Principio de la manipulación: tocar el ego

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Todos pagamos la novatada de interactuar en internet sin conocer las reglas implícitas en una comunicación virtual ni las dinámicas grupales que nos permitan adelantarnos a determinadas situaciones.

Hace muchos años participaba en un grupo y, como suele pasar, había diversos perfiles de participación. Pero uno de ellos llamaba la atención porque, sin ser el típico troll, rozaba siempre la impertinencia y ponía nerviosos a casi todos. Rápidamente les sacaba de sus casillas y literalmente jugaba con ellos a través de sus emociones desatadas. En una ocasión coincidí con él en un debate. No recuerdo ni el tema ni el tono. Sí me acuerdo de que más tarde me escribió un mensaje privado en el que me facilitó una clave importante que desconocía. Dijo algo así como que era el único que le sorprendía del grupo porque a pesar de haberme tocado el ego no reaccioné como él esperaba.

En ese momento no le di importancia pero se me quedó grabado. Tenía que probar por mí mismo si ese chaval -imagino que era joven- tenía razón, así que comencé a ensayar con determinadas personas de mi entorno real. Había una especialmente egótica (su única conversación consistía en hablar de sí misma, de su familia y de sus cosas) lo suficientemente despistada como para probarlo. Llevábamos como una hora en una reunión y ella no había dicho nada, así que en un momento dado le pregunté por algo que sabía que le interesaba. Inmediatamente comenzó a hablar y ya no paró hasta el final de la velada. El toque sutil había surtido efecto. Posteriormente he ido probando diversos toques y casi siempre lograba el objetivo: llamar su atención, picarle con algún tema, incomodarle o cabrearle.

Gracias a este aprendizaje comprendí lo sencillo que es para algunas personas manipular a otras, con independencia de si el objetivo que se persigue es loable o deleznable.

De todos modos, esto se enmarca dentro de la esfera de la manipulación individual y nos sirve para conocer el origen e interpretar algunas estrategias de manipulación colectiva que triunfan hoy día. Por ejemplo:

Fomentar la distracción

Los grupos de interés no suelen destinar recursos a la manipulación individual. Suelen ser más prácticos y atacar por otras vías de comunicación más efectivas. Se parte del principio de que es mucho más complicado convencer a uno que a un millón.

La distracción consiste en un proceso cognitivo donde se presta atención a algunos estímulos y no a otros. ¿Cómo podemos distraer más eficazmente a un montón de personas? Tocando nuestros egos a través de actividades de entretenimiento en sus dos sentidos fuertes: diversión y dispersión. Cuando te diviertes, no prestas atención a otros asuntos; cuando te dispersas, no sabes a qué prestar atención preferentemente: eficacia probada. Huxley lo describió con precisión quirúrgica en su novela Un Mundo Feliz.

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«Una sociedad, cuyos miembros pasan buena parte de su tiempo no en el presente, no en el aquí y en el ahora y en el futuro calculable, sino en otro lugar, en los otros mundos irrelevantes del deporte y las telenovelas, de la mitología y la fantasía metafísica, encontrarán difícil de resistir las invasiones de aquellos que controlan y manipulan la sociedad.»

Estas invasiones masivas son más conocidas como «colonización mental», esa que reconocemos sutilmente en la progresiva introducción de elementos de otra cultura dentro de la propia, abrazándolos con pasión inusitada: Papá Noel -versión Coca-Cola-, Halloween yankee, Black friday, etc. El otro día comentaban que en Madrid se celebró el 4 de julio. Pero hay otras menos evidentes. No deja de ser extraño que cada telediario no deje de relatar diariamente algo que sucede en los EEUU y  parece que debería interesarnos. Es curioso que   en cambio no estemos igual de informados  de lo que pasa en la República Checa, Polonia, Portugal, Dinamarca, Noruega, Rumanía o Hungría.

Este imperialismo permea toda nuestra existencia, normalizando la colonización y la intención de introducir el «pensamiento único». ¿A nadie le extraña que no incorporemos elementos de otras culturas?

El pensamiento dominante resulta tan peligroso por  intentar homologar  los pensamientos, las emociones y las conductas a UN modelo estándar de mundo que diseñan las poderosas fuerzas financieras e industrias multinacionales y los organismos que las sirven, que son todos. El pensamiento único propone el modelo del “hombre único”, pero no por sus altas cualidades, sino por ser un tipo mentalmente clonado repetido hasta el aburrimiento. No será individual, pero sí individualista  y gregario a la vez. El individualismo resulta útil porque es fácilmente competitivo, difícilmente cooperativo y solidario, y no se altera por pisar personas o valores con tal de hacer méritos para tener su trozo de pastel más grande que el de su vecino. Su complemento útil y necesario es el gregarismo que expresa la homologación del consumo y la foto de la  masa consumista de los centros comerciales. Este doble juego es exactamente  el que se propone el poder dominante en este mundo desde hace mucho tiempo.

Crear los problemas y también las soluciones

Esta estrategia se utiliza hasta la náusea en política, como ironizó Groucho Marx.

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Consiste básicamente en tocar nuestro ego generando problemas donde antes no había de manera que se produzca nuestra reacción inmediata, reclamando medidas que solucionen la situación.

Otra táctica derivada consiste en asustar a la población con medidas drásticas para, a continuación, anunciar una reducción de las mismas. De ese modo, el público las acepta más fácilmente. Si digo que te voy a matar sé que te vas a acojonar y terminarás aceptando que te corte un dedo. Así de sencillo.

