Altas capacidades. Predicar en el desierto

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Hace años que planteo una cuestión tan simple que, en el fondo, no se entiende:

Todos los futbolistas tienen altas capacidades cinético-corporales, pero no todos son Messi.

Todos los superdotados tienen altas capacidades intelectuales, pero no todos son Einstein.

Y no se entiende algo tan sencillo porque se siguen utilizando ejemplos de “einsteins” (paradojicamente vinculados al rendimiento académico extraordinario) que consiguen, sin quererlo, anclar la idea de que todos los alumnos superdotados tienen que ser así. Se anclan unas expectativas tremendas, tanto a nivel social como a nivel de familias, con las que resulta imposible luchar. Por más que lo expliques una y otra vez. Por más que pongas algo de sentido común.

Ayer se publicó en varios medios esta noticia.

Un niño de 8 años se gradúa en secundaria y comenzará la universidad en septiembre

Por supuesto, lo que ha conseguido este niño prodigio -y otros ejemplos extraordinarios- es admirable. Pero no es un ejemplo de cómo debe ser o qué debe lograr todo alumno con altas capacidades.Y como no es un ejemplo, no debe servir de guía para la acción. Hay que aprender a distinguir los distintos grados y tipos de inteligencia involucrados en el concepto para no caer en el absurdo de pensar, esperar y exigir que todos los niños identificados con altas capacidades deben ser Messi (o Einstein).

Las excusas son como las monedas. Cuantas más lleves a cuestas menos podrás avanzar. Eso con independencia de que algunos son auténticas fábricas de monedas andantes. Luego nos quejamos de la ignorancia que vemos en los colegios cuando nos sueltan algunas de las 353 excusas más usadas para no atenderlos. Muchas de ellas basadas en esta visión aberrada de la realidad. Pero es que se lo ponemos a huevo… Y nadie parece advertirlo ni, por supuesto, señalarlo.

Hemos llegado a tal nivel de autocomplacencia con los discursos utópicos alejados de esta cruda realidad que nos hemos vuelto insensibles con lo realmente importante. La tontería ha llegado para quedarse.

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Altas Capacidades: tener fortaleza o estar en forma

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En esta entrada reflexionaré sobre la diferencia que existe entre las condiciones intelectuales naturales de un individuo (capacidades) y las competencias cognitivas desarrolladas (habilidades) utilizando una analogía fácil de entender por cualquiera: el deporte en general o el fútbol en particular. Los paralelismos entre las habilidades intelectuales y las habilidades sensomotoras nos permitirán capturar las distinciones que pondré sobre la mesa.

También me apoyaré ligeramente en uno de los modelos más potentes y complejos que hay sobre el desarrollo intelectual, el Modelo Integral de Desarrollo del Talento (CMTD) de Françoys Gagné. Recogeré antes de empezar una aclaración importante de su autor para evitar equívocos:

«Las capacidades naturales no son innatas, ni aparecen de repente en algún momento durante las primeras o posteriores etapas de desarrollo de una persona. Al igual que cualquier otro tipo de capacidades, las naturales necesitan desarrollarse progresivamente, en gran parte durante los años más jóvenes de una persona; pero lo harán de forma espontánea, sin un aprendizaje estructurado y actividades formativas típicas del proceso de desarrollo del talento»

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Síndrome de la amapola alta: detestar al que destaca

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Todos somos únicos en algo, pero la presión social nos empuja hacia el conformismo o la mediocridad. Conformarnos con no salir de los límites socialmente impuestos o resignarnos a no salir de los límites autoimpuestos.

 

La sociedad emite mensajes contradictorios. Explícitamente se nos invita a destacar, a ser genuinos o a diferenciarnos del resto. De modo implícito se nos recomienda no sacar la cabeza, ser hipócritas o seguir la corriente mayoritaria de pensamiento, palabra u obra.

Vivimos en un entorno social altamente competitivo dentro de unos límites. Esto significa, por ejemplo, que se fomenta la lucha deportiva pero se desactiva la lucha colectiva en defensa de los derechos humanos. No se permiten desvíos de la norma que supongan una amenaza real al sistema. Por ese motivo, las estructuras de poder real favorecen las actividades de entretenimiento en las que las personas realizan simulacros de luchas dentro de un entorno controlado: pan y circo para calmar a las masas. O para canalizar la insatisfacción producida por la presión social. Es un mecanismo muy simple pero altamente efectivo: se nos cortan las alas pero se nos permite pelear en el suelo con los demás, generando una falsa sensación de logro cuando los vencemos. El resultado es el sostenimiento de un sistema que beneficia a unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría. Sistema que se encarga de recordarnos que nosotros somos responsables de no destacar, ser genuinos o diferenciarnos del resto.

