Nueva obligación de información al Registro Mercantil

Hoy salgo bastante de la línea habitual para compartir un documento interesante para asesores de empresas publicado por Indicator.

NUEVA OBLIGACIÓN DE INFORMACIÓN AL REGISTRO MERCANTIL

Real Decreto-ley 11/2018, de 31 de agosto, de transposición de directivas en materia de protección de los compromisos por pensiones con los trabajadores, prevención del blanqueo de capitales y requisitos de entrada y residencia de nacionales de países terceros y por el que se modifica la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas. Art. Segundo, que modifica la Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo.

OBLIGADOS A FACILITAR LA INFORMACIÓN

Están obligadas a facilitar la nueva información las personas físicas o jurídicas que de forma empresarial o profesional presten todos o alguno de los siguientes servicios por cuenta de terceros: (Servicios que aparecen en el artículo 2.1.o de la Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo)

  • Constituir sociedades u otras personas jurídicas.
  • Ejercer funciones de dirección o de secretarios no consejeros de consejo de administración o de asesoría externa de una sociedad, socio de una asociación o funciones similares en relación con otras personas jurídicas o disponer que otra persona ejerza dichas funciones.
  • Facilitar un domicilio social o una dirección comercial, postal, administrativa y otros servicios afines a una sociedad, una asociación o cualquier otro instrumento o persona jurídicos; ejercer funciones de fiduciario en un fideicomiso (trust) o instrumento jurídico similar o disponer que otra persona ejerza dichas funciones.
  • Ejercer funciones de accionista por cuenta de otra persona, exceptuando las sociedades que coticen en un mercado regulado de la Unión Europea y que estén sujetas a requisitos de información acordes con el Derecho de la Unión o a normas internacionales equivalentes que garanticen la adecuada transparencia de la información sobre la propiedad, o disponer que otra persona ejerza dichas funciones.

Cabe entender que los abogados y asesores de empresa, por el sólo hecho  de serlo, no están obligados a facilitar la nueva información prevista. Para ello es preciso que presten alguno de los servicios por cuenta de terceros indicados.

 

 

INFORMACIÓN A FACILITAR AL REGISTRO MERCANTIL

Las personas físicas o jurídicas a las que les sea aplicable esta disposición adicional, con la salvedad de las personas físicas profesionales, deberán cada ejercicio, junto con el depósito de sus cuentas anuales en el Registro Mercantil competente, acompañar un documento para su depósito del que resulten los siguientes datos:

  • Los tipos de servicios prestados de entre los comprendidos en el artículo 2.1.o) de la Ley 10/2010, de 28 de abril, de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo. (Los enumerados en el apartado anterior).
  • Ámbito territorial donde opera, indicando municipio o municipios y provincias.
  • Prestación de este tipo de servicios a no residentes en el ejercicio de que se trate.
  • Volumen facturado por este tipo de servicios en el ejercicio y en el precedente, si la actividad de prestadores de servicio a sociedades no fuera única y exclusiva. Si no pudiera cuantificarse se indicará así expresamente.
  • Número de operaciones realizadas de las comprendidas en el mencionado artículo 2.1.o), distinguiendo la clase o naturaleza de la misma. Si no se hubiera realizado operación alguna se indicará así expresamente.
  • En su caso titular real si existiere modificación del mismo respecto del que ya conste en el Registro.

Las personas físicas profesionales estarán obligadas a depositar el documento señalado en el apartado anterior en el Registro Mercantil en donde constaren inscritas con excepción de la mención señalada el último punto. El depósito que se efectuará dentro de los tres primeros meses de cada año, y se hará de forma exclusivamente telemática de acuerdo con el formulario preestablecido por orden del Ministerio de Justicia.

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No te adaptes porque sí

Adaptar no es sinónimo de aplastar. Si te adaptas demasiado puedes perder tu esencia.

Si piensas en 3D (abstracto), realmente has de adaptarte a un mundo pensante 2D (concreto). Pero no tienes que ingresar en planilandia y acabar aplastando toda tu riqueza interior.

Vivimos en un mundo donde las diferencias se aplastan, no se resaltan. Han pasado de ser expresión de riqueza a sensación de peligro.

Existe un culto insano al pensamiento único. No se admiten discrepancias. Hay que extirparlas como sea.

