Altas capacidades. Pensar y comunicar diferentes

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Hace algo más de cinco años Antonio Ortín, amigo y redactor jefe de Diario Sur me dio un regalo inolvidable e inmerecido: un espacio en la contraportada del diario un día tan señalado como el domingo. Obviamente yo no sabía nada de esto cuando me llamó para quedar y hacerme una pequeña entrevista de unos 45 minutos.

Antes de comenzar me dijo que le hablara como si él no tuviera ni idea de qué son las altas capacidades. Sabía perfectamente que la sociedad en general no iba a comprender las ideas si las elaboraba demasiado o utilizaba un vocabulario técnico, así que tomé conciencia del público al que iría destinado el artículo y utilicé varias simplificaciones.

Entre las más destacadas, “ser” en lugar de “tener”, con todo lo que implicaría poco tiempo después, con las nuevas corrientes que han distorsionado la imagen del colectivo espero que no de modo irreversible. En concreto:

¿Qué es un superdotado?

Básicamente, una persona que piensa y siente de manera diferente. Para que usted me entienda, es como si un superdotado viera el mundo en 3D mientras los demás lo vemos en 2D.

Es curioso leerse en retrospectiva. Adviertes detalles que entonces pasaron desapercibidos, como ese “los demás lo vemos…” o el lenguaje colectivista que usaba. Está claro que lo que comunicamos varía sustancialemente en función de qué vivencias tengas en cada instante y de la perspectiva que tomes para hacerlo. Esa autoexclusión resulta ahora muy llamativa. Pero bueno, son meros detalles… Al lío que me disperso.

La simplificación “piensa y siente diferente”, o pensar-sentir en 3D, tiene un trasfondo de realidad aunque con muchas matizaciones. Para empezar, añadiría “comunicar diferente” a la coctelera, un elemento clave para entender el habitual sentimiento de incomprensión del entorno que solemos contar los adultos con altas capacidades cuando nos permitimos hablar de nosotros mismos en contextos seguros. Y quitaría lo de “sentir diferente”, porque el sentimiento es una emoción preñada de cognición, como descubrió Antonio Damasio hace años, lo que implica que el primero tiene pinta de derivar del segundo.

Así, nos quedamos con pensar y comunicar de modo diferente. De aquí surge una pregunta inevitable. Si todos somos diferentes y, en consecuencia, pensamos y comunicamos…

¿En qué se concreta esa diferencia?

La simplificación del pensamiento en 3D permite aflorar un elemento distintivo crucial: la profundidad.

Coges un tema, el que sea que te llame la atención (esto es fundamental, no todo te interesa, no somos seres omniapasionados). En una primera mirada superficial percibes los detalles gráficos o verbales que te presentan. Y una vez los tienes todos en la cabeza comienza la cocción interna: “Vale, esto es así por esto y aquello. Lo dice ahí. Pero….”

Y ese “pero” es el chispazo que prende la llama de las preguntas sin fin. De pequeños, todos se preguntamos sin cesar el por qué de todas las cosas que están descubriendo. Algunos son realmente agotadores, como mi hijo pequeño que era una metralleta de cuestiones. El mayor se hacía las preguntas hacia adentro y se las respondía él mismo con sus propias elucubraciones mentales.

Pero detrás de ese por qué hay diferencias notables entre aquellos que se quedan con la respuesta superficial que reciben y los que no nos quedamos satisfechos, empezando solos o acompañados una investigación informal sobre el asunto. La intuición nos dice que “hay algo más”, alguna dimensión oculta que no está aflorando en estos primeros rastreos. Entonces comienzas una aventura autodidacta que te permite reorganizar la información disponible del tema. Surgen nuevas visualizaciones o discursos sobre el asunto. Y si penetras mucho te vas dando cuenta de que las palabras (o las imágenes) que tratan de describirlos se quedan terriblemente cortas. Además, tampoco tienes acceso a todas las fuentes, de modo que tiras por la calle de en medio: creas o reelaboras conceptos (rígidos) o nociones (flexibles). Creas tu propio y genuino marco conceptual, manejas tus propios marcos de referencia, utilizas tu propio lenguaje y visualizas tus propias estructuras sobre el tema en cuestión. Esto puede llevarte por los Cerros de Úbeda (pensamiento divergente) o aterrizar ideas productivas novedosas (creatividad débil o fuerte, para ti o para la sociedad) o no.

Sales de los marcos conocidos y consensuados. Generas unos espacios de significación diferentes a los de las personas/libros con las que has ido dialogando durante el proceso en los que algunas palabras cobran vida y significados propios. Todo eso dificulta enormemente la comunicación con otros. No depende tanto de que su nivel de comprensión sea pequeño, ya que la mayor parte de las conversaciones las tienes con personas experimentadas, con cierto nivel intelectual o erudición. Se trata más bien de que no hay modo de hacerte comprender por el resto si no acercas tus espacios de significación con los suyos, si no os preguntáis mutuamente ¿qué quieres decir exactamente con esto? Se trata del método más sencillo y eficaz de salir del cerco de las nueve formas de no entenderse. Si te dedicas a responder sin preguntar, el choque entre significados diferentes es inevitable. Pensáis equivocadamente que el otro está entendiendo lo que digo por el mero hecho de usar las mismas palabras, pero la realidad es otra.

