Instrucciones del Ministerio de Educación sobre las “becas” para AACC

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Debido a la importancia del contenido he creado una entrada específica sobre unas instrucciones aclaratorias que ha remitido el Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP) ante la consulta planteada por la administración educativa murciana en relación a algunas cuestiones que en cursos anteriores crearon cierta confusión relacionadas con las ayudas al alumnado con altas capacidades intelectuales, las mal llamadas becas.

Considero que lo deja tan meridianamente claro que debía ser una información disponible para todas las personas relacionadas directa o indirectamente con este colectivo. No se ciñe a esa región sino que es extensible a toda España ya que es el MEFP el que hace la convocatoria de ayudas aunque sean las CCAA quienes la gestionen.

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Correlación NO implica causalidad

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Correlación no implica causalidad. Sí, es importante resaltarlo una y otra vez, machaconamente. Ya sea porque no se comprende o porque, haciéndolo, se ignora para lograr confundir a otros. En esta entrada de Gaussianos lo desgranan con sencillez.

Esta confusión se desliza a lo largo de muchos estudios, sobre todo en ciencias sociales, por lo que hay que ser especialmente cuidadosos con las interpretaciones de datos estadísticos para no dar a entender relaciones de causalidad donde podría ser nada más que una correlación espuria o meramente casual.

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Septiembre y el despertar de las AACC

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Como cada septiembre de cada nuevo curso escolar, las AACC despiertan de su letargo veraniego. Las mal llamadas becas son el pistoletazo de salida para la mayoría en la carrera anual por lograr la atención educativa de nuestros pequeños. Y el regreso al cole nos pone las pilas definitivamente. Estamos en marcha.

Como cada año escolar, se realizan las mismas preguntas y se aportan similares respuestas. Se renuevan los grupos de apoyo o diálogo, los usuarios y los socios de las asociaciones, los proyectos para la mejora de la atención al colectivo. Se organizan jornadas, congresos, seminarios o reuniones más informales para impulsar la sensibilización, visibilización y la formación de los agentes involucrados en este colectivo.

Pero, sobre todo, se repiten los mismos patrones de comportamiento. Patrones de acción que pueden ser consecuentes o contrarios a los patrones de visión o de comunicación. Todo esto genera en los veteranos de la reivindicación una fuerte sensación de estar reviviendo el día de la marmota. Belén Ros, la abogada especialista en AACC más importante de nuestro país y amiga desde hace casi una década, lo deja radicalmente claro en ese texto. Texto que suele levantar ampollas entre quienes no hacen nada por producir cambios, ya sea por falta de tiempo, de ganas, de formación, de confianza en si mismos o de otros motivos; ya sea porque sus discursos y sus acciones no casan entre sí, promoviendo de boquilla acciones reivindicativas (activistas o reactivistas) pero aplicándose primordial o exclusivamente en acciones asistencialistas. Texto imprescindible para comprender qué acciones se pueden acometer y qué mejoras se pueden alcanzar, desde una visión terrenal y no desde el salón teórico de quién no ha pisado estas arenas movedizas de la administración educativa. Cuando eres “joven” -simbólicamente hablando-, tu visión suele ser rupturista y sueles verte atraído por el (re)activismo. Al madurar y llegar a la visión “adulta” del reformismo, tu atracción es hacia el activismo. Y cuando te siente vencido por la lucha, la vida o el sistema que deseas cambiar, en la “vejez” simbólica, adoptas las visión conservadora y optas por el asistencialismo. Es la evolución normal tanto a nivel individual como colectivo. Por eso las revolucione sólo se producen en determinadas condiciones de confluencias de visiones y acciones consecuentes.

Los pocos cambios que se han logrado a lo largo de tres décadas responden a un patrón muy definido.