Queremos destacar, distanciarnos de “lo igual”, pero no aguantamos “lo distinto”. Es más, hay que expulsar lo distinto, como dice Byung-Chul Han:

“Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”

Las humanidades (filosofía, arte, etc) en general sobran, pueden amplificar las odiosas diferencias. Pueden hacernos pensar distinto. Y eso no es comercializable, así que hay que borrarlo del mapa o aplastarlo, convertirlo en “lo igual”.

Así que si puedes elegir, no te adaptes porque sí.

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Fluir. Canal de experiencias óptimas.

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El flujo es el estado que alcanza el individuo cuando se sumerge completamente en la actividad que está realizando, cuando alcanza una total implicación con esta.

Csíkszentmihályi definió así la teoría del flujo:

“Estar totalmente absorto por la actividad que se realiza. El ego desaparece. El tiempo vuela. Cada acción, movimiento y pensamiento sigue inevitablemente al anterior, como si se tocase jazz. Todo tu ser está implicado, y estás utilizando tus habilidades al máximo”.

Entender lo que significa alcanzar un estado de flujo es sencillo. Solo has de pensar en cuando practicabas tus juegos preferidos. Al principio, hasta que entendías la mecánica del juego, te costaba sumergirte en él; una vez que conoces la lógica puedes pasar horas y horas jugando sin darte cuenta del paso del tiempo. Esto es alcanzar el estado de flujo.

Elementos de la teoría del flujo

Para que se consiga alcanzar el estado de flujo es necesario las estrategias de gamificación hagan hincapié en los siguientes elementos:

  • La actividad debe de suponer un desafío: si la actividad es demasiado sencilla, el usuario se aburrirá y pondrá punto y final al juego antes de lograr el objetivo deseado.
  • La actividad no debe ser demasiado complicada. Tiene que ser una habilidad accesible.Poner el listón demasiado alto acaba produciendo frustración o estrés en el usuario.
  • Las metas deben estar diseñadas de la manera más clara posible. Así, el usuario las percibirá con facilidad e identificará que los objetivos son alcanzables.
  • Es necesario que el usuario reciba un feedback que le ayude a identificar sus logros y sus derrotas, a la vez, la información aportada por el usuario servirá para identificar posibles mejoras en la estrategia del juego.
  • Paradoja del control: el usuario entiende que el resultado de la actividad es incierta, pero debe tener la sensación de que el final está condicionado por sus acciones. Aunque conoce de antemano que no tiene el control directo por la actividad, el usuario debe interpretar que, con sus acciones, obtendrá un control indirecto sobre el resultado.

Efectos de la teoría del flujo

  • Al alcanzar el estado de flujo la experiencia de la actividad se convierte en un estado en sí mismo. El usuario emplea su tiempo en esta actividad por la motivación que esta le ofrece, sin cuestionarse sin en ella pueden existir otras intenciones que no sean la diversión o la competición.
  • Fusión de la la acción y a conciencia. La conciencia se reduce a la actividad. Se termina desarrollando la actividad de manera automática, sin pensar en ella.
  • Pérdida de la autoconciencia. Cuándo el usuario logra sumergirse en el juego se olvida del entorno para centrarte en la actividad que está desarrollando con absoluta dedicación y total motivación.
  • Distorsión del sentido del tiempo. La entrega y la motivación con la que el usuario desempeña la actividad hacen que pierda el control sobre el tiempo que éste le está robando.

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Resumen del libro. Introducción

Un científico entra por la mañana a trabajar en su estudio y cuando menos lo piensa, se da cuenta de que ya es de noche y que ha pasado todo el día inmerso en sus tareas, sin ni siquiera alimentarse. Un alpinista escala las arriesgadas cumbres del Everest y mientras mantiene el control pleno del ascenso, siente que su cuerpo se funde con la roca. Una bailarina realiza con precisión y armonía una serie de complejos movimientos que hace parecer sencillos, al tiempo que ella misma se siente como flotando. Un cirujano acomete una delicada operación y mientras percibe con todo detalle la interacción entre su bisturí y el órgano del paciente, todo el entorno parece desvanecerse. Un amante hace el amor con su pareja y siente que se fusiona con ella y con el cosmos. Un gourmet saborea un elaborado plato y olvida que ha perdido su fortuna. Unos chicos saltan en monopatín y sus miedos se disipan. Un filósofo piensa y se olvida de que existe. Un músico toca el saxofón y su cuerpo es música. Un niño da sus primeros pasos y percibe que puede caminar…

Todos ellos fluyen en una “experiencia óptima” y no sólo han escapado a la ansiedad y al aburrimiento, sino que, al hacerlo, han logrado poner orden en el caos reinante de sus mentes. Todos ellos están experimentando el disfrute y además de que recordarán la experiencia como algo placentero, obtendrán de ella el estímulo adecuado para buscar nuevos desafíos y hacer que sus personalidades crezcan y se tornen más complejas.

