Altas Capacidades. Tolerancia a la frustración

TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN: EL HUEQUITO QUE QUEDA

Recuerdo que, siendo yo adolescente, mis padres, mi hermana, unos amigos de la familia y yo visitamos Castilla y León. Nos recomendaron acudir a un pueblecito en cuyas afueras perduraban los vestigios de un castillo medieval. Aquellas “afueras” resultaron ser unas indicaciones poco precisas que, durante más tiempo del que nos hubiera gustado, nos trajeron de cabeza.

Con el empeño, que no la paciencia, de solo alguno de los integrantes de nuestra expedición, encontramos el castillo, que nos tenía preparada una prueba más: se encontraba cerrado al público pero, según unos lugareños, existía una entrada bajo una de las verjas. “Un poco estrecha”, indicaron entre risas. Los adultos del grupo tuvieron que sudar la gota gorda para atravesar aquel umbral, hasta el punto de quedarse atascados en plena incursión.

¿Y qué tiene que ver esta anécdota con la frustración? De momento vamos a aparcarla, porque me gustaría explicaros antes en qué consiste esta emoción tan natural y frecuente. La frustración es una respuesta emocional primaria que combina la tristeza, el enfado y la decepción, muy aversiva, como podéis imaginar. Nos pone de mal humor, mostrándonos irascibles, huraños o, a la larga, apáticos. Aparece cuando uno de nuestros deseos no es satisfecho, dicho a grandes rasgos. Esto puede pasar cuando iniciamos un proyecto y no sale como esperábamos, cuando la recompensa tarda en llegar, cuando la realidad es diferente a la idea que teníamos sobre ella o, también, cuando los demás esperan algo de nosotros y no respondemos como ellos querrían. Es una reacción muy normal y que compartimos todos los mortales.

De los ejemplos anteriores podemos deducir una serie de variables que influyen en la aparición y la tolerancia (o el aguante) de la frustración: la motivación, las expectativas (propias y ajenas), la satisfacción y la capacidad o habilidades personales, tanto aquellas que tienen que ver con la tarea como en la gestión de nuestras emociones. Podemos imaginar fácilmente que si algo nos motiva, nuestras expectativas son realistas, nos encanta y somos diestros en la tarea, será más difícil que aparezca la frustración o, de aparecer, seremos más tolerantes a ella. Pero ¿y cuando sucede lo contrario?

Entonces hablaremos de baja (o ausente) tolerancia a la frustración, que aparece cuando no tenemos la capacidad de enfrentarnos a aquello que nos frustra, lo que nos puede llegar a bloquear, hacer abandonar la tarea y que nos sintamos incapaces de lidiar con las dificultades. Además,  experimentamos estrés, incapacidad de alcanzar nuestras metas, culpabilidad, proyectar la responsabilidad en otros, etc. También cambia nuestra forma de percibir el mundo: los obstáculos se consideran insalvables, la atención se centra solo en los aspectos negativos y aparece la  generalización, un sesgo que viene a ser como un “contagio” en el que situaciones no tan frustrantes se exageran y se “meten en el mismo saco”. Y sobre nuestra forma de comportarnos, nos hace más dependientes de recompensas inmediatas (resultados, aprobación, excitación…), exigentes, con dificultad para controlar los impulsos y con tendencia a la evitación (de la situación, del sufrimiento que causa y del dolor inherente). Y, si seguimos estirando el chicle, puede afectar a las relaciones sociales, productivas y, a la larga, a la personalidad, minando la autoestima, el autoconcepto y otras distorsiones narcicistas o histriónicas. La baja tolerancia a la frustración puede empezar a intuirse en la primera infancia, por el temperamento que pudiera mostrar el niño, o en los modelos educativos, sobre todo en los aspectos centrados en el afrontamiento de dificultades que, a modo de ejemplo, transmitan los padres. ¡Ojo con esto! Que es más influyente de lo que parece.

¿Bien hasta aquí? Pues vamos a afinar un poco más para explicar este fenómeno en las Altas Capacidades Intelectuales, partiendo de esas variables de las que hablábamos unas líneas más arriba. Y tranquilos, que no me he olvidado de las afueras de nuestro pueblecito castellano ni del estrecho paso bajo la verja.

En primer lugar, contamos con la motivación. Partimos de que, en las AA.CC.II., la motivación hacia el aprendizaje es elevada, siempre y cuando el tema sea de interés y si la forma de plantear ese acceso al aprendizaje también lo es. Pensemos, por ejemplo, en el colegio y el instituto, seguro que se os ocurren muchos ejemplos. Pero nuestro colectivo precisa más que el resto de los mortales de esta motivación para responder a su entorno. O sea, partimos de una predisposición a motivarse mucho, pero si no funciona a altos niveles de motivación, es fácil que aparezca la frustración.

En segundo lugar, pensemos en las expectativas, es decir, en “la película que nos montamos” sobre lo que va a suceder. En mi trayectoria profesional me he encontrado con muchos niños y adolescentes que cuando conectan con una idea, cuando su cabecita se pone a funcionar, llegan muy lejos. Me acuerdo especialmente de uno que había ideado una máquina de movimiento perpetuo y estaba convencido de que podría crearla con apenas unos imanes. El proceso que siguió fue bien “simple”: su motivación (convertida en curiosidad) le llevó a entrar en un enlace, ésta creció a medida que iba leyéndolo, pronto empezó a saltar de enlace en enlace y, aunque muchos de ellos explicaran las limitaciones de su idea, filtró las que más llamaban su atención, llegó tan lejos que en su cabeza ya solo cabían las aplicaciones y ventajas de su invento. Pero claro, se saltó muchos pasos intermedios. Estos son los riesgos de las expectativas “por exceso”, pero también pueden obstaculizar “por defecto” cuando, ya sea por falta de experiencia o por exceso de la misma, esperan tan poco de la realidad, o esta tiene tantos pormenores, que no solo no surge la motivación, sino que no esperan obtener ningún tipo de satisfacción, nuestra siguiente variable.

Pero, antes de eso, citemos también las expectativas ajenas. Seguro que esta os suena, tanto entre el profesorado como entre padres y madres: “Con lo listo que es, tendría que sacar más nota”, “si tiene Altas Capacidades, que las demuestre”, “pues para ser superdotado ha hecho un examen mediocre”. Esto se debe a confundir la alta capacidad con el alto rendimiento, entre otras cosas. O a no saber mucho de AA.CC.II. Nuestros hijos pueden no rendir por falta de motivación, por falta de correlación entre la materia de estudio y su futuro, por la forma de recibir docencia o porque su perfil de AA.CC.II. no concuerde con lo que estamos demandado de él. Os sorprendería saber no sólo la cantidad de profesores que no conocen el perfil de su alumnado, sino de padres, que ni se han leído el informe de su hijo.

Ahora sí, hablemos de la satisfacción. En el párrafo anterior hemos visto varias fuentes de la misma: la correlación entre lo estudiado y lo aplicable, con su futuro y preferencias, el estilo de docencia… Pero cuando hablamos de satisfacción también debemos tener en cuenta la rapidez con la que aparece la recompensa. A veces, el simple aprendizaje es fuente inmediata de satisfacción, otras el compartir con unos oídos atentos lo aprendido, pero esto no siempre es así. Y en las AA.CC.II., más aún. Necesitan una respuesta rápida o, traduciéndolo a lo académico, que su nivel de satisfacción sea directamente proporcional a la estimulación. Dicho de una manera más metafórica, que el tren tenga suficiente carbón para ir subiendo la velocidad. Si la satisfacción se retrasa, hay un gran riesgo de desconexión.

