¿Cómo se crean los mitos en las altas capacidades?

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MITOS Y ESTEREOTIPOS

El fenómeno de las altas capacidades intelectuales está plagado de mitos y estereotipos. Cuando aterrizamos en este mundillo traemos los nuestros a cuestas. Poco a poco vamos deshaciéndonos de algunos y reforzando otros. Si somos capaces de adentrarnos en sus entresijos podemos detectarlos con mayor facilidad y, en la medida de nuestras posibilidades, combatirlos. No es una labor sencilla, están tan pegados al imaginario popular que cuesta verlos, analizarlos y desactivarlos.

En toda formación se incluye un apartado específico para tratar este asunto. No puedes visibilizar ni sensibilizar adecuadamente si la imagen que se tiene no refleja la realidad.

Para reforzar las ideas que compartiré en esta entrada traigo un texto escrito por José Rayo Lombardo -que también puede leerse en otros textos técnicos- en el que habla de cómo Terman contribuyó a la consolidación de un “estereotipo positivo”. Es decir, la investigación científica no es inmune a este tipo de “contribuciones” a la construcción de discursos sutilmente mitológicos:

“Terman ha sostenido que los superdotados gozaban no sólo de una superioridad en el plano intelectual, sino también en muchos otros aspectos de la personalidad y del comportamiento social. No obstante, conviene matizar esta afirmación. Terman ha contribuido con ella a hacer creer que un funcionamiento cognoscitivo superior va unido casi siempre a una afectividad y adaptación social también superiores. Quería destruir algunos mitos que reinaban en su tiempo según los cuales un nivel intelectual alto iba acompañado casi siempre de trastornos afectivos y sociales. Es decir, contribuyó al fortalecimiento del llamado “estereotipo positivo”.”

Leyendo determinadas líneas de pensamiento actuales podemos advertir fácilmente que esta tendencia hacia la creación de estereotipos positivos -incluso con características que podrían interpretarse de modo distinto- no ha desaparecido. Muy al contrario, encuentra el apoyo emocional suficiente como para consolidarse en el imaginario y hacerse inmune a los datos que pudieran contradecirla.

Ya decía Einstein que era más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, y no le faltaba razón.

Nunca dejes que la realidad estropee una bonita historia.

Para arrancar creo que es importante distinguir el mito del estereotipo. Tomaré las acepciones más comunes reflejadas en el DRAE:

mito

Del gr. μῦθος mŷthos.

4. m. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.

estereotipo

Del gr. στερεός stereós ‘sólido’ y τύπος týpos ‘molde’.

1. m. Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

El estereotipo puede reconocerse fácilmente como imagen o como un esquema mental simplificado sobre una realidad que se desconoce.

El estereotipo más frecuente en los medios de comunicación es la imagen de un niño o niña con gafas rodeado de fórmulas o con un libro. Prueba a buscar en google imágenes de “superdotado” y verás la persistencia de estas imágenes. Es un muro cognitivo de grandes dimensiones.

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El estereotipo se nutre del mito (como el mito se nutre del estereotipo) pero no es el mito. El mito, como su propio nombre indica, es un cuento, un discurso o una narración en el que se atribuyen cualidades a una persona o a una cosa (objeto físico o mental) que no posee realmente.

El mito relacionado con una persona es relativamente fácil de detectar. Basta con observar sus acciones para saber si lo que contamos de ella se ajusta a la realidad o no.

El asunto se complica si el mito está relacionado con un grupo de personas, y alcanza su cenit cuando se vincula a un constructo como “altas capacidades intelectuales” y, especialmente, “superdotación”.

¿Cómo se crean los mitos en las altas capacidades intelectuales?

La edificación de un mito relacionado con el constructo “altas capacidades intelectuales” empieza con un ladrillo muy específico: la falacia de generalización apresurada. Falacia que se comete al inferir una conclusión general a partir de una prueba insuficiente.​ Una generalización apresurada puede dar lugar a una mala inducción y por tanto a una conclusión errónea.​

Por ejemplo, considérese el siguiente argumento:

Juan es alto y es rápido.
María es alta y es rápida.
Matias es alto y es rápido.
Por lo tanto, todas las personas altas son rápidas.

El mecanismo de la generalización apresurada tiene formas específicas de expresarse en la narración:

  • “los superdotados son…”
  • “los superdotados tienen…”
  • “los superdotados hacen”

Se trata de un modo sutil de generalización, naturalmente. El que lo expone no lo dice abiertamente, pero el que lo lee puede interpretar que alude a todos o a la gran mayoría. Es más, la mitificación consiste precisamente en dar solidez a la generalización implícita.

¿Qué elementos clave se ignoran en este proceso?

  • Coexisten diferentes acepciones de giftedness (dotación, alta capacidad)
  • El bajo nivel de identificación: apenas el 1-2% de las estimaciones estadísticas.
  • El escaso soporte empírico: estudios de casos que concluyen cosas diferentes.

Ejemplos

En el artículo La sobreexcitabilidad en los superdotados puede leerse lo siguiente:

“Con solo un poco de investigación exhaustiva y grandes dosis de observación realista se ha llegado a la conclusión de que la intensidad, sensibilidad y sobrexcitabilidad (OE) son las características más importantes de los superdotados.”

