Datos alumnado AACC 2017-2018. Análisis de la vergüenza.

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El Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP), nuevo collar para el mismo perro, acaba de publicar las cifras oficiales de alumnado con altas capacidades intelectuales identificado en nuestro país.

Como cada año desde que el Ministerio publica las cifras oficiales, la cifra se incrementa respecto al curso anterior. Este dato debería ser suficiente para desmontar la estúpida idea de que se trata de una “moda”, de algo pasajero sobre lo que hablamos ahora pero que se pasará pronto. No, no se pasará pronto porqe esto no es pelo que se cae.

El curso 2016-2017 subió un 14,3% respecto a 2015-2016. Este curso recién publicado el porcentaje de subida asciende a un 23,4%, una cantidad sensiblemente superior al curso pasado.

El número total de alumnos se incrementa en más de 6.300 respecto a 2016-2017, alcanzando la cifra de 33.482 alumnos identificados. El aumento supone pasar de detectar el 0,33% del alumnado al 0,41% en España.

Sin embargo, esta subida por sí sola no puede enmascarar el profundo problema estructural de identificación existente en este país. Para darnos cuenta de la dimensión del problema este curso he añadido un par de columnas más en la que se refleja la cruda realidad:

Casi el 96% de los alumnos con altas capacidades están sin identificar

Alumnado con AACC por Comunidades Autónomas

 

Alumnado AACC que falta 17-18

Datos positivos en algunas comunidades

El primer análisis debe hacerse con aquellas comunidades que reflejan mejoras destacadas o sostenimientos de una buena línea, dentro del panorama desolador general.

En este apartado, quisiera destacar en primer lugar al transatlántico que tira de todas las demás comunidades gracias a su protocolo sistemático de identificación obligatorio para todos los centros sostenidos con fondos públicos: Andalucía. De los 6.349 alumnos de más detectados durante este curso 2.838 son andaluces. Su velocidad de crucero le permite acercarse cada año más a la región de Murcia, donde este año han optado por no dar las cifras oficiales. Luego lo explico más detalladamente.

Andalucía aglutina el 44,70% de toda la subida del nivel de identificación español

En segundo lugar, destaco la comunidad de Baleares. Se sigue notando la implantación de su Protocolo hace un par de años, aunque en este caso siga siendo optativo. El incremento del 36,2% es una cifra digna de reseñarse.

Muy cerca de ese incremento se encuentra Asturias (35,2%), una comunidad que siempre se ha mantenido en la cabeza de la identificación a pesar de no contar con protocolos específicos (que yo sepa, igual me sorprenden mis amigos asturianos).

Un poco más abajo pero por encima de la media nacional están las comunidades de La Rioja (27,7%), Extremadura (24,4%) y Castilla la Mancha (24,1%).

El incremento del 405,5% de Cataluña es puro maquillaje de esa Consejería, que no sabemos lo que hace con las cifras pero lleva unos años bastante perdida. Uno de los territorios comanche de las altas capacidades tiene que mostrar en algo su inestabilidad interna. Lo mismo podemos decir de Aragón, no parece lógica la subida del 162,6% cuando en esa Comunidad se están empezando a dar de baja alumnos “gracias” a su gloriosa normativa, actualmente denunciada por la asociación. Por último, tampoco contemplo la cifras de 350,00% de Ceuta  porque ha pasado de 2 a 9 alumnos, supongo que gracias a la iniciativa del MEFP que finalmente se quedó sin fondos. Tampoco la subida de Melilla de 0 a 3 alumnos.

 

El pelotón de los torpes

El grupo de comunidades que se sitúan por debajo de la media transita entre lo mediocre, como Castilla y León (16,3%) y Galicia (15,3%), y lo horripilante, como son el caso de la que más se quiere a sí misma, Madrid (8,3%), la sorprendente -para mal- Canarias (5,3%), la siempre ‘relajada’ País Vasco (5,2%) -se ve que el contacto de la nacional no afecta en nada- y la casi inmóvil Navarra (2,8%).

 

La vergüenza de la comunidad murciana

La Región de Murcia requiere un análisis particular. El pasado 29 de julio publiqué una entrada titulada AACC. El retroceso murciano en la que analizaba la vergonzante actuación de la Consejería de Educación que ya el año pasado había frenado el incremento de identificación hasta un ridículo 4,1%, algo inaudito allí.

