Covid-19. El síndrome de la alta credulidad

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En estos tiempos de Pitonisos (saben perfectamente hoy qué va a pasar mañana) y Capitanes A Posteriori (saben perfectamente hoy qué se tenía que haber hecho ayer), encarnados muy frecuentemente en la misma persona, afirmar la ignorancia propia es poco menos que un acto revolucionario.

Pero hay que hacerlo: me declaro absolutamente ignorante, tanto de lo que había que hacer en el pasado como de lo que ocurrirá seguro en el futuro. Reconozco estar absolutamente desbordado por una situación inédita que no sé cómo gestionar a nivel interno. Desbordado por la realidad en sí. Desconcertado por la saturación de información y de opiniones contrapuestas sin solución de continuidad.

Como ser simbólico, narrativo y proyectivo que soy tiendo a pensar que todo el mundo está más o menos igual. Cada persona sabe de lo que sabe, por experiencia, conocimientos o tiempo de dedicación, pero no sabe de todo lo demás al mismo nivel. Ignoramos muchísimo más de lo que creemos saber.  Y asumir la cruda realidad es duro para muchos. Pensamos que si no tenemos una opinión sobre algo -y más si ese algo está en boca de todo el mundo- prácticamente no existimos y el mundo se merece advertir nuestra presencia, así que la ignorancia se transforma en una seria amenaza para nuestro ser. Pero como ocurre con cualquier tipo de amenaza, física o simbólica, nuestra reacción puede transitar por alguna de las tres vías habituales: luchar contra la ignorancia, huir de la ignorancia o permanecer bloqueados ante la ignorancia.

La lucha contra la ignorancia se puede concretar de muchas formas con el mismo fondo: intentar reducirla mediante la adquisición de conocimiento, información, opinión o datos. En momentos de tranquilidad, la búsqueda genera un enorme placer intelectual; en momentos de zozobra, la indagación genera ansiedad porque somos consciente de todo lo que nos falta para poder luchar cuerpo a cuerpo con algo tan gigantesco cuando hacen falta respuestas inmediatas.

Los que luchan contra la ignorancia se centran más en la realidad, en el terreno concreto de la guerra bacteriológica que sufrimos ahora mismo buena parte de la humanidad (ahora mismo más de un tercio y creciendo). Cada uno en su espacio de responsabilidad, ese lugar en el que puede responder con sus propias armas de conocimiento o habilidades, aprendiendo más sobre la marcha mientras tratan de paliar sus efectos. Ahí están todos los que hoy día se baten el cobre en primera línea de batalla, jugándose la vida para protegernos, curarnos, aliviarnos o simplemente acompañarnos si perdemos la batalla individual que todos podemos sufrir sin distinción de aspecto físico, fortaleza, ideología, belleza, inteligencia, estatutos social, color de piel, etc.

La huida de la ignorancia se produce cuando negamos su presencia, su influencia, su grandeza o sus consecuencias. Cuando creemos que no nos afecta en nada y, en consecuencia, nos engañamos pensando que sabemos más de lo que sabemos que sabemos, cayendo en lo que se denominó el Efecto Dunning-Kruger,  el por qué la gente opina de todo sin tener ni idea. La ciencia de la Todología como diría Luis-Mari.

La paralización ante la ignorancia supone asumir que estamos ante algo que nos sobrepasa y no hacer nada por remediarlo. Simbólicamente supone nuestra muerte o nuestra subyugación a un poder superior.

A veces combinamos vías en función de los acontecimientos u optamos por continuar por la misma linde aunque se agote. Eso depende de cada persona. Uno puede abrumarse ante hechos insólitos y, poco a poco, reaccionar luchando contra la ignorancia generalizada o, por el contrario, huir de la misma o permanecer inmóvil hasta que pase el temporal o nos aplaste con su poder.

Síndrome de la alta credulidad

En este contexto bélico, todos los símbolos (capitalismo, comunismo, feminismo, ecologismo, etc) y narraciones (opiniones, artículos, noticias, bulos, rumores, etc) forman parte del arsenal disponible y son nuestros prejuicios, nuestras estructuras ideológicas interiorizadas, los que determinan qué armas escogemos, sin darnos cuenta del proceso de elección ya que usamos los atajos mentales conocidos como sesgos cognitivos.

