Adultos con alta capacidad, sensibilidad e intensidad

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Ayer leí el artículo que viene al final de esta entrada (podéis leer el original en Cuando la Intensidad y Sensibilidad es Alta en Casa) y se me ocurrió la idea de entablar un diálogo con su autora, Ana Isabel Fraga, una persona abierta y clara, con un lenguaje sencillo y directo que pone en palabras fáciles lo difícil de explicar. Ella, encantada con la idea, se animó a participar en este juego. Y este es el resultado. Esperamos que resulte de utilidad para esos adultos en los que conflyen estos tres potenciales en alto grado: capacidad, sensibilidad e intensidad.

JOSE LUIS.- Ana Isabel, en tu última entrada hablas de la alta intensidad y la alta sensibilidad en el seno familiar. Es un tema que me interesa mucho, y que aquí voy a compartir su contenido por si es útil para otras personas, pero me gustaría dialogar contigo sobre un aspecto específico: ¿cómo gestionar ese potencial cuando somos adultos? Y más en adultos con gran actividad mental.

ANA ISABEL.- Esa es una pregunta super extensa y supongo que cada quien tiene que buscar su camino, pero puedo compartir lo que yo estoy haciendo, porque quizás pueda servir a otros. El primer paso para mí fue entenderme, comprender el porqué de mis diferencia. Estaba segura de que algo no iba bien en mí porque me sentí un poco bicho raro y no llegaba a comprender muy bien las actitudes de los demás. Y por supuesto me daba cuenta de que los demás no me comprendían a mí. Pero… en realidad descubrí que todo estaba bien en mí, solo que mi forma de ver, entender e interpretar el mundo no concuerda con la de la mayoría. Así que ese ha sido mi primer paso.

Eso si, el hecho de que durante tanto tiempo pensase que algo no estaba bien en mí dejó sus secuelas. Secuelas que pasaron por dejarme la autoestima chafada y arrastrar una serie de creencias sobre mí, sobre los demás y sobre la vida que tuve que limpiar y que sigo limpiando. Este trabajo me parece sumamente importante, vital diría yo, porque si nos damos cuenta son esas creencias las que crean el software mental que te impulsa después a tomar las direcciones y decisiones en tu vida. Ya puedes imaginarte el tipo de decisiones que las creencias derivadas de un sentimiento de “no soy válida. Algo está mal en mí” generaron. Así que resumiendo, empezaría por entender que todo está bien en mí y ponerme con la limpieza de todas esas creencias y patrones que me están fastidiando en mi vida sin saberlo porque forman parte de mi inconsciente. Y como tercer paso honrar y celebrar mis diferencias. Porque en mi vida siempre pensé que los demás eran mejores que yo, que yo estaba defectuosa. Sí, así con esas palabras, defectuosa. Y resulta que no, que simplemente veo el mundo y lo percibo de otras formas, que tienen cosas muy hermosas. Esto hay que CELEBRARLO. Podemos aportar mucho a nuestro entorno, podemos crear, podemos ver más allá.

JOSE LUIS.- Buen resumen. Si te parece, indagamos algunos temas que has nombrado para acercarlos a las personas que puedan estar leyendo esto y perciban mucha información.

Hablas de comprender la propia diferencia. Para llegar a ese estado, en primer lugar uno ha de percibirse o sentirse diferente a la mayoría de su entorno. Con independencia de que no sepa definirla con claridad. ¿Cómo definirías ahora, como adulta, en qué consiste ese diferente modo de estar en el mundo?

ANA ISABEL.- Pues mira, desde pequeña sentí que los demás no tomaban muy en serio mi forma de sentir. Era un poco la exagerada, la dramática… Y realmente yo lo sentí así, con esa fuerza e intensidad. Entonces empecé a pensar que quizás yo fuese lo que ellos me decían que era. Recuerdo llorar desconsolada viendo una película en la que mataban a una orca que estaba embarazada. Los demás alucinaron. “¡Es solo una película!” me dijeron, y se reían. Pero yo realmente pude sentir un dolor terrible. Y durante toda mi vida me ha ocurrido igual, sentir lo que otros están sintiendo, empatizar de tal forma que sentía como propio lo de los demás… Pero no solo eso, me decían que era una repugnante porque me ponía de mala leche con las luces artificiales, o porque los olores me perturban de tal forma que tengo que irme si hay un ambientado puesto o alguien a usado mínimamente lejía, o se ha puesto un perfume… Me irritan mucho. Y como eso la sensibilidad al tacto y tantas otras cosas. Al final llegas a dudar de si lo que sientes es verdad porque suelen hacerte ver que no puede ser, que es imposible sentir así. Y en otro orden de cosas mis intereses eran diferentes. Para mí disfrutar era leer un libro y no levantar la vista hasta habérmelo terminado, me encantaba ir al cole a aprender, no me gustaba salir de noche ni durante la adolescencia… En fin, muchas pequeñas grandes cosas de mi día a día que no se solían entender. Tampoco yo entendía que no les afectara lo que a mí, o que no oliesen la lejía o el perfume que a mí m parecían abrumadores, etc.

