Participación en comunidades sociales

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La participación es como una semilla: vuela, se arraiga en el territorio, crece y da los frutos que alimentan nuestro pensar y sentir. Berta Fernández Caridad

Participar es un verbo que contiene distintas acepciones, desde comunicar algo a alguien a ser socio de un negocio, pasando por recibir una porción de un todo o por tomar parte en algo. En esta entrada me ceñiré a esta última acepción, que es la primera que aparece en el DRAE: tomar parte EN algo.

Destaco la preposición EN porque nos sirve para anclar su carácter interno, íntimo y directo. Esta naturaleza intrínseca será especialmente útil cuando se aluda a los equipos, un sistema de participación activa donde factores como la confianza, el apoyo, la conexión, el refuerzo o la sensación de unidad de acción son nucleares. Es cierto que en la actualidad se utiliza la palabra equipo más para dar ánimos que para describir una realidad conectada, pero a efectos de este somero análisis ignoraremos ese uso laxo.

QUÉ ES PARTICIPACIÓN

A finales de 2011, en plena efervescencia del movimiento 15-M, inicié una pequeña colaboración con la Fundación Avanza en su curso de formación para padres y madres de alumnos con altas capacidades. Junto a Diego Rodríguez elaboramos el tema “la importancia del asociacionismo activo”. Extraigo varios pasajes que elaboré sobre el significado fuerte de la palabra participación, lo que permitirá al lector tener un marco adecuado de comprensión. A efectos de esta entrada, se puede sustituir “asociación” por “organización” sin que se pierda eficacia explicativa.

Introducción. Democracia Representativa y Democracia Participativa

Según nos cuenta Giovanni Sartori en su Teoría de la Democracia, en los años sesenta apareció la llamada democracia participativa como complemento a la democracia electoral y la democracia representativa

«Acudimos a una distinción entre democracia electoral y representativa, por un lado, y democracia directa, por el otro. De la democracia electoral no diremos apenas nada, que se define por la acción de ir a votar. Y de la democracia representativa, bastará decir que es una democracia indirecta en la que el pueblo no se autogobierna sino que elige representantes que lo gobiernan.

Frente a esto, nos queda dar una definición mínima de democracia directa: una democracia sin representación, que es tal en cuanto elimina a los representantes. Una democracia con participación activa

QUÉ ES PARTICIPACIÓN

Para el propio Sartori: «Participación es tomar parte personalmente, un tomar parte activo que verdaderamente sea mío, decidido y buscado libremente por mí. Así, no es un “formar parte” inerte ni un “estar obligado” a formar parte. Participación es ponerse en movimiento por sí mismo, no ser puesto en movimiento por otros (movilización).

Este tipo de democracia rechaza considerar la llamada participación electoral como participación auténtica. Votar es votar y punto; no es suficiente para calificarlo como “tomar parte”, que es involucrarse y comprometerse de forma activa.»

¿Por qué se habla de participar activamente y no simplemente de participar?

Muy sencillo: si no añadimos el modo de participación podemos confundirla con las otras formas principales de participación, la reactiva y la pasiva. Aclaremos estos términos con un ejemplo simplón extraído del deporte rey. Pensemos en la acción nuclear de este deporte: el juego.

Hablamos de participación activa cuando un componente participa en el juego. Un jugador y, en menor medida, un entrenador y un árbitro, participa activamente en la acción principal. El agente asume responsabilidades. En este texto usaremos la palabra responsabilidad en su sentido amplio de “capacidad/poder de responder”, no está ceñido a su sentido más estricto de “deber de responder”. Se trata, por tanto, de una potencia y no de una obligación. El jugador puede responder en el juego, forma parte activa de él. El jugador hace cosas.

En otro sentido, hablamos de participación reactiva a aquella en la que un componente no influye en el juego, en la acción, en el hacer, dedicándose a juzgar, criticar y exigir a los agentes acciones de un determinado tipo. El periodista deportivo sería nuestro ejemplo en esta analogía. Este elemento exige responsabilidades. Es decir, dice a los demás lo que tienen que hacer, y cómo hacerlo, sin entrar él en el terreno de juego. En una asociación, es la modalidad de participación más perniciosa que existe. Alguien que se limita a criticar, sin aportar trabajo alternativo, genera un mal ambiente que repercute en las relaciones entre socios, sobre todo si encuentra otros con un mismo modo de proceder. En muchas ocasiones, como dicta el saber popular, el que más habla es el que más tiene que callar.

