Altas capacidades: la visión esencialista

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En el mundillo de las altas capacidades conviven cuatro visiones diferentes sobre el mismo fenómeno: 1) esencialista, 2) estructuralista, 3) funcionalista y 4) desarrollista. Visiones que se corresponden a cuatro oleadas y subsumen en su seno semántico diversos modelos y autores. Sobre esto hablé en la entrada ¿Por qué resulta tan difícil avanzar en el ámbito de las altas capacidades?.

Hoy hablaré de la primera de ellas, la visión esencialista. Esta visión es, con mucha diferencia, la más resistente a los cambios. De hecho, fue la primera que afloró y aún hoy continúa con la misma vigencia. Y esto se debe fundamentalmente a que el atributo de la inteligencia se relaciona íntimamente con nuestra identidad. Con lo que decimos a los demás que “somos”.

Salvando las distancias, funciona de modo similar a nuestras opiniones. Están tan relacionadas con nuestras señas de identidad que si las atacan a ellas sentimos que nos agreden a nosotros como personas. Por eso se escuchan o leen tan frecuentemente las expresiones “¡respeta mis opiniones!” o “todas las opiniones son respetables”. Relacionamos tanto nuestras opiniones con nosotros mismos que terminamos por fundirlas en una sola cosa. Y claro, reaccionamos en consecuencia. Por eso resulta casi un milagro que alguien con este nivel de identificación cambie de opinión.

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La atención a la diversidad desde dentro. Iris Carabal

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Se ha escrito, se escribe y se escribirá mucho sobre la atención a la diversidad en el marco de una escuela inclusiva. Pero a veces hay que aterrizar ideas y compartir las opiniones de quienes viven esa realidad en el día a día. Este es el caso de Iris Carabal, maestra de educación primaria especializada en la rama de pedagogía terapéutica, más conocida como PT o educación especial.

En su perfil de Twitter (@IrisMaestraPT) compartió unas reflexiones que, tras solicitarle el correspondiente permiso, publico en este blog para darle difusión entre sus lectores habituales. Sin más, os dejo con ellas, las verdaderas protagonistas de esta entrada.

También podéis seguir su web http://avanzandoconemociones.com/ donde comparte contenidos interesantes sobre esta esquiva realidad docente.

Reconozco que tengo debilidad por las personas que hablan desde el terreno y no desde el púlpito. Y más en estos días donde hay tantas personas que tienen que decir algo y tan pocas que tienen algo que decir.


 

Voy a contaros algunas opiniones personales que tengo sobre las personas que nos dedicamos a la educación especial y la atención a la diversidad. Maestros especialistas de pedagogía terapéutica o audición y lenguaje, logopedas, psicólogos infantiles, fisios pediátricos… etc.

Me parece que (en el ámbito educativo) formarse en atención a la diversidad requiere mucho más esfuerzo que otras especialidades. Lo veo mucho más complejo.

Dedicarse a la atención a la diversidad requiere de una sensibilidad especial que no todas las personas tienen.

La atención a la diversidad nos expone a relacionarnos con niños, jóvenes y adultos con problemáticas complejas que en ocasiones nos acaban afectando psicológicamente. Problemáticas que van desde desencuentros familiares hasta problemas muy graves de salud.

Las personas que abordamos las diferentes problemáticas que debilitan la calidad de vida de las personas con las que trabajamos, estamos expuestas a sufrir problemas psicológicos con mayor facilidad que otras personas de otras especialidades.

A día de hoy sigo creyendo que la atención a la diversidad y la educación especial está muy infravalorada o estigmatizada. A día de hoy gran parte de la población nos considera “los pobrecitos”.

La educación especial es posiblemente la especialidad que más provoca en los docentes que estos se replanteen su trabajo y esfuerzo diario.

Todos los maestros y maestras, sean del nivel que sean y al margen de la especialidad que hayan cursado, deberían pasar un año de su vida trabajando en un centro de educación especial.

Los profesionales con destino definitivo en un centro de educación especial (enfermeros, fisios, psicomotricistas, maestros, logopedas… etc) deberían tener derecho a trabajar durante un curso en otro tipo de centro cada cierto tiempo (2/3 años) y sin perder su plaza oficial.

Está totalmente infravalorado el desgaste físico y psicológico de los especialistas que atienden la diversidad.

Nuestro trabajo está totalmente infantilizado.

A día de hoy gran parte de la población desconoce que los maestros especialistas estamos expuestos con demasiada facilidad a agresiones verbales, físicas y psicológicas por parte de un porcentaje (no precisamente bajo) de nuestro alumnado.

No todas estas agresiones por parte de nuestro alumnado se producen de manera premeditada. En ocasiones son un mecanismo de defensa producido por una falta de comprensión de lo que sucede en su contexto o una incapacidad comunicativa.

En otras ocasiones, en menor medida, las agresiones por parte de nuestro alumnado son totalmente premeditadas y se dan con ensañamiento.

Pocos saben de esta situación de riesgo físico y psicológico a la que estamos expuestos. Y todavía menos saben que aunque las suframos, al día siguiente volveremos al trabajo con nuestras mejores intenciones.

A los especialistas, cuando realizamos actividades cuyo objetivo fundamental es la inclusión social, nos gusta anticiparnos a los prejuicios con los que nos vamos a encontrar durante “la excursión”.

Creo que muchos nos acabamos acostumbrando a que nos miren raro y nos señalen cuando hacemos salidas con nuestro alumnado.

Hasta donde he podido observar, muchos especialistas hacemos humor negro de nuestro trabajo. Y hasta el propio alumnado lo practica a veces. Esto me recuerda mucho a .

A día de hoy sigue sin hacerse una relación entre el concepto de educación especial y la idea de desarrollo intelectual. Como si atender a la diversidad no implicase un trabajo curricular lo más avanzo posible. Siempre se entiende como una intervención en negativo, hacia atrás.

La atención a la diversidad en cualquiera de sus formas es uno de los trabajos más enriquecedores que pueden existir. Estoy segura de ello.

Insisto en que no debería dedicarse a esto personas que no cuenten con una sensibilidad especial para empatizar y entender a personas con diversidad funcional.

Profesiones de este calibre requieren toneladas de paciencia.

Atender a la diversidad requiere una formación continua, actualizada, científica y de calidad.

La atención a la diversidad, desde la rama educativa, requiere que los profesionales que se dedican a ella sean creativos a la vez que dominen todos los contenidos de manera minuciosa para saber adaptarlos a las necesidades del alumnado.

