Síndrome de la amapola alta: detestar al que destaca

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Todos somos únicos en algo, pero la presión social nos empuja hacia el conformismo o la mediocridad. Conformarnos con no salir de los límites socialmente impuestos o resignarnos a no salir de los límites autoimpuestos.

 

La sociedad emite mensajes contradictorios. Explícitamente se nos invita a destacar, a ser genuinos o a diferenciarnos del resto. De modo implícito se nos recomienda no sacar la cabeza, ser hipócritas o seguir la corriente mayoritaria de pensamiento, palabra u obra.

Vivimos en un entorno social altamente competitivo dentro de unos límites. Esto significa, por ejemplo, que se fomenta la lucha deportiva pero se desactiva la lucha colectiva en defensa de los derechos humanos. No se permiten desvíos de la norma que supongan una amenaza real al sistema. Por ese motivo, las estructuras de poder real favorecen las actividades de entretenimiento en las que las personas realizan simulacros de luchas dentro de un entorno controlado: pan y circo para calmar a las masas. O para canalizar la insatisfacción producida por la presión social. Es un mecanismo muy simple pero altamente efectivo: se nos cortan las alas pero se nos permite pelear en el suelo con los demás, generando una falsa sensación de logro cuando los vencemos. El resultado es el sostenimiento de un sistema que beneficia a unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría. Sistema que se encarga de recordarnos que nosotros somos responsables de no destacar, ser genuinos o diferenciarnos del resto.

Este trasfondo trae consecuencias en nuestro modo de tratar a aquellas personas que, a pesar de la presión social, logran destacar en algo socialmente valioso, ser ellas mismas o diferenciarse del resto en su manera de pensar, decir y hacer.

Una de ellas es confundir la humildad con la mediocridad o con el conformismo. Y ese estado de confusión genera fuertes críticas hacia las personas que hablan de sus habilidades con naturalidad. Se les tacha de soberbias, prepotentes, petulantes, egocéntricas o cualquier otro adjetivo que se nos ocurra. Evidentemente, estos adjetivos hablan más del emisor que del receptor, pero la realidad es que este caldo genera una toxicidad en el ambiente que puede llegar a ser irrespirable si se transmite entre una masa suficiente de individuos frustrados por su propio conformismo o mediocridad.

Este patrón de comportamiento se acentúa con la cercanía. La persona mediocre puede soportar o incluso admirar a la persona que destaca en otro ámbito diferente al suyo. Pero le costará mucho más hacerlo si esa persona actúa en su mismo entorno. Lo más probable es que se le activen una serie de pensamientos destructivos: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar para librarme de su amenaza? ¿Le ataco sin descanso?. ¿Intento por todos los medios buscar sus defectos? ¿Me rodeo de mediocres que me bailen el agua y me apoyen en esta pequeña lucha personal?

A esta conducta se le conoce como el síndrome de la amapola alta (Tall Poppy Syndrome) o como el síndrome de la alta exposición, un término acuñado y utilizado fundamentalmente en Reino Unido, Irlanda, Australia, y Nueva Zelanda para describir un “fenómeno social por el cual personas con méritos genuinos son odiadas, criticadas o atacadas a causa de que sus habilidades o logros las colocan por encima de sus colegas o las distinguen de ellos” (Wikipedia).

Este fenómeno no se circunscribe a la relación entre personas con diferencias nítidas en cuanto a habilidades cognitivas o personales sino también, y quizás de un modo más incruento, entre personas con niveles de habilidad similares que ‘compiten’ en un mismo espacio social (grupo, trabajo, amigos, etc).

En el siguiente artículo de La Mente es Maravillosa podéis entenderlo mejor.

Síndrome de alta exposición: cuando te odian por destacar

Una de las grandes contradicciones en los seres humanos tiene que ver con la dificultad para apreciar honestamente las virtudes de otro, sin sentirnos molestos por ello. No es exactamente envidia. Tiene que ver con lo que se denomina el síndrome de alta exposición o síndrome de la amapola alta.

