Altas Capacidades. Los beneficios de “salir del armario”

closet-426388_640

Hace un par de años publiqué una entrada sobre la visibilización de las altas capacidades desde un punto de vista muy general o abstracto. Hoy retomo el tema y lo aterrizo a lo particular. Como indica el título, hablaré de los beneficios de “salir del armario” tirando de ejemplo concreto, el mío.

Antes de nada pondré en contexto al lector, porque obviamente un caso particular es exactamente eso: un caso. No es extrapolable a otros casos porque cada persona tiene su trazado vital, sus estructuras y funciones cognitivas, sus circunstancias familiares, etc.

Cuando era muy pequeño, según los relatos de mi madre (qepd), era un niño muy tímido y retraído. Con frecuencia me asomaba a la ventana y me quedaba horas observando el mundo desde lejos, algo que me sigue gustando hacer hoy día. Me costaba un mundo interactuar cono otros, y cuando lo hacía era muy pesado porque no sabía qué decir ni entendía las claves sociales implícitas en esos intercambios. Una anécdota que ilustra esto se produjo cuando un primo de mi madre vino una mañana a hacer una “chapuza” en casa. Según parece, me tiré tooooda la jornada de esta guisa:

JL.- Hola Manolo, ¿cómo te llamas?

M.- Yo me llamo Manolo

JL.- Ah, estupendo. Pues yo me llamo José Luis

Así una y otra vez, sin descanso. La incapacidad para retener un nombre ya se manifestaba de pequeño, aunque ahora la cosa no va mucho mejor. Puedo no olvidar una cara, pero es complicadísimo que se me quede un nombre en los primeros diálogos con cualquier persona en el mundo real (en el virtual está la ventaja de que lo ves escrito y se queda grabado sí o sí). Podéis haceros una ligera idea de la infinita paciencia que tuvo el primo de mi madre, que según parece en ningún momento torció el gesto o me dio una mala contestación, a pesar de lo pesado que fui. Lástima que no lo pude ver más de mayor, murió joven.

Bueno, anécdotas aparte, todo esto viene a colación de que en esa época fue cuando me identificaron en el colegio, un maestro que estuvo con nosotros desde parvulario (infantil) hasta quinto de EGB. Él fue quien alertó a mi madre de todo esto y trató de darme retos durante los años que estuvo dándome clases. También esto lo conté en otra entrada.

El caso es que todo aquello lo vivimos en casa y en el colegio con absoluta naturalidad. A esto me refiero cuando insisto tanto en la importancia de “naturalizar” el fenómeno. Lo natural es que haya diferencias entre las personas. La diversidad enriquece, no es motivo que justifique los enfrentamientos o los aislamientos cuando es una diversidad que nos disgusta o nos amenaza.

Viví toda la infancia sabiendo que tenía más facilidad que el resto de hermanos, compañeros y amigos de mi edad o similar para comprender ideas complejas, una habilidad como otra cualquiera. Otros niños eran máquinas jugando al fútbol y yo el más torpe de todos, ese que siempre se quedaba el último cuando había que elegir equipos en el colegio. Siempre he admirado a los que tenían esa habilidad y no me sentía mal por no tenerla yo. La asumí poco a poco, dándome cuenta de que no había nacido para darle patadas a un balón. Tampoco para ser el relaciones públicas del colegio, o el líder o el más popular. Era otro espacio vedado para mí. Soy una persona introvertida con el añadido de la timidez (no son sinónimos timidez e introversión), lo que me dejaba en fuera de juego cuando se trataba de grupos humanos. Y otras habilidades tampoco las tenía muy destacadas. Pero las de comprender ideas complejas sí, ahí sí me sentía en mi “elemento” y me encantaba aprender de todo, no solo las asignaturas del cole sino también lo que emitían en televisión, en radio o en cualquier otro medio. Eso sí, no le daba ninguna importancia porque no tenía que esforzarme sino que fluía de modo natural. Debido a esto también desarrollé una admiración por las personas que se esforzaban mucho por conseguir sus objetivos vitales o escolares, algo que sigo manteniendo en la actualidad.

En resumen, ni de pequeño ni de adulto me he considero alguien “especial” (una palabra cargadita de connotaciones). Por eso muchas veces cuando veo a alguien presumir de esto, ya sea de él mismo o de sus hijos, empiezo a sentirme incómodo o simplemente desconecto. Nadie es “mejor persona” por el simple hecho de tener algunas habilidades, del tipo que sean, por encima de la media. Esa falaz generalización me pone de los nervios aunque por desgracia es más frecuente de lo que debería y de lo que serviría para naturalizar el fenómeno. De todos modos, tengo que decir que en los primeros años que estuve en la asociación, cuando éramos muy poquitos, no había familias que se pavonearan de sus hijos -salvo gloriosas excepciones que ya tengo casi olvidadas-. Eran personas normales preocupadas por sus hijos y no veían la “especialidad” por ningún lado. Tenían pensamientos similares y así se lo transmitían a ellos. Luego eso fue cambiando porque las dificultades de tener una identificación en Málaga se disminuyeron sustancialmente con la consecución del plan de actuación. Nosotros que vivimos la época pre-plan y la del plan notábamos la diferencia entre las familias “con hambre” (de conocimiento, de lucha, de actividad, etc) y las que llegaban con todo “frito y cosío” que decimos por aquí abajo. Con una identificación que no tuvieron que pelear, sin tener ni idea de esto ni motivación para aprender, y exigiendo que se les atendiera sin aportar manos a la causa. Esa es una realidad que no esperábamos que se diera en Andalucía cuando peleamos por la implantación de este plan, que mejoró muchas cosas pero también desalentó la lucha… Así estamos como estamos ahora, claro. Pero bueno, esa es otra historia.

Total, que cuando a finales de 2009 asumí la presidencia de la asociación tuve que dar un paso adelante dentro del armario y, de repente, me vi fuera. Debido al cargo, tuve que dar la cara en varias entrevistas de radio y en prensa escrita. Eso hizo que personas que no sabían que tenía esta habilidad soltaran algunos comentarios cuanto menos curiosos, como un director de un banco que me llamó al día siguiente de aparecer en el diario de mayor tirada de Málaga (Diario Sur) porque fuimos a una gala y pusieron en el título de la foto “asociación de personas superdotadas”.

– José Luis, macho, esta mañana miré el Sur y me asusté al verte allí. No sabía esto de ti

– Salva, soy exactamente la misma persona de ayer.

