Altas capacidades. Pensar y comunicar diferentes

descarga

Hace algo más de cinco años Antonio Ortín, amigo y redactor jefe de Diario Sur me dio un regalo inolvidable e inmerecido: un espacio en la contraportada del diario un día tan señalado como el domingo. Obviamente yo no sabía nada de esto cuando me llamó para quedar y hacerme una pequeña entrevista de unos 45 minutos.

Antes de comenzar me dijo que le hablara como si él no tuviera ni idea de qué son las altas capacidades. Sabía perfectamente que la sociedad en general no iba a comprender las ideas si las elaboraba demasiado o utilizaba un vocabulario técnico, así que tomé conciencia del público al que iría destinado el artículo y utilicé varias simplificaciones.

Entre las más destacadas, “ser” en lugar de “tener”, con todo lo que implicaría poco tiempo después, con las nuevas corrientes que han distorsionado la imagen del colectivo espero que no de modo irreversible. En concreto:

¿Qué es un superdotado?

Básicamente, una persona que piensa y siente de manera diferente. Para que usted me entienda, es como si un superdotado viera el mundo en 3D mientras los demás lo vemos en 2D.

Es curioso leerse en retrospectiva. Adviertes detalles que entonces pasaron desapercibidos, como ese “los demás lo vemos…” o el lenguaje colectivista que usaba. Está claro que lo que comunicamos varía sustancialemente en función de qué vivencias tengas en cada instante y de la perspectiva que tomes para hacerlo. Esa autoexclusión resulta ahora muy llamativa. Pero bueno, son meros detalles… Al lío que me disperso.

La simplificación “piensa y siente diferente”, o pensar-sentir en 3D, tiene un trasfondo de realidad aunque con muchas matizaciones. Para empezar, añadiría “comunicar diferente” a la coctelera, un elemento clave para entender el habitual sentimiento de incomprensión del entorno que solemos contar los adultos con altas capacidades cuando nos permitimos hablar de nosotros mismos en contextos seguros. Y quitaría lo de “sentir diferente”, porque el sentimiento es una emoción preñada de cognición, como descubrió Antonio Damasio hace años, lo que implica que el primero tiene pinta de derivar del segundo.

Así, nos quedamos con pensar y comunicar de modo diferente. De aquí surge una pregunta inevitable. Si todos somos diferentes y, en consecuencia, pensamos y comunicamos…

¿En qué se concreta esa diferencia?

La simplificación del pensamiento en 3D permite aflorar un elemento distintivo crucial: la profundidad.

Coges un tema, el que sea que te llame la atención (esto es fundamental, no todo te interesa, no somos seres omniapasionados). En una primera mirada superficial percibes los detalles gráficos o verbales que te presentan. Y una vez los tienes todos en la cabeza comienza la cocción interna: “Vale, esto es así por esto y aquello. Lo dice ahí. Pero….”

Y ese “pero” es el chispazo que prende la llama de las preguntas sin fin. De pequeños, todos se preguntamos sin cesar el por qué de todas las cosas que están descubriendo. Algunos son realmente agotadores, como mi hijo pequeño que era una metralleta de cuestiones. El mayor se hacía las preguntas hacia adentro y se las respondía él mismo con sus propias elucubraciones mentales.

Pero detrás de ese por qué hay diferencias notables entre aquellos que se quedan con la respuesta superficial que reciben y los que no nos quedamos satisfechos, empezando solos o acompañados una investigación informal sobre el asunto. La intuición nos dice que “hay algo más”, alguna dimensión oculta que no está aflorando en estos primeros rastreos. Entonces comienzas una aventura autodidacta que te permite reorganizar la información disponible del tema. Surgen nuevas visualizaciones o discursos sobre el asunto. Y si penetras mucho te vas dando cuenta de que las palabras (o las imágenes) que tratan de describirlos se quedan terriblemente cortas. Además, tampoco tienes acceso a todas las fuentes, de modo que tiras por la calle de en medio: creas o reelaboras conceptos (rígidos) o nociones (flexibles). Creas tu propio y genuino marco conceptual, manejas tus propios marcos de referencia, utilizas tu propio lenguaje y visualizas tus propias estructuras sobre el tema en cuestión. Esto puede llevarte por los Cerros de Úbeda (pensamiento divergente) o aterrizar ideas productivas novedosas (creatividad débil o fuerte, para ti o para la sociedad) o no.

Sales de los marcos conocidos y consensuados. Generas unos espacios de significación diferentes a los de las personas/libros con las que has ido dialogando durante el proceso en los que algunas palabras cobran vida y significados propios. Todo eso dificulta enormemente la comunicación con otros. No depende tanto de que su nivel de comprensión sea pequeño, ya que la mayor parte de las conversaciones las tienes con personas experimentadas, con cierto nivel intelectual o erudición. Se trata más bien de que no hay modo de hacerte comprender por el resto si no acercas tus espacios de significación con los suyos, si no os preguntáis mutuamente ¿qué quieres decir exactamente con esto? Se trata del método más sencillo y eficaz de salir del cerco de las nueve formas de no entenderse. Si te dedicas a responder sin preguntar, el choque entre significados diferentes es inevitable. Pensáis equivocadamente que el otro está entendiendo lo que digo por el mero hecho de usar las mismas palabras, pero la realidad es otra.

