El despiste en las altas capacidades intelectuales

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El despiste en una sociedad acelerada

Todas las personas tenemos despistes o nos distraemos con relativa frecuencia. Vivimos a un ritmo cada día más acelerado y la sucesión de estímulos significativos nos arrastran hacia situaciones que no sabemos controlar. Los instrumentos de comunicación se han convertido en un enemigo del descanso mental. Recibimos constantemente correos electrónicos, whatsapps, mensajes privados, etc…, que parecen esperar o exigir una respuesta inmediata.

– Te he enviado un whatsapp, lo has leído y no me has respondido, ¿pasa algo?
– No pasa nada. Estaba fuera y no pude responder en ese momento.

Esta situación se da hoy día constantemente. No tenemos tiempo de pensar ni siquiera las respuestas. Todo tiene que ser inmediato y, si puede ser, adelantarse incluso al tiempo natural de las cosas: mejor ayer que ahora mismo. Un auténtico sinvivir.

En este contexto, lo normal es que tengamos olvidos. No se trata de falta de interés sino de dificultad para gestionar toda la información significativa que nos llega. Confundimos velocidad con precipitación, lo que conduce a errores o situaciones complicadas de manejar. Insisto, esto nos pasa a todas las personas que vivimos en esta sociedad occidental.

Por otro lado, parece obvio señalar que hay personas con mayor propensión a despistarse o distraerse que la mayoría. Personas con escasa capacidad para concentrarse en algo durante mucho tiempo sin caer en la red de un nuevo estímulo más interesante que gire el foco de su atención, como se ilustra en la viñeta que abre esta entrada. Personas que parecen estar con demasiada frecuencia “en su mundo”. Incluso las hay que “su mundo” es extraordinariamente más estimulante que el mundo real que tiene enfrente, lo que las desactiva completamente.

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También hay personas que no pueden concentrarse ni prestar atención por alguna disfunción fisiológica, lo que requiere otro tratamiento y otro enfoque diferente muy alejado del propósito de este texto. Nos ceñiremos a la tendencia natural a distraerse por encima de la media sin que se genere una patología.

Entonces, si el despiste es un patrón que puede darse en todas las personas, ¿por qué hablar de las altas capacidades intelectuales?

Sencillo, porque cuanto mayor sea la actividad mental la probabilidad de distraerse de otros focos tiende a elevarse. No ocurre en todos los casos ni se puede correlacionar AACC con despiste de modo que lo uno cause lo otro. Es decir, que el despiste no es consecuencia de las AACC ni las AACC son consecuencia de nuestra tendencia natural a despistarnos. Se trata simplemente de un patrón que se da con relativa frecuencia y que preocupa especialmente a las familias cuando son sus criaturas (o ellas mismas) las que se despistan en las situaciones cotidianas. Era un tema que se demandaba y por eso le propuse a María Teresa Pérez que creara una entrada.

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Altas Capacidades. Galicia está de enhorabuena

En el campo de acción político-administrativo de las altas capacidades intelectuales existen poderosos mecanismos de frenada de cualquier avance basado en la investigación, en la legislación o en el simple sentido común.

Por un lado, políticos con una visión cortoplacista que desprecian cualquier iniciativa que no les aporte votos directos, algo que un colectivo que no activa ningún tipo de pena o compasión (ni la necesita por otro lado) no va a nunca a proporcionar.

Por otro lado, profesionales escasa o nulamente formados que manejan tantas excusas como mitos sobre este colectivo.

Y por todos los lados, una sociedad que sospecha sistemáticamente de todo talento que no sea artístico o deportivo, con unos medios de comunicación que en lugar de desmontar estereotipos los anclan con más fuerza, incluso cuando utilizan el humor para dar una noticia de calado como la que anima esta entrada.

El pasado sábado se publicaba esta fantástica noticia para nuestros amigos gallegos, que llevan años luchando por equipararse a otras comunidades autónomas como la andaluza y lograr tener algo que por derecho les corresponde: un plan de atención sistemático que aflore todo el talento que subsiste en las aulas.