  1. Olla a presión. La situación es insostenible. Se producen cambios a peor en determinados terrenos administrativos.
  2. Confluyen varias personas con visiones rupturistas y reformistas, que han de luchar no solo contra el sistema sino contra la mayoría de visiones conservaduristas que desalientan la acción: “no lo hagas, no servirá de nada”, “nada va a cambiar”, “nunca he visto cambios”, “lo único que necesitamos es que alguien nos ayude”, etc.
  3. Se unen en organizaciones reivindicativas. Comienzan su trabajo juntos y contactan con diversos agentes de la administración educativa. Si estos agentes quieren trabajar, colaborarán; si estos agentes no quieren trabajar, reivindicarán. Como lo habitual es lo segundo, se generan fricciones lógicas entre quienes tienen los derechos y quienes tienen las responsabilidades -por ley, no por capricho- en el ámbito escolar.
  4. Se incrementa la presencia y presión. Las reuniones de trabajo aumentan. La presencia constante de estas organizaciones en la vida administrativa incomoda tanto que la administración no puede ignorarla, y a regañadientes accede a negociar. Cuando se enroca, las familias unidas pueden ir un paso más allá y denunciar públicamente esta situación. Y la denuncia pública genera movimientos en la administración que produce los cambios.

Pero claro, esta tensión cuesta mantenerla en el tiempo, ya sea por el desgaste propio de la lucha o por el cambio en las condiciones internas de esas organizaciones, que pueden pasar de ser instrumentos políticos a ser meras subcontratas de la administración, realizando el trabajo que éstas no asumen, o a ser empresas que asisten a gran cantidad de usuarios con gran interés personal y nulo interés colectivo en sus acciones, aunque sus discursos parezcan reivindicativos: “habría que”, “deberías de”

¿Por qué damos tanta relevancia a la inteligencia?

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Hace unos días varios medios de desinformación de tirada nacional publicaban la “noticia” de que una niña de tres años era la persona más joven en formar parte del club social Mensa, con varios titulares estrangulables en los que se destacaba que poseía un coeficiente (sic) intelectual superior a Einstein. No hablaré en esta entrada sobre este caso ni sobre el perjuicio que provoca en nuestra lucha diaria por hacer entender el fenómeno de las altas capacidades intelectuales la generación de una imagen aberrada del colectivo que invita a la mayoría de profesionales que han de tratar con nosotros desde pequeños a ponerse las gafas con visión de túnel del “yo no lo veo”. Claro, ¿cómo vas a ver el estereotipo con patas que te venden los medios? Imposible. Pero bueno, digamos que esta deficiencia se cura con formación y con información veraz sobre el asunto. No me entretendré más en esto.

La idea que subyace a todo esto es tratar de entender superficialmente por qué razón el ser humano da tanta relevancia a la inteligencia, lo que genera tanto una viva atracción como un profundo rechazo en función de cómo se interprete y de cómo nos afecte el asunto.

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Potenciar el talento

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La verdadera educación es aquella que se enfoca en desarrollar el talento de las personas desde muy temprano

Hugo Landolfi

 

Talento es una de esas palabras fetiche que estimula todo tipo de estereotipos (esquemas mentales simplificados) y de mitos (relatos que exageran o deforman la realidad) positivos en nuestra sociedad actual. O que genera indisimuladas muestras de rechazo en la sobreabundancia.

Si haces un pequeño rastreo en internet verás decenas de definiciones de talento, y miles de frases impactantes que lo incluyen en su seno. Todos sabemos intuitivamente qué es “tener talento” en una actividad humana cualquiera, ya sea la ciencia, la papiroflexia o la procrastinación.

No hay límites para nuestra imaginación. El talento es toda aquella fortaleza o recurso del ser humano que le posibilita para desarrollar una determinada acción con cierto grado de destreza. Algunos lo sitúan en el espacio de la dotación natural y otros lo localizan en el ámbito de la competencia o habilidad desarrollada.

