El contagio de una ilusión

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Hoy quiero hablar de un viaje en el que me he embarcado junto a una veintena de personas. Una aventura que acaba de nacer oficialmente en la bella tierra alicantina de la Vega Baja, en Almoradí.

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Ana, Ana, Beatriz, Cristina, Diego, Encarna, Eva, Fernando, Isa, Mª Jesús, Mª José, Manolo, Mari, Marina, Marta, Nazaret, Nuria, Rosalía, Sandra, Silvia y Susana. Veintiún nombres propios para un proyecto cargado de ilusión. Necesario en un territorio tan abandonado.

Todo camino comienza con un primer paso. El 11 de enero de 2016 recibí un mensaje de Susana en el que me decía que estaba animando a un grupo de madres y padres para constituir una asociación donde podrían compartir experiencias, gestionar actividades, dialogar con los centros educativos “desde una entidad colectiva”, etc… Quería ayudarles a arrancar pero con la idea de que ellos mismos la gestionaran. Me pidió algunos documentos que pudieran ser útiles y algunos consejos para afrontar este reto. Intercambiamos algunos mensajes pero todo se quedó ahí, en suspenso. En esa época andaba metido en la Plataforma y tampoco tenía tiempo para embarcarme en otros asuntos.

El 20 de marzo de 2018 recibí un nuevo mensaje de Susana, que me refrescó la conversación que habíamos tenido dos años antes. Estaba decidida a dar un empuje definitivo a ese proyecto, con más personas y más energías que la primera vez. La diferencia es que en esta ocasión me invitó a participar de un modo más activo: “se me ha ocurrido que tú puedas ofrecerles una charla vía skype con aquellos puntos que consideras claves a la hora de embarcarse en este proyecto, para que en caso de que finalmente fragüe el proyecto, se construya sobre buenos objetivos o pilares”.

Llevaba mucho tiempo desconectado del fragor de la batalla y esa propuesta sonó a gloria. Le respondí que era muy buena idea, pero que había que organizarla como un diálogo entre sus inquietudes y las mías, no como mera exposición. Algo vivo.

La pareció una estupenda idea y quedamos el 7 de abril a las 10 de la mañana a través de Skype. En esos días su labor consistiría en recopilar todas las dudas que le fueran planteando las personas en un grupo de comunicación que tenían para que se pudieran tratar ese día, en directo. Y la mía elaborar un guión mínimo de temas importantes en un arranque de proyecto asociativo.

Llegó el día de la reunión y cuando logramos conectar me llevé una gran alegría. Una sala amplia con todas las sillas ocupadas por personas atentas a la pantalla. Un sábado por la mañana. Sin conocer de nada al que estaba al otro lado. Para hablar de una asociación. En ese momento sentí como rejuvenecía nueve años de golpe.

Charlamos durante más de dos horas, tanto de los temas que tenía en el microguión como de sus dudas. El diálogo fue fluido a pesar de las dificultades técnicas. Cuando estábamos finalizando les propuse continuar dialogando para avanzar juntos. Me ofrecí a realizar una suerte de “mentoría” con la intención de que ellos pudieran empoderarse en el camino para autoorganizarse. Susana creó un grupo de Telegram en el que poco a poco se fueron incorporando todas las personas que reseño arriba. Y comenzamos a intercambiar ideas para hacer realidad la asociación en el menor tiempo posible pero sin prisas ni precipitaciones.

Para arrancar, les planteé unos pasos iniciales que debían abordar ordenadamente para crear los cimientos de ese edificio:

PASOS INICIALES

1) Antes de constituir la asociación es crucial que los socios fundadores tengáis una o varias reuniones de trabajo en las que perfiléis claramente varias cuestiones:

a) Denominación
b) Domicilio y ámbito de actuación (supongo que provincial)
c) FINES (responder a la pregunta ¿qué quiero conseguir?)
d) ACTIVIDADES o ACCIONES (responder a la pregunta ¿cómo quiero conseguirlo?)
e) Socios (tipos, altas, bajas, etc)
f) Organización democrática (asambleas, votaciones, etc)
g) Órganos de gobierno y representación (cargos y funciones)
h) Otros (obligaciones formales, financiación y disolución)

