Agnotología, o cómo crear ignorancia de forma deliberada

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La ignorancia es poder… y la agnotología es la creación deliberada de ignorancia»

Robert Proctor, investigador

Hace una década acudí en Huesca a unas jornadas que siempre recordaré, por otros motivos diferentes a los que hoy traigo a la palestra. En una de las conferencias apareció un término que me enganchó: gamberro intelectual. La razón era bien sencilla, me sentía identificado. Muchas veces he ejercido ese «gamberrismo» en forma de provocación intelectual, sobre todo en espacios públicos donde la dictadura de lo políticamente correcto ahoga cualquier intento de debate medianamente interesante sobre temas delicados. Sin embargo, en ese contexto desenfadado también hay espacio para el freno y la reflexión, sobre todo si aparecen interlocutores que se toman en serio un asunto, ya sea para aprender sobre él o para aportar algún dato relevante. Uno de los valores que más admiro en cualquier persona que se atreve a interactuar en zonas de riesgo es la honestidad intelectual. Honestidad que en muy pocas ocasiones se alinea con otro término malinterpretado como sinónimo: afinidad intelectual. No es menos honesto aquel que piensa diferente a nosotros.

 

Honestidad intelectual

Para comprender mejor a qué me refiero, comparto este texto:

«La honestidad intelectual debe ser entendida como el máximo intento de no-intencionalidad por parte del emisor, y como el juego limpio o respeto a la libertad de respuesta de los receptores. Se trata también de que quien esté reflexionando pueda asomarse a la sorpresa de las conclusiones de su pensamiento y esté dispuesto a sostenerlas, aun cuando no le convenga. Es por eso que la honestidad intelectual es considerada un culto a la verdad; un modo de aprecio por la objetividad y la comprobabilidad, y el desprecio por la falsedad y el autoengaño.

La honestidad intelectual requiere coherencia y solidez de principios por parte del emisor, sea este un intelectual, un científico, un periodista o un comunicador. Ser intelectualmente honesto significa ser libre, fiel a sí mismo y sostener un fuerte compromiso el discernimiento y la propia conciencia.

El uso de la palabra pública debe estar siempre sometido a las reglas de la honestidad intelectual porque supone el ejercicio de una tarea que conlleva responsabilidades.

La observancia de la honestidad intelectual exige, por lo tanto:

  • La independencia de juicio: el hábito de convencerse por sí mismo con pruebas y de no someterse a la autoridad.
  • Coraje intelectual: decisión para defender la verdad y criticar el error, cualquiera que sea su fuente y, muy particularmente, cuando el error es propio.
  • Amor por la libertad intelectual y, por extensión, amor por las libertades individuales y sociales que las posibilitan.
  • Sentido de la justicia: disposición para tomar en cuenta los derechos y opiniones del prójimo, evaluando sus fundamentos respectivos.

En cualquier caso, estas virtudes deben surgir de un código interno, autoimpuesto, y no depender de una sanción exterior.»

Como se puede comprobar fácilmente, se trata de una rara avis en nuestros tiempos. En cualquier debate público, del asunto que sea (ciencia, política, religión, deportes, sentimiento, relaciones, sociedad, etc), lo habitual es encontrar justo lo contrario: deshonestidad intelectual, en forma de dialéctica erística (el arte de querer tener razón a toda costa), mediante el desprecio explícito o implícito por la verdad, la objetividad o la comprobabilidad de los hechos que se discuten. En este desierto, la honestidad intelectual es un oasis que ayuda a reconciliarnos con esos valores que estamos perdiendo a velocidades de vértigo.

¿Os imagináis una vida política repleta de personas que practican la honestidad intelectual? Yo tampoco. Si existe un ámbito en el que es rechazada de plano o reducida a escombros es en la politiquería. Casi nadie ha progresado en la estructura de un partido político de un tiempo a esta parte enarbolando esa bandera. Y claro, la consecuencia más lógica es el esperpéntico espectáculo que vivimos día sí y día también: demagogia barata, prejuicios ideológicos, apelación a miedos colectivos para captar adhesiones inquebrantables mediante discursos falaces, plagados de interesada desinformación y aplicando recursos de agnotología. Cualquier medio es válido para conseguir un fin, generalmente personalista o partidista.