Ahora sé que todo eso le pasa a un pequeño porcentaje de la población. Lo asumo y me cuido.

JOSE LUIS.- Interesante. Aquí aludes a tres tipos de sensibilidad diferentes, y creo que es importante indagar más sobre ellas. Por un lado, está la sensibilidad física (que para distinguirla suelo llamarla “sensitividad”). Cómo un alta sensitividad a determinados estímulos te alteran sobremanera, y cómo el entorno no lo comprende, censurando tu reacción.

Por otro lado, está la sensibilidad emocional (que llamo afectabilidad), que es la que describes cuando has hablado de la empatía y de cómo te afectó la película, sin encontrar en tu entorno una respuesta precisamente comprensiva.

Y por último, la sensibilidad cognitiva (que denomino distinguibilidad), cuando hablas del placer de la lectura o del simple aprender. Esa apertura a todos los estímulos intelectuales que tampoco comprendías que fuera “lo normal” en todo el mundo.

Digamos que en tu caso confluyen estos potenciales sensitivos en un alto grado. Lo que puede generar una combinación realmente explosiva si no se sabe autogestionar adecuadamente. Tiene un enorme mérito en tu caso haberlo logrado, y otros adultos con similares potenciales podrían sentirse identificados, aparte de aprender cómo podrían actuar en su propio interior, cuidándose y comprendiendo que no hay nada de malo en ellos.

ANA ISABEL.- Pues si, en ocasiones ha sido muy difícil gestionar tanta intensidad y sensibilidad. Yo no diría que lo he logrado, porque en realidad ¿qué significa lograrlo? Diría que lo he aceptado, que lo abrazo porque es en realidad un tesoro, y que me está permitiendo conocerme cada vez mejor y aprender.

JOSE LUIS.- Eso es clave: aceptación, que no es sinónimo de resignación sino de comprensión e integración en nuestro sistema. Precisamente aludo a eso con el logro de la autogestión. No podemos (ni debemos) controlar nuestro mar interior. No debemos apagar las emociones, las sensaciones ni los pensamientos.

Por ejemplo, cuando hablo de emociones aludo a la metáfora del vehículo. Y si tu sistema emocional es muy potente, aludo al Fórmula 1. Está claro que una buena gestión de ese vehículo no consiste meramente en ir frenándolo. Ni tampoco en acelerarlo a tope. Cada situación requiere un movimiento diferente, tanto para no calar como para no estrellarte. Y el logro de la autogestión consiste básicamente en aprender a conducirlo. Sabiendo el potencial que tiene y que no siempre vas a poder hacerlo, lo que te pone en una alerta activa que jamás te hace relajarte. ¿Cómo lo ves?

ANA ISABEL.- Yo también suelo usar esta comparativa. Y añado que además un Ferrari no puede conducirse en cualquier carretera, por eso debemos ser cuidadosos también con eso, escogiendo por dónde conducir. Pero evidentemente un Ferrari puede ser como un caballo desbocado si no sabemos conducirlo. Es potente, es fuerte pero al mismo tiempo es delicado y tiene su particular forma de conducirse. Así que totalmente de acuerdo.

JOSE LUIS.- Exacto. También hay que aprender a distinguir qué terrenos le favorece y cuáles no.

Regresando a lo concreto, eso nos lleva a lo que comentaste en el inicio: la importancia de comprenderse.

Esta labor interna es fundamental, y también tiene sus propias fases. Básicamente porque siempre vivimos en nuestro interior, y si somos especialmente introvertidos, es nuestro hábitat natural, nuestro refugio y nuestro centro de recarga energética.

El primer paso consiste en la autopercepción. Una percepción propia del modo más sano posible, claro. Cuando nuestra autoimagen está dañada, nuestra percepción está distorsionada, como dijiste también al inicio. Y ahí empieza el trabajo interior. Cuéntame algunos trucos o estrategias que usaste para superar esa primera fase.