2) Constitución de la asociación

a) Asamblea constituyente
b) Registro de la asociación

Nos fuimos presentando y conociendo. Hablamos de estos asuntos y de otros relacionados con las altas capacidades. Creamos las sinergias necesarias para que la ilusión se contagiase. Y poco a poco fueron organizándose, reflexionando juntos sobre las ideas que surgían en ese grupo de trabajo, y dando los pasos firmes para llegar a la culminación de la primera fase: la constitución de la asociación. El pasado sábado 2 de junio se firmó el acta fundacional de Acytal Levante, el nombre que decidieron adoptar en uno de esos procesos participativos que caracterizaban a la plataforma en sus comienzos.

En menos de dos meses habían pasado de ser un océano de dudas a remar juntos en este nuevo barco. Esta experiencia ha sido tan mutuamente satisfactoria que quería contarla en el blog por si sirve de inspiración a otras personas que tengan dudas pero deseen comenzar un trayecto colectivo. Que con unas pocas ideas claras, muchos ánimos y confianza en quien tienes al lado los proyectos salen adelante sin excesiva dificultad.

Ahora entramos en una segunda fase del proyecto, con nuevos retos en el horizonte. Con este equipo tan bien acoplado todo será más sencillo. Desde este foro personal quiero agradecerles a todos su tiempo y su predisposición. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Cuando empecé la charla en Skype dejé clara una cosa: es más importante la actitud que la aptitud. Ésta se puede adquirir poco a poco, pero aquella tiene que estar presente en todos los procesos para avanzar, sostenerse o simplemente resistir en los momentos más duros.

 

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Obligación de invertir los excedentes en las asociaciones

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Actividades encaminadas a los fines estatutarios

En el ámbito de las asociaciones existe una regla de oro que jamás ha de perderse de vista: sus actividades están siempre encaminadas al cumplimiento de sus fines estatutarios. Y, por extensión, sus excedentes económicos han de destinarse obligadamente a los mismos.

De no hacerlo, Hacienda podría considerarlos rentas no exentas y fiscalizarlos con la consiguiente “factura fiscal” del 25% por el Impuesto sobre Sociedades más los extras asociados a esa cuota (intereses y/o recargos). No es un asunto baladí.

Artículo 13.1 de la Ley 1/2002 de asociaciones: “Las asociaciones deberán realizar las actividades necesarias para el cumplimiento de sus fines, si bien habrán de atenerse a la legislación específica que regule tales actividades”

El carácter de entidad sin ánimo de lucro exige que los ingresos obtenidos sean destinados al sostenimiento o mejora del proyecto asociativo como un TODO. Está prohibido por Ley destinar parte de estos ingresos a remunerar a sus socios por el mero hecho de serlo. Es lo que diferencia a una asociación de una entidad mercantil con ánimo de lucro.

Esta idea tan evidente produce una extraña confusión: suponer que la ausencia de ánimo de lucro implica que la entidad no realice actividades económicas o que las realice gratis. Esto es simplemente falso. No existe tal limitación en ninguna normativa. Las asociaciones pueden y, en consecuencia, deben tener actividades de tipo económico que permitan un sostenimiento de la entidad en el tiempo. Lo que no deben tener es la intención de obtener beneficios para repartirlos entre sus socios. Son dos cosas diferentes y hay que tenerlas claras.

Destino de los excedentes (beneficios) económicos

En un contexto económico complejo, las asociaciones no suelen tener una salud financiera boyante, pero algunas de ellas se logran organizar de modo eficaz logrando obtener excedentes en uno o varios ejercicios.

Pues bien, esos beneficios se tienen que invertir sí o sí en los fines de la propia asociación:

Artículo 13.2 de la Ley 1/2002 de asociaciones: Los beneficios obtenidos por las asociaciones, derivados del ejercicio de actividades económicas, incluidas las prestaciones de servicios, deberán destinarse, exclusivamente, al cumplimiento de sus fines, sin que quepa en ningún caso su reparto entre los asociados ni entre sus cónyuges o personas que convivan con aquéllos con análoga relación de afectividad, ni entre sus parientes, ni su cesión gratuita a personas físicas o jurídicas con interés lucrativo.