Algunas personas con “pensamiento tridimensional” consideran poco menos que imposible comunicarse eficazmente con otras simplemente porque “no llegan” al nivel de comprensión mínimo. Y esto creo que es un error. Podéis comunicaros a nivel “bidimensional”, acercándote tú a sus espacios y usando un lenguaje apropiado para que se entienda, aunque sea superficialmente, un asunto. Otra cosa es que eso te ocurra con tanta frecuencia que termines por desistir, pero eso depende más del carácter de cada uno. De hecho, en diálogos con otras personas de pensamiento más profundo se producen más incomprensiones precisamente por esa poca voluntad de acercar espacios de significación. Que el hecho de que los dos pensemos en 3D no implica que tengamos exactamente los mismos paisajes tridimensionales dentro de la chota. Nada más lejos de la realidad. Aquí apoyo totalmente el dicho popular de que solo has comprendido realmente un asunto cuando eres capaz de explicárselo a tu abuela… y que lo entienda.

Comunicarse con otros que no pueden comprenderte al cien por cien es un reto que merece la pena afrontar. Hacerlo con quien no quiere comprenderte es una pérdida de tiempo. Y como somos generalmente muy apasionados con nuestros paisajes tridimensionales, a veces no advertimos de que el interlocutor ha “desconectado” y seguimos describiéndolos como si estuvieran enchufados. También en esto hay que aprender a interpretar las señales. No siempre es que les falta interés, en ocasiones aunque lo intenten no llegan a comprender lo que quieres decir o, yendo más allá, lo que implica todo eso que con tanta pasión estás contando.

En cualquier caso, la idea general sencilla de todo esto es que es muy importante fomentar el pensar, esa actividad que estamos dejando de lado en una sociedad cada vez más manipulada a través de los clichés que los medios nos introducen en vena desde pequeños, impidiéndonos adentrarnos en esos paisajes ignotos que no quieren contarnos para “protegernos”… Menos condescendencia y más realidad es lo que necesitamos. Lo que necesitan nuestros pequeños, que son el futuro. Sin pensamiento propio y, trabajado, sin pensamiento crítico nos vamos al carajo.

Para terminar, os dejo esta poderosa reflexión del profesor Ramón Besonías basada en la cruda realidad:

El curso pasado tuve un alumno que votó a VOX en las pasadas elecciones. Solía charlar con él de política. Sin mediar indignación ni paternalismos; a pelo, incluso se terció una pizca de ironía. No es habitual que los alumnos de Bachillerato, tanto aquellos que tienen edad para votar como los que ya pueden hacerlo, hablen de política sin poner cara de asco o hastío. Cuando en mis clases de Filosofía abordamos el asunto, antes ya de empezar se santiguan. Les incomoda solo nombrarlo. Por eso, que un alumno entre decenas abra boca es de agradecer, venga con el armario ideológico que venga de casa. Ayer lo volví a ver y nada más acercarme me dijo sonriendo: ¿Has visto lo de Vistalegre? Lo petamos. ¿Qué partido ha llenado así últimamente?

La formación política del adolescente -y no pocos adultos- es escasa, superficial, susceptible al fake, deshilachada, sin referencias ni argumentos, carente de memoria ni experiencia. Su primera aproximación suele estar acompañada de una arrogante indignación e indiferencia, tejida de opiniones dispares, provenientes de las redes, la charla familiar de mesa camilla y la letanía inaguantable de los medios, bombardeando hasta la saciedad de ideas fuerza que duran lo que un tuit. Su predisposición a ser manipulados es muy alta. Más aún cuando les presentan el producto en frascos vistosos, aparentemente inocuos y cotidianos.

Hay dos temas en la escuela que aún siguen siendo tabú: el sexo y la política. El docente cree que de meterse en ese coso saldrá sin duda pitoneado. Ergo no te metas. Da tus clases como vienen en el libro y listo. Mejor seguir vendiendo en las aulas la versión saneada, complaciente. Hacer el vídeo colectivo el día de… y quedar como reyes. Falta sin duda en la escuela pública más política, más debate, más confrontación de argumentos, más distorsión cognitiva, más disenso sin ira pero también sin placebos. Menos auto censura, menos miedo, menos comodidad, menos… menos. ¿Cuándo empezó a ser la escuela un cementerio mental, un correccional, un dispensador de títulos? ¿Cuándo dejará de serlo?

El paso de Abascal por el Hormiguero fue éxito de audiencia. Lo vieron y oyeron más de 4 millones de espectadores; solo la Pantoja y Bertín Osborne superaron la hazaña mediática. Luego dirán que no hay que hablar más de política en las escuelas. Ojalá quemáramos los libros y empezáramos a hacer aquello para lo que realmente debe servir la educación: pensar. Y, por favor, no me digan que los alumnos no quieren pensar, que solo piensan en sus móviles y la pleiesteision. Heredaron lo que sembramos sobre su infancia. Es hora -no tarde, espero- de remediarlo.

Anuncios

Altas Capacidades: el ruido mental

mindset-743163_640

Como advertirá cualquier lector habitual de este blog, en estas últimas entradas estoy realizando un giro sutil en el enfoque bastante más intimista. El motivo es muy fácil de entender cuando se expone el contexto desde el que emerge.

Hace casi once años aterricé en el mundo asociativo y antes de cumplir un año tomé la responsabilidad de llevar a buen puerto un proyecto que moría. Todo eso es conocido y no voy a contarlo otra vez, cualquiera puede consultarlo en algunas de las entradas que he publicado durante estos tres años de vida del blog. El caso es que hace casi una década afronté el reto de hablar por primera vez en público (y qué público) en la reunión anual de Mensa que se celebró aquí al lado, en Marbella. Y escribí un texto en el que propuse una idea rectora para la asociación que, huelga decir, no era compartida por casi nadie aunque suele pasar que cuando alguien realiza un trabajo es fácil asumirlo como propio si no es un disparate. Esa idea era, visto con la experiencia de una década, tan potente como utópica. O, más bien, quimérica. Una pura entelequia. Demasiados intereses externos centrados en otros asuntos para que pudiera siquiera coger carrerilla, no digamos vuelo.