Este trasfondo trae consecuencias en nuestro modo de tratar a aquellas personas que, a pesar de la presión social, logran destacar en algo socialmente valioso, ser ellas mismas o diferenciarse del resto en su manera de pensar, decir y hacer.

Una de ellas es confundir la humildad con la mediocridad o con el conformismo. Y ese estado de confusión genera fuertes críticas hacia las personas que hablan de sus habilidades con naturalidad. Se les tacha de soberbias, prepotentes, petulantes, egocéntricas o cualquier otro adjetivo que se nos ocurra. Evidentemente, estos adjetivos hablan más del emisor que del receptor, pero la realidad es que este caldo genera una toxicidad en el ambiente que puede llegar a ser irrespirable si se transmite entre una masa suficiente de individuos frustrados por su propio conformismo o mediocridad.

Este patrón de comportamiento se acentúa con la cercanía. La persona mediocre puede soportar o incluso admirar a la persona que destaca en otro ámbito diferente al suyo. Pero le costará mucho más hacerlo si esa persona actúa en su mismo entorno. Lo más probable es que se le activen una serie de pensamientos destructivos: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar para librarme de su amenaza? ¿Le ataco sin descanso?. ¿Intento por todos los medios buscar sus defectos? ¿Me rodeo de mediocres que me bailen el agua y me apoyen en esta pequeña lucha personal?

A esta conducta se le conoce como el síndrome de la amapola alta (Tall Poppy Syndrome) o como el síndrome de la alta exposición, un término acuñado y utilizado fundamentalmente en Reino Unido, Irlanda, Australia, y Nueva Zelanda para describir un “fenómeno social por el cual personas con méritos genuinos son odiadas, criticadas o atacadas a causa de que sus habilidades o logros las colocan por encima de sus colegas o las distinguen de ellos” (Wikipedia).

Este fenómeno no se circunscribe a la relación entre personas con diferencias nítidas en cuanto a habilidades cognitivas o personales sino también, y quizás de un modo más incruento, entre personas con niveles de habilidad similares que ‘compiten’ en un mismo espacio social (grupo, trabajo, amigos, etc).

En el siguiente artículo de La Mente es Maravillosa podéis entenderlo mejor.

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El contagio de una ilusión

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Hoy quiero hablar de un viaje en el que me he embarcado junto a una veintena de personas. Una aventura que acaba de nacer oficialmente en la bella tierra alicantina de la Vega Baja, en Almoradí.

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Ana, Ana, Beatriz, Cristina, Diego, Encarna, Eva, Fernando, Isa, Mª Jesús, Mª José, Manolo, Mari, Marina, Marta, Nazaret, Nuria, Rosalía, Sandra, Silvia y Susana. Veintiún nombres propios para un proyecto cargado de ilusión. Necesario en un territorio tan abandonado.

Todo camino comienza con un primer paso. El 11 de enero de 2016 recibí un mensaje de Susana en el que me decía que estaba animando a un grupo de madres y padres para constituir una asociación donde podrían compartir experiencias, gestionar actividades, dialogar con los centros educativos “desde una entidad colectiva”, etc… Quería ayudarles a arrancar pero con la idea de que ellos mismos la gestionaran. Me pidió algunos documentos que pudieran ser útiles y algunos consejos para afrontar este reto. Intercambiamos algunos mensajes pero todo se quedó ahí, en suspenso. En esa época andaba metido en la Plataforma y tampoco tenía tiempo para embarcarme en otros asuntos.

El 20 de marzo de 2018 recibí un nuevo mensaje de Susana, que me refrescó la conversación que habíamos tenido dos años antes. Estaba decidida a dar un empuje definitivo a ese proyecto, con más personas y más energías que la primera vez. La diferencia es que en esta ocasión me invitó a participar de un modo más activo: “se me ha ocurrido que tú puedas ofrecerles una charla vía skype con aquellos puntos que consideras claves a la hora de embarcarse en este proyecto, para que en caso de que finalmente fragüe el proyecto, se construya sobre buenos objetivos o pilares”.

Llevaba mucho tiempo desconectado del fragor de la batalla y esa propuesta sonó a gloria. Le respondí que era muy buena idea, pero que había que organizarla como un diálogo entre sus inquietudes y las mías, no como mera exposición. Algo vivo.

La pareció una estupenda idea y quedamos el 7 de abril a las 10 de la mañana a través de Skype. En esos días su labor consistiría en recopilar todas las dudas que le fueran planteando las personas en un grupo de comunicación que tenían para que se pudieran tratar ese día, en directo. Y la mía elaborar un guión mínimo de temas importantes en un arranque de proyecto asociativo.

