“Ponga aquí lo que quiera” y Altas Capacidades

Una de las tendencias más curiosas que se dan en este colectivo es la de asociar las Altas Capacidades (AACC) con casi cualquier cosa. La pregunta suele tener la forma… ¿tienen relación las altas capacidades con…?

Dormir poco + aacc

Respirar mal + aacc

Escribir raro + aacc

Gusto por los dinosaurios + aacc

Moverse mucho + aacc

Replicar mucho + aacc

Comportarse mal + aacc

Saberlo todo + aacc

Amigo invisible + aacc

Dermatitis + aacc

Morder lápices + aacc

Etc + aacc

Es muy llamativa, y bastante habitual entre personas que acaban de aterrizar. Es lo normal, llegan completamente despistados y necesitan ir probando cosas. El problema surge cuando llevas más tiempo en esto y sigues manteniendo asociaciones peregrinas que no se soportan ni en el sentido común, ni en la razón ni en estudios serios sobre cada una de ellas.

Seguro que has visto muchas de estas. Te animo a que las expongas.

Añado esta reflexión porque me parece extraordinariamente sensata.

Eva Enamorado García (Liebre – asociación de apoyo a las altas capacidades de Guadalajara)

“Uno de las principales motivos por los que las asociaciones deben existir, es por dar la oportunidad de juntar a niños que tienen ( no que son) altas capacidades para que dejen de sentirse diferentes, pero que son tan diferentes entre sí que no encontraremos dos iguales.”

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Las Altas Capacidades en la encrucijada

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“Ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio” (refrán inglés)

Hace poco leía una entrada, Pues yo no lo veo, preñada de realismo de un profesor, padre de una niña con altas capacidades y adulto identificado como tal. En ella confesaba que:

Ese argumento, el del “pues yo no lo veo”, puede ser consecuencia de una falta de formación, cierto, de aquel que no tiene el conocimiento necesario sobre el tema. Y aquí me detengo para manifestar, en un ejercicio de honestidad, que yo tampoco lo veía, que tampoco conocía qué era aquello que tenía que reconocer en el alumnado con altas capacidades, como no fui capaz nunca de verme a mi mismo. Esa parte de profesorado, con formación los acabará viendo, porqué no los veía igual como el miope no ve lo que pasa a su alrededor si no usa las gafas.

Mi preocupación está en el profesorado que atribuye a su visión la omnipotencia de verlo todo y que, por tanto, cuando dice “pues yo no lo veo” no da lugar a que pueda pasar y él no lo vea, sino que da por descontado que si él no lo ve es porque no es y punto.

¿Se puede decir ya que a esa gente no la cambiamos con formación, ni recursos, ni más horas de exclusiva? ¿Se puede uno preguntar ya a qué se dedica la inspección educativa? ¿Se puede decir ya que no deberían ser maestros?

También podemos rescatar esta reflexión Alicia Antúnez, profesora y madre de dos niños con altas capacidades, miembro de la Plataforma de Apoyo a las Altas Capacidades, en una entrada titulada Vacaciones de altas capacidades:

Para las familias el verano es un respiro, respiro de reuniones, solicitudes, entrevistas con tutor, con orientador, respiro de de leer leyes, de hacer escritos y de ponerse delante de un toro que creían que venia resuelto por el sistema: la educación formal de sus hijos. Mientras hacemos esto durante el curso, muchos lidiamos, además, con estados de ánimo alterados de estos mismos niños que son obligados por ley a estar en los centros educativos y, por ley también, deberían estar atendidos en la escuela, cuando esta última parte se olvida y se omite sistemáticamente, salvo honrosas excepciones.

Parece que en verano las altas capacidades se disuelven porque aparecen menos en redes, los foros paran, las dudas paran, los ejemplos paran y con el calor todo se atenúa.

Pero hurgando un poco descubres que a partir de agosto algunos niños (más de uno, dos y hasta de quince…) empiezan a tener morriña inversa de la escuela, y aun quedando más de un mes para entrar, empiezan las pesadillas, a hacer alguna referencia suelta al colegio, cuando no una queja clara de que ya queda poco para empezar, y aquí sí, solo las familias que pasamos por esto entendemos la angustia que encierran estos detalles. Aquí es donde escuchamos el manido comentario: “A todos los niños les pasa lo mismo”. Y no es cierto. Y si lo fuera, todas las familias deberíamos hacer algo porque TODAS tendríamos un problema.

Se acerca septiembre y con él las mismas historias de siempre, como si nada hubiera cambiado, como si viviéramos una y otra vez el día de la marmota que decía Belén Ros en una de sus entradas más duras y directas que se le recuerda, publicada hace dos años y medio pero lamentablemente tan vigente hoy como ese año 2017. La realidad es lo que tiene, que por más que la pintes de colores para aparentar otra cosa llega un momento en que se manifiesta en toda su crudeza. En el texto Belén identifica con claridad los espacios de responsabilidad de los diversos agentes implicados: medios de comunicación, políticos, personal de la administración educativa, familias y asociaciones de familias. También se podrían añadir los profesionales que actúan fuera del sistema educativo. Sin embargo, como cualquiera con los ojos abiertos advierte fácilmente, en el campo de las altas capacidades se da el fenómeno social de la difusión de la responsabilidad, que tiende a ocurrir en grupos de personas superiores a un cierto tamaño crítico cuando la responsabilidad no se asigna de forma explícita.