La idea rectora se resume en este objetivo: “la comprensión integral del fenómeno de las altas capacidades intelectuales”.

Para hacerla asequible es necesario esbozar al menos qué queremos decir con “comprensión”, qué queremos decir con “integral” y a qué apuntamos con la palabra “capacidad”.

Vayamos primero a lo sencillo.

Comprender no es meramente entender. Aunque ambas palabras sean sinónimas en el lenguaje coloquial, sus raíces semánticas son distintas: apuntan a realidades muy diferentes. Para llegar a captarlas tenemos que rastrear su origen desgajando los términos y cambiándolos de orden.

Comprender es originariamente “prender con”. Entender, en cambio, es originariamente “tender en”.

Si nos imaginamos una metafórica barbacoa intelectual, entender sería “desplegar las viandas” en el mantel intelectual y comprender sería la acción de “coger las viandas” para llevárnoslas a la boca experiencial. Una vez allí se produciría la ingestión (gestión interna) y más adelante la digestión (gestión a través) para llegar finalmente a la nutrición.

Lo que nos indica todo esto, sin metáforas de por medio, es que no basta con ENTENDER el fenómeno sino que hay que hacer todo lo posible por COMPRENDERLO. Hay que adentrarse en esa realidad “hasta las trancas”.

¿De qué nos sirve observar y analizar los chuletones si no nos los comemos?

Observar el fenómeno desde la distancia intelectual para luego teorizar o reflexionar sobre él no es suficiente, aunque sí es necesario. Sobre todo para no coger alimentos decorativos de plástico.

Una madre o un padre al que le comunican que tiene un pequeño con posibles ACs lo primero que hace, si realmente quiere ayudar a su vástago, es informarse lo máximo posible. Leerá todo lo concerniente a las ACs o escuchará las sabias palabras de los expertos. Pero ese es sólo el primer paso. No debería en modo alguno quedarse ahí. Debería, si realmente quiere comprender el fenómeno, formarse adecuadamente. Sólo así podría al menos estar en disposición de comprender qué tiene entre manos. No es baladí esta cuestión precisamente.

Pero todo este proceso, necesario, no aborda siquiera tangencialmente la pregunta que el propio niño con AC se podría formular cuando crezca: ¿Qué significa ser una persona con AC?, o, ¿qué significan las AC intelectuales? Digamos claramente que ese progenitor comprometido no puede “comprender” qué significa ser una persona con AC. En este contexto es fundamental la figura del adulto con AC.

El fenómeno de las AC se sitúa en un estadio de incomprensión estructural debido a la tendencia que tenemos de prestar atención casi exclusiva al aspecto externo o extrínseco del fenómeno (p.e. prestando atención a la conducta). El aspecto interno o intrínseco (p.e. sus valores o sus creencias, etc) queda en un oscuro y confuso segundo plano de nuestra atención, con la consiguiente pérdida o deterioro de una información crucial que ayude a “comprender” el fenómeno de una forma genuinamente integral.

He dedicado muchos años a tratar de aclararme (y aclarar a otros) dentro del paisaje extrínseco del fenómeno. Paisaje formado por toda aquella información de terceros en los que se discuten diferentes temas relacionados con las altas capacidades intelectuales: artículos periodísticos, artículos científicos, entradas de blogs de profesionales o de personas activas, formación específica en este campo, diálogos en grupos o individuales, legislación y, cómo no, la esfera asociativa que es donde mejor me he manejado cuando he estado realmente activo. En este último campo realmente tampoco ha sido tanto tiempo, apenas tres años y medio, pero fueron de tal intensidad y compromiso que valen por veinte. Tengo el serio problema de que cuando entro en un asunto que me apasiona pierdo completamente el control emocional y me dejo la piel. Posteriormente he estado en otros proyectos colectivos pero jamás con la misma implicación. Ni de lejos. Realmente hace más de tres años que no despliego ni un diez por ciento de todo lo que podría dar de sí. Y hace más de seis meses que tampoco estoy en el ámbito asociativo, con lo que tampoco tiene mucho sentido continuar hablando sobre este asunto, salvo que alguien necesite alguna información concreta y pueda dársela basándome en la experiencia acumulada. En el blog está lo relevante y tampoco hay cambios trascendentes.

Ahora, en este momento, soy literalmente un verso suelto en el mundillo AACC. Esto tiene sus ventajas e inconvenientes, claro, como todo en esta vida. Si desconectas de un hilo comunicativo notas cómo la información y las relaciones dejan de fluir como antes. Es lógico, ya no estás “ahí” y dejas de ser interesante para la mayoría. Quedan los que tienen que quedar, los que están por lo que eres y no por lo que supuestamente representas. Nada nuevo bajo el sol. Son procesos normales. La ventaja es que puedes escribir y reflexionar sobre lo que te dé la real gana porque no debes pensar en nadie más. Cuando representaba al colectivo me tenía que callar muchas cosas porque no estaban “consensuadas” y eso limitaba mucho la capacidad de expresar ideas incómodas. Por suerte eso desapareció y ahora puedo expresarme con mayor libertad. A unos les gustará y a otros les disgustará, como debe ser. Hay personas que afirman que no pueden leer lo que escribo simplemente porque en un momento dado no cumplí sus expectativas y les produce rechazo el simple hecho de ver un contenido mío en la red. Bueno, hay que aceptarlo, cada uno se monta su propia película y cuando no tiene el final esperado puede reaccionar de modos muy curiosos. A mis amigos siempre les digo que no soy experto (ni profesional) en este campo y a mis enemigos, cada día menos por suerte, tengo que recordarles que no voy de experto. Hay para todos.