Agnotología, la ciencia de fabricar ignorancia

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Danah Boyd, fundadora y presidente de Data & Society, apuntó varias claves en la conferencia que dio en la convención de la Biblioteca Pública Digital de América (DPLAfest) el pasado 17 de abril de 2019.

«YouTube es el principal motor de búsqueda que usan los menores de 25 años. Allí acuden a investigar los estudiantes de secundaria y los universitarios. La Digital Public Library of America colabora con muchos socios de prestigio que ponen a disposición del público sus contenidos y sus archivos. Sin embargo, ¿cuánto de ese contenido está disponible en YouTube? La mayoría de socios de la DPLA quieren mantener el contenido en sus sitios web. Quieren que la gente visite su web. Gran parte es visual y textual, pero ¿existen videos que difundan este contenido en YouTube? ¿Cuántos artículos científicos disponen de videos explicativos asociados?

Ahí radica el problema. Una de las mejores formas de sembrar la agnotología consiste en hacer que sea más fácil acceder al contenido dudoso y conspirativo que al material científico. Y dedicarse, también, a desacreditar la información científica disponible.

[…]

Hoy el ruido está en Internet. El objetivo ya no consiste en dirigirse a los medios de comunicación. Primero, hay que crear un universo de contenido y luego difundir el término en los medios de comunicación en el momento adecuado para que la gente busque ese término y reciba un contenido específico. Al utilizar conceptos carentes de significado o falta de información accesible, los manipuladores contribuyen a fragmentar el conocimiento y generar dudas.

[…]

Los manipuladores también saben jugar con la estructura de la información. Sí, optimizan los motores de búsqueda, al igual que los profesionales del marketing. Pero también buscan crear redes que sean difíciles de deshacer. YouTube tiene excelentes videos científicos sobre el valor de la vacunación, pero innumerables activistas anti-vacunas han utilizado sistemáticamente YouTube para asegurarse de que las personas que ven los videos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades también vean los que cuestionan las vacunas o videos de padres que hablan emocionadamente de su visión del resultado de la vacunación. Comentan ambos videos, los ven juntos, los vinculan. En eso consiste la manipulación estructural de los medios. A menudo, los periodistas caen en la trampa de referirse a “ambos bandos“, pero la creación de ‘bandos’ tiene un objetivo político.

No lograremos que el público esté bien informado si sólo nos preocupamos de que el contenido de calidad esté disponible y damos por supuesto que la credibilidad es suficiente para que la gente acceda a él. Hay que comprender la naturaleza de la batalla de la información en red en la que estamos, estar activamente presente cuando la gente está observando y cubrir el ecosistema de información con el contenido que las personas necesitan para tomar decisiones informadas.»

Iñaki Egaña, historiador, comenta sobre este arte que «El elogio de la ignorancia se ha convertido en una declaración de intenciones. Los ignorantes hacen fe pública de sus aptitudes y se manifiestan con altivez y orgullo en todos esos programas que sacuden las televisiones plagadas de tertulianos que, con título o masters o sin él o ellos, agrandan su personalidad plana.

Nos quieren ignorantes para hacer penetrar sus productos políticos o consumistas. El conocimiento es más accesible que nunca, está más democratizado que antaño. Y, sin embargo, la ignorancia se expande a la velocidad de la luz, inducida por esos grupos, esas élites de poder cuya labor es crear confusión, difundir ideas como si fueran naturales y expandir su hegemonía. Porque, como apuntaba Robert Protcor, «existe una industria de creación de ignorancia». Y no hay que ir muy lejos para encontrarla.»

El nacimiento del neologismo

Existe un artículo de la BBC que describe muy bien el origen del término agnotología y le da voz a su creador, Rober Proctor. No se lo pierdan, no tiene desperdicio:

Agnotología: la ciencia de sembrar el engaño para vender productos

17 enero 2016
Un hombre con los ojos vendados camina entre signos de interrogación
La confusión es una de las claves de la propagación de la ignorancia.

 

En 1979, un memorando secreto de la industria tabacalera se hizo público.

