Sobre la frecuente confusión entre “altas capacidades” y “superdotación”

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El constructo altas capacidades intelectuales o, simplemente, altas capacidades NO alude a nada real. Es simple y llanamente un paraguas o un contenedor en cuyo seno semántico se incluyen diversas manifestaciones de la excepcionalidad intelectual: precocidad, superdotación/sobredotación, talento, prodigio y genio.

Esta definición la propuso el Dr. Antoni Castelló en 1998, y respondía al enfoque cognitivo sobre la inteligencia humana. En España en esa época se seguía acríticamente el enfoque psicométrico, basado en el CI y en la pésima interpretación del modelo de los tres anillos de Joseph Renzulli.

Un modelo finalista -de intervención-, convertido por arte de birlibirloque en un modelo inicial -de identificación-, al que se le añadía el requisito de obtener un CI igual o superior a 130 que obviamente no provenía del modelo renzulliano sino que lo adoptamos nosotros, siguiendo el consolidado mito de que la OMS lo propone en la actualidad. Nadie a fecha de hoy ha logrado encontrar en la página de la OMS ninguna referencia explícita e indubitable de que haya que considerar la superdotación a partir de ese punto de corte. Nadie. Sin embargo, es una práctica habitual, no solo en España.

¿Qué ocurrió entre 1998 y 2006 en España? Pues simple y llanamente que el modelo de Castelló empezó a ganar adeptos entre los investigadores y entre las familias. Un modelo operativo que se salía de la cárcel del CI para centrarse en los perfiles de capacidades de los individuos para poder intervenir con mayor eficacia. Cuando uno conoce las fortalezas y debilidades es más fácil atender sus necesidades. Esta es la lógica que subyace a este modelo -mejorable, como todos-. Y por eso poco a poco ganó terreno y peso.

En 2005 se propuso un grupo de trabajo para incluir en la LOE alguna modificación respecto a la ley educativa previa, de 2002, donde se hablaba de superdotación intelectual. Y, entre otras cosas, se logró cambiar el término, incluyendo el constructo altas capacidades intelectuales en el texto normativo.

Pero claro, quien no conocía la ruta pensó (y publicó una y otra vez) que lo único que había ocurrido es que se había sustituido un término con carga peyorativa, superdotado, por un eufemismo, altas capacidades. Un error de bulto que se ha mantenido casi una década, y que sigue funcionando.

Lo que aquí quiero reforzar es que la expresión “altas capacidades” NO ES UN SINÓNIMO INTERCAMBIABLE de “superdotación”, por más que nos lo repitan y por más que lo veáis publicado en muchos sitios. Y por más que muchos psicólogos insistan en esa igualación…

Eran dos nociones que aludían a realidades distintas que, en un momento dado, cruzaron caminos y provocó un gigantesco caos conceptual que estamos lejos de solucionar. No existe ningún tipo de voluntad social de hacerlo. Simplemente, no interesa.

A esta empanada se sumaron muchos gabinetes de psicología, añadiendo un significado al término altas capacidades diferente a lo que comento aquí. Se basaba en el modelo psicométrico basado en el CI y aludía a aquellos que llegaban al 120 sin alcanzar al 130. Esta clasificación la sostiene por ejemplo El Mundo del Superdotado.

En Andalucía era extraordinariamente frecuente encontrar este tipo de clasificación antes de la introducción del Plan de Atención de 2011. De hecho, en un manual de 2007 de la propia Junta de Andalucía se utilizaba, en sólo dos páginas, la noción de altas capacidades con TRES sentidos diferentes. Un completo dislate que por fortuna se ha corregido. Eso ha permitido a esta comunidad autónoma liderar junto a la Región de Murcia las estadísticas de identificaciones en los últimos cinco años.

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En definitiva, que a nivel administrativo, a nivel de familias que no se informan y a nivel de práctica psicológica-educativa, se ha ido generando un magma confuso que los investigadores no han logrado nunca solucionar.

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Acerca de José Luis

Aprendiz de la inteligencia, la conciencia y la creatividad. Vinculado al mundo de las altas capacidades intelectuales desde 2008, año en el que entré en la asociación ASA de Málaga tras la identificación de mi hijo mayor. Once meses después, en 2009, afronté el reto de presidirla cuando estaba a punto de disolverse, lo que me llevó a adoptar un rol de activista que he mantenido hasta 2016 en diferentes organizaciones de este colectivo tan desconocido y plagado de mitos y estereotipos. En este blog trato de aclarar los conceptos más básicos a todas aquellas personas que aterrizan y no encuentran dónde agarrarse. También tuve un periodo de activismo social en el ámbito del derecho a la vivienda (2012-2013) en la PAH de Málaga.
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2 respuestas a Sobre la frecuente confusión entre “altas capacidades” y “superdotación”

  1. José Luis dijo:

    Gracias por tus palabras, Bárbara.

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  2. Barbara perez dijo:

    Excelente artículo, muy claro y por fin una explicación de la dificultad que se interpretó de Renzulli, desde hace tiempo yo lo había visto, pero no había encontrado mejor explicación, gracias.
    Saludos desde México

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