Deuda simbólica. La complejidad de las relaciones humanas.

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«Puedes generar todas las expectativas que quieras sobre cómo debe funcionar el mundo, pero el mundo no está obligado a cubrirlas»

Cuando venimos al mundo tenemos unas necesidades básicas que han de ser cubiertas por nuestros progenitores. Ellos son los responsables de proveernos de lo necesario para sobrevivir y para crecer sanos. Con otras palabras, nuestra familia más cercana tiene la «capacidad para responder» y, en consecuencia, son los que pueden y deben responder. Asumen, por tanto, la responsabilidad y la obligación en esa relación paterno-filial temprana.

A medida que crecemos, y adquirimos las habilidades básicas para responder por nosotros mismos, es sano asumir la responsabilidad de esos aspectos. Poco apoco aprendemos a atarnos los cordones, a vestirnos solos, a arreglar nuestro cuarto, etc. Se convierten, poco a poco, en responsabilidades y obligaciones nuestras. Para que exista un equilibrio dinámico, cada bien o derecho susceptible de ser conseguido, ha de llevar aparejada una responsabilidad u obligación de “pago” simbólico. A mayor bien, mayor responsabilidad.

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