Bajo el nombre de «El Tabaquismo y la Propuesta de Salud», y escrito una década antes por la empesa tabacalera Brown & Williamson, reveló muchas de las tácticas empleadas por las grandes compañías para contrarrestar los esfuerzos antitabaco.

Una de las secciones más importantes del documento analiza cómo vender los cigarrillos al gran público.

«La duda es nuestro producto. (La duda) es la mejor manera de competir con el volumen de información que existe en la mente del público en general. También es el medio para crear controversia».

Esta revelación despertó el interés de Robert Proctor, un historiador científico de la Universidad de Stanford (EE.UU), que comenzó a indagar en las prácticas de las firmas tabacaleras y en cómo propagaban la confusión en torno a si fumar causa cáncer.

Proctor averiguó que la industria tabacalera no quería que los consumidores supieran sobre los efectos dañinos de su producto, y que gastaron millones en ocultar informaciones sobre los efectos del consumo de tabaco en la salud.

Esta investigación lo llevó a crear una palabra para estudiar la difusión deliberada de la ignorancia: agnotología.

 

Un arte… y una ciencia

Agnotología es el estudio de actos deliberados para sembrar la confusión y el engañonormalmente para vender un producto o ganar un favor.

Cigarrillos

Las tácticas de las grandes tabacaleras para ocultar las informaciones sobre los efectos nocivos del tabaco llevó a Robert Proctor a inventar una nueva palabra.

«Exploré cómo las industrias poderosas pueden promover la ignorancia para vender sus productos. La ignorancia es poder… y la agnotología es la creación deliberada de ignorancia».

«Analizando la agnotología, descubrí el mundo secreto de la ciencia clasificada y pensé que los historiadores deberían haber prestado más atención a esto».

«El memorando de 1969 y las tácticas empleadas por la industria tabacalera se convirtieron en el ejemplo perfecto de agnotología», dice Proctor.

«La ignorancia no es solamente lo aún no conocido, es también una estratagema política; una creación deliberada de agentes poderosos que quieren que no sepas».

Para apoyar su investigación, Proctor recurrió a la ayuda del lingüista de la Universidad de Berkeley (California, EE.UU), Iain Boal, y juntos desarrollaron el término.

El neologismo fue acuñado en 1995, aunque gran parte del análisis de Proctor sobre el fenómeno había tenido lugar en décadas anteriores.

Ejercicio de equilibrio

La agnotología es tan importante hoy en día como lo era cuando Proctor estudiaba el ocultamiento de los hechos sobre la relación entre el cáncer y el tabaquismo por parte de las industrias tabacaleras.

Una persona con una bolsa de papel en la cabeza

La propagación de la ignorancia es tan importante hoy en día como lo fue cuando Proctor acuñó su término.

Por ejemplo, la duda, motivada por cuestiones políticas, sobre la nacionalidad del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, fue sembrada durante muchos meses por sus oponentes, hasta que se hizo pública su partida de nacimiento en el año 2011.

Otro caso es el de algunos analistas políticos en Australia que trataron de sembrar el pánico al comparar la calificación crediticia del país con la de Grecia, a pesar de que ya estaba disponible información pública de las agencias de clasificación que ponía de relieve las diferencias entre ambas economías.

Proctor explica que la ignorancia a menudo puede propagarse con el pretexto de un debate equilibrado.

Por ejemplo, la idea extendida de que siempre habrá dos puntos de vista opuestos, que no siempre resulten en una conclusión racional.

Así era cómo las compañías tabacaleras utilizaban la ciencia para hacer que sus productos parecieran inofensivos, y esta técnica es utilizada hoy en día por los negacionistas del cambio climático para argumentar en contra de la evidencia científica.

«Esta rutina de equilibrio ha permitido a los hombres fumadores, y a los negacionistas del cambio climático hoy en día, alegar que hay dos versiones de cada historia, que los expertos no se ponen de acuerdo, creando así una falsa imagen de la verdad, y por lo tanto, la ignorancia».

Por ejemplo, dice Proctor, «muchos de los estudios que relacionan el tabaco con agentes cancerígenos se realizaron en ratones inicialmente, y la industria tabacalera respondió diciendo que las investigaciones con los ratones no significaban que la gente estuviera en riesgo, a pesar de que los resultados médicos eran adversos en muchos fumadores».