Educación ultima el protocolo de altas capacidades intelectuales, que en breve estará a la disposición de la comunidad educativa

Así lo anunció la conselleira Carmen Pomar durante la clausura del II Congreso Mundial de Educación celebrado en Santiago
Subrayó la importancia de abordar la diversidad desde la inclusión y articular una respuesta educativa que permita desarrollar las potencialidades de cada quien
Sáb, 23/02/2019 – 15:00

La Consellería de Educación está ultimando el Protocolo para la Atención Educativa al Alumnado con Altas Capacidades Intelectuales, un documento que en breve estará a la disposición de toda la comunidad educativa. Así lo anunció esta mañana a conselleira Carmen Pomar, durante la clausura del II Congreso Internacional de Educación, Educa 2019, que durante tres días congregó en Santiago a expertos nacionales e internacionales para el intercambio de conocimiento y experiencias didácticas entre docentes.

Carmen Pomar destacó que la puesta en marcha de este Protocolo responde a los objetivos del Decreto 229/2011, de atención a la diversidad, que convirtió Galicia en pionera en este campo y que ?cambió el concepto de atención a la diversidad, dejando atrás la idea de discapacidad como un concepto negativo para contemplar una realidad más amplia?.

Segundo explicó la conselleira, el alumnado con altas capacidades constituye un grupo heterogéneo en el que alcanza su personalidad, desarrollo social, emocional y cognitivo, lo que requiere de respuestas educativas idóneas que le permita desarrollar al máximo su potencial y, sobre todo, ?abordar esa diversidad desde una propuesta inclusiva?.

Carmen Pomar desgranó las líneas básicas de este documento, que parte de la definición de conceptos como las altas capacidades intelectuales (diferenciando precocidade intelectual, talento y superdotación intelectual) o la doble excepcionalidad (en la que juntan altas capacidades intelectuales con necesidades específicas de apoyo educativo); la identificación de este alumnado, y la intervención educativa idónea la cada caso.

Este Protocolo de altas capacidades se sumará a otros cómo lo de Atención Educativa al Alumnado con Discapacidad Auditiva presentado esta semana, y otros que ya tienen más recorrido como lo de Trastorno por Déficit de Atención y Hiperactividad, el trastorno del espectro autista, o lo de atención educativa domiciliaria, entre otros.

Todos estos protocolos buscan proporcionar la atención educativa más ajustada la cada una de las situaciones, y avanzar en un clima escolar positivo y respetuoso con todo el alumnado, y de forma más específica, con aquel que presenta más dificultades, una línea por la que la Consellería de Educación va a seguir apostando.


 

Sin embargo, pocos días después se publicó en La Opinion de A Coruña una viñeta que ha provocado un enorme malestar en las familias de ASAC (la asociación gallega de apoyo a las altas capacidades) por dar a entender de modo poco sutil que este paso ha sido posible gracias a la “amistad” de la Consejera con este colectivo, usando un personaje icónico que tampoco ayuda a desmitificar la imagn irreal que maneja la sociedad sobre esta compleja realidad.

 

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Personalmente considero que el humor ácido nos salva de muchas cosas en esta vida, pero entiendo también el sentimiento de estas familias que llevan años chocando contra muros visibles e invisibles sin ver avances. Y cuando ven el final del túnel encuentran este tipo de insinuaciones que, desde luego, no son de ayuda. Sobre todo porque leyendo la noticia uno advierte fácilmente que no es el único protocolo que se va a poner en marcha.

Juzguen ustedes mismos.

Altas Capacidades. Consejos para las nuevas familias

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“Acabo de recibir la noticia de que mi hija/hijo tiene altas capacidades, ¿qué puedo hacer?”

En el mundo de las altas capacidades se da con extraordinaria frecuencia este patrón. Familia que no sospechaba nada y que, de repente, le confirman que su pequeña criatura presenta un perfil de excepcionalidad intelectual. A muchas se les viene el mundo encima. Advierten rápidamente que no saben absolutamente nada de este asunto y que lo que hay en internet le confunde más que le aclara. Se sienten completamente perdidas. Algunas buscan información sobre asociaciones en su zona o algún grupo específico en el que se hable de esto. Saben que necesitan saber algo más sobre esto para poder responder a la pregunta que le asalta: ¿qué hago?

Pero la urgencia de saber en ocasiones no es buena consejera. La precipitación por encontrar respuestas puede llevarte hacia lugares y personas poco recomendables, que los hay, como en todos los ámbitos. En esos momentos son presa fácil para los aprovechados de turno.

Por ese motivo, lo primero que hay que apelar es a una sencilla actitud: calma.

Serénate. Tu criatura es exactamente la misma persona ayer, hoy y seguramente mañana. Nada cambia. Tan solo un pequeño dato que desconocéis y que hay que aprender a gestionarlo.

Respira hondo. No hay nada perdido, aunque no haya tiempo que perder. Con la información en la mano acércate a un sitio de confianza.

Busca la asociación de tu zona. Ellos podrán orientarte. En este mapa puedes encontrar la que te pilla más cerca.

Interactúa con otras personas. En el grupo de amigos de la Plataforma de Apoyo a las Altas Capacidades hay muy buen ambiente y se suele aportar información veraz. Dialoga con otras familias que han pasado lo mismo que tú. Te entenderán y te ayudarán con su propia experiencia.

Lee mucho. Todo lo que caiga en tus manos. Pero con prudencia, no creas todo lo que lees. El tiempo te irá ayudando a distinguir el grano de la paja y a ser crítico con la información disponible. En la entrada de Preguntas frecuentes sobre altas capacidades he recopilado muchos enlaces que podrán orientarte. No agota todo lo que puedes leer, obviamente, pero para empezar será más que suficiente.

Fórmate. No lo fíes todo a la información que puedas leer en un rato. Tus hijos y tú mismo necesitáis tener las herramientas para poder dar el siguiente paso: continuar.

No dejes en manos de otros tu responsabilidad. Dependerás de voluntades ajenas y perderás la oportunidad de empoderarte, de hacer las cosas por ti mismo. Con la ayuda de la experiencia de otros te reforzarás, te sentirás más seguro, pero como medio para tu propio crecimiento, no como fin.

Y cuando vayas dando pasitos firmes en este terreno te irás dando cuenta de que lo que te pasa a ti le pasa a muchos otros. En ese momento querrás devolver lo que has recibido y darás el último paso: ayudar.

Esa ayuda puede ser individual o colectiva, anónima o pública. Da igual cómo sea, lo importante es que sea. Las cadenas de favores funcionan porque se da el hoy por ti y mañana por mí. Lo que nos hace genuinamente humanos es la solidaridad y la colaboración. Nunca fuimos una especie especialmente poderosa y fue nuestra capacidad para unirnos -a pesar de todo- la que nos permitió progresar. Somos más fuertes cuando somos más.

Pero esto es un proceso y a un recién llegado no le puedes poner la bandera de la colaboración en el minuto cero. Bastante miedo maneja como para darle algo para lo que no está preparado. Hay que cuidar a las nuevas familias y darles la confianza suficiente para que, con el tiempo, pueda compartir lo recibido en otros.

Tiempo al tiempo. No soy nada religioso ni creyente, pero este pasaje es de una lucidez extrema:

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

un tiempo para nacer,
    y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
    y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar,
    y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
    y un tiempo para construir;
un tiempo para llorar,
    y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
    y un tiempo para saltar de gusto;
un tiempo para esparcir piedras,
    y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
    y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,
    y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
    y un tiempo para desechar;
un tiempo para rasgar,
    y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
    y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar,
    y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
    y un tiempo para la paz.

Conciencia, consciencia, inteligencia y creatividad

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MAPA

Os propongo un viaje visual para comprender mejor las sutiles diferencias entre conciencia, consciencia, inteligencia y creatividad en sentidos amplios.

Conciencia=Apertura=Ser

Imaginaos un campo abierto. O varios territorios, con diversas formas: un paisaje.

Consciencia=Acción (intencional)

Imaginaos dentro de ese paisaje. Observándolo y experimentándolo. Viviéndolo, en suma.

Inteligencia=Gestión

Imaginaos recogiendo, eligiendo y usando partes de ese paisaje.

Creatividad=Exploración

Imaginaos adentrándoos en otros paisajes diferentes al tuyo habitual.

Con este “mapa” es fácil advertir que la creatividad y la inteligencia pueden (o no) estar íntimamente relacionadas, sobre todo cuando la primera recoge e incorpora en su paisaje los recursos que ha conseguido la segunda con su exploración en otros territorios. La creatividad es más “valiente” (si se despliega) y la inteligencia más “segura” (si se entrena).

Son dos magníficos recursos de nuestro ser.

Sin embargo, tenemos la tendencia a valorar más una o la otra, generalmente la que poseemos en mayor grado se lleva los elogios y la otra las críticas. Y quienes defienden la bondad de la creatividad suele pensar la inteligencia como algo estático, rígido e inamovible, nada más lejos de la realidad porque nuestra capacidad de gestión varía sustancialmente en nuestra vida y en según qué asuntos cognitivos estemos inmersos. Es mucho más dinámica de lo que la mayoría de personas está dispuesto a conceder. Por eso se le considera una “habilidad fuerte” (hard skill), como si fuera el típico “cachas” incapaz de desarrollar movimientos flexibles. Un error de bulto. Por eso invito a abrir un poco la mente e imaginar la inteligencia como lo que es en su sentido originario, la capacidad de “elegir y reunir en medio”. Es decir, la capacidad de gestionar contenidos de conciencia. Capacidad moldeable, entrenable y desplegable. No se trata de un mero contenedor rígido “para toda la vida”.

Hace un año realicé una exploración más amplia sobre la diferencia entre inteligencia y creatividad, por si alguno que no la leyera quiere curiosear.

Altas Capacidades. Luces y sombras en el trabajo conjunto.

¿Has participado alguna vez en un diálogo o en un grupo de trabajo junto a personas con cierto nivel intelectual?

La tendencia a dispersarse es una constante. Las “mentes de mono” tienden a irse por las ramas a la menor oportunidad. Y si tienes muchos intereses diferentes en la cabeza las ramificaciones se multiplican hasta el infinito.

Cuando hay confianza, el humor hila muchas conversaciones. Un humor tan fino como negro, donde la ironía y el chascarrillo dominan la estancia. Por el contrario, en un ambiente de desconfianza la ironía se convierte en sarcasmo, la tensión corta el aliento y se apagan los diálogos para dar paso a acusaciones más o menos veladas.

En esto no hay diferencia respecto a otros grupos, salvo tal vez en la intensidad de las señales, en la riqueza de matices que podemos encontrar y en la capacidad de discutir cualquier nimio detalle hasta la extenuación sin avanzar un solo paso en los temas importantes: “sí, pero…”, “y si…”, “tal vez…”, “yo creo que…”, “ah, sí, me acuerdo de…”, “¿Te has fijado en que…?”, etc. También en que el volumen de temas abstractos es bastante superior a una conversación cotidiana.

Si la conversación fluye es una delicia, pero cuando se atasca es un auténtico suplicio. El pensamiento arborescente es muy útil en ambientes creativos, pero se transforma en un lastre cuando se trata de organizar algo. Son las dos caras de la misma moneda.

Sufren con demasiada frecuencia lo que se conoce como el Síndrome de Apolo, donde la fluidez y creatividad se convertía en rigidez analítica o tendencias paralizantes cuando no autodestructivas. Presentaban una serie de defectos que permitieron extraer una serie de patrones que mejoraban esta dinámica para revertir sus efectos perniciosos sobre el trabajo a realizar.