ANA ISABEL.- Pues lo cierto es que siempre he estado en búsqueda, y creo que a muchos de nosotros nos pasa eso. Buscamos respuestas sin parar. Al menos a mí me pasó. Y di muchísimas vueltas tratando de entender qué pasaba en mí. Lecturas, terapias… Pero todo se precipitó cuando tuve a mis hijos y descubrí sus altas capacidades. Entonces las piezas empezaron a encajarme. Yo no tengo ninguna valoración profesional en este sentido, pero al tratar de entenderles a ellos empecé a entenderme a mí. Según iba leyendo, escuchando charlas y conferencias sentía cómo iba encajando todo. Eso me quitó de pronto un enorme peso de encima y abrió el inicio a todo. La compañía y apoyo de un coach me ayudó muchísimo después a la hora de ponerme a “limpiar” todas las creencias derivadas que comentaba antes.

JOSE LUIS.- Me interesa especialmente ese punto de inflexión en el autoconocimiento del adulto a través de sus hijos. Como adulto que sabía desde pequeño que tenía alta capacidad intelectual y que lo integré con naturalidad, además de contar con el apoyo familiar, que tampoco le dio excesiva importancia, nunca he llegado a comprender cómo otra persona con esta peculiaridad necesita el reflejo de sus hijos para despertar, para re-conocerse. Y entender un poco el proceso interno que seguís para integrar todo eso en un sistema de creencias previo difícil de cambiar. Además, no todo el mundo tiene la suerte de contar con ayuda externa en esa “limpia” necesaria, así que puede ser importante que aportes alguna experiencia sobre esas fases que has vivido desde el no reconocimiento al encaje natural de las piezas.

ANA ISABEL.- Creo que el entorno, desde su desconocimiento, falta de herramientas y miedo por no saber manejar una situación, te van alejando de tu esencia y vas apoyando tus creencias sobre quién eres en unos pilares falsos. Por tanto creo que si desde pequeños no sabemos qué ocurre, estamos realmente confusos y equivocados respecto a nosotros mismos. Por eso lo primero es salir de esa confusión. Yo nunca tuve la más mínima sospecha y ni siquiera se me ocurrió que pudiese encajar en las AACC y nada se sabía de alta sensibilidad en aquel entonces o no había los recursos para acercarse a ello.

En cuanto al cambio en el sistema de creencias creo que parte de reconocerse e ir indagando, aunque siempre 4 ojos ven más que dos y es más sencillo contar con ayuda porque lo que sí resulta complicado a veces es ser objetivo o distanciarte lo suficiente como para ver algunas creencias sumamente arraigadas que no te cuestionas ni por un segundo.

Me parece necesaria esa visión y muchas veces puede cumplir esa misión un amigo, alguien que te quiera bien. Yo puedo decir que la amistad ha sido un enorme apoyo en esto, y bidireccional, ayudándonos mutuamente a crecer.

JOSE LUIS.- Pienso que una elevada receptividad a estímulos externos condicionan nuestra visión sobre nosotros mismos. Impacta con fuerza y genera una imagen distorsionada que, por descuido, sustituye a la real. Olvidamos el fondo de nuestro “ser” y nos arrastra la forma social del “parecer” o del “creer”.

Está claro que una visión objetiva pero cariñosa puede ayudarte a salir de ese cerco cognitivo. O, en su defecto, otras personas que hayan pasado por lo mismo y, contando su experiencia, pueden ayudarte a cuestionar tus propias creencias. Ese “otro” puede ser directo (amigo, coach, psicólogo, etc) o indirecto (lectura o escucha de otras experiencias). Esa ayuda es fundamental, como bien señalas.

Esto es tan complejo que tardaríamos meses en abordar todos los temas en este espacio dialógico que hemos creado. Como no podemos extender esto en demasía, te animo a que hagas un pequeño resumen de lo hablado y, si tienes alguna idea relevante más, la expones como colofón de este pequeño diálogo improvisado. Muchísimas gracias por animarte a participar en este experimento, Ana Isabel.

ANA ISABEL.- Muchísimas gracias a ti. Me ha parecido super interesante y te agradezco la oportunidad de expresarme, aunque como dices podríamos estar aquí mucho tiempo más. Me gustaría terminar diciendo que todos lo seres humanos buscamos sentirnos amados y conectados, pertenecientes, necesitados… Es una necesidad básica. Pero a veces la confundimos con “encajar”. Encajar y pertenecer no son la misma cosa y dado nuestro bagaje y la falta de aceptación e incomprensión por muchas personas de nuestro entorno tendemos a escondernos, a tratar de encajar. Y lo hacemos a base de tratar de ser quienes no somos. Quizás logremos entonces ser aceptados pero es una aceptación falsa y muy dolorosa, porque sabemos perfectamente que a quien están aceptando es a una máscara creada para no mostrar nuestra verdadera identidad. Así que aprovecho este espacio para romper cadenas y celebrar nuestra hermosa individualidad y vulnerabilidad, que no es debilidad, es una grandísima fortaleza puesto que no es fácil ser el guisante rojo entre muchos verdes. Pero hay muchas más personas así. Yo soy uno de esos guisantes rojos, intensa y emocional, apasionada, creativa y un lío de pensamientos en forma de árbol hasta las trancas de ramas.