Y, como última variable, la capacidad o la destreza en la tarea. Aunque sabemos que el alumnado de AA.CC.II. tiene preferencia por las tareas que impliquen una transformación de la realidad, contamos con varias limitaciones que suelen aparecer con regularidad: la disincronía psicomotriz, por ejemplo, que se traduce en un pobre desarrollo de la escritura o en algunas tareas de precisión. Por otra parte, la repetición de tareas de forma mecánica afecta a las anteriores variables y, por ende, a la destreza, que se empobrece, se pierde cuidado y se obtienen peores resultados. Y también hablamos de las capacidades de autorregulación emocional, en las que no solemos ser formados y, en este colectivo, son especialmente importantes.

¿En qué momentos puede aparecer, entonces, la frustración en las AA.CC.II.? Podríamos rellenar líneas y líneas al respecto, pero vamos a intentar condensarlos en dos ideas aparentemente antitéticas: cuando la tarea se presume como demasiado difícil o exigente, tanto que genera estrés, o cuando es tan anodina y poco estimulante que aparece el aburrimiento. Ha llegado el momento, ahora sí, de conectar con nuestra anécdota inicial.

Cuando nos dijeron que el castillo se encontraba “en las afueras”, sin más explicación, podemos ilustrar una situación estresante, muy poca información, un alto nivel de exigencia, mucha dependencia del esfuerzo individual y más posibilidades de fallar que de acertar. Esta sería la situación estresante. Y en el otro polo, un hueco muy pequeñito en la verja, una forma exacta e inequívoca de atravesarla, sin lugar a la creatividad ni a los estilos personales de afrontamiento: es así o no hay más ¡El aburrimiento!

La mayor parte de los mortales nos movemos en ese margen que queda entre el vasto campo y el estrecho hueco. Pero con las AA.CC.II., esta distancia es mucho menor, es decir, lo difícil puede verse como mucho más exigente de lo que es y lo fácil se considera aburrido mucho antes.

Vale, ya sabemos lo que es la frustración, la baja tolerancia a la misma y la hemos trasladado al caso de nuestro colectivo, pero ¿qué hacemos con ella? ¿Cómo podemos regularla? Vamos a intentar aportar un poco de luz. Primero, nos centraremos en los “sufridores”:

  • Lo primero es identificar las situaciones que provocan frustración e indagar lo más posible sobre las causas de la misma, así como el porqué nos causa tanto sufrimiento. Las listas, visual thinking, post-it anónimos… son buenas ideas para empezar.
  • Establecer metas realistas, para ello, tendremos que considerar el tiempo del que disponemos, recursos, riesgos e información que contradiga “nuestra película inicial”. Es importante, en este caso, hablar de la diferencia entre éxito y ambición. Es fundamental, nuevamente con menores de edad, que verbalicen sus metas para que los adultos podamos ayudarles a regular.
  • En la misma línea, es fundamental establecer metas intermedias. Al principio, es recomendable que, cuando la estemos trabajando en menores de edad, ya sea como profesorado o como padres, realicemos un acompañamiento más cercano y constante, una serie de “check-point” que nos hagan avanzar paso a paso y nos tengan más cerca de la realidad.
  • También es fundamental considerar un “plan B”, o C, o D… ante dificultades que puedan aparecer. Y anticiparlas, es decir, que estas alternativas formen parte de la planificación, que no aparezcan por sorpresa, porque, durante la experimentación de la frustración, no estamos muy lúcidos que digamos, así que es mejor ir con las opciones aprendidas antes de comenzar. Los árboles de decisiones pueden ser útiles.
  • En esta misma línea, evitar los “haz lo que te dé la gana” o “sé creativo” sin dar ninguna pauta o límite. En esta situación, corremos el riesgo del miedo al folio en blanco o, por ajustarnos más a nuestro colectivo, miedo a “mirar al universo”, por las infinitas opciones que aparecen. Hablo un poco del tema en este otro artículo.
  • Abordar un reaprendizaje sobre el concepto de fracaso, para concebirlo como una oportunidad para aprender de nuestros errores y que eso nos acerque más a nuestra meta. Muchas veces, para ilustrar este concepto, empiezo pidiéndole a mi alumnado que hagan algo “abiertamente malo”, para que vean que, incluso en esa situación, podemos obtener aprendizajes.
  • Exponer a situaciones ligeramente estresantes, habiendo realizado algún ensayo en un entorno controlado, para anticipar posibles respuestas ante la misma. Poco a poco, se irá subiendo el nivel de intensidad.
  • Adquirir habilidades paralelas, como al gestión del enfado o habilidades sociales, pero también otras destrezas más académicas.
  • Favorecer la autorreflexión tras las experiencias.
  • Transmitir que la maduración cambia esta realidad.

Y ahora, en los adultos que queremos regular a nuestros hijos o alumnado:

  • Actuar con coherencia, como modelos educativos que somos. Debemos insistir en nuestras metas, aprender de nuestros errores y no perder los nervios ante las adversidades. Si nosotros no lo hacemos ¿por qué lo harían los menores a nuestro cargo?
  • Guiar nuestra conducta con valores como el esfuerzo, la constancia, de forma que las cosas no caen del cielo. Nuevamente, el ejemplo actúa más que mil sermones.
  • Es fundamental establecer unos límites claros, fijar las consecuencias si no se cumplen y ser firmes en su aplicación. ¿Suena difícil? Ya, eso es otro tema a parte…
  • No ceder a las pataletas, porque, como sabemos, éstas nos pueden acompañar hasta la etapa adulta y más allá ¿No lo sabías? Sí, sí, ahí persiste, solo que se vuelven más sutiles y elegantes. Estas pataletas son, prácticamente, una respuesta aprendida que aparece de forma automática, con lo cual no hay que considerarlas como ataques personales o darles una importancia mayúscula. Es una lucha por evitar un esfuerzo, ni más ni menos.
  • Darnos cuenta que lo que es importante para nosotros no tiene por qué ser importante para nuestro menor. Sé empático, ponte en su lugar y relativiza tu postura. En más veces de las que podríais creeros, la principal fuente de frustración son los adultos y sus elevadísimas exigencias.

            En resumen, un mapa vendría muy bien para llegar a ese hipotético castillo y una pala nos podría haber ayudado a crear un hueco más grande. También podríamos haber esperado a un día en el que estuviera abierto al público… o irnos a otro castillo. O a un parque de atracciones, no todo va a ser Historia.



Foto perfil

Diego Tomé Merchán

Licenciado en Psicología. Formación a través del Título Propio sobre Altas Capacidades Intelectuales de la UMA.

Experiencia profesional:

2007-Actualmente: Diseño y ponencia de talleres, programas, conferencias y seminarios sobre “Altas Capacidades Intelectuales” y otros contenidos para alumnado de Educación y Psicología, profesorado de primaria, secundaria y universitaria en organismos como: CEPs, UMA, FGUMA, CESUR, CEIPs, IESs, asociaciones como ACM, etc.

2010-2011: Psicólogo, en Centro Psicopedagógico AS, especializado en identificación e intervención de Altas Capacidades Intelectuales.

2012-2015: Asesor psicopedagógico en programas educativos, como en talleres de Educación Tecnológica para niños con Altas Capacidades Intelectuales, programa de Cohesión Social con Medio Ambiente.

2012-Actualmente: Miembro del Equipo Técnico y Gestor del programa GuíaME-AC-UMA: Mentorías Universitarias para Altas Capacidades Intelectuales.

¿Una idea loca? REDACI: Red de adultos con altas capacidades

EDICIÓN DEL 12 DE ENERO DE 2021

Siempre hay espacio para ideas locas como esta. Aunque sea casi impensable hacerlas realidad. A pesar de los argumentos en contra.

Algunos dirán: “Existe Mensa”. Sí, existe, pero Mensa es un club social. Tiene su propia idiosincracia y nada le hará cambiar ese camino. La idea loca no es replicar Mensa.