Este artículo implica que una asociación no debe acumular excedentes en su contabilidad bajo ningún concepto.

Cuando se empieza es lógico guardar algún fondo para imprevistos y para no andar ahogados financieramente, pero esta estrategia es de corto alcance. No debe convertirse en una norma de comportamiento económico “por miedo” a perder lo que tanto cuesta lograr.

No es objetivo de la asociación tener un remanente de tesorería durante demasiado tiempo. Hay que invertirlo. ¿En cuánto tiempo? La ley 1/2002 no nos dice nada al respecto, pero si miramos la ley hermana, la 49/2002 de las Fundaciones y asociaciones de utilidad pública (entre otras), tendremos una guía para la acción.

La  Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de Régimen Fiscal de las Entidades sin Fines Lucrativos y de los Incentivos Fiscales al Mecenazgo establece que a la realización de los fines fundacionales deberá ser destinado, al menos, el 70% de los resultados de las explotaciones económicas que se desarrollen y de los ingresos que se obtengan por cualquier otro concepto, una vez deducidos los gastos realizados para la obtención de tales resultados o ingresos, debiendo destinar el resto a incrementar bien la dotación o las reservas, según acuerdo del Patronato.

El plazo para el cumplimiento de esta obligación será el comprendido entre el inicio del ejercicio en que se hayan obtenido los respectivos resultados e ingresos y los cuatro años siguientes al cierre de dicho ejercicio.

Las Fundaciones y asociaciones de utilidad pública están obligadas a destinar al menos el 70% de sus excedentes a sus fines fundacionales en un plazo razonable de 4 años. El resto de asociaciones no tienen un plazo para destinar el 100% de sus excedentes, pero es fácil entender que eso no implica que disponga de todo el tiempo del mundo para hacerlo. Ha de poner los medios a su alcance para invertirlos en actividades que redunden en la mejora de la entidad, insisto, como un TODO.

¿En qué se puede invertir los excedentes?

Aquí la ley no nos guía. Tenemos que utilizar criterios apropiados a una buena gestión de los recursos económicos. Y ahí podemos tomar ejemplo de entidades mercantiles con cierta inclinación hacia la responsabilidad social.

Descartando la opción de destinar esos fondos en los socios que está prohibido por ley, tendríamos varias opciones que pueden adaptarse a la singularidad de cada asociación. Sin ser exhaustivos:

Invertir en Inmovilizado

Una opción interesante puede ser adquirir bienes del inmovilizado material (ordenadores, locales, mobiliario, vehículos, etc) o del inmovilizado inmaterial (programas informáticos, páginas web, etc). Aquí lo importante es discernir el beneficio que traerá a la asociación este tipo de inversiones, aunque suelen ser muy obvias.

Invertir en Proyectos Sociales

La idea de invertir en proyectos de interés general también debería plantearse como una opción prioritaria si el nivel de excedentes lo permite. La asociación está integrada en un entorno social y todo lo que sea mejorarlo rendirá beneficios intangibles al proyecto.

Invertir en la Estructura Organizativa

Si tenemos varias secciones o sedes dentro de la asociación, es clave invertir en ellas para darles un empuje. Sobre todo en sus inicios, hasta que logren la independencia organizativa y económica suficientes para no depender de la central administrativa.

Invertir en Formación

Otra de las inversiones interesantes consiste en poner los medios adecuados para formar tanto a los agentes internos de la propia asociación como a los agentes externos vinculados con los fines asociativos. Organizar jornadas de formación, de visibilización o de concienciación son actividades en las que se deben invertir parte de esos recursos sobrantes.

Invertir en Comunicación

También es recomendable invertir en mejorar la visibilización del proyecto asociativo. Tener una web operativa, destinar recursos a mantener activas las redes sociales, publicitarse en prensa, etc. Son muchas las opciones que se pueden tener en cuenta.