O amigos de toda la vida que tampoco lo sabían y lo vieron en esos medios. Pero luego se hablaba con naturalidad, les explicaba lo obvio, que era exactamente la misma persona que ellos conocían, solo que con una peculiaridad cognitiva, y se terminaba todo. Nadie se sintió inferior, ni amenazado, ni me señalaron o estigmatizaron. Seguía siendo el mismo torpe social -bueno, algo aprendí gracias a estar ahí relacionándome con muchas personas- y físico que tenía facilidad para entender y aplicar las ideas más difíciles. Y al que le gustaban algunos temas “raros” (filosofía, ciencia, etimología, etc) con tendencia a evadirse a su mundo.

Y es que los beneficios de salir del armario sin forzar y sin fardar, conociendo las fortalezas y debilidades propias, desmontando los estereotipos que puedan tener las personas que te leen o escuchan, son incontables:

  1. Puedes hablar en público de las altas capacidades sin que te miren raro o te suelten una fresca.
  2. No te obsesionas con determinados asuntos ni le das una importancia que no tienen
  3. Descubres que hay algunas personas como tú que, en cierto sentido, también se animan a sacar un pie fuera del armario.
  4. Adquieres la autoridad moral para poder discrepar crítica y sanamente con todas las ideas aberradas que se asocian al fenómeno sin que se te tilde de fanático.
  5. Puedes ayudar a muchas personas a orientarse en la navegación que le ha traído este proceloso mar de las altas capacidades, tan lleno de absurdos, contradicciones, personajillos (o sinvergüenzas) que se aprovechan de otros y demás fauna perfectamente prescindible.
  6. Adquieres serenidad, poso. El proceso de integración te permite no solo comprenderte sino acercarte a otros que, por sus características, les cuesta entenderte.
  7. No te aíslas sino que te abres al mundo, sin complejos, mostrándote como eres sin necesidad de crear un caparazón o un personaje que te “proteja”.
  8. Adviertes que fuera del armario se respira mejor.
  9. Etc…
Anuncios

Conciencia. Antonio Damasio, el neurólogo de las emociones.

sky-264778_640

Hace más de tres lustros inicié un viaje a través del inmenso océano del conocimiento humano. Una travesía apasionante en la que cada etapa vas advirtiendo con mayor nitidez que se trata de una historia interminable, que no tienes vida suficiente para navegar en todas esas aguas. Esa toma de conciencia permite a unos relativizar mientras que a otros les hace sentir impostores porque su conocimiento, enorme comparado con sus coetáneos, es diminuto comparado con la vastedad del océano. Los diletantes no tenemos ese problema, naturalmente, porque simplemente disfrutamos de la navegación sin atormentarnos por lo mucho que nos falta por recorrer.

Pero hoy no quería hablar de eso sino del asunto más común, íntimo y, paradójicamente, desconocido que encontré durante esta travesía: la conciencia.

Todo comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿Qué es la conciencia? Acompañada de una coletilla que desvelaba una visión emergentista notablemente ignorante: ¿Cómo surgió?

No contaré aquí todo lo que sucedió después porque es imposible condensarlo en una entrada. Solo diré que ha sido, con mucha diferencia, el viaje intelectual más impactante y nutritivo que he realizado y que jamás realizaré. Lo de las altas capacidades se queda en un juego de niños comparado con esto.

Todo esto viene a colación de un artículo que leí sobre Antonio Damasio, el célebre neurólogo que me encandiló hace  más de una década con sus libros El Error de Descartes (con la historia de Phineas Gage) y En busca de Spinoza (con la sugerente distinción entre sentimientos y emociones).

El artículo en cuestión, publicado en la web de la mente es maravillosa, se titulaba como esta entrada: Antonio Damasio, el neurólogo de las emociones.

Para los que disfrutamos de las distinciones cualitativas (aspecto clave para discernir el grano de la paja), la vena filosófica de Antonio era un filón, así que era lógico esperar que me llamara la atención un pequeño pasaje del artículo:

Antonio Damasio, un neurocientífico diferente

Neurocientíficos los hay de muchas clases. Sin embargo, hasta no hace mucho abundaban en exceso aquellos marcados por un enfoque mecánico y reduccionista. Nos decían, por ejemplo, que nuestros pensamientos, reflexiones y decisiones eran el resultado de una simple conexión de un conjunto de neuronas.

Ahora bien… ¿dónde queda entonces nuestra conciencia? ¿Existe una región específica para la misma? ¿Y las emociones y los sentimientos, dónde se producen? Muchos de esos científicos, en un pasado no tan lejano, sonreían con ironía ante dichas ideas. En la actualidad, disponemos ya de figuras inspiradoras como la de Antonio Damasio, quienes dejan a un lado esa perspectiva reduccionista para abrirnos perspectivas y hacernos entender la importancia que tienen conceptos como la conciencia y el mundo de las emociones.

En primer lugar, la conciencia no está en ningún lugar en concreto del cerebro. La conciencia es un proceso y una entidad que está presente en todas las especies. De hecho, según explica él mismo, incluso los organismos unicelulares, como las bacterias o las amebas, tienen un sentido mínimo de conciencia. Trabajan para preservar su integridad, para sobrevivir. Así, cada organismo, cada ser vivo dispone de un nivel más o menos sofisticado de conciencia con el que adaptarse a su entorno y desarrollarse.

Este último párrafo me recordó a la distinción que realiza David J. Chalmers entre conciencia fenoménica (experiencial, subjetiva) y conciencia psicológica (funcional, objetiva), también desde esa perspectiva emergentista que se pregunta sin obtener respuestas plausibles de cómo surgió la conciencia fenoménica, lo que denominó el “problema fuerte de la conciencia” y que ha sido apoyado y denostado por otros investigadores a lo largo de estos años.

Para entender superficialmente el problema de fondo de esta visión que, insisto, fue la mía cuando empecé el viaje, reside en la imposibilidad de explicar ese surgimiento en función de las propiedades que presentan los sistemas desde los que debería emerger.

Pensando mucho en este asunto surgió una metáfora que me iluminó un poco el camino. Imaginaba un lago helado y, en medio del mismo, una pequeña grieta por la que salía un hilillo de agua. Todo esto lo veía desde la orilla, como un observador desimplicado del fenómeno. En ese momento me planteé dos preguntas, suponiendo mi ignorancia sobre el origen de esto y la imposibilidad de comprenderlo ya que no me puedo mover de mi lugar:

1) ¿El agua surge desde la capa de hielo?

2) ¿El agua emerge a través de la capa de hielo?

Evidentemente, las preguntas de la metáfora pierden su sentido si se literalizan y el observador se acerca a la grieta y lo comprueba, que suele ser la respuesta absurda que recibo cada vez que lo planteo.