La difusión de la responsabilidad puede manifestarse de dos maneras:

  • En un grupo de pares que, por acción o inacción, dejan suceder hechos que nunca permitirían si estuviesen solos (se suele llamar a la acción “mentalidad de masa” y a la inacción “efecto espectador”.
  • En una organización jerárquica, donde, por ejemplo, los eslabones inferiores afirman que sólo seguían órdenes, mientras los supervisores afirman que sólo emitían órdenes, sin hacer realmente nada per se.

Esta óptica es ilustrada por el refrán que abre esta entrada. Nadie a nivel individual se siente responsable del estado actual de cosas.

Sin embargo, sí que todos somos responsables (cada uno en su parcela o espacio de responsabilidad, que es donde PUEDE y debe responder) del marasmo en el que nos encontramos hoy día.

La inmovilidad ciudadana permite la inacción política y educativa. Y es que la voluntad de no hacer nada solo se puede torcer con la lucha colectiva, con la unión de las familias, que son las que tienen el poder de forzar cambios a los políticos (que hemos votado, no vienen de otro planeta) que permitan mejorar la situación en la que nos encontramos. Pero a día de hoy esa unión de familias brilla por su ausencia, tanto a nivel local como a nivel nacional. Parece que sobre esta realidad no se puede escribir porque los diferentes egos se ofenden y se defienden ridículamente matando al mensajero, como si ocultando el botón rojo de alarma el avión no se pudiera caer.

La ausencia de voluntad política y la escasísima voluntad educativa viene de lejos. Algunas de las miles de excusas que se utilizan para no actuar están reflejadas en esta entrada, que solo recoge 353 pseudoargumentos que solo denotan dejadez pero que describen perfectamente la realidad que, día sí y día también, relatan las nuevas familias cuando aterrizan a este mundillo, lo que refleja ese marasmo.

En el último lustro apenas ha habido cambios normativos, lo que denota la falta de fuerza colectiva de la que hablaba más arriba. No sé para qué sirve tener “asesores del Ministerio” si éste no se ha movido un centímetro de su postura en años. Tampoco las cada vez más numerosas jornadas, congresos y seminarios que se organizan para mejorar la visibilidad del fenómeno logran provocar esos cambios normativos, que son los resultados tangibles de esta lucha, aunque tampoco es su objetivo principal. Ni tampoco generan esos cambios las diferentes reuniones con fotos que se han ido publicando para parecer que se hace algo. Cuando negociamos el plan para Andalucía no hubo ninguna foto hasta que se consiguió, el día de su presentación. Antes solo sirve para el postureo, digámoslo claramente. Pero hoy parece que si no te has hecho una foto de cualquier cosa es que realmente no has hecho nada…

Pero aunque la descripción del panorama es desalentador, siempre hay que guardar algo de esperanza y depositarla en las nuevas familias, que son las que por lógica deben recoger el testigo y rebelarse (de verdad, no solo con el nombre) contra el estado actual de cosas. Exigir en sus asociaciones responsabilidades, o entrar ellos a asumirlas para volver a conducirlas a la senda de la que nunca debieron desviarse: la de ser instrumentos políticos que provoquen cambios en beneficio de todos. No depositar la responsabilidad en agentes sin implicación directa en esta lucha, que bien pueden ayudar pero jamás sustituir ni, en modo alguno, desalentar la lucha porque sus intereses sean otros. Alejarse de algunos que solo viven de crear alarmas innecesarias o de las iniciativas poco claras o directamente dañinas que sobrevuelan este sabroso nicho de mercado en el que se ha convertido las altas capacidades en los últimos años, debido al crecimiento de los espacios donde las familias piden ayuda (grupos, asociaciones, etc).

Las altas capacidades se encuentran en una encrucijada y el tiempo dirá si se ha afrontado el reto o simplemente nos hemos dejado llevar por ese efecto espectador que parece presidir ahora la estancia.

Recordad que nadie va a hacer vuestro trabajo, que nadie alineará sus intereses con los vuestros y que hay que encontrar el modo de colaborar sin que los egos se pongan por delante de las manos. Es difícil, lo comprobamos día a día en cuanto se quiere mover algo, pero no es imposible. Solo hay que cambiar la mentalidad y remangarse.

Altas Capacidades. Los beneficios de “salir del armario”

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Hace un par de años publiqué una entrada sobre la visibilización de las altas capacidades desde un punto de vista muy general o abstracto. Hoy retomo el tema y lo aterrizo a lo particular. Como indica el título, hablaré de los beneficios de “salir del armario” tirando de ejemplo concreto, el mío.

Antes de nada pondré en contexto al lector, porque obviamente un caso particular es exactamente eso: un caso. No es extrapolable a otros casos porque cada persona tiene su trazado vital, sus estructuras y funciones cognitivas, sus circunstancias familiares, etc.

Cuando era muy pequeño, según los relatos de mi madre (qepd), era un niño muy tímido y retraído. Con frecuencia me asomaba a la ventana y me quedaba horas observando el mundo desde lejos, algo que me sigue gustando hacer hoy día. Me costaba un mundo interactuar cono otros, y cuando lo hacía era muy pesado porque no sabía qué decir ni entendía las claves sociales implícitas en esos intercambios. Una anécdota que ilustra esto se produjo cuando un primo de mi madre vino una mañana a hacer una “chapuza” en casa. Según parece, me tiré tooooda la jornada de esta guisa:

JL.- Hola Manolo, ¿cómo te llamas?