Defecto 1
Demasiado tiempo malgastado en discusiones estériles o destructivas. Los miembros del equipo Apolo pasaban mucho tiempo tratando de convencer a otros miembros del equipo para que adoptaran su propio punto de vista. Los miembros del equipo también demostraron un fuerte instinto para detectar puntos débiles en los argumentos de los demás. ¿Por qué? ¿Acaso los miembros de equipos Apolo aspiran a aplicar sus mentes críticas a las más difíciles e intelectualmente atractivas partes del ejercicio, aquellas con más énfasis en el análisis y el contraanálisis? ¿Sufrimos de parálisis por análisis? La habilidad para el debate competitivo no une a las personas, sino que causa desavenencias y divisiones. También se plantea la pregunta: ¿por qué la gente que entra en Mensa para interactuar intelectualmente con sus “iguales” después trata de demostrar de forma arrogante que siguen siendo los más listos de la clase?

Defecto 2
Dificultad de los equipos Apolo para la toma de decisiones. Las decisiones tomadas eran poco coherentes. Con frecuencia se omitieron tareas urgentes y necesarias. Quizá el énfasis en el análisis desbarata la toma de decisiones críticas. ¿O creemos que tiene que haber una mejor idea por ahí y olvidamos que la mayor parte de un ejercicio consiste más en la aplicación de una idea que en su generación?

Defecto 3
Los miembros de los equipos Apolo tendían a seguir sus temas favoritos sin tener en cuenta lo que estaban haciendo los otros miembros, y esto dificultaba la gestión del equipo. ¿Por qué la gente inteligente es tan difícil de gestionar? Los miembros del equipo inteligente mostraban una notable resistencia a cualquier forma de organización impuesta. Prefieren la autonomía, socialmente satisfactoria, pero anárquica. Las personas inteligentes también tienen dificultad para distinguir entre su rol y lo que perciben como el rol del líder. Si el “líder” del grupo les molesta, las personas inteligentes tienden a perturbar el funcionamiento eficaz del grupo, más que a contribuir a él. “Pastorear un rebaño de gatos” es la conocida frase que nos viene aquí a la mente.

Defecto 4
En algunos casos los equipos Apolo se daban cuenta de lo que estaba pasando pero lo compensaban evitando la confrontación, lo que también conducía a problemas en la toma de decisiones. Estos defectos comunes llevaron a los investigadores a varias conclusiones:

  • Las tendencias destructivas en los equipos Apolo pueden provocar un rendimiento por debajo de sus posibilidades
  • Las personas con alta capacidad analítica no son necesariamente creativas.
  • Una persona dotada de capacidad creativa no necesariamente prosperará en un equipo de Apolos
  • Los equipos Apolo no eran, en realidad, equipos creativos.

No hay que olvidar que algunos equipos Apolo tuvieron éxito. ¿Qué características presentaban estos equipos exitosos?

La ausencia de individuos muy dominantes. En los equipos Apolo funciona un estilo particular de liderazgo. Los líderes eran personas sospechosas y escépticas que imponían una forma o patrón en la discusión en grupo y en los resultados de las actividades. Se requieren líderes duros pero no dominantes.

Muchas de las entradas de este blog han surgido de diálogos producidos en entornos intelectualmente enriquecidos. Pero también otras han aflorado al comprobar los efectos que producen los entornos intelectualmente enrarecidos. Son las luces y las sombras de un colectivo extremadamente complejo que, cuando se enreda, se convierte en extraordinariamente complicado.

En este sentido, somos tanto la solución como el problema. Y para romper ese equilibrio que mantiene en la actualidad al colectivo varado en la nadería es apremiante dejar de complicarse para recuperar la confianza perdida, las alianzas deterioradas y los diálogos productivos que pueden llevarnos a cambios de calado como hace una década, aunque durara poco tiempo sus efectos más visibles. Nos jugamos el futuro y está en nuestras manos cambiar el paso para salir del cerco o quedarnos ahí, autocomplaciéndonos en la nada que nos estamos convirtiendo con tanta discrepancia por tonterías.