Y algunos pensarán, con toda la razón del mundo, ¿qué cojones tiene todo esto que ver con el ruido mental que titula la entrada? Pues desgraciadamente mucho. Muchísimo.

Llevo meses enredado en un ruido mental incesante. Básicamente porque percibo cosas que no me invitan al optimismo dentro de la esfera extrínseca del fenómeno. Y la mente no para de dar vueltas sin parar. El aspersor mental sigue su funcionamiento, pero ahora sin enfocarse en un lugar concreto dentro de ese paisaje. El blog ya cumplió uno de sus objetivos: tratar los temas relevantes que podían orientar a las familias en este proceloso mar. Y gracias a varias colaboraciones desinteresadas los temas han ido variando a lo largo del tiempo. Pero ahora toca entrar en el aspecto intrínseco del fenómeno, ese del que tanto hablan otros y que tan poco comprenden realmente.

Las personas con altas capacidades no somos estereotipos con patas. Cada vez que lees descripciones de cómo son, cómo piensan y cómo funcionan, se me abren las carnes. Parecemos cortados por el mismo patrón. Nada más lejos de la realidad. Un buen amigo, Carlos Rodríguez, con el que suelo discrepar mucho y me da mucha caña, lo dice con suma claridad: cada persona con aacc se parece a otra como un huevo a una castaña. ¿Acaso diríamos que los gays o las lesbianas son, piensan y funcionan de una manera que puedas hacer listas de características comunes, más allá de la preferencia en sus relaciones personales? No, ¿verdad? Pues eso.

Toda las personas sabemos lo que es ser poseído por el exceso de ruido mental. Y cuando piensas mucho (no quiere decir bien), el ruido es ensordecedor. A veces insoportable. Otras bloqueante. En ocasiones te da hasta miedo. O lo rechazas, o pides un interruptor para frenarlo. Mientras escribo este texto el ruido de fondo es increíble, así que hago un enorme esfuerzo por enfocarme en lo que estoy comunicando. Esto generará una natural confusión en el lector, que ya habrá desconectado del hilo. O no, lo mismo alguien se siente identificado con esta confusión.

El caso es que ayer andábamos en casa de unos amigos sobre los que ya he hablado alguna que otra vez. Dos personas extraordinariamente creativas y espirituales (nada religiosas). César, un artista que no es de este siglo, nos presentó una de sus últimas creaciones en 3D. Durante varios minutos observamos la obra, arte puro en movimiento, abstracción y simbolismo a unos niveles imposibles de describir. Llevaba un par de horas tremendamente cansado con el puñetero ruido mental y aquella visualización, sorprendentemente, me activó. Otro se hubiera quedado dormido porque las formas evolucionaban con una fluidez que inducía el sueño. Sin embargo, a mí me calmó el ruido, que poco a poco desapareció. Sentí una extraña sensación, algo que experimentaba de pequeño, el vértigo del fondo creador de toda forma, esa negrura solo aparente que posibilitaba todo lo que emergía. Fue un momento tan revelador como terapéutico. Casi tanto como una meditación profunda. El puñetero ruido egoico mental dejó de estar presente y martillear. Las ideas profundas emergieron y sentimos una conexión inmediata. Le pregunté a César cómo surgió esa obra. Ni él lo sabía. Trataba en vano de explicar que de pronto empezó a fluir y su ego diseñó cada uno de esos procesos en el ordenador, sin poder imaginar cómo quedarían luego en 3D. Sus obras son profundamente simbólicas y abstractas, difíciles de catalogar e imposibles de describirlas con palabras. Hay que verlas. Son realmente impactantes. Y surgen desde el fondo. Por eso le regalé un resumen de lo que trataba de expresar con palabras, sin éxito. Su habilidad está en otro lugar:

INSPIRACIÓN

La consciencia -insight, intuori- instruye

El ego construye

Algunas personas con altas capacidades, dentro del perfil “aspersor” (superdotación), ya que el perfil “manguera” (talentos simples) parece funcionar de modo diferente aunque sea superficialmente, narran los beneficios que les han aportado la práctica sistemática de yoga, meditación o mindfulness. Técnicas que permiten, al menos momentáneamente, reducir bastante el molesto ruido mental. Mecanismos que, en cierto sentido, resetean nuestra mente para recomenzarla con nuevas energías. Y nosotros tenemos la fortuna de no necesitar estas técnicas, tenemos esos amigos que cada vez que quedamos para charlar producen el mismo efecto. Son terepéuticos y no hay ocasión que no se lo recuerde. Personas como ellas, inteligentes y sensibles, son un lujo en tu vida y desde luego los cuidamos para que todo continúe igual. Porque ellos dicen lo mismo. Son confluencias sanadoras que, desde luego, recomiendo a todos aquellos que se ven completamente desbordados por su mente egoica. No quedar con estos amigos, obviamente, sino buscar estas técnicas de desconexión del ruido mental.

Cuando mi nación es lo importante, surge el nacionalismo.

Cuando mi provincia es lo importante, surge el provincialismo.

Cuando mi bando es lo importante, surge el bandismo.

Cuando yo soy lo importante, surge el “migomismo”.

Ruido y más ruido. Elementos desgastantes cuando impregnan todo el discurso vital de una persona. ¿Hay algo más agotador que el egotismo? Personas que solo hablan de sí mismas y de lo suyo. Personas que cuando hablas de un asunto diferente o general, se lo llevan a lo suyo constantemente, sin solución de continuidad. La energía vital se disipa con tanto ruido.

