El síndrome Calimero en las altas capacidades

La queja puntual, por un hecho concreto, por un motivo justo, con la intensidad adecuada y con la persona o entidad que corresponda es un ejercicio muy sano. Denota sentido crítico.

Ahora bien, vivir en la queja constante, por cualquier circunstancia adversa, por el motivo que sea, con una intensidad desproporcionada y con todo el mundo es un comportamiento insano para nosotros mismos y también para quienes nos rodean.

Al efecto nocivo de este patrón de comportamiento tan repetitivo se le conoce como Síndrome de Calimero. Y tengo que decir, en honor a la verdad, que en la experiencia acumulada de más de una década trabajando por y con el colectivo de las altas capacidades intelectuales esta forma de comportarse está ganando terreno a pasos agigantados. Básicamente porque en lugar de advertirlo y frenarlo se le estimula, sobre todo en espacios donde la queja ha sustituido por completo a la acción, como suele ocurrir en grupos de esta temática. Parece ser que pocos son los que distinguen el patrón sano de la queja puntual adecuada del patrón insano de vivir en la queja constante indiscriminada. Pero para ayudar a salir de este círculo vicioso, aunque sea a unos pocos que puedan contagiar al resto y cambiar una dinámica autodestructiva, viene bien conocer el síndrome, qué hay detrás del mismo y cómo se pueden atenuar sus efectos para convertirlo en un patrón sano.

Síndrome de Calimero

El psicoanalista Saverio Tomasella habla sobre ello en su libro El síndrome de Calimero. En él hace referencia a esos pollitos gruñones con el caparazón roto en su cabeza y aunque utilice un guiño cómico en sus explicaciones, su contenido está fuera de toda burla.

Para el autor, el fondo de todas las quejas se enmarca dentro de un contexto. Una situación socioeconómica muy sensible unida a una historia de vida muy dura. Ese es el disparador de las quejas. De hecho, afirma que detrás de ellas suele haber un sufrimiento real, un reclamo emocional desatendido de forma reiterada.

Ahora bien, aunque este suela ser el motivo, muchas personas pueden resultar particularmente irritantes para sus seres queridos. Su tendencia a ver todo negro muestra un pesimismo irreductible.

Sin embargo, también estás esas otras en las que sus quejas se enmarcan dentro de una necesidad constante de atención que puede ser difícil de manejar.

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¿Cuándo te conviertes en un “Calimero”?

Saverio Tomasella: Todos somos calimeros cuando los eventos de nuestra vida son difíciles de vivir, nos hacen sentir sufrimiento, incomprensión o injusticia. Cuando es puntual, la queja es positiva porque ayuda a atraer la atención. Es una forma de cambiar la situación cuando nos encontramos con un problema en el trabajo, en una relación, en la familia … Pero hay personas que sienten lástima de sí mismas repetidamente. Nos convertimos en un “Calimero” cuando hacemos la queja, la pena, un esquema relacional, una forma de estar en relación.

¿Son estas formas de quejas un grito de ayuda?

Saverio Tomasella: Los calimeros sobre todo necesitan escuchar que reconocemos su sufrimiento. En otras personas, menos numerosas, a veces hay una forma de complacencia, que se caracteriza por la falta de esfuerzo o una forma de pereza y que consiste en permitir que la situación se pudra para seguir quejándose. Finalmente, una minoría disfruta el sufrimiento o busca llamar la atención.

¿Qué hacer para quejarse cada vez menos?

Saverio Tomasella: Concretamente, los Calimeros pueden intentar reemplazar la queja por la expresión descriptiva de un hecho o un sentimiento, en lugar de sentir lástima por ellos mismos. Por ejemplo, en lugar de decir, “siempre me corresponde a mí”, explica su problema, “hoy fui al cajero automático para retirar dinero. El dispositivo se tragó mi tarjeta. Estoy furioso, no tengo más medios de pago ”. Esto evita la vaga fusión de la autocompasión. Luego dejas el problema muy claro a los demás. En este caso, pueden sentirse preocupados y ofrecer ayuda. Cuando nos quejamos en general, nadie puede ofrecernos una solución concreta.

¿Cómo puedes ayudar a un ser querido que se queja todo el tiempo?

Saverio Tomasella: Lo primero que puede hacer con un ser querido que se queja es tomarse el tiempo para escucharlos haciéndoles preguntas para comprender qué está mal. A veces, cuando realmente se respeta y se renueva, este paso puede ser suficiente. Sin embargo, en algunos casos puede ser necesario decirle al otro: “Estoy haciendo lo que puedo, no puedo más. Puedo escucharte, hacer un esfuerzo. Ahora depende de usted encontrar soluciones a estos problemas. El límite que establecemos pone al demandante cara a cara consigo mismo, mostrándole que no puede derramar continuamente su descontento en una sola persona. Esta parada es importante y a menudo da frutos. O el Calimero se queja con alguien más, o entiende que se necesita terapia, o al menos un cambio.


REFERENCIAS

https://lamenteesmaravillosa.com/sindrome-de-calimero-quejarse-como-una-forma-de-ser-y-relacionarse/

https://nuevoperiodico.com/sindrome-de-calimero-por-que-algunas-personas-se-quejan-todo-el-tiempo/


4 respuestas a “El síndrome Calimero en las altas capacidades

  1. Me parece muy interesante. Es necesario que cada persona comprenda la existencia de, y la necesidad de encontrar, ese borroso punto crítico que separa esa higiénica detección del mal para combatirlo, o minimizar su impacto, de ese síndrome de “calimerismo”.

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      1. Pensando más, creo que no dañarse, y no dañar, es un mínimo necesario, y exigible, al menos en lo que se refiere a los demás.
        Por otro lado, el ser humano tiene una profunda sed de plenitud y no puede – no moral ni psicológicamente – limitarse a evitar sufrir, o generar, daños. Todo su ser personal le impulsa hacia lo bueno, lo mejor.
        Entiendo que cuanto más sensible se es se descubren más matices, se amplifica lo positivo y lo negativo. Creo que no se trata de no detectar, anestesiarse, para no sufrir por el bien aún no alcanzado o por la presencial del mal, sino de, como hace el surfista con la ola, integrarse en la realidad para beneficio mutuo.
        ¿No crees?
        Abrazo,
        JF

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        1. Sí, creo. La consciencia emana a través de estos espacios abiertos de la sensibilidad para percibir tanto lo bueno como lo malo, sin juicio. Normalmente es el ego quien juzga en función de su propio bienestar/malestar, sin ser capaz de integrar la realidad con su riqueza de matices.

          La plenitud es el anhelo del ser, sí, y lo que nos desvía de ella es ese elemento fraccionador

          Le gusta a 2 personas

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