Altas Capacidades: tener fortaleza o estar en forma

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En esta entrada reflexionaré sobre la diferencia que existe entre las condiciones intelectuales naturales de un individuo (capacidades) y las competencias cognitivas desarrolladas (habilidades) utilizando una analogía fácil de entender por cualquiera: el deporte en general o el fútbol en particular. Los paralelismos entre las habilidades intelectuales y las habilidades sensomotoras nos permitirán capturar las distinciones que pondré sobre la mesa.

También me apoyaré ligeramente en uno de los modelos más potentes y complejos que hay sobre el desarrollo intelectual, el Modelo Integral de Desarrollo del Talento (CMTD) de Françoys Gagné. Recogeré antes de empezar una aclaración importante de su autor para evitar equívocos:

«Las capacidades naturales no son innatas, ni aparecen de repente en algún momento durante las primeras o posteriores etapas de desarrollo de una persona. Al igual que cualquier otro tipo de capacidades, las naturales necesitan desarrollarse progresivamente, en gran parte durante los años más jóvenes de una persona; pero lo harán de forma espontánea, sin un aprendizaje estructurado y actividades formativas típicas del proceso de desarrollo del talento»

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¿Influye Realmente la Inteligencia en el Razonamiento Moral y las Emociones Morales de los Niños?

Hoy tengo el placer de compartir la primera entrada de un nuevo blog, creado por @ActualidadAACC,  para acercar al público hispano artículos en inglés sobre inteligencia que nos ayuden a cultivar el pensamiento crítico, marca de la casa.

https://inteliciencia.tumblr.com/

Si título ya nos invita a cuestionar uno de los mitos que pululan en el mundillo de las altas capacidades: la supuesta superioridad moral de los niños con alta dotación intelectual.

El artículo es extenso pero merece la pena leerlo de cabo a rabo. Desmonta el mito con precisión quirúrgica.

Para hacerlo se apoya en la distinción de diferentes dimensiones de la moral: cognición, emoción y comportamiento. La medición de la moral o el desarrollo moral no debe limitarse a los  juicios morales y el razonamiento. Sin embargo, la investigación sobre las relaciones entre la inteligencia y la moralidad se limita principalmente a las medidas del juicio moral o el razonamiento moral y hay una falta de investigación que estudie el papel de la inteligencia en las emociones morales.

Los resultados del presente estudio proporcionan algunas primeras evidencias de que el desarrollo moral – medido en una manera que está estrechamente relacionada con la vida cotidiana y a través de una gama de diferentes escenarios de transgresión moral – no se ve afectado por la inteligencia general de los niños en el sentido de razonamiento inductivo medido con material figurativo. Por supuesto que es innegable que los niños necesitan una cierta cantidad de habilidades cognitivas en situaciones moralmente relevantes para coordinar perspectivas, seleccionar y procesar información relevante, anticipar consecuencias e interpretar la situación por completo (Dentici y Pagnin, 1992; Derryberry et al., 2005). Pero teniendo en cuenta nuestros resultados, se puede suponer que los niños pequeños tienen ya un nivel mínimo suficiente de habilidades cognitivas para manejar con éxito situaciones moralmente relevantes. Así, las diferencias individuales en el desarrollo moral de los niños tienen que ser explicadas por otros factores que no sean la inteligencia. No obstante, los hallazgos actuales aún deben ser replicados en estudios adicionales.

 

Inteligencia y creatividad

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Te invito a hacer un viaje reflexivo. Un rato de actividad intelectual sin objetivos elevados. Deja la mochila del rigor científico o de las ideas consolidadas en la entrada. Adéntrate en la estancia, quítate los zapatos y ponte cómodo.

Vamos a explorar los territorios de la inteligencia y la creatividad durante un rato. Al finalizar podrás activar el modo crítico y valorar el viaje realizado.

Empecemos por algo sencillo. Seguramente conocerás la idea metafórica de creatividad como pensar fuera de la caja

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Como verás, es una idea sugerente sin relación con una definición científica del constructo psicológico llamado creatividad. Sí, efectivamente, estamos relajando la mente inquisitiva y cuestionadora.