Algunas personas con “pensamiento tridimensional” consideran poco menos que imposible comunicarse eficazmente con otras simplemente porque “no llegan” al nivel de comprensión mínimo. Y esto creo que es un error. Podéis comunicaros a nivel “bidimensional”, acercándote tú a sus espacios y usando un lenguaje apropiado para que se entienda, aunque sea superficialmente, un asunto. Otra cosa es que eso te ocurra con tanta frecuencia que termines por desistir, pero eso depende más del carácter de cada uno. De hecho, en diálogos con otras personas de pensamiento más profundo se producen más incomprensiones precisamente por esa poca voluntad de acercar espacios de significación. Que el hecho de que los dos pensemos en 3D no implica que tengamos exactamente los mismos paisajes tridimensionales dentro de la chota. Nada más lejos de la realidad. Aquí apoyo totalmente el dicho popular de que solo has comprendido realmente un asunto cuando eres capaz de explicárselo a tu abuela… y que lo entienda.

Comunicarse con otros que no pueden comprenderte al cien por cien es un reto que merece la pena afrontar. Hacerlo con quien no quiere comprenderte es una pérdida de tiempo. Y como somos generalmente muy apasionados con nuestros paisajes tridimensionales, a veces no advertimos de que el interlocutor ha “desconectado” y seguimos describiéndolos como si estuvieran enchufados. También en esto hay que aprender a interpretar las señales. No siempre es que les falta interés, en ocasiones aunque lo intenten no llegan a comprender lo que quieres decir o, yendo más allá, lo que implica todo eso que con tanta pasión estás contando.

En cualquier caso, la idea general sencilla de todo esto es que es muy importante fomentar el pensar, esa actividad que estamos dejando de lado en una sociedad cada vez más manipulada a través de los clichés que los medios nos introducen en vena desde pequeños, impidiéndonos adentrarnos en esos paisajes ignotos que no quieren contarnos para “protegernos”… Menos condescendencia y más realidad es lo que necesitamos. Lo que necesitan nuestros pequeños, que son el futuro. Sin pensamiento propio y, trabajado, sin pensamiento crítico nos vamos al carajo.

Para terminar, os dejo esta poderosa reflexión del profesor Ramón Besonías basada en la cruda realidad:

El curso pasado tuve un alumno que votó a VOX en las pasadas elecciones. Solía charlar con él de política. Sin mediar indignación ni paternalismos; a pelo, incluso se terció una pizca de ironía. No es habitual que los alumnos de Bachillerato, tanto aquellos que tienen edad para votar como los que ya pueden hacerlo, hablen de política sin poner cara de asco o hastío. Cuando en mis clases de Filosofía abordamos el asunto, antes ya de empezar se santiguan. Les incomoda solo nombrarlo. Por eso, que un alumno entre decenas abra boca es de agradecer, venga con el armario ideológico que venga de casa. Ayer lo volví a ver y nada más acercarme me dijo sonriendo: ¿Has visto lo de Vistalegre? Lo petamos. ¿Qué partido ha llenado así últimamente?

La formación política del adolescente -y no pocos adultos- es escasa, superficial, susceptible al fake, deshilachada, sin referencias ni argumentos, carente de memoria ni experiencia. Su primera aproximación suele estar acompañada de una arrogante indignación e indiferencia, tejida de opiniones dispares, provenientes de las redes, la charla familiar de mesa camilla y la letanía inaguantable de los medios, bombardeando hasta la saciedad de ideas fuerza que duran lo que un tuit. Su predisposición a ser manipulados es muy alta. Más aún cuando les presentan el producto en frascos vistosos, aparentemente inocuos y cotidianos.

Hay dos temas en la escuela que aún siguen siendo tabú: el sexo y la política. El docente cree que de meterse en ese coso saldrá sin duda pitoneado. Ergo no te metas. Da tus clases como vienen en el libro y listo. Mejor seguir vendiendo en las aulas la versión saneada, complaciente. Hacer el vídeo colectivo el día de… y quedar como reyes. Falta sin duda en la escuela pública más política, más debate, más confrontación de argumentos, más distorsión cognitiva, más disenso sin ira pero también sin placebos. Menos auto censura, menos miedo, menos comodidad, menos… menos. ¿Cuándo empezó a ser la escuela un cementerio mental, un correccional, un dispensador de títulos? ¿Cuándo dejará de serlo?