Mi resumen: aceptación de uno mismo, trabajo interior para derribar las creencias que te dañan y no te permiten ser, y celebrarte.

¡Y que salga el sol por Antequera!


Cuando la Intensidad y Sensibilidad es Alta en casa (y no solo la de los niños)

¿Qué ocurre cuando además de los hijos uno de los padres, o incluso los dos, tienen una alta sensibilidad? ¿Es posible que la convivencia sea tranquila?

Si tus hijos o hijas son muy intensos y tú o tu pareja también, sabrás de lo que te hablo. Y sabrás que no es sencillo.

Cuando la intensidad se desborda en alguno de los miembros de la familia, ésta corre como reguero de pólvora contagiando a los demás. La situación comienza entonces a tornarse complicada.

Y dado que la intensidad surge a menudo podréis entender que esto se puede convertir en un campo de minas.

Los niños y niñas con este rasgo necesitan más de nosotros, los adultos, para aprender a gestionar sus emociones y comprender su forma de entender e interpretar el mundo, así que esto es una doble dificultad cuando ya te cuesta lo tuyo gestionarte a ti mism@.

Parece un callejón sin salida.

Pero no lo es, y de hecho es la escalera de un aprendizaje muy potente. Nada fácil. Pero muy potente.

Voy a compartir contigo lo que yo hago en mi día a día para gestionar esta situación, puesto que tanto yo como mis hijos somos intensos y altamente sensibles (y no hablo solo de la parte emocional, si no también de los estímulos externos como luces, ruidos, sensaciones a nivel de la piel, olores…)

  • Tu energía es sumamente importante

El desgaste de tu sistema nervioso por el exceso de estímulos (es que no cribamos, llega todo todito) y la intensidad con la que llegan nos hace muchas veces sentirnos agotados. Así que es primordial, fundamental, vital (y todos los sinónimos que se te puedan ocurrir) que…

-Descanses cuando te lo pida el cuerpo. Aunque sean unos minutos para desconectar y respirar aire en la ventana.

-Te tomes tiempo para cuidar de ti (ya sabes: comida más sana y un poco de movimiento). Especialmente el contacto con la naturaleza y los lugares donde el ruido y demás estímulos que te estresan no estén presentes.

-Limites el estrés innecesario, como exceso de información (sí, sí, mucha red social, el correo, unos cuantos artículos, las noticias del día…), estar en ambientes que te hacen sentir mal, con personas que te restan en vez de sumarte, etc.

  • El autoconocimiento es una gran baza

No es un cliché. Es que para poder ayudarles a ellos y para poder gestionar eficazmente nuestras emociones es muy necesario conocernos. Invertir en ti es una gran idea. Conocer tus creencias, sanar tus heridas, adentrarte a consolar a tu niña o niño interior, leer sobre alta sensibilidad… Re Conocerse.

  • Observa y saca conclusiones de lo que más os afecta. Minimízalo.

Ponte en plan detective y observa si las explosiones suelen ir después de alguna cosa en concreto. Por ejemplo, si los niños han estado delante del televisor, o hubo una pelea entre los hermanos previa que aún sin ser muy importante sobrecargó a uno de los niños (o a ambos), etc. Busca y rebusca, que suele haber detonantes que se nos pasan desapercibidos por no parecer a simple vista lo suficientemente potentes (recordemos que hablamos de alta sensibilidad).

Y cuando lo hayas descubierto encuentra la forma de minimizarlo. Evítalo si es posible o mejor aún comienza un entrenamiento para ir tolerando poco a poco lo que sea (si es que es necesario y útil para el niño/a). Y además haz consciente al peque de lo que enerva su sistema nervioso, porque si sabe lo que le lleva a esos estados tendrá una ventaja para manejarlo.

  • Niégate a discutir nada en el acaloramiento del momento.

Sí, niégate. Las cosas se resuelven cuando hay calma. De otra forma no resolvemos, lo empeoramos. Eso sí, no te niegues en plan reproche o venganza. No, no. De hecho mejor si un día que estéis calmados les comunicas que a partir de ahora en esos momentos vas a centrarte en calmarte y que lo de hablar será para cuando tengas el cerebro relajadito y disponible para pensar con coherencia. Así evitarás luchas de poder, aumentar el tamaño de los estallidos y hacerlo todo más difícil.

  • Enséñales a hablar de lo que les preocupa, a solucionar problemas y a entender cómo funciona su forma de estar e interpretar el mundo.