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El nacionalismo

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Pregunta: ¿Qué es lo que viene cuando el nacionalismo se va?

Krishnamurti: La inteligencia, evidentemente. Pero temo que eso no sea lo que esta pregunta implica. Lo que ella implica es esto: ¿qué es lo que puede substituir al nacionalismo? Ninguna substitución es acto que traiga inteligencia. Si abandono una religión y me adhiero a otra, o dejo un partido político para ingresar más tarde en alguna otra cosa, esta constante substitución indica un estado en el que no hay inteligencia.

¿Cómo nos libramos del nacionalismo? Sólo comprendiendo plenamente lo que él implica, examinándolo, captando su significación en la acción externa e interna. En lo externo, él causa divisiones entre los hombres, clasificaciones, guerras y destrucción, lo cual es obvio para cualquiera que sea observador. En el fuero íntimo, psicológicamente, esta identificación con lo más grande, con la patria, con una idea, es evidentemente una forma de autoexpansión. Viviendo en una pequeña aldea, o en una gran ciudad, o donde sea, yo no soy nadie; pero si me identifico con lo más grande, con el país, si me llamo a mí mismo hindú, ello halaga mi vanidad, me brinda satisfacción, prestigio, una sensación de bienestar; y esa identificación con lo más grande, que es una necesidad psicológica para los que sienten que la expansión del “yo” es esencial, engendra asimismo conflicto, lucha entre los hombres. De suerte que el nacionalismo no sólo causa conflictos externos, sino frustraciones íntimas; y cuando uno comprende el nacionalismo, todo el proceso del nacionalismo, éste se desvanece. La comprensión del nacionalismo llega mediante la inteligencia. Es decir, observando cuidadosamente, penetrando el proceso integro del nacionalismo, del patriotismo, surge de ese examen la inteligencia; y entonces no se produce la substitución del nacionalismo por alguna otra cosa. En el momento en que reemplazáis el nacionalismo por la religión, la religión se convierte en otro medie, de autoexpansión, en una fuente más de ansiedad psicológica, en un medio de alimentarse uno mismo con una creencia. Por lo tanto, cualquier forma de substitución, por noble que sea, es una forma de ignorancia. Es como alguien que substituyera el fumar por la goma de mascar o el fruto del betel. En cambio, si uno comprende realmente, y en su totalidad, el problema del fumar, de los hábitos, sensaciones, de las exigencias psicológicas y todo lo demás, el vicio de fumar desaparece. Sólo podéis comprender cuando hay un desarrollo de la inteligencia, cuando la inteligencia funciona; y la inteligencia no funciona cuando hay substitución. La substitución es simplemente una forma de autosoborno, de incitaros a que no hagáis esto pero sí hagáis aquello. El nacionalismo ‑con su veneno, sus miserias y la lucha mundial que acarrea- sólo desaparece cuando hay inteligencia, y la inteligencia no surge por el mero hecho de pasar exámenes y estudiar libros. La inteligencia surge cuando comprendemos los problemas a medida que se presentan. Cuando hay comprensión del problema en sus diferentes niveles ‑no sólo en la parte externa sino de lo que él implica en su aspecto interno, psicológico-, entonces, en ese proceso, la inteligencia se manifiesta. Cuando hay, pues, inteligencia, no hay substitución; y cuando hay inteligencia desaparece el nacionalismo, el patriotismo, que es una forma de estupidez.

La Libertad Primera y ÚltimaJiddu Krishnamurti

 

El CI no es suficiente para medir la inteligencia humana

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Aunque parezca increíble en pleno siglo XXI y con los avances en el conocimiento de la inteligencia humana, todavía hay muchas personas que siguen convencidas de que el cociente intelectual (CI) puede medirla en sus componentes fundamentales. Con otras palabras, que manejan la idea de que una cifra puede englobar toda la complejidad cognitiva y es posible clasificar a las personas (“soy X” o “soy Y”) en función de la misma, agrupando en torno a ese número una serie de atributos, cognitivos, emocionales y de personalidad, que generan un auténtico estereotipo difícil de erradicar en el imaginario colectivo.