El síndrome de alta exposición nos habla de que cuando las personas destacan demasiado en algún área generan odio en los demás. Ese odio no se puede llamar envidia como tal. Más bien está relacionado con el hecho de que el éxito de los demás hace que las propias limitaciones se hagan más visibles.

Existe algo mucho más escaso, fino y raro que el talento. Es el talento de reconocer a los talentosos”.

-Elbert Hubbard-

De ahí que al síndrome de alta exposición también se le llame “síndrome de la amapola alta”. Esto es porque la lógica que impera es la de cortar aquellas flores que crezcan más que otras, para que las demás no salgan perdiendo por comparación.

La leyenda de origen

Se cuenta que el tema del síndrome de alta exposición tiene sus primeras referencias en los libros de Heródoto y en las reflexiones de Aristóteles. También aparece en un relato de Livio sobre el tirano “Tarquino el orgulloso”.

Aristóteles, filósofo que habló del síndrome de alta exposición

Según Heródoto el emperador envió a un mensajero para pedirle consejo a Trasíbulo, sobre la mejor manera de mantener el control sobre el imperio. El mensajero se lo preguntó, pero Trasíbulo solo comenzó a caminar entre los trigales. Cada vez que encontraba una espiga más alta, la cortaba y la arrojaba al suelo. Y no dijo ni una palabra.

Cuando el mensajero volvió con el emperador, le habló acerca de la extraña actitud del consejero. El emperador lo comprendió. El mensaje significaba que debía eliminar a todo aquel que estuviera por encima de los demás. Acabar con los mejores, para que su poder y su supremacía jamás fueran puestos en entredicho.

El síndrome de alta exposición en el mundo de hoy

Es claro que las tiranías no permiten que surjan figuras destacadas que puedan verse superiores, en algún sentido, a quien detenta el poder. En el ámbito de la política es muy frecuente que busque desprestigiarse a quien desafía el status quo o al establecimiento. Sin embargo, el síndrome de alta exposición no es algo que se limite a los asuntos de gobierno.

Figura que destaca sobre los demás simbolizando el síndrome de alta exposición

En el día a día vemos cómo se nos invita a destacar por encima de los demás, pero al mismo tiempo se nos imponen límites muy precisos. La idea es que tú te adhieras a unos parámetros determinados de lo que significa ser exitoso. Por ejemplo, “el empleado del mes” no es necesariamente es el que más creció o aportó elementos relevantes, sino quien cumplió a cabalidad las metas que le fueron fijadas.

Si esto ocurre, no hay problema. No se cortará de raíz esa planta que ha crecido más que las demás, porque se ha adherido a lo que el jardinero quiere. En cambio, si alguien llega a destacarse mucho por razones diferentes a las que se consideran válidas, es probable que desate suspicacias y que, eventualmente, se le excluya.

El síndrome opera en doble sentido

El síndrome de alta exposición genera consecuencias en dos dimensiones. La primera tiene que ver con lo señalado. Hay una tendencia, casi natural, a no permitir que alguien destaque demasiado, porque genera inseguridades o crea la sensación de amenaza en los demás. Por lo tanto, a quienes destacan, muy frecuentemente se les critica con excesiva severidad. O se les exige en demasía. O se busca minimizar su talento o sus logros.

La segunda consecuencia del síndrome de alta exposición es que le va enseñando a la gente a tener miedo de destacar. Precisamente por todo lo dicho, las personas aprenden, más implícita que explícitamente, que estar por encima de los demás puede ponerlos en riesgo. ¿En riesgo de qué? De rechazo, de cuestionamiento, de crítica e incluso de ostracismo.

Sombra amenazando a un hombre simbolizando el efecto del síndrome de alta exposición

Por lo tanto, muchos asumen que lo correcto es no destacar en ninguna circunstancia. Asumen el “bajo perfil” como una norma y les aterra verse expuestos a los demás. De una u otra manera, terminan siendo adiestrados para no desafiar lo establecido. Es una lástima, porque en ese proceso también se pierden capacidades, se dejan de lado talentos genuinos o se renuncia al éxito mismo.