Por último, hablamos de participación pasiva cuando un elemento se limita a observar el juego y a esperar una respuesta adecuada a sus intereses de los agentes activos. En nuestro ejemplo, serían los espectadores moderados, esos que simplemente disfrutan o padecen el juego de su equipo; tanto de la acción como de sus resultados. Nuestro componente espera responsabilidades. Esta forma de participación, en principio neutra, es también muy dañina para la organización, sobre todo cuando ésta se desarrolla. No aportan trabajo a la cada vez más compleja realidad asociativa. Y se convierten en una carga para el resto, aunque a cambio paguen una “cuota” de asociado que, en principio, no debería ser motivo suficiente como para esperar resultados a cambio del apoyo al proyecto. Esa cuota no tiene carácter mercantil y, por ende, no requiere contraprestación a cambio. Sin embargo, esta errónea idea es mantenida por la mayoría de socios de una asociación, convirtiéndose de hecho en simples “usuarios” o “beneficiarios” de servicios.

NIVELES DE PARTICIPACIÓN

Otra forma de entender las diferencias en la participación es atendiendo a sus grados o niveles. A través de la escalera de la participación ciudadana de Sherry R. Arnstein podemos vislumbrar esos niveles, desde el menos activo (grados de no-participación o participación pasiva) al más activo (grados de poder ciudadano o participación activa) pasando por niveles intermedios (grados de tokenismo o participación ‘aparente’).

Eight rungs on the ladder of citizen participation

PARTICIPACIÓN EN ENTORNOS ONLINE

Los entornos virtuales son réplicas ligeramente distorsionadas (p.e. por la ausencia de información no verbal) de los contextos reales de participación ciudadana. Algo que podría explicar buena parte de las dificultades operativas que suelen tener los grupos o equipos que trabajan en estas condiciones.

Otro factor clave para entender la escasa incidencia de la participación ciudadana nos la proporciona la Ley de Potencias. Mayo Fuster la explica con sencillez:

“Estudios sobre la distribución de la participación en grupos apuntan hacia una recurrente tendencia a la concentración de la participación en un reducido porcentaje de personasEsta tendencia se ha observado particularmente en comunidades en red, vinculado al hecho de que la interacción en entornos en línea deja “huellas digitales” en forma de datos que facilitan su análisis. Dichos análisis frecuentemente resultan en una distribución de la participación que se ha dado en llamar la “ley de potencias”. Esto es, un 1% de las personas involucradas tendrían una implicación muy fuerte, un 9% contribuirían esporádicamente, y un 90% aparentemente no contribuirían.

Gráfico: 1% contribuidor@s fuertes; 9% esporádic@s; y 90% “no participantes”

Esta distribución generaría un bajo porcentaje de cuentas muy activas y una “larga cola” (long tail) de “no participantes”.

Con estas imágenes tan gráficas muchas personas podrían pensar si realmente merece la pena entrar en una dinámica de trabajo online con un nivel de implicación alto. La respuesta es clara: sí, merece la pena. Eso sí, has de descontar emocionalmente el impacto que supone esta realidad y adaptar el trabajo a la misma. Si tu entorno de trabajo se va a distribuir de este modo, crea espacios específicos que permitan colaborar fructíferamente tanto a ese 1% de constante implicación como a ese 9% de implicación puntual. De ese modo quienes más aportan no se sentirán mal por la presencia de la larga cola de no participantes, y los no participantes no se sentirán mal al comprobar el ritmo de trabajo de los altamente comprometidos. Ante una situación dada, busca una solución, no un culpable.