La idea es simplemente provocadora. Tú no puedes moverte de sitio, no puedes experimentar esa distinción que responda a cuál de las dos preguntas es la correcta. Solo puedes inferir, desde tu posición, cuál de las dos te parece la más correcta.

La visión emergentista de la conciencia se centra exclusivamente en intentar responder a la primera pregunta. No se plantea bajo ningún concepto la idea de que su pregunta sea esencialmente incorrecta, incompleta o que esté mal planteada.

Cualquiera que haya leído y reflexionado sobre la conciencia desde muchos puntos de vista diferentes advierte fácilmente este problema de fondo. Y lo que hice con este ejercicio de imaginación es simplemente abrirme a la posibilidad de estar profundamente equivocado en mi visión inicial del asunto. Que pensar que la conciencia emerge desde el funcionamiento cerebral es creer en milagros o en magia, ya que no hay nada que sustente objetivamente esta visión. Sin embargo, plantear el asunto desde otra perspectiva en la que no exista una producción sino una simple expresión disipa la mayoría de los problemas de fondo, aunque lógicamente no se pueda explicar tampoco cómo es posible esa expresión en los seres vivos, ya sea a través de la funcional “percatación” o de la fenoménica “conciencia”. Pero entiendo las reticencias y la acusación de que esta sería una visión pampsiquista, simple y llanamente porque entiendo la perspectiva desde la que se le acusa. El pampsquisimo es esencialmente una visión equivocada que vendría a afirmar que “todo es conciencia” (con distintas variantes), y eso no tiene sentido (una roca no tiene conciencia, ni una nube, ni la Luna, etc), como no lo tiene “todo es materia”. Son fragmentos dualistas que se enfrentan entre sí y que se lanzan al adversario cuando no se comprende su visión ampliada del asunto.

Lichtung

Imagen relacionada

El claro del bosque (apertura) es la condición de posibilidad de que la luz pueda expresarse. El claro no produce la luz sino que la permite.

El problema de los usos comunes de la palabra conciencia

A mi modesto entender, la mayor dificultad para enfrentarnos con este morlaco de la conciencia reside en que nuestro modo de pensar es generalmente fragmentario. Necesitamos trozos operativos, manejables intelectualmente que nos permitan avanzar en el conocimiento de las cosas.

Por este motivo casi siempre se le pone “apellidos” (adjetivos o adverbios) a la conciencia. Y cuando dialogamos necesitamos ponerlos para entendernos en nuestro contexto cultural, lo que nos lleva a constantes aporías en este asunto. Lo he comprobado cientos de veces y jamás se encuentra una solución, aunque los interlocutores sean honestos intelectualmente hablando y traten de acercar sus espacios de significación (qué espacio semántico señala para ti el vocablo o expresión que estás usando), algo por desgracia infrecuente en las discusiones sobre el tema. Se tiende más a la dialéctica erística.

Esto se nota mucho en los usos comunes de la palabra conciencia. Por ejemplo, con los estados de conciencia y sus funciones dentro del campo semántico de la “conciencia humana”. Siguiendo a Chalmers:

1) Vigilia. A veces decimos que “estamos conscientes” como una forma de decir que no estamos dormidos.

2) Introspección. Proceso mediante el cual podemos hacernos “conscientes” del contenido de nuestros estados internos.

3) Informatividad. Nuestra capacidad para informar sobre el contenido de nuestros estados mentales, presupone la capacidad de instrospección pero está constreñida al uso del lenguaje.

4) Autoconciencia. La capacidad para pensar sobre nosotros mismos, la “conciencia” de nuestra existencia como individuos y de nuestras diferencias y similitudes con otros.

5) Atención. Con frecuencia decimos que alguien es “consciente de algo” precisamente cuando presta atención a ello, cuando una porción significativa de nuestros recursos cognitivos está dedicada a tratar con la información que a nosotros nos parece relevante.

6) Control voluntario. Decimos que una conducta es “consciente” cuando la realizamos deliberadamente.

7) Conocimiento. En otro sentido cotidiano, cercano a su origen etimológico, decimos que alguien es “consciente” de un hecho cuando conoce el hecho, o cuando nos acercamos a ese hecho. Esta noción raramente se trata en las discusiones técnicas de la conciencia, pero es la base de todas, como la masa lo es de todas las pizzas.

 

El tema es tan complejo y sutil que cuando lees cosas como esta se te queda cara de “¿lo qué?”…

Científicos descubren donde está ubicada la conciencia humana

“Se trata de la corteza prefrontal lateral del cerebro, el lugar donde, según ellos, se aloja la voz de la conciencia.

“Hemos establecido un área en el lóbulo frontal humano, un área del cerebro que se sabe que está íntimamente involucrada en la organización y en los procesos de toma de decisiones”, ha afirmado Franz- Xaver Neubert, director del estudio en la Universidad de Oxford.

Los científicos creen que esta región es la fuente de la voz interior que nos azuza cuando nos inclinamos a tomar decisiones que nosotros mismos consideramos malas o buenas.”

Esto suena tan absurdo como querer saber desde dónde salen las imágenes en un televisor revisando su cableado. Claro que sin esos cables las imágenes no se ven, y claro que esos cables están involucrados en la emisión de las imágenes. Pero también parece obvio señalar que no son los cables la “fuente” que las produce o reproduce.

Pues de estas, miles… Y ahí habla solo de la conciencia humana. Cuando entran otras formas de conciencia biológicas el lío está servido. La tensión intelectual crece y el rigor se convierte en rigidez, apagando cualquier intento de diálogo.

Adultos con altas capacidades. Convivir con la complejidad cognitiva

question-mark-2110767_640

Estoy en un tejado. Observo la calle con atención. Me fijo en todos los patrones de comportamiento que se repiten.

Por ejemplo, veo a una persona coger una moto todas las mañanas e irse. Puedo describir todo lo que hace con precisión. Puedo describirle a el y su moto, la calle y la ruta… Pero jamás podré saber qué significa todo eso para él sí no se lo pregunto.

Un patrón puede visualizarse como una abstracción (elevación a nuestra conciencia de formas o elementos recurrentes). Un modelo, en ese sentido, sería una estructura hecha de patrones. Todo externo. Todo se establece desde el punto de vista del observador del fenómeno.

Puedo ser un extraordinario observador de la realidad y extraer cientos de patrones. Con ellos puedo generar modelos complejos que ayuden a describir esa realidad. Modelos que se validan o se descartan gracias a muchas investigaciones desde el mismo punto de vista del observador desimplicado del fenómeno.