22 respuestas a “Síndrome de la amapola alta: detestar al que destaca

  1. Cuando se habla de fortaleza, madurez, etc para ser amapola alta y hacer frente no debemos olvidar nunca que el castigo impuesto desde pequeño y adolescencia y más a quien se comporta “distinto y sobresale” finalmente termina dañándolo psicológicamente y obviamente quimicamente en forma interna. Por lo tanto pierde la capacidad primaria por parálisis. El tema es largo y lo digo por experiencia. Debemos opinar con hechos y no solo con filosofia y libros. Por favor tengamos cuidado, no castiguemos más a los “genios” que fueron maltratados en el siglo pasado cuando aun eso era permitido………

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  2. Nada más entrar empezó a contarnos todo lo malo de las Altas Capacidades y al rato de vernos las caras de “qué me estás contando”, se dignó a decirnos el resultado. Además todo el rato diciendo que el margen de error es muy alto y no nos recomienda derivar a Atención Temprana…

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  3. Muy interesante artículo, al que me permito añadir algunas consideraciones, basadas en mi percepción del hecho educativo, que creo que pueden interesar.
    1.- La sociedad ha avanzado a lo largo de los siglos gracias a las “amapolas altas”; no por la acción de los que las criticaban (bueno, los críticos han podido influir ayudando – por controversia o por reacción – a la “amapola alta”; también estimulando su amor propio para demostrar que aquello que califican de imposible no lo es).
    2.- La persona que tiene un “don” tiene, creo yo, la obligación de hacerlo rendir, en favor de la sociedad, independientemente de la oposición que genere y de lo que le toque sufrir.
    2.- Si un “amapola alta” tiene la fortaleza, madurez, y demás virtudes para no dejarse anular, o empañar, por los mediocres suele, en muchos casos, acabar siendo aplaudido por la misma sociedad que le puse trabas; a veces ese reconocimiento es póstumo, pero… ocurre, a veces, bastantes veces.
    3.- Hay “amapolas altas” auténticas y simuladas. Las auténticas suelen seguirlo siéndolo en todas las circunstancias sin engreimiento, incluso a veces con apariencia de “amapola corriente”. Las simuladas, muy sensibles a “dar buena imagen”, pueden adulterar su condición para obtener aplausos.
    4.- Todos somos, en mayor o menor medida, “amapolas altas” con una dignidad, un potencial, y unas características positivas muchas veces ocultas por habernos dejado arrastrar por la maldita costumbre social de cortar “amapolas altas”.
    5.- Una “amapola” se hace más “alta” cuando ayuda a las demás a crecer.
    Saludos muy cordiales,
    @JFCalderero

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  4. La descripción que hace usted mismo de la situación de los grupos de Altas Capacidades en su comentario anterior no es tan difícil de ver, pero lógicamente, si se ve, no gustará.

    Entiendo por lo que dice en ese mismo comentario que la tendencia en estos grupos es la envidia y las ganas de figurar y – añadiría – de presumir – valga también su significado etimológico.

    Creo que convertirse en alguien así puede dar miedo.

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    1. Ah, bien, ahora entiendo.

      No me expresé correctamente, me temo. Esas dinámicas que comenté son minoritarias aunque son ruidosas. Por lo general, en los grupos lo que hay es una gran masa de personas que buscan ayuda, información u orientación, sin entrar en otras consideraciones. No están ahí para figurar ni para presumir. Al contrario, suele llegar con ciertos temores por una situación que no saben cómo llevar y poco a poco, si el grupo le sirve de apoyo, se va calmando e integrándose.

      Me refería a la presencia de cierta venta de humo y de figurantes (que dicen hacer mucho pero hacen poco por el colectivo) en algunos de esos grupos. No es algo mayoritario pero sí llamativo, sobre todo para los que conocemos el percal.

      Perdona por inducirte a error de interpretación por mi redacción imprecisa.