Invertir en Relaciones internas

Para finalizar, resalto la importancia de invertir en la mejora de las relaciones entre los miembros de una asociación. Reuniones, fiestas, convivencias, etc. Cuando los socios se conocen fuera del contexto asociativo se producen conexiones y sinergias beneficiosas a la hora de abordar el trabajo colectivo y la implicación de sus miembros en el proyecto.

 

¿Quién decide en qué se invierten los excedentes?

La Asamblea es el órgano que decide en qué se invertirán los beneficios de la asociación, a propuesta de la Junta Directiva que sería la encargada de elaborar una plan de inversiones.

Un error muy común en las asociaciones y que frenan muchas inversiones es la idea de que ésta ha de invertir exclusivamente en lo que beneficie a TODOS sus miembros. Es decir, se tumban iniciativas porque pueden ser beneficiarios solo una parte de los socios y no la totalidad. Esto sería tan absurdo como si en una entidad mercantil solo se invirtiera en lo que le viniera bien a los socios capitalistas, sin dejar que la gerencia de la empresa invierta en lo que mejoraría a la entidad como un TODO.

Una inversión ha de ser adecuada para la mejora de la asociación, no para beneficio de sus socios.

Cuando una asociación organiza un taller por edades los beneficiarios serán los que estén en ese rango, no todos los miembros. Cuando se compra un ordenador para la asociación, ningún socio se beneficia directamente de esa adquisición. Y así sucesivamente…

Es muy importante hacerles comprender a los socios que no son sus intereses personales los que dictan qué inversiones ha de realizar la asociación. Que lo que debe primar es el interés de la asociación al completo.

Si la asociación tiene una sede, ha de invertir en la mejora de esa sede. Es de una lógica aplastante aunque no sea un beneficio para TODOS los socios al completo.

Si una asociación tienen una sección, también está obligada a invertir en esa sección.

Cuando no se tienen estas ideas claras se pierden múltiples opciones de mejora asociativa por una mala entendida política de inversiones.

Reto 2018: Unión en las altas capacidades intelectuales

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El año que comienza se presenta con tantas incógnitas como desafíos. Realmente es, o puede ser, una época apasionante a poco que los indicios cojan cuerpo.

Hace más de un año dejé la primera línea de acción en el campo administrativo-político en el que se se desenvuelven las organizaciones que luchan por los derechos del colectivo de las altas capacidades. Era el momento de salir, dedicarle tiempo a otros asuntos y observar desde la distancia cómo las diferentes dinámicas que existían se iban ajustando de modo natural, sin forzarlas en ninguna dirección. Todo esto no es sencillo de hacer, y menos cuando eres consciente de todas las carencias que hay. Pero en ocasiones la mejor elección es no intervenir en determinados procesos.

Desde la lejanía emocional se ve todo mejor. Y te permite pensar con la mente clara, sin distorsiones.

Son tiempos complicados para el colectivo. En los últimos tres años han sucedido acontecimientos que permiten explicar la actual situación del colectivo a nivel nacional pero sé que analizarlos desde una perspectiva de búsqueda de responsabilidades no ayuda en nada para afrontar los retos que hay por delante. Es más productivo enfocarse en la búsqueda de soluciones y trabajar duro para ir dando pasos hacia el frente.

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Quiero crear una asociación

Editada el 29 de mayo de 2018

 

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Cuando una o varias personas se plantean la idea de crear una asociación, surgen muchas dudas. Sobre todo si no tienes experiencia anterior y tampoco conoces personas cercanas que puedan orientarte.

Para facilitar la labor comparto algunos enlaces que podrían ayudaros a hacer realidad esa idea. Espero que os resulten de utilidad.

Primeros pasos

Para constituir, registrar y poner en funcionamiento nuestra asociación debemos completar los siguientes procesos:

1. CONSTITUCION
2. INSCRIPCIÓN REGISTRO ASOCIACIONES (Nacional o regional)
3. SOLICITUD DEL NIF
4. SOLICITUD DEL CERTIFICADO DIGITAL (FNMT)
5. APERTURA DE CUENTA BANCARIA

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Memoria AACC en España (III): historia del Plan de Actuación andaluz

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Para contar esta historia es necesario una introducción, un contexto que nos permita entender la importancia de la misma dentro de un proceso largo y difícil.