Simplificando mucho la dinámica, este es el modo científico de generar conocimiento que permite aplicaciones de extraordinaria fiabilidad. En nuestro día a día comprobamos cómo cientos de aparatos funcionan y nos hacen la vida más sencilla gracias al conocimiento científico que el hombre ha ido acumulando durante siglos. Aviones, ordenadores, casas inteligentes, infraestructuras, edificios, medicamentos, aparatos eléctricos, comunicaciones, etc.

David Bohm decía que “Los modelos son representaciones simbólicas que describen los principales rasgos o dimensiones de los fenómenos que representan. Como tales, son sumamente útiles para descomponer fenómenos complejos en representaciones más simples y más fácilmente comprensibles.

Sin embargo, por los modelos se paga cierto precio. En los últimos años se ha empezado a tomar cada vez más conciencia del poder de modelos y creencias sobre la configuración de la percepción. Especialmente cuando son implícitos, se dan por supuestos o se aceptan sin cuestionarlos, los modelos llegan a funcionar como organizadores de la experiencia que modifican la percepción, sugieren ámbitos a la investigación, le dan forma y determinan la interpretación de datos y experiencias de modo tal que se vayan obteniendo los resultados que los mismos modelos profetizan. La naturaleza autorrealizadora y autoprofética de este proceso indica que los modelos se autovalidan, es decir, que sus efectos sobre la percepción y la interpretación se convierten en argumentos a favor de su propia validez, que configuran la percepción de manera congruente consigo mismos. En otras palabras, que todo lo que percibimos tiende a decirnos que nuestros modelos y creencias son correctos. Pero el mayor peligro de este efecto reside en el hecho de que el proceso opera principalmente a nivel inconsciente.

Todo punto de vista depende de ciertos supuestos referentes a la naturaleza de la realidad. Si se reconoce así, los supuestos funcionan como hipótesis; si se olvida, funcionan como creencias. Los conjuntos de hipótesis forman los modelos o teorías y los conjuntos de teorías constituyen los paradigmas.”

Todo modelo explicativo (en realidad, descriptivo) se establece cuando es capaz de dar respuesta a dos preguntas claves en la ciencia:

  1. ¿Qué es? Pregunta que apunta a las formas y estructuras
  2. ¿Cómo funciona? Cuestión que señala a las acciones y funciones

Es evidente que para estudiar fenómenos atmosféricos, geográficos o astronómicos basta con dar respuesta a estas dos preguntas fundamentales. Sin embargo, cuando se trata de estudiar al ser humano, con toda su complejidad interior, estas dos preguntas se quedan terriblemente cortas, en la superficie. No basta con dar respuesta a qué es y cómo funciona el ser humano para comprender al ser humano y sus íntimas razones para tener un determinado comportamiento o pensamiento. En fenómenos donde la primera persona tiene un papel principal no puedes ignorar la pregunta clave: qué significa.

¿Qué significa tener altas capacidades?

Pues bien, el preámbulo anterior, realmente abstracto y difícil de comprender, sirve para entender por qué razón la mayoría de adultos con altas capacidades que he conocido estos años siente (sentimos), en el fondo de su ser, una profunda incomprensión del entorno. Los niños y jóvenes también tienen esa sensación, pero su capacidad de verbalizarlo y encontrar razones de fondo no son las mismas. Le falta bagaje experiencial, vivirlo. Como le pasaba a Will Hunting en esta mítica escena:

Casi toda la literatura científica sobre las altas capacidades, mucho más numerosa para estudiar niños que adultos por razones obvias, se ciñe a dar respuesta a las dos preguntas superficiales. No va más allá. No le interesa ir más allá. No es su competencia.

En este contexto, es normal que los adultos que leemos este tipo de publicaciones sintamos un enorme vacío explicativo en todas ellas. Su poder descriptivo, cuando están bien trabajadas, es enorme, pero no va más allá. No podrían explicar qué significa convivir con la complejidad cognitiva.

Ni siquiera los libros de psicólogos que utilizan sus casos clínicos como ejemplos que ilustran determinados comportamientos llegan al fondo de la cuestión. Solo pueden patronizar determinadas conductas y describirlas de un modo tal que terminan por elaborar auténticos estereotipos con patas, como le pasaba el famoso libro de Jean Siaud-Facchin “¿Demasiado inteligente para ser feliz?”. Y es curioso, porque cuando se analiza desde el punto de vista científico recibe muchas críticas por falta de “rigor”, mientras que si se analiza desde el punto de vista humano recibe más halagos. Muchos adultos que no se re-conocían lo hicieron gracias a ese libro, ese fue su gran poder catártico.

Sin embargo, como digo, una mirada algo más “vieja” es capaz de ver que, a pesar de todo, se sigue quedando en la superficie. Y la sensación de incomprensión continúa. Por ese motivo solo queda el recurso del diálogo entre personas que conviven con esa complejidad cognitiva. Mediante este sencillo mecanismo se logran enormes resonancias cognitivas y emocionales que permiten aliviar esa sensación. Pero claro, generalmente estos diálogos no se producen en abierto o en público, básicamente porque el entorno no lo entiende y se producirían comentarios preñados de ignorancia que impedirían el flujo dialógico.

Si le dices a alguien que piensas en 3D mientras que la mayoría de tu entorno lo hace en 2D lo más probable es que te mire con cara rara, cuando no directamente te diga que eres gilipollas, prepotente, o cualquier otro apelativo cariñoso. Es muy difícil explicar todo lo que pasa aquí dentro y por ese motivo generalmente no lo hacemos. No existe un terreno abonado y fértil para hacerlo. Con el consiguiente perjuicio a uno de mis objetivos idealistas: la comprensión integral del fenómeno de las altas capacidades. Integral porque el aspecto interior es tanto o más importante que el exterior.

¿Qué significa entonces tener altas capacidades? Leído y entendido lo anterior, la respuesta es sencilla: lo que cada persona, en su íntima comprensión vital, entienda que implica esa pregunta. No se puede establecer un patrón común de respuesta a todas las personas con altas capacidades. Lo que significa para mí no tiene por qué parecerse a lo que señala simbólicamente a otros. De ahí la importancia del diálogo, donde se pueden acercar los espacios de significación y nos permiten comprender las distintas representaciones simbólicas internas de otros sin juzgarlas.

Así que cuando leas descripciones de cómo eres y cómo funcionas, no les hagas mucho caso. Siempre se quedarán en la superficie de tu ser. No están escritas para ti sino para que otros sepan cómo actuar cuando ciertos comportamientos tuyos se ajusten a sus modelos.