Esa especie de epifanía, ese profundo sentimiento de alegría que han deseado durante largo tiempo y que representa la imagen de lo que quisieran que fuera la vida, no ha llegado a ellos por la gracia de su buena fortuna. Son ellos mismos, con el esfuerzo constante de sus mentes y de sus cuerpos, quienes han traspasado sus limitaciones y han propiciado una experiencia que va más allá del placer instantáneo de los sentidos, en el que se esconde la esencia de una vida feliz.

Hace más de veintitrés siglos, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que más buscan los hombres y las mujeres es la felicidad. Pero los incontables avances tecnológicos y científicos que hemos logrado desde entonces no parecen haber arrojado mayor luz sobre qué es la felicidad, ni nos han ofrecido las herramientas adecuadas para ayudarnos a alcanzarla.

Esto es lo que movió a Csikszentmihalyi a liderar, desde la Universidad de Chicago y con el apoyo de investigadores de todo el mundo, un estudio de orden psicológico para comprender el fenómeno de la felicidad, indagando sobre las actividades que producían el disfrute y la forma en que se sentían las personas cuando disfrutaban de sí mismas. Durante doce años, este equipo de psicólogos realizó entrevistas, formuló cuestionarios y, sobre todo, implementó el Método de Muestreo de Experiencia. Dicho método consistía en entregarle a una persona un “busca” y enviarle unos ocho mensajes de alerta al día, de forma aleatoria, pidiéndole que escribiera lo que estaba haciendo en ese momento y la forma en que se sentía cada vez que recibía el mensaje. Este método fue utilizado con cien mil personas en diferentes partes del mundo y permitió obtener un informe casi continuo de sus vidas durante un determinado periodo de tiempo.

La conclusión más sorprendente que surgió al analizar los resultados es que las experiencias óptimas eran descritas en términos muy similares por todas las personas, independientemente de su origen, de su edad, de sus rasgos culturales e, incluso, del tipo de actividad realizada. La experiencia óptima, ese momento en el que las personas están tan involucradas en una actividad que su realización es intrínsecamente gratificante y nada más parece importarles, puede ser, entonces, un estado del ser humano que responde a unas características universales. Lo que aquí se presenta son los resultados de ese análisis.