M.- Yo me llamo Manolo

JL.- Ah, estupendo. Pues yo me llamo José Luis

Así una y otra vez, sin descanso. La incapacidad para retener un nombre ya se manifestaba de pequeño, aunque ahora la cosa no va mucho mejor. Puedo no olvidar una cara, pero es complicadísimo que se me quede un nombre en los primeros diálogos con cualquier persona en el mundo real (en el virtual está la ventaja de que lo ves escrito y se queda grabado sí o sí). Podéis haceros una ligera idea de la infinita paciencia que tuvo el primo de mi madre, que según parece en ningún momento torció el gesto o me dio una mala contestación, a pesar de lo pesado que fui. Lástima que no lo pude ver más de mayor, murió joven.

Bueno, anécdotas aparte, todo esto viene a colación de que en esa época fue cuando me identificaron en el colegio, un maestro que estuvo con nosotros desde parvulario (infantil) hasta quinto de EGB. Él fue quien alertó a mi madre de todo esto y trató de darme retos durante los años que estuvo dándome clases. También esto lo conté en otra entrada.

El caso es que todo aquello lo vivimos en casa y en el colegio con absoluta naturalidad. A esto me refiero cuando insisto tanto en la importancia de “naturalizar” el fenómeno. Lo natural es que haya diferencias entre las personas. La diversidad enriquece, no es motivo que justifique los enfrentamientos o los aislamientos cuando es una diversidad que nos disgusta o nos amenaza.

Viví toda la infancia sabiendo que tenía más facilidad que el resto de hermanos, compañeros y amigos de mi edad o similar para comprender ideas complejas, una habilidad como otra cualquiera. Otros niños eran máquinas jugando al fútbol y yo el más torpe de todos, ese que siempre se quedaba el último cuando había que elegir equipos en el colegio. Siempre he admirado a los que tenían esa habilidad y no me sentía mal por no tenerla yo. La asumí poco a poco, dándome cuenta de que no había nacido para darle patadas a un balón. Tampoco para ser el relaciones públicas del colegio, o el líder o el más popular. Era otro espacio vedado para mí. Soy una persona introvertida con el añadido de la timidez (no son sinónimos timidez e introversión), lo que me dejaba en fuera de juego cuando se trataba de grupos humanos. Y otras habilidades tampoco las tenía muy destacadas. Pero las de comprender ideas complejas sí, ahí sí me sentía en mi “elemento” y me encantaba aprender de todo, no solo las asignaturas del cole sino también lo que emitían en televisión, en radio o en cualquier otro medio. Eso sí, no le daba ninguna importancia porque no tenía que esforzarme sino que fluía de modo natural. Debido a esto también desarrollé una admiración por las personas que se esforzaban mucho por conseguir sus objetivos vitales o escolares, algo que sigo manteniendo en la actualidad.

En resumen, ni de pequeño ni de adulto me he considero alguien “especial” (una palabra cargadita de connotaciones). Por eso muchas veces cuando veo a alguien presumir de esto, ya sea de él mismo o de sus hijos, empiezo a sentirme incómodo o simplemente desconecto. Nadie es “mejor persona” por el simple hecho de tener algunas habilidades, del tipo que sean, por encima de la media. Esa falaz generalización me pone de los nervios aunque por desgracia es más frecuente de lo que debería y de lo que serviría para naturalizar el fenómeno. De todos modos, tengo que decir que en los primeros años que estuve en la asociación, cuando éramos muy poquitos, no había familias que se pavonearan de sus hijos -salvo gloriosas excepciones que ya tengo casi olvidadas-. Eran personas normales preocupadas por sus hijos y no veían la “especialidad” por ningún lado. Tenían pensamientos similares y así se lo transmitían a ellos. Luego eso fue cambiando porque las dificultades de tener una identificación en Málaga se disminuyeron sustancialmente con la consecución del plan de actuación. Nosotros que vivimos la época pre-plan y la del plan notábamos la diferencia entre las familias “con hambre” (de conocimiento, de lucha, de actividad, etc) y las que llegaban con todo “frito y cosío” que decimos por aquí abajo. Con una identificación que no tuvieron que pelear, sin tener ni idea de esto ni motivación para aprender, y exigiendo que se les atendiera sin aportar manos a la causa. Esa es una realidad que no esperábamos que se diera en Andalucía cuando peleamos por la implantación de este plan, que mejoró muchas cosas pero también desalentó la lucha… Así estamos como estamos ahora, claro. Pero bueno, esa es otra historia.

Total, que cuando a finales de 2009 asumí la presidencia de la asociación tuve que dar un paso adelante dentro del armario y, de repente, me vi fuera. Debido al cargo, tuve que dar la cara en varias entrevistas de radio y en prensa escrita. Eso hizo que personas que no sabían que tenía esta habilidad soltaran algunos comentarios cuanto menos curiosos, como un director de un banco que me llamó al día siguiente de aparecer en el diario de mayor tirada de Málaga (Diario Sur) porque fuimos a una gala y pusieron en el título de la foto “asociación de personas superdotadas”.

– José Luis, macho, esta mañana miré el Sur y me asusté al verte allí. No sabía esto de ti

– Salva, soy exactamente la misma persona de ayer.

O amigos de toda la vida que tampoco lo sabían y lo vieron en esos medios. Pero luego se hablaba con naturalidad, les explicaba lo obvio, que era exactamente la misma persona que ellos conocían, solo que con una peculiaridad cognitiva, y se terminaba todo. Nadie se sintió inferior, ni amenazado, ni me señalaron o estigmatizaron. Seguía siendo el mismo torpe social -bueno, algo aprendí gracias a estar ahí relacionándome con muchas personas- y físico que tenía facilidad para entender y aplicar las ideas más difíciles. Y al que le gustaban algunos temas “raros” (filosofía, ciencia, etimología, etc) con tendencia a evadirse a su mundo.