En enero publiqué una entrada en la que resumía los orígenes del movimiento asociativo en España. Ese arranque cubre los primeros años, hasta aproximadamente 1996 que es cuando el asociacionismo produce avances reales con la publicación de varias normativas que complementan las iniciales. Para conocer un poco la historia de la legislación, nada mejor que leer esta entrada del blog de Belén Ros.

Como comento en la entrada de los orígenes, es importante reseñar que en aquella época no existían los medios actuales para difundir, compartir o simplemente coordinar fuerzas. Todo era más difícil, y no solo por la escasez de recursos humanos, materiales y de cualquier otro tipo, sino por la ausencia de canales eficientes de comunicación. No existían las redes sociales y los intercambios virtuales eran escasos.

En el año 2000 nació la Federación andaluza de superdotación intelectual (FASI) gracias a la iniciativa de algunas asociaciones andaluzas que comenzaban a trabajar en este campo. Durante sus primeros años de funcionamiento fue creando vínculos entre las asociaciones andaluzas existentes y las que fueron surgiendo en ese periodo. Se alzó como la voz oficial del colectivo de cara a las relaciones con la administración educativa andaluza, uno de sus objetivos principales.

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Memoria AACC en España (II): de la caída a la recuperación.

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En los dos últimos años se está produciendo un fenómeno reactivo bastante curioso en el ámbito de las altas capacidades, apoyado en la facilidad con la que se difunden contenidos (independiente de su calidad y de su adecuación a la realidad) en las redes sociales. Se trata del surgimiento de una ola adanista de grandes dimensiones que amenaza con borrar todas las huellas que encuentra a su paso.

Luchar contra esta corriente no es fácil, pero creo que el reto merece la pena. Como conté en la entrada Memoria AACC en España (I): origen del movimiento asociativo, “la experiencia es un grado y conocer los orígenes del movimiento asociativo puede ayudarnos a aterrizar, valorar y, desde ahí, construir algo sólido. El futuro necesita el apoyo del pasado, que es quien te permite no repetir errores y aprender.

Esta lucha colectiva no empezó ayer, sino que lleva con nosotros más de treinta años. Al principio eran cuatro “locos”, como les consideraban a mediados de los ochenta los que debían hacer algo al respecto. Cuando confluyeron varias personas o iniciativas sin afán de protagonismo se fueron logrando hitos.”

Hoy toca recuperar la memoria de un periodo largo (2006-2014) en el que se comenzó con una caída en el olvido y continuó con un resurgimiento que permitió avanzar, de modo irregular, en este empedrado camino.

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Asociaciones familiares de AACC. Socios y usuarios

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Toda asociación, sin excepciones de ningún tipo, necesita dotarse de unos Estatutos. Los Estatutos son las reglas fundamentales del funcionamiento de una Asociación y, pese a no poseer el carácter de norma jurídica, son vinculantes para los socios, pues se sometieron a ellos de forma voluntaria al ingresar en la Asociación.

Dentro de los Estatutos hay una serie de contenidos obligatorios recogidos, en el caso de las asociaciones que no son de utilidad pública, en el artículo 7 de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación. Entre ellos destacamos uno que se relaciona directamente con esta entrada: Los derechos y obligaciones de los asociados y, en su caso, de cada una de sus distintas modalidades.

En resumidas cuentas, toda asociación ha de contemplar obligatoriamente en el conjunto de reglas fundamentales vinculantes para todos los socios llamado Estatutos una serie de DEBERES que son de obligado cumplimiento.

Esta es al menos la teoría. La práctica suele distar bastante de este escenario de asunción de responsabilidades por parte de TODOS Y CADA UNO de los socios de una asociación. Y es curioso comprobar cómo la inmensa mayoría no suele tener conflictos internos cuando combina la exigencia del cumplimiento de la ley por parte de diversos agentes educativos con la dejación de sus propias obligaciones estatutarias.

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