La investigación que a este respecto se llevó adelante durante doce años, y en la cual se estudió la vida diaria de miles de personas en todo el mundo, permite elucidar algunos elementos comunes en sus descripciones sobre los momentos de mayor disfrute y realización. Independientemente de que se trate de un escolar en Asia, de un joven escalador en Norteamérica, de un ajedrecista soviético, de una abuela en las montañas de los Alpes o de un director de empresa, la descripción de lo que sienten cuando viven una experiencia de este estilo es sorprendentemente parecida. De sus testimonios se han extraído las siguientes ocho características, que en su conjunto permiten comprender mejor la naturaleza de tales experiencias:
1- Desafío que requiere habilidades. Según los testimonios recogidos, el disfrute en una actividad llega a su punto máximo cuando los desafíos están en justo equilibrio con las habilidades personales. Cuando un tenista hábil se enfrenta con uno menos diestro, el primero se aburrirá, mientras que el segundo se sentirá ansioso y frustrado. El disfrute sólo aparece cuando se logra el punto medio entre el aburrimiento y la inquietud. Esto explica por qué las actividades de flujo conducen al crecimiento y al descubrimiento; nadie puede disfrutar haciendo lo mismo durante mucho tiempo.
Por lo general, la actividad autotélica debe tener unos objetivos que sean alcanzables gracias al conjunto de habilidades y destrezas que la persona posee. Y esas actividades pueden ser físicas, como sucede con el deporte, o mentales, como sucede con la lectura o con cualquier otra actividad en la que haya que manipular información simbólica.
Las competiciones son una forma corriente de encontrar desafíos que pueden estimular y agrandarse, pero cuando vencer al adversario se vuelve más importante que lograr el mejor desempeño posible, entonces el disfrute tiende a desaparecer. Una competición es agradable cuando se la percibe como un medio para perfeccionar las propias habilidades, pero no cuando es asumida como un fin en sí misma.
2- Concentración y enfoque. Cierto jugador de ajedrez afirmaba que cuando se juega una partida en un torneo “el techo podría caerse y, si no le cayese justo encima, usted no se daría ni cuenta”. Cuando la atención está completamente absorta en una actividad, lo que la persona está haciendo llega a ser algo espontáneo, casi automático, y el protagonista deja de ser consciente de sí mismo como un ser separado de lo que hace. Por eso muchos describen la experiencia como un estado de flujo, en el que la mente discurre libre y armónicamente.
En la medida en que la atención está completamente dirigida a la acción que se realiza, la persona alcanza un altísimo grado de concentración en un campo muy limitado y concreto de atención.
3- Metas claras. Aunque el tiempo que duran las distintas actividades placenteras es muy variable, y mientras que unas culminan en pocos segundos otras pueden alargarse días enteros, en todas ellas la persona es consciente de las metas o propósitos finales. Así, el jugador de tenis tiene claro que debe lograr ubicar la pelota en el área de su rival, el navegante de alta mar sabe que en algún momento deberá arribar a tierra firme y la anciana que fluye diariamente mientras cuida de sus vacas y de su huerto sabe que de allí obtendrá el alimento.
En el caso de los artistas se da una situación particular. A pesar de saber que quieren pintar un cuadro, componer una canción o escribir una historia, sus metas siguen siendo bastante difusas y sólo se van definiendo en el transcurso de la actividad creativa. Pero según lo detectado en este estudio, las actividades que llevan en su propia esencia el libre espacio de la improvisación, sólo llegan a disfrutarse cuando sus protagonistas son capaces de ir construyendo las reglas y las metas sobre la marcha. Y así como el pintor va definiendo con cada trazo su objetivo final, así mismo los músicos de jazz van dándole un cauce definido a una improvisación musical.
4- Directa e inmediata retroalimentaciónMuchos cirujanos afirman que una de las razones por las que les apasiona su trabajo es el hecho de que, al realizar una operación, pueden saber directamente si lo están haciendo bien o no. Y agregan que no soportarían la situación de un médico interno, ni mucho menos la de un psicoanalista, que sólo obtienen pruebas de su rendimiento en un periodo largo e incierto de tiempo.