Subir el listón de determinados perfiles produjo esa bajada, pero como todavía se había incrementado el número total de alumnos decidieron dársela al MEFP. Sin embargo, las cifras de identificación de 2017-2018 habían sufrido una sensible bajada cercana al 10%, algo que no debe ser del agrado de la Consejería, que opta por no comunicar ningún dato al MEFP. ¿Es ridículo o no lo es?

La traca valenciana

Pero para ridículo mayúsculo, la de la Comunidad Valenciana, que pone las cifras a cero tras un año en las que las subió sin ton ni son.

Es increíble la poca seriedad con la que se toman este asunto algunas consejerías… Así nos luce el pelo, claro.

 

Alumnado con AACC por Provincias

 

DATOS AACC POR PROVINCIAS 17-18-0

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Empatía sana e insana

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Hace más de una década fui a una psicóloga peculiar y le conté lo mal que me sentía y otras cosas que no vienen al caso sobre relaciones personales. Me miró fijamente y dijo: “tu único problema es que quieres contentar a todo el mundo y eso es imposible. Sé tú mismo, a unos les gustará y a otros no, pero debes aprender a vivir con eso”.

El núcleo de mi problema era que practicaba la empatía en exceso y, visto los resultados emocionales propios, de manera insana. Su consejo de “sé tú mismo” fue tan sencillo como revelador. Terapéutico. Y es que cuando queremos contentar a todos al final no contentamos a nadie, incluyéndonos a nosotros mismos, los más perjudicados por ese modo de proceder.

Existen múltiples definiciones de empatía, si bien la más aceptada y práctica es saber ponerse en el lugar del otro, poseer un sentimiento de participación afectiva en la realidad que afecta a otra persona, saber “leer” al otro.

La clave que nos permite discernir por nosotros mismos cuándo practicamos una empatía sana o insana reside en ese “ponerse en el lugar del otro”. Si te pones en su lugar sin perder tu sitio o, por el contrario, si te pones en su lugar y abandonas el tuyo.

La empatía sana se da entre dos sujetos que mantienen su identidad individual.

La empatía insana se produce cuando uno de los sujetos pierde su identidad en favor del otro.

La empatía deja de ser sana justo en el momento en que nos deslizamos por la pendiente provocada por una reclamación de atención más allá de lo estrictamente necesario por parte de la otra persona. Reclamaciones muy frecuentes en personas emocionalmente absorbentes (egoístas, narcisistas, manipuladores, etc).

El vampirismo emocional se produce porque una persona confunde un gesto de generosidad ajeno con una obligación. Y sus víctimas predilectas son los sujetos más empáticos. Observan la ‘vena’ y van a por ella sin descanso, produciendo relaciones dañinas que jamás satisfacen a nadie.

Los sujetos a los que nos cuesta un mundo gestionar el exceso de empatía somos presas fáciles porque al anular nuestra identidad nos debilitamos y nos posicionamos en una balanza desequilibrada que nos lanza al abismo y nos produce un enorme sufrimiento, acompañado de sentimientos tóxicos de culpa o incluso vergüenza. Un torbellino del que es muy difícil escapar…

Difícil, pero no imposible. Para lograrlo es imprescincible cultivar la asertividad, saber decir no con firmeza y amabilidad. Mantenernos en nuestra posición. Participar afectivamente de los problemas ajenos no implica hacerlos tuyos, asumirlos como propios, y tratar de darles respuesta. Se puede ayudar a alguien sin convertirte en un ‘esclavo’ de sus necesidades emocionales por no ser capaz de poner freno a sus exigencias.

Además, cuando consigues poner esa necesaria distancia entre dos seres distintos se producen efectos beneficiosos no solo en ti sino en el otro. La relación deja de ser turbia y se reequilibran las necesidades de ambos. Se salda la deuda simbólica y todo comienza a fluir de manera natural. Esto requiere una enorme valentía por nuestra parte. No es fácil decir no a quien siempre le dijimos . Pero hay que intentarlo con todas nuestras fuerzas, sin descanso. El beneficio de conseguirlo es mutuo (si la otra persona no es un psicópata, claro).

Esto no solo es válido para relaciones personales sino también para las profesionales, sobre todo en trabajos donde el sufrimiento ajeno es el pan nuestro de cada día (p.e hospitales, servicios sociales, etc). Ahí es más necesario aún reducir el exceso de empatía para poder trabajar en un entorno tan cargado de necesidades.