Llegó el día de la reunión y cuando logramos conectar me llevé una gran alegría. Una sala amplia con todas las sillas ocupadas por personas atentas a la pantalla. Un sábado por la mañana. Sin conocer de nada al que estaba al otro lado. Para hablar de una asociación. En ese momento sentí como rejuvenecía nueve años de golpe.

Charlamos durante más de dos horas, tanto de los temas que tenía en el microguión como de sus dudas. El diálogo fue fluido a pesar de las dificultades técnicas. Cuando estábamos finalizando les propuse continuar dialogando para avanzar juntos. Me ofrecí a realizar una suerte de “mentoría” con la intención de que ellos pudieran empoderarse en el camino para autoorganizarse. Susana creó un grupo de Telegram en el que poco a poco se fueron incorporando todas las personas que reseño arriba. Y comenzamos a intercambiar ideas para hacer realidad la asociación en el menor tiempo posible pero sin prisas ni precipitaciones.

Para arrancar, les planteé unos pasos iniciales que debían abordar ordenadamente para crear los cimientos de ese edificio:

PASOS INICIALES

1) Antes de constituir la asociación es crucial que los socios fundadores tengáis una o varias reuniones de trabajo en las que perfiléis claramente varias cuestiones:

a) Denominación
b) Domicilio y ámbito de actuación (supongo que provincial)
c) FINES (responder a la pregunta ¿qué quiero conseguir?)
d) ACTIVIDADES o ACCIONES (responder a la pregunta ¿cómo quiero conseguirlo?)
e) Socios (tipos, altas, bajas, etc)
f) Organización democrática (asambleas, votaciones, etc)
g) Órganos de gobierno y representación (cargos y funciones)
h) Otros (obligaciones formales, financiación y disolución)

2) Constitución de la asociación

a) Asamblea constituyente
b) Registro de la asociación

Nos fuimos presentando y conociendo. Hablamos de estos asuntos y de otros relacionados con las altas capacidades. Creamos las sinergias necesarias para que la ilusión se contagiase. Y poco a poco fueron organizándose, reflexionando juntos sobre las ideas que surgían en ese grupo de trabajo, y dando los pasos firmes para llegar a la culminación de la primera fase: la constitución de la asociación. El pasado sábado 2 de junio se firmó el acta fundacional de Acytal Levante, el nombre que decidieron adoptar en uno de esos procesos participativos que caracterizaban a la plataforma en sus comienzos.

En menos de dos meses habían pasado de ser un océano de dudas a remar juntos en este nuevo barco. Esta experiencia ha sido tan mutuamente satisfactoria que quería contarla en el blog por si sirve de inspiración a otras personas que tengan dudas pero deseen comenzar un trayecto colectivo. Que con unas pocas ideas claras, muchos ánimos y confianza en quien tienes al lado los proyectos salen adelante sin excesiva dificultad.

Ahora entramos en una segunda fase del proyecto, con nuevos retos en el horizonte. Con este equipo tan bien acoplado todo será más sencillo. Desde este foro personal quiero agradecerles a todos su tiempo y su predisposición. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Cuando empecé la charla en Skype dejé clara una cosa: es más importante la actitud que la aptitud. Ésta se puede adquirir poco a poco, pero aquella tiene que estar presente en todos los procesos para avanzar, sostenerse o simplemente resistir en los momentos más duros.

 

Consultas sobre altas capacidades

Con esta entrada inauguro una nueva categoría en el blog. Una categoría dinámica para tratar de acercar aún más el complejo mundo de las altas capacidades a aquellas personas que empiezan y quieren tener herramientas para afrontar los retos que le llegan en esta aventura. Hasta hoy lo más cercano que tenía disponible el blog era la entrada resumen Preguntas frecuentes sobre altas capacidades. Es, con mucha diferencia, la entrada más visitada, pero su carácter informativo es básicamente estático. No hay retroalimentación ni interlocución. Son contenidos que ayudan a la reflexión crítica pero no hay interacción.

Por ese motivo, y porque en los últimos meses he recibido consultas sobre este particular, me he animado a crear esta herramienta.

La idea es sencilla. He creado una cuenta de correo

incansableaspersor@gmail.com

para que todas las personas que lo deseen envíen sus consultas sobre altas capacidades.