Tan cierto como que la sensación de estar haciendo algo bien es uno de los componentes de la experiencia óptima, lo es el hecho de que todas las personas son capaces de afinar su atención para percibir las señales de éxito o aprobación de formas que a otros les resultan invisibles. Hasta el psicoanalista puede encontrar retroalimentación continua en los gestos, palabras o actitudes de su paciente, e incluso el artista que compone en solitario puede tener indicios de que su obra está bien realizada.
En realidad, el tipo de retroalimentación que se reciba es irrelevante: lo importante es poder tener la sensación de que la tarea o actividad se está haciendo bien, porque sentir que se ha tenido éxito en alcanzar la meta crea orden en la conciencia y fortalece la estructura de la personalidad.
5- No hay espacio para otras informaciones. Cierto escalador definía este hecho muy atinadamente con la siguiente descripción de sus ascensos en la roca: “Todo lo que puedo recordar son los últimos treinta segundos, y todo lo que puedo pensar hacia el futuro se concentra en los próximos cinco minutos”. En los momentos de flujo la atención excluye toda la información que ocupa la cabeza y que no es de utilidad para lo que se está realizando; las preocupaciones de la vida ordinaria quedan excluidas de la mente. Es como si la persona, mientras se mantiene la actividad, desconectara su memoria y alejara la entropía poniendo orden en su mente y olvidando los aspectos desagradables de la vida.
6- Un sentimiento de control personal sobre la situación o actividad. Según los testimonios directos, el disfrute de las actividades de riesgo como el vuelo con ala delta, el alpinismo o el buceo a gran profundidad, no deriva del peligro en sí mismo, sino de la capacidad para minimizarlo. Y aunque algunas personas afirman que detrás de un deportista de riesgo se esconde una personalidad patológica que se deleita tentando a la muerte, el placer que se deriva de estas actividades surge precisamente de una saludable sensación de ser capaz de controlar fuerzas potencialmente peligrosas. En toda actividad existen unos peligros objetivos, que son impredecibles e inevitables (como por ejemplo, un derrumbe) y unos peligros subjetivos, que provienen de la falta de habilidad o la incapacidad para estimar correctamente los peligros. Los deportistas de riesgo buscan limitar tanto como sea posible los primeros y eliminar por completo los segundos, mediante una rigurosa disciplina y una sólida preparación.
Pero esto no es una característica exclusiva de los deportes de riesgo, pues toda experiencia de flujo involucra la sensación de tener el control o la falta de preocupación por perderlo. De hecho, dicha sensación de controlar la entropía explica también por qué las actividades de flujo pueden ser tan adictivas y por qué, por ejemplo, tantos ajedrecistas vuelven la espalda al “desorden” del mundo real.
Si bien algunos consideran que los juegos de azar constituyen una excepción a esta regla, lo cierto es que el disfrute de estos jugadores está íntimamente ligado a la sensación subjetiva de que controlan el destino y de que sus habilidades juegan un papel importante en el resultado.
7- Pérdida del sentimiento de autoconciencia. Cuando se experimenta la sensación de flujo, desaparece de la conciencia algo a lo que comúnmente dedicamos mucha atención: la propia personalidad. Muchas personas describen estos episodios diciendo que es como si no tuviesen ego, y como las demandas del “yo” consumen continuamente una elevada cantidad de energía, el liberarse de ellas deja el camino libre para que la atención se dedique a otros fines. Paradójicamente, cuando logramos olvidarnos de quién o de qué somos, podemos expandir aquello que somos. La experiencia óptima permite así una forma de trascendencia, pues al perder momentáneamente la personalidad, sobrepasamos el propio yo, que podrá emerger con más fuerza tras la experiencia vivida.
Este fenómeno, adicionalmente, suele venir aparejado a una sensación de fusión con el entorno que, según el caso, puede estar configurado por la montaña, el mar, el colectivo de personas con el que se realiza la actividad o cualquier otro componente del cosmos.
8- Distorsión del sentido del tiempo. Durante el disfrute de la experiencia autotélica, la dimensión objetiva del mundo externo se vuelve irrelevante, y la percepción subjetiva de la experiencia temporal se ve alterada. Por eso muchas personas afirman que el tiempo parece pasar más rápidamente, mientras que otros, como un bailarín de ballet describiendo un complicado giro que dura menos de un segundo en tiempo real, afirman que los segundos pueden llegar a durar eternidades.