El talento es relativo

Todo el mundo desea tener talento para algo. Y en ese deseo, confesado o inconfesado, se articulan frases que borran el carácter esencial del talento: es una cuestión de grado, como la estatura o la temperatura. “Todos tenemos talento”, borrando la noción de grado, tiene el mismo sentido -ninguno- que “todos tenemos altura” o “todos tenemos temperatura”. Es obvio que todos tenemos altura, pero también es evidente que no todos tenemos la misma altura… Ni falta que hace. En la variedad está el gusto.

El caso es que el talento, traducido como fortaleza del ser humano, es también una cuestión relativa.

¿Qué quiere decir exactamente que el talento es relativo?

Pues simple y llanamente que se define (se mide, se evalúa o se estima) siempre en relación a un determinado marco de referencia.

Si el marco de referencia somos nosotros mismos, sabemos o intuimos que todos tenemos fortalezas y debilidades relativas (relativas a este marco que soy yo mismo). Con otras palabras, si se me da mejor las matemáticas que el deporte, afirmo que mi fuerte son los números y mi debilidad es la actividad física.

Si el marco de referencia se amplía a nuestro círculo de amistades o de personas conocidas, esas mismas fortalezas y debilidades se “relativizan”, se disponen en función del nuevo marco. Así, puede ser que mi fortaleza con las matemáticas, puesta en relación con un grupo grande de compañeros de estudio, se convierta en algo normal o incluso por debajo de la media de ese grupo. O puede que no, que destaque aún más dentro de ese grupo. Incluso puede darse el caso que mi debilidad relativa (a mí mismo) del deporte sea una fortaleza en el seno de ese mismo grupo. Que yo sea mejor deportista que la mayoría de mis compañeros aunque dentro de mí mismo no sea el talento más destacado.

 

Minar o mirar las fortalezas

Esta confusión de la relatividad del talento produce esperpentos cuando no se comprende en su propio marco de relaciones. Y sirve de excusa para no hacer nada para potenciar el talento de una persona. “Sí, se le da bien los números, pero no destaca tanto como sus compañeros”, o “sí, parece que comprende las matemáticas pero debería hacer más deporte para socializar con sus compañeros”. El eje de cada excusa se sitúa siempre fuera del foco importante: las fortalezas o los talentos de cada uno.

A ver, si a la chica se le da de muerte la música, centra tu energía en proporcionarles oportunidades para desarrollar ese talento. No te preocupes tanto en tratar de paliar otros aspectos en los que ella misma no destaca o no se siente en su “elemento”. Si al final lo que se le da bien de manera natural será lo que le permita volar, lo que le aporte la autoestima para trabajar sus debilidades relativas -si lo desea- o para aceptarlas como parte de un ser complejo e imperfecto que vive con sus contradicciones internas, con sus luces y sus sombras, y no pasa nada malo con eso.

Y esto es válido para aquellos que tienen niveles de fortaleza relativamente altos dentro de un amplio grupo o dentro de una métrica estadística general (medido en percentiles) y para los que poseen un nivel de fortaleza por debajo de la media general. Todas las personas tienen el derecho reconocido internacionalmente de desarrollar sus talentos hasta el máximo de sus posibilidades. A veces, con la simple acción de no entorpecer o torpedear su desarrollo natural bastaría. Otras, con la puesta en marcha de técnicas, tácticas o estrategias para potenciar el talento, ya sea en empresas, en equipos deportivos, en clubes sociales o en cualquier tipo de organización humana.

El talento es un capital humano, social y simbólico de primer nivel que toda sociedad avanzada y concienciada trata de cultivar, cuidar, retener o captar para progresar. Todo talento suma, desde el más pequeño al más grande, desde el más evidente al más escondido. La cuestión es amarlo, dejarlo ser. Como esas flores que no las cortamos porque las amamos como son.