Otros argumentarán: “Hay o ha habido asociaciones de adultos”. Sí, es cierto, pero no están visibilizadas. Apenas hay noticias de que tengan actividad, probablemente sea esa su finalidad. No lo sé. La idea loca no es replicar una asociación de adultos con altas capacidades.

También se podrá argüir la presencia de algunos grupos de apoyo sostenidos o animados por profesionales. Y es verdad. Pero probablemente su función no se parezca en nada a lo que voy a plantear. No lo sé con certeza, tampoco son grupos visibilizados. La idea loca no es replicar los grupos coordinados, animados o dirigidos por profesionales.

LA IDEA LOCA. UTOPÍA PERSONAL

(En esta edición de la entrada quiero destacar por encima de todo que la descripción que viene después de este paréntesis es simplemente una utopía personal. ¿Qué significa esto? Simple y llanamente que esa primera exposición fue un producto mental teórico, casi imposible de llevar a cabo a día de hoy, aunque suficientemente potente para invitarnos a andar por ese camino, juntos, hasta donde nos lleve. De hecho, Redaci está evolucionando a su propio ritmo, sin seguir a pies juntillas el esquema que presenté el 25 de noviembre de 2020)

Consiste en una iniciativa estructurada por fases en las que se pueda consolidar una Red de personas con altas capacidades -superdotación o talento- que puedan tener voz propia y presencia social.

He oído infinidad de veces la coletilla de que “hablan de nosotros pero sin nosotros” y tiene cierta dosis de realismo. Muy pocos adultos con altas capacidades hemos salido del armario en su totalidad para mostrar a la sociedad lo que este fenómeno es sin las distorsiones producidas por la abrumadora presencia de mitos y estereotipos que arrastra el colectivo desde tiempos inmemoriales. También sin las autodistorsiones que ayudan a anclarlos en el imaginario popular.

Es muy difícil hablar con naturalidad de este asunto sin pensar en todo lo que implica a nivel social o, más modestamente, a nivel de nuestro entorno emocional más cercano (familia y amigos). Lo sé. Soy plenamente consciente de esta y de otras barreras más o menos invisibles que impiden a muchos adultos dar un paso adelante.

Pero creo también que es necesario hacerlo. Gradualmente. Sin prisas pero sin pausa. Con normalidad, habiendo integrado este asunto y sin prestarle la excesiva importancia que a veces se le da. Una idea loca, sin lugar a dudas.

PARA HACERLA POSIBLE

Es necesario iniciar un proceso. Y hoy, mientras charlaba con una amiga virtual que me comentaba que en su consulta cada día llegan más jóvenes y adultos recién identificados que están muy perdidos, se me ocurría un esbozo de fases que podrían hacerse realidad, mejorándose poco a poco con el trabajo colectivo, en cierto tiempo.

En una

PRIMERA FASE

Sería interesante crear una RED DE CONTACTO entre adultos con altas capacidades que quisieran vivir esta experiencia piloto. Cómo estructurarla sería trabajo del propio grupo, aunque hoy día hay mecanismos virtuales efectivos para hacerla realidad sin ninguna dificultad.

Esta primera fase serviría de calentamiento. Para conocernos, hablar, contar esas cosas que nos inquietan y que muchas veces por pudor o por creer que nadie nos comprenderá, guardamos muy dentro, con todo lo que eso implica.

Tras ese periodo de acercamiento mutuo donde se generarían las sinergias necesarias para avanzar, se procedería a pasar a la

SEGUNDA FASE

Donde se podrían crear una o varias REDES DE APOYO entre adultos. Aquí ya la función cambia. No basta con compartir experiencias o conocimientos sino que se pasa a la labor de reforzar lazos personales que permitan construir redes fuertes que nos empujen hacia la

TERCERA FASE

Cuando todo está bien anclado, será más sencillo crear una RED DE EMPODERAMIENTO en la que los miembros no se conforman con dar y recibir dentro de la red sino que pasan a la acción social. A mostrarse con naturalidad al mundo. A tratar de desmontar con vivencias propias esos mitos y estereotipos que tanto lastran el conocimiento realista de este colectivo. A dar apoyo a los que vienen por detrás. A posibilitar colaboraciones con entidades o personas que trabajen con este colectivo. En definitiva, a aportar valor social a esta loca idea.

CÓMO COMENZAR

Todo camino empieza con un primer paso. Desde el más corto al más largo. Así que en este caso propongo uno muy sencillo. Escribir un email a incansableaspersor@gmail.com

TEMA: RED DE ADULTOS

En él te presentas si no te conozco. Me cuentas un poco de lo que desees transmitir (p.e. donde vives, cómo y cuando te identificaron -si lo hicieron-, qué expectativas tienes, si conoces a más personas que podrían unirse, etc). Aportas alguna idea que pueda mejorar esta locura.

Si hay suerte y reunimos a varias personas de aquí a unas semanas, damos inicio al proyecto. Hasta donde llegue. Cuando se abren caminos es difícil establecer metas concretas, pero eso hace más interesante la aventura, al no existir expectativas previas que la condicionen.

Esto va en serio, así que solo pido una cosa. Si vas a participar, asume una condición inicial: el respeto. La idea no es figurar ni posturear, ni competir, ni buscar notoriedad. Es lo opuesto a eso. Por eso es una idea loca en un mundo como el actual, muy dado a la representación y poco a la prestación.

Si no sale nada, al menos no se dirá que no se ha intentado.

Fracasar es no intentarlo.

________________________________________________________________________________________________

NACIMIENTO DE REDACI

En el día de ayer, 26 de noviembre de 2020, nació oficialmente REDACI, la red de adultos con altas capacidades. Se unieron a lo largo del día 13 personas a un servidor de la aplicación Discord.

A partir de ahora es toda una aventura su futuro. Dependerá de lo que decidan las personas que participen en ella. Puede tener la trayectoria que imaginé hace dos días o devenir en otra cosa diferente. Es lo bueno de tener libertad de acción.

El pensamiento rumiante en las altas capacidades

Hace un tiempo leí un artículo donde enlazaban con un modesto estudio que sugería cierta relación entre la mente rumiante y la alta inteligencia. En concreto: Existe eso sí, un riesgo y una predisposición a la preocupación excesiva, a la auto-crítica y percibir la realidad de un modo muy sesgado, tendente a la negatividad. Estudios como el llevado a cabo por Alexander Penney, de la Universidad de Lakhead, Canadá, nos señalan que las personas inteligentes se caracterizan sobre todo por tener una “mente rumiante”.

En realidad, el título del artículo comienza con una pregunta, no con una afirmación: Is the worrying and ruminating mind a more intelligent mind? (¿La mente preocupada y rumiante es una mente más inteligente?). Y en su interior se matiza la relación: El presente estudio examinó las relaciones entre la inteligencia verbal y no verbal y los síntomas y cogniciones de los trastornos emocionales. Aunque solo se encontraron pequeñas correlaciones positivas entre la inteligencia verbal y los síntomas del TAG y la depresión, surgieron asociaciones positivas entre la inteligencia verbal y la preocupación y la rumia y una asociación negativa entre la inteligencia no verbal y el procesamiento posterior al evento. Se necesitan estudios futuros para proporcionar una explicación e interpretación exhaustivas de las relaciones entre estos procesos cognitivos y la inteligencia. Sin embargo, estos resultados preliminares indican que una mente preocupada y rumiante es una mente más inteligente verbalmente; una mente socialmente reflexiva, sin embargo, podría ser menos capaz de procesar información no verbal. Con palabras sencillas: la mente rumiante se relaciona bastante con una mayor inteligencia verbal y muy poco con la inteligencia no verbal.