Fuentes consultadas:

http://www.wonnova.com/blog/la-teoria-del-flujo-o-como-hacer-que-el-usuario-no-se-aburra-201211

https://www.leadersummaries.com/ver-resumen/fluir

 

¿Y ahora qué?

Después de la experiencia vivida estos últimos días surge una pregunta: ¿y ahora qué?

Ahora toca avanzar, seguir adelante, retomar la normalidad: escribir cuando surja la necesidad o la inspiración, compartir lo que vea conveniente y donde estime oportuno.

No todos los días recibimos denuncias falsas con fuerza suficiente como para que esa maquinaria inexpugnable que es Facebook actúe inquisitorialmente, sin preguntar, como en el salvaje Oeste: primero disparo y luego pregunto.

Pero lo mejor es que no todos los días recibimos un aluvión de mensajes de apoyo y de iniciativas que clamaban justicia, que visibilizaban este atropello y no se quedaban callados.

Si hay que poner en una balanza lo vivido, es evidente que el peso del apoyo recibido, tanto de personas que conozco como de otras que no me conocen ni jamás se habrían acercado a este blog si no hubiera sido por este asunto, es infinitamente mayor que el peso del disgusto al comprobar que este espacio quería ser silenciado; y con él, yo mismo.

Desde luego, quien pergeñara esta acción debe ser increíblemente torpe porque ha consiguido justo lo contrario de lo que pretendía:  en estos días han subido como la espuma los lectores y las visitas, las referencias al blog, los contenidos compartidos y, en la red social donde se quería vetar, muchísimo más apoyo. Considero que es suficiente castigo. Y si Facebook quiere hacer algo más, en sus manos está. Yo me quedo con lo bueno de toda esta experiencia, que ha sido mucho.

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Por ese motivo, la respuesta a la pregunta de la entrada es clara: ahora nada.

Cierro capítulo y abro de nuevo el cuaderno de las ideas.

Siempre hacia adelante.

 

¡Gracias a todas las personas que han empujado para deshacer esta injusticia! No tengo palabras para agradecerlo, pero está en el fondo de mi corazón.

Han denunciado este blog en Facebook

Queridos lectores
Hoy algunas personas de manera coordinada (una denuncia puntual no deriva en un bloqueo) que los contenidos de mi blog son ofensivos y lo han denunciado en Facebook. Este mediodía encontré unas cuantas notificaciones y cuando vi el contenido alucinaba en colores. No tanto conque haya personas que crean que les ofende lo que escribo como que Facebook actúe sin contactar antes con el afectado de la denuncia. Te bloquean sin más y luego supongo que tendrán que revisarlo para comprobar que no hay en él esas supuestas ofensas que tanto han molestado a algunos.
Para entender un poco de qué va esto, os animo a leer este blog y decidid, según vuestro criterio, si esos contenidos son tan ofensivos como para ser bloqueados por esta red social. Si es así, perfecto. Pero si crees que se ha producido un atropello te pediría un favor:
  • Comparte la nota en Facebook que he puesto más abajo, que sea visible la ignominia
  • Comparte esta entrada en Twitter, que allí no hay censura de momento

NOTA DE FACEBOOK: Han denunciado este blog en Facebook

Así se podrá hacer fuerza para que no se pueda repetir este abuso.

Gracias por vuestra colaboración.

Desde luego esto no hará que me calle, muy al contrario.

Serenidad

«¿Quién es capaz de hacer que el agua turbia se aclare? Déjala quieta y poco a poco se volverá clara.» Lao Tzu

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Comparto un cuento que el Dr. Mario Alonso Puig recogió en su libro Reinventarse. Tu segunda oportunidad.

El soberano de un gran reino se encontraba ya en una avanzada edad y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo, le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo dé las épocas más difíciles de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y la armonía. Por alguna razón, el joven príncipe no acababa de entender lo que su padre le decía.

-Si, padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder.

Un día, cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea.

-Tal vez mi hijo necesita no que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera.

Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio.

-Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya nunca creado. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso.

-Majestad – preguntó uno de los nobles – ¿cuál es el tema del concurso?

-El tema es la serenidad, el equilibrio. Solo una orden os doy – dijo el rey – : bajo ningún concepto rechazaréis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause.

Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado.

De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad.

Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos.

– Sin duda su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas.

De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones.

Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas.

– Solo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste.

Estaban a punto de arrojarlo fuera de la sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:

– Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla.

– Está bien, dijo otro de los nobles, pero poned ese cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea.

Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.

– Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras? Preguntó uno de los nobles.

– Si, si son muy hermosas, de eso no cabe duda, pero hay algo que a todas ellas les falta.

El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón.

– ¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?

– Es otro cuadro majestad.

– ¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?

– Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto.

El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:

– Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador.

Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos tímidamente le preguntó:

– Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?

– No lo habéis visto bien, acercaos.

Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar.

El rey les explicó qué era lo que tanto le ansiaba trasmitir a su hijo el príncipe.

– La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.

Los seis ciegos y el elefante

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Hoy comparto uno de los cuentos clásicos de la India en el que se pone de manifiesto cómo la realidad o la verdad trascienden las visiones parciales, aunque éstas sean claras y evidentes para el que las afirma sin ningún género de dudas.

Espero que lo disfrutéis y os haga reflexionar.


Hace más de mil años, en el Valle del Río Brahmanputra, vivían seis hombre ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era de todos el más sabio.

Para demostrar su sabiduría, los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían de entre ellos quién era el más imaginativo.

Así pues, cada tarde se reunían alrededor de una mesa y mientras el sol se ponía discretamente tras las montañas, y el olor de los espléndidos manjares que les iban a ser servidos empezaba a colarse por debajo de la puerta de la cocina, el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. Mientras, los demás le escuchaban entre incrédulos y fascinados, intentando imaginar las escenas que éste les describía con gran detalle.