Y es que los beneficios de salir del armario sin forzar y sin fardar, conociendo las fortalezas y debilidades propias, desmontando los estereotipos que puedan tener las personas que te leen o escuchan, son incontables:

  1. Puedes hablar en público de las altas capacidades sin que te miren raro o te suelten una fresca.
  2. No te obsesionas con determinados asuntos ni le das una importancia que no tienen
  3. Descubres que hay algunas personas como tú que, en cierto sentido, también se animan a sacar un pie fuera del armario.
  4. Adquieres la autoridad moral para poder discrepar crítica y sanamente con todas las ideas aberradas que se asocian al fenómeno sin que se te tilde de fanático.
  5. Puedes ayudar a muchas personas a orientarse en la navegación que le ha traído este proceloso mar de las altas capacidades, tan lleno de absurdos, contradicciones, personajillos (o sinvergüenzas) que se aprovechan de otros y demás fauna perfectamente prescindible.
  6. Adquieres serenidad, poso. El proceso de integración te permite no solo comprenderte sino acercarte a otros que, por sus características, les cuesta entenderte.
  7. No te aíslas sino que te abres al mundo, sin complejos, mostrándote como eres sin necesidad de crear un caparazón o un personaje que te “proteja”.
  8. Adviertes que fuera del armario se respira mejor.
  9. Etc…

Adultos con altas capacidades. Convivir con la complejidad cognitiva

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Estoy en un tejado. Observo la calle con atención. Me fijo en todos los patrones de comportamiento que se repiten.

Por ejemplo, veo a una persona coger una moto todas las mañanas e irse. Puedo describir todo lo que hace con precisión. Puedo describirle a el y su moto, la calle y la ruta… Pero jamás podré saber qué significa todo eso para él sí no se lo pregunto.

Un patrón puede visualizarse como una abstracción (elevación a nuestra conciencia de formas o elementos recurrentes). Un modelo, en ese sentido, sería una estructura hecha de patrones. Todo externo. Todo se establece desde el punto de vista del observador del fenómeno.

Puedo ser un extraordinario observador de la realidad y extraer cientos de patrones. Con ellos puedo generar modelos complejos que ayuden a describir esa realidad. Modelos que se validan o se descartan gracias a muchas investigaciones desde el mismo punto de vista del observador desimplicado del fenómeno.

Simplificando mucho la dinámica, este es el modo científico de generar conocimiento que permite aplicaciones de extraordinaria fiabilidad. En nuestro día a día comprobamos cómo cientos de aparatos funcionan y nos hacen la vida más sencilla gracias al conocimiento científico que el hombre ha ido acumulando durante siglos. Aviones, ordenadores, casas inteligentes, infraestructuras, edificios, medicamentos, aparatos eléctricos, comunicaciones, etc.

David Bohm decía que “Los modelos son representaciones simbólicas que describen los principales rasgos o dimensiones de los fenómenos que representan. Como tales, son sumamente útiles para descomponer fenómenos complejos en representaciones más simples y más fácilmente comprensibles.

Sin embargo, por los modelos se paga cierto precio. En los últimos años se ha empezado a tomar cada vez más conciencia del poder de modelos y creencias sobre la configuración de la percepción. Especialmente cuando son implícitos, se dan por supuestos o se aceptan sin cuestionarlos, los modelos llegan a funcionar como organizadores de la experiencia que modifican la percepción, sugieren ámbitos a la investigación, le dan forma y determinan la interpretación de datos y experiencias de modo tal que se vayan obteniendo los resultados que los mismos modelos profetizan. La naturaleza autorrealizadora y autoprofética de este proceso indica que los modelos se autovalidan, es decir, que sus efectos sobre la percepción y la interpretación se convierten en argumentos a favor de su propia validez, que configuran la percepción de manera congruente consigo mismos. En otras palabras, que todo lo que percibimos tiende a decirnos que nuestros modelos y creencias son correctos. Pero el mayor peligro de este efecto reside en el hecho de que el proceso opera principalmente a nivel inconsciente.

Todo punto de vista depende de ciertos supuestos referentes a la naturaleza de la realidad. Si se reconoce así, los supuestos funcionan como hipótesis; si se olvida, funcionan como creencias. Los conjuntos de hipótesis forman los modelos o teorías y los conjuntos de teorías constituyen los paradigmas.”

Todo modelo explicativo (en realidad, descriptivo) se establece cuando es capaz de dar respuesta a dos preguntas claves en la ciencia:

  1. ¿Qué es? Pregunta que apunta a las formas y estructuras
  2. ¿Cómo funciona? Cuestión que señala a las acciones y funciones

Es evidente que para estudiar fenómenos atmosféricos, geográficos o astronómicos basta con dar respuesta a estas dos preguntas fundamentales. Sin embargo, cuando se trata de estudiar al ser humano, con toda su complejidad interior, estas dos preguntas se quedan terriblemente cortas, en la superficie. No basta con dar respuesta a qué es y cómo funciona el ser humano para comprender al ser humano y sus íntimas razones para tener un determinado comportamiento o pensamiento. En fenómenos donde la primera persona tiene un papel principal no puedes ignorar la pregunta clave: qué significa.