Una nueva era de ignorancia

«Vivimos en un mundo de ignorancia radical y lo maravilloso es que cualquier tipo de verdad atraviesa el ruido«, dice Proctor.

«(Gracias a Internet) todo el mundo tiene la oportunidad de ser su propio experto, lo cual nos convierte en presa de los poderosos intereses que pretenden difundir la ignorancia»
David Dunning, investigador

«Incluso, a pesar de que el conocimiento sea accesible, eso no significa que se haya accedido a él», advierte.

«Aunque para la mayoría de las cosas esto puede ser intrascendente -como, por ejemplo, para el punto de ebullición del mercurio- para otras cuestiones de mayor importancia política y filosófica, el conocimiento que tiene la gente a menudo proviene de la fe o de la tradición, o de la propaganda, más que nada».

Proctor averiguó que la ignorancia se propaga cuando, en primer lugar, mucha gente no entiende un concepto o hecho y, en segundo lugar, cuando grupos de intereses especiales, como una firma comercial o un grupo político, trabajan duro para crear confusión sobre un tema.

En el caso de la ignorancia sobre el tabaco y el cambio climático, una sociedad científicamente analfabeta probablemente será más susceptible a las tácticas usadas por aquellos que desean confundir y ocultar la verdad.

Pongamos como ejemplo el cambio climático.

Un hombre con los ojos vendados

Cuando la gente no entiende un concepto o un hecho, ciertos grupos de interés que trabajan duro para crear confusión se aprovechan de ellos.

«La primera lucha no es sólo sobre la existencia del cambio climático, es sobre si Dios creó la Tierra para que nosotros la explotemos, si los gobiernos tienen el derecho de regular la industria, si los ecologistas deberían estar facultados, y así sucesivamente».

«No se trata sólo de los hechos, sino también sobre lo que se imagina fluir desde y hacia esos hechos«, dice Proctor.

Tomar nuestras propias decisiones

Otro académico que estudia la ignorancia es David Dunning, de la Universidad de Conrell, EE.UU.

Dunning advierte que Internet está ayudando a propagar la ignorancia.

Es un lugar «donde todo el mundo tiene la oportunidad de ser su propio experto, lo cual nos convierte en presa de los poderosos intereses que pretenden difundir la ignorancia deliberadamente».

«Mientras que algunas personas inteligentes se beneficiarán de toda la información a tan sólo un click, muchos serán engañados por una falsa sensación de experiencia«.

Donald Trump

Las soluciones del candidato a presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que son o bien inviables o inconstitucionales, son un ejemplo de agnotología, dice Dunning.

«Lo que me preocupa no es que estemos perdiendo la capacidad de tomar nuestras propias decisiones, sino que tomarlas se esté convirtiendo en algo demasiado fácil».

«Deberíamos consultar a los demás mucho más de lo que imaginamos. Otras personas pueden ser también imperfectas, pero a menudo sus opiniones recorren un largo camino hacia la corrección de nuestras propias imperfecciones, y nuestra propia experiencia imperfecta ayuda a corregir sus errores», dice Dunning.

Dunning y Proctor también advierten que la difusión deliberaba de la ignorancia está muy extendida en las primarias presidenciales de los Estados Unidos, a ambos lados del espectro político.

«Donald Trump es el ejemplo actual obvio en los Estados Unidos, al sugerir soluciones fáciles que son o bien inviables o inconstitucionales», dice Dunning.

Y aunque la agnotología pudo haber tenido sus orígenes en el auge de la industria tabacalera, hoy en día la necesidad tanto de una palabra como del estudio sobre la ignorancia humana es más fuerte que nunca.

Lee la historia original en inglés en BBC Future


2 respuestas a “Agnotología, o cómo crear ignorancia de forma deliberada

  1. Maravilloso, me ha encantado leer sobre la “honestidad intelectual”, algo tan simple pero tan complejo, dejar a un lado tu ser y centrarte en la idea, grandioso. Por cierto, ¿por qué foros puedo encontrarte para ver tus debates? XD

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