Altas Capacidades. Aislamiento vs soledad

fantasy-4065924_640

“Mamá, si me muestro como soy no cuentan conmigo para jugar”. Esta frase me taladró la cabeza durante largo rato. De repente, parte de mi infancia resurgió con toda su crudeza. Aquellos juegos inocentes de niños en los que si querías participar te adaptabas al gusto mayoritario de los otros o te quedabas aislado. Por suerte para mí, el fútbol era un juego que me encantaba porque admiraba la habilidad con los pies, algo que no tenía y veía como un mérito tremendo lograr que la diabólica pelota te hiciera caso cuando la pateabas. Y gracias a eso evité largos momentos de aislamiento del enorme grupo de niños que jugaban en la calle (algo casi anecdótico hoy día). Me adapté a dinámicas que no entendía bien y acabé disfrutándolas sin pensar en si me llenaban o no. Evité, sin perder la esencia ni el eje emocional, un aislamiento social prolongado que seguramente me habría dejado marcado de por vida. Además, el aprendizaje de las reglas sociales me lo tomé como un auténtico reto. Al ser extremadamente introvertido (no tímido), el alimento intelectual y emocional me llegaba desde el mundo interior. El mundo exterior era tan fascinante como extraño y decidí conocerlo mejor. Es cierto que podría haber elegido aislarme del mundanal ruido por temor a que me hicieran daño, pero por suerte para mi salud mental no lo hice. Y aprendí muchas claves a base de palos, porque la realidad no es un cuadro de color rosa ni el buenismo es la actitud prevalente en nuestra sociedad. Si te perciben débil, por el motivo que sea, siempre hay alguien dispuesto a recordártelo con crudeza y, en ocasiones, con violencia. Claro, que eso también depende del ambiente en el que te muevas. No es lo mismo vivir en una barriada marginal que en la de las personas más pudientes de tu ciudad. El contexto tan radicalmente opuesto determina muchos de tus aprendizajes y no te queda otra que aprender estrategias de supervivencia intentando no perder tu norte.

Personalmente amo la soledad voluntaria. Esos momentos más o menos largos donde el ruido exterior no perturba y pueden surgir ideas, replantear situaciones, buscar soluciones a asuntos que dan vueltas sin parar, etc. Otras personas no la soportan porque necesitan estímulos exteriores constantes y, desde luego, lo pasan mal en soledad. Se sienten aislados y buscan desesperadamente espacios colectivos donde poder alimentarse. Cada uno es como es y necesita lo que necesita. Ninguna predisposición es mejor que la otra. Introversión y extraversión son tan opuestas como válidas. Pero claro, cada una tiene sus propias estrategias para alcanzar cierto grado de equilibrio mental que es el que te permite afirmar que eres feliz.

¿Por qué cuento todo esto? Pues porque conozco bastantes casos de niños y de hombres que ante estas situaciones donde hay que elegir optan por estar integrados en grupos antes que quedarse aislados por ser como son, por pensar como piensan y por tener los gustos que tienen… Por ser ligeramente diferentes al grupo. O, con mayor precisión, a los gustos implícitamente aceptados en ese grupo, que seguramente no coincidan con ningún miembro individual pero todos aceptan esas concesiones para calmar el instinto de pertenencia, especialmente poderoso en la infancia tardía y la adolescencia. Generalmente se suele hacer mucho hincapié en que muchas niñas y mujeres con altas capacidades privilegian las relaciones sociales a mostrar sus talentos, lo que es cierto, pero hoy quería también añadir que en los niños y hombres ocurre con más frecuencia de lo que se suele contar. Desconozco los motivos pero suelo teorizar que esto puede darse con mayor frecuencia en personas con una sensibilidad superior al promedio. Sensibilidad que cuando se traslada al terreno emocional desde el intelectual puede ser malinterpretada en contextos poco tolerantes con esta manifestación en el hombre. Por suerte esto está cambiando, pero esas frases añejas de “los niños no lloran” no ayudaban mucho a los que sentíamos que llorar era terapéutico en determinados momentos, o que contar lo que sentíamos nos ayudaba no solo a entendernos sino a mejorar nuestra salud mental.

Por último, solo recordaré que la mejor estrategia para evitar el aislamiento o la soledad no buscada es hablar con alguien sensible, con algún alma afín que pueda comprender lo que sientes. Y, desde ahí, armar las estrategias que te permitan equilibrar tu necesaria soledad con la necesaria socialización. Forzar lo uno o lo otro nos tensa y siempre acaba mal.

Así que si eres una persona sensible te aconsejo que cuando estés aislado llores tu soledad no elegida. Y cuando sueltes lastre sécate las lágrimas y continúa tu camino. La sensibilidad no es una debilidad sino una enorme fortaleza y hay contextos donde se valorará como merece. No desesperes porque la vida da muchas vueltas y lo que hoy está negro mañana se pinta de colores. A por ello. Y si percibes que alguien pretende hundirte recuerda que eres un corcho: siempre sales a flote.


Edito la entrada para añadir un comentario que merece la pena incluirse aquí por ser una excelente síntesis. Es de la asociación Absac de Mallorca:

29512611_2044275809117775_6535455244822289631_n

Se puede superar con ganas, fuerza y amigos. Busca iguales con los que compartir. Cuando caigas, llora, observa, respira, levántate y sigue siempre hacia delante. La sensibilidad, la intensidad emocional y la inteligencia son características positivas. Que nadie te haga creer lo contrario.

Altas Capacidades. Historias inspiradoras

stones-451329_640

Hace unos días recibí en el correo del blog un mensaje en el que una persona se presentaba para poner el contexto adecuado y escribía: “quisiera dar las gracias a todas las personas que hacéis posible el blog “incansable aspersor” y especialmente a la sección de consultas.