¿Qué significa tener altas capacidades?

Pues bien, el preámbulo anterior, realmente abstracto y difícil de comprender, sirve para entender por qué razón la mayoría de adultos con altas capacidades que he conocido estos años siente (sentimos), en el fondo de su ser, una profunda incomprensión del entorno. Los niños y jóvenes también tienen esa sensación, pero su capacidad de verbalizarlo y encontrar razones de fondo no son las mismas. Le falta bagaje experiencial, vivirlo. Como le pasaba a Will Hunting en esta mítica escena:

Casi toda la literatura científica sobre las altas capacidades, mucho más numerosa para estudiar niños que adultos por razones obvias, se ciñe a dar respuesta a las dos preguntas superficiales. No va más allá. No le interesa ir más allá. No es su competencia.

En este contexto, es normal que los adultos que leemos este tipo de publicaciones sintamos un enorme vacío explicativo en todas ellas. Su poder descriptivo, cuando están bien trabajadas, es enorme, pero no va más allá. No podrían explicar qué significa convivir con la complejidad cognitiva.

Ni siquiera los libros de psicólogos que utilizan sus casos clínicos como ejemplos que ilustran determinados comportamientos llegan al fondo de la cuestión. Solo pueden patronizar determinadas conductas y describirlas de un modo tal que terminan por elaborar auténticos estereotipos con patas, como le pasaba el famoso libro de Jean Siaud-Facchin “¿Demasiado inteligente para ser feliz?”. Y es curioso, porque cuando se analiza desde el punto de vista científico recibe muchas críticas por falta de “rigor”, mientras que si se analiza desde el punto de vista humano recibe más halagos. Muchos adultos que no se re-conocían lo hicieron gracias a ese libro, ese fue su gran poder catártico.

Sin embargo, como digo, una mirada algo más “vieja” es capaz de ver que, a pesar de todo, se sigue quedando en la superficie. Y la sensación de incomprensión continúa. Por ese motivo solo queda el recurso del diálogo entre personas que conviven con esa complejidad cognitiva. Mediante este sencillo mecanismo se logran enormes resonancias cognitivas y emocionales que permiten aliviar esa sensación. Pero claro, generalmente estos diálogos no se producen en abierto o en público, básicamente porque el entorno no lo entiende y se producirían comentarios preñados de ignorancia que impedirían el flujo dialógico.

Si le dices a alguien que piensas en 3D mientras que la mayoría de tu entorno lo hace en 2D lo más probable es que te mire con cara rara, cuando no directamente te diga que eres gilipollas, prepotente, o cualquier otro apelativo cariñoso. Es muy difícil explicar todo lo que pasa aquí dentro y por ese motivo generalmente no lo hacemos. No existe un terreno abonado y fértil para hacerlo. Con el consiguiente perjuicio a uno de mis objetivos idealistas: la comprensión integral del fenómeno de las altas capacidades. Integral porque el aspecto interior es tanto o más importante que el exterior.

¿Qué significa entonces tener altas capacidades? Leído y entendido lo anterior, la respuesta es sencilla: lo que cada persona, en su íntima comprensión vital, entienda que implica esa pregunta. No se puede establecer un patrón común de respuesta a todas las personas con altas capacidades. Lo que significa para mí no tiene por qué parecerse a lo que señala simbólicamente a otros. De ahí la importancia del diálogo, donde se pueden acercar los espacios de significación y nos permiten comprender las distintas representaciones simbólicas internas de otros sin juzgarlas.

Así que cuando leas descripciones de cómo eres y cómo funcionas, no les hagas mucho caso. Siempre se quedarán en la superficie de tu ser. No están escritas para ti sino para que otros sepan cómo actuar cuando ciertos comportamientos tuyos se ajusten a sus modelos.

Datos alumnado AACC 2017-2018. Análisis de la vergüenza.

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El Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP), nuevo collar para el mismo perro, acaba de publicar las cifras oficiales de alumnado con altas capacidades intelectuales identificado en nuestro país.

Como cada año desde que el Ministerio publica las cifras oficiales, la cifra se incrementa respecto al curso anterior. Este dato debería ser suficiente para desmontar la estúpida idea de que se trata de una “moda”, de algo pasajero sobre lo que hablamos ahora pero que se pasará pronto. No, no se pasará pronto porqe esto no es pelo que se cae.

El curso 2016-2017 subió un 14,3% respecto a 2015-2016. Este curso recién publicado el porcentaje de subida asciende a un 23,4%, una cantidad sensiblemente superior al curso pasado.

El número total de alumnos se incrementa en más de 6.300 respecto a 2016-2017, alcanzando la cifra de 33.482 alumnos identificados. El aumento supone pasar de detectar el 0,33% del alumnado al 0,41% en España.

Sin embargo, esta subida por sí sola no puede enmascarar el profundo problema estructural de identificación existente en este país. Para darnos cuenta de la dimensión del problema este curso he añadido un par de columnas más en la que se refleja la cruda realidad:

Casi el 96% de los alumnos con altas capacidades están sin identificar

Alumnado con AACC por Comunidades Autónomas

 

Alumnado AACC que falta 17-18

Datos positivos en algunas comunidades

El primer análisis debe hacerse con aquellas comunidades que reflejan mejoras destacadas o sostenimientos de una buena línea, dentro del panorama desolador general.

