La medida del éxito

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¿Qué entendemos por éxito?

Éxito viene del latín exitus, que significaba literalmente salida (adoptado con ese sentido por los ingleses como exit), pero también  término, resultado o fin. Con estos últimos sentidos llegó a nuestro castellano actual, para definir el fin o terminación de un negocio o asunto de un modo feliz. Llevar algo a buen término es éxito.

También hay una acepción de éxito, buena aceptación que tiene alguien o algo, que apunta más al impacto externo que a la propia acción u obra. Obviaremos este sentido porque está mucho más cargado de otro tipo de connotaciones que no vienen al caso aqui y ahora.

¿Cómo podemos medirlo?

Para medir un resultado debemos tener en cuenta dos dimensiones: interna y externa. No utilizo el par subjetiva y objetiva porque estos dos términos están cargados semánticamente y nos puede nublar el entendimiento claro del asunto.

 

La Medida Externa

La medida externa del éxito es algo sobradamente conocido. Puede establecerse mediante estándares consensuados socialmente, con independencia de que pueda discutirse su establecimiento, su alcance o su propia funcionalidad.

Tú haces una cosa y al terminarla alguien o algo la valora como éxito (o de otro modo si no se ajusta al estándar).

En un ambiente colaborativo, el éxito señala la consecución satisfactoria de un determinado objetivo (p.e. un trabajo, un proyecto, una instrucción, etc). Cada acción exitosa es valorada en su propio contexto como parte de un proceso grupal que también puede llevar a buen término una acción más compleja, lo que supondría otro éxito, esta vez de rango superior en la escala de valores cooperativos. El éxito de todos es el de cada uno. El éxito de cada uno es el éxito de todos. El éxito se multiplica cuando se comparte.

En un ambiente competitivo, el éxito se vincula más con la acción feliz de “ganar”. Los individuos y los equipos ganan competiciones, ganan medallas, ganan reconocimiento, ganan premios varios, ganan notoriedad, etc. El éxito de un individuo es de ese individuo, no de los demás competidores. Lo mismo pasa con los equipos en competición: solo puede ganar uno. Ahora bien, hay que matizar que para un equipo con objetivos más modestos ganar no es su éxito. Puede ser quedar en buena posición, competir al máximo, etc. Pero como hablamos de medidas externas del éxito, siempre serán otros los que catalogen como tal los resultados obtenidos. Puedes estar orgulloso de tu trabajo y que otros no lo valoren como éxito “objetivo”.

Para comprender mejor por qué debemos considerar éxito también las acciones acometidas que terminan bien, aún sin reconocimiento externo de las mismas, es importante reflexionar sobre el sentido de la medida interna de las cosas.

Si soy extraordinariamente tímido y logro superar ese miedo para exponerme públicamente, habré sin duda logrado un éxito que solo podrá ser medido internamente. Puede que nadie más lo haga, ni falta que hace. He logrado completar con éxito una acción y debo ser coherente conmigo mismo, valorándola intrínsecamente como se merece. Más allá de lo que piensen otros. Ejemplos hay miles en nuestro día a día.

La Medida Interna según David Bohm

(Pasaje extraído del artículo de Gustavo Victor Casillas Lavin)

A la entrada del templo de Apolo, en Delfos, se podían leer dos inscripciones que han sido consideradas, a lo largo de los siglos, como el non plus ultra de la sabiduría. Estas inscripciones se complementaban mutuamente, y su comprensión y puesta en práctica se consideraba de enorme valor para la persona.

Una de ellas, tal vez la más famosa hasta nuestros días, rezaba Gnothi Seauton (Γνώθι Σεαυτόν): “conócete a ti mismo”. Diferentes autores coinciden en que el  auto-conocimiento es una verdadera prueba de sabiduría que implica la sensatez del juicio ante las propias acciones y las acciones de otros, ya que sólo conociéndose a uno mismo es posible valorar a los demás.

El reconocimiento de los propios límites físicos, intelectuales o emocionales, así como de las propias capacidades, permite a la persona una acción más efectiva y  una vida más plena. El auto-conocimiento permite valorar las propias virtudes y debilidades, facilitando de esta forma la superación del individuo.

Por otro lado, en la segunda inscripción se podía leer Meden Agan (Μηδέν Άγαν): “todo con medida”. A diferencia de la primera inscripción, que fue exaltada por el  propio Sócrates, esta última frase permaneció prácticamente ignorada en occidente, hasta que las autoridades sanitarias impusieron restricciones a la mercadotecnia de las bebidas alcohólicas, a fines del siglo XX.

Para comprender la importancia de esta frase, más allá de la recomendación publicitaria que compite con los ya clásicos “aliméntate sanamente” o “come frutas y verduras”, es importante tener en cuenta que, como certeramente señala David Bohm en La totalidad y el orden implicado, el concepto de medida entre los griegos antiguos no se refería a la comparación de un objeto con un patrón externo o unidad… “este último procedimiento se consideraba más bien como una forma de exteriorizar una ‘medida interna’ más profunda, que tenía un papel esencial en todas las cosas.” (Bohm, 1980:44).

Siguiendo con el mismo autor: “Podemos asomarnos un poco a este modo de pensar cuando consideramos los significados primitivos de ciertas palabras. Así, la palabra latina mederi, que significaba ‘curar’ (raíz de la moderna ‘medicina’), se basa en una raíz que significa ‘medir’. Esto refleja el concepto de que se consideraba la salud física como el resultado de un estado de orden y medida interiores en todas las partes y procesos del cuerpo. También la palabra ‘moderación’, que describe una de las más importantes nociones antiguas de virtud, tiene la misma raíz, y muestra que se consideraba esta virtud como el resultado de una medida interna subyacente a las acciones sociales y al comportamiento del hombre. La palabra ‘meditación’, que también tiene la misma raíz, supone una especie de ponderación (pesaje) o medida de todo en el proceso del pensar, que llevará a las actividades internas de la mente a un estado de armoniosa medida.

Así, física, social y mentalmente, la conciencia de la medida interna de las cosas fue considerada como la clave esencial de una vida saludable, feliz y armoniosa.” (Bohm, 1980:45)

De esta forma, para los antiguos visitantes del oráculo en Delfos, si algo iba más allá de su medida propia se encontraba fuera de armonía y estaba destinado a  perder su integridad.

Es por esta razón que el reconocimiento de que todo tiene una medida y la valoración de la justa dimensión de cada cosa es una prueba de sabiduría similar o equivalente al auto-conocimiento. Y es, al mismo tiempo, su complemento, ya que no es posible conocer o conocerse si se ignora la medida interna de aquello que concierne a la propia persona.

La medida así entendida supone una expresión de sabiduría, “una forma de penetrar en la esencia de todas las cosas, y que la percepción del hombre, al seguir los caminos que le señala, será clara y, por consiguiente, producirá una acción generalmente ordenada y una vida armoniosa.” (Bohm, 1980:46)

Lograr darle su justa dimensión a cada cosa es producto de “una forma de observar que tiene que adecuarse al conjunto de la realidad en la cual se vive…” (Bohm, 1980:47-48)


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