El paso de Abascal por el Hormiguero fue éxito de audiencia. Lo vieron y oyeron más de 4 millones de espectadores; solo la Pantoja y Bertín Osborne superaron la hazaña mediática. Luego dirán que no hay que hablar más de política en las escuelas. Ojalá quemáramos los libros y empezáramos a hacer aquello para lo que realmente debe servir la educación: pensar. Y, por favor, no me digan que los alumnos no quieren pensar, que solo piensan en sus móviles y la pleiesteision. Heredaron lo que sembramos sobre su infancia. Es hora -no tarde, espero- de remediarlo.

Filosofía y pensamiento crítico

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Hace unos días desayunábamos con la noticia de que la asignatura de Filosofía volvía a ser obligatoria en la enseñanza secundaria (Ética) y el bachillerato (Historia de la Filosofía). Una buena noticia, aunque siempre dependa del enfoque que se le quiera dar. Tenemos miles de ejemplos de odio profundo a esa asignatura por el modo en que se presentaban los contenidos filosóficos en clase. Y es que la filosofía se asemeja mucho a un chiste: o lo cuentas bien, o no tiene gracia alguna.

Uno de los argumentos para su recuperación ha sido que “fomenta el pensamiento crítico” en nuestros jóvenes. Esta idea se puede desplegar un poco para entenderla mejor, tanto en sus fortalezas como en sus debilidades.

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Niveles de desarrollo integral del ser

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El amor dice: ‘Yo soy todo’.

La sabiduría dice: ‘Yo soy nada’.

Entre ambos fluye mi vida (Nisargadatta)

Hace aproximadamente dos años creé la imagen que ilustra esta entrada. En ella represento de un modo visual los diferentes estadios o fases que componen el mapa de la evolución de nuestra conciencia (profundidad ontológica) o de nuestro ser.

Como habrás advertido, se asemeja bastante a la famosa pirámide de la jerarquía de necesidades elaborada por Abraham Maslow.

Pirámide de Maslow

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La palabra necesidad es clave tanto en esta pirámide como en la invertida. Necesidad suele aludir a dos ideas diferentes: i) la falta de algo y ii) todo aquello que es inherente a algo para su realización, actualización, evolución o desarrollo, cuatro conceptos semánticamente emparentados. Necesidad proviene del latín y significaba aquello en lo que no cedo o aquello que es inseparable de una cosa en una acción.

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Peter Senge. Diálogo y discusión

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Hay dos tipos primarios de discurso, el diálogo y la discusión. Ambos son importantes para un equipo capaz de aprendizaje generativo continuo, pero su poder reside en su sinergia, que tendrá menos probabilidades de aflorar a menos que se aprecien las distinciones entre ambos.

El científico David Bohm señala en su libro Sobre el Diálogo que la palabra ‘discusión’ tiene la misma raíz que percusión y concusión. Sugiere algo parecido al peloteo de ‘una partida de ping-pong’. En esa partida, el tema de común interés se puede analizar y diseccionar desde muchos puntos de vista suministrados por los participantes. Claramente, esto puede ser útil. Sin embargo, el propósito del juego normalmente es ‘ganar’, y en este caso ganar significa lograr que el grupo acepte nuestros puntos de vista.

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El Rincón de Seguridad

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No quisiera adentrarme en el laberinto del Rincón de Seguridad sin antes dar un paseo por algunos de los conceptos que considero clave en su configuración: el pensamiento dual y los distintos ‘estados’ de las ideas.

Para explicar lo más sucinta y claramente posible el pensamiento dual acudiré a Mónica Cavallé que, en el libro HINDUISMO Y BUDISMO, introducción filosófica nos habla, entre otras cosas, del pensamiento dual y de la configuración del ego, que es lo que interesa para este punto que quiero comentar.

“Para el Advaita, lo que nos exilia del gozo intrínseco a este juego cósmico de mutuo espejarse de la dualidad en la unidad y de la unidad en la dualidad, es la incapacidad para percibir la unidad que late detrás de toda dualidad u oposición aparente y la funda; la falta de visión para lo que enlaza la parte al todo permitiendo que la parte sea símbolo del todo. Esta ceguera para lo esencial o no-dual conduce a percibir, donde hay meros opuestos interdependientes, oposición; donde hay diversidad, incompatibilidad; donde hay juego, lucha; donde hay unidad diversificada, estricta separación.

Desde esta perspectiva dividida, la muerte pasará a considerarse enemiga de la vida, el dolor del placer, el mal del bien, el tú del yo, etc. Se buscará afirmar un término de la dualidad mediante la negación de su opuesto sin, en ningún caso, cuestionar la existencia del límite que supuestamente los separa y divide. Todo ello no será más que fuente de dolor y frustración, pues cuanto más me aferre a la vida, más me obsesionará la muerte; cuanto más busque el placer, más intolerable me resultará el dolor […]”

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