Altas Capacidades. Aislamiento vs soledad

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“Mamá, si me muestro como soy no cuentan conmigo para jugar”. Esta frase me taladró la cabeza durante largo rato. De repente, parte de mi infancia resurgió con toda su crudeza. Aquellos juegos inocentes de niños en los que si querías participar te adaptabas al gusto mayoritario de los otros o te quedabas aislado. Por suerte para mí, el fútbol era un juego que me encantaba porque admiraba la habilidad con los pies, algo que no tenía y veía como un mérito tremendo lograr que la diabólica pelota te hiciera caso cuando la pateabas. Y gracias a eso evité largos momentos de aislamiento del enorme grupo de niños que jugaban en la calle (algo casi anecdótico hoy día). Me adapté a dinámicas que no entendía bien y acabé disfrutándolas sin pensar en si me llenaban o no. Evité, sin perder la esencia ni el eje emocional, un aislamiento social prolongado que seguramente me habría dejado marcado de por vida. Además, el aprendizaje de las reglas sociales me lo tomé como un auténtico reto. Al ser extremadamente introvertido (no tímido), el alimento intelectual y emocional me llegaba desde el mundo interior. El mundo exterior era tan fascinante como extraño y decidí conocerlo mejor. Es cierto que podría haber elegido aislarme del mundanal ruido por temor a que me hicieran daño, pero por suerte para mi salud mental no lo hice. Y aprendí muchas claves a base de palos, porque la realidad no es un cuadro de color rosa ni el buenismo es la actitud prevalente en nuestra sociedad. Si te perciben débil, por el motivo que sea, siempre hay alguien dispuesto a recordártelo con crudeza y, en ocasiones, con violencia. Claro, que eso también depende del ambiente en el que te muevas. No es lo mismo vivir en una barriada marginal que en la de las personas más pudientes de tu ciudad. El contexto tan radicalmente opuesto determina muchos de tus aprendizajes y no te queda otra que aprender estrategias de supervivencia intentando no perder tu norte.

Personalmente amo la soledad voluntaria. Esos momentos más o menos largos donde el ruido exterior no perturba y pueden surgir ideas, replantear situaciones, buscar soluciones a asuntos que dan vueltas sin parar, etc. Otras personas no la soportan porque necesitan estímulos exteriores constantes y, desde luego, lo pasan mal en soledad. Se sienten aislados y buscan desesperadamente espacios colectivos donde poder alimentarse. Cada uno es como es y necesita lo que necesita. Ninguna predisposición es mejor que la otra. Introversión y extraversión son tan opuestas como válidas. Pero claro, cada una tiene sus propias estrategias para alcanzar cierto grado de equilibrio mental que es el que te permite afirmar que eres feliz.

¿Por qué cuento todo esto? Pues porque conozco bastantes casos de niños y de hombres que ante estas situaciones donde hay que elegir optan por estar integrados en grupos antes que quedarse aislados por ser como son, por pensar como piensan y por tener los gustos que tienen… Por ser ligeramente diferentes al grupo. O, con mayor precisión, a los gustos implícitamente aceptados en ese grupo, que seguramente no coincidan con ningún miembro individual pero todos aceptan esas concesiones para calmar el instinto de pertenencia, especialmente poderoso en la infancia tardía y la adolescencia. Generalmente se suele hacer mucho hincapié en que muchas niñas y mujeres con altas capacidades privilegian las relaciones sociales a mostrar sus talentos, lo que es cierto, pero hoy quería también añadir que en los niños y hombres ocurre con más frecuencia de lo que se suele contar. Desconozco los motivos pero suelo teorizar que esto puede darse con mayor frecuencia en personas con una sensibilidad superior al promedio. Sensibilidad que cuando se traslada al terreno emocional desde el intelectual puede ser malinterpretada en contextos poco tolerantes con esta manifestación en el hombre. Por suerte esto está cambiando, pero esas frases añejas de “los niños no lloran” no ayudaban mucho a los que sentíamos que llorar era terapéutico en determinados momentos, o que contar lo que sentíamos nos ayudaba no solo a entendernos sino a mejorar nuestra salud mental.

Por último, solo recordaré que la mejor estrategia para evitar el aislamiento o la soledad no buscada es hablar con alguien sensible, con algún alma afín que pueda comprender lo que sientes. Y, desde ahí, armar las estrategias que te permitan equilibrar tu necesaria soledad con la necesaria socialización. Forzar lo uno o lo otro nos tensa y siempre acaba mal.

Así que si eres una persona sensible te aconsejo que cuando estés aislado llores tu soledad no elegida. Y cuando sueltes lastre sécate las lágrimas y continúa tu camino. La sensibilidad no es una debilidad sino una enorme fortaleza y hay contextos donde se valorará como merece. No desesperes porque la vida da muchas vueltas y lo que hoy está negro mañana se pinta de colores. A por ello. Y si percibes que alguien pretende hundirte recuerda que eres un corcho: siempre sales a flote.