TEMAS

  1. IDENTIFICACIÓN
  2. PROTOCOLOS DE ACTUACIÓN
  3. INTERVENCIÓN EDUCATIVA
  4. APOYO PSICOSOCIAL
  5. ASOCIACIONISMO
  6. ADULTOS AACC
  7. ALTA SENSIBILIDAD

Como evidentemente no tengo todas las respuestas disponibles, ni falta que hace, aquellas consultas que tengan cierto grado de complejidad o especificidad las derivaré a mi red de contactos para garantizar una respuesta lo más correcta posible.

Huelga decir que estas consultas son totalmente gratuitas, y que todas las personas que colaboran lo hacen de modo altruista. Todo se canalizará a través de esta cuenta de correos para que queden registradas y controladas.

Este mundillo necesita personas empoderadas. Informadas y formadas con deseos de ponerse a trabajar tanto por sus casos personales como por el colectivo. Y darles herramientas para que se desarrollen es uno de los retos más apasionantes a los que se va a enfrentar este espacio. Cuento de antemano con el apoyo de esa red de contactos que nunca ha fallado para hacerlo realidad.

Si eres un profesional serio y comprometido que comparte esta idea te animo a que formes parte del proyecto aportando alguna luz a los que empiezan. Escríbeme al email y te cuento cómo lo haremos.

¡Sé y haz!

La resiliencia en las altas capacidades

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Tengo previsto ir de excursión este fin de semana para desconectar del día a día y, de paso, conectar con la naturaleza. No me cabe duda de que me lo voy a pasar muy bien y que el descanso me vendrá de lujo. Pero llega el día y el cielo aparece encapotado. Unas nubes negras van a estropear mis planes.

¿Qué hago ante este contratiempo?

Tengo varias opciones, pero todas pasan por la actitud con la que tomemos esta circunstancia sobrevenida sobre la que no tenemos ningún control. No podemos gestionar la tormenta que se avecina. Pero sí podemos regular las emociones y los pensamientos que nos asaltan.

Podemos resignarnos o, en el extremo opuesto, aceptarlo. La resignación supone el fin de una lucha interna entre nosotros y las circunstancias: las circunstancias ganan la batalla y yo la pierdo. Encontramos una relativa “paz” pero en modo alguno alcanzamos “descanso”. Se activa la emoción del resentimiento: por “culpa” de la tormenta hoy no podré ir de excursión. Si las circunstancias tienen forma de persona, la sensación de derrota se queda anclada y hasta que no se logra la ‘venganza’ o el resarcimiento por el mal que nos ha provocado no logramos descanso.

El único modo de alcanzar descanso es cambiar nuestra mirada, aceptando las circunstancias que no podemos cambiar sin traducirlas como una derrota. Nos replanteamos la razón por la que queríamos irnos y buscamos alternativas dentro de nuestras posibilidades. Si queremos desconectar siempre hay otras opciones (ir al cine, leer, quedar con amigos, etc) y podemos conectar con la naturaleza de otro modo, disfrutando de un paisaje húmedo dando un paseo a pie o en coche.

Pues bien, la aceptación denota nuestra capacidad para “recuperar la forma” (el descanso o equilibrio interno) que teníamos antes de que llegara la tormenta. Esa habilidad la conocemos con el nombre de elasticidad.

Si afrontamos una situación con rigidez (dureza) hablaríamos de resistencia. En cambio, si la gestionamos con elasticidad estaríamos hablando de resiliencia.

En esta entrada, Teresa Pérez nos introduce en el interesante mundo de la resiliencia y aporta algunos consejos para poder desarrollarla en nuestros hijos… o en nosotros mismos.

Esperamos que os sea de utilidad.

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¿Por qué no hablas más sobre adultos con altas capacidades?

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El otro día un adulto con alta capacidad intelectual al que conozco virtualmente desde hace años me lanzó una pregunta similar a la que encabeza esta entrada. Lo cierto es que es una pregunta importante y creo que merece una respuesta algo más elaborada por este medio.

Sinceramente, no creo que sea la persona más indicada para hablar de los adultos con alta dotación intelectual  general (gifted) ni de los adultos con gran habilidad específica (talented). Es cierto que soy de los pocos casos de personas con más de cincuenta años que tiene una valoración desde pequeño que me ha permitido integrar esa información sin darle demasiada importancia. Y eso ayuda bastante, sobre todo viendo los conflictos internos que suele generar en muchos adultos una identificación tardía. Esto pude comprobarlo hace pocos años con la llegada a España del libro de Jean Siaud-Facchin ¿Demasiado inteligente para ser feliz?, texto que supuso una auténtica catarsis en el colectivo, y más en los adultos que lo leyeron. Para muchos fue una sacudida sin precedentes y la gestión de todo eso en ocasiones no es sencilla.

