Covid-19. Proceso de aprendizaje

connection-4884862_1280

Hace aproximadamente 8 años acudí por primera vez a una asamblea de la PAH de Málaga en La Invisible. En una sala de unos 30 m2 nos sentamos unas 30 personas en círculo y comenzó el diálogo en un ambiente entre triste y desesperado. La situación de los hipotecados que no podíamos pagar por diversas circunstancias era crítica. En la charla, los más veteranos lanzaban ideas de cambiar el chip. Casi al final de la misma, una persona que tenía a mi derecha tomó la palabra y espetó: “Yo lo único que quiero es quitarme de encima este problema para poder hacer mi vida normal”. Un compañero le preguntó si eso significaba que volvería a endeudarse si lograba que le quitaran la deuda y su respuesta no dejó lugar a dudas: “Pues claro”. Pues claro, menuda pregunta me haces.

En ese momento comprendí claramente que para aprender de una situación dura es necesario un mayor impacto en nuestras estructuras mentales, en nuestros patrones de comportamiento habituales, para romperlos y facilitar una nueva estructuración.

Hoy vivimos todos una situación extraordinariamente más dura y difícil de gestionar que entonces. Sin embargo, el mensaje que más se repite es el de “cuando salga de esto haré X”, siendo X lo que ya venías haciendo antes. Muy pocas personas se plantean otro escenario que no sea repetir lo mismo, como si nada estuviera pasando, como si solo fuera un mal sueño.

Pero no lo es. No se trata de una pequeña tormenta primaveral que dura poco y luego pasa. Esto es otra cosa de mayor calado que lo iremos comprobando a medida que pasen los meses. Ahora apenas llevamos una semana de confinamiento con algo de movilidad y nos cuesta asimilar que todos los indicadores nos dicen que va para largo. Tan largo como lo será el proceso de quiebra de estructuras mentales. Nada impacta en todos del mismo modo, ni en el mismo momento, ni con la misma intensidad, ni con similar duración o frecuencia. Cada persona lo experimenta de un modo distinto y necesita sus propios procesos para sacudirse el interior, ese mar a veces ignorado, a veces temido, que rige nuestro comportamiento cotidiano.

En este contexto, recuerdo lo obvio: pensar más no es sinónimo de pensar mejor. Como comer más no es comer mejor. No se trata de rumiar pensamientos a todas horas que solo sirven para generar ansiedad y malestar interno, eso es solo ruido interior. Necesitamos aprender a pensar mejor, a ordenar prioridades, a asimilar pérdidas y a ahorrar energías perdidas en la circularización del pensamiento sin freno para destinarlas a lo que nos permitirá superar esta complicada tesitura. Ahora más que nunca toda la fuerza es necesaria para sobrevivir. Mejor o peor, pero salir adelante. Y que esto nos sirva para mejorar como personas, como sociedad y como especie.

Hace poco leía una noticia que dada la vorágine de información que sufrimos no sé si es fiable o no, en la que se decía que se ha reducido ostensiblemente la contaminación del planeta durante este paro forzoso.

Captura

Lo que no ha conseguido encauzar el hombre a través de su comportamiento cotidiano o de sus estructuras políticas lo está logrando un diminuto microorganismo.