      Desde luego, da miedito llegar a convertirse en un figurante…

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  5. Fíjese que en eso tampoco estoy de acuerdo con usted. Opino que poquísimas son las personas que lo captan y se quedan más del momento que tardan en decepcionarse o, incluso, se asustan de poder convertirse en algo parecido, o que lo hagan sus hijos.

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  6. Gracias por la aclaración, me parece que le he hecho pagar a usted algo que no le corresponde.

    Es cierto que olvidé incluir en los lectores a los padres de niños con Altas Capacidades, pero sí los he tenido en cuenta, tanto que realmente el único sentido que tiene hablar de ese “ellos” de personas – en este caso – cuyos hijos no tienen Altas Capacidades pero que buscan que las tengan. Me parece lógico pensar que esto es una realidad y también la supongo mayoritaria.

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    1. Hola Juan,

      El lenguaje escrito a veces es puñetero y el emisor no expresa claramente sus ideas o el lector no las interpreta en la misma línea que pretende el primero. Para eso está el diálogo, para aclarar cosas.

      Sin falsa modestia, creo que en la actualidad soy la persona más crítica con algunas dinámicas del colectivo que existe en España, y expresarlo por escrito me trae no pocos problemas, de ahí mi extrañeza al leer ciertas ideas. Es el peaje que uno tiene que pagar por no amoldarse a la dinámica de autocomplacencia que se ha instalado en este sector. Pero bueno, lo pago con gusto porque lo que no haré jamás será plegarme al dictado de unos pocos que quieren apagar todo sentido crítico en base a vender humo. Y sé que mis palabras, basadas en hechos fácilmente comprobables por cualquiera o en interpretaciones fundamentadas en el conocimiento de muchas personas que pululan en este ámbito con más deseos de figurar que de trabajar generan controversia o incluso rabia. También sé que el efecto de las mismas es claro: atacar al mensajero. En lugar de asumir su responsabilidad en el inmovilismo actual, la echan fuera buscando alguna cabeza de turco o diana fácil. Por suerte o por desgracia, soy una de ellas porque no me escondo y porque sé demasiadas cosas que podrían desmontar los castillos de naipes que algunos se están montando para venderlos por ahí a las personas más incautas y desprotegidas.

      La vida da muchas vueltas y cada cosa, con el tiempo, tiende a ponerse en su lugar sin hacer nada al respecto. Así que nada, tranquilidad y sosiego.

      Quizás tu sentido crítico al leer ciertos lugares te ha llevado a toparte con esta realidad poco edificante. En ese caso, te daría la enhorabuena por percibirlo porque es curioso observar cómo son poquísimas las personas que, no estando metidas en determinadas dinámicas, lo captan. Por eso en una entrada hablé de la paradoja que se daba en el ámbito AACC, donde se destaca el pensamiento crítico que se le atribuye al colectivo al tiempo que apenas se ejerce por parte de los adultos. Es como si esa llama se hubiera apagado con la “educación” o que realmente no es un atributo que pueda otorgarse alegremente.

      En cualquier caso, y para finalizar esta larga perorata, prefiero mil veces el diálogo respetuoso sobre opiniones discrepantes o sobre críticas constructivas que meterme en berenjenales idiotas que no llevan a ningún lugar. Que cada palo aguante su vela.

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  7. Gran diálogo. No me queda otra que alabarles a ambos dos. Por cierto, Juan, no todos los que leemos a José Luis tenemos el nivel intelectual que él tiene, y mucho menos AACC, pero sí que somos padres de hijos con altas capacidades y buscamos respuestas y guía. Un cordial saludo.

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    1. Gracias Carlos por tus palabras y por el apunte. Si, uno de los objetivos más evidentes de este blog al nacer era (y sigue siendo) tratar de aclarar a las familias muchos de los asuntos que solían preguntar recurrentemente. Así, en lugar de responder una a una cada nueva pregunta sobre lo mismo, pues se escribe una vez y sirve para todas las que aludan al mismo tema.

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  8. Ya sé que no es la costumbre, pero preferiría seguir tratándole de usted.