En este apartado, quisiera destacar en primer lugar al transatlántico que tira de todas las demás comunidades gracias a su protocolo sistemático de identificación obligatorio para todos los centros sostenidos con fondos públicos: Andalucía. De los 6.349 alumnos de más detectados durante este curso 2.838 son andaluces. Su velocidad de crucero le permite acercarse cada año más a la región de Murcia, donde este año han optado por no dar las cifras oficiales. Luego lo explico más detalladamente.

Andalucía aglutina el 44,70% de toda la subida del nivel de identificación español

En segundo lugar, destaco la comunidad de Baleares. Se sigue notando la implantación de su Protocolo hace un par de años, aunque en este caso siga siendo optativo. El incremento del 36,2% es una cifra digna de reseñarse.

Muy cerca de ese incremento se encuentra Asturias (35,2%), una comunidad que siempre se ha mantenido en la cabeza de la identificación a pesar de no contar con protocolos específicos (que yo sepa, igual me sorprenden mis amigos asturianos).

Un poco más abajo pero por encima de la media nacional están las comunidades de La Rioja (27,7%), Extremadura (24,4%) y Castilla la Mancha (24,1%).

El incremento del 405,5% de Cataluña es puro maquillaje de esa Consejería, que no sabemos lo que hace con las cifras pero lleva unos años bastante perdida. Uno de los territorios comanche de las altas capacidades tiene que mostrar en algo su inestabilidad interna. Lo mismo podemos decir de Aragón, no parece lógica la subida del 162,6% cuando en esa Comunidad se están empezando a dar de baja alumnos “gracias” a su gloriosa normativa, actualmente denunciada por la asociación. Por último, tampoco contemplo la cifras de 350,00% de Ceuta  porque ha pasado de 2 a 9 alumnos, supongo que gracias a la iniciativa del MEFP que finalmente se quedó sin fondos. Tampoco la subida de Melilla de 0 a 3 alumnos.

 

El pelotón de los torpes

El grupo de comunidades que se sitúan por debajo de la media transita entre lo mediocre, como Castilla y León (16,3%) y Galicia (15,3%), y lo horripilante, como son el caso de la que más se quiere a sí misma, Madrid (8,3%), la sorprendente -para mal- Canarias (5,3%), la siempre ‘relajada’ País Vasco (5,2%) -se ve que el contacto de la nacional no afecta en nada- y la casi inmóvil Navarra (2,8%).

 

La vergüenza de la comunidad murciana

La Región de Murcia requiere un análisis particular. El pasado 29 de julio publiqué una entrada titulada AACC. El retroceso murciano en la que analizaba la vergonzante actuación de la Consejería de Educación que ya el año pasado había frenado el incremento de identificación hasta un ridículo 4,1%, algo inaudito allí.

Subir el listón de determinados perfiles produjo esa bajada, pero como todavía se había incrementado el número total de alumnos decidieron dársela al MEFP. Sin embargo, las cifras de identificación de 2017-2018 habían sufrido una sensible bajada cercana al 10%, algo que no debe ser del agrado de la Consejería, que opta por no comunicar ningún dato al MEFP. ¿Es ridículo o no lo es?

La traca valenciana

Pero para ridículo mayúsculo, la de la Comunidad Valenciana, que pone las cifras a cero tras un año en las que las subió sin ton ni son.

Es increíble la poca seriedad con la que se toman este asunto algunas consejerías… Así nos luce el pelo, claro.

 

Alumnado con AACC por Provincias

 

DATOS AACC POR PROVINCIAS 17-18-0

Cómo anclar mitos en 60 minutos. Comando Actualidad

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Esta madrugada asistí a un nuevo capítulo de cómo anclar mitos sin que parezca que los fijo en el imaginario popular. Nada nuevo, si no fuera porque cuando esto se produce en un medio público de alcance nacional el nivel de responsabilidad aumenta exponencialmente.

RTVE emitió anoche pasada la 1 de la madrugada un programa de Comando Actualidad en el que se habló sobre las altas capacidades con un título inaceptable para otros colectivos que generó enorme polvareda, Pasarse de listo,

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y una presentación previa trufada de disparates conceptuales que vaticinaban un resultado concreto. Aún así, había que esperar a la emisión para poder juzgar el contenido seleccionado por los profesionales del ente público. En la elección de los pasajes que se emiten tiene mayor responsabilidad quien los destaca como relevantes que quien, dentro de un contexto expositivo más amplio, los ha pronunciado. En televisión el tiempo es “oro” y hay que recortar metraje. El resultado es un collage de opiniones fragmentadas con notables diferencias en cuanto a solidez argumentativa o adecuación a los avances en la investigación de este fenómeno. Nada nuevo.

El programa tenía un importante defecto de fondo, desarrollarse en clave madrileña. Suponiendo que reflejara pálidamente lo que ocurre allí se entiende mejor por qué esa comunidad autónoma está por debajo de la media en identificación de las altas capacidades. Y por qué supone de facto un freno imperceptible al avance en este campo a nivel nacional.

No seré exhaustivo en el análisis porque tampoco merece mucho la pena, pero señalaré algunos puntos que explican todo esto.

A NIVEL CONCEPTUAL

El CI 130: una obsesión con poco fundamento. Javier Tourón

El mito de la OMS y el CI 130 para ser superdotado

La administración educativa madrileña (y las de otras muchas comunidades) se frota hoy las manos: “el CI 130 es imprescindible para hablar de superdotación, aunque no es suficiente”. Si te sale 129 “no eres superdotado” y, en consecuencia, no tienes necesidades educativas específicas que cubrir. Fin de la historia. Cambiando contexto: si te hacen una prueba para entrar en un club de fútbol que consiste en dar pataditas, cualquiera sabe que si das 130 “eres futbolista” pero si das 129 “no eres futbolista” y debes irte a casa. Un completo disparate que hoy se reafirma.