En resumen, ofréceles herramientas y autoconocimiento. ¡Lo que habría dado yo por tener todo eso de niña! Que me creía un puñetero bicho raro.

  • Ayúdales a expresar su sensibilidad y a redirigir la intensidad. Permíteles su tiempo y no caigas en excesos.

Personalmente no creo en esto de enviar a los niños a todo tipo de actividades extraescolares y ese estrés es posible que no le vaya nada bien a nuestros hijos sensibles, que como nosotros, los adultos sensibles, necesitamos tiempo para reponernos y resetear, o lo que es lo mismo, tiempo en soledad y tranquilidad. Pero sí creo en observar y ver si hay algo que les haría expresarse y/o liberar excesos de energías estancadas. ¿Por dónde crees que van sus pasiones? Dales la oportunidad de expresarlas.

Quizás tu hogar es más intenso, pero si esto lo usas como una forma de aprender y crecer te aseguro que será un hogar muy especial en el que los miembros de la familia estarán unidos por esa red invisible tan potente que crea la sensibilidad, porque en la alta sensibilidad hay enormes super poderes 😉

©Ana Isabel Fraga 2018. Todos los derechos reservados.

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Altas Capacidades. Cómo hemos cambiado.

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El 15 de febrero de 1676 Isaac Newton escribió a Robert Hooke una carta en la que utilizó la frase que ilustra esta entrada. Con esta expresión estar subido a hombros de gigantes se quiere indicar que lo que una persona haya podido conseguir se debe a la aportación de las personas que le precedieron. Sin entrar en comparaciones imposibles con el genio de la física, esto se puede aplicar a cualquier campo en el que uno actúe. Si has conseguido ver más lejos probablemente se deba a que te has apoyado en personas que te han precedido, de las que has aprendido y que te han apoyado en tus comienzos.

En mi caso no iba a ser menos, y más de una vez he escrito en este blog sobre esas personas que me precedieron e iluminaron un camino que se percibía realmente oscuro: entre ellas, Juan Carlos López Garzón, María Dolors Rius, Belén Ros, Diego Rodriguez, Nieves Saldaña y Alberto Flaño. Mis referentes (y posteriormente amigos) en este campo hace nueve años cuando empecé a andar.

Anoche tuve la inmensa fortuna de quedar con Alberto Flaño, que venía de las jornadas nacionales organizadas aquí, y durante la velada surgió una de esas conversaciones que toda persona debería tener al menos una vez en su vida. Fue de tal nivel que se me ha quedado grabada y hoy quería reflejar pálidamente parte de lo hablado. Y en ella aludió a esta frase de Newton, muy oportuna, a la que le añadí el efecto que se produce cuando uno olvida sobre qué está subido, el síndrome del corcel.

Uno de los temas que surgió fue cómo han cambiado las cosas desde que coincidimos allá a finales de 2009 para empezar a pelear -literalmente- con la administración educativa andaluza en busca de una mejora en la atención a las altas capacidades intelectuales. Proceso que vivimos muy intensamente y que conté en esta entrada. Hoy precisamente se publica en Europa Press las palabras de la actual Consejera de Educación durante el discurso de clausura de las III Jornadas Nacionales y II Regionales sobre Altas Capacidades: Educación y Familia, organizadas por las asociaciones malagueñas ASA y ACM.

Aparte del habitual autobombo que suele presidir este tipo de discursos oficiales, me llamó la atención un pasaje en el que destaca algunos de los hitos más significativos del plan, como la ampliación de sus destinatarios más allá del perfil tradicional de alumnado con sobredotación intelectual incluyendo también a los denominados talentos simples y talentos complejos. Hito que no surgió de la iniciativa de la Junta sino de las familias andaluzas que se lo tuvimos que explicar con detalle porque “no lo veían”. La memoria siempre es corta.