    Sobre el inmovilismo me refiero a un inmovilismo ideológico, previo y causa del práctico. De otra forma estaría yo cayendo en lo mismo que intento exponer. En esta publicación y en otras es fácil interpretar – y así lo hago – que se atribuye a una especie de ente abstracto llamado sociedad una serie de características ajenas al autor y al grupo sobre el que gira la temática principal de este blog. Nada de lo expuesto en ellos contradice esta opinión.

    Exigir que las personas sean como NO son y esto se relaciona con su comentario de conocer las causas de la envidia. Vuelve a parecerme fácil interpretar – y así lo hago – que se incoa a un cambio social imposible. Conocer las causas de la envidia no va a hacer que deje de existir ni que cualquier atribución que hagamos de la misma sea una interpretación y no un hecho. Sea o no usted un gran conocedor de la envidia le va a ser imposible establecer sin lugar a dudas si mi motivación es esa u otra al hacer estos comentarios. Esto ejemplifica el inmovilismo ideológico al que me refiero, hemos vuelto a la premisa inicial, pero ahora con el riesgo de confundir una interpretación con un hecho, ya que estamos más seguros.

    Ese “ellos” se refiere a las personas que no tienen altas capacidades pero sienten que forman parte de ese grupo.
    Ni siquiera hace falta tener altas capacidades para saber que las personas son envidiosas – uso este ejemplo, pero otros de este blog servirían – así que me parece que a este sector de la población no está dirigida la publicación. Como usted dice es una obviedad.

    En este contexto, hablar de ello, como dije antes, lo interpreto como una crítica a los “de no altas capacidades”. Es incongruente pensar que personas acríticas – aquellos que forman parte de esa sociedad a la que ni uno mismo ni su grupo pertenecen – gusten de leer críticas.

    Queda el último grupo: usted escribe para “ellos”.

    “El halago debilita” lo vi en su Facebook, ahí es donde varias personas le halagaban tras publicarlo. Es imposible decir si todos los que actuaban así pertenecían al grupo “ellos”, pero esta incongruencia, hablar de la autocrítica sin ejercerla al mismo tiempo y otras tantas son las que – a mi parecer – hacen que usted hable para el grupo “ellos”, ya que al ser más, establecen la temática, los objetivos y monopolizan el espacio virtual y halagan o censuran según un criterio independiente de la realidad.

    La emocionalidad o racionalidad de una opinión no está relacionado con el hecho que expresa. El hecho es que aquí o en su Facebook las críticas son anecdóticas o sobre aspectos accesorios o de personas a las que el primer intento les decepciona (y el motivo de tal decepción es sobre lo que estoy teorizando).

    Hecho que no es exclusivo de ese blog y que se cumple incluso en una página de Facebook con 14000 usuarios, donde parece que el objetivo principal es asegurarle a “ellos” que no están metiendo la pata… y mucho.

    Comentarle que leyéndole parece lógico pensar que aceptará una crítica educada y le doy la razón: usted no controla quien publica, lo hacen “ellos”.

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    1. ¡Hola! Esto se pone más interesante aunque siguen existiendo pasajes que no logro captar. Lógico, pero para eso están las preguntas…

      Voy a centrarme en un punto que considero relevante de este último comentario. Las inferencias que realizas de algunas lecturas sueltas.

      Destaco dos interpretaciones:

      1) “En esta publicación y en otras es fácil interpretar – y así lo hago – que se atribuye a una especie de ente abstracto llamado sociedad una serie de características ajenas al autor y al grupo sobre el que gira la temática principal de este blog”

      2) “En este contexto, hablar de ello, como dije antes, lo interpreto como una crítica a los “de no altas capacidades”.”

      Cuando aludo al sistema social (o a la sociedad) no excluyo a ningún elemento, ni individual ni grupal. No se encuentra escrito ni en las entrelíneas. De hecho, en un párrafo realizo una inclusión bastante explícita del grupo sobre el que giran muchos de los temas de este blog:

      “Este fenómeno no se circunscribe a la relación entre personas con diferencias nítidas en cuanto a habilidades cognitivas o personales sino también, y quizás de un modo más incruento, entre personas con niveles de habilidad similares que ‘compiten’ en un mismo espacio social (grupo, trabajo, amigos, etc).”. He sido testigo de muchas situaciones de este tipo dentro del colectivo como para cometer la torpeza de excluirlo.