Y el suficiente se despliega: creatividad desorbitada y exhuberante motivación. En Plata, el Horror de los tres anillos de Renzulli:

El programa desliza cifras. Varias veces habla del 3% y en una ocasión alude al 10%. Confunden claramente superdotación y altas capacidades.

Habla de fracaso escolar (35-50%) y rendimiento por debajo de su potencial (70%) acudiendo al Ministerio de Educación. Publicación del año 2000 sobre un trabajo de 1998, en base a un estudio longitudinal realizado en la Comunidad de Madrid con 108 individuos que, a lo largo del estudio, se quedan en 36. Aquí podéis leerlo.

En Madrid la nueva normativa además obliga a tener altas notas (no confundir con alto rendimiento) para tener derecho a una atención, liderando el despropósito. Si tratas de conectar en el mismo plano fracaso escolar y altas notas el cortocircuito en la congruencia está garantizado.

OTROS ASPECTOS

Presentación de un ejemplo extremo para arrancar. Un pequeñajo de 11 años con una extraordinaria capacidad. El niño genial, pero se deja la huella de que es un producto en sí. Podían haberlo obviado, pero no se hizo.

Los ejemplos extremos son también parte de la realidad, pero no reflejan la mayor parte de la misma. Y vuelvo al fútbol como ejemplo. Si quieres explicarle a un extraterrestre qué es un futbolista y le pones imágenes de Ronaldo, el alienígena tendrá serios problemas para detectar futbolistas mirando partidos de tercera regional. Sin embargo, siguen siendo futbolistas y tienen habilidades motoras por encima de la media. En definitiva, que el ejemplo extremo desvirtúa la imagen y ancla un estereotipo. Así se explica la fuerza del mantra educativo del “yo no lo veo”. ¿Cómo lo vas a ver, si esperas ronaldos en todos lados o nada?

Presentación de casos en un determinado nivel socio-económico. Si querían mostrar la realidad más amplia posible, se perdió la oportunidad. Las altas capacidades están en todos los estratos sociales.

Sustituir las extraescolares por la atención en horario escolar. Hachazo al núcleo de la reivindicación de décadas. Se deja caer que si no lo atienden en clase le buscas alternativas fuera (actividades extraescolares o centros privados). Pero claro, las familias con menos poder adquisitivo no tienen acceso a esas oportunidades. Si ancla el mito de que provienen de familias acomodadas.

En cuanto a los aspectos socio-emocionales, se pasa de puntillas en la etapa escolar y se resaltan cuando eres adulto. Curioso giro. O no tanto, teniendo en cuenta que los adultos son los grandes olvidados. La realidad de las altas capacidades deja de interesar una vez se pasa el periodo de escolarización obligatorio. Es así de simple.

Y qué decir sobre asociacionismo… Nada. Ni de puntillas. Apenas una referencia a su aspecto asistencialista. El eje reivindicativo que debería presidir el trabajo de las asociaciones fuera de foco. Una vez más. Nada nuevo tampoco.

Lo de que los profesores son buenos en la detección, de traca. Se nota claramente en las cifras de identificación.

¿ALGO RESCATABLE?

Siempre se pueden destacar aspectos positivos. A nivel técnico, un trabajo impecable. A nivel de sensibilidad, no han puesto el foco en aspectos estrambóticos que pudieran distorsionar la imagen. Recogen algunos testimonios de familias en los que tratan de desmotar algunas ideas equivocadas sobre el fenómeno.

La sucesión de lugares comunes generan una sensación de tranquilidad. Se asume que así son las cosas en todos lados y se habla con naturalidad de cosas que podrían discutirse a la luz de la investigación, como la dificultad para relacionarse con otros.

El talento es una cuestión de grado

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La palabra talento es polisémica. Señala tanto la inteligencia -el entendimiento- como la aptitud  -el desempeño-, así como a la persona que posee una o las dos en un alto grado.

Se trata de la capacidad para ejercer una cierta ocupación o para desempeñar una actividad. El talento suele estar asociado a la habilidad innata y a la creación, aunque también puede desarrollarse con la práctica y el entrenamiento.

Según la RAE:

talento
Del lat. talentum ‘moneda de cuenta’, ‘unidad de peso’, y este del gr. τάλαντον tálanton.

1.m. inteligencia (capacidad de entender)

2.m. aptitud (capacidad para el desempeño de algo)

3.m. Persona inteligente o apta para determinada ocupación.

La noción de talento es una cuestión de grado. Suena a mantra que se repite una y otra vez pero es así. No se puede entender de otro modo. Pasa exactamente lo mismo con la estatura y con la temperatura.

En un continuo cuantitativo (de menos a más capacidad) podemos establecer diversos grados: baja capacidad, capacidad media o alta capacidad.

En un continuo cualitativo (de peor a mejor aptitud) hablamos de torpe desempeño, desempeño normal, hábil desempeño, etc.

El concepto de talento es relativoSignifica literalmente que siempre se pone en relación a algo. Siempre está en una posición respecto a un determinado marco.