Os dejo un pequeño artículo sobre este tema:


Empatía: virtud si no es en exceso

Enlace

Las personas que saben ponerse en el lugar de los demás desarrollan mejores relaciones sociales, pero corren el riesgo de asumir los problemas de otros como propios y sufren más

El ser humano está programado para entrar en relación con los demás y sentir lo que ellos sienten. Los bebés se sincronizan con las emociones de sus padres. ¿Ha jugado alguna vez con un pequeñín a quedarse como una estatua? Al principio, los niños miran sorprendidos, luego intentan que el adulto se reactive y, si no lo consiguen, rompen a llorar. Es la empatía emocional. A partir de los 18 meses se desarrolla la capacidad de comprender e inferir lo que piensan los demás. Es la empatía cognitiva. La vida mental es fruto del diálogo continuo entre nuestra mente y la de los otros.

El proceso empático que regula esta interacción se produce en tres pasos: primero percibimos las emociones del otro, luego las reconocemos y, finalmente, proporcionamos las respuestas adecuadas.

La empatía está íntimamente ligada con la forma en la que cada uno regula las propias emociones. Aquellos que saben manejar mejor su estado de ánimo tienen más facilidad para empatizar y responder de manera equilibrada. Piense en un bebé llorando en mitad de la noche, la madre siente el malestar de su hijo, al levantarse tiene que manejar su propio cansancio. Sin empatía y sin autorregulación emocional no podría proporcionar el cuidado adecuado.

Existen diferencias entre hombres y mujeres a la hora de sentir compasión. En un experimento de la Universidad de Londres constataron que tanto los hombres como las mujeres reaccionan con empatía si la persona que sufre el daño se había comportado correctamente. Pero si saben que se ha comportado incorrectamente la situación cambia: las mujeres disminuían un poco su empatía mientras que los hombres eliminaban completamente la compasión. Los varones activan en su lugar el área cerebral que diferencia el «yo» del otro y se asientan con más firmeza en su propia perspectiva.

Los límites

La empatía está modulada por factores como la relación que existe entre las personas, la personalidad, la historia emocional de cada uno y el contexto cultural de referencia. Las personas empáticas tienden a gustar más porque enseguida comprenden lo que les pasa a los otros, tienen más capacidad de escucha y compasión, actúan de manera más eficaz y son más persuasivas.

Sin embargo, hay sujetos que tienen una total falta de empatía. No consiguen ponerse en los zapatos de los demás y los tratan con distancia. Éste es el caso de la personalidad narcisista, antisocial, obsesiva o límite que se inclinan hacia el egocentrismo. Y, por supuesto, los psicópatas que interactúan con los demás sin importar el sufrimiento. Otras personas sufren exceso de empatía. Son demasiado influenciables. Acaban agotadas, sobre todo, si están en la posición de cuidadores; es la fatiga por compasión. Corren el riesgo de desconectarse emocionalmente de sí mismos o asumir los problemas de los demás como propios, el trauma vicario.

Cómo desarrollarla

La empatía es una potente herramienta de socialización. Se puede aprender y modular.

Escucha activa. Pregunte y muestre interés. Resuma lo que el otro diga.

Ejercicios de sintonía. Sonría si le sonríen, permanezca serio si el otro lo está, sincronice su emoción con la del otro.

Póngase en sus zapatos. Imagine cómo sería un día en la vida de otra persona. Sin juicios.

Sea amable. Pregunte a los demás cómo están y qué les sucede.

Identifique la emoción. Por los gestos y luego verifique: “¿Te sientes triste?”».

Aprenda a consolar. Basta decir “te comprendo”, ¡sin dar consejos!

Preste ayuda. Utilice un día a la semana para apoyar a otra persona que lo necesita.

Cómo controlarla

¡Ojo con ser excesivamente empático!

Deje de escuchar. Concédase tiempo a solas.

Burbuja. Imagínese dentro de una burbuja donde las palabras no se oyen y nada de lo que digan o hagan fuera le afectará.

Deje que le ayuden. Permita que los demás también le apoyen.

Desconecte. Si ve que sigue demasiado la mirada del otro respire, cambie de postura y distraiga su atención unos minutos.