La medida del éxito

download-1013983_640

¿Qué entendemos por éxito?

Éxito viene del latín exitus, que significaba literalmente salida (adoptado con ese sentido por los ingleses como exit), pero también  término, resultado o fin. Con estos últimos sentidos llegó a nuestro castellano actual, para definir el fin o terminación de un negocio o asunto de un modo feliz. Llevar algo a buen término es éxito.

También hay una acepción de éxito, buena aceptación que tiene alguien o algo, que apunta más al impacto externo que a la propia acción u obra. Obviaremos este sentido porque está mucho más cargado de otro tipo de connotaciones que no vienen al caso aqui y ahora.

¿Cómo podemos medirlo?

Para medir un resultado debemos tener en cuenta dos dimensiones: interna y externa. No utilizo el par subjetiva y objetiva porque estos dos términos están cargados semánticamente y nos puede nublar el entendimiento claro del asunto.

 

La Medida Externa

La medida externa del éxito es algo sobradamente conocido. Puede establecerse mediante estándares consensuados socialmente, con independencia de que pueda discutirse su establecimiento, su alcance o su propia funcionalidad.

Tú haces una cosa y al terminarla alguien o algo la valora como éxito (o de otro modo si no se ajusta al estándar).

En un ambiente colaborativo, el éxito señala la consecución satisfactoria de un determinado objetivo (p.e. un trabajo, un proyecto, una instrucción, etc). Cada acción exitosa es valorada en su propio contexto como parte de un proceso grupal que también puede llevar a buen término una acción más compleja, lo que supondría otro éxito, esta vez de rango superior en la escala de valores cooperativos. El éxito de todos es el de cada uno. El éxito de cada uno es el éxito de todos. El éxito se multiplica cuando se comparte.

En un ambiente competitivo, el éxito se vincula más con la acción feliz de “ganar”. Los individuos y los equipos ganan competiciones, ganan medallas, ganan reconocimiento, ganan premios varios, ganan notoriedad, etc. El éxito de un individuo es de ese individuo, no de los demás competidores. Lo mismo pasa con los equipos en competición: solo puede ganar uno. Ahora bien, hay que matizar que para un equipo con objetivos más modestos ganar no es su éxito. Puede ser quedar en buena posición, competir al máximo, etc. Pero como hablamos de medidas externas del éxito, siempre serán otros los que catalogen como tal los resultados obtenidos. Puedes estar orgulloso de tu trabajo y que otros no lo valoren como éxito “objetivo”.

Para comprender mejor por qué debemos considerar éxito también las acciones acometidas que terminan bien, aún sin reconocimiento externo de las mismas, es importante reflexionar sobre el sentido de la medida interna de las cosas.

Si soy extraordinariamente tímido y logro superar ese miedo para exponerme públicamente, habré sin duda logrado un éxito que solo podrá ser medido internamente. Puede que nadie más lo haga, ni falta que hace. He logrado completar con éxito una acción y debo ser coherente conmigo mismo, valorándola intrínsecamente como se merece. Más allá de lo que piensen otros. Ejemplos hay miles en nuestro día a día.

La Medida Interna según David Bohm

(Pasaje extraído del artículo de Gustavo Victor Casillas Lavin)

A la entrada del templo de Apolo, en Delfos, se podían leer dos inscripciones que han sido consideradas, a lo largo de los siglos, como el non plus ultra de la sabiduría. Estas inscripciones se complementaban mutuamente, y su comprensión y puesta en práctica se consideraba de enorme valor para la persona.

Una de ellas, tal vez la más famosa hasta nuestros días, rezaba Gnothi Seauton (Γνώθι Σεαυτόν): “conócete a ti mismo”. Diferentes autores coinciden en que el  auto-conocimiento es una verdadera prueba de sabiduría que implica la sensatez del juicio ante las propias acciones y las acciones de otros, ya que sólo conociéndose a uno mismo es posible valorar a los demás.

El reconocimiento de los propios límites físicos, intelectuales o emocionales, así como de las propias capacidades, permite a la persona una acción más efectiva y  una vida más plena. El auto-conocimiento permite valorar las propias virtudes y debilidades, facilitando de esta forma la superación del individuo.

Por otro lado, en la segunda inscripción se podía leer Meden Agan (Μηδέν Άγαν): “todo con medida”. A diferencia de la primera inscripción, que fue exaltada por el  propio Sócrates, esta última frase permaneció prácticamente ignorada en occidente, hasta que las autoridades sanitarias impusieron restricciones a la mercadotecnia de las bebidas alcohólicas, a fines del siglo XX.

Para comprender la importancia de esta frase, más allá de la recomendación publicitaria que compite con los ya clásicos “aliméntate sanamente” o “come frutas y verduras”, es importante tener en cuenta que, como certeramente señala David Bohm en La totalidad y el orden implicado, el concepto de medida entre los griegos antiguos no se refería a la comparación de un objeto con un patrón externo o unidad… “este último procedimiento se consideraba más bien como una forma de exteriorizar una ‘medida interna’ más profunda, que tenía un papel esencial en todas las cosas.” (Bohm, 1980:44).

Siguiendo con el mismo autor: “Podemos asomarnos un poco a este modo de pensar cuando consideramos los significados primitivos de ciertas palabras. Así, la palabra latina mederi, que significaba ‘curar’ (raíz de la moderna ‘medicina’), se basa en una raíz que significa ‘medir’. Esto refleja el concepto de que se consideraba la salud física como el resultado de un estado de orden y medida interiores en todas las partes y procesos del cuerpo. También la palabra ‘moderación’, que describe una de las más importantes nociones antiguas de virtud, tiene la misma raíz, y muestra que se consideraba esta virtud como el resultado de una medida interna subyacente a las acciones sociales y al comportamiento del hombre. La palabra ‘meditación’, que también tiene la misma raíz, supone una especie de ponderación (pesaje) o medida de todo en el proceso del pensar, que llevará a las actividades internas de la mente a un estado de armoniosa medida.

Así, física, social y mentalmente, la conciencia de la medida interna de las cosas fue considerada como la clave esencial de una vida saludable, feliz y armoniosa.” (Bohm, 1980:45)

De esta forma, para los antiguos visitantes del oráculo en Delfos, si algo iba más allá de su medida propia se encontraba fuera de armonía y estaba destinado a  perder su integridad.

Es por esta razón que el reconocimiento de que todo tiene una medida y la valoración de la justa dimensión de cada cosa es una prueba de sabiduría similar o equivalente al auto-conocimiento. Y es, al mismo tiempo, su complemento, ya que no es posible conocer o conocerse si se ignora la medida interna de aquello que concierne a la propia persona.