Cuando reaccionamos huyendo de la ignorancia apostamos ciegamente por nuestras creencias más profundas. Realizamos un acto de fe. Nos encomendamos a esa tabla de salvación y nos aferramos a ella como si nos fuera la vida simbólica en ello. Y anudamos esas creencias profundas con una cuerda muy potente que cierra la puerta a la reflexión: creemos sinceramente que nuestras creencias más consolidadas son producto de nuestro raciocinio y no las conforman nuestras emociones básicas o nuestras reacciones automáticas de supervivencia -mucho más potentes y antiguas evolutivamente hablando-.

Paradójicamente, ese cierre categórico a las ideas que no refuerzan nuestras creencias producto del sesgo de confirmación genera un enorme agujero por el que se cuelan sin control todas las ideas que corroboran lo que ya creíamos previamente. Nos volvemos, sin advertirlo, en seres altamente crédulos con la información que se alinea con nuestros prejuicios. Las catalogamos de verdades indiscutibles.

Y con este arsenal de sesgos iniciamos el contacto con otras personas en espacios simbólicos amenazantes o reafirmantes (reuniones, foros, redes sociales, etc) que actúan como filtro natural o como depurador. Sin embargo, en los últimos años y producto de la facilidad con la que podemos ignorar opiniones contrarias a las nuestras en los espacios virtuales están proliferando las denominadas cámaras de eco. Espacios virtuales de seguridad en los que compartir tranquilamente ideas similares y donde las opuestas son consideradas amenazas a la «salud» del sitio, siendo aisladas, atacadas o expulsadas. Estas dinámicas internas generan un profundo sectarismo que, lejos de invitar a la autorreflexión, refuerzan los portones para no dejar pasar ninguna amenaza. Se convierten en auténticos fortines para poder huir de la ignorancia sin ser perturbados. Y como todos los que se van quedando piensan en la misma dirección se produce una gratificante sensación de autocomplacencia, una sana alegría de haberse conocido.

¿Qué ocurre cuando proliferan fortines? Pues que se producen alianzas y enfrentamientos, en función de si «están conmigo» o «están contra mí». Entramos en una auténtica Guerra Bacterideológica preñada de simbolismos (banderas). Y ya sabemos que en la guerra todo vale con tal de salir victorioso. No importa que la realidad sea extremadamente compleja e imposible de abarcar con una sola visión. Importa dejar claro que mi fortín tiene razón y el tuyo no. Que mi fortín sabría que hacer en el pasado y sabe qué pasará en el futuro. Y que tu fortín es incompetente, ignorante y/o malicioso.  Porque es así y nada de lo que digas o hagas me hará cambiar de parecer. Porque yo lo valgo. Porque yo lo sé a ciencia cierta, la ciencia de la Todología.

Y así estamos ahora, en plena guerra bacteriológica incrementada por la batalla ideológica subyacente. Desperdiciando la oportunidad de luchar contra la ignorancia que nos afecta a todos sin excepción, hasta el más clarividente y listo de nosotros. Un pequeño microbio nos muestra el camino y nosotros nos entretenemos lanzando piedras a los perros que nos ladran desde el otro fortín. Una oportunidad única para aprender tirada a la basura.

Por suerte, una inmensa mayoría de personas están optando por luchar contra la ignorancia o permanecer quietos ante tamaña amenaza. Si no fuera por ellos ya nos habríamos autodestruido.


7 respuestas a “Covid-19. El síndrome de la alta credulidad

  1. Hola!!! Me encantó el blog y El Capitán “A posteriori”…buenísimo!!!!
    El pavo inductivista de Roussel muy oportuno y muy bueno para explicar la pandemia.Ahora el Cisne negro no se si fue tan así porque se manejaba o había ruidos ya que la Fundación Bill Gates el 18 de Octubre de 2019 hizo un simulacro de Pandemia…algo en el inconciente colectivo mundial…?.

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  2. Hola. Te/ les escribo desde Buenos Aires, Argentina. Soy periodista y escritor y acabo de descubrir tu/ vuestro blog, que me parece muy interesante. Ayudado por el cariño de haber vivido en España. Consulta: hace un par de años creé una web periodística/ cultural que se llama Socompa (socompa.info) que hacemos de manera artesanal y solidaria con ciertas causas. La consulta es si nos das/ dais autorización para publicar en Socompa contenidos del blog, obviamente que citando a la fuente. Felicitaciones y gracias. Mi nombre es Eduardo Blaustein.

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