No es la primera vez que alguien piensa que detrás del blog hay un grupo o equipo de personas, supongo que enlazando la existencia de esa sección con diversas publicaciones firmadas por varias personas que han colaborado activamente estos tres años de vida. Pero este mensaje en concreto me hizo pensar que esas colaboraciones tenían un eje común: profesionales con cierto bagaje y experiencia en este campo que de modo generoso se mostraron dispuestos a participar aportando entradas que podían ser de utilidad para los potenciales lectores.

En ese momento se unió otro agradecimiento para que surgiera una idea diferente: la colaboración en el blog de todas aquellas familias o personas que se animen a escribir sus historias reales que puedan servir de inspiración a otros en este tortuoso camino. Historias que acompañen, consuelen y animen. Historias que aporten esperanza, que cambie el tono emocional gris reinante en estos momentos. Historias de “sí se puede” que compensen las más frecuentes de “no se puede” emitidas paradojicamente por quienes tienen el poder real de cambiar las cosas, las familias y las personas con altas capacidades que no solo desean un cambio real sino que en la medida de sus posibilidades luchan día a día por ello.

De ese modo no solo se haría realidad esa idea de que este blog es posible gracias a la colaboración de muchas personas sino también se abriría a esas voces, generalmente ignoradas, que tienen mucho que contar. No todo lo que hay que decir tiene que provenir de profesionales, de referentes del campo o de estudios generalmente importados. Las historias personales también cuentan, y mucho. Por eso apuesto por darle voz en este nuevo giro de tuerca.

Así que animo a todas las personas que lo deseen a que se pongan a escribir su historia y la comparta en este blog, para entre todas hacer más visible esa realidad del día a día que no suele tener cabida en medios oficiales. Pueden ser historias individuales (de adultos con AACC), familiares o colectivas (experiencias de mejora asociativa en entornos difíciles).

He pensado que el mejor modo es escribiendo al email incansableaspersor@gmail.com con la referencia “historia inspiradora” y, desde ahí, organizar la propuesta para que salga adelante.

“Ponga aquí lo que quiera” y Altas Capacidades

Una de las tendencias más curiosas que se dan en este colectivo es la de asociar las Altas Capacidades (AACC) con casi cualquier cosa. La pregunta suele tener la forma… ¿tienen relación las altas capacidades con…?

Dormir poco + aacc

Respirar mal + aacc

Escribir raro + aacc

Gusto por los dinosaurios + aacc

Moverse mucho + aacc

Replicar mucho + aacc

Comportarse mal + aacc

Saberlo todo + aacc

Amigo invisible + aacc

Dermatitis + aacc

Morder lápices + aacc

Etc + aacc

Es muy llamativa, y bastante habitual entre personas que acaban de aterrizar. Es lo normal, llegan completamente despistados y necesitan ir probando cosas. El problema surge cuando llevas más tiempo en esto y sigues manteniendo asociaciones peregrinas que no se soportan ni en el sentido común, ni en la razón ni en estudios serios sobre cada una de ellas.

Seguro que has visto muchas de estas. Te animo a que las expongas.

Añado esta reflexión porque me parece extraordinariamente sensata.

Eva Enamorado García (Liebre – asociación de apoyo a las altas capacidades de Guadalajara)

“Uno de las principales motivos por los que las asociaciones deben existir, es por dar la oportunidad de juntar a niños que tienen ( no que son) altas capacidades para que dejen de sentirse diferentes, pero que son tan diferentes entre sí que no encontraremos dos iguales.”

La conciencia es simple y llanamente su límite

landscape-1622739_640

En un entorno cultural como el nuestro resulta especialmente difícil explicar la conciencia en su sentido más radical y profundo. Un sentido alejado de las múltiples acepciones que cobra el término y con la que podemos identificarnos cuando un interlocutor la nombra en un diálogo o cuando escribimos sobre ella.

En este intento no habrá excepción, siendo plenamente consciente de la dificultad y de las dinámicas de pensamiento que la interpretarán como lo que no es: una forma, un contenido, una estructura, una función, un estado mental, una propiedad, un atributo, una facultad, etc.

A esta identificación occidental con la forma contribuye notablemente algo tan aparentemente simple como es el artículo definido femenino singular “la”. Parece una cuestión baladí pero no lo es en absoluto. De hecho, la función principal del artículo definido es determinar al sustantivo, dándole una forma definida y reconocible. Y nuestro pensamiento, tanto en el texto escrito como en el diálogo, se puede ver atrapado en esa red imposibilitando ver más allá de esa delimitación semántica.

Pondré un par de ejemplos que ilustran esta dificultad: i) ser y ii) más allá. El verbo ser, en su sentido más radical y puro, alude a un proceso o acción sin conclusión. Cuando se concreta, formaliza o finaliza hablaríamos de ente (ser en acto); mientras no lo haga podríamos hablar de “devenir ser”. Nuestro pensamiento occidental tiende a cosificar para entender mejor las cosas y en este caso no es una excepción. Pasamos en un salto de “ser” a “el ser”. Heidegger lo ilustraba con el ejemplo de una piedra. Decía, si no recuerdo mal, algo así: “la piedra es, pero por más que investigues no encontrarás el ser de la piedra”. Este modo de cosificar sin darnos cuenta es el que luego nos permite jugar intelectualmente con el objeto creado. Así, podemos empezar a especular sobre los diferentes atributos que pueda tener, por ejemplo, “el ser supremo”. O a plantear incluso su existencia, generando la eterna -y aburrida- lucha entre quienes creen que existe este objeto generado y quienes creen que no existe.

Cuando animamos a alguien a explorar sus límites solemos decirle que debe ir “más allá” de su zona de confort, de sus espacios conocidos, etc. Es una clara alusión a un proceso sin concreción alguna y sin atributos. Nada que ver con “el más allá”, ese objeto de culto de determinados personajes sobre los que no hace falta hablar ahora mismo.

En resumen, que para arrancar esta pequeña reflexión es necesario evitar la tentación de cosificar “la conciencia”, convirtiéndola en un objeto mental susceptible de ser medido, ‘pesado’, visto o localizado. Si se consigue salir de esa cárcel de la forma, esta entrada puede tener algún sentido para ti. Si no, será una mera acumulación de palabras.

La conciencia es simple y llanamente su límite

¿Qué quiere indicar esta expresión tan enigmática y aparentemente tan falta de sentido?

Para calentar motores, recojo un pequeño pasaje de esta tesis doctoral de una de las mayores expertas nacionales en pensamiento oriental: Mónica Cavallé.

“…no somos en esencia la persona individual, sostiene el Advaita, pues ésta puede ser conocida, y el Sí Mismo nunca es lo conocido, sino el conocedor. No somos nada objetivo u objetivable; somos la Apertura en la que todo se hace presente o se ausenta y la Luz en virtud de la cual todo puede ser visto y conocido”

Mónica utiliza el par sat/cit (ser/conciencia) como una unidad esencial. En el fondo (más allá o más acá de la forma), ser y conciencia es lo mismo.

Haciendo un enorme esfuerzo de abstracción, “conciencia” y “ser” pueden verse como “apertura”  (vista en horizontal; vista en vertical la podemos imaginar como “profundidad”). Esa apertura es el límite de lo que somos. Usando la imagen que ilustra la entrada: el paisaje como contexto experiencial o vital. Contexto o paisaje cambiante e indeterminado. Y cada elemento del paisaje sería un objeto o contenido de conciencia.

Así visualizado, toda forma, estado, función, atributo, facultad, etc…, puede ser visto esencialmente como contenido de conciencia. Por ejemplo, “el yo” o incluso su indeterminado, “yo”. El pensamiento es otro elemento de ese paisaje. Los estados mentales. La imaginería mental. Las sensaciones corporales.

Esto simplemente no lo entendemos en nuestro entorno cultural, así que necesitamos un elemento activo que vincule ese paisaje (esa apertura experiencial indeterminada, fluida y flexible) con sus contenidos. No entendemos conciencia pero sí “conciencia de algo”. Así nace la función de conocer, la consciencia. Nissargadatta comprende perfectamente esta dificultad y explica la distinción entre conciencia (awareness) y consciencia (consciousness) desde ese punto de vista tan radical:

Awareness is primordial; it is the original state, beginningless, endless, uncaused, unsupported, without parts, without change. Consciousness is on contact, a reflection against a surface, a state of duality. Ther can be no consciousness without awareness, but there can be awareness without consciousness, as in deep sleep. Awareness is absolute, consciousness is relative to its content; consciousness is always of something. Consciousness is partial and changeful, awareness is total, changeless, calm and silent. And it is the common matrix of every experience.

Toda pregunta espera una respuesta formal, concreta, determinada. Toda pregunta por “conciencia” espera una respuesta sobre la función “consciencia” o sobre cualquier otro “objeto de conciencia”. Toda pregunta obtendrá una respuesta superficial. Y todo lo que se diga que es, no es. Incluyendo la afirmación que titula esta entrada.

Las Altas Capacidades en la encrucijada

signpost-2030780_640

“Ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio” (refrán inglés)

Hace poco leía una entrada, Pues yo no lo veo, preñada de realismo de un profesor, padre de una niña con altas capacidades y adulto identificado como tal. En ella confesaba que:

Ese argumento, el del “pues yo no lo veo”, puede ser consecuencia de una falta de formación, cierto, de aquel que no tiene el conocimiento necesario sobre el tema. Y aquí me detengo para manifestar, en un ejercicio de honestidad, que yo tampoco lo veía, que tampoco conocía qué era aquello que tenía que reconocer en el alumnado con altas capacidades, como no fui capaz nunca de verme a mi mismo. Esa parte de profesorado, con formación los acabará viendo, porqué no los veía igual como el miope no ve lo que pasa a su alrededor si no usa las gafas.

Mi preocupación está en el profesorado que atribuye a su visión la omnipotencia de verlo todo y que, por tanto, cuando dice “pues yo no lo veo” no da lugar a que pueda pasar y él no lo vea, sino que da por descontado que si él no lo ve es porque no es y punto.

¿Se puede decir ya que a esa gente no la cambiamos con formación, ni recursos, ni más horas de exclusiva? ¿Se puede uno preguntar ya a qué se dedica la inspección educativa? ¿Se puede decir ya que no deberían ser maestros?

También podemos rescatar esta reflexión Alicia Antúnez, profesora y madre de dos niños con altas capacidades, miembro de la Plataforma de Apoyo a las Altas Capacidades, en una entrada titulada Vacaciones de altas capacidades:

Para las familias el verano es un respiro, respiro de reuniones, solicitudes, entrevistas con tutor, con orientador, respiro de de leer leyes, de hacer escritos y de ponerse delante de un toro que creían que venia resuelto por el sistema: la educación formal de sus hijos. Mientras hacemos esto durante el curso, muchos lidiamos, además, con estados de ánimo alterados de estos mismos niños que son obligados por ley a estar en los centros educativos y, por ley también, deberían estar atendidos en la escuela, cuando esta última parte se olvida y se omite sistemáticamente, salvo honrosas excepciones.

Parece que en verano las altas capacidades se disuelven porque aparecen menos en redes, los foros paran, las dudas paran, los ejemplos paran y con el calor todo se atenúa.

