Altas capacidades: la visión esencialista

images

En el mundillo de las altas capacidades conviven cuatro visiones diferentes sobre el mismo fenómeno: 1) esencialista, 2) estructuralista, 3) funcionalista y 4) desarrollista. Visiones que se corresponden a cuatro oleadas y subsumen en su seno semántico diversos modelos y autores. Sobre esto hablé en la entrada ¿Por qué resulta tan difícil avanzar en el ámbito de las altas capacidades?.

Hoy hablaré de la primera de ellas, la visión esencialista. Esta visión es, con mucha diferencia, la más resistente a los cambios. De hecho, fue la primera que afloró y aún hoy continúa con la misma vigencia. Y esto se debe fundamentalmente a que el atributo de la inteligencia se relaciona íntimamente con nuestra identidad. Con lo que decimos a los demás que “somos”.

Salvando las distancias, funciona de modo similar a nuestras opiniones. Están tan relacionadas con nuestras señas de identidad que si las atacan a ellas sentimos que nos agreden a nosotros como personas. Por eso se escuchan o leen tan frecuentemente las expresiones “¡respeta mis opiniones!” o “todas las opiniones son respetables”. Relacionamos tanto nuestras opiniones con nosotros mismos que terminamos por fundirlas en una sola cosa. Y claro, reaccionamos en consecuencia. Por eso resulta casi un milagro que alguien con este nivel de identificación cambie de opinión.

Etimología de identidad, esencia e inteligencia

Para entenderlo mejor acudamos a la etimología de estas tres palabras:

Identidad proviene de identitas, que se descompone en: idem (lo mismo) y -titas (cualidad). Sería aproximadamente la cualidad de ser lo mismo que uno es.

Esencia proviene de essentia, que se descompone en: esse (ser), -nt- (agente) e -ia (cualidad). Sería la cualidad del sujeto de ser.

Inteligencia proviene de intelligentia, que se descompone en: inter- (entre), legere (escoger), -nt- (agente) e -ia (cualidad). Sería la cualidad del sujeto de saber elegir entre diversas opciones.

La esencia es “lo que soy” y la inteligencia es meramente un atribución funcional a “lo que soy”. Sería más bien “lo que hago” o “lo que soy capaz de hacer” (aunque no lo haga). Inteligencia y esencia no son “lo mismo”.

Atribuyo inteligencia a un ser humano pero no la confundo con el ser humano.

Cuando alguien te pregunta por lo que eres (esencialmente) no tiene sentido responder por lo que haces o puedes hacer, ya que esto es contingente. Nadie dice de sí mismo “soy esencialmente médico” porque se dedique en cuerpo y alma a esta disciplina. Esa persona es, obviamente, mucho más que “ser médico”. Pues lo mismo pasa con la cualidad de saber escoger entre opciones (inteligencia): jamás puede usarse como algo que nos defina al completo como seres. Jamás, salvo que sostengas una visión forzada e identifiques plenamente las palabras esencia e inteligencia, (con)fundiéndolas en una sola y pegándolas irremisiblemente a tu identidad, a “lo mismo que eres”.

Las atribuciones son elementos externos que se vinculan a la cosa. Así, puedes atribuir “belleza” pero nadie diría que “soy bello y nada más que bello”, o “soy en esencia bello”, agotando todas las posibilidades de ser algo más que eso. Pero sin embargo, con la inteligencia sí lo hacemos. La pegamos a nuestra identidad y la consideramos “lo mismo” que nuestro ser. Un error categorial de bulto. Persistente y resistente a los cambios.

La visión esencialista

La visión esencialista se centra básicamente en responder a las preguntas:

GENERAL: ¿Qué es la inteligencia?

ESPECÍFICA: ¿Qué es la excepcionalidad intelectual (giftedness)?

Para los defensores de esta visión, la inteligencia (o la excepcionalidad) es una habilidad única o general, asociada a un determinado CI.

Fijemos bien lo subrayado: “asociada a un determinado CI”

Si no está asociada a un CI, no es una visión esencialista en el ámbito de la superdotación. Esto se entiende mejor cuando se distingue el territorio de la inteligencia (o del potencial humano) del mapa político de la “superdotación”. En esta entrada hice el primer esbozo: Dotación intelectual: realidad y construcción social

TERRITORIO DEL POTENCIAL
Todas las personas tenemos inteligencia (en diversos grados y formas). O, con otras palabras, todas poseemos un determinado potencial cognitivo, unas determinadas capacidades (potenciales). Inteligencia-potencial-capacidades que no se ven directamente.

Recalco: La inteligencia es, a lo sumo, un atributo de la persona, NO ES LA PERSONA.

Esta visión NO es esencialista ya que no se asocia a ningún tipo de frontera socialmente construida.