Apelar a la gradualidad

Aquí el toque a nuestro ego se produce de modo gradual, poco a poco. Los grupos de interés conocen sobradamente el síndrome de la rana hervida y saben que la población acepta el veneno si viene en pequeñas dosis, a través de sucesivas «normalizaciones» de situaciones previamente inadmisibles. Si en el Congreso alguien suelta un insulto y se le corta, se apaga esa llama. Pero cuando se acepta o se ríe el primero, el siguiente está al caer, hasta que se pasa a una situación de gresca permanente que a nadie le extraña: es normal.

Infantilizar al interlocutor

Hace unos años inventé la noción de Neotenia Social para describir un patrón que me llamaba mucho la atención en adultos.

La característica principal de la neotenia social es la incapacidad de responder activamente (por uno mismo) a una situación. En todas las esferas de la vida social se repite este patrón de escasa o nula asunción de responsabilidades. La “culpa” de todo lo que ocurre es siempre y necesariamente de los demás, del mundo, del empedrado, del entorno o de la abuela que fuma. Y cuando nos piden asumir nosotros el mando de las operaciones preferimos delegarlo en otros, sobre todo para poder luego criticarlos en su acción, tal y como hacen los hinchas en un estadio.

Esto lo conocen perfectamente los grupos de interés (generadores de opinión y de posicionamientos ideológicos), así que no tienen inconveniente en posicionar al público como un conjunto de personas ingenuas o incapaces de hacerse responsables de sí mismas, o de tomar decisiones críticas y responsables. Nos tocan sutilmente el ego infantil que todavía subsiste dentro de nosotros.

Al posicionar a los espectadores de esta manera, los medios de comunicación y los poderes políticos hacen más fácil que el público efectivamente se identifique con esa posición y termine por aceptar las medidas impuestas e incluso apoyarlas con convicción.

Apelar más a las emociones que a la reflexión

Se refiere a enviar mensajes que impacten directamente en el registro emocional y sensible del público, de manera que a través del miedo, la compasión, la esperanza, la ilusión, entre otras emociones o sensaciones, sea más sencillo implantar ideales de éxito, o normas de comportamiento y de cómo deben ser las relaciones interpersonales.

Nuestro ego es especialmente susceptible a cualquier crítica y extraordinariamente receptivo a cualquier halago. Es como una pequeña veleta que se mueve en función de si el viento es favorable o contrario a su diminuto interés. Esto puede estar embridado o desbocado, como pasa en redes sociales como Instragram, donde la exhibición y la esperanza de tener «likes» o «seguidores» es el propósito vital de muchas personas.

Los medios de comunicación, los políticos y las grandes corporaciones no son ajenos a esta bicoca, así que se aplican con toda su energía para generar sentimientos, dejando de lado la razón, el sentido común, la simple reflexión o la mismísima verdad. La objetividad ha dejado de molar, lo importante es validar emociones de nuestro ego. Incluso las que se producen por las continuas «ofensas» recibidas por estar vivo y rodeado de capullos integrales que confunden la libertad de expresión con libertad de agresión.

Reconocer al otro como ignorante y mediocre

Si quieres tener a alguien a tu merced, toca su ego para crearle inseguridad o baja autoestima. Tratar a las personas como masa primordialmente ignorante sin motivación para mejorar genera pingües beneficios porque no se señala a ningún ego en concreto de modo que pudiera provocar reacciones virulentas. Se deja flotar el mensaje y la parte más débil de nuestro ego lo siembra, lo riega y luego recoge sus frutos: asumir nuestra ignorancia y mediocridad sin rechistar. «Tú no puedes entender la situación, es demasiado compleja».

Conocer a las personas mejor de lo que ellas mismas se conocen

Esto no necesita mucha explicación. Aquí el toque al ego se basa en los avances de la propia investigación psicológica o neurológica, en lo que se conoce de nuestro trasfondo mental y cerebral. En lugar de aplicar esa sabiduría para conocernos mejor, la utilizan otros para conocer nuestras debilidades con la sana intención de explotarlas a su conveniencia, manipulándonos con suma facilidad.

¿Ante este panorama, qué nos queda?

Si has llegado hasta aquí, enhorabuena. Después de la soberana manta de palos que hemos recibido -autoterapia a tope-, aún queda esperanza de reaccionar. ¿Cómo? Pues con algo tan lógico como es el trabajo interior. ¿No hay una solución más sencilla, una pastillita que nos desconecte el ego para no picar tan fácilmente? No, lo siento, no la hay. Solo te queda trabajar. Conocerte mejor, aprender lo que otros saben de ti para intentar que no abusen de su posición constantemente. En muchos casos no tendrás la posibilidad de salir de ese acoso diario, pero al menos debes intentarlo con todas tus fuerzas. Es tu vida, y ese pequeño grado de libertad que aún palpita en tu interior quien grita fuerte: ¡Hazlo!

Sé positivamente que este largo texto no lo leerán quienes deberían hacerlo y que la rueda seguirá girando, impulsada por todos aquellos que viven en este mundo feliz. Pero si logra que una sola persona baje de la rueda, se pare a pensar y empiece a reaccionar, habrá conseguido su principal objetivo. Este toque al ego no es precisamente suave, pero es importante para despabilar. La autocomplacencia es nuestra muerte intelectual.


3 respuestas a “Principio de la manipulación: tocar el ego

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