La tecnología y las redes tienden a empobrecer este impulso natural hacia los demás. Podemos sentirnos muy solos delante del teclado, conectados al mundo y desconectados de las relaciones vis a vis. Necesitamos la empatía para orientarnos hacia los demás, de manera que mejore la calidad de nuestras relaciones.

Cómo anclar mitos en 60 minutos. Comando Actualidad

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Esta madrugada asistí a un nuevo capítulo de cómo anclar mitos sin que parezca que los fijo en el imaginario popular. Nada nuevo, si no fuera porque cuando esto se produce en un medio público de alcance nacional el nivel de responsabilidad aumenta exponencialmente.

RTVE emitió anoche pasada la 1 de la madrugada un programa de Comando Actualidad en el que se habló sobre las altas capacidades con un título inaceptable para otros colectivos que generó enorme polvareda, Pasarse de listo,

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y una presentación previa trufada de disparates conceptuales que vaticinaban un resultado concreto. Aún así, había que esperar a la emisión para poder juzgar el contenido seleccionado por los profesionales del ente público. En la elección de los pasajes que se emiten tiene mayor responsabilidad quien los destaca como relevantes que quien, dentro de un contexto expositivo más amplio, los ha pronunciado. En televisión el tiempo es “oro” y hay que recortar metraje. El resultado es un collage de opiniones fragmentadas con notables diferencias en cuanto a solidez argumentativa o adecuación a los avances en la investigación de este fenómeno. Nada nuevo.

El programa tenía un importante defecto de fondo, desarrollarse en clave madrileña. Suponiendo que reflejara pálidamente lo que ocurre allí se entiende mejor por qué esa comunidad autónoma está por debajo de la media en identificación de las altas capacidades. Y por qué supone de facto un freno imperceptible al avance en este campo a nivel nacional.

No seré exhaustivo en el análisis porque tampoco merece mucho la pena, pero señalaré algunos puntos que explican todo esto.

A NIVEL CONCEPTUAL

El CI 130: una obsesión con poco fundamento. Javier Tourón

El mito de la OMS y el CI 130 para ser superdotado

La administración educativa madrileña (y las de otras muchas comunidades) se frota hoy las manos: “el CI 130 es imprescindible para hablar de superdotación, aunque no es suficiente”. Si te sale 129 “no eres superdotado” y, en consecuencia, no tienes necesidades educativas específicas que cubrir. Fin de la historia. Cambiando contexto: si te hacen una prueba para entrar en un club de fútbol que consiste en dar pataditas, cualquiera sabe que si das 130 “eres futbolista” pero si das 129 “no eres futbolista” y debes irte a casa. Un completo disparate que hoy se reafirma.

Y el suficiente se despliega: creatividad desorbitada y exhuberante motivación. En Plata, el Horror de los tres anillos de Renzulli:

El programa desliza cifras. Varias veces habla del 3% y en una ocasión alude al 10%. Confunden claramente superdotación y altas capacidades.

Habla de fracaso escolar (35-50%) y rendimiento por debajo de su potencial (70%) acudiendo al Ministerio de Educación. Publicación del año 2000 sobre un trabajo de 1998, en base a un estudio longitudinal realizado en la Comunidad de Madrid con 108 individuos que, a lo largo del estudio, se quedan en 36. Aquí podéis leerlo.

En Madrid la nueva normativa además obliga a tener altas notas (no confundir con alto rendimiento) para tener derecho a una atención, liderando el despropósito. Si tratas de conectar en el mismo plano fracaso escolar y altas notas el cortocircuito en la congruencia está garantizado.

OTROS ASPECTOS

Presentación de un ejemplo extremo para arrancar. Un pequeñajo de 11 años con una extraordinaria capacidad. El niño genial, pero se deja la huella de que es un producto en sí. Podían haberlo obviado, pero no se hizo.

Los ejemplos extremos son también parte de la realidad, pero no reflejan la mayor parte de la misma. Y vuelvo al fútbol como ejemplo. Si quieres explicarle a un extraterrestre qué es un futbolista y le pones imágenes de Ronaldo, el alienígena tendrá serios problemas para detectar futbolistas mirando partidos de tercera regional. Sin embargo, siguen siendo futbolistas y tienen habilidades motoras por encima de la media. En definitiva, que el ejemplo extremo desvirtúa la imagen y ancla un estereotipo. Así se explica la fuerza del mantra educativo del “yo no lo veo”. ¿Cómo lo vas a ver, si esperas ronaldos en todos lados o nada?