MAPA FÍSICO DE LA ACCIÓN
Como el territorio no se puede ver directamente, se realizan ‘prospecciones’ indirectas a través de las acciones, a través de las actualizaciones del potencial, a través de las habilidades mostradas.

Este examen puede hacerse de diversos modos: midiendo la actividad neurológica durante las “acciones” que se solicite hacer al sujeto, observando las conexiones y otros aspectos estructurales del cerebro de personas a las que les han estimado unas capacidades especiales, a través de baterías de pruebas psicométricas, etc.

PARTE del potencial abstracto del territorio puede inferirse gracias a este mapa físico de la acción inteligencial. Gracias a lo que se demuestra.

Si alguien no muestra, de manera concreta, una habilidad, es completamente imposible inferir ningún potencial. Este detalle es clave en la visión esencialista. No es un asunto baladí.

Quienes despliegan sus potenciales en acciones inteligenciales no se muestran tan cerrados y aferrados como aquellos que, en algún momento, fueron incluidos en un determinado perfil pero no han dado muestras externas de haber desarrollado ninguna habilidad especial. Entienden rápidamente que no sirve de nada la capacidad si no se convierte en habilidad. Aquí está el quid de la cuestión y donde empiezan los conflictos.

MAPA POLÍTICO DE LA GIFTEDNESS
Como el ser humano necesita categorizar todo para hacerlo más operativo, tampoco en este caso iba a ser la excepción.

Así, en función de cada modelo se construyen determinados mapas en los que se trazan fronteras arbitrarias y agrupan las habilidades detectadas en función de su pertenencia o no a un determido espacio político-administrativo.

El modelo más antiguo, el monolítico, creaba ‘países’ con distintos nombres en función de un ÚNICO indicador, el CI. Con 100 años de vida, este mapa solo se sigue usando para los ‘países’ con habilidades por encima de la media. Hace más de 40 años se abandonó esta forma de categorizar a las PERSONAS en los ‘países’ menos favorecidos en el reparto de regalos (gifts) de la naturaleza.

  • ‘País’ de la idiocia: CI de 0-24
  • ‘País’ de la imbecilidad: 25-49
  • ‘País’ de la subnormalidad: 50-89
  • ‘País’ de la normalidad: 90-114
  • ‘País’ de la inteligencia brillante o alta capacidad: 115-129
  • ‘País’ de superdotación moderada: 130-144
  • ‘País’ de superdotación alta: 145-159
  • ‘País’ de superdotación excepcional: 160-174
  • ‘País’ de superdotación profunda: 175 en adelante

¿Y por qué se abandonó? Simple y llanamente porque un dígito NO DEFINÍA a la persona. Y por este motivo ningún ‘habitante’ de los ‘países bajos’ se identifica con el ‘gentilicio’ que se le atribuye. Nadie afirma “soy imbécil” porque al medir algunas habilidades con un medio indirecto se llegue a una cifra de 49. Se presupone, por una lógica aplastante, que esa PERSONA ES MÁS QUE UN CI.

Pues bien, la visión esencialista SÍ SE IDENTIFICA plenamente con el gentilicio que se le adjudica en función de ese indicador.

Implicaciones de esta visión

El problema de fondo del esencialismo en su expresión más extrema es que implica la asunción irrenunciable de que “ser superdotado” está asociado a un CI. Y que este CI es “esencialmente” el atributo de la inteligencia que nos define al completo como persona. Con otras palabras, asumimos que nuestro CI=inteligencia es esencialmente nuestra IDENTIDAD.

No se trata de un “soy” contingente como pasaría cuando decimos “soy médico”, “soy rubio”, “soy débil” o “soy alto”.

No se trata tampoco de un formalismo, de economía de lenguaje o de “una manera de hablar”.

Se trata de una posición vital impermeable al razonamiento que la cuestiona en sus premisas. Da igual lo que se diga y cómo se diga, es inasequible al desaliento. Se ha fijado en las entrañas de la identidad y no hay modo de que se desprenda.

– Da igual que el CI sea una puntuación de síntesis que se obtiene, dependiendo de los tests, generalmente como un promedio. Promedio que oculta los diferentes perfiles que dan lugar a la misma cifra.

– Da lo mismo que el CI estime solo algunos factores vinculados a la inteligencia.

– Es indiferente que el CI varíe, como indica Alan Kaufman, con el tiempo, con las condiciones de la prueba, con las pruebas, etc. Que no existe tal cosa como “el CI de una persona” como un dígito inamovible que te acompaña toda la vida.

– No importa que se deterioren nuestras facultades cognitivas por falta de uso (no hablo de daño fisiológico, que también podría deteriorarlas) o que se mejoren por el uso apropiado.