También lo es que llevo diez años involucrado en el ámbito de las altas capacidades y que, a nivel personal, quise hacer una valoración crítica de los instrumentos que se usaban para determinarlas desde la propia experiencia. Me puse en manos de una profesional con amplio bagaje en 2010 y realicé una batería de pruebas cognitivas y de personalidad, aparte de una entrevista personal. Un informe muy completo, en definitiva. Esas pruebas corroboraron lo que ya sabía desde pequeño, así que no hubo ningún conflicto interior que resolver. Pero sí me sirvió para entender en primera persona las limitaciones de esos instrumentos que tratan de determinar quien “es” y quién “no es” de cara a una intervención educativa diferenciada. No me detendré aquí a detallarlas. Se lo iba comentando a Susana mientras revisábamos las pruebas, lo que pedían y lo que pretendían medir.

He conocido a muchos adultos con altas capacidades a lo largo de estos años, tanto a nivel virtual como real. Y he llegado a la conclusión más obvia: cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre. No existe un patrón universal único que nos diferencie del resto de personas, más allá de que cada uno presenta un alto nivel cognitivo en una o varias áreas, que es la “huella” o el “sello” distintivo de las altas capacidades intelectuales, como su propio nombre indica. Todos los demás añadidos que se le reconocen a las personas con AACC están muy cogidos con pinzas. Sobre todo en el ámbito emocional, que es el que más vende hoy día. Y digo vender porque lógicamente el adulto con AACC no interesa a la sociedad por lo que es o por lo que le pueda aportar. Más allá de alguna noticia en la que salen adultos contando sus vidas e inquietudes personales. Ese asunto, sinceramente, es irrelevante. Como es irrelevante mi vida y mis inquietudes. Esto no nos diferencia del resto de personas.

¿Que tengo un modo de procesar la información diferente a la mayoría? Sí, ¿y qué? ¿Eso me hace mejor o especial? No lo creo. ¿Que me interesan algunos temas de mayor profundidad y no suelo encontrar personas en mi día a día que tengan inquietudes similares? Pues sí, ¿y qué? No pasa nada. También me interesa mucho el fútbol, la política o incluso la música bailable, todos ellos bastante simplones o superficiales. No ando todo el día en una nube de filosofía y trascendencia. Me gusta, como he dicho en alguna ocasión, la gente buena, amable, desprendida y alegre. Con eso ya me siento cómodo y puedo integrarme en cualquier conversación sin sentirme mal o “desaprovechado”. Cada uno es como es y le interesan los temas que le interesan. Si estás en un ambiente en el que no se trata lo que a ti te gusta tienes varias opciones: introduces el tema tú mismo, sigues el tema que se esté tratando con normalidad o te vas, física o mentalmente. Nada más…

La vida es muy corta e intensa para darse demasiada importancia. Estamos aquí de paso. Pisamos, dejamos huellas en algunas persona y el tiempo termina por borrarlas. No hay más.

Los adultos con altas capacidades no somos seres especiales. Ni, por supuesto, somos “una especie diferente”. Somos seres absolutamente normales que tenemos la suerte de tener alguna habilidad cognitiva por encima de la media, como otros tienen la suerte de tener alguna habilidad motora, musical, visual, emocional o de cualquier otro tipo.

Eso no quita que crea que la sociedad en la que vivimos despilfarra estas habilidades cognitivas. Primero, porque no las comprende (los mitos y estereotipos -negativos o positivos- no ayudan) y segundo porque no piensa a largo plazo. Invertir en talentos distingue a las sociedades avanzadas de las atrasadas, y los países como el nuestro que no los cultiva los pierde en el camino. O se los llevan otros países que les dan las oportunidades que aquí no tienen para desarrollarse.

El trasfondo que explica todo esto es la crisis de conciencia que como sociedad vivimos. Somos incapaces de ver más allá de nuestros ombligos o de lo más operativo, de lo que necesitamos con urgencia, ya de ya. Y que eso no lo puede cambiar una persona, ni dos, ni tres. Es un asunto de toda la tribu. De largo alcance.

Por estas razones no suelo hablar de adultos con altas capacidades. Rechazo de plano tanto los estereotipos negativos que anclan los medios de desinformación como los estereotipos positivos que anclan algunos investigadores y que sirven para que muchas personas se apeguen a ellos, generando un discurso que no comparto en absoluto aunque esté dentro de los parámetros descritos. E insisto. No, no somos especiales. No, no somos una especie distinta ni una avanzadilla de una especie mejor como he visto escrito por uno de esos adultos que no supo gestionar su reconocimiento tardío. Y como no lo veo, pues no hablo de ello para no incordiar más. Que cada uno elija el camino de consuelo que desee seguir.