Pues bien, parece confirmarse que esa idea tiene mayor peso emocional que racional. En cualquier caso, la constatación de que el CI no define toda la complejidad cognitiva de un individuo NO IMPLICA que debamos desechar su utilidad como indicador, siempre que sepamos qué hay detrás de esa cifra: i) instrumento psicométrico que se ha utilizado para examinarla y ii) aspectos de la inteligencia que estima la prueba o pruebas. Relativizar es sinónimo de “adecuar a la realidad”, no lo es de “descartar” o “rechazar“. Es muy importante recalcar esto porque la respuesta habitual es considerar esta redimensión como un ataque contra del CI. Nada más lejos de la realidad.

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Reto 1: despertar

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En la confianza en sí mismo están comprendidas todas las virtudes Ralph Waldo Emerson.

Virtudes entendidas en su sentido etimológico de virtus, traducción del término griego dynamis, que significaba literalmente potencia. Potencia activa, equivalente a fuerza interior. De ahí derivó también el término dinamismo.

Las diversas virtudes o potencias que se pueden manifestar a través de nosotros no son en última instancia atributos o propiedades nuestras sino formas particulares que adquiere la vasta fuente posibilitante (source).

Cuando despertamos del sueño de nuestra propia importancia nos liberamos del ego (reto 2), el principal enemigo de la aletheia (verdad entendida como desvelamiento). Esta cuestión se manifiesta con deslumbrante nitidez, es un rayo que nos parte.

No poseemos inteligencia o conciencia. Participamos de la inteligencia y la conciencia universales de una determinada forma, con nuestro ‘sello personal’, de modo similar a como los rizos de una corriente participan de la esencia de ésta aunque se destaquen de otros rizos por su propia forma. Cuando la fuente, el curso (source) gira sobre sí mismo se transforma, a ojos del observador, en un recurso (resource). Si tomamos un cubo de agua del río, ese pedacito de río es para nosotros un recurso.

La evidencia de todo esto genera dos beneficios en forma de virtudes: la humildad y la motivación por hacer. Al sentirnos partícipes de algo grande sin que nos aplaste (el ego teme ser aplastado, de ahí su poder para retener nuestros impulsos más íntimos a la acción) nos hacemos más humildes y sentimos la imperiosa necesidad de actuar en ese marco ampliado. Hacer el bien porque está bien hacerlo, sin esperar premios o reconocimientos personales.

¿Por qué esta evidencia no está disponible para todo el mundo? Básicamente por el condicionamiento cultural que nos ha ido moldeando la visión durante siglos. En nuestro espacio cultural, la tradición cristiana (religión interpretativa) ha convertido las virtudes anteriores en vicios: la humillación y el miedo a hacer. Todo gracias a la torsión del sentido originario por intereses espurios. Te hablan constantemente de humildad, de que somos pequeños frente a la grandeza de un supuesto Dios que no solo rige nuestras vidas sino que nos premia o castiga según sea nuestro comportamiento. Lo que se logra con eso es amansar nuestros impulsos, quitándonos las ganas de actuar porque ese Agente está fuera de nuestro alcance. Nos hace sentir tan pequeños que no podemos actuar. NOS LO CREEMOS a pies juntillas y entramos en una espiral de pasividad que nos acompaña hasta el momento del despertar.

Una aproximación atea a la Inteligencia espiritual

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Para encarar un reto de esta dimensión es necesario realizar una serie de distinciones entre diversos conceptos que han ido adquiriendo sentidos diferentes a lo largo de la historia del pensamiento humano. No voy a realizar aquí un recorrido histórico sino a recoger algunas nociones fundamentales para entendernos y plantear un escenario que permita abrirnos a la reflexión seria sin caer en las múltiples trampas que se suelen poner cuando el diálogo versa sobre un término tan controvertido como es “espiritual”.

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