¿Nada surge de la nada? Nada óntica y nada ontológica

Hace un tiempo, en medio de una conversación con cierta carga metafísica alguien lanzó una pregunta inquietante: ¿Nada surge de la nada? Tras mascar la pregunta durante un buen rato surgió la siguiente reflexión, que comparto para todos aquellos que quieran mover las neuronas un rato.

“Nada surge de la nada” o “de la nada, nada proviene” son expresiones con las que se indica un principio metafísico según el cual ningún ente puede empezar a existir a partir de la nada. La idea también se expresa mediante la locución latina ex nihilo nihil fit. Se suele atribuir al filósofo griego Parménides.

La cuestión de la creación ex nihilo ha dado mucho que hablar, así que en esta entrada no pretendo zambullirme en ese mar metafísico. La idea de esta entrada se ciñe a tratar de distinguir dos aspectos de la nada que normalmente no se diferencian con nitidez. Hay que hilar muy fino para aflorarlo. Este es un modesto intento de aclarar esta cuestión tan sutil.

La nada óntica (no-thing) y la nada ontológica

Sin extenderme mucho sobre el particular, utilizaré una metáfora para tratar de describir burdamente cómo imagino ciertos procesos de la Naturaleza (la pongo en mayúsculas para distinguirla de la biosfera o naturaleza biológica). Piensa en un escalón y trata de seguirme en el periplo sin entrar en detalles literales que perturben la idea general.

La idea del escalón surgió tras la larga discusión que mantuve con un neurofisiólogo que tiene una hipótesis para la emergencia de la subjetividad: la hipótesis del “cambio de escala”. Mediante la misma no sólo describe lo evidente en cualquier emergencia, que es ese propio cambio (la elevación de ese escalón respecto a lo que estaba más abajo, supongamos su fondo), sino que considera fundamental lo que él llama “confinación en la escala”. Es decir, una vez se produce la emergencia el sistema adopta la perspectiva confinada del escalón en el que se encuentra en ese momento. Su visión, por tanto, sería bastante horizontal/superficial, pudiendo observar, por un lado, el escalón en el que se encuentra y, por otro, el vacío-relativo de “más allá”. A esa perspectiva horizontal, superficial, relativa (dependiente de las relaciones que se establezcan en ese plano espacio-temporal), la bauticé como “visión óntica” porque se ciñe al plano dual o dilemático en el que nos movemos habitualmente. Tendríamos en ese plano las presencias: los entes –el ser como ente-, los algos, las cosas, las formas; y, en oposición, las ausencias: los no-entes (la nada), los no-algos, las no-cosas (no-thing), el fondo-relativo. Confinados en ese plano es muy evidente que de la ausencia no surge la presencia, que de la nada, nada surge.

Ahora, si aún me sigues, ampliemos un poco el plano y tengamos en cuenta su faceta vertical, profunda: el plano del que emerge el escalón desde el fondo-suelo. A ese plano vertical, profundo, absoluto (no depende de las relaciones que se establecen en el plano óntico espacio-temporal; en ese sentido, es adimensional), lo bauticé como “visión ontológica”, ese plano que trasciende toda existencia entendida como presencia: el ser que no se agota en lo ente. En ese plano el vacío (la nada) ya no es relativo sino absoluto (es posible que se asemeje o sea la vacuidad “abierta” de ciertas tradiciones orientales), no admite atribuciones o categorizaciones ni tiene relación con nada pero es el fondo-absoluto origen de toda forma (ente) y, por ocultación, de todo fondo-relativo (no-thing). Esto es así siempre que consideremos que toda forma es una elevación a la atención de algo respecto a un fondo. Si ponemos el ejemplo de una hoja en blanco, la hoja sería el fondo-relativo en el que podrían dibujarse formas y el espacio circundante a la hoja sería el fondo-absoluto sobre el que emerge tanto el fondo-relativo (forma respecto al fondo-absoluto) y la forma. Digamos que el plano “ontológico” no está separado del “óntico” sino que forma una estructura inescindible. Pensar en separación nos llevaría del inmediato al plano “óntico” y probablemente acabaríamos entrando en eterna recursión.

Comprendiendo la diferencia ontológica advertimos rápidamente que “ninguna cosa -forma- surge de la nada óntica y toda cosa surge de la nada ontológica”. La primera nada se caracteriza por la ausencia de ente. La segunda nada se constituye por la acción pura (y eterna en su sentido de atemporal, no de duración infinita) de ser. La diferencia entre ausencia de formas o presencia activa de fondo posibilitante.


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