Pero hurgando un poco descubres que a partir de agosto algunos niños (más de uno, dos y hasta de quince…) empiezan a tener morriña inversa de la escuela, y aun quedando más de un mes para entrar, empiezan las pesadillas, a hacer alguna referencia suelta al colegio, cuando no una queja clara de que ya queda poco para empezar, y aquí sí, solo las familias que pasamos por esto entendemos la angustia que encierran estos detalles. Aquí es donde escuchamos el manido comentario: “A todos los niños les pasa lo mismo”. Y no es cierto. Y si lo fuera, todas las familias deberíamos hacer algo porque TODAS tendríamos un problema.

Se acerca septiembre y con él las mismas historias de siempre, como si nada hubiera cambiado, como si viviéramos una y otra vez el día de la marmota que decía Belén Ros en una de sus entradas más duras y directas que se le recuerda, publicada hace dos años y medio pero lamentablemente tan vigente hoy como ese año 2017. La realidad es lo que tiene, que por más que la pintes de colores para aparentar otra cosa llega un momento en que se manifiesta en toda su crudeza. En el texto Belén identifica con claridad los espacios de responsabilidad de los diversos agentes implicados: medios de comunicación, políticos, personal de la administración educativa, familias y asociaciones de familias. También se podrían añadir los profesionales que actúan fuera del sistema educativo. Sin embargo, como cualquiera con los ojos abiertos advierte fácilmente, en el campo de las altas capacidades se da el fenómeno social de la difusión de la responsabilidad, que tiende a ocurrir en grupos de personas superiores a un cierto tamaño crítico cuando la responsabilidad no se asigna de forma explícita.

La difusión de la responsabilidad puede manifestarse de dos maneras:

  • En un grupo de pares que, por acción o inacción, dejan suceder hechos que nunca permitirían si estuviesen solos (se suele llamar a la acción “mentalidad de masa” y a la inacción “efecto espectador”.
  • En una organización jerárquica, donde, por ejemplo, los eslabones inferiores afirman que sólo seguían órdenes, mientras los supervisores afirman que sólo emitían órdenes, sin hacer realmente nada per se.

Esta óptica es ilustrada por el refrán que abre esta entrada. Nadie a nivel individual se siente responsable del estado actual de cosas.

Sin embargo, sí que todos somos responsables (cada uno en su parcela o espacio de responsabilidad, que es donde PUEDE y debe responder) del marasmo en el que nos encontramos hoy día.

La inmovilidad ciudadana permite la inacción política y educativa. Y es que la voluntad de no hacer nada solo se puede torcer con la lucha colectiva, con la unión de las familias, que son las que tienen el poder de forzar cambios a los políticos (que hemos votado, no vienen de otro planeta) que permitan mejorar la situación en la que nos encontramos. Pero a día de hoy esa unión de familias brilla por su ausencia, tanto a nivel local como a nivel nacional. Parece que sobre esta realidad no se puede escribir porque los diferentes egos se ofenden y se defienden ridículamente matando al mensajero, como si ocultando el botón rojo de alarma el avión no se pudiera caer.

La ausencia de voluntad política y la escasísima voluntad educativa viene de lejos. Algunas de las miles de excusas que se utilizan para no actuar están reflejadas en esta entrada, que solo recoge 353 pseudoargumentos que solo denotan dejadez pero que describen perfectamente la realidad que, día sí y día también, relatan las nuevas familias cuando aterrizan a este mundillo, lo que refleja ese marasmo.

En el último lustro apenas ha habido cambios normativos, lo que denota la falta de fuerza colectiva de la que hablaba más arriba. No sé para qué sirve tener “asesores del Ministerio” si éste no se ha movido un centímetro de su postura en años. Tampoco las cada vez más numerosas jornadas, congresos y seminarios que se organizan para mejorar la visibilidad del fenómeno logran provocar esos cambios normativos, que son los resultados tangibles de esta lucha, aunque tampoco es su objetivo principal. Ni tampoco generan esos cambios las diferentes reuniones con fotos que se han ido publicando para parecer que se hace algo. Cuando negociamos el plan para Andalucía no hubo ninguna foto hasta que se consiguió, el día de su presentación. Antes solo sirve para el postureo, digámoslo claramente. Pero hoy parece que si no te has hecho una foto de cualquier cosa es que realmente no has hecho nada…

Pero aunque la descripción del panorama es desalentador, siempre hay que guardar algo de esperanza y depositarla en las nuevas familias, que son las que por lógica deben recoger el testigo y rebelarse (de verdad, no solo con el nombre) contra el estado actual de cosas. Exigir en sus asociaciones responsabilidades, o entrar ellos a asumirlas para volver a conducirlas a la senda de la que nunca debieron desviarse: la de ser instrumentos políticos que provoquen cambios en beneficio de todos. No depositar la responsabilidad en agentes sin implicación directa en esta lucha, que bien pueden ayudar pero jamás sustituir ni, en modo alguno, desalentar la lucha porque sus intereses sean otros. Alejarse de algunos que solo viven de crear alarmas innecesarias o de las iniciativas poco claras o directamente dañinas que sobrevuelan este sabroso nicho de mercado en el que se ha convertido las altas capacidades en los últimos años, debido al crecimiento de los espacios donde las familias piden ayuda (grupos, asociaciones, etc).

Las altas capacidades se encuentran en una encrucijada y el tiempo dirá si se ha afrontado el reto o simplemente nos hemos dejado llevar por ese efecto espectador que parece presidir ahora la estancia.

Recordad que nadie va a hacer vuestro trabajo, que nadie alineará sus intereses con los vuestros y que hay que encontrar el modo de colaborar sin que los egos se pongan por delante de las manos. Es difícil, lo comprobamos día a día en cuanto se quiere mover algo, pero no es imposible. Solo hay que cambiar la mentalidad y remangarse.