Inteligencia verbal
La Inteligencia verbal o lingüística hace referencia a la capacidad de usar las palabras de manera efectiva, en forma oral o escrita. Incluye la habilidad en el uso de la sintaxis, la fonética, la semántica y los usos pragmáticos del lenguaje (la retórica, la mnemónica, la explicación y el metalenguaje). Un alto nivel de esta inteligencia se ve en escritores, poetas, periodistas, oradores, entre otros. Según Reynolds y Kamphaus, es concebida como el razonamiento verbal y refleja principalmente las funciones intelectuales cristalizadas (León, Amaya y Orozco, 2012) dado que el individuo tiene la capacidad de usar las palabras y los conceptos verbales de manera apropiada (Ardila, 2011). Méndez Coca, en consonancia con lo anterior, también afirma que su campo se extiende desde la semántica, la fonología y la sintaxis hasta el habla poética, lírica, etc. […] Este tipo de inteligencia representa el elemento más importante para comunicarse con el prójimo, no todas las personas utilizan plenamente este potencial, por carecer de habilidad para manejar un vocabulario rico en contenidos.

Inteligencia no verbal
Enmarcada dentro de la inteligencia fluida, se define por el uso intencionado de diversas operaciones mentales en la resolución de problemas nuevos, incluye la formación de conceptos e inferencias, clasificación, generación y evaluación de hipótesis, identificación de relaciones, comprensión de implicaciones, extrapolación y transformación de información.

Cattel y Horn decían que La inteligencia fluida se refiere a la eficiencia mental, esencialmente no verbal y con relativa independencia de la cultura, mientras que la inteligencia cristalizada está relacionada con las habilidades y el conocimiento adquiridos, cuyo desarrollo depende
de gran medida de la exposición a la cultura.

Si analizamos un ejemplo concreto lo veremos con más claridad. La nueva versión de la batería de pruebas de inteligencia para niños y jóvenes, la WISC-V, contiene cinco índices primarios: Comprensión verbal, Visoespacial, Razonamiento fluido, Memoria de trabajo y Velocidad de Procesamiento. Derivado de su aplicación y correcta interpretación se extrae una noción de “mayor inteligencia” bastante más completa de la que se podría deducir de alguien con una elevada inteligencia verbal a secas.

En resumen, que el pensamiento rumiante no se puede asociar directa y completamente a las altas capacidades intelectuales en toda su complejidad.

No obstante, y como se puede dar con relativa frecuencia, intensidad y duración (clave FID) en bastantes personas dentro del colectivo creo que es importante acercarnos un poco más a este constructo de la mente rumiante.

PENSAMIENTOS RUMIANTES

Según el psiquiatra Christophe André: “Rumiar es centrarse, de manera repetida, circular y estéril en las causas, los significados y las consecuencias de nuestros problemas, nuestra situación y nuestro estado de ánimo.

Al rumiar creemos que estamos reflexionando pero, en realidad, no hacemos más que enredarnos y hundirnos. Rumiar amplifica los problemas y el sufrimiento y reduce el espacio mental que debe ocupar el resto de la vida (en especial para lo bueno y los instantes felices).

Y, sobre todo, pone en marcha reflejos y hábitos negativos, puesto que frente a las dificultades, les damos vueltas sin parar, en lugar de resolverlas (aunque sea con imperfecciones) o tolerarlas, siguiendo a pesar de todo con nuestra vida

Quotes about Scenarios (106 quotes)

Este patrón mental se asemeja mucho a lo que describí hace años en la entrada de la Madeja mental y que se representaba gráficamente con estas dos imágenes:

mente-desmadejada
16730684_10210496673830326_6962295771499892916_n

¿Qué ocurre cuando no controlamos el tráfico de pensamientos recurrentes sobre las mismas cosas? Pues que nuestro nivel de obsesión por solucionar el problema interno que nos genera aumenta sustancialmente. Tratar de frenar un pensamiento repetitivo con la misma herramienta que lo originó es garantía de fracaso.

Ruminating Can Harm Your Mental Health Recovery | HealthyPlace

Se da por sentado que una persona inteligente lo es porque tiene la habilidad de encontrar soluciones a todos los problemas con los que se encuentra. Con estas gafas de ‘ver’ es lógico esperar que no se dé con especial frecuencia el pensamiento rumiante dentro del colectivo. Nada más lejos de la realidad. Sobre todo porque no se comprende que esa impericia en la gestión cognitiva se produce más por una escasa consciencia (regulación del tráfico) y no por falta de recursos intelectuales (número de vehículos). En la autovía de nuestra conciencia se producen en más ocasiones de las deseadas múltiples atascos o accidentes producto de la escasa atención que le solemos prestar a nuestras alertas internas.

CÓMO REDUCIR LOS PENSAMIENTOS RUMIANTES

Pero como todo esto tiene solución o, como premio de consolación una notable reducción de sus perniciosos efectos, podemos tener en cuenta algunos consejos para afrontar el reto que nos presenta una mente rumiante. En esta página encontramos algunos que pueden ser de tu interés:

“Para tratar el pensamiento rumiante, la primera solución consiste en actuar sobre las causas externas. Si la persona sufre debido a un conflicto real en el trabajo o en el seno de la pareja, es básico atacar de raíz el problema. Tomar medicamentos en este tipo de situaciones sería lo peor, pero es que en este caso concreto las soluciones naturales (plantas, terapia comportamental…) tampoco van a funcionar.

Lo mismo ocurre si el pensamiento rumiante viene provocado por un estado de salud deteriorado o por los dolores que provoca una enfermedad física o incluso un trastorno obsesivo compulsivo. En ese caso, por supuesto, hay que tratar la enfermedad como tal, con los tratamientos específicos.

Dicho esto, en el caso de los pensamientos rumiantes que persisten una vez se ha solucionado el problema subyacente, existen técnicas eficaces.

Tomar conciencia del carácter nefasto de dar vueltas sin parar a lo que nos preocupa. Las personas que dan demasiadas vueltas en sentido negativo a sus problemas, ya sean reales o supuestos, tienen en general la impresión de que estos pensamientos son útiles. Tienen la impresión de tener que vérselas con un verdadero problema que les exige que reflexionen sobre esta situación, en especial para dar con una solución. Entonces es imprescindible convencerlas de que el pensamiento rumiante interminable es, al contrario de lo que piensan, dañino e inútil, y que dejen de tener la falsa idea de que están haciendo algo útil cuando le dan vueltas. Una vez se hayan convencido de ello, van a poder actuar para librarse.

Rumiar de manera controlada. Esta es la primera medida que deben probar, para lo que hay que dedicar todos los días 30 minutos a rumiar los malos pensamientos. Se trata de un sistema eficaz que puso en marcha ya hace más de treinta años el psicólogo estadounidense Thomas D. Borkovec. (5)Por ello, durante 30 minutos la persona se obliga a rumiar y escribir sus malos pensamientos, los más duros, únicamente ésos y sin ningún tipo de interrupción, siempre en el mismo lugar y a la misma hora. La sesión supone también la ocasión de reflexionar sobre soluciones concretas a sus problemas o intentar contemplarlos de un modo que sean aceptables. Una vez finalizada la sesión, debe combatirse toda irrupción de malos pensamientos gritando ¡stop! pero sin suprimirlos. Sencillamente se aplazan hasta la siguiente sesión, del mismo modo que la reflexión sobre las soluciones.

Entonces llega el momento de concentrarse en el entorno real. Por ejemplo, en caso de sentimiento de fracaso profesional: “En este momento, ¿estoy fracasando en algo o, a pesar de todo, puedo aprender, perfeccionarme, superar algún desafío por pequeño que sea?” En cuanto al aspecto físico: “En este momento, ¿hay alguien que manifiestamente me esté observando ese defecto físico que tengo y le esté dando una gran importancia? ¿O ese defecto molesta sobre todo porque yo mismo me veo desagradable y, debido a ese problema, he renunciado a acercarme a los demás, mostrar mi mejor sonrisa y ser amable?” Unos ejercicios de respiración y relajación también pueden ayudar. Lo que importa es que las sesiones no tengan lugar en la cama ni por la noche para evitar que nos invadan los pensamientos negativos justo antes de dormir.

Uno de los métodos más seguros contra los pensamientos rumiantes es decidirse a evitar que nos bloqueen, y eso es lo que los psicólogos llaman “activación conductual”, por la que rechazamos obedecer las órdenes del terrorista que nos tiene la cabeza secuestrada.

Los psicólogos hablan de “la metáfora del conductor del autobús escolar”, según la cual el chófer sabe adónde quiere ir, pero detrás de él, los niños no paran de gritar: “¡Pare!”, “¡Acelere!”, “¡A la izquierda!”, cantando sin parar.

Los gritos molestan al conductor, pero avanza sin obedecer las órdenes de los diablillos. Tampoco quiere hacerlos bajar, sino que mantiene el rumbo, contra viento y marea.

El principio es esforzarse por actuar haciendo todo lo posible por ignorar al terrorista que le ha secuestrado. Esa es la mejor manera de detenerlo: no hacerle el mínimo caso. Esperar a que, espontáneamente, se desanime.

Ya sé que no es tarea fácil, pero si padece este duro problema, sepa que le ayudará.”

Identificación Alumnado AACC. Niños y niñas. Evolución histórica 2011-2019

Hace algo más de tres años publiqué por última vez los datos históricos, diferenciados por sexo, del alumnado con altas capacidades intelectuales en esta entrada.

En ese momento destacaba la evolución positiva producida desde el curso 2011/12, primero en los que se recogen oficialmente datos de todas las CCAA, hasta el curso 2015/16. Tanto a nivel general, con la mejora desde el 68-32 hasta el 64-36, como en las comunidades que tenían más alumnos identificados y contaban con protocolos de detección sistemáticos -siempre mejorables, insisto una vez más-, justamente las que mejoraban las cifras promedio nacionales: Andalucía, Murcia y Canarias.

Por desgracia, y como cabía esperar en una situación de ralentización del colectivo desde hace un lustro, los datos no han mejorado -salvo gloriosas excepciones- en todo este tiempo sino justo lo contrario. Vamos para atrás como los cangrejos. Nada nuevo bajo el sol, como señalé en la última publicación que hice sobre los datos el pasado 9 de mayo, recién salidos del horno.

Si antes de la pandemia este deterioro no importaba a nadie, ahora mucho menos. La COVID-19 es la excusa perfecta para no hacer absolutamente nada al respecto.

Depresión existencial en las altas capacidades

Ayer hablaba de que la conciencia y la consciencia son más importantes que la inteligencia para afrontar el tren de la vida. Casualmente, hoy se publica un interesante artículo en El Mercurio titulado La depresión existencial: cuando la vida pierde su sentido, donde se reflexiona de modo sencillo sobre este proceso, señalando que se produce muchas veces en las personas con altas capacidades, reforzando la idea compartida ayer.

Fue en el 2012 cuando el doctor Robert Seubert publicó un artículo de investigación en el Journal of the European Psychiatric Association para destacar algo importante. Una parte de nuestra sociedad no responde a los tratamientos ordinarios de la depresión y esto podría estar relacionado con el tipo de personalidad e incluso con las altas capacidades intelectuales.

Hay personas que navegan en otros universos psíquicos; unos en los que se hacen preguntas más profundas y sienten un tipo de sufrimiento fuera de lo común. Sentir ansiedad por el devenir del mundo o tristeza por no encontrar el sentido real de la vida podría conformar una depresión muy particular.

¿Cuáles son los síntomas de la depresión existencial?

Toda depresión es un fenómeno multidimensional y complejo. Cada persona lo vive de un modo y, por lo general, suele ser comórbida con otros trastornos, como por ejemplo la ansiedad. Ahora bien, este tipo de realidad presenta una serie de características muy particulares que son las siguientes.

Falta de sentido: la persona no encuentra sentido a su existencia. Siente como si avanzara en un vacío en el que nada es trascendente ni auténtico ni enriquecedor a la mente.

Sensación de no ser comprendidos: es aquello de sentirse extraños en este mundo, además de solos.

No poder realizarse: porque la sociedad es limitada, porque no hay mecanismos para favorecer ese crecimiento creativo, profesional, humano y cívico.

Sufrimiento por las injusticias sociales: por las desigualdades, por la falta de libertades.

Divagues con frecuencia sobre la muerte: hay pensamientos sobre la fugacidad del ser humano. Las ideaciones suicidas están también presentes en este tipo de trastorno psicológico.

Manifestaciones físicas: como el agotamiento, el insomnio, la hipersomnia, las alteraciones en la alimentación.

Un tipo de depresión común en las personas con altas competencias intelectuales

Todos los síntomas señalados en el artículo se encuadran claramente en una crisis de consciencia, no de inteligencia. Apunta a algo más profundo de nuestro ser que el intelecto. Las elevadas prestaciones intelectuales no nos salvan de las crisis existenciales. A veces es al contrario, cuando entran en modo “turbina” ayudan sobremanera a hundirte en ese pozo existencial en el que no encuentras el modo de salir. Ayudan a generar ese enorme abismo interior que experimentamos en plena crisis de sentido.

Ese vacío tan gigantesco como oscuro se produce cuando la conciencia (apertura del espacio) no se ve acompañada de consciencia (presencia/iluminación en ese espacio). Ahí no hay intelecto que valga. Es una lucha interna que supera con creces las prestaciones puramente intelectuales.

La consciencia es el factor diferencial entre inteligencia y sabiduría. Un niño pequeño puede tener un elevado nivel de inteligencia pero no manifiesta ninguna sabiduría. Ese poso se alcanza, a veces, en la madurez. Falta el ingrediente fundamental: la experiencia vital. Recuerdo una escena memorable de El indomable Will Hunting donde Robin Williams, soberbio actor, explica al joven Matt Damon esa diferencia.

La depresión existencial se integra dentro de una teoría que desarrolló el psiquiatra Kazimierz Dabrowski (1902-1980). Este enfoque lleva el nombre de desintegración positiva y se basa en la explicación siguiente:  Las personas podemos pasar por 5 etapas de desarrollo personal. No obstante, cerca del 70% de la población no pasa de las tres primeras fases. Es un desarrollo en el que uno acaba habituándose a las pautas que le marca la sociedad, hasta que poco a poco encuentra su sitio en ella y se adapta. Por contra, un 30% llega hasta la cumbre del desarrollo personal y lejos de suscitarle más sabiduría o bienestar, lo que ocasiona es tener que pasar un tiempo de crisis existencial. No se sienten integrados en lo que la sociedad espera de ellos. Esto es lo que llamó el doctor Dabrowski la desintegración positiva. Es decir, quien alcance ese nivel está obligado a reformularse a sí mismo, a desintegrarse para construirse de nuevo. No obstante, es común que pasen por una época de dudas profundas, de angustia, de no encontrar el sentido a nada de lo que les envuelve. Este tipo de sufrimiento es común en las personas con un alto cociente intelectual; hombres y mujeres que evidencian con más frecuencia la depresión existencial.

En este último pasaje que destaco del artículo entramos de lleno en Dabrowski. Con la iglesia hemos topado. No por Dabrowski, lógicamente, si no por la pésima y superficial interpretación de su teoría de desarrollo personal, llamada de desintegración positiva. En una entrada sobre esta teoría donde expuse la interpretación de Sal Mendaglio, este autor señalaba varios puntos clave para entender cómo se había desviado hacia la inteligencia lo que estaba pensado para la consciencia. Destaco un pasaje crucial:

TPD and Giftedness
I have been using the term gifted students loosely. With respect to giftedness, TPD requires another reframing of commonly held conceptions. The concept of giftedness does not encompass developmental potential. Neither definitions of giftedness nor criteria used for selecting students for gifted education programs reflects a Dabrowskian view of potential for advanced development. A Dabrowskian view of giftedness would require a revamping of not only our definitions but also our programming. Dabrowski is clear: TPD is about authenticity, morality, becoming and being a good person; becoming truly human. Success in TPD is not material, nor is it related to academic achievement. The triumph of people who have struggled and endured the pain of development rests in their lives of service to others: they live their lives for the betterment of humankind.

He estado usando el término estudiantes dotados de modo impreciso. Con respecto a la dotación [humana], TPD requiere otro replanteamiento de las concepciones comunes. El concepto de dotación [intelectual] no abarca el potencial de desarrollo. Ni las definiciones de dotación [intelectual] ni los criterios de selección de estudiantes para programas de educación para dotados [intelectuales] reflejan una visión dabrowskiana del potencial para el desarrollo avanzado. Una visión Dabrowskiana de la dotación [humana] requeriría una renovación no solo de nuestras definiciones sino también de nuestra programación. Dabrowski es claro: la TPD se trata de autenticidad, moralidad, devenir y ser una buena persona; convertirse en verdaderamente humano. El éxito para la TPD no es material, ni está relacionado con el rendimiento académico. El triunfo de las personas que han luchado y soportado el dolor del desarrollo descansa en sus vidas de servicio a los demás: viven sus vidas para la mejora de la humanidad.

Con palabras sencillas. La teoría de la desintegración positiva de Dabrowski nos habla del camino que siguen algunas personas desde un nivel escaso de consciencia (egoísmo) a un nivel elevado de consciencia (altruismo).

El hecho de que muchas personas con altas capacidades intelectuales suframos crisis existenciales no da pie a pensar que siempre conducen a una mejora personal de nuestro nivel de consciencia o de altruismo. De hecho, lo más frecuente es que no deriven en mejoras sustanciales en el interior de las personas que las sufren.

Unas de las interpretaciones más absurdas que suelo leer es la de asociar las sobreexcitabilidades con la excelencia en nuestro nivel evolutivo. Sería tan idiota como pensar que la flexibilidad física nos lleva indefectiblemente a comprender profundamente qué es el yoga. A lo sumo, nos llevará a practicar posturitas cada vez más complejas, pero hace falta más consciencia para integrar la profundidad de la unión cuerpo-mente.

El tren de la vida

La vida en ocasiones se asemeja a un tren en marcha. En ciertos momentos te lleva en volandas, en otros se te escapa sin remedio y en el resto de instantes te arrolla si te pones por delante con la intención de frenarla.

En esta analogía podemos encontrar dos procesos interesantes. Por un lado, la resiliencia, que sería la capacidad para ganar fuerza tras cada atropello vital.

Por otro lado, la serendipia, que sería la habilidad de coger trenes en marcha incluso cuando la vista está rastreando otras cosas.

Esta última depende mucho más de la conciencia (apertura del claro del bosque) y de la consciencia (luz que ilumina ese claro) que de la inteligencia (gestión del claro/frondoso y de la luz/oscuridad).

Transita en la zona conocida como intuición en su sentido originario (similar al insight en inglés) no en el actual (máxima velocidad de procesamiento).

Este paisaje es el que permite avanzar hacia zonas de desarrollo próximo (estadios o niveles) y el que nos permite vislumbrar soluciones imprevistas (creatividad) a situaciones sobre las que conscientemente no tenemos respuesta.

En resumen, que aunque la inteligencia es muy útil bien usada, la conciencia y la consciencia son mucho más importantes en nuestra evolución. Nos ayuda a enfrentarnos mejor al tren de la vida.

El peligro del analfabetismo emocional

La inestable balanza razón-corazón

La razón tiende al término medio, es centrípeta. La emoción, por el contrario, tiende hacia los extremos, es centrífuga.

La inteligencia emocional, según Salovey y Mayer, consiste básicamente en percibir, facilitar que permeen, comprender y gestionar nuestras emociones.

Debido a su enorme potencia, la ausencia de regulación puede derivar en situaciones de riesgo para el individuo. Es como conducir un Fórmula 1. Cuando aprendes a gestionar el vehículo sabes cuándo es adecuado frenar y cuándo, por el contrario, puedes dar rienda suelta y acelerar a tope.

Como se infiere de la analogía, la razón es el conductor. Y contrariamente a lo que nos han dicho, uno no nace sabiendo manejar sus emociones, que es la excusa perfecta para no hacerlo: “nunca se ha hecho y no nos ha pasado nada, seguimos aquí”. Ahí obviamente se olvida cómo seguimos, claro. Porque no es lo mismo “estar” mal que “estar” bien.

En el momento actual vivimos las lamentables consecuencias del analfabetismo emocional. Cualquiera con facilidad de palabra puede manipular nuestras emociones más básicas de tal modo que nos conduzca a cualquiera de los extremos, donde los maximalismos (todo, nada, nunca, siempre) dominan el paisaje y donde la jibarización de la razón es más evidente.

La publicidad nos inunda de información absolutamente inane que penetra en nuestro sistema emocional, condicionándonos a consumir cosas que no necesitamos. Los políticos nos enseñan solo los aspectos más gruesos de la realidad para conducirnos a las habituales dicotomías del “todo o nada”, del “conmigo o contra mí”, del “orden o caos”, y de “los buenos o los malos”. El colegio nos bombardea constantemente con “lo correcto y lo incorrecto”. Los libros de autoayuda nos enseñan la bondad del “yo” frente a la agresividad del “mundo”. Las amistades nos reclaman presencia cuando les viene bien y ausencia cuando no les interesa.

Vivimos en una montaña rusa emocional sin saber nunca dónde estamos y, peor aún, dónde vamos. El vaivén de las olas emocionales nos hacen errar (en sus dos sentidos de fallar y deambular) sin rumbo por el océano de nuestra convulsa cotidianidad, hasta agotar todas nuestras energías. Vivimos con la pantalla de la memoria emocional constantemente encendida, dándole al play de nuestros recuerdos y olvidando vivir el presente.

En ese escenario, se hace más necesaria que nunca la única revolución pendiente: la de la conciencia. La de darse cuenta de que estamos desperdiciando lo único que debería tener valor para nosotros: nuestra existencia humana. Vegetar no es vivir, como dormitar no es despertar.

Narcisismo en las altas capacidades

Carácter Narcisista Del Hombre Que Mira El Espejo Y Que Ve Al Super Héroe,  Sobrestimación Misma, Confianza En Uno Mismo De La Per Ilustración del  Vector - Ilustración de mismo, hombre: 152298719

Hace tiempo que le doy vueltas al tema del narcisismo, tanto en su aspecto coyuntural (rasgo narcisista) como en su faceta estructural (trastorno de personalidad narcisista), porque a día de hoy sigue sorprendiéndome la poca atención que le prestamos a este asunto y lo poco hábiles que nos mostramos para desactivar esas actitudes puntuales o recurrentes. También me sorprende la escasa capacidad para detectar a un narcisista en nuestro entorno, más allá de aquellos casos simplones de narcisismo estético que nos encontramos a mansalva en redes como Instagram y similares. Y, cómo no, me sigue llamando poderosamente la atención esa negación del fenómeno dentro del colectivo de altas capacidades, como si una alta habilidad cognitiva (junto a cientos de rasgos positivos que le añadimos para darle mayor empaque identitario) fuera inmune a esta patología. Como si no hubiera personas con AACC dentro del colectivo con el ego más inflado que un Zeppelin que actúan del modo que describiré a continuación con las personas que las detectan (ellas lo cambian por las que las detestan) o, simplemente, le dicen “no” a alguna de sus verdades absolutas. En todos estos años me he topado con bastantes casos y los que mejor sabían manipular sus entornos iban logrando posicionarse en esos espacios de poder donde podían encontrar el ansiado reconocimiento, con o sin razones para merecerlo. Curiosamente, todas esas personas manifestaban en alguna fase de su ascenso un nítido adanismo, una de las manifestaciones más claras de narcisismo que existen. Parecía que con ellas comenzaba todo y que lo previo no tenía ningún valor. La proliferación de este fenómeno ha dado como resultado la destrucción de muchos puentes levantados con mucho esfuerzo en años anteriores y la paralización de toda iniciativa que suponga trabajo y lucha. Pero supongo que esta situación tampoco merece ser analizada ni afrontada. Se ha normalizado y no hay visos de querer revertirla.

En cualquier caso, y para aquellos que deseen comprender el fenómeno para ayudarles a detectarlo y que no les consuma sus energías va esta entrada.

¿Qué es el narcisismo?

Como afirma Alexander Lowen en el libro del mismo nombre, el narcisismo es la enfermedad psicológica y cultural de nuestro tiempo. En este caso se refiere al trastorno de la personalidad narcisista, no a los rasgos narcisistas.

NARCISISMO VS AUTOESTIMA

Infografía de Psicopedia

Otra confusión habitual es la de asimilar narcisismo a exceso de autoestima. En este artículo se desarrolla mejor la distinción a través de la infografía de arriba.

Como dice una buena amiga, alguien que se tiene en buena estima no necesita hacer de menos a los demás. Es feliz con lo que tiene y con lo que hace. Una persona con un sólido “yo” suele detectarse en sus actos: colaborando, escuchando activamente a los demás, siendo firme en sus convicciones sin aplastar las contrarias, entendiendo otras posturas sin anularlas o despreciarlas. Y una persona narcisista patológica es justo lo contrario. A su habitual egoísmo (a veces camuflado de falso altruismo) y necesidad de llamar la atención (por eso suele hablar alto) le sumamos cierto grado de arrogancia y, cuando se le discute algo, no poca agresividad. También suele ser bastante envidiosa de lo que otras tienen o hacen, lo que solo muestra su propia debilidad, miedo a hacer e inseguridad en sus propias capacidades. Eso les lleva a pegarse a quienes consideran que tienen ese “poder”, despreciando sin ningún tipo de pudor a quienes no entran en ese selecto club. Su terrible falta de autoestima es proyectada en esos “otros” que considera prescindibles en su asalto a los cielos del reconocimiento ajeno. El tremendo vacío interior les crea un miedo patológico que les lleva a una búsqueda obsesiva por llenarlo con elementos externos. Con cualquier medio, sin importar nada ni nadie más que ellos mismos. O, mejor, ese “yo” ideal inflado que jamás logran alcanzar, generándoles una permanente insatisfacción personal imposible de sanar.

NARCISISMO EN LAS ALTAS CAPACIDADES

Existe un video que ha tenido bastante repercusión dentro del colectivo, más de 850.000 visualizaciones, titulado La atracción letal entre una persona con alta capacidad y un perverso narcisista, donde podemos encontrar algunas claves interesantes sobre por qué muchas personas tienden a alejarlo del mundillo de las altas capacidades.

Una lectura simple nos diría que aquí se están separando claramente las altas capacidades intelectuales del narcisismo, como si fueran polos opuestos que se atraen mutuamente.

Otra lectura más compleja nos hablaría de los estereotipos positivos que han creado una imagen irreal de las altas capacidades, como si rasgos o trastornos como el narcisismo fueran elementos incompatibles con las habilidades cognitivas destacadas. El video precisamente arranca (min.2) con este tipo de descripciones alejadas de la realidad, anclando una imagen distorsionada muy difícil de erradicar.

Cualquiera que sea la lectura nos llevará a una extraña situación, la de que las personas con altas capacidades no podemos ser otra cosa que víctimas de esta relación porque, como todo el mundo sabe (modo ironía on), somos personas generosas, resilientes, sinceras, felices, brillantes, amables, confiadas, con un gran mundo interior, demasiado empáticas, responsables, protectoras y complacientes. Un caramelo para el perversos narcisista, ese ser abyecto que jamás podría identificarse con las altas capacidades siguiendo este absurdo patrón estereotipado positivo que muchos abrazan fuertemente. Para entender un poco más, veamos qué es un “perverso narcisista”.

Según el psiquiatra Alberto Eiguer: “Los individuos perversos narcisistas son aquellos que, bajo la influencia de su grandioso yo, intentan crear un vínculo con un segundo individuo, arremetiendo especialmente contra la integridad narcisista del otro para desarmarlo. También atacan el amor propio del otro, a la confianza en sí mismo, a la autoestima y a la creencia en sí mismo”

Les llamamos narcisistas porque necesitan ser admirados de una forma patológica, buscando exageradamente reconocimiento y llamar la atención. Por otro lado, se reconoce la perversión por la tendencia a querer satisfacer sus deseos y necesidades a toda costa, y a utilizar a otros para sus propios fines.

Este último párrafo describe perfectamente a no pocas personas que he tenido la mala suerte de conocer en este mundillo, sobre todo en espacios colectivos donde su influencia tóxica siempre acaba descapitalizando, desmembrando o desmontando cualquier iniciativa productiva. Y alguno de esos espacios están capitaneados por personas así, curiosamente protegidas por unos pocos que creen a pies juntillas que simplemente son víctimas de otras personas que les envidian o desean ocupar su lugar. No hay más ciego que el que no quiere ver.

Otro de los patrones comunes que me he encontrado fuera de esos espacios colectivos es el que describe Leandro Quiroz en su entrada sobre Narcisismo y Altas Capacidades Intelectuales:

“La persona con narcisismo y altas capacidades, intentará con todas sus fuerzas que sus altas capacidades sean reconocidas por los demás, creyendo merecer un trato excesivamente especial, y despreciando la inteligencia de los demás, es superior en todo.

Es muy común que superdotados que son identificados tardíamente, en la juventud y/o adultez, muestren actitudes o comportamientos narcisistas (sin tener el Trastorno de personalidad) con personas que les reconocen como tal, debido a su nueva visión de su propia inteligencia y la de los demás.

El discurso del superdotado identificado tardíamente, y sin TPN suele estar impregnado de frases como:

“Mis amigos no me entienden ni siguen mis conversaciones, son básicos, tontos,…”

“En el trabajo soy el que más sabe y nadie me da mi lugar…”

“No sé cómo los demás pueden vivir desde la ética y moralidad que se promulga actualmente…”

“Mi pareja es como un diamante en bruto que falta pulir…, pero yo la acepto y estoy con ella”

«Mis padres son como niños y mi familia es muy básica»

Y así hasta el infinito, siempre con ese halo de superioridad, comentarios narcisistas de personas superdotadas. Y esto es aún más intenso en las diferentes asociaciones que se han formado en torno al tema (altas capacidades intelectuales), en los que en algunos que por buena fuente sé, se refieren como “muggles” a las personas no superdotadas, o terminan disueltas porque no se soportan entre sí mismos. Demasiado ego. Sí, increíble.

Pero para una persona con Trastorno de Personalidad Narcisista, el hecho de identificarse como superdotado, hace que sus relaciones tomen un rumbo aún más tóxico en el sentido que sienten la necesidad y tienen la pretensión de ser reconocidos o asumidos como alguien con capacidades intelectuales superiores para todo, en todo momento, durante la relación o contacto con otra persona, anulándola intelectualmente y emocionalmente como siempre hacen, pero de manera más potente y con una aparente “justificación” para hacerlo (soy superdotado y tú no).