      De hecho, suelo ser bastante crítico con algunas dinámicas que se producen en el mundillo AACC, y en las muchas entradas que dedico a la temática se puede observar fácilmente. Estar dentro de un sistema no impide ser consciente de sus fortalezas y debilidades. Como uno mismo puede ser consciente de lo mismo y actuar en consecuencia.

      La crítica principal de este texto se dirige a aquellas personas (dentro del sistema social que formamos todos) que se ven más influenciadas por el trasfondo social que describo al inicio y que actúan así frente a otras que puedan destacar (en cualquier aspecto, no solo en el cognitivo) en su entorno emocional cercano. De eso va la entrada y sobre eso habla el artículo que enlazo en la parte final.

      Todos podemos caer en ese patrón, incluyéndome. Y aunque la mayoría de las veces me alegra ver tener éxito a personas que destacan en algún aspecto, tanto en mi entorno emocional cercano como en el lejano, eso no indica que, en algún caso concreto no pueda sentir ese deseo de cortarle el tallo a una determinada amapola. El ejercicio de autocrítica es el que me permite reducir su incidencia cuando me relajo y me dejo llevar por la corriente.

      Y sí, acepto todas las críticas emitidas de modo respetuoso porque todas pueden ser útiles para mejorar cosas, tanto a nivel interno como externo, a la hora de expresar ideas y que no lleven a interpretaciones alejadas de la intención con la que suelo escribirlas: invitar a la reflexión general crítica.

      Gracias de nuevo por todos tus comentarios. Ayudan a coger nuevas perspectivas.

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  9. Ha sido un lapsus que sin embargo expresa mi opinión.

    Llevo un tiempo leyendo diferentes sitios sobre altas capacidades y detecto un inmovilismo basado en exigir a otros que hagan o sean como no son, desde la idea de pertenecer a un grupo al que sospecho que no todos pertenecen.

    Tengo la impresión de que usted no forma parte de una realidad que no se comenta en ninguno de los sitios que he visitado: la de aquellos que se atribuyen una condición que no tienen, monopolizando además el espacio. Siendo así ¿Por qué escribe para ellos? Que destacar tiene sus riesgos lo sabe todo el mundo, ya que todo el mundo ha vivido esa situación.

    Si el halago debilita ¿Cómo es posible que unas seis personas le halaguen sin ironía después de publicar tal comentario?¿Cómo es posible que nadie comente lo absurdo de tal situación?

    Creo que la autocrítica es muy sana, como me enlaza, pero crítica y opiniones dispares es lo que no veo, ni, parece ser, ninguna necesidad de las mismas.

    Sinceramente le agradezco la gentileza de haber respondido a mi anterior comentario y espero no haber abusado de su cortesía en este.

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    1. Hola de nuevo, Juan.

      Me gustaría que en este diálogo recién establecido ocurrieran dos cosas:
      i) que nos tratáramos de tú, si es posible
      ii) que los implícitos que percibo se conviertan en explícitos para poder entender mejor los mensajes

      Por lo general, no me gusta responder a cuestiones sobre las que no estoy seguro de haber comprendido, así que si no tienes inconveniente te hago unas preguntas para entender mejor lo que me quieres transmitir.

      Lo del inmovilismo basado en exigir a otros que hagan lo entiendo. Es un patrón bastante común en el ámbito de las AACC. Se reproduce en todos los grupos humanos y se podrían analizar las posibles causas que lo generan. De modo general, se puede observar que los grupos, equipos u organizaciones que menos avanzan son las que emiten más mensajes del tipo “tenemos (tenéis) que”, “debemos (debéis) de”, “hay que…”, etc. Cuando hay más voces que manos, el inmovilismo es una consecuencia natural.

