La importancia de la sensibilidad contextual

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El contexto es el conjunto de circunstancias materiales (historia, territorio, sociedad, individuo, etc) o simbólicas (significados, reglas, valores, ideas, etc) que rodean una situación. Suele ser de la misma naturaleza que la situación que envuelve (simple o complejo). En esta reflexión me centraré en situaciones y sus contextos complejos, aunque está claro que en una situación simple también es importante desarrollar una sensibilidad contextual adecuada. Importancia relativa a ese contexto pero importancia al fin y al cabo.

Conocer un contexto complejo no es un asunto sencillo. Cuando uno aterriza en una situación dada (p.e. cuando entra en una organización) generalmente entra en blanco, sin tener referencias previas. Al inicio solo es capaz de ver una nube que le impide visualizar nada. Aunque sea una persona observadora y receptiva, su capacidad para ver está lógicamente limitada. En ese momento, la actitud que tome determinará su futuro en esa situación.

Si a pesar de tener la mochila repleta de piedras de ignorancia decide comportarse en función de su juicio previo (prejuicio), cincelado por sus creencias sobre esa situación, tropezará con los cacharros de la tradición y la historia de ese lugar. Al carecer de una perspectiva adecuada y, cómo no, de la experiencia que da vivir en esa situación el tiempo suficiente como para elaborar juicios sensatos, sus interpretaciones serán necesariamente sesgadas, sus expectativas serán irreales y su disconformidad con lo poco que percibe será manifiesta. Aflora la típica visión adanista a la que todo le parece mal y que tiene un fuerte sentimiento de que antes de su llegada no existía nada que mereciera la pena conservar. Si puede actuar, no dejará títere con cabeza. Generalmente se da en personas con una pobre autoimagen repleta de inseguridades que actúa más por emoción que por razonamiento.

Si no se deja influir por sus condicionamientos iniciales y su actitud es la de ver, oír y aprender, si confía en sus capacidades y en su instinto, si respeta la memoria y los cauces legales establecidos por la experiencia previa, si anhela conocer los significados clave en esa situación y si encuentra confort en la colaboración fructífera con otros será capaz de desarrollar la sensibilidad a los cambios contextuales que se irán produciendo a lo largo de su vida en ese lugar. Gracias a la ampliación de la conciencia en todas sus variables (corto y largo plazo, grandes temas y pequeños detalles, personas relevantes y recién llegadas, etc) será capaz de construir una nueva realidad más amable y acolchada junto a otros que perciban contextos similares. Y el aroma que eso desprende permea en todo el contexto en el que se mueve: cuando das confianza, recibes confianza; cuando das la mano, recibes manos; cuando das amabilidad, recibes amabilidad; cuando estás atento a los detalles, otros serán detallistas contigo; cuando escuchas activamente, te escuchan; cuando desprendes coherencia, el otro se alinea; cuando acabas, otros continúan.

Entre esas dos actitudes diametralmente opuestas hay una enorme gama de actitudes más o menos sensibles a los cambios contextuales, a lo que requiere la situación en cada momento y en cada lugar. Y en la medida que predomine una actitud o la contraria, los efectos que producirán serán diferentes, desde los más destructivos hasta los más constructivos. Rodearte de personas que cultiven la actitud proactiva es clave para lograr enderezar un determinado rumbo o comenzar uno nuevo con ciertas garantías de que el camino sea medianamente productivo y nutritivo para todos.

 

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Ser o tener. Las etiquetas en las altas capacidades

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La imagen que ilustra esta entrada revela el efecto que puede causar el uso indebido de una etiqueta con una enorme carga negativa. Para tratar de entender este asunto reflexionaré sucintamente sobre el carácter de una etiqueta y cómo el uso del lenguaje común determina tanto el peso como el grado en el que nos identificamos con ella.

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Asociaciones familiares de AACC. Socios y usuarios

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Toda asociación, sin excepciones de ningún tipo, necesita dotarse de unos Estatutos. Los Estatutos son las reglas fundamentales del funcionamiento de una Asociación y, pese a no poseer el carácter de norma jurídica, son vinculantes para los socios, pues se sometieron a ellos de forma voluntaria al ingresar en la Asociación.

Dentro de los Estatutos hay una serie de contenidos obligatorios recogidos, en el caso de las asociaciones que no son de utilidad pública, en el artículo 7 de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación. Entre ellos destacamos uno que se relaciona directamente con esta entrada: Los derechos y obligaciones de los asociados y, en su caso, de cada una de sus distintas modalidades.

En resumidas cuentas, toda asociación ha de contemplar obligatoriamente en el conjunto de reglas fundamentales vinculantes para todos los socios llamado Estatutos una serie de DEBERES que son de obligado cumplimiento.