Y esto que es tan sencillo de ver, parece una auténtica quimera en países como el nuestro, que lo despilfarra a manos llenas salvo en los casos de determinados talentos deportivos que, sintiéndolo mucho y valorando algunas de sus aportaciones destacadas (aprender a trabajar en equipo, solidaridad, fair play, etc), no van a lograr impulsar una sociedad más justa, más coherente, más sabia, mejor preparada y con mejores ideas para que la sociedad en la que viven de un salto adelante. No se puede avanzar cultivando el complejo de enfermera de la Cruz Roja, como dijo una vez el actor Juan Echanove. Pablo Bujalance: “La postura oficial del carácter español hacia el talento es la de la viva sospecha. Cualquiera que no sea susceptible de merecer nuestra caridad cristiana es, como mínimo, ínclito a lo pecaminoso”.

La educación es el mejor instrumento para fomentar el talento en todas las actividades humanas. Pero un mal uso de ese instrumento sirve para frenarlo. La misma herramienta es parte de la solución o parte del problema. Y viendo cómo estamos en la actualidad creo que la respuesta es clara.

El talento requiere visión de largo alcance y mucho esfuerzo para llegar a desplegarse hasta el máximo de sus posibilidades, como suelen recordar algunas personas relevantes:

  • El talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa el individuo talentoso del éxito es un montón de trabajo duro.-Stephen King
  • El genio es talento incendiado por coraje.-Henry Van Dyke
  • Puede haber personas que tengan más talento que tú, pero no hay excusa para que cualquiera pueda trabajar más que tú.-Derek Jeter
  • No hay tal cosa como un gran talento sin gran fuerza de voluntad.-Honoré de Balzac
  • Cada talento debe desplegarse en la lucha.-Friedrich Nietzsche
  • El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos.-Michael Jordan
  • El éxito es lo que haces con tu habilidad. Es la forma en que utiliza tu talento.-George Allen, Sr
  • El artista no es nada sin el don, pero el don no es nada sin el trabajo.-Émile Zola
  • El talento es un multiplicador, mientras más esfuerzo inviertas en desarrollarlo, mayores serán los resultados que obtendrás.-Marcus Buckingham
  • El genio está conformado de dos por ciento de talento y del 98 por ciento de perseverante aplicación.-Beethoven
  • Los que presumen de su coeficiente intelectual son unos perdedores.- Stephen Hawking

Entrada inspirada en un vídeo que ha tenido la gentileza de compartir con algunas personas Johana B. Argüeso. Gracias.

Alta Capacidad no es sinónimo de Alto Rendimiento

¡Ojos que a la luz se abrieron
un día para, después,
ciegos tornar a la tierra,
hartos de mirar sin ver!

Antonio Machado

Decía Albert Einstein que “el verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación”, y qué razón tenía nuestro sabio de cabecera. La inteligencia puede visualizarse como un proceso fluido de gestión de contenidos de conciencia de diversa índole. Evidentemente, esta no es una definición académica o formal de inteligencia. Por más que busques en la literatura científica o filosófica no la vas a encontrar, ni falta que hace. Es una propuesta para estimular tu imaginación y que trates de salir de los surcos trazados previamente.

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Altas Capacidades. El poder de las familias

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Las familias tienen las llaves del cambio y la mayoría no lo sabe.

Si tú no crees que es posible cambiar o si tú no quieres cambiar, el cambio no se produce.

Al sistema hay que forzarlo para que cambie. Nunca lo hizo con bellas palabras o con razones desprovistas de pasión y convencimiento.

Todo empieza y acaba en las familias. El Alfa y el Omega de las AACC.

Es tan simple que asusta.

Asusta al sistema, que hace todo lo posible por desactivar ese poder. Y asusta a las propias personas que empiezan a atisbarlo.

Los cambios sociales relevantes se producen gracias al empuje de los interesados en ellos. Las barreras explícitas o implícitas del sistema se resquebrajan ante una voluntad colectiva firme.

Está en nuestras manos. Siempre lo ha estado y siempre lo estará. Solo hay que darse cuenta y empezar a moverse juntos. Si cada individuo o grupo hace la guerra por su cuenta el sistema, en lugar de ceder aumenta su presión. Gana posiciones, se acomoda, y aplasta todavía más. La apisonadora se encuentra a gusto cuando tiene el terreno despejado o escasamente organizado.