El caso es que Alberto describía cómo era el panorama en esa época y en los años previos, desde que él empezó en el ámbito asociativo de las AACC. Coincidíamos en que era desolador, mucho peor que en la actualidad. Ahora hay muchísima más información disponible (y algo de mejor información, pero no en paralelo al incremento cuantitativo de la misma). Los medios publican muchísimas más noticias sobre el colectivo. Se organizan bastantes más jornadas, congresos, seminarios y otro tipo de eventos para mejorar la visibilidad en todas las comunidades autónomas. Y las Redes Sociales han permitido conectar a muchísimas más personas que hace una década. Todo esto ha significado un cambio importante. Nosotros vivimos intensamente otros escenarios y tras abandonar la participación activa en el ámbito asociativo hace años nos hemos dedicado a otros asuntos. Él, gracias a la Fundación, a dar oportunidades al talento, aunque siempre deja la puerta abierta a colaborar con las asociaciones, como ha sido el caso en estas últimas con la edición de un libro -cofinanciado por ASA y Avanza- que se le entregó a los asistentes a las mismas. Un estupendo detalle. En mi caso, canalizando ideas en este blog para intentar aclarar algunas ideas aberradas que circulan en este colectivo y provocar intelectualmente al lector para que active su pensamiento crítico. O, cuando se me ha pedido, ayudando a nacer a una pequeña pero animosa asociación alicantina llamada Acytal Levante, que se ha unido a otras en la nueva confederación surgida, UnionAACC. Lo mejor de ejercer de mentor de estas iniciativas es que ves en la distancia cómo ellos mismos se autoorganizan y van notando que sí se pueden hacer cosas y cambiar localmente la realidad que viven, no siempre tan bonita como la pintan los políticos de turno, muy dados a pasarse con el azúcar.

Cuento todo esto porque muchas veces leo que “nada ha cambiado” y esta idea es bastante discutible. Es cierto que en algunas zonas apenas se ha movido o, en el peor de los casos, el movimiento ha sido para retroceder, pero todo lo que ocurre es consecuencia de las tendencias que surgen en cada época. Cuando confluyen personas activas, los cambios se aceleran, mientras que cuando la confluencia es de personas pasivas todo se paraliza. Esto hablando solo de los extremos de un continuo, claro, porque existen colores intermedios entre el blanco y el negro.

Eso sí, todos los pasos que se dan ahora suelen asentarse en pasos previos. Nunca son “un primer paso” porque llevamos unas cuantas décadas y ha habido periodos más activos que otros. Lo normal. Y aprender o escuchar a las personas que te han precedido es, en mi caso, un verdadero placer y, cómo no, una fuente de aprendizaje continuo. Alberto Flaño es uno de esos gigantes que me prestó sus hombros para ver más lejos y mejor.

Gracias por todo, amigo.

Detractores del CI

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Hace unos días abro la alarma “altas capacidades” de google y me encuentro un amago de artículo con el sugerente título de Falsas creencias sobre superdotados. Nada más empezar, recibo el primer bofetón, y comento sobre el mismo:

Cada vez que alguien escribe “La OMS define a una persona superdotada como aquella que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130”, muere un gatito.

Empezar un artículo sobre “falsas creencias” con la creencia falsa de que la OMS define la superdotación supone una contradicción nivel Dios.

Pero más allá de comprobar, una vez más, que el mito de la OMS y el CI 130 para ser superdotado sigue plenamente vigente, en los diálogos que se producen tras el comentario subyace una idea equivocada sobre su significado. En esta ocasión no ha ocurrido, pero muchas veces se me ha tildado de “detractor del CI” y, por extensión, de “detractor de los superdotados”, un doble absurdo porque i) llevo años defendiendo y visibilizando el fenómeno y ii) cuando critico “el tiempo de Yecla” no significa que esté criticando a “Yecla”. Cuando uno se apega a una idea tanto que la hace parte de su ser tiende a sentirse ofendido contra todo lo que atente o parezca atentar contra la idea. Es la esencia de la ofensa que predomina en la actualidad.

El trasfondo del comentario no es una crítica al CI  (cociente intelectual -intelligence quotient-) ni las pruebas psicométricas que lo determinan (cada una de ellas con sus fortalezas y debilidades propias) sino el uso de la cifra como definición completa de una persona basado en una falacia de autoridad, apelando a la OMS en este caso como fuente.

El CI puede ser útil como indicador pero no es una categoría diagnóstica que pueda decirnos todo sobre una persona. Como bien nos recuerda una eminencia en esto de psicometrizar la inteligencia, Alann Kaufman: “no existe tal cosa como el CI de una persona”.

Si fuera una categoría omniabarcante, las personas con un CI entre 25 y 49 dirían de sí mismas “soy imbécil porque así lo dice la OMS”. Pero nadie con medio dedo de frente lo hace, ni los colectivos que defienden a estas personas permiten que lo hagan, también por el estigma y el peso de una etiqueta que se utiliza de forma despectiva o como ofensa. La OMS hace décadas que no define ni a los imbéciles ni a los superdotados. Por eso la afirmación dispara a los tiernos felinos del sentido común.