Y aquí es donde ocurre este solapamiento con el que me he topado y que es más habitual de lo que parece, en dónde el narcisismo se camufla gracias a la presencia de altas capacidades intelectuales. Invisible hasta para los profesionales, las altas capacidades son el cebo perfecto para que el narcisista patológico opere desde las sombras.”

No puedo estar más de acuerdo con estos pasajes. Lo he vivido (y a veces sufrido, suelo convertirme rápidamente en “enemigo” aunque no tengan nunca el coraje de reconocerlo públicamente, siempre actúan por la espalda) en primera persona y es así, tal cual. E insisto, me sorprende que la mayoría no lo perciba. O que lo perciba y lo ignore. O que lo ignore y permita que campe a sus anchas.

Sobre las discrepancias

La discrepancia racional puede acercarnos al diálogo ya que fija su atención en las ideas.

La discrepancia emocional puede acercarnos al conflicto ya que fija su atención en las personas.

La posibilidad no es sinónimo de necesidad o de obligación, ya que se trata de indicios de hacia dónde puede derivar ese desacuerdo.

Lo cierto es que cuando confundimos las ideas con las personas en la esfera abstracta o los pensamientos con los sentimientos en la esfera concreta ponemos sobre la mesa más componentes emocionales que racionales. Y en ese escenario es materialmente imposible dialogar. Se puede discutir o, si ampliamos el arco de discrepancia emocional, pelearnos.

En mi experiencia personal me he encontrado muchísimos más escenarios donde dominaba la discrepancia emocional que la racional. Donde el ego incomodado actúa de modo irracional, ampliando inconscientemente la distancia sana provocada por la discrepancia racional hasta quebrar su resistencia. El resultado suele ser desolador: en lugar de acercar posturas las aleja definitivamente.

Como es lo más frecuente, lo normalizamos y las opciones de llegar a acuerdos se reducen drásticamente. Las discrepancias emocionales los convierten en “derrotas personales” y eso el ego no lo suele consentir. Es más, a los pocos que abogamos por el diálogo, por intentar alcanzar acuerdos o acercar posturas, nos suelen considerar “blandos”, “confundidos” o “aborregados”, términos cargados de dolorosa emocionalidad mal gestionada.

En situaciones de conflicto abierto siempre tenemos las de perder porque no estamos en ningún bando ya que tratamos de analizar las situaciones a través de la razón y no de los cojones o el coño. Cada bando se considera parte de la solución, única, por descontado, y los que no ejercemos de forofos pasamos de inmediato a ser considerados parte del problema.

Ahora vivimos de lleno esa espiral y parece que no somos capaces de salir de ese círculo vicioso. Queremos encontrar soluciones claras en medio del barro de un conflicto soterrado que llevamos arrastrando demasiado tiempo. Así es imposible. El tiempo pasa mientras nos preguntamos por qué estamos así, por qué a pesar de los esfuerzos no salimos de estas aguas movedizas. Y no encontramos respuestas porque no buscamos en el lugar adecuado.

La emoción desbordada nos ciega, secuestra nuestra capacidad de discernimiento. La naturaleza de las emociones es como la del fuego, que en intensidad moderada calienta y en alta intensidad quema. Pero no queremos o no sabemos verlo.

Argumentario Frankenstein

argumentario frankenstein

La noción de argumentario Frankenstein puede definirse como el conjunto de argumentos destinados principalmente a defender una opinión política determinada con la peculiaridad de que cada órgano argumental aparenta cierta conexión con los restantes pero el conjunto resulta disfuncional: un engendro.

Un ejemplo habitual de engendro argumental consiste en defender una acción política, o su contraria, en función simplemente del color político que la sostenga o ejercite. Si es de los “nuestros”, toda acción está justificada; si es de los “otros”, toda acción es negligente, denunciable, reprochable, etc.

Otro ejemplo sería mezclar diversas ideas sin conexión orgánica (con los hechos o con la relación causa-efecto) entre ellas para sostener un discurso de odio contra algún político concreto o algún partido político.

También podemos encontrar este argumentario disfuncional en el negacionismo de la pandemia. Solo hay que revisar por encima los centenares de bulos o medias verdades en los que se sostienen la mayoría de sus argumentos para comprobarlo.

LA OPINIÓN POR ENCIMA DE LOS HECHOS

Que vivimos en una época donde se desprecian absolutamente los hechos es algo que casi nadie en su sano juicio discutiría. Ahora presuponemos falazmente que cualquier suposición o interpretación sobre la realidad es digna de equipararse a los hechos objetivos, y que debe ser juzgada con la misma contundencia.

Solo así se entiende la creciente judicialización de asuntos políticos (y no solo políticos) que amenaza con colapsar aún más nuestro sistema judicial. Querellas y demandas sin fundamento que solo sirven para prender la mecha en redes sociales a través de los medios de desinformación, que las usan a conveniencia: portadas si van contra los “otros” y olvido si van contra los “nuestros”; olvido si se archivan las de los “otros” e indignación si se archivan las de los “nuestros”. El puto horror para los que no estamos absorbidos por una ideología concreta.

Con un ejemplo palmario se entenderá mejor en qué consiste el argumentario Frankenstein.Hace unos días se publicó en diversos medios que la Fiscalía del Tribunal Supremo ha solicitado el archivo de las primeras 20 querellas interpuestas contra los miembros del Gobierno por la gestión de la crisis del covid-19.

A esta veintena de querellas ya valoradas se suman 36 denuncias dirigidas contra el presidente del Gobierno y otros miembros del Ejecutivo, así como presidentes de comunidades autónomas, entre ellos, la madrileña Isabel Díaz Ayuso por la gestión de las residencias, sobre las que aún no se ha informado.

En el informe la conclusión general es clara:

Para la Fiscalía, no hubo delito. En nada. “Resulta contrario a las reglas de la lógica y la sana crítica pensar que el conjunto de administraciones que integran la Administración pública española, a pesar de su distinto signo ideológico y político, y de los distintos intereses en juego, obraron, sin excepción, de modo poco diligente, atendido el estado de la ciencia y la técnica existentes con anterioridad al 14 de marzo de 2020″, sostiene el teniente fiscal.

Añade que es “aún más absurdo, si cabe, pensar que no solo la totalidad de las administraciones públicas españolas se mostraron negligentes en la gestión de la crisis, sino también las administraciones competentes en materia sanitaria pertenecientes al resto de países de nuestro entorno cultural”. El escrito explica que “la OMS no realizó la declaración oficial de pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 hasta el día 11 de marzo de 2020″, es decir, después de la manifestación feminista del 8 de marzo.

“Los querellantes se limitan a manifestar su discrepancia con la actuación política desarrollada por los querellados, no aportando elemento objetivo alguno que permita conectar las situaciones de riesgo para los trabajadores y las muertes que se atribuyen a causa de la crisis sanitaria desatada por la enfermedad con la actuación desarrollada por los querellados y, mucho menos, con la infracción de los deberes inherentes a su cargo

Más claro, agua.

El Argumentario Frankenstein ha llegado para quedarse. Porque quienes acusan sin aportar elementos objetivos como prueba lo seguirán haciendo siguiendo sus meras suposiciones, trabajadas en base a diversos sesgos cognitivos que “cortan los órganos” argumentales y tratan en vano de conectarlos a otros para crear un engendro completamente disfuncional. Incoherente. Deslavazado.

La pena es que no solo actúa en las redes sociales, donde no se dilucidan asuntos reales. El problema es que está inundando los juzgados y no hay síntomas de que esto vaya a frenar en el futuro, más bien al contrario.

Qué gran oportunidad estamos desperdiciando de mejorar algo el mundo en que vivimos. Tanto por parte de los que proponen este juego sucio como por los que lo siguen, apoyan y jalean sin cesar. El hooliganismo político es un cáncer difícil de erradicar que amenaza todo el cuerpo social.