Esta es al menos la teoría. La práctica suele distar bastante de este escenario de asunción de responsabilidades por parte de TODOS Y CADA UNO de los socios de una asociación. Y es curioso comprobar cómo la inmensa mayoría no suele tener conflictos internos cuando combina la exigencia del cumplimiento de la ley por parte de diversos agentes educativos con la dejación de sus propias obligaciones estatutarias.

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Ayudar a levantarse

 

Ayudar a levantarse (empoderar) no es llevar en brazos (asistir)

Ayudar a levantarse genera independencia en el ayudado. Llevar en brazos genera dependencia en el llevado.

Ayudar a levantarse te hace sentir útil. Llevar en brazos te hace sentir importante.

 

Todos aprendimos a andar cayéndonos una y otra vez hasta que lo conseguimos por nosotros mismos (dentro de un entorno seguro).

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Principios de la práctica filosófica. Oscar Brennifier

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Una de las disciplinas más controvertidas pero que más me ha ayudado estos últimos años ha sido sin duda la Práctica Filosófica. “En 1981 un filósofo alemán, Gerd Achenbach, decidió abrir una consulta con la finalidad de ofrecer un servicio de orientación a aquellas personas interesadas en clarificar, desde una perspectiva filosófica, sus preguntas significativas, retos y conflictos existenciales. Denominó a su actividad “Philosophical Practice” (“práctica filosófica”, “praxis filosófica”), una expresión que ha de ser entendida en el sentido de “filosofía practicada”, “filosofía vivida” o “filosofía puesta en acción”. […] Ese fue el punto de partida de un movimiento filosófico que tiene actualmente presencia en los cinco continentes y del que forman parte filósofos que, si bien tienen talantes y formas de pensar muy dispares (entre ellos cabe encontrar todas las posiciones filosóficas posibles), comparten ciertos supuestos con respecto la naturaleza de la actividad filosófica. En concreto, consideran que la filosofía debe retomar una de las dimensiones presentes en su sentido originario, actualmente relegada: la de ser el arte y la ciencia de la vida por excelencia; que, solo en la medida en que la filosofía recupere la señalada dimensión, el mayor número posible de personas podrá beneficiarse de la reflexión filosófica en su vida cotidiana; que el saber más necesario, el que nos enseña a ser seres humanos, a ser interiormente libres y a vivir de forma plena y lúcida, no puede quedar relegado a unos pocos especialistas. Consideran, por último, que la filosofía se ha tornado demasiado autoreferencial y que, al hacerlo, ha dejado de ser fiel a su cometido originario; que, como afirmaba el filósofo John Dewey a comienzos del siglo XX, solo relevará sus mejores posibilidades “cuando deje de ser un instrumento para tratar los problemas de los filósofos y llegue a ser un método, cultivado por los filósofos, para hacer frente a los problemas del ser humano””, Mónica Cavallé.

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Conociendo las altas capacidades con Sylvia Sastre-Riba

Uno de los patrones que ha surgido con fuerza los últimos dos años es el de compartir artículos norteamericanos sobre dotación intelectual (giftedness), tanto originales como traducidos. Artículos en muchos casos con una gran carga emocional que facilitan la identificación del lector con sus contenidos, generando una sinergia de seguimiento importante. Este patrón, en principio, no crea ningún tipo de controversia en un lector poco informado o poco crítico con las ideas que se traslucen. Las notables diferencias conceptuales y de visión que se mezclan en muchos de ellos no son tenidas en cuenta ni destacadas a la hora de relativizar su valor de verdad objetiva. Tampoco se presta atención al sutil tránsito entre una generalización orientadora propia de cualquier estudio de ciencias sociales y una universalización propia de cualquier seguidor acrítico, ese que convierte tendencias más o menos generales en verdades reveladas.

Entre las múltiples dificultades que se pasan por alto destaco dos: i) añadir cada vez más atributos no estrictamente cognitivos al núcleo del funcionamiento cognitivo diferencial, que sería la “huella” inicial por la que nos guiamos pero que va perdiendo relevancia respecto a otras características que, curiosamente, comparten con otras muchas personas. En este punto saco a colación la “alta sensibilidad”. Se puede leer con frecuencia que “una de las características que definen la alta capacidad es su alta sensibilidad”, como si lo segundo fuera un sello de lo primero. Sin embargo, aquí se suele ignorar un hecho: el 20 por ciento de la población tiene alta sensibilidad. Es decir, que si tomamos el 2 por ciento de la población como altamente dotada, y acríticamente afirmamos que la totalidad de la misma es altamente sensible, aún nos quedaría un 18 por ciento que no presenta alta capacidad. La alta sensibilidad, como muchos otros atributos, es una característica del ser humano, no es algo propio y exclusivo de las altas capacidades intelectuales. Sin embargo, en ocasiones se desliza esa idea y pocos la ponen en cuarentena o la rebaten; y ii) traducir gifted como superdotado, como alta capacidad o como altas capacidades, sin explicar qué sentido cobra en cada caso. En la entrada Definición de Alta Capacidad en EEUU ya advierto de que lo que allí se entiende como gifted y talented se parece como un huevo a una castaña a lo que se entiende en España (y en los países hispanohablantes). Sin embargo, aquí los tomamos como sinónimos y nos da la falsa sensación de que hablamos de lo mismo. Y las características no cognitivas que se asocian al gifted norteamericano las trasladamos a los distintos perfiles de altas capacidades que distinguimos aquí, sin ningún sentido crítico. También podría destacarse la pésima traducción de profoundly gifted como “superdotado profundo” (sustantivo) en lugar de hacerlo como “seriamente/profundamente/gravemente dotado” (adjetivo más adverbio). Cuando te dan una mala noticia, te sientes “gravemente afectado” (profoundly affected), pero no dices de ti que “soy un afectado profundo”.