      Lo de exigir que sean como son no sé si llego a captarlo. Si puedes poner algún ejemplo concreto te lo agradecería (no hace falta poner nombres, claro). Es importante porque enlaza con el tema de la pertenencia a un colectivo (o atribución de una condición). Y, en consecuencia, con la monopolización del espacio de debate.

      ¿Quiénes son “ellos” en tu primera pregunta? ¿Los que monopolizan el espacio sin pertenecer al grupo?

      El riesgo de destacar es una obviedad, pero puede ser interesante indagar en las posibles causas que promueven esas actitudes. No está de más.

      Afloras un tema del que también hablé en el blog: “el halago debilita”. En él uso un título provocador. Si hubiera utilizado “el halago puede debilitar siempre que se cumplan determinadas condiciones” tal vez habría producido menos efecto en el lector.

      https://incansableaspersor.wordpress.com/2018/03/31/el-halago-debilita/

      Existe una sutil diferencia entre buscar halagos (o críticas) y encontrarlos. Lo primero es una postura forzada que nos puede debilitar porque pasamos a depender de otros. Lo segundo es una consecuencia de expresar una opinión personal: siempre vas a encontrar una cosa o la otra. Y está en ti mismo darle el valor que tiene cada una. Una buena crítica (fundamentada) es maravillosa si tu intención es mejorar y un halago moderado puede ser un guía. Ahora bien, el exceso de halago debe alertarte de que hay algo ahí que debes cambiar, que quizás te estés desviando de tu objetivo inicial de expresarte y estás yendo por la senda de la búsqueda de aprobación fácil. No es algo sencillo de discriminar, por eso a veces una advertencia exterior te viene de lujo para ver lo que quizás tú no estés percibiendo en ese momento.

      Las filias y las fobias están ahí. Y, en consecuencia, las respuestas emocionales asociadas a cada una. Si logramos discernir cuánto hay de emocional en cada una de las respuestas que recibimos y cuánto de racional quizás seamos capaces de otorgarle su justo valor. Hay personas que te van a halagar hagas lo que hagas y hay personas que te van a criticar por la misma razón. Esos son los extremos que uno debe “descontar” a la hora de analizar la situación. Y, en la medida de lo posible, no dejarse arrastrar por la corriente emocional que provocan ambas posturas. Por ese motivo, si hay seis o siete personas que halagan la reflexión de que el halago debilita, no creo que deba interpretarse como una acción de por sí debilitante. Salvo que tú las integres como tal y busques más expresiones de este tipo. No sé si me explico…

      Por último, me gustaría que fueras más explícito al indicar dónde no ves “críticas y opiniones dispares”. ¿Te refieres a este blog, a los sitios de AACC, en las redes sociales o en la sociedad en general?

      Si es a lo primero, puedo responder por mí mismo. Es cierto, generalmente los comentarios que recibo no contienen críticas y opiniones dispares. Como habrás comprobado con los tuyos, aquí se admiten y se agradecen todas las visiones, no solo las alineadas con las ideas expuestas. Pero claro, yo no controlo el flujo de respuestas que pueda provocar una publicación. Entre otras cosas porque apenas se discuten en el seno de este blog. Generalmente, y sobre todo con los temas asociados a las AACC, las discusiones se producen fuera (grupos, páginas o muros personales). Y claro que ahí se producen opiniones dispares y críticas a sus contenidos. Como debe ser…

      Si es a otros espacios, difícilmente pueda responderte porque ahora no estoy en ninguno y desconozco las dinámicas que se están produciendo para poder responder con algo de fundamento.

      Gracias por este diálogo.

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  10. ¿No le parece paradójico que siendo el hilo conductor de muchas de sus publicaciones en internet la crítica a la sociedad, apenas sufra (o disfrute) usted de las mismas?

    No sé como decirlo sin ser ofensivo (que aunque cueste creerlo no es mi intención), pero creo que hay que superar la indigencia intelectual que expresa el dicho “dime lo que criticas y te diré de lo qué careces”.

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