o su contrario) o presentar una actitud pasiva (espero que hagan, se muevan o propongan, o su contrario). Como se podrá deducir fácilmente, en un ambiente de trabajo la actitud más perniciosa es la reactiva, tanto por la carga de exigencia que le impone a los demás como por la acidez de sus críticas a lo que se hace, o a lo que no se hace. Es una actitud altamente tóxica, y pueden adoptarla personas con bajo o alto nivel de inteligencia o de creatividad. Tener buenas aptitudes no nos vacunan contra estas actitudes tan destructivas. De hecho, sus críticas no se ciñen a los que cultivan la actitud proactiva (cuestionando lo que hacen, cómo lo hacen y por qué lo hacen) sino que también incluyen a los que practican la actitud pasiva (por no hacer nada). En un grado menor, pero no insignificante, la actitud pasiva también genera toxicidad en forma de incomodidad del resto (proactivos y reactivos). Al no saber para qué están ahí si no aportan nada -bueno o malo- al grupo, el ambiente se tensa en esos prolongados silencios -de palabra y de obra- que no sabes cómo desactivar y, cuando lo haces, generalmente es interpretado como una agresión. Este tipo de toxicidad es más difícil de gestionar.

La variabilidad de actitudes se podría completar con otras:

  • Actitud emotiva o racional
  • Actitud interesada o desinteresada
  • Actitud manipuladora o liberadora
  • Actitud fragmentadora o integradora

 

Conclusión

Los humanos somos seres sociales. No vivimos aislados del “mundo”. Incluso si vivimos como ermitaños, existe un “mundo” llamado naturaleza del que dependemos en cierta medida. Trabajar los aspectos individuales es necesario, pero no es suficiente para abarcar la rica diversidad de manifestaciones que se interrelacionan. Todo no depende en exclusiva de nuestras aptitudes personales, aunque tengamos cierto margen de maniobra que debemos fomentar para solventar determinadas limitaciones o aprovechar determinadas corrientes favorables.

Una sociedad avanzada promoverá el desarrollo de sus individuos en sano equilibrio dinámico con el desarrollo de sus colectivos o de la sociedad en su totalidad. Fomentar la asunción de responsabilidades acordes a los derechos permite la sostenibilidad y ‘sanidad’ de un sistema social. Las tendencias radicales de individualismo y colectividad desequilibran y enferman el sistema. Lo hemos constatado a lo largo de la historia. Lo hemos vivido en la historia reciente y lo seguimos viviendo en la actualidad.

En demasiadas ocasiones perseguimos una individualidad infantil que no asume responsabilidades (neotenia social). Exigimos derechos “aquí y ahora”. No toleramos la frustración de no lograrlo al instante y perfectamente. Nos molesta “lo diferente” a nosotros, fomentando un odio incontrolado a través de vías reales o virtuales. Nos enfocamos en las aptitudes ignorando las actitudes adecuadas. El éxito individual se vincula a la adquisición de dinero, estatus, poder u otra manifestación de individualidad desactivada de la responsabilidad social.

Ninguna sociedad sana va a invertir en “lo especiales que somos” sin esperar una reversión social. No se educa a las personas para mirarse el ombligo y comprobar lo bonito que lo tienen. No se invierte en desarrollar la inteligencia ni la creatividad si éstas no se ponen en valor. Con otras palabras, si no se convierten en “inteligencia en acción” o “creatividad en acción”. Eso no ocurre. Esperar eso es estar completamente desconectado de la realidad. Tanto en una sociedad sana como en una sociedad enferma. Nadie te va a adorar por ser “peculiar” si no la pones a rodar y produces algo valioso, aunque solo sea una idea y no un producto final.

Uno ha de trabajar sus aptitudes para desarrollarlas apoyándose en el sistema cuando lo fomente o luchando contra el sistema cuando trate de limitarlo. Pero también ha de trabajar sus actitudes para que ese proceso no se convierta en una batalla campal. La empatía no consiste solo en que “el mundo” me comprenda, sino que yo sea capaz de comprenderlo también. Es una vía con doble sentido. El mundo no está obligado a cumplir nuestras expectativas. Podemos adaptarnos al mundo o tratar de cambiar el cachito en el que podemos actuar, empezando por nuestra actitud hacia el mismo.

La inteligencia y la creatividad son pensares necesarios cuando están equilibrados y alineados con una acción propositiva, positiva e integradora. Con o sin ayuda, se superan a sí mismos y logran mejorar “el mundo” en el que se despliegan gracias a la mejora de sí mismos.

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Acerca de José Luis

Los actos y no las palabras definen a las personas
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