Adultos con altas capacidades. Convivir con la complejidad cognitiva

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Estoy en un tejado. Observo la calle con atención. Me fijo en todos los patrones de comportamiento que se repiten.

Por ejemplo, veo a una persona coger una moto todas las mañanas e irse. Puedo describir todo lo que hace con precisión. Puedo describirle a el y su moto, la calle y la ruta… Pero jamás podré saber qué significa todo eso para él sí no se lo pregunto.

Un patrón puede visualizarse como una abstracción (elevación a nuestra conciencia de formas o elementos recurrentes). Un modelo, en ese sentido, sería una estructura hecha de patrones. Todo externo. Todo se establece desde el punto de vista del observador del fenómeno.

Puedo ser un extraordinario observador de la realidad y extraer cientos de patrones. Con ellos puedo generar modelos complejos que ayuden a describir esa realidad. Modelos que se validan o se descartan gracias a muchas investigaciones desde el mismo punto de vista del observador desimplicado del fenómeno.

Simplificando mucho la dinámica, este es el modo científico de generar conocimiento que permite aplicaciones de extraordinaria fiabilidad. En nuestro día a día comprobamos cómo cientos de aparatos funcionan y nos hacen la vida más sencilla gracias al conocimiento científico que el hombre ha ido acumulando durante siglos. Aviones, ordenadores, casas inteligentes, infraestructuras, edificios, medicamentos, aparatos eléctricos, comunicaciones, etc.

David Bohm decía que “Los modelos son representaciones simbólicas que describen los principales rasgos o dimensiones de los fenómenos que representan. Como tales, son sumamente útiles para descomponer fenómenos complejos en representaciones más simples y más fácilmente comprensibles.

Sin embargo, por los modelos se paga cierto precio. En los últimos años se ha empezado a tomar cada vez más conciencia del poder de modelos y creencias sobre la configuración de la percepción. Especialmente cuando son implícitos, se dan por supuestos o se aceptan sin cuestionarlos, los modelos llegan a funcionar como organizadores de la experiencia que modifican la percepción, sugieren ámbitos a la investigación, le dan forma y determinan la interpretación de datos y experiencias de modo tal que se vayan obteniendo los resultados que los mismos modelos profetizan. La naturaleza autorrealizadora y autoprofética de este proceso indica que los modelos se autovalidan, es decir, que sus efectos sobre la percepción y la interpretación se convierten en argumentos a favor de su propia validez, que configuran la percepción de manera congruente consigo mismos. En otras palabras, que todo lo que percibimos tiende a decirnos que nuestros modelos y creencias son correctos. Pero el mayor peligro de este efecto reside en el hecho de que el proceso opera principalmente a nivel inconsciente.

Todo punto de vista depende de ciertos supuestos referentes a la naturaleza de la realidad. Si se reconoce así, los supuestos funcionan como hipótesis; si se olvida, funcionan como creencias. Los conjuntos de hipótesis forman los modelos o teorías y los conjuntos de teorías constituyen los paradigmas.”

Todo modelo explicativo (en realidad, descriptivo) se establece cuando es capaz de dar respuesta a dos preguntas claves en la ciencia:

  1. ¿Qué es? Pregunta que apunta a las formas y estructuras
  2. ¿Cómo funciona? Cuestión que señala a las acciones y funciones

Es evidente que para estudiar fenómenos atmosféricos, geográficos o astronómicos basta con dar respuesta a estas dos preguntas fundamentales. Sin embargo, cuando se trata de estudiar al ser humano, con toda su complejidad interior, estas dos preguntas se quedan terriblemente cortas, en la superficie. No basta con dar respuesta a qué es y cómo funciona el ser humano para comprender al ser humano y sus íntimas razones para tener un determinado comportamiento o pensamiento. En fenómenos donde la primera persona tiene un papel principal no puedes ignorar la pregunta clave: qué significa.

¿Qué significa tener altas capacidades?

Pues bien, el preámbulo anterior, realmente abstracto y difícil de comprender, sirve para entender por qué razón la mayoría de adultos con altas capacidades que he conocido estos años siente (sentimos), en el fondo de su ser, una profunda incomprensión del entorno. Los niños y jóvenes también tienen esa sensación, pero su capacidad de verbalizarlo y encontrar razones de fondo no son las mismas. Le falta bagaje experiencial, vivirlo. Como le pasaba a Will Hunting en esta mítica escena:

Casi toda la literatura científica sobre las altas capacidades, mucho más numerosa para estudiar niños que adultos por razones obvias, se ciñe a dar respuesta a las dos preguntas superficiales. No va más allá. No le interesa ir más allá. No es su competencia.