La medida así entendida supone una expresión de sabiduría, “una forma de penetrar en la esencia de todas las cosas, y que la percepción del hombre, al seguir los caminos que le señala, será clara y, por consiguiente, producirá una acción generalmente ordenada y una vida armoniosa.” (Bohm, 1980:46)

Lograr darle su justa dimensión a cada cosa es producto de “una forma de observar que tiene que adecuarse al conjunto de la realidad en la cual se vive…” (Bohm, 1980:47-48)

Datos alumnado AACC 2017-2018. Análisis de la vergüenza.

mapa-1

El Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP), nuevo collar para el mismo perro, acaba de publicar las cifras oficiales de alumnado con altas capacidades intelectuales identificado en nuestro país.

Como cada año desde que el Ministerio publica las cifras oficiales, la cifra se incrementa respecto al curso anterior. Este dato debería ser suficiente para desmontar la estúpida idea de que se trata de una “moda”, de algo pasajero sobre lo que hablamos ahora pero que se pasará pronto. No, no se pasará pronto porqe esto no es pelo que se cae.

El curso 2016-2017 subió un 14,3% respecto a 2015-2016. Este curso recién publicado el porcentaje de subida asciende a un 23,4%, una cantidad sensiblemente superior al curso pasado.

El número total de alumnos se incrementa en más de 6.300 respecto a 2016-2017, alcanzando la cifra de 33.482 alumnos identificados. El aumento supone pasar de detectar el 0,33% del alumnado al 0,41% en España.

Sin embargo, esta subida por sí sola no puede enmascarar el profundo problema estructural de identificación existente en este país. Para darnos cuenta de la dimensión del problema este curso he añadido un par de columnas más en la que se refleja la cruda realidad:

Casi el 96% de los alumnos con altas capacidades están sin identificar

Alumnado con AACC por Comunidades Autónomas

 

Alumnado AACC que falta 17-18

Datos positivos en algunas comunidades

El primer análisis debe hacerse con aquellas comunidades que reflejan mejoras destacadas o sostenimientos de una buena línea, dentro del panorama desolador general.

En este apartado, quisiera destacar en primer lugar al transatlántico que tira de todas las demás comunidades gracias a su protocolo sistemático de identificación obligatorio para todos los centros sostenidos con fondos públicos: Andalucía. De los 6.349 alumnos de más detectados durante este curso 2.838 son andaluces. Su velocidad de crucero le permite acercarse cada año más a la región de Murcia, donde este año han optado por no dar las cifras oficiales. Luego lo explico más detalladamente.

Andalucía aglutina el 44,70% de toda la subida del nivel de identificación español

En segundo lugar, destaco la comunidad de Baleares. Se sigue notando la implantación de su Protocolo hace un par de años, aunque en este caso siga siendo optativo. El incremento del 36,2% es una cifra digna de reseñarse.

Muy cerca de ese incremento se encuentra Asturias (35,2%), una comunidad que siempre se ha mantenido en la cabeza de la identificación a pesar de no contar con protocolos específicos (que yo sepa, igual me sorprenden mis amigos asturianos).

Un poco más abajo pero por encima de la media nacional están las comunidades de La Rioja (27,7%), Extremadura (24,4%) y Castilla la Mancha (24,1%).

El incremento del 405,5% de Cataluña es puro maquillaje de esa Consejería, que no sabemos lo que hace con las cifras pero lleva unos años bastante perdida. Uno de los territorios comanche de las altas capacidades tiene que mostrar en algo su inestabilidad interna. Lo mismo podemos decir de Aragón, no parece lógica la subida del 162,6% cuando en esa Comunidad se están empezando a dar de baja alumnos “gracias” a su gloriosa normativa, actualmente denunciada por la asociación. Por último, tampoco contemplo la cifras de 350,00% de Ceuta  porque ha pasado de 2 a 9 alumnos, supongo que gracias a la iniciativa del MEFP que finalmente se quedó sin fondos. Tampoco la subida de Melilla de 0 a 3 alumnos.

 

El pelotón de los torpes

El grupo de comunidades que se sitúan por debajo de la media transita entre lo mediocre, como Castilla y León (16,3%) y Galicia (15,3%), y lo horripilante, como son el caso de la que más se quiere a sí misma, Madrid (8,3%), la sorprendente -para mal- Canarias (5,3%), la siempre ‘relajada’ País Vasco (5,2%) -se ve que el contacto de la nacional no afecta en nada- y la casi inmóvil Navarra (2,8%).

 

La vergüenza de la comunidad murciana

La Región de Murcia requiere un análisis particular. El pasado 29 de julio publiqué una entrada titulada AACC. El retroceso murciano en la que analizaba la vergonzante actuación de la Consejería de Educación que ya el año pasado había frenado el incremento de identificación hasta un ridículo 4,1%, algo inaudito allí.

Subir el listón de determinados perfiles produjo esa bajada, pero como todavía se había incrementado el número total de alumnos decidieron dársela al MEFP. Sin embargo, las cifras de identificación de 2017-2018 habían sufrido una sensible bajada cercana al 10%, algo que no debe ser del agrado de la Consejería, que opta por no comunicar ningún dato al MEFP. ¿Es ridículo o no lo es?

La traca valenciana

Pero para ridículo mayúsculo, la de la Comunidad Valenciana, que pone las cifras a cero tras un año en las que las subió sin ton ni son.

Es increíble la poca seriedad con la que se toman este asunto algunas consejerías… Así nos luce el pelo, claro.

 

Alumnado con AACC por Provincias

 

DATOS AACC POR PROVINCIAS 17-18-0

Empatía sana e insana

head-4041585_640

Hace más de una década fui a una psicóloga peculiar y le conté lo mal que me sentía y otras cosas que no vienen al caso sobre relaciones personales. Me miró fijamente y dijo: “tu único problema es que quieres contentar a todo el mundo y eso es imposible. Sé tú mismo, a unos les gustará y a otros no, pero debes aprender a vivir con eso”.

El núcleo de mi problema era que practicaba la empatía en exceso y, visto los resultados emocionales propios, de manera insana. Su consejo de “sé tú mismo” fue tan sencillo como revelador. Terapéutico. Y es que cuando queremos contentar a todos al final no contentamos a nadie, incluyéndonos a nosotros mismos, los más perjudicados por ese modo de proceder.

Existen múltiples definiciones de empatía, si bien la más aceptada y práctica es saber ponerse en el lugar del otro, poseer un sentimiento de participación afectiva en la realidad que afecta a otra persona, saber “leer” al otro.