Se supone que todos estamos en el mismo barco y que todos tenemos intereses comunes. Se supone… Pero ahí seguimos, fragmentándonos y creando cámaras de eco en las que solo se permite resonar la propia voz, en lugar de abrirse a todas las voces. Hay muchos puntos comunes para poner delante el ego a los niños y jóvenes por los que decimos luchar. Demostrémoslo con hechos y no con palabras más o menos rimbombantes. El futuro es aquí y ahora. Mañana ya es tarde.

Altas capacidades: la visión esencialista

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En el mundillo de las altas capacidades conviven cuatro visiones diferentes sobre el mismo fenómeno: 1) esencialista, 2) estructuralista, 3) funcionalista y 4) desarrollista. Visiones que se corresponden a cuatro oleadas y subsumen en su seno semántico diversos modelos y autores. Sobre esto hablé en la entrada ¿Por qué resulta tan difícil avanzar en el ámbito de las altas capacidades?.

Hoy hablaré de la primera de ellas, la visión esencialista. Esta visión es, con mucha diferencia, la más resistente a los cambios. De hecho, fue la primera que afloró y aún hoy continúa con la misma vigencia. Y esto se debe fundamentalmente a que el atributo de la inteligencia se relaciona íntimamente con nuestra identidad. Con lo que decimos a los demás que “somos”.

Salvando las distancias, funciona de modo similar a nuestras opiniones. Están tan relacionadas con nuestras señas de identidad que si las atacan a ellas sentimos que nos agreden a nosotros como personas. Por eso se escuchan o leen tan frecuentemente las expresiones “¡respeta mis opiniones!” o “todas las opiniones son respetables”. Relacionamos tanto nuestras opiniones con nosotros mismos que terminamos por fundirlas en una sola cosa. Y claro, reaccionamos en consecuencia. Por eso resulta casi un milagro que alguien con este nivel de identificación cambie de opinión.

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La atención a la diversidad desde dentro. Iris Carabal

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Se ha escrito, se escribe y se escribirá mucho sobre la atención a la diversidad en el marco de una escuela inclusiva. Pero a veces hay que aterrizar ideas y compartir las opiniones de quienes viven esa realidad en el día a día. Este es el caso de Iris Carabal, maestra de educación primaria especializada en la rama de pedagogía terapéutica, más conocida como PT o educación especial.

En su perfil de Twitter (@IrisMaestraPT) compartió unas reflexiones que, tras solicitarle el correspondiente permiso, publico en este blog para darle difusión entre sus lectores habituales. Sin más, os dejo con ellas, las verdaderas protagonistas de esta entrada.

También podéis seguir su web http://avanzandoconemociones.com/ donde comparte contenidos interesantes sobre esta esquiva realidad docente.

Reconozco que tengo debilidad por las personas que hablan desde el terreno y no desde el púlpito. Y más en estos días donde hay tantas personas que tienen que decir algo y tan pocas que tienen algo que decir.


 

Voy a contaros algunas opiniones personales que tengo sobre las personas que nos dedicamos a la educación especial y la atención a la diversidad. Maestros especialistas de pedagogía terapéutica o audición y lenguaje, logopedas, psicólogos infantiles, fisios pediátricos… etc.

Me parece que (en el ámbito educativo) formarse en atención a la diversidad requiere mucho más esfuerzo que otras especialidades. Lo veo mucho más complejo.

Dedicarse a la atención a la diversidad requiere de una sensibilidad especial que no todas las personas tienen.

La atención a la diversidad nos expone a relacionarnos con niños, jóvenes y adultos con problemáticas complejas que en ocasiones nos acaban afectando psicológicamente. Problemáticas que van desde desencuentros familiares hasta problemas muy graves de salud.