– No tiene interés que se señale el absurdo de afirmar “ser superdotado” con CI 130 y afirmar “no ser superdotado” con un CI de 129, como si existiera un punto en el que sublimamos como personas y alcanzamos otro estado diferente. O en casos de extrema necedad, “otra especie”.

Da igual todo lo que se argumente. Se mantiene esa postura contra viento y marea. Y si no la puedes sostener en base al inestable CI, añades otros supuestos atributos convenientemente edulcorados (hipersensibilidad, superioridad moral, intensidad emocional, etc) a esa “esencia” para mantener la posición.

Insisto nuevamente en que nadie con un CI de 49 sostiene esa postura esencialista y dice de sí mismo “soy imbécil”. Nadie. Lógico, nadie vincula un atributo presuntamente poco apetecible como la baja inteligencia a su identidad y se presenta como tal al mundo. Pero este pequeño detalle tampoco desarticula la inestable premisa de que “somos esencialmente superdotados y eso no va a cambiar en toda nuestra vida”.

Cuanto más anclada esté en nuestra identidad personal el “soy superdotado”, más extrema es la postura esencialista y, en consecuencia, más absurda me parece porque las premisas sobre las que se sostiene son completamente inestables.

No es lo mismo usar un adjetivo que acompaña a lo que somos como “tengo (alta) dotación intelectual” (o “estoy altamente dotado”) para definir parte de nuestros atributos que utilizar un sustantivo para definirnos a nosotros mismos como persona: “soy superdotado”.

De hecho, algunas personas en lugar de decir “tengo altas capacidades” suele utilizar este engendro: “soy altas capacidades”.

Por esto recalco otra vez que los ATRIBUTOS se tienen. No soy mis atributos, por más que algunos sean especialmente importantes en nuestro modo de estar en el mundo. Tengo una serie de atributos que, lógicamente, influyen en mi forma de sentir, ver, pensar y actuar en el mundo. Atributos que pueden perderse, mejorarse o deteriorarse. Lo que soy no es lo que tengo, por muy bueno que sea lo que tengo. Igual que no soy lo que tengo cuando eso que tengo es malo, débil o de nivel “inferior”.

Tomar conciencia de lo que somos realmente en esencia y evitar atribuciones indebidas es nuestro trabajo como personas con cierto nivel de entendederas. Y queda muchísima pedagogía por hacer en este asunto al que apenas le prestamos la debida atención, a pesar de las consecuencias que siempre conlleva su ignorancia.

Soy súper

En la actualidad se utiliza el prefijo “súper” para casi todos los estados en los que nos encontramos o las características que pensamos que nos definen: estoy superemocionado, estoy superfeliz, soy superperfeccionista, etc. Lo usamos para enfatizar que ese estado o rasgo se sitúa en el extremo superior y para reforzar la idea de que no se puede ir más allá de eso. Así, “estoy superloquesea” o “soy superloquesea” se asocia a otra frase común, “loquesea no, lo siguiente”. El imaginario colectivo asocia “lo súper” a “lo más”. Y dará exactamente igual las aclaraciones que hagas posteriormente sobre el término “superdotado”, que la imagen de “lo más” será lo que se fije. Siempre nos quejamos de que la sociedad tiene una imagen distorsionada de la superdotación, sin advertir que buena parte de la misma emerge de nuestro propio discurso (mito) o de nuestras propias descripciones (estereotipos).

María Peñas lo señala claramente en su tesis doctoral Características socioemocionales de las personas adolescentes superdotadas. Ajuste psicológico y negación de la superdotación en el concepto de sí mismas:

“El prefijo “super” tiene mayores connotaciones negativas, y el prefijo “sobre” es más neutro en este sentido. Las connotaciones peyorativas a las que se hace alusión pueden estar asociadas con la excelencia, la superioridad e incluso con la cantidad. Sirva como ejemplo ilustrativo de lo que venimos comentando el siguiente análisis: “sobredotado” (por encima de la dotación propia o característica de la media); “superdotado” (más dotación o dotaciones que la media). El término “superdotado” se asocia con la posición más elevada de una categoría y “sobre” significa “por encima de”. Tal vez estas distinciones en el lenguaje puedan parecer poco relevantes o excesivamente sutiles, pero es muy probable que sea su uso en la realidad más cotidiana lo que nos permita apreciar sus diferencias.

En este sentido, podemos afirmar que el uso más divulgativo es el del término “superdotado”, usándose apenas el término “sobredotado”. Desde nuestra perspectiva consideramos que, muy probablemente, en el saber popular se encuentran asociaciones, connotaciones y prejuicios como los mencionados anteriormente que se han asumido de forma casi inconsciente.”

Anuncios

Un comentario sobre “Altas capacidades: la visión esencialista

Gracias por su comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s