La reflexión seria y consciente sobre este asunto nos llevaría a apartarnos, aunque no siempre sea posible por economía de lenguaje en una conversación cotidiana, de afirmaciones como “soy superdotado” para inclinarnos más por “tengo altas capacidades”, del mismo modo que decimos “tengo cefaleas” en lugar de decir que “soy un dolor de cabeza” con patas. La diferencia entre ser o tener en el ámbito de las altas capacidades es clave no solo a la hora de entendernos sino también a la hora de comunicarnos con otros que no conocen esta realidad y pueden pensar (aunque piensen poco y mal) que “somos imbéciles” con deseos de presumir de la etiqueta de “ser superdotado”, tanto si nos la aplicamos a nosotros mismos como a nuestros hijos, cuando la realidad dista mucho de esa pretensión, salvo ‘gloriosas’ excepciones.

En definitiva, que mi crítica se dirige a la luna del USO que se le da a la información que puede aportarnos una cifra como el CI. Sin embargo, muchas veces me encuentro con la interpretación basada en mirar los dedos del CI, la OMS y el ‘coeficiente’ que me encapsula, sin razón alguna, entre los “detractores del CI”.

Así que aprovecho que el Pisuerga pasa por Valladolidad para tratar de aclararlo una vez más. No, no soy detractor ni del CI, ni de las pruebas psicométricas, ni de la OMS, ni de usar coeficiente en lugar de cociente ni de otras muchas ideas. Cada una tiene su espacio y su nivel propio de adecuación. Soy un firme detractor del MAL USO de cierta información. Hoy, mañana y siempre.

Las asociaciones son guantes

Los guantes no hacen nada por sí mismos, son los dedos y las manos los que le dan vida.

Si los dedos se coordinan, funciona a la perfección; si cada uno va a su bola deja de funcionar y termina por romperse.

Esto implica que es un absurdo esperar que (o exigir a) “la asociación” que haga algo.

Lo harán las personas implicadas, en todo caso, sus dedos más activos.

Si quieres que el guante funcione, pon tu dedo y no tu boca.

También hay dedos que solo ocupan espacio pero sin funcionar, son los dedos figurantes. Para detectarlos a tiempo usa esta guía:

CÓMO DETECTAR A UN FIGURANTE EN UN GRUPO

Figurante es aquella persona que desea ser importante en lugar de ser útil.

No ha de cumplir todos los patrones que se indican, pero sí una buena parte de ellos:

– El figurante no hace, pide colaboración a todos pero recalcando que él no puede hacerlo todo solo.

– Confunde un gesto esporádico con un hábito frecuente. Así puede afirmar que trabaja mucho cuando realiza una acción puntual.

– Promete cosas irreales, plantea ideas imposibles de llevar a cabo, etc.

– Se acerca a quien cree que tiene poder, al tiempo que desprecia a quien no lo tiene.

– No tiene el menor reparo en ponerse medallas por el trabajo ajeno.

– Culpa a los demás de su incompetencia o inacción. Ya sea de fuera o de dentro del grupo.

– Se sabe mediocre y se alía con otros para cortar cabezas que destaquen.

– Habla mucho, generalmente en voz alta para hacerse oír.

– No acepta ninguna crítica, aunque sea constructiva.

– Proyecta en los demás sus propias debilidades e incoherencias.

– Busca el reconocimiento externo a toda costa.

– Aparenta lo que no es.

Instrucciones del Ministerio de Educación sobre las “becas” para AACC

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Debido a la importancia del contenido he creado una entrada específica sobre unas instrucciones aclaratorias que ha remitido el Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP) ante la consulta planteada por la administración educativa murciana en relación a algunas cuestiones que en cursos anteriores crearon cierta confusión relacionadas con las ayudas al alumnado con altas capacidades intelectuales, las mal llamadas becas.

Considero que lo deja tan meridianamente claro que debía ser una información disponible para todas las personas relacionadas directa o indirectamente con este colectivo. No se ciñe a esa región sino que es extensible a toda España ya que es el MEFP el que hace la convocatoria de ayudas aunque sean las CCAA quienes la gestionen.

Sigue leyendo “Instrucciones del Ministerio de Educación sobre las “becas” para AACC”

Septiembre y el despertar de las AACC

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Como cada septiembre de cada nuevo curso escolar, las AACC despiertan de su letargo veraniego. Las mal llamadas becas son el pistoletazo de salida para la mayoría en la carrera anual por lograr la atención educativa de nuestros pequeños. Y el regreso al cole nos pone las pilas definitivamente. Estamos en marcha.

Como cada año escolar, se realizan las mismas preguntas y se aportan similares respuestas. Se renuevan los grupos de apoyo o diálogo, los usuarios y los socios de las asociaciones, los proyectos para la mejora de la atención al colectivo. Se organizan jornadas, congresos, seminarios o reuniones más informales para impulsar la sensibilización, visibilización y la formación de los agentes involucrados en este colectivo.