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El continuo (re)activismo-asistencialismo

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Si pensamos en un sistema, en una estructura, en una organización o en un estado de cosas como contextos a analizar, advertimos, grosso modo, tres visiones que pueden encajarse en un extremo, el centro y el otro extremo de un continuo:

1) RUPTURISMO: “objetivo: derribar el sistema (o la situación) y construir uno nuevo”

2) REFORMISMO: “objetivo: mejorar el sistema (o la situación) manteniendo lo que funciona”

3) CONSERVADURISMO: “objetivo: defender el sistema (o la situación) a toda costa”

Es fácil entender que una persona, o un colectivo, no sostiene una visión “pura” que pueda encajarse en un lugar y quedarse ahí para los restos. Normalmente, según el tema, fluctuamos desde un extremo al otro pasando por el centro. Salvo excepciones en los que el radicalismo de una postura nos mantiene en un lugar permanentemente. Generalmente excepciones muy ruidosas que son las que dan la sensación de que hay más actividad en los extremos que en el centro. Y es que, como he dicho unas cuantas veces, en los extremos habita la verdad absoluta. Ahí no caben la duda ni la incertidumbre, que son vistas como falta de criterio o ausencia de valentía por no posicionarse (en los extremos, se entiende). Una dialéctica generadora de conflictos, ya que la inmensa mayoría de personas suele albergar algún tipo de duda o incertidumbre sobre situaciones -por ser muy complejas o no conocerlas a fondo-, estructuras o sistemas. Pero el radicalismo no entiende esta postura, a la que catalogan de meliflua. De ahí que intenten colonizar el máximo número de personas para su “causa”, sea del signo que sea.

Derivado de lo anterior, podemos establecer otro continuo pero ahora en relación al tipo de acción consecuente con la visión que se sostenga sobre el sistema, estructura o estado de cosas.

1) (RE)ACTIVISMO: el modus operandi del reactivista consiste en exigir cambios radicales sin contemplar diálogo alguno. Todo está mal y hay que derribarlo.

2) ACTIVISMO: el modus operandi del activista consiste en promover cambios (involucrarse en ellos), de modo que da trabajo a quien quiere trabajar -colabora- en esos cambios y da trabajo a quien no quiere trabajar -reivindica-. Hay cosas malas, regulares y buenas, y cada una merece una acción consecuente.

3) ASISTENCIALISMO: el modus operandi del asistencialista consiste en postularse como salvador del sistema o de sus componentes. Ayuda a quien no quiere o no puede valerse por sí mismo, a los elementos que no pueden hacer nada para derribar o transformar el sistema que tan bien le va a sus intereses. Censura o critica a quien sí puede valerse por si mismo, al activista y al reactivista, a los que coloca en el mismo saco de “radikales” por el simple hecho de no actuar como él.

La sociedad civil organizada suele transitar a través de estos tres tipos de acción. Cuando surge un problema y unos pocos se organizan, el reactivismo suele ser la postura prevalente. A medida que crece la organización y se da de bruces con la tozuda realidad, el activismo va cobrando importancia. Pero cuando pasa el tiempo suficiente y se masifica ese movimiento lo que termina por predominar es el asistencialismo. Nunca existen elementos subversivos o críticos suficientes para sostener una postura beligerante o reivindicativo el tiempo suficiente como para que el sistema se derribe o se transforme sustancialmente.

Este patrón lo he vivido en los espacios sociales donde tuve la suerte de trabajar estos años, y siempre ocurre lo mismo. Es fácil ver cómo determinadas organizaciones nacen con mucha energía pro-cambio y poco a poco van adaptándose a los requerimientos internos, a las presiones de la gran masa de elementos que sólo buscan ayuda (derechos) sin contemplar la más mínima posibilidad de aportar una mano (asumir responsabilidades). Ante esta tesitura solo cabe la acción asistencialista o, en su defecto, la desaparición o sustitución por nuevas organizaciones más proactivas que recuperen el motivo por el que nacieron.

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