En este contexto, es normal que los adultos que leemos este tipo de publicaciones sintamos un enorme vacío explicativo en todas ellas. Su poder descriptivo, cuando están bien trabajadas, es enorme, pero no va más allá. No podrían explicar qué significa convivir con la complejidad cognitiva.

Ni siquiera los libros de psicólogos que utilizan sus casos clínicos como ejemplos que ilustran determinados comportamientos llegan al fondo de la cuestión. Solo pueden patronizar determinadas conductas y describirlas de un modo tal que terminan por elaborar auténticos estereotipos con patas, como le pasaba el famoso libro de Jean Siaud-Facchin “¿Demasiado inteligente para ser feliz?”. Y es curioso, porque cuando se analiza desde el punto de vista científico recibe muchas críticas por falta de “rigor”, mientras que si se analiza desde el punto de vista humano recibe más halagos. Muchos adultos que no se re-conocían lo hicieron gracias a ese libro, ese fue su gran poder catártico.

Sin embargo, como digo, una mirada algo más “vieja” es capaz de ver que, a pesar de todo, se sigue quedando en la superficie. Y la sensación de incomprensión continúa. Por ese motivo solo queda el recurso del diálogo entre personas que conviven con esa complejidad cognitiva. Mediante este sencillo mecanismo se logran enormes resonancias cognitivas y emocionales que permiten aliviar esa sensación. Pero claro, generalmente estos diálogos no se producen en abierto o en público, básicamente porque el entorno no lo entiende y se producirían comentarios preñados de ignorancia que impedirían el flujo dialógico.

Si le dices a alguien que piensas en 3D mientras que la mayoría de tu entorno lo hace en 2D lo más probable es que te mire con cara rara, cuando no directamente te diga que eres gilipollas, prepotente, o cualquier otro apelativo cariñoso. Es muy difícil explicar todo lo que pasa aquí dentro y por ese motivo generalmente no lo hacemos. No existe un terreno abonado y fértil para hacerlo. Con el consiguiente perjuicio a uno de mis objetivos idealistas: la comprensión integral del fenómeno de las altas capacidades. Integral porque el aspecto interior es tanto o más importante que el exterior.

¿Qué significa entonces tener altas capacidades? Leído y entendido lo anterior, la respuesta es sencilla: lo que cada persona, en su íntima comprensión vital, entienda que implica esa pregunta. No se puede establecer un patrón común de respuesta a todas las personas con altas capacidades. Lo que significa para mí no tiene por qué parecerse a lo que señala simbólicamente a otros. De ahí la importancia del diálogo, donde se pueden acercar los espacios de significación y nos permiten comprender las distintas representaciones simbólicas internas de otros sin juzgarlas.

Así que cuando leas descripciones de cómo eres y cómo funcionas, no les hagas mucho caso. Siempre se quedarán en la superficie de tu ser. No están escritas para ti sino para que otros sepan cómo actuar cuando ciertos comportamientos tuyos se ajusten a sus modelos.

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Un comentario sobre “Adultos con altas capacidades. Convivir con la complejidad cognitiva

  1. Estimado José Luis:
    Pones el “dedo en la llaga” en muchas cuestiones relevantes. Quizá la principal sea lo de “ver” el mundo en 2D o en 3D. Te gustará, espero: https://www.youtube.com/watch?v=7y3R1cKSEM8, vídeo con el comienzo mi asignatura de “Teoría y Práctica de la Investigación Educativa”.
    Ahora bien, mejor “ver” en… “6D” o en… “34D” o incluso mejor captar que por muchas “D” que utilicemos siempre serán pocas porque “la realidad excede, necesariamente, toda representación de la misma”.
    Si ayudáramos a los niños, desde bien pequeños, a ser “realistas”, es decir hacerles ver la diferencia entre lo que se estudia en las asignaturas y la “realidad”, probablemente descubriríamos que las AACC no son tan raras y que forman – formarían, si no les “jibarizásemos” la mente – parte esencial de la naturaleza humana.
    El hecho de seguir hablando de AACC implica aceptar la ausencia de ellas en la mayoría de la población, lo cual deforma la realidad y “nos” deja tranquilos sin considerarnos obligados a atender las N.E.P. (Necesidades Educativas Personales): https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/13254/62847_Garc%C3%ADa%20Barrera%20Alba.pdf?sequence=1 / https://jfcalderero.wordpress.com/2018/07/04/necesidades-educativas-personales-n-e-p/
    Saludos muy cordiales,
    @JFCalderero

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