Las personas que abordamos las diferentes problemáticas que debilitan la calidad de vida de las personas con las que trabajamos, estamos expuestas a sufrir problemas psicológicos con mayor facilidad que otras personas de otras especialidades.

A día de hoy sigo creyendo que la atención a la diversidad y la educación especial está muy infravalorada o estigmatizada. A día de hoy gran parte de la población nos considera “los pobrecitos”.

La educación especial es posiblemente la especialidad que más provoca en los docentes que estos se replanteen su trabajo y esfuerzo diario.

Todos los maestros y maestras, sean del nivel que sean y al margen de la especialidad que hayan cursado, deberían pasar un año de su vida trabajando en un centro de educación especial.

Los profesionales con destino definitivo en un centro de educación especial (enfermeros, fisios, psicomotricistas, maestros, logopedas… etc) deberían tener derecho a trabajar durante un curso en otro tipo de centro cada cierto tiempo (2/3 años) y sin perder su plaza oficial.

Está totalmente infravalorado el desgaste físico y psicológico de los especialistas que atienden la diversidad.

Nuestro trabajo está totalmente infantilizado.

A día de hoy gran parte de la población desconoce que los maestros especialistas estamos expuestos con demasiada facilidad a agresiones verbales, físicas y psicológicas por parte de un porcentaje (no precisamente bajo) de nuestro alumnado.

No todas estas agresiones por parte de nuestro alumnado se producen de manera premeditada. En ocasiones son un mecanismo de defensa producido por una falta de comprensión de lo que sucede en su contexto o una incapacidad comunicativa.

En otras ocasiones, en menor medida, las agresiones por parte de nuestro alumnado son totalmente premeditadas y se dan con ensañamiento.

Pocos saben de esta situación de riesgo físico y psicológico a la que estamos expuestos. Y todavía menos saben que aunque las suframos, al día siguiente volveremos al trabajo con nuestras mejores intenciones.

A los especialistas, cuando realizamos actividades cuyo objetivo fundamental es la inclusión social, nos gusta anticiparnos a los prejuicios con los que nos vamos a encontrar durante “la excursión”.

Creo que muchos nos acabamos acostumbrando a que nos miren raro y nos señalen cuando hacemos salidas con nuestro alumnado.

Hasta donde he podido observar, muchos especialistas hacemos humor negro de nuestro trabajo. Y hasta el propio alumnado lo practica a veces. Esto me recuerda mucho a .

A día de hoy sigue sin hacerse una relación entre el concepto de educación especial y la idea de desarrollo intelectual. Como si atender a la diversidad no implicase un trabajo curricular lo más avanzo posible. Siempre se entiende como una intervención en negativo, hacia atrás.

La atención a la diversidad en cualquiera de sus formas es uno de los trabajos más enriquecedores que pueden existir. Estoy segura de ello.

Insisto en que no debería dedicarse a esto personas que no cuenten con una sensibilidad especial para empatizar y entender a personas con diversidad funcional.

Profesiones de este calibre requieren toneladas de paciencia.

Atender a la diversidad requiere una formación continua, actualizada, científica y de calidad.

La atención a la diversidad, desde la rama educativa, requiere que los profesionales que se dedican a ella sean creativos a la vez que dominen todos los contenidos de manera minuciosa para saber adaptarlos a las necesidades del alumnado.

Atender a la diversidad de manera profesional y correcta exige de un dominio propio, una gestión emocional y una batería de conductas adaptativas y habilidades sociales que no todos tienen.

Los maestros de educación especial tenemos uno de los trabajos más delicados y cuidadosos de todo el sistema educativo.

Este trabajo nos coloca frente al abismo que se abre ante las personas en situación de riesgo y exclusión social. Estamos en primera fila para verles caer o volar.

Nos hace reír a carcajadas y llorar de rabia y desesperación. Nos crea una coraza y a la vez nos vuelve más sensibles. Nos hace sentirnos más vivos y más humanos.