Atender a la diversidad de manera profesional y correcta exige de un dominio propio, una gestión emocional y una batería de conductas adaptativas y habilidades sociales que no todos tienen.

Los maestros de educación especial tenemos uno de los trabajos más delicados y cuidadosos de todo el sistema educativo.

Este trabajo nos coloca frente al abismo que se abre ante las personas en situación de riesgo y exclusión social. Estamos en primera fila para verles caer o volar.

Nos hace reír a carcajadas y llorar de rabia y desesperación. Nos crea una coraza y a la vez nos vuelve más sensibles. Nos hace sentirnos más vivos y más humanos.

Sobredotación y sobreexcitabilidades. Parte 8 de Cazamitos

Dr. Devon MacEachron

Artículo original: Giftedness and Overexcitabilities: Part 8 of Myth Busters: Alternative Therapies for 2e Learners

¿De dónde viene el concepto de sobreexcitabilidad?

La sobreexcitabilidad fue introducida en la psicología por el psiquiatra polaco Kazimierz Dabrowski en la década de 1960 como parte de su “teoría de la desintegración positiva”. La teoría propuso que la tensión psicológica y la ansiedad son necesarias para alcanzar los niveles más altos de crecimiento personal y moral. Por lo tanto, estos procesos “desintegrativos” (tensión y ansiedad) fueron vistos como “positivos”. Dabrowski creía que algunas personas tienen más “potencial de desarrollo” que otras, y que la alta inteligencia y la sobreexcitabilidad eran factores predictivos.

Entonces, ¿qué es exactamente la sobreexcitabilidad?

Dabrowski definió la sobreexcitabilidad como una experiencia fisiológica intensificada de estímulos resultantes del aumento de las sensibilidades neuronales que hacen que una persona experimente la vida más intensamente y que sienta los extremos de la alegría y la tristeza más profundamente. Lo llamó “regalo trágico” (tragic gift).

Describió cinco formas de OE que han sido reelaboradas por otros a lo largo de los años:

La sobreexcitabilidad psicomotora se manifiesta como una capacidad para estar activo y enérgico. Puede incluir amar estar en movimiento y ser muy activo a nivel físico, inquietud, habla rápida, impulsividad y tener una gran resistencia.

La sobreexcitabilidad sensual se manifiesta como un mayor placer de los sentidos (por ejemplo, sabores, olores, texturas, sonidos y vistas) y, a la inversa, reacciones negativas extremas a sensaciones desagradables. Puede incluir una extraordinaria aversión hacia estímulos o sensaciones específicas como la sensación de una etiqueta de camisa en el cuello o la textura de ciertos alimentos.

La sobreexcitación intelectual se manifiesta como un deseo extremo de buscar comprender, obtener conocimientos, analizar y categorizar información. Puede incluir hacer muchas preguntas, ser rápido pensando y observando, un gran amor por las ideas y el análisis teórico, y la búsqueda de la verdad.

La sobreexcitación imaginativa se manifiesta como un juego intensificado de la imaginación y la viveza de las imágenes. Puede incluir fantasear, soñar despierto, gran deseo de novedad y hacer dramas.

La sobreexcitabilidad emocional se manifiesta como una capacidad para sentir emociones de manera intensa y profunda. Puede incluir ser muy sensible, empático, ansioso, triste, solitario, nervioso, temeroso, tener un mayor sentido de la responsabilidad y una tendencia al autoanálisis.

¿Cuál es la relación entre dotación intelectual y sobreexcitabilidad?

Los seguidores de Dąbrowski sugieren que las personas especialmente dotadas muestran de modo desproporcionado las sobreexcitabilidades, la desintegración positiva y, por lo tanto, el potencial de alcanzar niveles más altos de crecimiento personal y moral. La noción fue popularizada en las comunidades de educación e investigación sobre personas dotadas por Michael Piechowski inicialmente en la década de 1970, Sal Mendaglio, quien editó el libro Dabrowski’s Theory of Positive Integration (2008), Susan Daniels y Michael Piechowski, que editó Living with Intensity (también publicado en 2008) y por Linda Silverman del Centro de Desarrollo de Dotados en Colorado, quien trabajó con Piechowski y otros en el desarrollo del Cuestionario de sobreexcitabilidad II, un formulario de autoinforme ampliamente utilizado como instrumento de investigación.

Creo que los padres encuentran el concepto atractivo porque vincula sobredotación con experiencias y comportamientos que de otro modo podrían parecer problemáticos o disfuncionales (como derretimientos sobre etiquetas en la ropa y extrema reactividad emocional), sugiriendo que estos son solo parte del temperamento sobredotado del niño. Personalmente, encontré consuelo en la idea cuando mi hija era hipersensible de pequeña. Sin embargo, he visto a padres que lo llevan al extremo al atribuir todo a un solo aspecto del perfil de su hijo (su talento), e ignoran las áreas de desafío que deben abordarse.

¿Es una relación validada por la investigación?

No lo creo. Pero puedo tener problemas con mis amigos y colegas en la comunidad de superdotados por decirlo. La idea de que las sobreexcitabilidades son más altas en los superdotados ha cautivado tanto la imaginación y la lealtad de los investigadores, profesionales y padres que, en efecto, se ha aceptado como un artículo de fe o como una ideología. Prácticamente cada sitio web y libro escrito para padres sobre los aspectos sociales y emocionales de la superdotación promulga esa visión. Hay muy poco debate al respecto en la presentación al público, simplemente se acepta como verdad. Es por eso que estoy escribiendo sobre este asunto. Me molesta cuando todo el mundo se sube al mismo carro sin preguntar a dónde va. Además, tengo un problema con la idea de que los más dotados son capaces de alcanzar niveles más altos de crecimiento moral y personal que los menos dotados.

Veamos la literatura de investigación:

En el lado “pro”, en 1984 Colangelo y Piechowski resumieron toda la literatura disponible, señalando que las sobreexcitabilidades estaban consistentemente presentes en los superdotados. Falk y Miller llevaron a cabo una revisión de la literatura de 28 estudios en 2009, informando que los individuos dotados eran significativamente más sobreexcitables que los no dotados, especialmente en las áreas Emocional, Intelectual e Imaginacional. En Taiwán, Kuo y Chang (2013) concluyeron que las personas superdotadas son muchísimo más sobreexcitables. Muchos profesionales involucrados en el asesoramiento a los superdotados (por ejemplo, Linda Silverman, Ann Marie Roeper, Susan Daniels) han citado su experiencia profesional como evidencia de que los superdotados son más intensos, sensibles y sobreexcitables.

En el lado “contra”, en 2006 Mendaglio y Tillier llevaron a cabo una revisión de la literatura y concluyeron que los grupos de los más dotados no superaban significativamente a los grupos menos dotados. Cuando Pyrt (2008) analizó los tamaños de los efectoe (intensidad) de estas relaciones en su investigación encontró que la mayoría eran “pequeñas” y “triviales”. La única relación que tuvo un efecto decente fue la sobreexcitación intelectual. Jane Piirto, una investigadora que ha convertido sus sobreexcitabilidades en su principal foco de investigación, administró el cuestionario de sobreexcitabilidad a más de 600 estudiantes dotados y organizó personalmente tres de las primeras conferencias Dabrowski en los EEUU,  fue “pionera” pero se ha vuelto escéptica con el tiempo. . En un artículo titulado  “21 Years with Dabrowski Theory”, escribió que casi todos los estudios realizados tenían un número pequeño de participantes, lo que hacía que las conclusiones fueran sospechosas y que el único hallazgo consistente ha sido la sobreexcitación intelectual. Un metaanálisis de 2014 dirigido por Daniel Winkler se centró en responder la pregunta: “¿Tienen los más dotados mayores excitabilidades que los menos dotados?” Encontró una relación entre la sobreexcitabilidad intelectual y la superdotación. Para las sobreexcitabilidades Emocionales e Imaginacionales encontró que más estudios fallaron en el intento de encontrar una relación destacada. Los hallazgos sobre la sobreexcitabilidad sensorial se consideraron “insuficientes”. Además, informó que ningún estudio realizado en los Estados Unidos ha encontrado que los superdotados tienen una mayor sobreexcitación psicomotora.

Estoy de acuerdo en que los datos indican un vínculo entre la superdotación y la sobreexcitabilidad intelectual, pero esto no me impresiona. Lo esperaba. Cuando busca una relación entre dos cosas que se combinan, como la altura y la destreza del baloncesto, es probable que encuentre una. El Big Five Factor Model of Personality, que ha sido fuertemente validado por la investigación, tiene un factor llamado “Apertura” que es casi idéntico al concepto de sobreexcitación intelectual. La apertura es el grado de curiosidad intelectual que tiene una persona. Por supuesto, está asociado con la superdotación y, por supuesto, la sobreexcitación intelectual también está asociada con la superdotación. En cuanto a las otras excitabilidades, parece que la evidencia simplemente no está allí.

¿Por qué, entonces, existe una ideología tan fuerte construida alrededor de esta noción?

Me pregunto por qué la comunidad de superdotados ha sido tan dogmática acerca de su creencia en las sobreexcitabilidades a pesar de la falta de evidencia empírica. Puede ser que las personas decidieran que les gustaba la idea cuando solo era una hipótesis y no se mantenía al día con los hallazgos de la investigación. Fue sorprendente lo rápido que los líderes del pensamiento en la comunidad de sobredotados saltaron al ruedo cuando la hipótesis se popularizó por primera vez en la década de 1980, a pesar de la falta casi total de evidencia en ese momento. Creo que también podría deberse al “efecto halo”. Los profesionales de la comunidad de superdotados desean ver a las personas con quienes trabajan a través de una lente positiva. Para los padres, la idea de que su hijo es hipersensible como parte de su talento y, siendo algo bueno, puede ser más atractivo que un diagnóstico adicional de TDAH, Asperger o ansiedad. Finalmente, todos queremos pensar que el dolor y el sufrimiento demostrarán, a largo plazo, ser lo mejor. Queremos creerlo y así lo hacemos.

¿Por qué importa esto y qué deberían hacer los padres?

Importa porque la suposición de que un niño superdotado es más excitable porque tiene talento y está bien (incluso es bueno) ser así puede desviar la atención de los desafíos que deben abordarse. Eliminemos el halo de la superdotación y observemos al niño completo. El potencial para que un niño se dé cuenta de su potencial y se convierta en un miembro feliz y productivo (personal y moralmente desarrollado) de la sociedad aumenta cuando apoyamos tanto sus fortalezas como sus debilidades.

Altas capacidades: ¿qué pasó con la reivindicación?

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Informar está muy bien. Conocer las características y peculiaridades, la legislación, los recursos disponibles, los avances científicos, etcétera, nos permite desmontar mitos y estereotipos asentados socialmente. Pero no es suficiente.

Visibilizar es básico. Organizar jornadas, seminarios, charlas, congresos y demás eventos permite percibir directamente esta realidad. Pero no es suficiente.

Concienciar es maravilloso. Escribir o hablar sobre la importancia de atender el talento para que pueda desarrollarse o para que la sociedad pueda mejorar en su conjunto. Pero no es suficiente.

Formar es clave. Organizar cursos, máster, webinar, etcétera nos dará herramientas fundamentales para afrontar este largo viaje. Pero no es suficiente.

Asociarse es estupendo. Encontrar un lugar donde te entiendan y comprendan a tus hijos. Un espacio donde participar y aprender junto a otras familias con intereses similares. Paliar la falta de atención con actividades extraescolares es un complemento interesante. Pero no es suficiente.

Colaborar es importante. Si el centro, la orientación, la inspección o la Administración en general se muestran predispuestos a asumir sus responsabilidades, la colaboración es el eje de toda acción propositiva. Sin embargo, ese escenario ideal no es la realidad más frec. Por eso no es tampoco suficiente.

En la situación actual, todas las acciones anteriores se muestran insuficientes para producir algún cambio sustancial en este colectivo. El inmovilismo es la tónica general a pesar de que ahora se hable mucho más sobre altas capacidades que hace un lustro. Y el síntoma más claro del mismo se puede ver en la respuesta política a los avances que podrían ayudar a dar el salto: “no haré nada porque no quiero que se molesten otros”. Y se quedan tan anchos.

 

¿Qué nos queda entonces?

Volver a los orígenes del movimiento asociativo: reivindicar. Sin descanso, sin medias tintas, sin adornos, sin contemplaciones y sin miedo a las consecuencias. Para eso nacieron las asociaciones familiares de AACC, aunque en su evolución normal se ven arrastradas sin remedio por la masa de usuarios que las van poblando y que inclinan la balanza hacia el mero asistencialismo, el estado ideal para la administración, que ve como estas organizaciones les hacen su trabajo. No tienen de qué preocuparse. No sienten la presión de las familias en el cogote y así pueden actuar impunemente sin consecuencias reales. Porque nosotros se lo permitimos, lógicamente. Hemos desviado la atención desde lo importante a lo secundario. Es más cómodo, aunque no sirva absolutamente para nada más que para entretenerse, un objetivo muy alejado de lo que se refleja en los diferentes estatutos de las organizaciones civiles dedicadas teóricamente a la defensa de los derechos de estos niños.

Muchas familias y, lo que es peor, muchos niños están sufriendo maltrato institucional sin que nadie parezca escandalizarse. Se nos llena la boca con la utopía de la educación inclusiva y no dejamos espacio para ponerla en práctica, salvo honrosas excepciones. Más bien parece una escuela reclusiva, donde el alumnado con NEAE es el peor parado y, dentro del mismo, el de altas capacidades el gran olvidado. Ninguna medida de atención a la diversidad en las propuestas legislativas futuras. Es el colectivo invisible por excelencia. Un colectivo que supone el 10% por ciento del alumnado, que se dice pronto.

Por ese motivo, encontrar personas -o entidades- netamente reivindicativas te reconcilian con la esencia. Personas como Ana Esther Galán, un caso evidente de maltrato institucional hacia su pequeña que no ha quedado en el olvido porque ella no lo ha permitido. Siendo docente, ha podido más su sentimiento de justicia que el habitual corporativismo que impide que salgan más casos a la luz. Muchos conocéis la historia, ella misma la contó en su blog, aquí y aquí.

La gente se cree que ante una solicitud de evaluación psicopedagógica regulada por un Decreto, pueden responderte que no procede por unas Instrucciones (normativa de menor rango que NUNCA puede prevalecer sobre este); hacen creer que tú pides la evaluación porque quieres un papel que diga que tu familiar es Alta Capacidad, no exponen que llevas 1 año solicitando medidas preventivas en el aula PORQUE UNA SITUACIÓN NO ATENDIDA, UNAS NECESIDADES DE APOYO NO SATISFECHAS, TIENEN CONSECUENCIAS; se convencen de que con ser mayoría en sus escritos y respuestas, te anularán, anularán tus sugerencias, tus peticiones, tus derechos, tu actividad asociativa y de reivindicación social.

La verdad es que sentí que lo consiguieron. Me mellaron, me rompieron y tiraron los restos.

Pero esos restos escuchaban: “¿así te enseñó papá?” y se volvieron a soldar.

Así me enseñaste papá: contacté con prensa, con la Delegación de Gobierno, con el Defensor del Pueblo Andaluz, con el Defensor del Menor, elaboré hasta 40 escritos, los registré, solicité y acudí a no sé cuantificar cuántas reuniones en centro escolar, en Inspección, en Ordenación educativa; emprendí acciones legales, activé el Protocolo de Acoso Escolar, expuse todo a la Fiscalía de Menores y lo registré en la Alta Inspección (depende del Ministerio no de la Delegación Territorial).

Las respuestas se iban sucediendo. Unas resquebrajaban de nuevo, otras soldaban con más fuerza.

Recopilé pruebas. Tengo esas pruebas, esas contradicciones, esas negligencias, esas barbaries firmadas por muchos y sellada por el sello que anquilosa los derechos que también promulga.

Y si no lo habéis leído, probablemente hayáis visto algunos de los artículos periodísticos donde publicaron su caso:

Diario de Córdoba (30/04/2018): «No quiero ir al cole, allí no me enseñan nada»

Diario de Córdoba (04/09/2018): «El problema de las altas capacidades es que se esconden»

Europa Press (08/09/2018): El Defensor del Pueblo indaga el caso de una niña calificada Alta Capacidad por Salud y lo contrario por Educación

El País (05/11/2018): La invisibilidad de los superdotados

Su fuerza y coraje están inspirando a otras personas que padecen situaciones similares. Un ejemplo a seguir. Probablemente su idea de que es el momento de actuar conjuntamente pueda convertirse en una realidad a poco que haya personas dispuestas a acompañarla en esta aventura.

Ahora es el momento perfecto para preguntarse,

¿Qué pasó con la reivindicación?

Si eres de los que te lo has preguntado alguna vez y te sientes con fuerza para dar ese paso, responde a este texto: sí, me interesa, quiero comprometerme. Cuantas más personas respondan positivamente más fuerza se podrá ejercer. La situación actual no admite más demoras ni entretenimientos.

Altas Capacidades: los jóvenes hablan

22 de noviembre de 2011

Claudia D., María. L, Ángeles V., Clara V, Belén B, Alba V y Celia V. alumnas de ESO y bachillerato del Programa PIENSA, ante el Plan de Detección de Altas Capacidades que puso en marcha la Junta de Andalucía y el descontento que está produciendo en los orientadores y orientadoras de nuestros centros educativos y los comentarios, muchas veces despectivos, que sabemos que se están vertiendo sobre el alumnado con estas características, manifestamos que:

  • No somos una moda educativa que se ponga y se quite al antojo de determinadas personas, partidos políticos, dirigentes, empresas, etc,
  • No lo sabemos todo, como dicen por ahí, no somos unos “sabelotodo”. Sólo tenemos la capacidad de aprender más rápido, lo que nos ofrecen.
  • No tenemos poderes mágicos, ni aprendemos por “ciencia infusa”, necesitamos ayuda.
  • No nos creemos ni sentimos seres superiores. Somos como cualquier otro alumno o alumna, quizá sí algo más sensibles.
  • No somos calculadoras humanas, ni enciclopedias andantes; no nos pregunten como si fuéramos wikipedia.
  • No somos el ojito derecho del profesor, más que nada porque la mayoría de las veces ni saben que estamos en sus aulas.
  • No somos frikis de gafas de vaso, pajarita y chaleco de rombos. No vivimos en una bibilioteca ni delante de un ordenador.
  • No pretendemos tener una educación apartada ni elitista; solo nos gustaría poder aprender al ritmo que cada uno de nosotros y nosotras podamos o, al menos, no aburrirnos en las clases.

 

  • Tenemos amigos, somos personas sociables, que nos gusta salir y como a cualquiera, ir a fiestas y pasarlo bien.
  • Cometemos errores y tenemos derecho a ello.
  • Tenemos altos valores morales que nos llevan muchas veces a sufrir por circunstancias que nos parecen injustas.
  • Tenemos derecho a que se nos trate con respeto, no se nos humille, no se nos insulte. A nadie se le ocurriría humillar a otros niños y niñas con características diferenciales.

 

Así que, por favor, respétennos y a ver si alguna vez, antes de pensar por nosotros, consúltenos qué queremos y qué no queremos…igual se sorprenden.
Gracias por leernos.



Adultos con alta capacidad, sensibilidad e intensidad

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Ayer leí el artículo que viene al final de esta entrada (podéis leer el original en Cuando la Intensidad y Sensibilidad es Alta en Casa) y se me ocurrió la idea de entablar un diálogo con su autora, Ana Isabel Fraga, una persona abierta y clara, con un lenguaje sencillo y directo que pone en palabras fáciles lo difícil de explicar. Ella, encantada con la idea, se animó a participar en este juego. Y este es el resultado. Esperamos que resulte de utilidad para esos adultos en los que conflyen estos tres potenciales en alto grado: capacidad, sensibilidad e intensidad.

JOSE LUIS.- Ana Isabel, en tu última entrada hablas de la alta intensidad y la alta sensibilidad en el seno familiar. Es un tema que me interesa mucho, y que aquí voy a compartir su contenido por si es útil para otras personas, pero me gustaría dialogar contigo sobre un aspecto específico: ¿cómo gestionar ese potencial cuando somos adultos? Y más en adultos con gran actividad mental.

ANA ISABEL.- Esa es una pregunta super extensa y supongo que cada quien tiene que buscar su camino, pero puedo compartir lo que yo estoy haciendo, porque quizás pueda servir a otros. El primer paso para mí fue entenderme, comprender el porqué de mis diferencia. Estaba segura de que algo no iba bien en mí porque me sentí un poco bicho raro y no llegaba a comprender muy bien las actitudes de los demás. Y por supuesto me daba cuenta de que los demás no me comprendían a mí. Pero… en realidad descubrí que todo estaba bien en mí, solo que mi forma de ver, entender e interpretar el mundo no concuerda con la de la mayoría. Así que ese ha sido mi primer paso.

Eso si, el hecho de que durante tanto tiempo pensase que algo no estaba bien en mí dejó sus secuelas. Secuelas que pasaron por dejarme la autoestima chafada y arrastrar una serie de creencias sobre mí, sobre los demás y sobre la vida que tuve que limpiar y que sigo limpiando. Este trabajo me parece sumamente importante, vital diría yo, porque si nos damos cuenta son esas creencias las que crean el software mental que te impulsa después a tomar las direcciones y decisiones en tu vida. Ya puedes imaginarte el tipo de decisiones que las creencias derivadas de un sentimiento de “no soy válida. Algo está mal en mí” generaron. Así que resumiendo, empezaría por entender que todo está bien en mí y ponerme con la limpieza de todas esas creencias y patrones que me están fastidiando en mi vida sin saberlo porque forman parte de mi inconsciente. Y como tercer paso honrar y celebrar mis diferencias. Porque en mi vida siempre pensé que los demás eran mejores que yo, que yo estaba defectuosa. Sí, así con esas palabras, defectuosa. Y resulta que no, que simplemente veo el mundo y lo percibo de otras formas, que tienen cosas muy hermosas. Esto hay que CELEBRARLO. Podemos aportar mucho a nuestro entorno, podemos crear, podemos ver más allá.

JOSE LUIS.- Buen resumen. Si te parece, indagamos algunos temas que has nombrado para acercarlos a las personas que puedan estar leyendo esto y perciban mucha información.

Hablas de comprender la propia diferencia. Para llegar a ese estado, en primer lugar uno ha de percibirse o sentirse diferente a la mayoría de su entorno. Con independencia de que no sepa definirla con claridad. ¿Cómo definirías ahora, como adulta, en qué consiste ese diferente modo de estar en el mundo?

ANA ISABEL.- Pues mira, desde pequeña sentí que los demás no tomaban muy en serio mi forma de sentir. Era un poco la exagerada, la dramática… Y realmente yo lo sentí así, con esa fuerza e intensidad. Entonces empecé a pensar que quizás yo fuese lo que ellos me decían que era. Recuerdo llorar desconsolada viendo una película en la que mataban a una orca que estaba embarazada. Los demás alucinaron. “¡Es solo una película!” me dijeron, y se reían. Pero yo realmente pude sentir un dolor terrible. Y durante toda mi vida me ha ocurrido igual, sentir lo que otros están sintiendo, empatizar de tal forma que sentía como propio lo de los demás… Pero no solo eso, me decían que era una repugnante porque me ponía de mala leche con las luces artificiales, o porque los olores me perturban de tal forma que tengo que irme si hay un ambientado puesto o alguien a usado mínimamente lejía, o se ha puesto un perfume… Me irritan mucho. Y como eso la sensibilidad al tacto y tantas otras cosas. Al final llegas a dudar de si lo que sientes es verdad porque suelen hacerte ver que no puede ser, que es imposible sentir así. Y en otro orden de cosas mis intereses eran diferentes. Para mí disfrutar era leer un libro y no levantar la vista hasta habérmelo terminado, me encantaba ir al cole a aprender, no me gustaba salir de noche ni durante la adolescencia… En fin, muchas pequeñas grandes cosas de mi día a día que no se solían entender. Tampoco yo entendía que no les afectara lo que a mí, o que no oliesen la lejía o el perfume que a mí m parecían abrumadores, etc.

Ahora sé que todo eso le pasa a un pequeño porcentaje de la población. Lo asumo y me cuido.

JOSE LUIS.- Interesante. Aquí aludes a tres tipos de sensibilidad diferentes, y creo que es importante indagar más sobre ellas. Por un lado, está la sensibilidad física (que para distinguirla suelo llamarla “sensitividad”). Cómo un alta sensitividad a determinados estímulos te alteran sobremanera, y cómo el entorno no lo comprende, censurando tu reacción.

Por otro lado, está la sensibilidad emocional (que llamo afectabilidad), que es la que describes cuando has hablado de la empatía y de cómo te afectó la película, sin encontrar en tu entorno una respuesta precisamente comprensiva.

Y por último, la sensibilidad cognitiva (que denomino distinguibilidad), cuando hablas del placer de la lectura o del simple aprender. Esa apertura a todos los estímulos intelectuales que tampoco comprendías que fuera “lo normal” en todo el mundo.

Digamos que en tu caso confluyen estos potenciales sensitivos en un alto grado. Lo que puede generar una combinación realmente explosiva si no se sabe autogestionar adecuadamente. Tiene un enorme mérito en tu caso haberlo logrado, y otros adultos con similares potenciales podrían sentirse identificados, aparte de aprender cómo podrían actuar en su propio interior, cuidándose y comprendiendo que no hay nada de malo en ellos.

ANA ISABEL.- Pues si, en ocasiones ha sido muy difícil gestionar tanta intensidad y sensibilidad. Yo no diría que lo he logrado, porque en realidad ¿qué significa lograrlo? Diría que lo he aceptado, que lo abrazo porque es en realidad un tesoro, y que me está permitiendo conocerme cada vez mejor y aprender.

JOSE LUIS.- Eso es clave: aceptación, que no es sinónimo de resignación sino de comprensión e integración en nuestro sistema. Precisamente aludo a eso con el logro de la autogestión. No podemos (ni debemos) controlar nuestro mar interior. No debemos apagar las emociones, las sensaciones ni los pensamientos.

Por ejemplo, cuando hablo de emociones aludo a la metáfora del vehículo. Y si tu sistema emocional es muy potente, aludo al Fórmula 1. Está claro que una buena gestión de ese vehículo no consiste meramente en ir frenándolo. Ni tampoco en acelerarlo a tope. Cada situación requiere un movimiento diferente, tanto para no calar como para no estrellarte. Y el logro de la autogestión consiste básicamente en aprender a conducirlo. Sabiendo el potencial que tiene y que no siempre vas a poder hacerlo, lo que te pone en una alerta activa que jamás te hace relajarte. ¿Cómo lo ves?

ANA ISABEL.- Yo también suelo usar esta comparativa. Y añado que además un Ferrari no puede conducirse en cualquier carretera, por eso debemos ser cuidadosos también con eso, escogiendo por dónde conducir. Pero evidentemente un Ferrari puede ser como un caballo desbocado si no sabemos conducirlo. Es potente, es fuerte pero al mismo tiempo es delicado y tiene su particular forma de conducirse. Así que totalmente de acuerdo.

JOSE LUIS.- Exacto. También hay que aprender a distinguir qué terrenos le favorece y cuáles no.

Regresando a lo concreto, eso nos lleva a lo que comentaste en el inicio: la importancia de comprenderse.

Esta labor interna es fundamental, y también tiene sus propias fases. Básicamente porque siempre vivimos en nuestro interior, y si somos especialmente introvertidos, es nuestro hábitat natural, nuestro refugio y nuestro centro de recarga energética.

El primer paso consiste en la autopercepción. Una percepción propia del modo más sano posible, claro. Cuando nuestra autoimagen está dañada, nuestra percepción está distorsionada, como dijiste también al inicio. Y ahí empieza el trabajo interior. Cuéntame algunos trucos o estrategias que usaste para superar esa primera fase.

ANA ISABEL.- Pues lo cierto es que siempre he estado en búsqueda, y creo que a muchos de nosotros nos pasa eso. Buscamos respuestas sin parar. Al menos a mí me pasó. Y di muchísimas vueltas tratando de entender qué pasaba en mí. Lecturas, terapias… Pero todo se precipitó cuando tuve a mis hijos y descubrí sus altas capacidades. Entonces las piezas empezaron a encajarme. Yo no tengo ninguna valoración profesional en este sentido, pero al tratar de entenderles a ellos empecé a entenderme a mí. Según iba leyendo, escuchando charlas y conferencias sentía cómo iba encajando todo. Eso me quitó de pronto un enorme peso de encima y abrió el inicio a todo. La compañía y apoyo de un coach me ayudó muchísimo después a la hora de ponerme a “limpiar” todas las creencias derivadas que comentaba antes.

JOSE LUIS.- Me interesa especialmente ese punto de inflexión en el autoconocimiento del adulto a través de sus hijos. Como adulto que sabía desde pequeño que tenía alta capacidad intelectual y que lo integré con naturalidad, además de contar con el apoyo familiar, que tampoco le dio excesiva importancia, nunca he llegado a comprender cómo otra persona con esta peculiaridad necesita el reflejo de sus hijos para despertar, para re-conocerse. Y entender un poco el proceso interno que seguís para integrar todo eso en un sistema de creencias previo difícil de cambiar. Además, no todo el mundo tiene la suerte de contar con ayuda externa en esa “limpia” necesaria, así que puede ser importante que aportes alguna experiencia sobre esas fases que has vivido desde el no reconocimiento al encaje natural de las piezas.

ANA ISABEL.- Creo que el entorno, desde su desconocimiento, falta de herramientas y miedo por no saber manejar una situación, te van alejando de tu esencia y vas apoyando tus creencias sobre quién eres en unos pilares falsos. Por tanto creo que si desde pequeños no sabemos qué ocurre, estamos realmente confusos y equivocados respecto a nosotros mismos. Por eso lo primero es salir de esa confusión. Yo nunca tuve la más mínima sospecha y ni siquiera se me ocurrió que pudiese encajar en las AACC y nada se sabía de alta sensibilidad en aquel entonces o no había los recursos para acercarse a ello.

En cuanto al cambio en el sistema de creencias creo que parte de reconocerse e ir indagando, aunque siempre 4 ojos ven más que dos y es más sencillo contar con ayuda porque lo que sí resulta complicado a veces es ser objetivo o distanciarte lo suficiente como para ver algunas creencias sumamente arraigadas que no te cuestionas ni por un segundo.

Me parece necesaria esa visión y muchas veces puede cumplir esa misión un amigo, alguien que te quiera bien. Yo puedo decir que la amistad ha sido un enorme apoyo en esto, y bidireccional, ayudándonos mutuamente a crecer.

JOSE LUIS.- Pienso que una elevada receptividad a estímulos externos condicionan nuestra visión sobre nosotros mismos. Impacta con fuerza y genera una imagen distorsionada que, por descuido, sustituye a la real. Olvidamos el fondo de nuestro “ser” y nos arrastra la forma social del “parecer” o del “creer”.

Está claro que una visión objetiva pero cariñosa puede ayudarte a salir de ese cerco cognitivo. O, en su defecto, otras personas que hayan pasado por lo mismo y, contando su experiencia, pueden ayudarte a cuestionar tus propias creencias. Ese “otro” puede ser directo (amigo, coach, psicólogo, etc) o indirecto (lectura o escucha de otras experiencias). Esa ayuda es fundamental, como bien señalas.

Esto es tan complejo que tardaríamos meses en abordar todos los temas en este espacio dialógico que hemos creado. Como no podemos extender esto en demasía, te animo a que hagas un pequeño resumen de lo hablado y, si tienes alguna idea relevante más, la expones como colofón de este pequeño diálogo improvisado. Muchísimas gracias por animarte a participar en este experimento, Ana Isabel.

ANA ISABEL.- Muchísimas gracias a ti. Me ha parecido super interesante y te agradezco la oportunidad de expresarme, aunque como dices podríamos estar aquí mucho tiempo más. Me gustaría terminar diciendo que todos lo seres humanos buscamos sentirnos amados y conectados, pertenecientes, necesitados… Es una necesidad básica. Pero a veces la confundimos con “encajar”. Encajar y pertenecer no son la misma cosa y dado nuestro bagaje y la falta de aceptación e incomprensión por muchas personas de nuestro entorno tendemos a escondernos, a tratar de encajar. Y lo hacemos a base de tratar de ser quienes no somos. Quizás logremos entonces ser aceptados pero es una aceptación falsa y muy dolorosa, porque sabemos perfectamente que a quien están aceptando es a una máscara creada para no mostrar nuestra verdadera identidad. Así que aprovecho este espacio para romper cadenas y celebrar nuestra hermosa individualidad y vulnerabilidad, que no es debilidad, es una grandísima fortaleza puesto que no es fácil ser el guisante rojo entre muchos verdes. Pero hay muchas más personas así. Yo soy uno de esos guisantes rojos, intensa y emocional, apasionada, creativa y un lío de pensamientos en forma de árbol hasta las trancas de ramas.

Mi resumen: aceptación de uno mismo, trabajo interior para derribar las creencias que te dañan y no te permiten ser, y celebrarte.

¡Y que salga el sol por Antequera!


Cuando la Intensidad y Sensibilidad es Alta en casa (y no solo la de los niños)

¿Qué ocurre cuando además de los hijos uno de los padres, o incluso los dos, tienen una alta sensibilidad? ¿Es posible que la convivencia sea tranquila?

Si tus hijos o hijas son muy intensos y tú o tu pareja también, sabrás de lo que te hablo. Y sabrás que no es sencillo.

Cuando la intensidad se desborda en alguno de los miembros de la familia, ésta corre como reguero de pólvora contagiando a los demás. La situación comienza entonces a tornarse complicada.

Y dado que la intensidad surge a menudo podréis entender que esto se puede convertir en un campo de minas.

Los niños y niñas con este rasgo necesitan más de nosotros, los adultos, para aprender a gestionar sus emociones y comprender su forma de entender e interpretar el mundo, así que esto es una doble dificultad cuando ya te cuesta lo tuyo gestionarte a ti mism@.

Parece un callejón sin salida.

Pero no lo es, y de hecho es la escalera de un aprendizaje muy potente. Nada fácil. Pero muy potente.

Voy a compartir contigo lo que yo hago en mi día a día para gestionar esta situación, puesto que tanto yo como mis hijos somos intensos y altamente sensibles (y no hablo solo de la parte emocional, si no también de los estímulos externos como luces, ruidos, sensaciones a nivel de la piel, olores…)

  • Tu energía es sumamente importante

El desgaste de tu sistema nervioso por el exceso de estímulos (es que no cribamos, llega todo todito) y la intensidad con la que llegan nos hace muchas veces sentirnos agotados. Así que es primordial, fundamental, vital (y todos los sinónimos que se te puedan ocurrir) que…

-Descanses cuando te lo pida el cuerpo. Aunque sean unos minutos para desconectar y respirar aire en la ventana.

-Te tomes tiempo para cuidar de ti (ya sabes: comida más sana y un poco de movimiento). Especialmente el contacto con la naturaleza y los lugares donde el ruido y demás estímulos que te estresan no estén presentes.

-Limites el estrés innecesario, como exceso de información (sí, sí, mucha red social, el correo, unos cuantos artículos, las noticias del día…), estar en ambientes que te hacen sentir mal, con personas que te restan en vez de sumarte, etc.

  • El autoconocimiento es una gran baza

No es un cliché. Es que para poder ayudarles a ellos y para poder gestionar eficazmente nuestras emociones es muy necesario conocernos. Invertir en ti es una gran idea. Conocer tus creencias, sanar tus heridas, adentrarte a consolar a tu niña o niño interior, leer sobre alta sensibilidad… Re Conocerse.

  • Observa y saca conclusiones de lo que más os afecta. Minimízalo.

Ponte en plan detective y observa si las explosiones suelen ir después de alguna cosa en concreto. Por ejemplo, si los niños han estado delante del televisor, o hubo una pelea entre los hermanos previa que aún sin ser muy importante sobrecargó a uno de los niños (o a ambos), etc. Busca y rebusca, que suele haber detonantes que se nos pasan desapercibidos por no parecer a simple vista lo suficientemente potentes (recordemos que hablamos de alta sensibilidad).

Y cuando lo hayas descubierto encuentra la forma de minimizarlo. Evítalo si es posible o mejor aún comienza un entrenamiento para ir tolerando poco a poco lo que sea (si es que es necesario y útil para el niño/a). Y además haz consciente al peque de lo que enerva su sistema nervioso, porque si sabe lo que le lleva a esos estados tendrá una ventaja para manejarlo.

  • Niégate a discutir nada en el acaloramiento del momento.

Sí, niégate. Las cosas se resuelven cuando hay calma. De otra forma no resolvemos, lo empeoramos. Eso sí, no te niegues en plan reproche o venganza. No, no. De hecho mejor si un día que estéis calmados les comunicas que a partir de ahora en esos momentos vas a centrarte en calmarte y que lo de hablar será para cuando tengas el cerebro relajadito y disponible para pensar con coherencia. Así evitarás luchas de poder, aumentar el tamaño de los estallidos y hacerlo todo más difícil.

  • Enséñales a hablar de lo que les preocupa, a solucionar problemas y a entender cómo funciona su forma de estar e interpretar el mundo.

En resumen, ofréceles herramientas y autoconocimiento. ¡Lo que habría dado yo por tener todo eso de niña! Que me creía un puñetero bicho raro.

  • Ayúdales a expresar su sensibilidad y a redirigir la intensidad. Permíteles su tiempo y no caigas en excesos.

Personalmente no creo en esto de enviar a los niños a todo tipo de actividades extraescolares y ese estrés es posible que no le vaya nada bien a nuestros hijos sensibles, que como nosotros, los adultos sensibles, necesitamos tiempo para reponernos y resetear, o lo que es lo mismo, tiempo en soledad y tranquilidad. Pero sí creo en observar y ver si hay algo que les haría expresarse y/o liberar excesos de energías estancadas. ¿Por dónde crees que van sus pasiones? Dales la oportunidad de expresarlas.

Quizás tu hogar es más intenso, pero si esto lo usas como una forma de aprender y crecer te aseguro que será un hogar muy especial en el que los miembros de la familia estarán unidos por esa red invisible tan potente que crea la sensibilidad, porque en la alta sensibilidad hay enormes super poderes 😉

©Ana Isabel Fraga 2018. Todos los derechos reservados.

Altas Capacidades. Cómo hemos cambiado.

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El 15 de febrero de 1676 Isaac Newton escribió a Robert Hooke una carta en la que utilizó la frase que ilustra esta entrada. Con esta expresión estar subido a hombros de gigantes se quiere indicar que lo que una persona haya podido conseguir se debe a la aportación de las personas que le precedieron. Sin entrar en comparaciones imposibles con el genio de la física, esto se puede aplicar a cualquier campo en el que uno actúe. Si has conseguido ver más lejos probablemente se deba a que te has apoyado en personas que te han precedido, de las que has aprendido y que te han apoyado en tus comienzos.

En mi caso no iba a ser menos, y más de una vez he escrito en este blog sobre esas personas que me precedieron e iluminaron un camino que se percibía realmente oscuro: entre ellas, Juan Carlos López Garzón, María Dolors Rius, Belén Ros, Diego Rodriguez, Nieves Saldaña y Alberto Flaño. Mis referentes (y posteriormente amigos) en este campo hace nueve años cuando empecé a andar.

Anoche tuve la inmensa fortuna de quedar con Alberto Flaño, que venía de las jornadas nacionales organizadas aquí, y durante la velada surgió una de esas conversaciones que toda persona debería tener al menos una vez en su vida. Fue de tal nivel que se me ha quedado grabada y hoy quería reflejar pálidamente parte de lo hablado. Y en ella aludió a esta frase de Newton, muy oportuna, a la que le añadí el efecto que se produce cuando uno olvida sobre qué está subido, el síndrome del corcel.

Uno de los temas que surgió fue cómo han cambiado las cosas desde que coincidimos allá a finales de 2009 para empezar a pelear -literalmente- con la administración educativa andaluza en busca de una mejora en la atención a las altas capacidades intelectuales. Proceso que vivimos muy intensamente y que conté en esta entrada. Hoy precisamente se publica en Europa Press las palabras de la actual Consejera de Educación durante el discurso de clausura de las III Jornadas Nacionales y II Regionales sobre Altas Capacidades: Educación y Familia, organizadas por las asociaciones malagueñas ASA y ACM.

Aparte del habitual autobombo que suele presidir este tipo de discursos oficiales, me llamó la atención un pasaje en el que destaca algunos de los hitos más significativos del plan, como la ampliación de sus destinatarios más allá del perfil tradicional de alumnado con sobredotación intelectual incluyendo también a los denominados talentos simples y talentos complejos. Hito que no surgió de la iniciativa de la Junta sino de las familias andaluzas que se lo tuvimos que explicar con detalle porque “no lo veían”. La memoria siempre es corta.

El caso es que Alberto describía cómo era el panorama en esa época y en los años previos, desde que él empezó en el ámbito asociativo de las AACC. Coincidíamos en que era desolador, mucho peor que en la actualidad. Ahora hay muchísima más información disponible (y algo de mejor información, pero no en paralelo al incremento cuantitativo de la misma). Los medios publican muchísimas más noticias sobre el colectivo. Se organizan bastantes más jornadas, congresos, seminarios y otro tipo de eventos para mejorar la visibilidad en todas las comunidades autónomas. Y las Redes Sociales han permitido conectar a muchísimas más personas que hace una década. Todo esto ha significado un cambio importante. Nosotros vivimos intensamente otros escenarios y tras abandonar la participación activa en el ámbito asociativo hace años nos hemos dedicado a otros asuntos. Él, gracias a la Fundación, a dar oportunidades al talento, aunque siempre deja la puerta abierta a colaborar con las asociaciones, como ha sido el caso en estas últimas con la edición de un libro -cofinanciado por ASA y Avanza- que se le entregó a los asistentes a las mismas. Un estupendo detalle. En mi caso, canalizando ideas en este blog para intentar aclarar algunas ideas aberradas que circulan en este colectivo y provocar intelectualmente al lector para que active su pensamiento crítico. O, cuando se me ha pedido, ayudando a nacer a una pequeña pero animosa asociación alicantina llamada Acytal Levante, que se ha unido a otras en la nueva confederación surgida, UnionAACC. Lo mejor de ejercer de mentor de estas iniciativas es que ves en la distancia cómo ellos mismos se autoorganizan y van notando que sí se pueden hacer cosas y cambiar localmente la realidad que viven, no siempre tan bonita como la pintan los políticos de turno, muy dados a pasarse con el azúcar.

Cuento todo esto porque muchas veces leo que “nada ha cambiado” y esta idea es bastante discutible. Es cierto que en algunas zonas apenas se ha movido o, en el peor de los casos, el movimiento ha sido para retroceder, pero todo lo que ocurre es consecuencia de las tendencias que surgen en cada época. Cuando confluyen personas activas, los cambios se aceleran, mientras que cuando la confluencia es de personas pasivas todo se paraliza. Esto hablando solo de los extremos de un continuo, claro, porque existen colores intermedios entre el blanco y el negro.

Eso sí, todos los pasos que se dan ahora suelen asentarse en pasos previos. Nunca son “un primer paso” porque llevamos unas cuantas décadas y ha habido periodos más activos que otros. Lo normal. Y aprender o escuchar a las personas que te han precedido es, en mi caso, un verdadero placer y, cómo no, una fuente de aprendizaje continuo. Alberto Flaño es uno de esos gigantes que me prestó sus hombros para ver más lejos y mejor.

Gracias por todo, amigo.

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