Alta Capacidad no es sinónimo de Alto Rendimiento

¡Ojos que a la luz se abrieron
un día para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!

Antonio Machado

Decía Albert Einstein que “el verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación”, y qué razón tenía nuestro sabio de cabecera. La inteligencia puede visualizarse como un proceso fluido de gestión de contenidos de conciencia de diversa índole. Evidentemente, esta no es una definición académica o formal de inteligencia. Por más que busques en la literatura científica o filosófica no la vas a encontrar, ni falta que hace. Es una propuesta para estimular tu imaginación y que trates de salir de los surcos trazados previamente.

Imaginación y fantasía

David Bohm, el físico teórico que hizo comprender a Einstein la física cuántica, según sus propias palabras, tiene escritas unas cuantas joyas que recomiendo a toda persona inquieta intelectualmente. En una de ellas, titulada Sobre la creatividadreflexiona sobre el alcance de la imaginación (p.83 y siguientes). Para comenzar, realiza una distinción básica entre imaginación creativa (revelación imaginativa) e imaginación constructiva (fantasía imaginativa). Esta diferencia es clave, como veremos más adelante. No alude a ningún tipo de revelación mágica extrínseca a nosotros mismos, sino al proceso de percepción del despliegue o afloramiento de una genuina intuición en su sentido filosófico originario que se mantiene en el término inglés insight pero que se ha perdido en el castellano por la fuerte influencia que su sentido psicológico ha cogido. Insight es un término que por su fuerza se ha dejado tal cual, sin traducir, porque todos los intentos de hacerlo en castellano palidecen a su lado: visión, percatación, etc. Intuición proviene del latín (intueri) y significaba literalmente visión o mirada interior, lo mismo que insight. Para quienes están “hartos de mirar sin ver” esta noción es muy sugerente porque apunta a un proceso primario, esencial, que nos permite ordenar o dar forma a determinadas cuestiones que nos conciernen. Es la acción pura de la inteligencia gestionando contenidos de conciencia sin ser fuertemente influenciada por los contenidos guardados en la memoria previamente, que sería la labor del intelecto.

La fantasía imaginativa, en cambio, sería un proceso intelectual basado en el manejo de imágenes conocidas que permiten darle forma a la idea o imagen creativa inicial. Es decir, sería un modo de re-crear esas imágenes, lo que permite aterrizarlas y ponerlas a prueba en los contextos concretos donde queremos aplicarlas.

Ambas están íntimamente relacionadas, como es de esperar, pero su distinción nos permite comprender la diferencia entre un pensamiento creativo/productivo y un pensamiento recreativo/reproductivo, que es el que normalmente se espera como consecuencia natural del primero.

La diferencia que hay entre inteligencia e intelecto podemos aflorarla también acudiendo a sus sentidos etimológicos.

Inteligencia e intelecto

La palabra inteligencia, como es bien sabido, procede del latín intellegere, que está formado por el prefijo inter (situación en medio o “en el interior” de dos) y el vergo legere (reunir, escoger e, indirectamente, leer). De ahí que literalmente significara la capacidad para “reunir en medio”, escogiendo la mejor opción de las disponibles. Esa es una forma de proceder que puede asimilarse a lo que hoy en día denominamos CAPACIDAD GENERAL DE GESTIÓN.

Aludiría, insisto, a una capacidad general de gestión con un carácter radicalmente fluido, sin demasiadas influencias culturales. Se asemeja superficialmente al concepto de Inteligencia fluida pero lo trasciende en muchos sentidos que aquí no voy a desplegar para no hacer más densa la entrada.

La palabra intelecto proviene de intellectus, que está formado por inter y lectus (escogido o reunido). Alude, como es fácil inferir, a un proceso terminado o cristalizado.