La clave que nos permite discernir por nosotros mismos cuándo practicamos una empatía sana o insana reside en ese “ponerse en el lugar del otro”. Si te pones en su lugar sin perder tu sitio o, por el contrario, si te pones en su lugar y abandonas el tuyo.

La empatía sana se da entre dos sujetos que mantienen su identidad individual.

La empatía insana se produce cuando uno de los sujetos pierde su identidad en favor del otro.

La empatía deja de ser sana justo en el momento en que nos deslizamos por la pendiente provocada por una reclamación de atención más allá de lo estrictamente necesario por parte de la otra persona. Reclamaciones muy frecuentes en personas emocionalmente absorbentes (egoístas, narcisistas, manipuladores, etc).

El vampirismo emocional se produce porque una persona confunde un gesto de generosidad ajeno con una obligación. Y sus víctimas predilectas son los sujetos más empáticos. Observan la ‘vena’ y van a por ella sin descanso, produciendo relaciones dañinas que jamás satisfacen a nadie.

Los sujetos a los que nos cuesta un mundo gestionar el exceso de empatía somos presas fáciles porque al anular nuestra identidad nos debilitamos y nos posicionamos en una balanza desequilibrada que nos lanza al abismo y nos produce un enorme sufrimiento, acompañado de sentimientos tóxicos de culpa o incluso vergüenza. Un torbellino del que es muy difícil escapar…

Difícil, pero no imposible. Para lograrlo es imprescincible cultivar la asertividad, saber decir no con firmeza y amabilidad. Mantenernos en nuestra posición. Participar afectivamente de los problemas ajenos no implica hacerlos tuyos, asumirlos como propios, y tratar de darles respuesta. Se puede ayudar a alguien sin convertirte en un ‘esclavo’ de sus necesidades emocionales por no ser capaz de poner freno a sus exigencias.

Además, cuando consigues poner esa necesaria distancia entre dos seres distintos se producen efectos beneficiosos no solo en ti sino en el otro. La relación deja de ser turbia y se reequilibran las necesidades de ambos. Se salda la deuda simbólica y todo comienza a fluir de manera natural. Esto requiere una enorme valentía por nuestra parte. No es fácil decir no a quien siempre le dijimos . Pero hay que intentarlo con todas nuestras fuerzas, sin descanso. El beneficio de conseguirlo es mutuo (si la otra persona no es un psicópata, claro).

Esto no solo es válido para relaciones personales sino también para las profesionales, sobre todo en trabajos donde el sufrimiento ajeno es el pan nuestro de cada día (p.e hospitales, servicios sociales, etc). Ahí es más necesario aún reducir el exceso de empatía para poder trabajar en un entorno tan cargado de necesidades.

Os dejo un pequeño artículo sobre este tema:


Empatía: virtud si no es en exceso

Enlace

Las personas que saben ponerse en el lugar de los demás desarrollan mejores relaciones sociales, pero corren el riesgo de asumir los problemas de otros como propios y sufren más

El ser humano está programado para entrar en relación con los demás y sentir lo que ellos sienten. Los bebés se sincronizan con las emociones de sus padres. ¿Ha jugado alguna vez con un pequeñín a quedarse como una estatua? Al principio, los niños miran sorprendidos, luego intentan que el adulto se reactive y, si no lo consiguen, rompen a llorar. Es la empatía emocional. A partir de los 18 meses se desarrolla la capacidad de comprender e inferir lo que piensan los demás. Es la empatía cognitiva. La vida mental es fruto del diálogo continuo entre nuestra mente y la de los otros.

El proceso empático que regula esta interacción se produce en tres pasos: primero percibimos las emociones del otro, luego las reconocemos y, finalmente, proporcionamos las respuestas adecuadas.

La empatía está íntimamente ligada con la forma en la que cada uno regula las propias emociones. Aquellos que saben manejar mejor su estado de ánimo tienen más facilidad para empatizar y responder de manera equilibrada. Piense en un bebé llorando en mitad de la noche, la madre siente el malestar de su hijo, al levantarse tiene que manejar su propio cansancio. Sin empatía y sin autorregulación emocional no podría proporcionar el cuidado adecuado.

Existen diferencias entre hombres y mujeres a la hora de sentir compasión. En un experimento de la Universidad de Londres constataron que tanto los hombres como las mujeres reaccionan con empatía si la persona que sufre el daño se había comportado correctamente. Pero si saben que se ha comportado incorrectamente la situación cambia: las mujeres disminuían un poco su empatía mientras que los hombres eliminaban completamente la compasión. Los varones activan en su lugar el área cerebral que diferencia el «yo» del otro y se asientan con más firmeza en su propia perspectiva.

Los límites

La empatía está modulada por factores como la relación que existe entre las personas, la personalidad, la historia emocional de cada uno y el contexto cultural de referencia. Las personas empáticas tienden a gustar más porque enseguida comprenden lo que les pasa a los otros, tienen más capacidad de escucha y compasión, actúan de manera más eficaz y son más persuasivas.

Sin embargo, hay sujetos que tienen una total falta de empatía. No consiguen ponerse en los zapatos de los demás y los tratan con distancia. Éste es el caso de la personalidad narcisista, antisocial, obsesiva o límite que se inclinan hacia el egocentrismo. Y, por supuesto, los psicópatas que interactúan con los demás sin importar el sufrimiento. Otras personas sufren exceso de empatía. Son demasiado influenciables. Acaban agotadas, sobre todo, si están en la posición de cuidadores; es la fatiga por compasión. Corren el riesgo de desconectarse emocionalmente de sí mismos o asumir los problemas de los demás como propios, el trauma vicario.

Cómo desarrollarla

La empatía es una potente herramienta de socialización. Se puede aprender y modular.

Escucha activa. Pregunte y muestre interés. Resuma lo que el otro diga.

Ejercicios de sintonía. Sonría si le sonríen, permanezca serio si el otro lo está, sincronice su emoción con la del otro.

Póngase en sus zapatos. Imagine cómo sería un día en la vida de otra persona. Sin juicios.

Sea amable. Pregunte a los demás cómo están y qué les sucede.

Identifique la emoción. Por los gestos y luego verifique: “¿Te sientes triste?”».

Aprenda a consolar. Basta decir “te comprendo”, ¡sin dar consejos!

Preste ayuda. Utilice un día a la semana para apoyar a otra persona que lo necesita.

Cómo controlarla

¡Ojo con ser excesivamente empático!

Deje de escuchar. Concédase tiempo a solas.

Burbuja. Imagínese dentro de una burbuja donde las palabras no se oyen y nada de lo que digan o hagan fuera le afectará.

