Altas Capacidades. Consecuencias de la desatención educativa

Hoy no escribiré con adornos ni con retórica elaborada. Tan solo trasladaré a texto una pequeña muestra de historias reales. De familias que tuvieron la amabilidad de compartir conmigo algo tan duro como ver a sus hijos sufriendo las consecuencias físicas, emocionales y psíquicas de la desatención educativa.

Consecuencias de todo tipo, como la ansiedad:

«Tiene ocho años. Normalmente es un niño alegre, reflexivo, tranquilo (no se mueve demasiado pero es muy charlatán). Durante el cole siempre entra triste, cabizbajo y serio, se aburre mucho, le cuesta mucho las fichas repetitivas. Después de semana Santa tuvo un episodio de ansiedad el primer día de colegio. Y durante un tiempo ha estado vomitando por las mañanas. No sabía si era físico. Pero no lo es, sólo ocurre cuando se siente mal por las mañanas antes de ir al cole

O el estrés:

«Tengo una niña de 8 años. Cuando nació era incansable, no dormía estaba activa las 24 horas. Cuando llegó el momento de entrar al colegio estaba súper ilusionada y por supuesto nosotros también. Al pasar los días nos llamaron para firmar un papel para evaluarla, ya que no se relacionaba ni atendía órdenes. La psicopedagoga se dio cuenta que la niña leía y tenia un lenguaje muy amplio para sus tres añitos. El primer año nos costó muchos llantos ya que ella no quería participar de nada del colegio. La castigaban viendo como todos sus compañeros salían con sus padres y ella se quedaba en clase media hora más por no pintar. Le causó estrés y no controlaba el pipi, cosa que lo controlaba super bien.»

O ataques de ira por exceso de perfeccionismo:

«Soy una Mamá de dos hijos, uno de ellos detectado como AACC, en el colegio cuando tenia 6 años (1º de Primaria) actualmente tiene 10 años. Cuando me lo comunicaron en el cole su tutora y la psicóloga me lo tomé con tranquilidad y no le di mayor importancia, pero todo empezó cuando estaba en 3º de primaria, en unas de las tutorías con su profesoras debido a que suspendió 2 asignaturas de la primera evaluación del curso, me dijeron que tenía mal comportamiento en clase, que no terminaba sus tareas, que se despistaba, tenía rabietas fuertes…. y que deberíamos poner remedio.

Lo que peor lleva mi hijo es que el profe no lo entienda cuando él se enfada por que no le sale algo bien… y su enfado es más fuerte de lo normal o tiene el impulso de romper el lápiz , los papeles o lo que encuentre a mano. Así que lo que necesita mi hijo es q le ayuden a gestionar sus emociones. Yo en casa intento hacerlo, por eso pido que en el cole también lo hagan. Es necesario para su desarrollo integral. Pero siempre estamos a expensas del profe que le toque. Que quiera o no implicarse de verdad en el tema.»

Adoptar una actitud desafiante por frustración:

«Las secuelas de Erik cuando no lo atienden es que se vuelve más desafiante, más nervioso y como que no da “pie con bola”, se descentra muchísimo. Es un niño muy demandante que necesita que estén muy pendiente de él y mucho refuerzo positivo y motivación. Cuando estuvo en primero con el tutor que le ignoraba y/o castigaba tuvo un periodo muy largo de tiempo que se manchaba los calzoncillos de caca, debido al estado de ansiedad en el que estaba. No se hacia caca encima, pero si se manchaba los calzoncillos. Se mordía las uñas de las manos y de los pies también. Eso lo sigue haciendo la verdad… el año pasado fue otro niño durante el curso, estuvo más calmado y más colaborador, siempre que no es un niño al uso, vive mucho en su mundo y según sus reglas.»

Malestares físicos:

«En el caso de Noa la no atención en el aula ha tenido más repercusiones físicas porque ella de ser una niña que nunca ha tenido ningún problema, empezó en 5 años con dolores de cabeza continuos diciendo que en clase no se podía trabajar porque todo el mundo gritaba mucho, y no podía pensar. En primero de primaria a los dolores de cabeza sumamos dolores de barriga continuos, se empieza a morder las uñas y empiezan a salirle tics, hace un carraspeo continuo con la garganta…. hablamos con su tutora y la orientadora pero ellas no detectan nada.»

Consecuencias del maltrato:

«Para mí fue muy evidente el problema. Cuando mi hijo empezó infantil hablaba perfectamente y se encontró en una clase con niños bastante salvajes que hablaban a empujones y él no toleraba muy bien los ruidos fuertes ni el contacto. Los primeros días disfrutó de la novedad, pero en cuanto empezó la monotonía empezó a sufrir el estar ahí. Me decía: «cuando me dejas en el cole siento que no me quieres, me pegan todos los días y me quitan la merienda» (2.9 años). A lo que respondían tanto su profesora como demás implicados del centro (psicóloga, orientadora…) que era una clara manipulación. Yo pensé que sabiendo que no era así, debía ser muy listo para manipular así con dos años…Pero lo más evidente para mí, que no todos comprendían del mismo modo que yo, era sus arranques de ira hacia mí, y situaciones como tirarse al suelo y gritar : «¡¡¡Mamá estoy triste, no puedo parar de pensar!!!» Así sin más en el suelo del salón de casa.»