La historia trataba del modo en que, viéndose libre de ocupaciones aquella mañana, el sabio había decidido salir a dar una paseo por el bosque cercano a la casa, y deleitarse con el cantar de las aves que alegres, silbaban sus delicadas melodías. El sabio contó que, de pronto, en medio de una gran sorpresa, se le había aparecido el Dios Krishna, que sumándose al cantar de los pájaros, tocaba con maestría una bellísima melodía con su flauta. Krishna al recibir los elogios del sabio, había decidido premiarle con la sabiduría que, según él, le situaba por encima de los demás hombres.

Cuando el primero de los sabios acabó su historia, se puso en pie el segundo de los sabios, y poniéndose la mano al pecho, anunció que hablaría del día en que había presenciado él mismo la famosa Ave de Bulbul, con el plumaje rojo que cubre su pecho. Según él, esto ocurrió cuando se hallaba oculto tras un árbol espiando a un tigre que huía despavorido ante un puerco espín malhumorado. La escena era tan cómica que el pecho del pájaro, al contemplarla, estalló de tanto reír, y la sangre había teñido las plumas de su pecho de color carmín.

Para poder estar a la altura de las anteriores historias, el tercer sabio tosía y chasqueaba la lengua como si fuera un lagarto tomando el sol, pegado a la cálida pared de barro de una cabaña. Después de inspirarse de esta forma, el sabio pudo hablar horas y horas de los tiempos de buen rey Vikra Maditya, que había salvado a su hijo de un brahman y tomado como esposa a una bonita pero humilde campesina.

Al acabar, fue el turno del cuarto sabio, después del quinto y finalmente el sexto sabio se sumergió en su relato. De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas más entretenidas y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás.

Sin embargo, llegó el día en que el ambiente de calma se turbó y se volvió enfrentamiento entre los hombres, que no alcanzaban un acuerdo sobre la forma exacta de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas.

Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto, con el sol aún a medio levantarse, los seis ciegos tomaron al joven Dookiram como guía, y puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva más profunda. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro luminoso, vieron a un gran elefante tumbado sobre su costado apaciblemente. Mientras se acercaban el elefante se incorporó, pero enseguida perdió interés y se preparó para degustar su desayuno de frutas que ya había preparado.

Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.

El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal.

-¡Oh, hermanos míos! -exclamó- yo os digo que el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.

Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él, para no asustarlo. En esta posición en seguida tocó dos objetos muy largos y puntiagudos, que se curvaban por encima de su cabeza. Eran los colmillos del elefante.

-¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que la forma de este animal es exactamente como la de una lanza…sin duda, ésta es!

El resto de los sabios no podían evitar burlarse en voz baja, ya que ninguno se acababa de creer lo que los otros decían. El tercer ciego empezó a acercarse al elefante por delante, para tocarlo cuidadosamente. El animal ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la resiguió de arriba a abajo notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía a voluntad.

-Escuchad queridos hermanos, este elefante es más bien como…como una larga serpiente.

Los demás sabios disentían en silencio, ya que en nada se parecía a la forma que ellos habían podido tocar. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio prendió la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos, notando cada una de las arrugas y los pelos que la cubrían. El sabio no tuvo dudas y exclamó:

-¡Ya lo tengo! – dijo el sabio lleno de alegría- Yo os diré cual es la verdadera forma del elefante. Sin duda es igual a una vieja cuerda.

El quinto de los sabios tomó el relevo y se acercó al elefante pendiente de oír cualquiera de sus movimientos. Al alzar su mano para buscarlo, sus dedos resiguieron la oreja del animal y dándose la vuelta, el quinto sabio gritó a los demás:

-Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano – y cedió su turno al último de los sabios para que lo comprobara por sí mismo.

El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, apoyando el peso de su cuerpo sobre un viejo bastón de madera. De tan doblado que estaba por la edad, el sexto ciego pasó por debajo de la barriga del elefante y al buscarlo, agarró con fuerza su gruesa pata.

-¡Hermanos! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.

Ahora todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.

Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma del elefante.

Seguramente todos los sabios tenían parte de razón, ya que de algún modo todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante.