¿Son los partidos políticos cámaras de eco?

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Una cámara de eco es una metáfora que describe espacios comunicativos donde determinadas ideas resuenan sin parar mientras otras que puedan ponerlas en jaque son sistemáticamente rechazadas, despreciadas o atacadas. Por un principio de sonoridad, la cámara se alimentará de la consumación de estas fases:

Fase de Reducción

Consiste en simplificar la realidad para facilitar la digestión informativa. Por ejemplo, si pretendemos tener adeptos a nuestra causa debemos crear falsas dicotomías de “estás conmigo o estás contra mí”, “o yo o el caos”, etc. El mejor modo de crear una dicotomía falaz es reduciendo las opciones a dos, rechazando cualquier alternativa.

A través de los sesgos es más sencillo. Sesgo datos relevantes o sesgo el grueso de datos de una determinada situación compleja. Solo cuento una parte de la historia, la que me interesa hacer resonar, obviando el resto. Así, el ingreso mínimo vital se convierte en una “paguita para vagos” o una manifestación variopinta en una “manifestación de pijos”.

Fase de Señalización

Una cámara de eco se distingue de una burbuja epistémica en que esta simplemente no oye mensajes externos mientra la primera los oye pero para poder atacarlos.

En esta fase es clave identificar a EL enemigo. Mejor uno que varios, por el mismo mecanismo de reducción que nos permite fijar la atención de nuestros seguidores más acérrimos. Y si hay varios no importa, por el principio de exclusión pasarán también al bando de los enemigos -de mi idea-. Así, si estás de acuerdo puntualmente con alguna medida o propuesta del enemigo ideológico, de seguro que te endilgarán la etiqueta de “facha” o “rojo”.  En las cámaras de eco no se admiten discrepancias. Te expulsan del paraíso de la confianza si te atreves a criticar algo. Y siendo tan tribales -no triviales, aunque también-, la amenaza coartará a muchos. Recuerdo cómo una amiga, socialista hasta la médula, dejó de repente de hablarme cuando mostré simpatías con el proyecto transversal que pretendía ser Podemos. Simpatías que abandoné pronto cuando comprobé en persona algunas dinámicas que me alejaron definitivamente de él, aunque  hoy día siga recibiendo correos electrónicos de esa formación sin haberlos pedido. O muchos de los contactos virtuales provengan del entorno de ese partido. Y conozco muchas personas valiosísimas en el mismo, como también conozco en Ciudadanos o el PP. Muchos clientes y compañeros de profesión, amén de algún familiar, simpatizan y votan a Vox. El comentario es solo para señalar cómo de sencillo pierde uno la confianza de alguien que está muy metido en la cámara de eco partidista. Es triste pero real. La discrepancia molesta en lugar de enriquecer.

Así, afloran “enemigos de lo público”, “enemigos de la libertad”, “enemigos del país”, “enemigos del progreso”, o enemigos de cualquier cosa que digamos defender.

Fase de deformación

Al enemigo ni agua. Hay que afearlo por todos los medios. Fijaos en las fotos que se cuelgan para criticar a los políticos. Siempre tienen posturas forzadas, risas torcidas, rictus extraños, etc. Entonces puedes fácilmente atribuirle intenciones dañinas a todo lo que dice, a todo lo que hace y, llegado al extremo, a todo lo que no dice ni hace. Es importante deformar sin descanso para que quede clara la maldad intrínseca del enemigo. Y abusar de la falacia Ad hominen: nada de lo que diga o haga está bien porque es él. Da igual si objetivamente tiene algún valor. Y esto se comprueba cuando el mismo mensaje sale de otro emisor. No se critica con la misma saña.

Fase de repetición

Una vez reducida la realidad a buenos y malos, señalados y deformados los malos, ya solo queda repetir el mensaje para que se afiance el principio de sonoridad: Cuanto más (fuerte, tiempo, veces) suene, más verdadero parecerá nuestro mensaje. No importará si en el trayecto se haya desmentido en todo o en una parte, el mensaje repetido cala en algunos de tal modo que, tiempo después, lo retoman y vuelven a darle vidilla; los rumores triunfan porque hay muchos que los difunden sin pararse a pensar si son ciertos, medio ciertos o trolas descaradas. Miente sin descanso, que algo queda.

Durante mi estancia en la PAH viví en primera línea una grotesca y descarada campaña de desprestigio de la plataforma iniciada por los medios afines al PP. Se centraron lógicamente en un único enemigo: Ada Colau. La portavoz más conocida del movimiento -no la única- fue objeto de publicaciones tan delirantes como esta en medios escritos que luego resonaron sin cambiar ni una coma por el vocinglero Carlos Herrera.

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¿Ada Colau trabajaba en El Observatori DESC? Sí.

¿Esa ONG era propiedad de Ada Colau? No

Ella no decidía nada respecto a esas subvenciones, que llegaron a lo largo de 9 años, solo gestionaba una pequeña parte de las mismas dentro de su sección -o como se llamara, no lo recuerdo-, aproximadamente 100.000 anuales. Pero este pequeño detalle daba igual, se le afeó que hubiera recibido 3,7 millones y no los hubiera destinado a “sus amigos desahuciados”. Con toda la impunidad cínica, sin torcer el gesto. Y así, poco a poco, con publicaciones de esa calidad periodística y con esa escasa catadura moral, la imagen del colectivo fue afeándose poco a poco. Era el objetivo y gracias a la saturación de informaciones sesgadas se logró. Anda que no he escuchado veces que Ada Colau se lucró con estas subvenciones. Esa distorsión de la realidad era tan alucinante como real. Pero oye, nadie rectificó ni una coma y eso siguió ahí.

 

Conclusión

El término cámara de eco se está imponiendo en la literatura técnica para designar la manera en la que los ciudadanos nos informamos en nuestros tiempos impregnados de tecnología, donde nos pasamos el día leyendo las cosas que refuerzan nuestros prejuicios y creencias; donde renunciamos a inclinar la cabeza en el ángulo adecuado para entender los argumentos del otro. Si te informas por tus seguidores y seguidos en Twitter o tus gustadores y gustados en Facebook, lo más probable es que no te enteres de qué va el tema. Esto no es ya que devalúe el debate político. Es que lo elimina de raíz.

Muchas veces nos quejamos de que los políticos parecen vivir en una realidad paralela, y en cierto sentido es verdad, viven en sus cámaras de eco, pero no son los únicos que parecen hacerlo. Sus extensiones mediáticas o hooliganescas trasladan sus mensajes sesgados con la misma facilidad. Por eso cada día es más complicado el debate político, reduciéndose a frases hirientes, cínicas o insultos. Y no digamos la negociación política con grupos parlamentarios donde el interés general no parece ser el eje programático por más que se proclame. Aquí ya se ha consolidado la estulta idea de que negociar es sinónimo de perder o humillarse, algo intolerable en la época de los derechos sin obligaciones. Lo que hace años era normal ahora es “venderse al enemigo”. Da igual que tú lo hayas hecho con anterioridad. Siempre dirás que tus intenciones eran buenas y las del enemigo no.

Cuando un medio o un seguidor se manifiesta extremadamente crítico con “los otros” pero escasa o nulamente crítico con “los suyos”, pierde toda credibilidad de cara a un tercero no involucrado en esa lucha. El sentido crítico es una habilidad transversal e incluye su aspecto autocrítico. Si no, es mera proyección.

La escalada de odio en tiempos de pandemia

Señal De Stop Discurso De Odio En La Mano Fotos, Retratos ...

La pasada semana hablaba sobre la normalización social insana con un lenguaje demasiado denso, pero hoy seré más directo y concreto. Una de las más peligrosas es la normalización de las expresiones y los discursos preñados de odio.

Para entender mejor a dónde puede llevarnos la escalada del odio, comparto una imagen que lo ilustra a la perfección: la pirámide del odio.

La Pirámide muestra comportamientos sesgados/prejuiciosos creciendo en complejidad de abajo hacia arriba. Aunque los comportamientos en cada nivel tienen un impacto negativo en los individuos y los grupos, a medida que uno se mueve hacia arriba de la pirámide, los comportamientos tienen consecuencias más peligrosas que ponen en peligro la vida. Como una pirámide, los niveles superiores están apoyados en los niveles bajos. Si las personas o instituciones tratan los comportamientos en los niveles más bajos como si fueran aceptables o “normales”, el resultado es que los comportamientos en el siguiente nivel sean más aceptados.

Qué es el discurso de odio? - BCNvsODI | Ajuntament de Barcelona

Un estereotipo es algo así como un esquema mental simplificado sobre algo -o alguien- que se desconoce. Los seres humanos generamos constantemente estereotipos sin darnos cuenta, a través de las etiquetas con las que clasificamos a las personas. A partir de ahí, los prejuicios asociados a cómo se supone que se comportan las personas etiquetadas cargan emocionalmente la descripción y los apelativos comienzan a ser hirientes: negro, sudaca, subnormal, listillo, facha, rojo, sociata, culerdo, merengón, etc. Estas expresiones de odio están protegidas por el paraguas de la libertad de expresión, aunque no sean inocuas. Crean poco a poco el caldo de cultivo necesario para que se pueda mostrar la cara visible del odio.

La cara visible del odio: del discurso al delito

Cuando una persona, por los motivos que sean, es propensa a sentir odio hacia aquellos que considera “diferentes, pero a peor” asume con total normalidad los discursos de odio, ya que confirman punto por punto los prejuicios y estereotipos integrados en la fase invisible del proceso. Por eso es importante para los propagadores de discursos de este tipo darles la propaganda adecuada: reducción, señalización y repetición. Todo tan simple como eficaz. Cala con una facilidad pasmosa, sobre todo cuando por dentro esas personas están buscando culpables a determinadas situaciones que no le convienen a sus intereses particulares.

Esta fase del proceso, aunque nos parezca incomprensible, puede seguir protegida por la libertad de expresión, hasta un determinado límite. Para entenderlo mejor cogeré un ejemplo sobre esa delgada línea que los separa de otro país, Alemania.

Las declaraciones de odio, desde una perspectiva legal, pueden clasificarse como opiniones. La libertad de expresión es un principio importante, pero también tiene consecuencias ambivalentes: permite a cualquiera hacer declaraciones despectivas y agresivas, siempre que no violen la ley alemana. Pero también permite a cualquiera tomar una posición valiente contra tales puntos de vista y contrarrestar el antisemitismo, el racismo, el sexismo y otras ideologías de desigualdad.

En este momento, hay un acalorado debate dentro de Alemania sobre si contrarrestar los comentarios discriminatorios y despectivos -que hasta hace poco no se cuestionaban en gran parte hasta que la sociedad se hizo más consciente de esto- constituye una violación de la libertad de expresión. Después de todo, el partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD) está violando sistemáticamente la dignidad humana de las personas y debemos confrontarlo persistentemente al respecto. El grupo viola los principios básicos de nuestra Constitución y se queja de que su libertad de expresión se ve restringida cuando es cuestionado. Después de todo, el AfD está más que feliz de proyectarse a sí mismo como una víctima tratada injustamente.”

Hay distintas definiciones de discursos de odio, así que recojo aquí la de la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia:  el uso de una o más formas de expresión específicas –por ejemplo, la defensa, promoción o instigación del odio, la humillación o el menosprecio de una persona o grupo de personas, así como el acoso, descrédito, difusión de estereotipos negativos o estigmatización o amenaza con respecto a dicha persona o grupo de personas y la justificación de esas manifestaciones– basada en una lista no exhaustiva de características personales o estados que incluyen la raza, color, idioma, religión o creencias, nacionalidad u origen nacional o étnico al igual que la ascendencia, edad, discapacidad, sexo, género, identidad de género y orientación sexual.

Internet permite a las personas abusar de otros y proferirles insultos, e incluso enviar amenazas de muerte. Esta nueva realidad arroja luz sobre la depravación humana. En línea, aquellos que difunden odio ni siquiera tienen que mirar a sus víctimas a los ojos. Ahí se está generando el caldo de cultivo para avanzar hacia fases donde la violencia puede pasar de verbal a física. Por suerte, la virtualidad limita mucho esa concreción porque no estás delante del “objeto de odio” y cuando sales a la realidad se te pasa el acaloramiento. Los haters son como esos perros ladradores pero poco mordedores que muestran su debilidad personal. Salvo, claro está, cuando la jauría virtual alcanza límites de acoso que pueden conducir a situaciones como esta:

https://www.lasexta.com/noticias/deportes/otros-deportes/hana-kimura-luchadora-anos-suicida-recibir-ciberacoso-publica-redes_202005235ec97bbdea9d4700011e3bd0.html

Cuando se normaliza el discurso del odio, el escalón del delito se puede subir más cómodamente. Y aunque éste esté penado por ley, no deja de sorprender la facilidad con la que se puede llegar ahí por falta de educación -no instrucción académica- y, cómo no, de conciencia.

Para finalizar, comparto con vosotros un texto que os ayudará, si queréis, a prevenir y actuar contra este tipo de acciones. Es muy importante que la mayoría nos concienciemos de contra qué tenemos que lidiar, para así poder intentar reducir la escalada de odio que se está percibiendo más claramente durante esta pandemia. Una oportunidad más tirada al cubo de la basura de cambiar nuestros hábitos de comportamiento donde el cainismo sustituye a la colaboración, aunque solo sea porque hace mucho más ruido y se le presta demasiada atención mediática.

Haz clic para acceder a 1517393506-ES_ODIO__Manual_practico_vF.pdf

El lado oscuro de la normalización social

Clavo

Ahora que se ha puesto de moda en España la expresión de nueva normalidad (del inglés new normal), aplicada en origen a la economía y las finanzas, como un escenario inédito en el que nos encontraremos tras pasar todas las fases de la desescalada (del inglés de-escalate), con un mayor distanciamiento social y unas medidas de seguridad sanitarias diferentes a todo lo conocido, es buen momento para reflexionar sobre uno de los significados de la normalización: la acción que promueve el establecimiento de la normalidad.

Para afinar el análisis, tomemos algunos de los sentidos que toma el adjetivo normal en nuestro idioma:

  1. Cosa que se halla en su estado natural
  2. Algo habitual u ordinario
  3. Elemento que sirve de norma o regla
  4. Objeto o situación que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a determinadas normas fijadas de antemano

En principio, estos sentidos no contienen en sí mismos peligrosidad alguna. Por ejemplo, es normal que un organismo esté saludable y lo anormal es estar enfermo, salvo casos puntuales de enfermedades crónicas que cambian el sentido de lo que es normal. Nos basamos en la habitualidad para considerar que ese es su estado natural. También nos sirve para establecer una norma y para comprobar si esta cosa o situación se ajusta a la misma. A través de la observación de la realidad natural establecemos lo que es normal, esperable o deseable. De ese modo, la normalización sana consistiría grosso modo en restablecer los parámetros naturales temporalmente perdidos: si estás enfermo, restablecer la salud.

Pero como suele pasar en todo fenómeno natural, cuando se sobrepasan determinados límites lo sano se vuelve insano. Por ejemplo, si tenemos una estufa entre los pies y la temperatura es adecuada, sentimos un agradable calor. Pero a medida que sube la temperatura la sensación varía, llegando un momento en que ese calorcito se convierte en quemazón.

En el caso concreto de la normalización, analizaré dos manifestaciones insanas, tanto a nivel individual como a nivel social: i) la normalización como degradación y ii) la presión social normalizante.

La normalización como degradación

No descubro nada nuevo si afirmo que padecemos el síndrome de la rana hervida, fenómeno social que describe cómo las personas vamos aceptando situaciones cada vez más degradantes siempre que esas condiciones vayan introduciéndose de modo gradual. Este fenómeno no se ciñe a un ámbito concreto sino que es transversal. Puede producirse tanto en la esfera privada como en la pública, en el entorno laboral o en el familiar. Tiene relación con una sutil manifestación de conformidad, de normalización de situaciones previamente impensables o inaceptables.

Reflexiones del síndrome de la rana hervida

Por ejemplo, hace años era impensable que algunos padres o alumnos trataran con falta de respecto al profesorado. Sin embargo hoy día está más normalizada esa situación. Son los efectos normales del incremento de derechos y la reducción de responsabilidades que van interiorizando las nuevas generaciones como algo natural. También podemos ver normalizaciones por degradación en asuntos de violencia (p.e. acoso escolar), solidaridad, comunicación, relaciones personales, salud mental, etc.

La política económica no se libra de este efecto pernicioso de la normalización por degradación. Hace décadas, antes de la entrada de España en la zona euro, habrían sido inaceptables las condiciones de precarización (sueldos casi congelados con fuertes subidas de los gastos corrientes en la mayoría de familias, contratos a tiempo parcial, inestabilidad del mercado laboral, etc) y polarización de riquezas que hemos sufrido desde entonces:

Sin embargo hoy día la consideramos normal, inevitable y algunos hasta deseable.

Podría seguir poniendo ejemplos de normalización por degradación, pero creo que se entiende bien con estos dos tipos.

El martillo pilón de la normalidad

Abraham Maslow escribió en 1966 (The Psychology of Science) una de las frases más recordadas, la que dio nombre a su famoso Martillo de Maslow:

“I remember seeing an elaborate and complicated automatic washing machine for automobiles that did a beautiful job of washing them. But it could do only that, and everything else that got into its clutches was treated as if it were an automobile to be washed. I suppose it is tempting, if the only tool you have is a hammer, to treat everything as if it were a nail.”

Supongo que es tentador, si la única herramienta que tienes es un martillo, tratarlo todo como si fuera un clavo.

Posteriormente se parafraseó y quedó así:

Abraham Maslow: Si tu única herramienta es un martillo, tiendes a ...

Aunque esa metáfora critica determinadas metodologías científicas que tuvieron enorme éxito tratando objetos inanimados pero escaso afrontando los animados, con el tiempo se amplió su horizonte hacia cualquier herramienta, tecnología, paradigma o similar, ensalzadas de manera exagerada, que afirman resolver múltiples problemas, incluso aquellos para los que no resultan adecuadas. Lo que se conoce como Martillo de Oro.

Aplicándola a esta reflexión, la normalidad asumida por la sociedad sería ese martillo y los seres humanos serían esos clavos aparentes a los que hay que golpear para que se ajusten al patrón.

En educación se la conoce como normalizar y gráficamente podría simplificarse con esta imagen:

Educación VENTURA a Twitter: "La #educación no debe moldear a los ...

En muchos empresas el martillo son las costumbres laborales consolidadas que pueden dar al traste con cualquier intento de mejora por parte de alguno de sus trabajadores. Este martilleo se puede producir tanto en las relaciones jefe-empleado como entre los propios compañeros, de manera que se desalientan las ideas que se salen de la norma, llegando a padecer algunos de los síntomas del síndrome de Solomon:

  • Les cuesta expresar sus opiniones y si lo hacen, es en conformidad con las opiniones de sus compañeros.
  • Su autoestima es baja porque son inseguros y no tienen confianza en sus habilidades.
  • Dependen de la aprobación de los demás, para efectuar alguna labor.
  • Evitan tomar decisiones importantes.
  • Siempre están en el  anonimato y pasan desapercibidos la mayoría del tiempo.
  • Son tímidos y se dejan influenciar por los demás.
  • Sobrevaloran a las demás personas.
  • Evaden sobresalir y ser diferentes a las personas del grupo.

En un artículo de El País titulado La envidia y el síndrome de Sólomon leemos esta reflexión: “El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.

Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia.”

Pero el martillo no solo se alimenta de envidias sino también de odios indisimulados hacia quienes sobresalen en cualquier ámbito, ya sea por personalidad, aspecto físico, inteligencia, ideales, habilidades o conocimientos… Aquí no se salva ni el apuntador. Este patrón se conoce como el Síndrome de la amapola alta: detestar al que destaca.

Esta modalidad de normalización por la presión social hacia la conformidad produce efectos muy nocivos tanto en los individuos como en la sociedad misma. Sin embargo, tiene un carácter casi invisible porque generalmente caemos en el error de atribución que nos dicta (otra normalización insana) que los factores individuales tienen mayor peso que los factores situacionales. A pesar de los numerosos estudios de la psicología social sobre el comportamiento gregario humano que desmontan esa idea, seguimos negando su potente influencia en nuestras vidas.

Los efectos insanos sociales se cristalizan en una creciente mediocrización social donde se penaliza todo lo que se salga de la norma (por arriba o por abajo, por un lado o por el otro, etc). Norma no escrita pero igualmente influyente. En unos entornos sociales cada vez más cerrados y autorreferenciales (la plaga de sectarismo en las cámaras de eco), la presión grupal contra toda idea, opinión o ‘aspecto’ diferente a lo ‘deseable’ o ‘esperable’ en esos entornos aumenta sin parar, hasta lograr lo que Byung Chul-Hang llamó La expulsión de lo distinto. El resultado es dicotómico: conformidad -aceptación social- o proscripción -exclusión social-. Aterrador pero real.

Los efectos insalubres individuales se concretan en la alienación, en el alejamiento de lo que somos por miedo a la exclusión que nos condene a la soledad no deseada. También en la debilitación de nuestra identidad por la privatización de nuestros sufrimientos y miedos, impidiendo su socialización y, en consecuencia, politización. Para anestesiarnos de esta situación nos ceban con toneladas de entretenimientos que no dejan rendijas para algo tan saludable como el aburrimiento creativo y crítico. Sin tiempo de calidad para pensar -o incluso para respirar-, transitamos aceleradamente por nuestras vidas sin capacidad para reaccionar ante este atropello, pergeñado a fuego lento para normalizarlo con naturalidad.

Por fortuna, siempre existe la posibilidad de que aparezca un cisne negro que nos permita abrir los ojos y darnos cuenta de hacia dónde vamos como pollos sin cabeza. Esta pandemia es una pausa milagrosa que algunos han aprovechado para poner en orden lo que estaba desorganizado. No todos, no la mayoría que sigue bramando por su adicción normalizada, no suficientes para producir cambios de calado, pero sí algunos. Pero como comentó el último gran político tristemente fallecido, Julio Anguita, en uno de sus últimos mensajes a los jóvenes de hoy, las nuevas generaciones están criadas entre algodones, no están acostumbradas a la lucha. No obstante, son los únicos que pueden revertir esta situación. Y la esperanza es lo último que se pierde.

Datos Alumnado con Altas Capacidades 2018-2019. De mal en peor.

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El Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP) ha publicado las cifras oficiales del alumnado con altas capacidades intelectuales identificados hasta el curso 2018-2019.

Como cada año, dedico unas horas a analizar los nuevos datos, comparándolos con los de cursos anteriores y aportando algunas hipótesis sobre dinámicas que nunca están disponibles para el público interesado en esta temática. Informaciones que no aportan los datos en bruto y que sirven para conocer un poco mejor este complejo mundillo. También para entender por qué resulta tan difícil avanzar en el campo de acción político-administrativo, con muchos agentes involucrados entretenidos en otros asuntos y con un tejido asociativo cada día más numeroso pero más debilitado, a la vista de estos resultados que a continuación detallaré. En cualquier caso, entiendo que ahora no es el mejor momento para reflexionar en serio sobre los patrones de comportamiento que han llevado a la actual situación, con una pandemia que nos ha cambiado por completo nuestras vidas. Ya habrá tiempo de afrontar el reto cuando volvamos a algo parecido a la normalidad.

Alumnado AACC por Comunidades Autónomas

Alumnado AACC que falta 18-19 COMUNIDADES imagen

El primer dato que nos interesa resaltar es que, a pesar de todos los esfuerzos previos, aún

Están sin identificar el 95,7% del alumnado con altas capacidades intelectuales

El segundo dato que llama la atención es el de la evolución de identificaciones a nivel estatal. Un paupérrimo 4,05% de incremento que rompe una dinámica previa sostenida desde el curso 2011-2012, primero en el que el Ministerio de Educación publica estas estadísticas en su web. Desde ese curso hasta el 2018-2019 los incrementos porcentuales han sido los siguientes (destacados en azul):

Evolucion porcentual 12-19

Este indicador ya debería ponernos en alerta y buscar las razones de este frenazo en el número de identificaciones. Teniendo en cuenta que los datos que aporta la Comunidad Valenciana son poco fiables -cambian de criterio y de cifras sin sentido ni explicación alguna-, podemos resumir esas razones en dos: i) el vergonzoso desplome murciano y ii) la preocupante caída andaluza. Casualidad o no, las dos comunidades con mayor porcentaje de identificados en España hasta el curso 2017-2018, han perdido en el camino mucho de lo andado. 

El desplome murciano era de esperar. El 29 de julio de 2018 ya lo advertí en una entrada titulada AACC. El retroceso murciano en la que analizaba la vergonzante actuación de la Consejería de Educación, con la subida indiscriminada de los percentiles exigidos en determinados perfiles de excepcionalidad y ocultando datos que no le convenían para dar la falsa sensación de que todo estaba bien allí en este aspecto. Pero este año ya no han podido ocultar más esos datos y aparecen nítidos:

La Región de Murcia ha sufrido un retroceso de 11,66% respecto a los datos aportados en el curso anterior.

Murcia-España

Pero si lo de Murcia se veía venir, lo de Andalucía me ha pillado con el paso cambiado. Algo por otro lado normal, teniendo en cuenta la desconexión absoluta que tengo con el mundillo asociativo andaluz desde hace mucho tiempo y la ausencia de transparencia que este tejido mantiene con la sociedad. Hace tiempo se comentaba en los corrillos que se estaban dando de baja en Séneca (el programa que, entre otras funciones, controla a este alumnado) muchos alumnos porque “ya no presentaban necesidades específicas de apoyo educativo”. Espero sinceramente que esa no sea la razón de esa bajada, porque sería de una gravedad sin precedentes en Andalucía y alguien debería explicar los verdaderos motivos de esta brusca desaceleración, porque

Andalucía ha sufrido un retroceso del 3,25%, cuando llevaba desde la publicación del Plan de Actuación con notables subidas siempre superiores al 19%.

Andalucia-España

Sinceramente, no espero ninguna explicación por parte de la Consejería de Educación ni de los supuestos representantes de las familias en nuestra comunidad, aunque me encantaría equivocarme.

Como se observa en esta gráfica comparativa, lo que pasa en Andalucía afecta mucho a lo que ocurre en España, ya que más del 39% de los alumnos identificados pertenecen a mi comunidad.

Datos para la esperanza

No quiero finalizar este somero análisis sin resaltar los datos positivos cosechados durante el curso 2018-2019. Especialmente la comunidad autónoma de las Islas Baleares, que sigue pujante gracias a la influencia de su Protocolo de identificación, tal y como se esperaba. En todo caso, el ejemplo andaluz y la bajada generalizada debe servirles de advertencia para no relajarse. Cuesta mucho avanzar y muy poco precipitarse en los abismos en este complejo mundillo.

Baleares ha aumentado un 18,82% de alumnado identificado durante 2018-2019.

Baleares-España

No puedo olvidar la constancia mostrada por la comunidad asturiana, que se mantiene año tras año a pesar de no contar con protocolos sistemáticos de identificación que les permitiera dar una subida en el ranking.

Asturias aumentó el 18,95% de alumnado identificado en 2018-2019 respecto al curso anterior.

Asturias-España

También destacaré otras comunidades que están por encima de la media nacional acumulada durante estos años, como se puede apreciar en esta gráfica.

Evolucion historica 11-19 comunidades

La Rioja y el País Vasco se mantienen, junto a Andalucía, como las comunidades que han logrado superar la media nacional acumulada desde que hay datos oficiales.

La Rioja aumentó en un 16,29% su alumnado identificado respecto al curso anterior.

La Rioja-España

Aunque apenas sean 407 alumnos los que están identificados, suponen un 0,74% y la coloca en cuarto lugar en el ranking nacional en porcentaje de identificación respecto al alumnado matriculado.

El País Vasco alcanzó una notable subida del 35,99% de alumnos identificados respecto a 2017-2018, lo que le ha permitido superar la media nacional acumulada.

Pais Vasco-España

Por último, podemos destacar también la notable subida del 40% de Navarra este curso, aunque sufre muchos picos en su evolución. Y el extrañísimo incremento del 41,21% de Aragón, donde persiste un conflicto entre la administración educativa y la asociación. Desconozco la fiabilidad de ese dato y por eso no entra en el análisis evolutivo de la gráfica previa.

Datos del alumnado 2018-2019 por Provincias

Finalizo la entrada con los datos comparativos de este último curso y el anterior en cada una de las provincias, para que cada uno pueda saber dónde está y hacer algo al respecto. O simplemente esperar acontecimientos. En esta gráfica destaca el primer puesto de Granada, a pesar de retroceder un 2,3% respecto al curso anterior, debido a la hecatombe de Murcia.

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El hartazgo con los opinadores en tiempos de pandemia

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Existe desde tiempos inmemoriales una corte de opinadores profesionales que hacen de la libertad de expresión una obligación en lugar de un derecho. Viven de eso y para eso. También existe un ingente número de opinadores aficionados que encuentran nichos perfectos donde poder explayarse: familia, amigos, bares y redes sociales. En ellos despliegan todo su arsenal con descaro, sin freno y, cómo no, sin dudas. Ahí suelen sentenciar sobre política, fútbol, religión, cotilleos, ciencia o lo que se tercie. Se les conoce como “cuñados” o, los más veteranos, como “maestros liendre, que de todo saben y de nada entienden”. Todos tenemos uno o varios en los círculos familiares, laborales o sociales donde nos movemos. Incluso podemos ser nosotros mismos sin saberlo ni reconocerlo.

El caso es que en situaciones normales los opinadores profesionales y aficionados pasan desapercibidos o se les puede ignorar con cierta facilidad. Esto es posible gracias al ritmo de vida que llevamos. Recibimos tantos estímulos externos que nuestro foco atencional está disperso. Las noticias se suceden a tanta velocidad que apenas nos da tiempo a leer titulares (frases, tuits o comentarios) y, desde ahí, crearnos opinión sobre casi cualquier cosa.

Esta dispersión de asuntos nos ha permitido sobrellevar ese zumbido durante mucho tiempo, pero desde que el Covid-19 se ha convertido en monotema las cosas han cambiado radicalmente. Nuestra atención se ha enfocado. Y claro, la consecuencia lógica de prestar atención preferente a un tema es la constatación de que han surgido de la nada multitud de futurólogos infalibles, expertos en pandemias y gestión de crisis. Los que antes eran seleccionadores nacionales, expertos economistas, eminencias en cambio climático o cualquier otro asunto que estuviera en boga ahora continúan dando lecciones al mundo sobre R0, EPIs, PCR, termocicladores, desescaladas, suministros sanitarios, confinamiento o estado de alarma sin pestañear.

La ingesta excesiva de opiniones sobre la pandemia y sobre cómo los políticos la están gestionando ha producido un hartazgo social notable que se ha manifestado con especial virulencia las dos últimas semanas, en cuanto la ciudadanía ha logrado ponerle nombre al fenómeno: efecto dunning-kruger. Esta imagen ilustrando el texto de Jennifer Delgado que había permanecido anónimo durante dos años y medio ha provocado estas dos semanas un tsunami virtual:

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El pasado 13 de abril detecté una anomalía en el correo electrónico. A última hora de la tarde llegaron un par en el que se me notificaban que dos personas seguían este blog. Teniendo en cuenta que llevaba mucho tiempo sin escribir sobre la temática principal de este espacio (las altas capacidades intelectuales) y que el nivel de visitas diario se había estancado en unas 200, ese pequeño cambio me hizo prestar atención a lo que tenía casi olvidado. Miré las estadísticas y confieso que me asusté: superaba las 20.000 vistas ese día, casi al 100% por esa entrada. Como no entendía nada de lo que estaba pasando lo compartí y alguien me enlazó al origen de esta viralización. El caso es que ese mismo día las visitas casi llegan a las 64.000 y el día 14 se multiplicó hasta sumar casi 274.000 visitas más, su pico más alto. Luego empezó a amainar, alcanzando las 600.000 visitas en una semana y 110.000 más en la segunda, algo completamente anómalo. Debido a toda esta sacudida el blog, que en tres años y medio de vida había acumulado con dificultades 350.000 visitas, se ha disparado hasta superar 1.100.000 en el día de hoy. Y aunque lo lógico sería pensar que este estallido es normal porque España es uno de los países más castigados por el coronavirus y los opinadores son legión, lo cierto es que ha sido una sacudida mucho más amplia, abarcando a casi todos los países hispanohablantes, entre los que destaca México, con más de 170.000 visitas.

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Cómo manejar el hartazgo

Esta situación de cansancio constante puede afectar a cualquiera y es importante replantearse algunas cosas para poder gestionar este exceso de opiniones sin fundamento que solo provocan más estrés (exceso de presente) o ansiedad (exceso de futuro) del que ya soportamos en el día a día por algo inédito en nuestras vidas y que la mayoría no sabemos cómo sobrellevar o qué nos deparará en el futuro.

Cada persona lo asimila como puede, así que lo que comente más abajo puede ser útil o no serlo. Es solo orientativo y basado en la experiencia propia. Tratar de lidiar con estos extras no es fácil. Aquí algunas herramientas:

1. El humor

Es importante no perder la alegría, incluso en los días más grises. Y resalto lo de alegría porque no es lo mismo que la felicidad. La felicidad depende de objetos (materiales o mentales) y alguien sin trabajo, sin compañía o sin perspectivas de futuro no puede sentirse en modo alguno feliz. Me refiero a algo más sencillo y natural, a esa tenue sensación de estar vivo que nos permite remontar cuando tenemos el agua al cuello. Buscar lo cómico de las situaciones más absurdas y compartir con otros esos momentos. Parece una tontería pero ayuda.

2. Pregúntate cómo

Cuando nos sentimos superados el pensamiento más recurrente es “no puedo”. Ese plomo mental nos puede arrastrar y es conveniente girar los pensamientos hacia el “cómo puedo hacer” para superar esta situación. Reinventarnos. Por ejemplo, muchos empresarios que se han visto de repente sin negocio han replanteado sus dinámicas y se están adaptando al nuevo escenario. No se enrocan en el “no puedo” porque ese bucle no es útil ni le va a dar consuelo para lo que se avecina.

3. Hábitos

La mente es muy puñetera y si está ociosa, mucho más. Por eso es clave adquirir o retomar hábitos de conducta que enfoquen la cabeza en el momento, en la acción. Todo el que hace deporte de modo rutinario conoce los beneficios mentales que conlleva esa desconexión diaria de los problemas que rumiamos en los contextos familiares, sociales o laborales. Así que muévete, escribe, lee o haz algo que te guste o te permita desconectar de tanto ruido.

4. Pequeños objetivos

Ahora no podemos hacer grandes cosas, afrontar retos de largo alcance que nos puedan motivar. Necesitamos plantearnos pequeños objetivos, más modestos y asequibles, para llevar mejor una situación que desconocemos cómo evolucionará.

5. Comparte

Es el momento de compartir. Ideas, anhelos, miedos o lo que te apetezca con otros. No aislarse (siempre que se pueda). Hoy en día es sencillo tener a alguien al otro lado aunque sea en la distancia, real o virtual. Somos humanos, seres sociales que no saben manejar la soledad no elegida. Necesitamos de los demás, aunque sea para discrepar sobre las opiniones que nos hartan.

6. Sé creativo

Esto no está al alcance de todo el mundo si lo traducimos por “creatividad artística”. Escribir, pintar, esculpir, hacer manualidades, etc está genial, pero la creatividad no se ciñe a esas expresiones. Es un modo diferente de estar en el mundo, con la mente más abierta y planteando dudas sobre las certezas que tengamos. La experiencia nos enseña que existe un océano de dudas donde podemos crear nuevas opciones y que las certezas son pequeñas islas en las que simplemente descansamos durante nuestra travesía.

7. Filtra información

No todo lo que lees o escuchas es cierto. Tampoco es incierto. El ruido mediático es ensordecedor y si no tenemos tiempo ni ganas de perseguir todos los datos lo más inteligente es exponernos lo mínimo posible. Escuchar a todas horas el mismo tema nos agota porque eso no va a cambiar nada, solo nos puede hacernos sentir impotentes o incompetentes. Es clave relativizar la información recibida. La crispación es un estado que no se puede sostener mucho tiempo si tienes algún aprecio hacia tu salud mental y física. Esta situación está enfatizando lo mejor y lo peor del ser humano. Y nos está poniendo a prueba.

8. No te rindas

Por último, y no menos importante, no te rindas. Cuando las piernas flaqueen, saca coraje de donde creas que no hay para continuar adelante. No dejes que te hunda la situación, tu vida y la de los tuyos merece un esfuerzo extra. En los peores momentos somos capaces de sacar fuerzas de donde no hay y cuando logramos salir a flote de nuevo nos sentimos aliviados y, como no, reforzados. Hemos aprendido que tenemos más poder del que pensábamos.

Covid-19. El sesgo de normalidad o por qué tardamos tanto en reaccionar a los desastres

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Vivimos tiempos de difícil digestión. Época que nos está poniendo a prueba como humanos, sin distinción de clases. Y en estos momentos, a pesar de todo, la letanía que más se escucha es “cuando esto acabe…”. Runrún que puede inspirar los mejores deseos para ese instante, con bellas palabras como las de José Miguel Redondo (Seles) en su artículo Cuando todo esto termine

Cuando todo esto termine volveremos a brindar, a saltar, a abrazarnos, a contarnos los chistes a la cara y secarnos las lágrimas con manos ajenas desprovistas de guantes. Cuando todo esto termine volveremos a besar otros labios, a correr sin rumbo, a contemplar las maravillas de la naturaleza. Cuando todo esto termine nos esperan horas de juegos, de terrazas en la calle, de sol y la brisa acariciando la piel, de música a deshoras y olor a lavanda. De acunar la mirada con las olas del mar y sumergirnos en el agua fresca sin medir las horas.

Cuando todo esto termine los sueños estarán más cerca. Y habremos aprendido de una experiencia que, de manera inevitable, nos acompañará para siempre.

Nunca se está preparado para vivir algo así. Pero…. ¡Ay cuando todo esto termine!

No podemos evitarlo. El pensamiento nos traslada a la mayoría a ese futuro en el que todo vuelva a la normalidad. Pero, ¿y si no lo que encontramos no se asemeja en nada a lo que entendemos por vida normal? ¿Cómo nos prepararemos para un escenario completamente desconocido? ¿Afrontaremos la realidad o seguiremos proyectando el lógico anhelo de normalidad?

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar, integrar y reaccionar ante los acontecimientos que rompen bruscamente nuestra amada normalidad?

 

El sesgo de normalidad

Laura Ruiz Mitjana describe este sesgo en su artículo Sesgo de la normalidad: qué es y cómo nos afecta: “El sesgo de la normalidad es un sesgo cognitivo que hace que creamos, irracionalmente, que nunca nos ocurrirá nada malo porque nunca nos ha ocurrido. Es decir, que todo siempre será “normal” y nada romperá con esa normalidad. Este sesgo se activa ante situaciones de emergencia o desastres, como veremos a continuación.

Básicamente, las personas con el sesgo de la normalidad manifiestan dificultades (o incluso la incapacidad) para reaccionar a situaciones que no han experimentado nunca antes (las cuales suelen ser traumáticas, peligrosas o de emergencia). Esto se produce porque subestiman la posibilidad de que tal desastre ocurra, y una vez ocurre, subestiman sus posibles efectos.

En otras palabras, sería esa tendencia a creer que todo funcionará como lo hace normalmente, es decir, con la normalidad cotidiana, sin imprevistos. Se estima que alrededor de un 70% de las personas presenta el sesgo de la normalidad en situaciones de emergencia o desastre.”

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“El sesgo de la normalidad puede aparecer en situaciones de emergencia o desastres; pongámonos en situación para entenderlo mejor: imaginemos que nunca hemos vivido nada demasiado traumático, o que no hemos estado nunca expuestos a una situación de emergencia.

¿Qué ocurrirá cuando nos encontramos con una de ellas y manifestemos el sesgo de normalidad? Que probablemente nos costará creer que se trate realmente de una emergencia, y la situación no nos parecerá “real”. Nuestro cerebro habrá activado este sesgo, a través del cuál analizará la situación novedosa y estresante como si no lo fuera realmente, y como si fuera algo normal.

Así, este sesgo puede resultar contraproducente en situaciones de emergencia, ya que si en una situación así, nuestra mente nos hace creer que la emergencia no es real (o que “no hay para tanto”), no pondremos en marcha los recursos necesarios para hacer frente a esta situación, no podremos ayudar y estaremos también en peligro.

En este sentido, pues, el sesgo de normalidad no es muy adaptativo que digamos, ni efectivo para la supervivencia.”

“Así, ante situaciones de emergencia (por ejemplo un incendio, una llamada de auxilio por parte de alguien, un atraco…), si nuestra mente activa el sesgo de la normalidad, subestimaremos esa situación, creyendo que no es tan grave, que no es real o que no conducirá a efectos perjudiciales.

Además, el sesgo de la normalidad impide que nos preparemos (tanto físicamente como mentalmente) ante la posibilidad de sufrir una catástrofe.

Otra de las consecuencias del sesgo de la normalidad, como ya mencionábamos, es la incapacidad para afrontar la situación de forma adaptativa, lo que hace que no pongamos en marcha los recursos necesarios para afrontarla; que no nos movilicemos, no pidamos ayuda, no socorramos, etc.

A través de este sesgo, nuestra mente, inconscientemente, nos está enviando el siguiente mensaje: “si nunca antes ha ocurrido un desastre aquí, ahora no tiene por qué ocurrir”.

Por otro lado, las personas con este sesgo, ante la situación novedosa y/o de peligro, interpretan las señales de aviso que indican tal peligro, de una forma totalmente optimista, restándoles importancia y además, aprovechando cualquier ambigüedad del contexto para entender que la situación “no es tan grave como parece”.

Esto es un error y puede ponernos en peligro; recordemos que los sesgos suelen conllevar un procesamiento inadecuado, inefectivo o irracional de la información, y que acaban originando en nosotros/as juicios o creencias desviadas, erróneas o disfuncionales. Es lo que ocurre también, pues, con el sesgo de la normalidad.”

Este sesgo, además, nos impide tomar en consideración cualquier mensaje que contenga alguna distorsión del campo de la realidad “normal” que se espera tener cuando esto finalice.

Cómo se combate este sesgo

A nivel interno, tomando conciencia realmente de la situación con la que estamos lidiando y con cualquier posible escenario futuro que pueda romper nuestros esquemas mentales previos, aunque resulte doloroso.

A nivel externo, la respuesta puede estructurarse en cuatro fases:

  1. Preparación
  2. Advertencia
  3. Impacto
  4. Consecuencias

Lo primero que podemos hacer es prepararnos para afrontar la situación presente o futura del modo más realista posible. Sin caer en alarmismos o su opuesto, el pasotismo.

Una vez asumida la realidad, recopilar la información objetiva que nos permita seguir el curso de los acontecimientos. Un milagro en los tiempos de bulos y desinformación que sufrimos, pero hay que intentarlo con todas nuestras fuerzas.

Posteriormente nos ponemos manos a la obra, a nivel individual o colectivo. Dejamos atrás las palabras y nos ponemos en marcha, toca hacer más y hablar menos. Los desastres no se palian solos, con rezos, anhelos heróicos o cualquier otro escape irreal que proyectemos en nuestra mente.

Para finalizar, se actúa sobre los efectos de la catástrofe, tratando de recuperar parte de lo perdido. Y replantearse los nuevos escenarios, aprendiendo de la experiencia por si ocurre después algo similar.

La dificultad de anticipar desastres sin información precisa

Ayer hablábamos con nuestros amigos Sara y César. Cómo no, surgió este tema y les recordé cómo ellos sí habían previsto este escenario, mientras nosotros no lo hicimos (caímos en ese sesgo, como la mayoría). Habíamos quedado el día 1 de marzo y ellos, con buen criterio, lo aplazaron. Sinceramente, en ese momento pensamos que exageraban un poco la situación. Pero no era así, se habían informado de fuentes solventes durante semanas y habían decidido confinarse un mes antes de que se decretara el estado de alarma.

Y el caso es que recuerdo haber leído este titular del El Mundo el  día 12 de febrero, un mes antes del decreto, y pensado que algo raro estaba pasando para que se cancelara, pero fue algo fugaz, sin solidez: El Mobile World Congress de Barcelona, cancelado por el coronavirus.  Ahí ya se vislumbraban cosas: “Desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha elevado el tono en las últimas horas, al describir el coronavirus como “una amenaza muy grave” “el enemigo público número 1 de la Humanidad“.”

A pesar de ello, confiamos más en lo que se iba publicando oficialmente que en la intuición o en quienes se habían informado con mayor profundidad. No pasa nada, caímos como la inmensa mayoría en ese sesgo. Por suerte, una vez dentro de la sacudida, nuestras experiencias previas de roturas completas de esquemas mentales nos están sirviendo de ayuda. Las dificultades vividas y superadas suelen ser buenas herramientas de gestión emocional aunque la situación actual no tenga parangón alguno con lo previo, más allá de la abstracta “pérdida” que supone y supondrá. Algo para lo que hay que prepararse más pronto que tarde. Las medidas que se están poniendo en marcha contienen información subliminal contradictoria. Por un lado, se nos dice que esto es temporal y pronto se volverá a la normalidad; por otro lado, las insinuaciones nos hablan de que el tiempo se dilatará ostensiblemente y las estructuras que creíamos fijas están en fase de resquebrajo, empezando por la economía, las relaciones sociales, las comunicaciones y todos los entornos “normales” que conocemos. Por eso ahora toca tomar conciencia y prepararse para lo que viene, aunque la poesía nos ayude a endulzar la espera. Afortunadamente, la inmensa mayoría de la población ha disipado el sesgo de normalidad en el presente, cumpliendo a rajatabla con las medidas de confinamiento. Queda por tanto trabajar ese sesgo de cara al futuro. Esto supondrá un reto quizás mayor y mostrará las hechuras de nuestra conciencia, tanto a nivel individual como colectivo.

Para finalizar, el profesor Sergio A. Henao del Grupo de Normas, Conducta, Cognición y Cambio Social del programa de Filosofía de la Universidad el Bosque nos lo explica en este vídeo, invitando a generar conciencia sobre el Covid-19

Covid-19. La pandemia de la radicalidad

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Un enemigo invisible amenaza, sin distinciones, nuestra salud y nuestra economía. La mayoría lo tiene claro, solo unos pocos no lo tienen y ahí los vemos, saltándose a la torera todas las directrices. Porque yo lo valgo.

Una de las frases que mejor resumen el narcisismo es “a mí nadie me dice lo que tengo que hacer”. Ni siquiera tu propio sentido común, si no lo tienes atrofiado.

Sin embargo, otro enemigo invisible amenaza nuestro pensamiento y, en consecuencia, nuestras opiniones: la radicalidad, en su sentido de extremismo e intransigencia. El blanco o el negro. El conmigo o contra mí. El bueno o el malo. El listo o el tonto. El experto o el inútil. El salvador o el asesino.

La radicalidad es un virus que se contagia rápidamente en momentos de zozobra, cuando las dudas silencian las opiniones de la mayoría. El campo de la incertidumbre es el terreno abonado para este tipo de contagio. Además, tiene la ventaja de que se siembra una pequeña semilla y simplemente hay que esperar a que dé sus frutos.

Hemos cumplido un mes de confinamiento y la evolución de la pandemia de la radicalidad es muy similar a la del coronavirus. Con la diferencia de que nadie ha decretado un confinamiento mental para protegerse de la misma. Campa a sus anchas, contaminando todo a su paso, creando un caldo de cultivo apropiado para que estalle en cualquier momento.

Cada día se nota con mayor nitidez sus síntomas, especialmente en las redes sociales. Los elementos más radicales están consiguiendo que más personas utilicen los mismos adjetivos calificativos hacia “los que están contra mi -idea-.

Así, si defiendes la gestión del gobierno, tanto si lo haces de manera general o alguna en concreto, eres un “comunista asesino”. Pero es que si te da por criticar, general o específicamente, la labor del gobierno, eres tildado de “facha hijodeputa”. Sin términos medios. Sin paños calientes. Sin sesera.

¿Por qué picamos una y otra vez en el mismo anzuelo? ¿Por qué nos dejamos vencer y convencer por estos elementos que no conciben los matices, el diálogo, el consenso, la relativización, la comparación con otras situaciones, la excepcionalidad del momento? ¿Por qué permitimos que esta pandemia avance sin freno mientras millones de personas intentan hacer algo por minimizar los efectos de la pandemia real, la que afecta a nuestras vidas y nuestros sustentos? ¿Por qué no nos damos cuenta de que así no vamos a poder superar el reto que se nos ha venido encima a todos? ¿Por qué, por una vez y sin que sirva de precedente, no estamos a la altura de las circunstancias? ¿Por qué no utilizamos la cabeza para pensar en lugar de para embestirnos?

La inmensa mayoría no queremos sufrir un doble contagio y tratamos de confinarnos en cuerpo y mente para poder afrontar lo que se avecina. Pero como la dictadura de la radicalidad no nos permite expresar nuestra opinión bajo amenaza del improperio gratuito, preferimos callarnos y aguantar. Sinceramente, pienso que es un error. Hay que hablar más, manifestar nuestra disconformidad con el triunfo del puto ombliguismo del “estás conmigo o estás contra mí”. ¡Basta ya de tanta gilipollez!

Que sí, que hay muchas acciones criticables, que se cometen innumerables errores, que se improvisa constantemente y que esto es un desastre para el que no estamos preparados. Pero de ahí a convertir todo esto en otra puta guerra civil entre bandos irreconciliables media un abismo. El que hay entre la sufrida sensatez y la colérica memez. El que hay entre buscar sin descanso (y esto es importante, CONS-TAN-TE-MEN-TE) soluciones y buscar culpables. En ese abismo hay lugar para criticar honestamente y sin saña lo que se está haciendo, lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho. Como hay espacio para defender lo que se está intentando hacer con los medios y las manos disponibles.