«Cambió de cole, pero siguió con el San Benito de los que le conocían y se llevaban mal con él. Con lo cual, mi hijo se pasó el curso solo en los patios y siendo insultado e ignorado por compañeros del cole (yo reconozco que es peculiar y habla de cosas que a sus compañeros no les interesa, pero creo que el cole debe actuar).No quería para nada volver al cole este año. «Mami, el año pasado los compañeros se portaron fatal conmigo, no quiero ir». Yo le animo diciéndole que este año puede ser diferente, pero ya ayer me dijo que lo llamaron idiota, que se burlaron de él y estuvo solo en el recreo. Yo, que a veces soy idiota, le digo, cariño, intenta relacionarte con los compañeros, y el pobre me dice llorando: «Mami, yo hago todo lo que puedo». Sé que no dejará de ir al cole porque es super responsable. Pero creo que sí se tuviera en cuenta sus  circunstancias, el paso de mi hijo por el cole no sería una tortura. En cuanto a las materias, se aburre, pero lo lleva bien. Se enfada cuando algo no le sale a la primera y no le gustan las repeticiones. Sé que los niños tienen que relacionarse, pero mandar a los niños al cole como si fueran a una guerra, no me parece adecuado. Y, además,  el mío no tiene armas ni sabe usarlas.»

Cuadros depresivos:

«Sus conductas desadaptativas y disruptivas fueron in crescendo, se negaba a trabajar, se sentía encarcelado y empezó a desarrollar una conducta desafiante y desconfiada hacia los profesores, quería morirse -al menos eso decía. A esto se le sumaban sus problemas gastrointestinales desde los 3 años (psicosomáticos), tics y mucha ansiedad; cada vez era más inseguro y miedoso, y también la irascibilidad ebullía en su interior de forma constante. No gestionaba bien sus emociones, su tolerancia a la frustración era nula y acabó con sintomatología depresiva y dejó de asistir al centro escolar durante 3 meses. Era capaz de agobiarse por no hacer bien su trabajo, cuando fuera adulto, y que por eso lo despidieran; estrujarse la cabeza para descubrir -cuando fuera mayor-, la forma de regenerar las células para que no nos muriéramos y a la vez cogerse una rabieta por haberse equivocado en un ejercicio de mate. En ningún momento le atendieron, a pesar de las indicaciones del psicólogo clínico con quien acudía a terapia. Eso sí, nos tocó hacer varios diagnósticos diferenciales para descartar trastornos de conducta, TEA y trastorno negativista desafiante. En casa es un amor, responsable, tranquilo, colaborador, cariñoso, FELIZ. Llegó a 2.º de Primaria y aguantó dos trimestres medianamente bien gracias a la gran labor de su profesor, que motivaba mucho a sus alumnos. Aunque seguía sin ser atendido. El último trimestre fue un calvario, empezó a boicotearse el curso, a no acabar las tareas o a hacerlas mal adrede. Ya no se esforzaba, ya no le motivaba nada, en los recreos vagaba de un lado a otro, en casa estaba tirado en el sofá. Y la ira interior seguía creciendo, era un volcán siempre activo. En clase siempre estaba ansioso, con todos los sentidos en alerta, nunca relajado. Dejó de asistir al colegio unos días, en Salud Mental elaboraron un informe: «presenta un cuadro depresivo». Desde mayo con medicación, que si bien hacía  que estuviera siempre cansado y con problemas para concentrarse, al menos estaba tranquilo y era una seta en clase. Llegó el verano y volvieron a crecerle las uñas, volvió a sonreír, ya no  tenía tics y no necesitaba la medicación. Era feliz.»

Hay más historias. Similares o diferentes, pero en el fondo todas parten de la misma raíz: la desatención educativa. La sistemática elusión de la obligación legal de atender a este tipo de alumnado, consagrada tanto en la ley de educación como en la constitución española y, cómo no, en la convención de los derechos de los niños. No es algo que los padres caprichosos deseen para sus hijos, es un derecho reconocido internacionalmente en todos los países firmantes de esa convención, entre ellos el nuestro.

Historias que a nadie parecen importar. Historias que hacen de este país un lugar más pobre, más triste, menos pujante. Un país peor. Una sociedad peor, que en lugar de alentar el desarrollo de todas las personas se dedica a machacarlas porque su diferencia no genera ningún sentimiento de pena, compasión ni genera réditos políticos en forma de votos, el único impulso que parece haber en este país para actuar sin que se te echen encima. Una triste realidad que por no importar, no parece importar tampoco a muchos de los que dicen luchar por este colectivo, dedicados a otros asuntos más lucrativos o de mayor gratificación personal: el ego por encima de todo. Una vergüenza consentida y ocultada por demasiados. Esta es lo más triste, porque si encima no se lucha desde dentro para cambiar esto de una puñetera vez no habrá futuro para nuestras criaturas ni, por supuesto, para nuestra sociedad. Dilapidar el talento es una de las estrategias más nefastas que existen.


6 respuestas a “Altas Capacidades. Consecuencias de la desatención educativa

  1. Lo que percibo detrás de todas estas historias (y más que conozco) es una profunda INCOMPRENSIÓN. Así, con mayúsculas. Raíz inicial de la que derivan todas las demás consecuencias. Por ello es VITAL naturalizar/normalizar la DIVERSIDAD. En el aula y en la sociedad. Admitir que no todos aprenden lo mismo, ni al mismo ritmo, ni de la misma manera. Y posibilitar que cada persona FLUYA en función de sus características personales. Sin aburrimiento y sin ansiedad.

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  2. Muchas gracias, por tu denuncia. Estas historias, y muchas otras desconocidas pero reales, revelan lo poco educativos que son los centros escolares. No solo sufren los niños de AACC, también los de BBCC y los que, como todo el mundo tienen sus propias N.E.P. (Necesidades Educativas Personales: https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/13254/62847_Garc%C3%ADa%20Barrera%20Alba.pdf?sequence=1) que atiende… NADIE.
    ¡Es una vergüenza que este atentado diario contra los Derechos Humanos más básicos pase tan desapercibido ante la pasividad y complicidad de millones de personas!

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