Para comprender mejor la diferencia entre ambos términos siempre acudo a una metáfora acuática fácilmente capturable. La inteligencia sería un río y el intelecto un cubo de agua. Con otras palabras más técnicas, la inteligencia sería la fuente (source en inglés) y el intelecto sería el recurso (resource) o la inteligencia sería el fondo posibilitante y el intelecto la forma adquirida. Por ese motivo podemos hallar siete u ocho formas de intelecto, que son las descritas por Howard Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples. O tres funciones del intelecto, que son las que describe Robert J. Sternberg en su teoría triárquica de la inteligencia.

La inteligencia, en este sentido amplio y profundo, trasciende en mucho a su “hermana” psicológica. Trasciende al propio ser humano, de hecho, que sería una estructura entre muchas otras (seres vivos) que participan en un determinado grado y de un determinado modo en el campo/proceso de inteligencia general (no confundir con la inteligencia única o factor G en psicología, que aludiría a un único modo de intelecto). Pero sobre esto no hablaré aquí ni ahora para no despistar aún más.

Producción y reproducción. Capacidad y habilidad

Para finalizar esta entrada recogeré un diálogo que tuve con un amigo, artista plástico de primer nivel, sobre la capacidad para producir imágenes y sobre la habilidad para reproducirlas después.

Le comentaba que él, como artista, había sabido combinar ambos procesos en un determinado dominio y en unos determinados formatos (realizaba obras dinámicas en 3D con tecnología 4k desde un ordenador en el que no puede saber el resultado final ya que está en 2D, todo un reto para esa mente prodigiosa), pero que no todo el mundo lograba pasar de la fase de producción de ideas a la fase de reproducción. Que ambos teníamos, en diversos grados, esa facultad inicial de imaginar profusamente pero la diferencia radicaba en que yo no era capaz de coger un simple lápiz y pintar algo con una mínima forma artística. Que carecía de la habilidad para plasmar las ideas en ese formato. Obviamente había desarrollado otros modos de reproducir esas imágenes en un formato diferente, de ponerlas a prueba en situaciones distintas que nada tenían que ver con el arte. Y que eso podía determinar, en función de qué se considerara “persona creativa” que se cometiera la imprudencia de señalar que carecía de ella porque no realizaba obras del tipo que se esperaba encontrar como consecuencia natural de ser creativo.

Todas estas cuestiones me llevan siempre a pensar en las razones que nos llevan a sostener ese mito tan consolidado e influyente de que las Altas Capacidades Intelectuales son sinónimo intercambiable de Alto Rendimiento Académico. Y generalmente la respuesta se encuentra en que quienes lo sostienen, aparte de no reflexionar por sí mismos sobre estos asuntos y ver que si hay una enorme cifra de fracaso escolar entre los alumnos con AACC no se puede sostener que una cosa es igual que la otra, confunden claramente un potencial con una actualización, una capacidad con una habilidad. También confunden una capacidad para gestionar contenidos con su recogida y tratamiento (conocimiento) en un área concreta. Eso sin contar que piensan que el intelecto es uno y no muchos, y que tiene relación directa con el tipo esperable en el colegio, que es el que te permite sacar buenas notas a pesar de que los métodos de enseñanza habituales no son precisamente estimulantes para otros tipos de intelecto. Que sacar buenas notas es estupendo, y en muchos casos refleja un esfuerzo encomiable por responder a las exigencias del medio o a la propia motivación, pero que no definen a nadie ni predicen un futuro éxito personal de la criatura. Que poseer una amplia gama de recursos intelectuales no te garantiza saber qué hacer con ellos en tu vida. Que tener muchos intereses no te faculta para discernir por cuál te decantarás en el futuro. Y que hay múltiples ejemplos de personas que fracasaron en la escuela que han cambiado el mundo de arriba a abajo, que no pasa nada por no cumplir las expectativas académicas porque la escuela es un periodo de tu vida, no tu vida entera.

Nuestra experta Serafina Castro lo señaló en esta tertulia de La 2 hace bastante tiempo, pero se ve que no penetra mucho el tejido social. Se continúa confundiendo un potencial con una actualización, y la capacidad para gestionar contenidos con la capacidad para almacenar y exponerlos de un modo determinado que produzca rendimientos esperados.

 

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