Presentación de casos en un determinado nivel socio-económico. Si querían mostrar la realidad más amplia posible, se perdió la oportunidad. Las altas capacidades están en todos los estratos sociales.

Sustituir las extraescolares por la atención en horario escolar. Hachazo al núcleo de la reivindicación de décadas. Se deja caer que si no lo atienden en clase le buscas alternativas fuera (actividades extraescolares o centros privados). Pero claro, las familias con menos poder adquisitivo no tienen acceso a esas oportunidades. Si ancla el mito de que provienen de familias acomodadas.

En cuanto a los aspectos socio-emocionales, se pasa de puntillas en la etapa escolar y se resaltan cuando eres adulto. Curioso giro. O no tanto, teniendo en cuenta que los adultos son los grandes olvidados. La realidad de las altas capacidades deja de interesar una vez se pasa el periodo de escolarización obligatorio. Es así de simple.

Y qué decir sobre asociacionismo… Nada. Ni de puntillas. Apenas una referencia a su aspecto asistencialista. El eje reivindicativo que debería presidir el trabajo de las asociaciones fuera de foco. Una vez más. Nada nuevo tampoco.

Lo de que los profesores son buenos en la detección, de traca. Se nota claramente en las cifras de identificación.

¿ALGO RESCATABLE?

Siempre se pueden destacar aspectos positivos. A nivel técnico, un trabajo impecable. A nivel de sensibilidad, no han puesto el foco en aspectos estrambóticos que pudieran distorsionar la imagen. Recogen algunos testimonios de familias en los que tratan de desmotar algunas ideas equivocadas sobre el fenómeno.

La sucesión de lugares comunes generan una sensación de tranquilidad. Se asume que así son las cosas en todos lados y se habla con naturalidad de cosas que podrían discutirse a la luz de la investigación, como la dificultad para relacionarse con otros.

El talento es una cuestión de grado

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La palabra talento es polisémica. Señala tanto la inteligencia -el entendimiento- como la aptitud  -el desempeño-, así como a la persona que posee una o las dos en un alto grado.

Se trata de la capacidad para ejercer una cierta ocupación o para desempeñar una actividad. El talento suele estar asociado a la habilidad innata y a la creación, aunque también puede desarrollarse con la práctica y el entrenamiento.

Según la RAE:

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Del lat. talentum ‘moneda de cuenta’, ‘unidad de peso’, y este del gr. τάλαντον tálanton.

1.m. inteligencia (capacidad de entender)

2.m. aptitud (capacidad para el desempeño de algo)

3.m. Persona inteligente o apta para determinada ocupación.

La noción de talento es una cuestión de grado. Suena a mantra que se repite una y otra vez pero es así. No se puede entender de otro modo. Pasa exactamente lo mismo con la estatura y con la temperatura.

En un continuo cuantitativo (de menos a más capacidad) podemos establecer diversos grados: baja capacidad, capacidad media o alta capacidad.

En un continuo cualitativo (de peor a mejor aptitud) hablamos de torpe desempeño, desempeño normal, hábil desempeño, etc.

El concepto de talento es relativoSignifica literalmente que siempre se pone en relación a algo. Siempre está en una posición respecto a un determinado marco.

Ese marco puede ser nosotros mismos, nuestro grupo de conocidos, un determinado país o el mundo entero. Usando la estatura se entiende mejor. Una persona que mida 1,80 m en el contexto de la estatura media de un país estará por encima de la media, así que diremos que tiene “alta estatura” o que “es alto”. ¿Pero qué diremos de esa misma persona en el marco de un equipo de baloncesto? Probablemente diremos que “es pequeño” respecto a los demás.

Pues lo mismo pasa con el talento. Como suele repetir Ken Robinson, “todos nacemos con un talento que hay que identificar e incentivar”. Obviamente se refiere al marco personal: todos tenemos un aspecto de nosotros mismos en el que destacamos respecto a los demás aspectos de nosotros mismos. Dentro de mis habilidades, hay una (o varias) más destacadas. Esas a las que llamamos “nuestras fortalezas”. Y otras en las que flojeamos, esas que llamamos “nuestras debilidades”. En nuestro termómetro aptitudinal encontramos también pobres, normales y destacados desempeños RESPECTO A nosotros mismos.