De todos modos, hay que resaltar que esta estructura no es fija e inmutable sino que es más bien dinámica, ya que existen niveles de incremento de compromiso que permiten entrever que poco a poco las personas van ganando confianza y comprensión para asumir responsabilidades en el grupo o proyecto. Esto nos lo explica Derek Wenwoth:

LAS CUATRO CS DE LA PARTICIPACION

Esto implica que siempre existe la posibilidad de que las organizaciones se vayan nutriendo de nuevas aportaciones, lo que garantizará su mantenimiento en el tiempo. Y es un hecho que muchos de los cambios sociales no se han producido por la movilización consciente de la mayoría de la población sino por la insistencia de pequeños equipos de personas organizadas, capacitadas y unidas en un proyecto común.

EL TRABAJO EN EQUIPO EN UN ENTORNO VIRTUAL

Los equipos se distinguen de los grupos no solo en la concentración de personas altamente comprometidas, que se da por hecho, sino en un modo de organización basado en la confianza mutua, en el apoyo cuando las cosas no salen bien, en la conciencia de unidad que dirige las acciones hacia un propósito común y otras características diferenciales (respeto, transparencia, constancia, etc) que los convierten en un efectivo instrumento de cambio.

Para facilitar la comprensión de la importancia de organizar un buen equipo de trabajo, acudo a un documento de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) titulado El trabajo en equipo en entornos virtuales: desarrollo metodológico. 

“Podemos decir que se lleva a cabo un trabajo cooperativo cuando existe una reciprocidad entre un conjunto de individuos que saben diferenciar y contrastar sus puntos de vista, de forma que llegan a generar un proceso de construcción de conocimiento. Es un proceso en el que cada individuo aprende más de lo que aprendería por sí solo, fruto de la interacción de los integrantes del equipo y, por lo tanto, un trabajo hecho en un grupo cooperativo tiene un resultado más enriquecedor que el que tendría la suma del trabajo individual de cada miembro.

Así pues, un trabajo cooperativo no es un trabajo realizado por un conjunto de miembros en el que cada uno produce una parte del trabajo para, finalmente, yuxtaponerlas todas, sino que comporta una estructura organizativa que favorece una elaboración conjunta del trabajo. 

En un trabajo cooperativo tiene que quedar clara la finalidad principal y última de la tarea que hay que realizar, y esta finalidad, conocida e interiorizada por todos los miembros del grupo, se tiene que poder traducir en el planteamiento de unos objetivos individuales concretos; de esta forma, el resultado de la tarea obtendrá una proyección en una línea común y en un procedimiento común. 

Un trabajo cooperativo no se puede convertir en un reparto de tareas en compartimentos estancos, sino que cada miembro se involucrará y cooperará en la tarea del otro, entendiendo que, en definitiva, se está construyendo un proyecto común.

El éxito del equipo únicamente se conseguirá si todos los miembros del mismo grupo asimilan los objetivos que se plantean y aprenden algo como equipo. La actividad se centra en aprender los unos de los otros, y en asegurarse de que cada miembro del grupo ha alcanzado un dominio de la totalidad del contenido; es importante que la tarea planteada para todos se realice de forma compartida y todos puedan responder a una evaluación individual sin la ayuda del equipo. 

La existencia de una tarea de grupo comporta que los miembros tienen que trabajar en condiciones para resolver un problema de manera conjunta, teniendo en cuenta que cualquier tarea no es adecuada para favorecer el aprendizaje cooperativo. La resolución de problemas de forma cooperativa trabajando en equipo permitirá alcanzar ciertas habilidades como el intercambio de ideas, la negociación de distintos puntos de vista, la confrontación de posturas opuestas, etc., que constituyen la integración de una serie de conocimientos, habilidades, aptitudes y actitudes consideradas importantes como acercamiento a los rasgos que requiere el mundo laboral actual. 

El trabajo en equipo se fundamenta en la consecución de un objetivo común mediante la interacción que comporta el trabajo individual y compartido. Eso implica la adquisición y puesta en práctica no sólo de conocimientos, sino también de habilidades y actitudes.”


BIBLIOGRAFÍA

A Ladder of Citizen Participation – Sherry R Arnstein

¿Qué significado político tiene que sólo el 10% de las personas integrantes de una red participen? Mayo Fuster Morell

Las 4 C’s de la Participación Online – Derek Wenmoth

El trabajo en equipo en entornos virtuales: desarrollo metodológico


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