Si la OE es una de las características más importantes para definir la superdotación, el lector sobreentiende que:

Juan es superdotado y tiene sobreexcitabilidad.
María es superdotado y tiene sobreexcitabilidad.
Matias es superdotado y tiene sobreexcitabilidad.
Por lo tanto, (casi) todos los superdotados tienen sobreexcitabilidad.

Por fortuna, el autor de este artículo tuvo la prudencia de añadir esta coletilla anti-mitificación:

“Es importante enfatizar que no todos los superdotados tienen OE”

Aquí uno debe detenerse y reflexionar. Si la OE es la característica más importante (junto a la intensidad y la sensibilidad), ¿por qué no la tienen todos o casi todos?

Por comparación. Todos los superdotados tienen un alto nivel intelectual o cognitivo. No existe ninguna excepción. ¿Qué implica esto? Pues que la “aptitud intelectual” SÍ es la característica MÁS importante de la superdotación. Es lo lógico, ya que hablamos de superdotación intelectual.

Cuando se añade una característica a este colectivo hay que ser muy prudente a la hora de valorar su importancia. Tiene que ser lo suficientemente representativa como para dotarla de carácter fundamental y necesario.

Sin embargo, en las sucesivas narraciones que se han realizado sobre este punto en concreto la prudencia y la coletilla se ha perdido en el camino. Se ha construido un mito sutil: “(todos) los superdotados tienen sobreexcitabilidades”. Obviando por completo lo anterior y el hecho de que se trata de cinco OEs con irregular presencia en este colectivo. También se ignora que las OEs no se entienden aisladamente sino como parte de la Teoría de la Desintegración Positiva de Dabrowski, que NO es una teoría del desarrollo emocional sino una teoría del desarrollo personal y una teoría del desarrollo moral. De poco sirve tener OEs si no consiguen que evolucionemos desde posiciones egoístas a acciones altruistas.

Otros ejemplos:

  • “Los superdotados son creativos”
  • “Los superdotados son hipersensibles”
  • “Los superdotados tienen una moralidad superior”
  • “Los superdotados son demasiado intensos”
  • “Los superdotados desafían a la autoridad”
  • “Los superdotados son poco sociales”
  • “Los superdotados están mejor ajustados socialmente”
  • “Los superdotados tienen un sentido del humor avanzado”
  • “Los superdotados son muy empáticos”
  • “Los superdotados son perfeccionistas”
  • “Los superdotados son muy despistados y desorganizados”
  • “Los superdotados son brillantes académicamente”
  • “Los superdotados tienen éxito en la vida adulta”
  • “Los superdotados prefieren la soledad”
  • “Los superdotados son leales y comprometidos”
  • “Los superdotados saben más”
  • “Los superdotados son introvertidos”
  • “La OMS define a los superdotados como aquellas personas con un CI de 130 o superior”

El humano es un ser eminentemente narrativo. Nos encantan las historias. Y si hay historias que nos hablan de determinados asuntos que vemos de cerca nos identificamos plenamente. Es como si nos enamoráramos de esa historia. Y ya sabemos lo que ocurre con el enamorado: que no encuentra defectos en su objeto de amor. Solo percibe sus virtudes y lo bien que le hace sentir. Es un gran consuelo encontrar a alguien que nos dice lo que queremos escuchar. Y es mayor consuelo hallar la excusa perfecta para no movernos, indagar, contrastar, ser críticos, objetivos y escépticos con lo que nos están contando.

Si solo quieres consuelo, sentirte identificado y comprendido, este es tu sitio: Soy superdotado – tu refugio. Su narrativa es profundamente esencialista y está estructurada para generar adhesiones. Es sorprendente el vínculo emocional que genera en algunos de sus seguidores. O no tanto. Al no fomentar la sana autocrítica es muy fácil sentirse a gusto ahí. Es el lugar ideal para mirarse el ombligo. Tiene un enorme trabajo detrás, porque seleccionar textos en inglés que no cuestionen la visión esencialista de la superdotación y traducirlos tiene un mérito incuestionable. Eso sí, no incluye ningún texto de ningún investigador que pueda cuestionar esa visión tan estrecha de las altas capacidades en la que se ignora el perfil talent como si fuera algo de inferior valor, complejidad e interés. Nada de investigación sobre el desarrollo del talento. Es un tema tabú en ese espacio.

La narrativa de “ser superdotado” es prolija en detalles y muy persuasiva. Cuando llegó a España la versión en castellano del libro de Jean-Siaud Facchin, titulado “¿Demasiado inteligente para ser feliz?”, se produjo una catarsis. Fue un genuino impacto en este colectivo. Leerlo es una auténtica experiencia sensual. Te identificas fácilmente con muchos de sus pasajes -y paisajes-. Y desde luego sirvió de impulso para que muchos adultos se reconocieran y buscaran sentido a sus vidas. Eso sí, cuando se llega a las descripciones aflora una fuerte sensación de estar viendo un “estereotipo con patas”. Por suerte, la autora tuvo el acierto de advertir que se trataba de generalizaciones y que no se daba en todos los casos. Algo para orientar, no para creerlo a pies juntillas. Su texto no era ni pretendía ser científico, de ahí su enorme impacto emocional. En este sentido, tiene un extraordinario valor. Pero en su seno late el peligro cierto de la mitificación de “ser superdotado” si se ignora la advertencia de que se está generalizando.

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