Deje que le ayuden. Permita que los demás también le apoyen.

Desconecte. Si ve que sigue demasiado la mirada del otro respire, cambie de postura y distraiga su atención unos minutos.

La tecnología y las redes tienden a empobrecer este impulso natural hacia los demás. Podemos sentirnos muy solos delante del teclado, conectados al mundo y desconectados de las relaciones vis a vis. Necesitamos la empatía para orientarnos hacia los demás, de manera que mejore la calidad de nuestras relaciones.

Cómo anclar mitos en 60 minutos. Comando Actualidad

once-upon-a-time-719174_640

Esta madrugada asistí a un nuevo capítulo de cómo anclar mitos sin que parezca que los fijo en el imaginario popular. Nada nuevo, si no fuera porque cuando esto se produce en un medio público de alcance nacional el nivel de responsabilidad aumenta exponencialmente.

RTVE emitió anoche pasada la 1 de la madrugada un programa de Comando Actualidad en el que se habló sobre las altas capacidades con un título inaceptable para otros colectivos que generó enorme polvareda, Pasarse de listo,

Comunicado Plataforma sobre Comando Actualidad.jpg

y una presentación previa trufada de disparates conceptuales que vaticinaban un resultado concreto. Aún así, había que esperar a la emisión para poder juzgar el contenido seleccionado por los profesionales del ente público. En la elección de los pasajes que se emiten tiene mayor responsabilidad quien los destaca como relevantes que quien, dentro de un contexto expositivo más amplio, los ha pronunciado. En televisión el tiempo es “oro” y hay que recortar metraje. El resultado es un collage de opiniones fragmentadas con notables diferencias en cuanto a solidez argumentativa o adecuación a los avances en la investigación de este fenómeno. Nada nuevo.

El programa tenía un importante defecto de fondo, desarrollarse en clave madrileña. Suponiendo que reflejara pálidamente lo que ocurre allí se entiende mejor por qué esa comunidad autónoma está por debajo de la media en identificación de las altas capacidades. Y por qué supone de facto un freno imperceptible al avance en este campo a nivel nacional.

No seré exhaustivo en el análisis porque tampoco merece mucho la pena, pero señalaré algunos puntos que explican todo esto.

A NIVEL CONCEPTUAL

El CI 130: una obsesión con poco fundamento. Javier Tourón

El mito de la OMS y el CI 130 para ser superdotado

La administración educativa madrileña (y las de otras muchas comunidades) se frota hoy las manos: “el CI 130 es imprescindible para hablar de superdotación, aunque no es suficiente”. Si te sale 129 “no eres superdotado” y, en consecuencia, no tienes necesidades educativas específicas que cubrir. Fin de la historia. Cambiando contexto: si te hacen una prueba para entrar en un club de fútbol que consiste en dar pataditas, cualquiera sabe que si das 130 “eres futbolista” pero si das 129 “no eres futbolista” y debes irte a casa. Un completo disparate que hoy se reafirma.

Y el suficiente se despliega: creatividad desorbitada y exhuberante motivación. En Plata, el Horror de los tres anillos de Renzulli:

El programa desliza cifras. Varias veces habla del 3% y en una ocasión alude al 10%. Confunden claramente superdotación y altas capacidades.

Habla de fracaso escolar (35-50%) y rendimiento por debajo de su potencial (70%) acudiendo al Ministerio de Educación. Publicación del año 2000 sobre un trabajo de 1998, en base a un estudio longitudinal realizado en la Comunidad de Madrid con 108 individuos que, a lo largo del estudio, se quedan en 36. Aquí podéis leerlo.

En Madrid la nueva normativa además obliga a tener altas notas (no confundir con alto rendimiento) para tener derecho a una atención, liderando el despropósito. Si tratas de conectar en el mismo plano fracaso escolar y altas notas el cortocircuito en la congruencia está garantizado.

OTROS ASPECTOS

Presentación de un ejemplo extremo para arrancar. Un pequeñajo de 11 años con una extraordinaria capacidad. El niño genial, pero se deja la huella de que es un producto en sí. Podían haberlo obviado, pero no se hizo.

Los ejemplos extremos son también parte de la realidad, pero no reflejan la mayor parte de la misma. Y vuelvo al fútbol como ejemplo. Si quieres explicarle a un extraterrestre qué es un futbolista y le pones imágenes de Ronaldo, el alienígena tendrá serios problemas para detectar futbolistas mirando partidos de tercera regional. Sin embargo, siguen siendo futbolistas y tienen habilidades motoras por encima de la media. En definitiva, que el ejemplo extremo desvirtúa la imagen y ancla un estereotipo. Así se explica la fuerza del mantra educativo del “yo no lo veo”. ¿Cómo lo vas a ver, si esperas ronaldos en todos lados o nada?

Presentación de casos en un determinado nivel socio-económico. Si querían mostrar la realidad más amplia posible, se perdió la oportunidad. Las altas capacidades están en todos los estratos sociales.

Sustituir las extraescolares por la atención en horario escolar. Hachazo al núcleo de la reivindicación de décadas. Se deja caer que si no lo atienden en clase le buscas alternativas fuera (actividades extraescolares o centros privados). Pero claro, las familias con menos poder adquisitivo no tienen acceso a esas oportunidades. Si ancla el mito de que provienen de familias acomodadas.

En cuanto a los aspectos socio-emocionales, se pasa de puntillas en la etapa escolar y se resaltan cuando eres adulto. Curioso giro. O no tanto, teniendo en cuenta que los adultos son los grandes olvidados. La realidad de las altas capacidades deja de interesar una vez se pasa el periodo de escolarización obligatorio. Es así de simple.

Y qué decir sobre asociacionismo… Nada. Ni de puntillas. Apenas una referencia a su aspecto asistencialista. El eje reivindicativo que debería presidir el trabajo de las asociaciones fuera de foco. Una vez más. Nada nuevo tampoco.

Lo de que los profesores son buenos en la detección, de traca. Se nota claramente en las cifras de identificación.

¿ALGO RESCATABLE?

Siempre se pueden destacar aspectos positivos. A nivel técnico, un trabajo impecable. A nivel de sensibilidad, no han puesto el foco en aspectos estrambóticos que pudieran distorsionar la imagen. Recogen algunos testimonios de familias en los que tratan de desmotar algunas ideas equivocadas sobre el fenómeno.

La sucesión de lugares comunes generan una sensación de tranquilidad. Se asume que así son las cosas en todos lados y se habla con naturalidad de cosas que podrían discutirse a la luz de la investigación, como la dificultad para relacionarse con otros.