Este marco restringido no se puede ampliar acríticamente, porque no es lo mismo ‘medirse’ con uno mismo que con una grupo más amplio. Uno puede ser un excelente atleta local y un mediocre atleta mundial. Y el talento es el mismo en ambas consideraciones. Todo depende del marco. Todo es relativo al contexto en el que se realice la estimación.

El absurdo de la afirmación “todos tenemos altas capacidades”

Como ya he repetido varias veces en otras entradas, vivimos en una sociedad que ha borrado de su lenguaje (y de su entendimiento) la noción de grado. Y claro, las consecuencias son absurdos como el de este apartado.

Dislate que procede de la distorsión de expresiones como la de Ken Robinson y otras personas que quieren destacar las fortalezas de cada persona para animarlas en su crecimiento personal (valga tanta redundancia). Fuera de ese marco, comienza el disparate.

Del “todos tenemos un talento” como sinónimo de “todos tenemos una fortaleza” pasamos a “todos tenemos talento”, con el borrado de la noción de grado. No decimos “todos tenemos talento, pero no todos tenemos el mismo nivel de talento”, que sería lo lógico. Lógica que sí usamos para la estatura. Jamás nadie en su sano juicio afirmaría que “todos tenemos estatura” (una obviedad) sin la noción de grado implícita: “todos tenemos estatura, pero no todos tenemos la misma estatura”.

Pues bien, en el ámbito educativo se realizan este tipo de afirmaciones constantemente. Sin ningún sentido crítico y sin ninguna capacidad para razonar el absurdo de la expresión extirpando el grado de su seno.

La torcedura alcanza otras expresiones similares como “todos tenemos capacidades diferentes, ni mejores ni peores”. Frase que ponen el parche antes de la herida, porque en realidad no se sabe a qué se está refiriendo. Claro que todos tenemos capacidades diferentes, esa es la riqueza del ser humano. Y en cada marco unas capacidades serán mejores que otras. Por ejemplo, en una negociación será más importante la capacidad para dialogar que la capacidad para saltar con pértiga. Es de una obviedad aplastante. La calificación de mejor y peor siempre depende también del contexto en el que se despliegue una capacidad. El problema de fondo muchas veces pasa por identificar la capacidad con la persona y por enjuiciar a la segunda en función de la primera, etiquetándola sin más. Pero ese es un problema de simplificación de la realidad que no afecta a la realidad de la diferencia en cantidad y calidad de capacidades. Lo natural, lo que todo el mundo ve pero que nadie parece dispuesto a decir no sea que alguien se sienta agredido.

Todo lo anterior explica el absurdo de afirmar, sin sonrojarse, que “todos tenemos altas capacidades“, que es el colmo del absurdo de los absurdos. Introducir la noción de grado para decir que “todos tenemos alta estatura“.

Como dice Steven Pfeiffer: “Se han producido interpretaciones erróneas de la teoría de las inteligencias múltiples, sugiriendo que todos tenemos altas capacidades en algún ámbito o dominio”

Si en un marco general una capacidad media estaría en un percentil 50, todo lo que supere ese umbral estará por encima de la media y se establecerán diversos grados de ‘estatura’. No tiene la misma altura el 75 que el 90, ni el 90 que el 99. Y todo lo que no llegue a ese umbral estará por debajo de la media y también se establecerán diversos grados. Es lo lógico.

Si en un marco personal una persona tiene diversas capacidades se establecerán diversos grados dentro de este marco restringido. Si posee percentiles en diversas áreas de 36, 42, 57, 25, 19 y 65 parece claro que posee dos fortalezas relativas (57 y 65) y dos debilidades relativas (25 y 19) respecto a si mismo. Y si hay otra persona con percentiles 70, 76, 91, 59, 53 y 99 también tendrás dos fortalezas relativas (91 y 99) y dos debilidades relativas (59 y 53) en su propio marco. Sin embargo, cuando unimos los dos marcos en uno, se denota que las fortalezas de la persona uno estarían en un nivel de debilidad de la persona dos. Lo que para uno es una “alta aptitud”, para otro es una “baja aptitud”. Por este motivo es absurdo afirmar acríticamente que todos tenemos altas capacidades sin señalar clara e indudablemente el marco en el que tu afirmación puede tener algún sentido. Generalmente no se establece ese marco y se suelta para intentar minusvalorar la fortaleza de una persona en un marco ampliado. Somos un país de maricomplejines y en gestos como estos lo demostramos. Parece que nos molesta que alguien pueda tener habilidades destacadas en algo que no sea deporte, música o baile, desempeños poco amenazantes para nuestras señas de identidad.

