El peligro del analfabetismo emocional

La inestable balanza razón-corazón

La razón tiende al término medio, es centrípeta. La emoción, por el contrario, tiende hacia los extremos, es centrífuga.

La inteligencia emocional, según Salovey y Mayer, consiste básicamente en percibir, facilitar que permeen, comprender y gestionar nuestras emociones.

Debido a su enorme potencia, la ausencia de regulación puede derivar en situaciones de riesgo para el individuo. Es como conducir un Fórmula 1. Cuando aprendes a gestionar el vehículo sabes cuándo es adecuado frenar y cuándo, por el contrario, puedes dar rienda suelta y acelerar a tope.

Como se infiere de la analogía, la razón es el conductor. Y contrariamente a lo que nos han dicho, uno no nace sabiendo manejar sus emociones, que es la excusa perfecta para no hacerlo: “nunca se ha hecho y no nos ha pasado nada, seguimos aquí”. Ahí obviamente se olvida cómo seguimos, claro. Porque no es lo mismo “estar” mal que “estar” bien.

En el momento actual vivimos las lamentables consecuencias del analfabetismo emocional. Cualquiera con facilidad de palabra puede manipular nuestras emociones más básicas de tal modo que nos conduzca a cualquiera de los extremos, donde los maximalismos (todo, nada, nunca, siempre) dominan el paisaje y donde la jibarización de la razón es más evidente.

La publicidad nos inunda de información absolutamente inane que penetra en nuestro sistema emocional, condicionándonos a consumir cosas que no necesitamos. Los políticos nos enseñan solo los aspectos más gruesos de la realidad para conducirnos a las habituales dicotomías del “todo o nada”, del “conmigo o contra mí”, del “orden o caos”, y de “los buenos o los malos”. El colegio nos bombardea constantemente con “lo correcto y lo incorrecto”. Los libros de autoayuda nos enseñan la bondad del “yo” frente a la agresividad del “mundo”. Las amistades nos reclaman presencia cuando les viene bien y ausencia cuando no les interesa.

Vivimos en una montaña rusa emocional sin saber nunca dónde estamos y, peor aún, dónde vamos. El vaivén de las olas emocionales nos hacen errar (en sus dos sentidos de fallar y deambular) sin rumbo por el océano de nuestra convulsa cotidianidad, hasta agotar todas nuestras energías. Vivimos con la pantalla de la memoria emocional constantemente encendida, dándole al play de nuestros recuerdos y olvidando vivir el presente.

En ese escenario, se hace más necesaria que nunca la única revolución pendiente: la de la conciencia. La de darse cuenta de que estamos desperdiciando lo único que debería tener valor para nosotros: nuestra existencia humana. Vegetar no es vivir, como dormitar no es despertar.


5 respuestas a “El peligro del analfabetismo emocional

  1. Gracias por tu artículo. De vez en cuando es bueno que alguien nos recuerde que es imprescindible sacar la cabeza del agua para respirar. Hacer estas pequeñas reflexiones en el atropellado día a día.

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  2. Un equilibrio tan necesario de mantener como difícil de llevar a cabo. En este sentido, la edad es un aliado que actúa como contrapeso y ayuda a nivelar la balanza en multitud de ocasiones. Y es que el paso del tiempo, contra los estereotipos al uso, van acompañados de efectos positivos. Gracias por la entrada.

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