Edito la entrada para añadir un comentario que merece la pena incluirse aquí por ser una excelente síntesis. Es de la asociación Absac de Mallorca:

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Se puede superar con ganas, fuerza y amigos. Busca iguales con los que compartir. Cuando caigas, llora, observa, respira, levántate y sigue siempre hacia delante. La sensibilidad, la intensidad emocional y la inteligencia son características positivas. Que nadie te haga creer lo contrario.


5 respuestas a “Altas Capacidades. Aislamiento vs soledad

  1. Hola podrías hacer un post de la doble excepcionalidad la combinación de altas capacidades con algún tipo de discapacidad o trastorno el tema es sumamente interesante estás personas son doblemente excepcionales

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  2. Buenos dias José Luis,
    te leo y te sigo y lo primero que quiero hacer es agradecerte todos los textos que nos regalas. Muchas veces he tenido ganas de escribir un comentario con mi opinión pero casi siempre se quedan en mi cabeza.
    Con respecto a las niñas y mujeres con altas capacidades hay algo que siempre leo y que aunque creo que es verdad me gustaría dar mi propia visión o aportar un peuqeño matíz.
    Sí, las mujeres se esconden y sí uno de los motivos fundamentales es la aceptación social, así lo dice la literatura y así parece ser. Pero cuando leo esto, me quedo con la sensación de que las niñas y las mujeres somos seres fríos y simples que solo deseamos ser aceptadas socialmente por encima de todas las cosas y ya está. Yo creo que mas que querer ser aceptadas lo que quiere una niña es sobre todo no ser marginada (en definitiva estar y sobre todo sentirse adaptada) para poder funcionar normalmente y desarrollarse como persona. No es tanto el desear ser la mas popular de la clase sinó el que otros no te dañen, psicológica y físicamente.
    Te puedo hablar de un caso “imaginario” de una niña de 5 años, sin identificar pero que tiene altas capacidades, teniendo que esconderse en los baños antes de empezar las clases y después de haber llegado al cole en el bus (en ese ratito que queda en medio, cuando aun no ha llegado el profesor), porque otros niños le quieren pegar. Esto en su primer año de ecsuela.
    O que cuando juega al futbol, porque le encanta, acaba con las piernas destrozadas a moretones porque aunque la dejan jugar son muy brutos con ella para que desista. Una niña sin amigas, a la que casi nadie invita a su fiesta de cumpleaños y que acaba sola en los recreos porque la mayoría de sus compañeros creen que es rara y no la ubican ni en un género ni en otro. Una niña que no cuenta nada a nadie porque cree que el problema está con ella, lo único que dice es que no quiere ir al cole. Pues a esa niña la hacen repetir curso porque los profesores no consideran que sea lo suficientemente madura, No sé como se entiende esto de una niña de 5 años ser inmadura. El resto es un alarga historia con cambios de colegio por el medio y diversas aventuras.
    Al final te acabas haciendo fuerte sí y buscando tu propio lugar, desde luego. Cuesta pero entra dentro de lo posible y sobre todo dentro de lo deseado. Pero la sensibilidad extrema está ahí, todo el tiempo. Osea que hay que ser verdaderamente fuerte, todo el rato.
    Por esto es tan importante una detección temprana, hay un abismo entre los niños diagnosticados y los que no lo están. Saber lo que te pasa es fundamental para saber por qué te pasan esas cosas de manera repetida. Saber por qué se genera ese rechazo a tu alrededor con los iguales sistemáticamente.
    Afortunadamente las cosas están cambiando y cada vez hay mas información, mas estudios, mayor formación en los profesionales y un gran apoyo por parte de las asociaciones, porque desde luego lo que no hay es apoyo desde las instituciones gubernamentales.
    Gracias de nuevo.
    Un cordial saludo.

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  3. Apreciado José Luis: yo también sé mucho de la disyuntiva “Aislamiento, introspección, sensibilidad vs integración social”. No es cuestión de entrar aquí en detalles; me voy a limitar a compartir la conclusión vital a la que he llegado después de ciertas tensiones (que, por ser inherentes a la naturaleza siempre “las llevaremos puestas”): No se trata de “o” sino de “y”. Es necesario para un sano equilibrio vital fomentar lo más posible la introspección, la sensibilidad, el silencio interior y también, no en menor grado, la apertura a los demás, la “comunión” con las demás personas (sean como sean). Cualquiera de los dos enfoques enriquecido a expensas del otro genera, pienso yo, conflictos de personalidad y convivencia. Saludos cordiales. JF

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