El despiste en las altas capacidades intelectuales

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El despiste en una sociedad acelerada

Todas las personas tenemos despistes o nos distraemos con relativa frecuencia. Vivimos a un ritmo cada día más acelerado y la sucesión de estímulos significativos nos arrastran hacia situaciones que no sabemos controlar. Los instrumentos de comunicación se han convertido en un enemigo del descanso mental. Recibimos constantemente correos electrónicos, whatsapps, mensajes privados, etc…, que parecen esperar o exigir una respuesta inmediata.

– Te he enviado un whatsapp, lo has leído y no me has respondido, ¿pasa algo?
– No pasa nada. Estaba fuera y no pude responder en ese momento.

Esta situación se da hoy día constantemente. No tenemos tiempo de pensar ni siquiera las respuestas. Todo tiene que ser inmediato y, si puede ser, adelantarse incluso al tiempo natural de las cosas: mejor ayer que ahora mismo. Un auténtico sinvivir.

En este contexto, lo normal es que tengamos olvidos. No se trata de falta de interés sino de dificultad para gestionar toda la información significativa que nos llega. Confundimos velocidad con precipitación, lo que conduce a errores o situaciones complicadas de manejar. Insisto, esto nos pasa a todas las personas que vivimos en esta sociedad occidental.

Por otro lado, parece obvio señalar que hay personas con mayor propensión a despistarse o distraerse que la mayoría. Personas con escasa capacidad para concentrarse en algo durante mucho tiempo sin caer en la red de un nuevo estímulo más interesante que gire el foco de su atención, como se ilustra en la viñeta que abre esta entrada. Personas que parecen estar con demasiada frecuencia “en su mundo”. Incluso las hay que “su mundo” es extraordinariamente más estimulante que el mundo real que tiene enfrente, lo que las desactiva completamente.

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También hay personas que no pueden concentrarse ni prestar atención por alguna disfunción fisiológica, lo que requiere otro tratamiento y otro enfoque diferente muy alejado del propósito de este texto. Nos ceñiremos a la tendencia natural a distraerse por encima de la media sin que se genere una patología.

Entonces, si el despiste es un patrón que puede darse en todas las personas, ¿por qué hablar de las altas capacidades intelectuales?

Sencillo, porque cuanto mayor sea la actividad mental la probabilidad de distraerse de otros focos tiende a elevarse. No ocurre en todos los casos ni se puede correlacionar AACC con despiste de modo que lo uno cause lo otro. Es decir, que el despiste no es consecuencia de las AACC ni las AACC son consecuencia de nuestra tendencia natural a despistarnos. Se trata simplemente de un patrón que se da con relativa frecuencia y que preocupa especialmente a las familias cuando son sus criaturas (o ellas mismas) las que se despistan en las situaciones cotidianas. Era un tema que se demandaba y por eso le propuse a María Teresa Pérez que creara una entrada.

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Participación en comunidades sociales

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La participación es como una semilla: vuela, se arraiga en el territorio, crece y da los frutos que alimentan nuestro pensar y sentir. Berta Fernández Caridad

Participar es un verbo que contiene distintas acepciones, desde comunicar algo a alguien a ser socio de un negocio, pasando por recibir una porción de un todo o por tomar parte en algo. En esta entrada me ceñiré a esta última acepción, que es la primera que aparece en el DRAE: tomar parte EN algo.

Destaco la preposición EN porque nos sirve para anclar su carácter interno, íntimo y directo. Esta naturaleza intrínseca será especialmente útil cuando se aluda a los equipos, un sistema de participación activa donde factores como la confianza, el apoyo, la conexión, el refuerzo o la sensación de unidad de acción son nucleares. Es cierto que en la actualidad se utiliza la palabra equipo más para dar ánimos que para describir una realidad conectada, pero a efectos de este somero análisis ignoraremos ese uso laxo.

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Altas Capacidades. Galicia está de enhorabuena

En el campo de acción político-administrativo de las altas capacidades intelectuales existen poderosos mecanismos de frenada de cualquier avance basado en la investigación, en la legislación o en el simple sentido común.