Pero, sobre todo, se repiten los mismos patrones de comportamiento. Patrones de acción que pueden ser consecuentes o contrarios a los patrones de visión o de comunicación. Todo esto genera en los veteranos de la reivindicación una fuerte sensación de estar reviviendo el día de la marmota. Belén Ros, la abogada especialista en AACC más importante de nuestro país y amiga desde hace casi una década, lo deja radicalmente claro en ese texto. Texto que suele levantar ampollas entre quienes no hacen nada por producir cambios, ya sea por falta de tiempo, de ganas, de formación, de confianza en si mismos o de otros motivos; ya sea porque sus discursos y sus acciones no casan entre sí, promoviendo de boquilla acciones reivindicativas (activistas o reactivistas) pero aplicándose primordial o exclusivamente en acciones asistencialistas. Texto imprescindible para comprender qué acciones se pueden acometer y qué mejoras se pueden alcanzar, desde una visión terrenal y no desde el salón teórico de quién no ha pisado estas arenas movedizas de la administración educativa. Cuando eres “joven” -simbólicamente hablando-, tu visión suele ser rupturista y sueles verte atraído por el (re)activismo. Al madurar y llegar a la visión “adulta” del reformismo, tu atracción es hacia el activismo. Y cuando te siente vencido por la lucha, la vida o el sistema que deseas cambiar, en la “vejez” simbólica, adoptas las visión conservadora y optas por el asistencialismo. Es la evolución normal tanto a nivel individual como colectivo. Por eso las revolucione sólo se producen en determinadas condiciones de confluencias de visiones y acciones consecuentes.

Los pocos cambios que se han logrado a lo largo de tres décadas responden a un patrón muy definido.

  1. Olla a presión. La situación es insostenible. Se producen cambios a peor en determinados terrenos administrativos.
  2. Confluyen varias personas con visiones rupturistas y reformistas, que han de luchar no solo contra el sistema sino contra la mayoría de visiones conservaduristas que desalientan la acción: “no lo hagas, no servirá de nada”, “nada va a cambiar”, “nunca he visto cambios”, “lo único que necesitamos es que alguien nos ayude”, etc.
  3. Se unen en organizaciones reivindicativas. Comienzan su trabajo juntos y contactan con diversos agentes de la administración educativa. Si estos agentes quieren trabajar, colaborarán; si estos agentes no quieren trabajar, reivindicarán. Como lo habitual es lo segundo, se generan fricciones lógicas entre quienes tienen los derechos y quienes tienen las responsabilidades -por ley, no por capricho- en el ámbito escolar.
  4. Se incrementa la presencia y presión. Las reuniones de trabajo aumentan. La presencia constante de estas organizaciones en la vida administrativa incomoda tanto que la administración no puede ignorarla, y a regañadientes accede a negociar. Cuando se enroca, las familias unidas pueden ir un paso más allá y denunciar públicamente esta situación. Y la denuncia pública genera movimientos en la administración que produce los cambios.

Pero claro, esta tensión cuesta mantenerla en el tiempo, ya sea por el desgaste propio de la lucha o por el cambio en las condiciones internas de esas organizaciones, que pueden pasar de ser instrumentos políticos a ser meras subcontratas de la administración, realizando el trabajo que éstas no asumen, o a ser empresas que asisten a gran cantidad de usuarios con gran interés personal y nulo interés colectivo en sus acciones, aunque sus discursos parezcan reivindicativos: “habría que”, “deberías de”

¿Por qué damos tanta relevancia a la inteligencia?

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Hace unos días varios medios de desinformación de tirada nacional publicaban la “noticia” de que una niña de tres años era la persona más joven en formar parte del club social Mensa, con varios titulares estrangulables en los que se destacaba que poseía un coeficiente (sic) intelectual superior a Einstein. No hablaré en esta entrada sobre este caso ni sobre el perjuicio que provoca en nuestra lucha diaria por hacer entender el fenómeno de las altas capacidades intelectuales la generación de una imagen aberrada del colectivo que invita a la mayoría de profesionales que han de tratar con nosotros desde pequeños a ponerse las gafas con visión de túnel del “yo no lo veo”. Claro, ¿cómo vas a ver el estereotipo con patas que te venden los medios? Imposible. Pero bueno, digamos que esta deficiencia se cura con formación y con información veraz sobre el asunto. No me entretendré más en esto.

La idea que subyace a todo esto es tratar de entender superficialmente por qué razón el ser humano da tanta relevancia a la inteligencia, lo que genera tanto una viva atracción como un profundo rechazo en función de cómo se interprete y de cómo nos afecte el asunto.

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JFCalderero

“Educar es ayudar a cada ser humano a establecer y mantener vínculos valiosos con la realidad” .

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