Ese marco puede ser nosotros mismos, nuestro grupo de conocidos, un determinado país o el mundo entero. Usando la estatura se entiende mejor. Una persona que mida 1,80 m en el contexto de la estatura media de un país estará por encima de la media, así que diremos que tiene “alta estatura” o que “es alto”. ¿Pero qué diremos de esa misma persona en el marco de un equipo de baloncesto? Probablemente diremos que “es pequeño” respecto a los demás.

Pues lo mismo pasa con el talento. Como suele repetir Ken Robinson, “todos nacemos con un talento que hay que identificar e incentivar”. Obviamente se refiere al marco personal: todos tenemos un aspecto de nosotros mismos en el que destacamos respecto a los demás aspectos de nosotros mismos. Dentro de mis habilidades, hay una (o varias) más destacadas. Esas a las que llamamos “nuestras fortalezas”. Y otras en las que flojeamos, esas que llamamos “nuestras debilidades”. En nuestro termómetro aptitudinal encontramos también pobres, normales y destacados desempeños RESPECTO A nosotros mismos.

Este marco restringido no se puede ampliar acríticamente, porque no es lo mismo ‘medirse’ con uno mismo que con una grupo más amplio. Uno puede ser un excelente atleta local y un mediocre atleta mundial. Y el talento es el mismo en ambas consideraciones. Todo depende del marco. Todo es relativo al contexto en el que se realice la estimación.

El absurdo de la afirmación “todos tenemos altas capacidades”

Como ya he repetido varias veces en otras entradas, vivimos en una sociedad que ha borrado de su lenguaje (y de su entendimiento) la noción de grado. Y claro, las consecuencias son absurdos como el de este apartado.

Dislate que procede de la distorsión de expresiones como la de Ken Robinson y otras personas que quieren destacar las fortalezas de cada persona para animarlas en su crecimiento personal (valga tanta redundancia). Fuera de ese marco, comienza el disparate.

Del “todos tenemos un talento” como sinónimo de “todos tenemos una fortaleza” pasamos a “todos tenemos talento”, con el borrado de la noción de grado. No decimos “todos tenemos talento, pero no todos tenemos el mismo nivel de talento”, que sería lo lógico. Lógica que sí usamos para la estatura. Jamás nadie en su sano juicio afirmaría que “todos tenemos estatura” (una obviedad) sin la noción de grado implícita: “todos tenemos estatura, pero no todos tenemos la misma estatura”.

Pues bien, en el ámbito educativo se realizan este tipo de afirmaciones constantemente. Sin ningún sentido crítico y sin ninguna capacidad para razonar el absurdo de la expresión extirpando el grado de su seno.

La torcedura alcanza otras expresiones similares como “todos tenemos capacidades diferentes, ni mejores ni peores”. Frase que ponen el parche antes de la herida, porque en realidad no se sabe a qué se está refiriendo. Claro que todos tenemos capacidades diferentes, esa es la riqueza del ser humano. Y en cada marco unas capacidades serán mejores que otras. Por ejemplo, en una negociación será más importante la capacidad para dialogar que la capacidad para saltar con pértiga. Es de una obviedad aplastante. La calificación de mejor y peor siempre depende también del contexto en el que se despliegue una capacidad. El problema de fondo muchas veces pasa por identificar la capacidad con la persona y por enjuiciar a la segunda en función de la primera, etiquetándola sin más. Pero ese es un problema de simplificación de la realidad que no afecta a la realidad de la diferencia en cantidad y calidad de capacidades. Lo natural, lo que todo el mundo ve pero que nadie parece dispuesto a decir no sea que alguien se sienta agredido.

Todo lo anterior explica el absurdo de afirmar, sin sonrojarse, que “todos tenemos altas capacidades“, que es el colmo del absurdo de los absurdos. Introducir la noción de grado para decir que “todos tenemos alta estatura“.

Como dice Steven Pfeiffer: “Se han producido interpretaciones erróneas de la teoría de las inteligencias múltiples, sugiriendo que todos tenemos altas capacidades en algún ámbito o dominio”

Si en un marco general una capacidad media estaría en un percentil 50, todo lo que supere ese umbral estará por encima de la media y se establecerán diversos grados de ‘estatura’. No tiene la misma altura el 75 que el 90, ni el 90 que el 99. Y todo lo que no llegue a ese umbral estará por debajo de la media y también se establecerán diversos grados. Es lo lógico.

Si en un marco personal una persona tiene diversas capacidades se establecerán diversos grados dentro de este marco restringido. Si posee percentiles en diversas áreas de 36, 42, 57, 25, 19 y 65 parece claro que posee dos fortalezas relativas (57 y 65) y dos debilidades relativas (25 y 19) respecto a si mismo. Y si hay otra persona con percentiles 70, 76, 91, 59, 53 y 99 también tendrás dos fortalezas relativas (91 y 99) y dos debilidades relativas (59 y 53) en su propio marco. Sin embargo, cuando unimos los dos marcos en uno, se denota que las fortalezas de la persona uno estarían en un nivel de debilidad de la persona dos. Lo que para uno es una “alta aptitud”, para otro es una “baja aptitud”. Por este motivo es absurdo afirmar acríticamente que todos tenemos altas capacidades sin señalar clara e indudablemente el marco en el que tu afirmación puede tener algún sentido. Generalmente no se establece ese marco y se suelta para intentar minusvalorar la fortaleza de una persona en un marco ampliado. Somos un país de maricomplejines y en gestos como estos lo demostramos. Parece que nos molesta que alguien pueda tener habilidades destacadas en algo que no sea deporte, música o baile, desempeños poco amenazantes para nuestras señas de identidad.