Por un lado, políticos con una visión cortoplacista que desprecian cualquier iniciativa que no les aporte votos directos, algo que un colectivo que no activa ningún tipo de pena o compasión (ni la necesita por otro lado) no va a nunca a proporcionar.

Por otro lado, profesionales escasa o nulamente formados que manejan tantas excusas como mitos sobre este colectivo.

Y por todos los lados, una sociedad que sospecha sistemáticamente de todo talento que no sea artístico o deportivo, con unos medios de comunicación que en lugar de desmontar estereotipos los anclan con más fuerza, incluso cuando utilizan el humor para dar una noticia de calado como la que anima esta entrada.

El pasado sábado se publicaba esta fantástica noticia para nuestros amigos gallegos, que llevan años luchando por equipararse a otras comunidades autónomas como la andaluza y lograr tener algo que por derecho les corresponde: un plan de atención sistemático que aflore todo el talento que subsiste en las aulas.


Educación ultima el protocolo de altas capacidades intelectuales, que en breve estará a la disposición de la comunidad educativa

Así lo anunció la conselleira Carmen Pomar durante la clausura del II Congreso Mundial de Educación celebrado en Santiago
Subrayó la importancia de abordar la diversidad desde la inclusión y articular una respuesta educativa que permita desarrollar las potencialidades de cada quien
Sáb, 23/02/2019 – 15:00

La Consellería de Educación está ultimando el Protocolo para la Atención Educativa al Alumnado con Altas Capacidades Intelectuales, un documento que en breve estará a la disposición de toda la comunidad educativa. Así lo anunció esta mañana a conselleira Carmen Pomar, durante la clausura del II Congreso Internacional de Educación, Educa 2019, que durante tres días congregó en Santiago a expertos nacionales e internacionales para el intercambio de conocimiento y experiencias didácticas entre docentes.

Carmen Pomar destacó que la puesta en marcha de este Protocolo responde a los objetivos del Decreto 229/2011, de atención a la diversidad, que convirtió Galicia en pionera en este campo y que ?cambió el concepto de atención a la diversidad, dejando atrás la idea de discapacidad como un concepto negativo para contemplar una realidad más amplia?.

Segundo explicó la conselleira, el alumnado con altas capacidades constituye un grupo heterogéneo en el que alcanza su personalidad, desarrollo social, emocional y cognitivo, lo que requiere de respuestas educativas idóneas que le permita desarrollar al máximo su potencial y, sobre todo, ?abordar esa diversidad desde una propuesta inclusiva?.

Carmen Pomar desgranó las líneas básicas de este documento, que parte de la definición de conceptos como las altas capacidades intelectuales (diferenciando precocidade intelectual, talento y superdotación intelectual) o la doble excepcionalidad (en la que juntan altas capacidades intelectuales con necesidades específicas de apoyo educativo); la identificación de este alumnado, y la intervención educativa idónea la cada caso.

Este Protocolo de altas capacidades se sumará a otros cómo lo de Atención Educativa al Alumnado con Discapacidad Auditiva presentado esta semana, y otros que ya tienen más recorrido como lo de Trastorno por Déficit de Atención y Hiperactividad, el trastorno del espectro autista, o lo de atención educativa domiciliaria, entre otros.

Todos estos protocolos buscan proporcionar la atención educativa más ajustada la cada una de las situaciones, y avanzar en un clima escolar positivo y respetuoso con todo el alumnado, y de forma más específica, con aquel que presenta más dificultades, una línea por la que la Consellería de Educación va a seguir apostando.


 

Sin embargo, pocos días después se publicó en La Opinion de A Coruña una viñeta que ha provocado un enorme malestar en las familias de ASAC (la asociación gallega de apoyo a las altas capacidades) por dar a entender de modo poco sutil que este paso ha sido posible gracias a la “amistad” de la Consejera con este colectivo, usando un personaje icónico que tampoco ayuda a desmitificar la imagn irreal que maneja la sociedad sobre esta compleja realidad.

 

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Personalmente considero que el humor ácido nos salva de muchas cosas en esta vida, pero entiendo también el sentimiento de estas familias que llevan años chocando contra muros visibles e invisibles sin ver avances. Y cuando ven el final del túnel encuentran este tipo de insinuaciones que, desde luego, no son de ayuda. Sobre todo porque leyendo la noticia uno advierte fácilmente que no es el único protocolo que se va a poner en marcha.

Juzguen ustedes mismos.