¿Son los partidos políticos cámaras de eco?

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Una cámara de eco es una metáfora que describe espacios comunicativos donde determinadas ideas resuenan sin parar mientras otras que puedan ponerlas en jaque son sistemáticamente rechazadas, despreciadas o atacadas. Por un principio de sonoridad, la cámara se alimentará de la consumación de estas fases:

Fase de Reducción

Consiste en simplificar la realidad para facilitar la digestión informativa. Por ejemplo, si pretendemos tener adeptos a nuestra causa debemos crear falsas dicotomías de «estás conmigo o estás contra mí», «o yo o el caos», etc. El mejor modo de crear una dicotomía falaz es reduciendo las opciones a dos, rechazando cualquier alternativa.

A través de los sesgos es más sencillo. Sesgo datos relevantes o sesgo el grueso de datos de una determinada situación compleja. Solo cuento una parte de la historia, la que me interesa hacer resonar, obviando el resto. Así, el ingreso mínimo vital se convierte en una «paguita para vagos» o una manifestación variopinta en una «manifestación de pijos».

Fase de Señalización

Una cámara de eco se distingue de una burbuja epistémica en que esta simplemente no oye mensajes externos mientra la primera los oye pero para poder atacarlos.

En esta fase es clave identificar a EL enemigo. Mejor uno que varios, por el mismo mecanismo de reducción que nos permite fijar la atención de nuestros seguidores más acérrimos. Y si hay varios no importa, por el principio de exclusión pasarán también al bando de los enemigos -de mi idea-. Así, si estás de acuerdo puntualmente con alguna medida o propuesta del enemigo ideológico, de seguro que te endilgarán la etiqueta de «facha» o «rojo».  En las cámaras de eco no se admiten discrepancias. Te expulsan del paraíso de la confianza si te atreves a criticar algo. Y siendo tan tribales -no triviales, aunque también-, la amenaza coartará a muchos. Recuerdo cómo una amiga, socialista hasta la médula, dejó de repente de hablarme cuando mostré simpatías con el proyecto transversal que pretendía ser Podemos. Simpatías que abandoné pronto cuando comprobé en persona algunas dinámicas que me alejaron definitivamente de él, aunque  hoy día siga recibiendo correos electrónicos de esa formación sin haberlos pedido. O muchos de los contactos virtuales provengan del entorno de ese partido. Y conozco muchas personas valiosísimas en el mismo, como también conozco en Ciudadanos o el PP. Muchos clientes y compañeros de profesión, amén de algún familiar, simpatizan y votan a Vox. El comentario es solo para señalar cómo de sencillo pierde uno la confianza de alguien que está muy metido en la cámara de eco partidista. Es triste pero real. La discrepancia molesta en lugar de enriquecer.

Así, afloran «enemigos de lo público», «enemigos de la libertad», «enemigos del país», «enemigos del progreso», o enemigos de cualquier cosa que digamos defender.

Fase de deformación

Al enemigo ni agua. Hay que afearlo por todos los medios. Fijaos en las fotos que se cuelgan para criticar a los políticos. Siempre tienen posturas forzadas, risas torcidas, rictus extraños, etc. Entonces puedes fácilmente atribuirle intenciones dañinas a todo lo que dice, a todo lo que hace y, llegado al extremo, a todo lo que no dice ni hace. Es importante deformar sin descanso para que quede clara la maldad intrínseca del enemigo. Y abusar de la falacia Ad hominen: nada de lo que diga o haga está bien porque es él. Da igual si objetivamente tiene algún valor. Y esto se comprueba cuando el mismo mensaje sale de otro emisor. No se critica con la misma saña.

Fase de repetición

Una vez reducida la realidad a buenos y malos, señalados y deformados los malos, ya solo queda repetir el mensaje para que se afiance el principio de sonoridad: Cuanto más (fuerte, tiempo, veces) suene, más verdadero parecerá nuestro mensaje. No importará si en el trayecto se haya desmentido en todo o en una parte, el mensaje repetido cala en algunos de tal modo que, tiempo después, lo retoman y vuelven a darle vidilla; los rumores triunfan porque hay muchos que los difunden sin pararse a pensar si son ciertos, medio ciertos o trolas descaradas. Miente sin descanso, que algo queda.

Durante mi estancia en la PAH viví en primera línea una grotesca y descarada campaña de desprestigio de la plataforma iniciada por los medios afines al PP. Se centraron lógicamente en un único enemigo: Ada Colau. La portavoz más conocida del movimiento -no la única- fue objeto de publicaciones tan delirantes como esta en medios escritos que luego resonaron sin cambiar ni una coma por el vocinglero Carlos Herrera.

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¿Ada Colau trabajaba en El Observatori DESC? Sí.

¿Esa ONG era propiedad de Ada Colau? No

Ella no decidía nada respecto a esas subvenciones, que llegaron a lo largo de 9 años, solo gestionaba una pequeña parte de las mismas dentro de su sección -o como se llamara, no lo recuerdo-, aproximadamente 100.000 anuales. Pero este pequeño detalle daba igual, se le afeó que hubiera recibido 3,7 millones y no los hubiera destinado a «sus amigos desahuciados». Con toda la impunidad cínica, sin torcer el gesto. Y así, poco a poco, con publicaciones de esa calidad periodística y con esa escasa catadura moral, la imagen del colectivo fue afeándose poco a poco. Era el objetivo y gracias a la saturación de informaciones sesgadas se logró. Anda que no he escuchado veces que Ada Colau se lucró con estas subvenciones. Esa distorsión de la realidad era tan alucinante como real. Pero oye, nadie rectificó ni una coma y eso siguió ahí.

 

Conclusión

El término cámara de eco se está imponiendo en la literatura técnica para designar la manera en la que los ciudadanos nos informamos en nuestros tiempos impregnados de tecnología, donde nos pasamos el día leyendo las cosas que refuerzan nuestros prejuicios y creencias; donde renunciamos a inclinar la cabeza en el ángulo adecuado para entender los argumentos del otro. Si te informas por tus seguidores y seguidos en Twitter o tus gustadores y gustados en Facebook, lo más probable es que no te enteres de qué va el tema. Esto no es ya que devalúe el debate político. Es que lo elimina de raíz.

Muchas veces nos quejamos de que los políticos parecen vivir en una realidad paralela, y en cierto sentido es verdad, viven en sus cámaras de eco, pero no son los únicos que parecen hacerlo. Sus extensiones mediáticas o hooliganescas trasladan sus mensajes sesgados con la misma facilidad. Por eso cada día es más complicado el debate político, reduciéndose a frases hirientes, cínicas o insultos. Y no digamos la negociación política con grupos parlamentarios donde el interés general no parece ser el eje programático por más que se proclame. Aquí ya se ha consolidado la estulta idea de que negociar es sinónimo de perder o humillarse, algo intolerable en la época de los derechos sin obligaciones. Lo que hace años era normal ahora es «venderse al enemigo». Da igual que tú lo hayas hecho con anterioridad. Siempre dirás que tus intenciones eran buenas y las del enemigo no.

Cuando un medio o un seguidor se manifiesta extremadamente crítico con «los otros» pero escasa o nulamente crítico con «los suyos», pierde toda credibilidad de cara a un tercero no involucrado en esa lucha. El sentido crítico es una habilidad transversal e incluye su aspecto autocrítico. Si no, es mera proyección.


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